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Alonso de Quintanilla ante Isabel I Manuel Quintanilla. panoramio-com. (lasgafasdelpasado - WordPress.com)
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Vd, se encuentra en: "Personajes históricos"  
ALONSO DE QUINTANILLA

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Alonso Quintanilla: Alonso de Quintanilla protector de Cristóbal Colón.

Alonso de Quintanilla, personaje notable no sólo en la historia de Medina, sino también en la de España, originario del pequeño coto asturiano de Poderni, nació en el año 1420, casería de San Esteban de las Cruces, parroquia perteneciente al concejo o municipio de Oviedo. Era hijo de Luis Álvarez de Quirós y de Urraca Álvarez de Quintanilla. Contrajo matrimonio en 1490 con la asturiana Aldora de Ludeña, con la que tuvo descendencia.

Fue contador mayor de los Reyes Católicos y uno de sus más valiosos colaboradores. Empezando desde abajo, trabajó primero para Enrique IV y luego para los Reyes Católicos. Su ascensión en la carrera de la Administración central del Estado fue fulgurante, llegando a ser contador mayor de la Real Hacienda. Contribuyó también a la creación de la Inquisición en Castilla y de la Santa Hermandad. Los Reyes Católicos le tenían en muy alta consideración, acudiendo a él con frecuencia para solicitar consejo. En prueba de su gratitud, le concedieron muchas mercedes.

Sirvió después al marqués de Villena y trabaja de tesorero en la fábrica de la moneda de Medina del Campo

Pasa posteriormente al servicio de Isabel la Católica, quien le recompensó con el puesto de contador mayor de Castilla al subir al trono. Su perseverancia y sagacidad cooperaron eficazmente en la organización de la real hacienda.

Fue uno de los que apoyaron el restablecimiento de la Santa Hermandad, casi desaparecida con Enrique IV. Su primer capitán general fue otro medinense, Alonso de Aragón y Escobar, primer duque de Villahermosa. Como intendente general del ejército, destacó por su actividad en las guerras de Granada y tuvo gran influencia para que se llegase a constituir un ejército permanente. En 1474 fue nombrado alcaide de la Mota. Realizó varios préstamos a la Corona, que le fueron recompensados con otras mercedes.

Llevo acabo el censo de población de Castilla en 1482, que arrojó la cifra de 1.500.000 fuegos, que venían a equivaler de seis a siete millones y medio de personas, según se consideren cuatro o cinco personas por hogar.

Fue amigo personal de Cristóbal Colón, a quien apoyó desde el primer momento de su llegada a España, y no fue obstáculo para que se le concedieran anticipos [Vid. nota 5, pp. 439-442]. La información que nos da Gonzalo Fernández de Oviedo al respecto, no deja lugar a dudas: "El aquel tiempo que Colón, como dixe, andaba en la corte, llegábase a casa de Alonso de Quintanilla, contador mayor de cuentas de los Reyes Católicos (el cual era notable varón y deseoso de acresçentamiento y serviçio de sus reyes) y mandábale dar de comer y lo necessario por una compasibilidad de su pobreça. Y en este caballero halló más parte e acogimiento Colón que en hombre de toda España, e por su respecto e intercessión fue conocida del reverendíssimo e ilustre cardenal de España, arcobispo de Toledo, Don Pedro González de Mendoça".

El soriano López de Gómara indica sobre el mismo tema: "Le daba de comer de su despensa y le oída de buena gana las cosas que prometía de tierras nunca vistas".

Por su parte, en cronista cuellarano Antonio de Herrera y Tordesillas, dice: "En quien más acogimiento alló fue en Alonso de Quintanilla, Contador mayor de Castilla, hombre prudente y que tenía gusto en cosas grandes, y por parecerle persona de estimación, le daba de comer, porque de otra manera no se pudiera contener tanto tiempo en tan larga demanda; y tanto se porfió en ello, que danto oídos los Reyes Católicos al caso, lo cometieron a fray Hernando de Talabera". Tanto porfiaron Colón y los pocos amigos que tenía en la Corte que al final los Reyes Católicos, ocupados en la conquista del reino moro de Granada, ordenan a fray Hernando de Talavera que organice una junta de cosmógrafos para examinar lo que Colón llamaba la «empresa de Indias».

