Logo www.delsolmedina.com

Vista panorámica
Medina del Campo. Villa histórica, monumental, escultórica y paisajística
Villa de las Ferias

Correo electrónico
Música de la página

Nos encontramos en: "Personajes Históricos"
ALFONSO XII

Alfonso XII: El rey liberal

El único rey que se ha proclamado abiertamente liberal. Alfonso llevó siempre Alfonso XIIcon discreción y sufrimiento íntimo la mala fama de su madre Isabel II. En contra de la opinión de Cánovas, decidió casarse con su prima María de las Mercedes, hija de Luisa Fernanda y el Conde de Montpensier.

El único rey español que se ha proclamado abiertamente liberal -antes incluso de subir al trono- fue el hijo de Isabel II que, de sostenida, mimada y hasta pervertida por los liberales de su época, pasó a ser destronada en la revolución de 1868. Era tal el hartazgo que aquellos hombres, generalmente uniformados, a menudo masones, casi siempre aventureros, tenían de la reina y su familia que uno de los más ilustres, Don Juan Prim, explicó en las Cortes su oposición a los borbones con sólo tres palabras: «Jamás, jamás, jamás».

Pero sí, sí, sí... De la milicia a Amadeo, de Amadeo a la República y al caos, y del caos a la milicia, el Sexenio Revolucionario (1868-1874) fue un alegato a favor de la Restauración. Faltaban aún tres cosas: un proyecto serio, una opinión pública dispuesta a olvidar la bochornosa experiencia isabelina y un rey español. Cánovas creó el proyecto y la opinión; y al rey, ya que no pudo engendrarlo, también lo creó políticamente.

En la paternidad física, parece que se le adelantó uno de los amantes más apuestos de la reina castiza, don Enrique Puig Moltó. Lo ha mostrado Ricardo de la Cierva en uno de sus mejores libros: La otra vida de Alfonso XII, tan entretenido como silenciado.

Nació alfonso el 28 de noviembre de 1857 y fue presentado en público, sobre la ritual bandeja de oro, mientras Narváez iba dejando paso a O4Donnell en el gobierno. Y llegó el rorro con acompañamiento popular de alegría y jolgorio. Si por falta de sucesión masculina en Fernando VII llevaban isabelinos y carlistas 20 años matándose, es muy comprensible la algazara.

Alfonso llevó siempre con discreción y sufrimiento íntimo la mala fama de su madre y la no mejor de su padre oficial. Una, por escandalosa en su licenciosidad; el otro, por escandaloso en su inclinación sexual, que le hacía poco propicio y físicamente poco eficaz para la procreación. Ninguno dejó de fastidiar al vástago durante toda su vida.

Cuando fue proclamado Príncipe de Asturias en Covadonga, la reina añadió a todos sus nombres el de Pelayo. Acierto indudable, porque a los 11 años le tocó emprender la reconquista del trono español, perdido por Isabel II para siempre jamás, jamás, jamás.

Entonces empezó de verdad su vida. En el amargo exilio del que ha nacido príncipe y se ve en la calle, fue educándose bajo la tutela de unos maestros que fueron también amigos. Entre ellos destaca el Duque de Sesto, sombra y apoyo durante toda su existencia. Liberal en sus ideas y en la utilización de su enorme fortuna, el duque estaba casado con una rusa hermosísima, Sofía Trubetzkoy, que pasaba por hija natural del zar y que compartía con su marido cosmopolitismo, liberalismo y entusiasmo monárquico (hubiera sido excesivo pedirles aversión al adulterio).

Ambos desarrollaron la trama civil de la Restauración en la alta sociedad madrileña mientras Antonio Cánovas del Castillo dirigía la política y trataba esforzadamente de que no fuera estorbada o suplantada por la trama militar. No fueron los únicos pero sí decisivos.

Alfonso estudió tres años en el Colegio Theresianum de Viena, para aprender lo germánico sin olvidar lo católico. Después le eligieron la Academia Naval de Sandhurst, la mejor de Europa, para mejorar su inglés y acrecentar su amor al parlamentarismo británico, aunque en ella sólo pasó una temporada antes de volver a casa, o sea, a Palacio. Fue notable estudiante, precoz en lo político, valeroso y buen patriota. ¿Se puede pedir más a un hijo de Isabel II y nieto de Fernando VII? Cuando el general Martínez Campos, adelantándose y contrariando a Cánovas, se pronunció en Sagunto por Alfonso, éste hizo pública su identidad política, en forma de carta pública, con fecha de 1 de diciembre de 1874, aunque fuera más temprana su redacción.

