CRISTO RESUCITADO

Cristo Resicutado (Mariano Nieto, 1990)
Cristo Resicutado (Mariano Nieto, 1990). Imagen del Cristo Resucitado realizada en 1990 por el escultor vallisoletano, Mariano Nieto Pérez

Imagen realizada en 1990 por el escultor y restaurador vallisoletano Mariano Nieto Pérez (Valladolid, 1940) con destino a la procesión medinense de Cristo Resucitado y emplazada en el convento de las Madres Dominicas de esta Villa.

Cristo Resucitado

Cristo Resicutado (Mariano Nieto, 1990). Imagen del Cristo Resucitado realizada en 1990 por el escultor vallisoletano, Mariano Nieto Pérez

El pasaje sobre la resurrección de Cristo aparece narrado en el relato evangélico por los sinópticos, que sitúan la acción tres días después de la crucifixión. Las santas mujeres acudieron al sepulcro y lo encontraron abierto, anunciándoles un ángel que Cristo había resucitado.

Los judíos argumentan que los apóstoles habían retirado el cuerpo con nocturnidad, y los nacionalistas alegan que Jesús no murió en realidad, tan solo se desvaneció y los apóstoles se sugestionaron con las sucesivas apariciones. La prefiguración bíblica de la muerte de Cristo tiene su basamento bíblico en la permanencia de Jonás durante tres días en el vientre de la ballena.

Sobre la presencia angelical existen notables diferencias entre los evangelistas y así, mientras San Juan no lo menciona, Mateo y Marcos citan uno solo y Lucas dos; sin embargo, en los evangelios apócrifos se confunde la resurrección con la ascensión.

Iconográficamente, en sus orígenes, la Resurrección es representada simbólicamente con la cruz desnuda y el crismón, complemento en una zona inferior con dos guardianes sentados, según se recoge en el sarcófago del Museo Laterano.

A partir del siglo XI, la Resurrección deja de ser un símbolo al adoptar un modo real vinculado al ferviente deseo de fe y consiguiendo apoyatura popular. Avanzado el siglo XIV, la figura de Cristo aparece saliendo de la tumba, si bien, por contaminación con la temática ascensionista, es representado en vuelo sobre la misma.

Las manifestaciones teatrales de generalizada implantación durante la baja Edad Media, aportan versiones alternativas que inciden en el mismo asunto y los teólogos de la época se interrogan sobre si Cristo resucitó desnudo con el paño de pureza o vestido. Algunas variantes historiográficas cuestionan si resucitó "per se" o gracias a la ayuda angélica al retirar la piedra del sepulcro.

Las representaciones pictórico-escultóricas resuelven las dudas al colocar el pie de Cristo sobre el borde del sarcófago; en ocasiones se sitúa delante o sobre la tapa. Estas versiones perduraron a partir de la Biblia moralizante, la Biblia de los pobres y el Speculum Humanae Salvationis, persistiendo hasta finales de la Edad Media.

Posteriormente se introduce mayor dinamismo escénico vinculado a la resurrección ascensional, con referentes en el arte italiano a partir del siglo XIV, en Giotto y sus seguidores. Esta variante tipológica se confunde con la transfiguración y la ascensión, por lo que se añadieron otras correcciones a partir de la Contrarreforma postrentina, en que Cristo aparece ocasionalmente sobre su tumba cerrada, de cuerpo radiante e inmaterial revestido con túnica roja.

El sentimentalismo popular propició nuevas versiones con la intervención de personajes neotestamentarios, conforme a la fijación local o devocional, a partir de las sucesivas apariciones, según cita la Leyenda Dorada, en que Cristo no se aparece a María Magdalena sin hacerlo previamente a su Madre.

Las fuentes autorizadas hay que buscarlas en el arte bizantino, al igual que en los relatos del Pseudo-Buenaventura, en que se citan las distintas apariciones de Cristo a los apóstoles y discípulos como a San Pedro, Santiago el Menor, San Juan, los peregrinos de Emaús y Tomás, junto a las visitas al sepulcro vacío de San Pedro y San Juan.

Iconográficamente los pintores del barroco fomentan nuevas versiones como el "Noli me Tangere", hasta llegar a la Ascensión como la última de las apariciones, considerada como una "resurrección diferida".

La talla medinense es custodiada en el claustral dominico, revivida entre cánticos y rezos en su alzada y blanquecina hornacina. De elevada compostura, Cristo sostiene en su mano izquierda el lábaro triunfante, superador de lo humano, revestido de rojo pasional. La imagen resuelta en sinuoso y forzado contraposto, le resta parte de su presencia dinámica, en complicidad con la composición asimétrica. La policromía, aplicada en tonalidades bícromas, resalta en abiertos contrastes con el irregular lienzo púrpura ceñido a su recorrido anatómico. Desde el hombro izquierdo a los pies, diferenciado de las carnaciones que cubren uniformemente su humana corporeidad, que apenas alcanza el tamaño natural.

Texto: Antonio Bonet