Hombre de mente privilegiada, comprendió enseguida que el viaje que proyectaba realizar un desconocido llamado Cristóbal Colón a través del Atlántico, siguiendo la dirección del sol para llegar al continente asiático, era realizable. Como hombre del Renacimiento y empapado de las nuevas corrientes culturales, económicas y científicas, comprendió, como un gran visionario, la gran importancia que tendría para la Corona castellana que se realizara tal viaje para llegar a las islas de las Especias o Molucas, Japón y China por la ruta alternativa a la de Asia Menor -controlada por los turcos otomanos- o circunvalando el continente africano-camino dominado por Portugal, su otra gran rival en Europa.

Rechazado su proyecto por Juan II de Portugal, el desilusionado Cristóbal Colón pasó en 1485 a Córdoba, donde se encontraba entonces la Corte.

Los meses y los años pasaban y ni los Reyes, preocupados por el asunto de la conquista de Granada, ni la junta se pronunciaban. Cristóbal Colón sigue a la Corte allí donde ésta se dirige. En esta interminable espera siempre contó con el apoyo y ayuda de Quintanilla, presentándole a destacadas e influyentes personalidades, como el cardenal Pedro González de Mendoza, quien llevó a Colón a presencia de los reyes. Por fin, después de cinco años de espera, los miembros de la junta dan un dictamen, rechazando el proyecto colombino por no admitir la estrechez del océano Atlántico que le atribuía el genovés.

Con gran tristeza se dirigió Cristóbal Colón a Sevilla y de allí al monasterio de La Rábida (otoño de 1491), donde le recibe fray Juan Pérez de Marchena. Su intención era abandonar España y dirigirse a otro país europeo para presentar su proyecto. Es entonces cuando fray Juan Pérez -antiguo confesor de la reina- escribe a Isabel I. Ésta le manda que vaya a verla al campamento de Santa Fe pero al ambicionar que se le nombre virrey, gobernador y almirante de las tierras que se descubriesen, además de otras ventajas económicas, se le rechaza de nuevo.

Entra ahora de nuevo en escena Alonso de Quintanilla y Luis de Santángel -escribano de ración del rey-, quienes interceden ante la reina argumentando que el viaje era posible y que si se rechazaba la «empresa de Indias» y Colón la presentaba en otro país como pretendía, traería grandes perjuicios a la Corona castellana. Y en cuanto a los desorbitantes títulos y rentas que solicitaba el genovés, le dijeron que éste sólo pedía de lo que hallase más allá de océano y además concurría con parte de los gastos y exponía su persona.

La reina agradeció el consejo del asturiano Quintanilla y Santángel diciéndoles «que le aceptaba, con que se guardase á que se alentase algo de los gastos de la Guerra; i que si todavia parecia que se efectuase luego, tenia por bien, que sobre algunas Joias de su Camara, se buscase prestado, el dinero que fuese menester -refiere Antonio de Herrera-. Quintanilla, i Sant Angel la besaron las manos, porque por consejo suio huviese determinado de hacer, lo que por el de tantos havia reusado».

El resto es de todos bien conocido. El 17 de abril de 1492 los Reyes Católicos y Cristóbal Colón firmaron las Capitulaciones de Santa Fe, que darían como resultado que, cerca de seis meses después -el 12 de octubre-, se descubriese un nuevo continente: América.

El hallazgo del Nuevo Mundo, acontecimiento que cambiaría la historia de la humanidad, se hizo realidad gracias a unas pocas personas con visión de futuro, como Alonso de Quintanilla. En tal extraordinario evento, como ha quedado demostrado, el asturiano desempeñó un papel crucial, creyendo, acogiendo y apoyando siempre, especialmente en los momentos más difíciles, a Cristóbal Colón.

Bien lo dijo Campomanes: "Si Alonso de Quintanilla hubiera despreciado á Colón, no se hubieran acaso descubierto las Indias".

Alonso de Quintanilla y su mujer, Aldara de Lodeña, fundaron y dotaron magníficamente la capilla mayor de la iglesia de San Juan de Sardón [Gerardo Moraleja: Historia de Medina del Campo. Manuel Mateo, 1971, pp. 428-431]. Aquí fueron enterrados, pues Quintanilla pertenecía a la Orden de San Juan. A los doce capellanes que dotó Quintanilla en esta iglesia, les dejó buenas rentas y una cátedra de gramática, cuyo maestro cobraba 10.000 maravedíes anuales, cinco cargas de trigo, una de cebada y dos pares de gallinas, con la obligación de instruir en las reglas y preceptor de Nebrija a los clérigos y otras personas que lo desearen. Estos capellanes, aunque reducidos a seis, subsistieron hasta 1828. También dejó fundado un hospital para albergue de pobres junto a la Iglesia de San Juan de Sardón.