Ese texto, conocido por Manifiesto de Sandhurst y redactado cuidadosamente por Cánovas, dice entre otras cosas de sustancia: «Huérfana la nación ahora de todo derecho público e indefinidamente privada de sus libertades, natural es que vuelva los ojos a su acostumbrado derecho constitucional y a aquellas libres instituciones que ni en 1812 le impidieron defender su independencia ni acabar en 1840 otra empeñada guerra civil (...). Sea la que quiera mi propia suerte, ni dejaré de ser buen español, ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal». Y firma: «Alfonso de Borbón».

Cánovas, historiador de fuste, hacía al posible rey hijo de las cortes de Cádiz; de religión católica, como los carlistas que le hacían la guerra; y dispuesto a favorecer la modernización de España, que ya entonces llamaban regeneración. El primero que lo entendió así fue el generalísimo carlista don Ramón Cabrera, El Tigre del Maestraztgo, que brindó público apoyo en Londres al futuro rey. Estaba en el aire la necesidad de paz civil.

Alfonso entró en España al comenzar el año 1875, por Barcelona, que le recibió entusiásticamente. Lo mismo pasó en Valencia, donde Martíenz Campos presumió lo suyo. Pero fue en Madrid, faltaría más, la apoteosis.

Con sus 17 años flacos encaramados a un imponente corcel blanco, el rey adolescente apenas podía avanzar por la Castellana entre los vivas de la muchedumbre. Y Borbón al fin, saltándose el protocolo, provocó una anécdota que sería fabulosa si no fuera simplemente cierta: viendo Alfonso a unas mozas muy bullangueras, que se ganaban la vida en el mercado de la Plaza de la Cebada, cedió a su instinto político y se acercó caracoleando para agradecerles sus vítores. «¡Más gritábamos cuando echamos a la puta de tu madre!», le explicó una moza enardecida. Por si no sabía el rey a qué atenerse.

Puede decirse que la coronación popular de Alfonso XII terminó ahí, tras lo cual marchó inmediatamente a visitar al ejército que luchaba contra los carlistas, mietras Cánovas preparaba la Constitución más longeva de nuestra Historia.

Pero su vida personal, como siempre en los reyes, marcó la trayectoria de la institución. Al visitar la primera línea de las tropas en la batalla de Lácar estuvo a punto de ser hecho prisionero. Escapó de milagro, como algún tiempo después a un atentado anarquista, pero su salud se la guardaba. Tuvo en 1876 un vómito de sangre que, si bien no trascendió fuera de su círculo íntimo, delataba una tuberculosis sorprendentemente inadvertida en la infancia, escondida en la adolescencia y que lo emplazaba fatalmente antes de cumplir los 20 años.

Se hacía urgente encontrarle novia y, por una vez, contrarió a Cánovas eligiendo a su guapa prima hermana Mercedes, hija de Luisa Fernanda y el Conde de Montpensier. Este era uno de los asesinos de Prim según el sumario instruido tras el crimen y Cánovas, como otros liberales, lo sabía.

Varios se negaron a votar en las Cortes a la hija de un asesino como reina de España, aunque Mercedes nunca supo la razón. Isabel II, para romper el idilio, fue más lejos y le echó por delante a una belleza extraordinaria, la cantante de ópera Elena Sanz, a la que ya había mandado a visitarle -tal vez a iniciarle en el sexo- al colegio vienés.

Cantando con Gayarre La Favorita -nombre que se le adjudicó-, Elena hechizó al Príncipe, que dejó a su primera contralto, Adelina Borghi, y le puso a Elena un piso junto a Palacio. La boda, tras el acuerdo de las cortes, se celebró pese a todo, con la poco lamentada ausencia de Isabel II. Pero desde la ultratumba masónica, Prim se vengó: a los cinco meses moría de tifus, larvado como la tuberculosis de Alfonso, la reina Mercedes, que pasó inmediatamente al romancero popular.