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12-01-05 - Alonso de Quintanilla, servidor de la reina

Resulta un poco sorprendente que nadie se acordara de Alonso de Quintanilla con motivo del aniversario de la muerte de Isabel la Católica, hasta que mi colega Carmen Ruiz-Tilve, cronista oficial de Oviedo, le dedicó un artículo en LA NUEVA ESPAÑA haciendo repaso de las calles de Oviedo. Porque Quintanilla fue, sin duda, el asturiano más destacado de su tiempo, pese a que le extrañara a Antonio de Nebrija que se pudiera llegar tan alto, siendo hijo de la «patria oscura de Asturias». Asturias, a finales del siglo XV y comienzos del XVI, ni siquiera era la «Siberia de España», como llegaría a ser denominada más tarde, y por milagro no figuraba en los mapas, en el lugar de Asturias, la inscripción de «aquí leones». Leones, ciertamente, no los había, pero sí osos, que ahora están al borde de la extinción. En la Asturias de ahora no hay leones heráldicos y metafóricos, ni osos apenas, ni mucho menos hombres de la talla de Alonso de Quintanilla, que era un hombre político con enorme sentido de Estado y uno de los asturianos con mayor peso en la corte de toda la historia de Asturias y de España. Ahora los asturianos, después de la defenestración de Álvarez-Cascos, no pintan nada en la corte o, si se prefiere, en la «capital del Estado de las autonomías, según mandato constitucional» (que, pese a tanta autonomía como hay, sigue siendo la Corte donde se continúa cortando y cociendo el bacalao). Evidentemente hubo bastantes asturianos de gran influencia y poder políticos; algunos incluso ocuparon los cargos más altos. Al que haya llegado al más alto le iguala Alonso de Quintanilla, que fue en una pieza hombre de gobierno y de espada, hacendista y estadista, político realista y hombre visionario. Porque era realista precisamente apoyó un proyecto que parecía fantasmagórico, el de Cristóbal Colón de llegar a las Indias por Poniente. Y no eran los días en que Colón fue con su propuesta a los Reyes Católicos, tiempos en los que don Alonso estuviera desocupado. Se estaba a punto de conquistar Granada y el asturiano ya tenía madurado su proyecto de organizar un Ejército permanente, fundamentado en la Santa Hermandad.

Alonso de Quintanilla, contador mayor de las Cuentas de los Reyes Católicos, nació en Paderni, en familia de labradores acomodados, hacia el año 1420. «Honra y prez de su patria -según el P. Carvallo- fue el primero que levantó bandera para poner remedio en la reformación de España, inventando el oficio, y magistrado de la Santa Hermandad, que son unas compañías y cuadrillas que hacen los pueblos para reprimir los robos y tiranías del reino, y como dice Mariana, el inventor de este concejo saludable fue nuestro Alonso de Quintanilla...», pues por entonces «toda la tierra estaba llena de terror y de hombres facinerosos, de manera que ningún hombre honrado podía estar seguro». Para que hubiera seguridad en los caminos de España tuvo Quintanilla que abandonar Asturias con veinte años de su edad, trasladándose a Valladolid, entonces capital y corte de España, hacia 1440, como doncel de Juan II; posteriormente fue preceptor del futuro Enrique IV y secretario del marqués de Villena: no es de extrañar que Nebrija se extrañase de las buenas facultades del asturiano. Enrique IV le nombra regidor de Medina del Campo y dos años más tarde ocupa el cargo de Contador de Acostamientos. Aquí empieza Quintanilla a sentirse seguro y en su salsa, pues lo suyo eran la administración y el tesoro público, aunque haya desarrollado asimismo otras actividades. En 1467 se le concede fundar, dirigir y administrar una fábrica de moneda en Medina del Campo, y en septiembre de 1469 pasa al servicio de doña Isabel como contador mayor. Lo que no fue inconveniente para que también se le encomendaran misiones diplomáticos, o de gobierno, después del sometimiento del reino de Navarra. Y dado que, como dice Clausewicz, la guerra es la continuación de la política por otros medios, conquistó la villa de Arévalo, financió parte de la conquista de Canarias de su bolsillo y participó en la toma de Granada. En 1467 instituye la Santa Hermandad, para poner en su sitio a bandoleros y demás facinerosos que actuaban libremente por los caminos de España. Fue la época de Quintanilla una época grande. Se expulsó a los moros. Colón se disponía a descubrir América, Nebrija escribía la «Gramática de la lengua castellana» y Quintanilla ponía en orden la hacienda pública e intuía la Guardia Civil. Fue, como afirma Juan Uría Maqua, uno de los artífices de la grandeza de España en aquellos tiempos. Murió en el año 1500, en Medina del Campo.

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28-05-06 - La conexión asturiana de Colón

JUAN F. CASERO LAMBÁS

En el V Centenario de la muerte de Cristóbal Colón es justo dedicar un homenaje al ovetense Alonso de Quintanilla, que no sólo apoyó sino que fue el principal financiador del descubrimiento de América.

Alonso Álvarez de Quintanilla nació en el Coto de Paderní, parroquia de S. Esteban de las Cruces del concejo de Oviedo en 1420 y estudió en el monasterio de San Vicente (Fuertes Arias, 1909). Según el historiador local de Medina del Campo Moraleja Pinilla (1971), en 1456, dos años después de la muerte de Juan II de Castilla, compró casa en Medina del Campo, donde murió y fue enterrado el 29 de agosto de 1500. Se casó en 1490 con una asturiana, Aldara de Lodeña, y se erigió en patrón del convento de Santa Clara de Oviedo, donde enterró a sus padres y a los de su mujer. Restauró la fachada del convento ovetense -hoy parte de la sede de la Agencia Tributaria- y labró en ella su escudo nobiliario, concedido junto con el marquesado por la reina Isabel, lo que provocó la ira de los Quiñones de Oviedo, que una noche, usando una escala, «picaron» el escudo. Todavía hoy es posible ver en los restos de la fachada el escudo picado del gran mecenas renacentista que sufragó el primer viaje de Colón, ancestral y remoto testimonio pétreo de la particular idiosincrasia de la Vetusta de Clarín.

En la calle de San Martín de Medina del Campo, próximo a los palacios de Espiau y de los Condes de Bornos, está el palacio de Alonso de Quintanilla con su escudo sobre la puerta enmarcado por arco de medio punto en piedra, donde se alojaba Colón en Medina. Alonso de Quintanilla sirvió a Juan II y a Enrique IV el Impotente, del que fue paje y luego consejero y que hizo de Medina su Corte por influencia suya. En la Farsa de Ávila (1465) apoyó como rey al infante don Alonso, que en su efímero reinado otorgó por única vez voto en las Cortes de Castilla al Principado de Asturias. En el Pacto de Guisando (1468) apoyó a Isabel, que lo nombró contador mayor de la Real Hacienda, cargo desde el que luego reorganizó la recaudación con un nuevo censo (1482). Quintanilla costeó la Santa Hermandad (1476) y 50 navíos para liberar en Rodas de los turcos a la Orden de San Juan del Hospital (1480). Hacia 1490 fundó en Medina una Escuela de Gramática y un hospital hospedería de pobres junto a la parroquia medinense -desaparecida en 1808-, de San Juan de Sardón, donde fue enterrado.

El móvil económico del viaje a las Indias era encontrar una ruta alternativa a las islas llamadas Molucas o de las Especias, para importar clavo y canela, evitando la ruta por tierra a través de Asia Menor, controlada por los turcos y por mar a través de la costa africana, controlada por los portugueses. Rechazado el proyecto de Colón en Portugal, llegó por primera vez en 1485 a Córdoba, donde se hallaba la corte. Según el cronista Antonio de Herrera, «en Cordoba comenzó á tratar su negocio, y en quien mas acogimiento halló, fue en Alonso de Quintanilla, Contador Mayor de Castilla, hombre prudente y que tenia gusto en cosas grandes y por parecerle persona de estimacion, le daba de comer, porque de otra manera no se pudiera entretener tanto tiempo en tan larga demanda». Para el Inca Garcilaso «solamente Alonso de Quintanilla, Contador mayor, le daba de comer en su despensa, y le oía de buena gana las cosas que prometía de tierras nunca vistas».