Alfonso le guardó luto... a su modo. Tuvo dos hijos con Elena Sanz y aceptó casarse con María Cristina de Austria, inteligente, devota, fría, celosa y, por fortuna, constitucional. El rey, aburrido en Palacio y enfebrecido por su enfermedad, comenzó una carrera contrarreloj para disfrutar de la vida que se le escapaba. No dormía, apenas comía y pasaba las noches de cama en cama. Tuvo aún tiempo para tener dos hijas legítimas y dejar a la reina embarazada de un niño, el futuro monarca Alfonso XIII.

Vio asentarse el turno de partidos y quiso el destino que su último gobierno fuera de Cánovas, vuelto al poder en 1884. El 25 de noviembre de 1885, tras verle cumplir sus obligaciones hasta el último día, España perdió al rey más popular de su historia moderna. Le faltaban tres días para cumplir los 28 y llevaba tres años muriéndose. Tuvo el final romántico que merecía: muy español, muy liberal.


Uno de los reyes más populares de la historia es indudablemente un guapísimo, ALFONSO XII Y MARÍA DE LAS MERCEDES. Dibujo de la ceremonia realizado por Vierge, el padre de la ilustración moderna.alegre y patilludo hombre que llamándose Alfonso XII, se ganó el corazón de su pueblo al declararse abiertamente liberal (aunque no con las connotaciones que dicha palabra tiene en este país!) y al casarse por amor en primeras nupcias. Hijo de una de las reinas más inservibles de todos los tiempos, Alfonso cumplió con aquelllo de "saliendo de una espina, una rosa."

Nacido un 28 de mayo de 1857, Alfonso era el hijo de la gorda reina española Isabel II de Borbón, y nominalmente del esposo de ésta, el amariposado Francisco de Asís de Borbón. Lo más probable es que Alfonso hubiera sido manufacturado por un hermoso militar llamado Enrique Puig Moltó, quien fue amante de la reina entre tantos que tuvo. Otros le adjudican la paternidad de Alfonso a José María Ruiz de Arana "El Pollo", quien al parecer también hacía cacarear del gusto a doña Isabel. Algunos se inclinan a tomar como papi al militar, ya que tanto Puig Moltó como Alfonso padecerían de tuberculosis y la tez marmórea del rey era igualita a la del militar.

Alfonso se vio presentado en público sobre bandeja de oro, lo cual le hacía bromear cuando ya era grande que lo habían presentado como "a un lechoncito a punto." Alfonso recibió la más esmerada educación posible, y cuando su madre fue destronada para irse al exilio en Francia, se educó con maestros que llegaron a ser grandes amigos suyos. El Duque de Sesto tomó al muchacho bajo su ala protectora, y le presentó a muchos personajes que luego le servirían de mucho. Alfonso sabía que tarde o temprano estaba destinado a tomar las riendas de España, y se fue preparando para eso. Alfonso estudió entonces tres años en el Colegio Teresiano de Viena. Luego estuvo en la Academia Naval de Sandhurst, mejorando su inglés y el amor por el parlamentarismo.

Alfonso entró de nuevo en España en 1875 por Barcelona, donde lo recibieron con entusiasmo. A los 17 años iba encaramado encima de un gran caballo blanco, y la multitud se apasionó por el rey adolescente. El rey al pasar por un mercado encontró a unas vivanderas de la Plaza de la Cebada vitoreándolo animadamente. Al agradecer los vivas a las mozas, ellas le dijeron sin asomo de pudor al monarca teenager,"Más gritábamos acá cuando echamos a la puta de tu madre del trono, pero esperamos que contigo vayamos mejor...por eso también gritamos."

Alfonso debió visitar a las tropas mientras Cánovas le preparaba una Constitución que más bien parecía testamento. Al visitar la primera línea de las tropas en la batalla de Lácar casi lo echan preso, y escapó de puro milagro.

La salud de Alfonso siempre fue frágil, aunque su ánimo no decaía. En 1876 escupió sangre por primera vez, y la tuberculosis que no le advirtieron cuando tosía chiquito, se le fue desarrollando. Se hacía urgente que se casara, y comenzaron a buscarle novia. Pero el lío es que ya había fijado los ojos en la bellísima María Mercedes, prima suya por ser hija de su tía Luisa Fernanda y el Conde de Montpensier. Algunos en las cortes se oponían a que la hija de un asesino fuera la reina, pero el amor incandescente de Alfonso por Merceditas hizo que aún contrariando a Isabel II, se casara con ella mientras el pueblo lloraba de emoción.