Quintanilla presenta a Colón al cardenal Mendoza, pero en 1490 la junta de cosmógrafos de Salamanca, presidida por Hernando de Talavera, dictamina en contra de la «empresa de Indias». En ese momento es crucial el apoyo a Colón del guardián de La Rábida fray Juan Pérez, gracias al que la reina Isabel recibe a Colón en Santa Fe (Granada). La entrevista real acaba en desastre por la desmesurada ambición de Colón de ser nombrado virrey de las tierras por descubrir. La intervención en ese momento de Alonso de Quintanilla es esencial para el éxito del viaje. Junto al judío converso Luis de Santángel -escribano de ración o pagador del reino-, convence a la reina de aceptar las aspiraciones de Colón limitadas a las tierras nuevas. Pero, según Herrera, la reina exigió que se esperara a reducir gastos de guerra en la conquista de Granada. «Y que si todavia parecia que se efectuase luego, tenia por bien que sobre algunas joyas de su Camara, se buscase prestado el dinero que fuese menester. Quintanilla y Sant Angel la besaron las manos, porque por consejo suyo hubiese determinado de hacer, lo que por el de tantos habia rehusado». El 17 de abril de 1492 la reina firma la Capitulación de Santa Fe, que reconoce a Colón un quinto de las mercancías, un diezmo del oro y un octavo de los beneficios comerciales. Pero es Quintanilla el que financia junto a Santángel el viaje con un millón de maravedíes y hace posible partir el 3 de agosto. (Martínez Riva, García Carbajosa y Estrada Luis, 1992).

Lo dijo Campomanes: «Si Alonso de Quintanilla hubiera despreciado a Colón, no se hubieran acaso descubierto las Indias».

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25-10-06 - Un asturiano en el Descubrimiento

CUCA ALONSO

«Alonso de Quintanilla debería  formar parte del grupo de asturianos ilustres de todos los tiempos», dijo ayer, entre otras muchas cosas, el ilustre historiador Juan Uría Maqua, en el transcurso de su conferencia celebrada en el Ateneo Jovellanos, con motivo del V Centenario de la muerte de Cristóbal Colón. El tema expuesto giraba en torno a un hombre que ha sido pieza clave en la gesta llevada a cabo por el Almirante, hasta el punto, como reconocen otros muchos investigadores de la máxima solvencia, que sin la ayuda de Alonso de Quintanilla la empresa del Descubrimiento nunca se habría realizado. Hizo la presentación del señor Uría Maqua, de otro modo harto conocido en la tribuna ateneísta, María Dolores Mateos, a su vez profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo. Con su estilo peculiar, bien documentado y atractivo, dijo tener un doble compromiso relativo a la entidad y al ponente, ya que el término, compromiso, significa obligación contraída, palabra dada, y fe empeñada, conceptos que desde su circunstancia personal convergen en ambos, «así que aquí estoy para oficiar la presentación de mi querido Juan». Profesor íntegro, como los de antaño, carente de ambiciones bastardas -«el hecho de que esté jubilado es un dato burocrático que no significa nada»-, Juan Uría nunca ha dejado de estudiar, escribir y enseñar, y sus labores de minucioso investigador continúan.  «Es un legítimo heredero de su padre, Juan Uría Ríu, y me honro de llevar cuarenta años siendo su compañera y cómplice en la tareas docentes». Juan Uría Maqua Noreña, 1931, es doctor en Historia por la Universidad Valladolid, y en 1962 se incorporó a la Universidad de Oviedo, donde ha dirigido el departamento de Historia Medieval hasta 2001. Son innumerables sus libros publicados, así como las distinciones recibidas.

«Alonso, que en realidad significa Alfonso, es un nombre que me persigue. He investigado y escrito sobre Alfonso Enríquez, conde de Noreña y de Gijón; Alonso de Quintanilla es otro de mis personajes dignos de estudio; he recibido el premio "Alonso de Quintanilla" que otorga el Ayuntamiento de Oviedo por la biografía de Alonso de Bello, quizás el primer indiano, y en los últimos tiempos ahí está Fernando Alonso ocupando  todo nuestro interés», dijo el profesor Uría antes de referirse al que fuera Contador Mayor de Cuentas, hoy equivaldría a ministro de Hacienda, de los Reyes Católicos, Alonso de Quintanilla. La trascendencia de su trabajo se extendió a tres reinados -Juan II, Enrique IV y los Reyes Católicos-. Había nacido en San Esteban de las Cruces en 1420, y ya se tiene constancia de su presencia en la corte de Juan II en 1440. Se trasladó a Medina del Campo al ser nombrado regidor, donde se conservan su casa solar y sus restos mortales.  Su brillante trayectoria profesional le llevó a ser el hombre de confianza de la entonces princesa Isabel de Castilla, un honor que mantuvo a través de la vida de la reina. Las negociaciones de Cristóbal Colón para sacar adelante su proyecto de acceder a las costas orientales de las Indias se inician, siete años antes, en Alonso de Quintanilla, que no sólo escuchaba con interés y seriedad las ideas del marino, sino que le dio cobijo, dinero y ayuda para presentar sus planes ante los monarcas. La conquista en 1478 de las islas Canarias significó un avance muy firme para dar el paso americano; el negocio marítimo, la explotación de las riquezas isleñas, eran un buen precedente. Documentos, fechas, nombres, estudios, exhaustivamente expuestos por el profesor Uría avalan la tesis principal: que sin el empuje definitivo de nuestro paisano, Alonso de Quintanilla, que intervino en todos los aspectos del proyecto, Cristóbal Colón nunca hubiera escrito una de las páginas más gloriosas de la Historia de España.

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10-02-11 - Quintanilla tenía el Estado en la cabeza

El político ovetense hizo el primer censo de España en tiempos de los Reyes Católicos y ahora el Gobierno lo sustituye por una encuesta, cerrando así un ciclo de cinco siglos.

El Archivo del Mayorazgo de Alonso de Quintanilla - Fundación Museo de la Ferias
El Archivo del Mayorazgo de Alonso de Quintanilla - Fundación Museo de la Ferias

FUENTE: Javier NEIRA

Alonso de Quintanilla. Ilustración de Pablo García
Alonso de Quintanilla. Ilustración de Pablo García

Quinientos años después, España va a dejar de realizar los preceptivos censos. Los inauguró el ovetense Alonso de Quintanilla -entre la media docena de asturianos más importantes de nuestra historia- y ahora el Gobierno quiere sustituirlos por encuestas efectuadas apenas sobre cinco millones de personas. Son más baratas pero lo cierto es que el Estado moderno, del que España fue pionera, se inaugura, entre otras cosas, con los censos, así que ahora da qué pensar su abandono. A más abultamiento, ya en el Imperio romano eran clave y por eso Jesús no nació en Nazaret sino en Belén hasta donde habían ido José y María para cumplir con el censo de Augusto.

Quintanilla es una figura tan importante como olvidada. Nació en el año 1420 en la aldea ovetense de Paderni, al sur del concejo. Era hijo de labradores con posibles y con el tiempo, para homenajearlos, amplió el monasterio de Santa Clara -actual sede de la delegación de Hacienda- y allí les dio sepultura. Estudió Humanidades y Leyes en el monasterio benedictino de San Vicente -actual sede del Museo Arqueológico- e ingresó como doncel en la Corte de Juan II, para encargarse de la educación del príncipe Enrique.

Con Enrique IV ya en el trono fue sucesivamente «poder habiente» real y «criado, guarda y vasallo militar» para encargarse después de las finanzas reales como «contador de acostamientos». En realidad fue, en aquellos años, habitual prestamista o garante de la Corona.

Como ha indicado el escritor José Ignacio Gracia Noriega «evidentemente hubo bastantes asturianos de gran influencia y poder político; algunos incluso ocuparon los cargos más altos. Al que haya llegado al más alto le iguala Alonso de Quintanilla, que fue en una pieza hombre de gobierno y de espada, hacendista y estadista, político realista y hombre visionario».

Enrique IV de Castilla. www.laguia2000.com
Enrique IV de Castilla.www.laguia2000.com

Cuando Castilla se dividió dramáticamente a cuenta de la crisis dinástica, Quintanilla decidió militar en el bando del infante Alfonso, pretendiente al trono y formó parte de la comitiva que se dirigió al rey para que reconociese como heredero al infante. La alternativa era Juana, llamada la Beltraneja.

Quintanilla fue nombrado contador mayor y miembro del Consejo real, escribano mayor de Privilegios y Confirmaciones, alcalde mayor del Adelantamiento de Castilla y ejecutor de cuentas contra los morosos en el pago de tributos. Entre otras cosas fundó la fábrica de moneda de Medina del Campo.

Tras la muerte de Alfonso, Quintanilla volvió al lado de Enrique IV y concretamente se centró en el servicio de la princesa Isabel que, una vez reina, le colmó de honores. Tomó para la reina el formidable castillo de la Mota, frente a las pretensiones del marqués de Villena, y la ciudad de Ávila.