"El buen rey se casa como nosotros los pobres, solamente por amor," rezaban las coplas que se hicieron para la boda de Alfonso con Merceditas. Isabel II en su rabia le echó a Alfonso como distracción a la cantatriz Elena Saénz, sin lograr que el enamorado muchacho desistiera de su boda. El 23 de enero de 1878 Alfonso y Merceditas se casaron embargados de felicidad, pero esta dicha no habría de durar mucho. Merceditas estaba más tísica que Alfonso, y un 18 de junio tuvo un fuerte ataque que la remitió al lecho.

El 24 de junio cuando la reina cumplía 18 años lo pasó en cama. Solo oraciones por la vida de la reina se oían. El 26 de junio de 1878 muere a mediodía Merceditas, dejando a Alfonso en un estado deplorable. Lloraba como un niño. Ma. Mercedes fue enterrada en El Escorial, y el pueblo adolorido cantaba coplas alusivas al dolor de su rey:" Donde vas Alfonso XII, donde vas pobre de tí, voy en busca de Mercedes que ayer tarde no la vi..."

Alfonso a pesar de estar tísico era un hombre de sana líbido y pronto se consoló en las arrumacos de la cantatriz Elena Saenz, quien con todo descaro cantó el rol estelar en la ópera La Favorita cuando por fin contó con el favor del rey. Elena tendría dos bastardos de Alfonso, Fernando y Alfonso, y gozaba de la simpatía de Isabel II, quien fue malísima suegra con la difunta Merceditas.

Al no tener descendencia legítima, Alfonso debía casarse de nuevo y un 29 de noviembre de 1879 lo casaron con María Cristina de Habsburgo Lorena, una fría archiduquesa austríaca. Alfonso antes de la boda la había ido a conocer, llegando a expresar que le gustaba más la madre de su futura prometida que la novia en sí.

Del matrimonio nacieron dos hijas y el futuro Alfonso XIII, quien vendría al mundo después de la muerte prematura de Alfonso XII, la cual se dio la madrugada del 25 de noviembre de 1885 cuando le faltaban tres días para ajustar los 28 años de edad. María Cristina, celosa y arrogante, no soportaba que su marido hubiera tenido dos bastardos con Elena y los aborrecía con pasión. No le perdonaba tampoco que hubiera tenido un devaneo público con Adela Borghi, otra cantante de ópera. Adela era rubia, desafiante y se negaba a soltar al rey, quien en su afán por vivir a plenitud la vida que poco a poco se le acababa, no escatimaba gastos o esfuerzos por andar bacanaleando.

El gobernador Elduayen se vio forzado a tomar de las mechas a Adela y ponerla en un tren expreso hacia Francia porque la reina se desbordaba de celos. Elduayen cayó en desgracia con el rey, quien no le perdonaba que hubiera metido manos a favor de la reina. Alfonso y su segunda esposa nunca se llevaron bien dado que era un matrimonio por razones de estado. Un 17 de mayo de 1886 nació Alfonso XIII, el hijo póstumo de Alfonso XII, y quien habría de llevar la corona hasta 1931.

Aún hoy, la figura de Alfonso XII goza de gran popularidad en España. Su nombre quedó grabado como el primer monarca en declararse liberal aún antes de ceñirse la corona, y muchos le recuerdan en literatura, canción y anécdotas como un monarca popular, alegre, bromista y siempre accesible para un pueblo que siempre lo adoró. Su romance con su primera esposa además forma parte de una de las paginas más tiernas de la historias de amor de famosos.

_______________________________________________________________________Subir al inicio Subir al inicio


Mapa del sitio Mapa del Sitio

Esta pagina está en constante actualización, diseñada para visualizar en 800 x 600 y superior, mantenida por Juan Antonio del Sol Hernández - MEDINA DEL CAMPO, -- Teléf. 696 42 68 94 -- Última modificación: © 2005 Todos los derechos reservados.