Invirtiendo su propio dinero en grandes cantidades consiguió para la corona las villas de Sepúlveda, Ágreda y Aranda de Duero, en discusión con la Beltraneja y codiciadas también por el marqués de Villena, favorito de Enrique.

Era un cortesano intrigante, un hábil diplomático y disponía personalmente de enormes sumas de dinero que volcó en hacerse con tropas y en ganar voluntades mediante sobornos, consiguiendo así que en 1473 Isabel entrase en Segovia, acompañada del cardenal de Toledo Alonso Carrillo, para tomar posesión de la ciudad y de su alcázar. Asimismo, en nombre de Isabel tomó Tordesillas por las armas en 1474, ciudad en la que estaba en posesión de casas principales, tierras y rentas diversas, con las que formó un mayorazgo que heredó Inés, la mayor de sus hijas.

Joana la Beltraneja
Joana la Beltraneja

A causa de la guerra con Portugal, Isabel y Fernando apenas disponían de presupuestos. Quintanilla propuso a los reyes «que imploraran subsidios del sentimiento religioso y de los magnates». Funcionó, el clero castellano cedió la mitad de la plata de las iglesias, por valor de 30 millones de maravedís, a reintegrar en tres años y los nobles opuestos a la Beltraneja formaron el ejército que rindió Toro y condujo al fin de la contienda.

Fue clave en la creación de la Santa Hermandad, la primera policía organizada del mundo, y en 1480 financió la conquista de Canarias, concediéndole los reyes la quinta parte de los esclavos, sebo, cuero y presas obtenidos en la conquista. También aportó diez mil hombres para la campaña de Granada.

En un documento de cuatro folios, escrito por Quintanilla de su propia mano y que se conserva en Simancas, plantea la realización del primer censo de España en el año 1493, aunque también se consideran otras fechas. Asimismo participa en la creación de un ejército permanente tras la toma de Granada.

Campoamor, en su poema titulado «Colón» pone en boca del almirante las siguientes palabras: «De nuevo a mi favor abren campaña / Luis Santángel y Alonso de Quintanilla / y a los pies de la reina me acompaña / la marquesa Beatriz de Bobadilla», y es que también se considera fundamental su papel en la empresa del descubrimiento de América.

Alonso de Quintanilla era un burgués y como tal participó en la pugna de los Reyes Católicos contra la nobleza, así que nunca quiso tener títulos como recompensa. Se retiró a Medina del Campo, donde creó en 1497 un mayorazgo para su primogénito, Luis, quien, después, se sumó al bando comunero.

Isabel y Fernando, los Reyes Católicos (óleo de Francis De Blas)
Isabel y Fernando, los Reyes Católicos (óleo de Francis De Blas)

El arquitecto del Estado moderno

Pero para captar en sólo unas líneas su inmensa talla histórica basta decir que los Reyes Católicos crearon el primer Estado moderno del planeta y que Alonso de Quintanilla fue el arquitecto de esa innovadora y formidable estructura jurídico-política. Por si fuera poco, financió de su bolsillo la conquista de las islas Canarias y apoyó económicamente la aventura del Descubrimiento de América. Tras Colón, es seguramente la persona clave de esa proeza.

Para entender el olvido en que cayó Quintanilla hay que considerar cómo liquidó el feudalismo que sostenían la nobleza y el alto clero, así que se lo puede considerar como la bestia negra de los grandes poderes retardatarios. Y eso nunca se perdona.

Destacado funcionario del rey Enrique IV Trastámara, se convirtió al mismo tiempo en el gran prestamista de la Corona. En las peleas dinásticas cambió de bando y se pasó a la causa del infante Alfonso harto de la corrupción de la corte. Sirvió al poderosísimo marqués de Villena y después lo combatió, como al conjunto de la nobleza.

Constantino Suárez lo define como una persona que «reunía en alto grado inteligencia esclarecida, vasta instrucción, energía, probidad y desinterés, animados por un profundo patriotismo». Fundó la Fábrica de Moneda de Medina del Campo y entró al servicio de la princesa Isabel en 1469, como contador mayor.

Logró para la ya reina Segovia y su alcázar y Tordesillas, siempre turnando las armas y la diplomacia. Sucedió al duque de Alba como alcaide del castillo de la Mota ante la inminencia de la guerra sucesoria con la Beltraneja. Para luchar con Portugal, logró apoyo de la nobleza, que formó el ejército que tomó Toro, y del clero, que aportó plata por valor de 30 millones de maravedíes.

Fue contador mayor del reino -equivalente a ministro de Hacienda-; creó la Santa Hermandad en 1476 para imponer orden y seguridad. Financió la conquista de Canarias en 1480 y fue clave en la toma de Granada, a la que aportó 10.000 combatientes, y en el sometimiento de Navarra. En 1493 forma el primer ejército permanente, una auténtica revolución. Hizo, asimismo, el primer catastro de Castilla y reformó la hacienda, dos piezas decisivas del Estado moderno, como el citado ejército estable o una policía formalmente constituida.

Una anécdota da idea de la posición de Quintanilla, de su riqueza y de la confianza que le ofrecía la Corona. La Reina Isabel había empeñado en Arévalo un valioso collar. Como quería lucirlo en una ocasión solemne y no tenía dinero para rescatarlo, acudió a Quintanilla, que le entregó de su patrimonio personal 60.000 maravedíes.

Tenía una clara visión del Estado moderno siquiera porque fue el primero en construirlo y por eso mismo siempre rechazó poseer títulos nobiliarios: estaba por encima de una clase que había combatido y que ya entonces se consideraba como puro pasado. Falleció en 1500 en Medina del Campo.

La primera cita del juego de los bolos aparece en una denuncia presentada por Quintanilla de 1495

Antonio de Nebrija, padre del idioma castellano, hablando de Quintanilla «llegó a admirarse de que tuviese un tal hijo la patria oscura de Asturias», según cuenta González de Posada. Así nos veían.

En todo caso, Quintanilla amaba a su tierra. Dio sepultura a sus padres en el convento de Santa Clara, puso sus armas en el exterior del edificio, lo reformó y donó mucho dinero para que cada año se hiciese una procesión funeraria desde la Catedral, todos con velas.

Quintanilla era hijo de unos campesinos apenas acomodados. Semejante ostentación sin duda molestaba a la nobleza local, ya que participaban incluso el obispo y el concejo, sin duda al olor de la generosidad del político.

En 1495, un ovetense llamado Nuño Bernaldo de Quirós -a juzgar por su apellido, sin duda noble- se encaramó en la tapia del convento de Santa Clara, hizo aguas sobre el escudo de Quintanilla y lanzó graves insultos en presencia de varios testigos. Después con unos amigos se fue al «Canpo de San Francisco» a jugar «a los byrlos», a los bolos. Así se recoge en el sumario abierto tras la denuncia de Quintanilla contra Bernaldo de Quirós, que ofrece la primera cita de los bolos. Oscura o no, en aquella Asturias ya se divertían como ahora.

Murió en Medina del Campo, en el año 1500. Asturiano al fin, en uno de sus textos aparece la primera cita conocida del juego de los bolos.

El arquitecto del Estado moderno
El arquitecto del Estado moderno

Biografía "Alonso de Quintanilla". Contador mayor del reino, 1420-1497.

http://el.tesorodeoviedo.es.

Nació en el coto de Paderni (Cagigal, cercano a Oviedo, en el seno de una familia noble. Hijo de Luis Álvarez y Urraca Álvarez. En 1440 se traslada a Valladolid como doncel de la corte de Juan II, siendo más tarde el preceptor de Enrique II.

Hacia 1462 recibe el nombramiento de contador de Asentamientos pero fue destituido al apoyar a Alfonso como sucesor en el trono en lugar de apoyar a Juana la Beltraneja. Una vez fue proclamado rey Alfonso, Quintanilla pasó a ser Contador mayor del reino y alcaide mayor del adelantamiento de Castilla.

Ilustración de Pablo García
Ilustración de Pablo García

Al morir el rey, Quintanilla pasó al servicio de la princesa de Asturias y futura reina Isabel, la Católica, velando fielmente por el patrimonio de ésta en sus primeros años de matrimonio con Fernando, el Católico.

Al morir Enrique IV, Quintanilla se ocupó personalmente de la ceremonia de coronación de Isabel en 1471. Participó con sus propios fondos en diversas incursiones militares como fue la conquista de Canarias en 1480, y organizó el reclutamiento y la partida financiera para la toma de Granada. Fue el artífice fundamental de la financiación del proyecto de Colón. Propuso la formación de un ejército permanente al servicio de la corona y llevó a cabo la realización del primer catastro de España. Falleció en Medina del Campo siendo consejero real en 1497. Es uno de los personajes más importantes para la historia de Asturias y de España del siglo XV.

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