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CRISTÓBAL DE MONDRAGÓN

ABC. Carlos V, inmortalizado por Tiziano en la batalla de Mühlberg, donde Mondragón estuvo heróico
ABC. Carlos V, inmortalizado por Tiziano en la batalla de Mühlberg, donde Mondragón estuvo heróico

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Cristóbal de Mondragón

Famoso y glorioso coronel medinense, protagonista de grandes batallas en Flandes. Fue gobernador de Amberes y capitán general de Bramante, perteneciendo al consejo de guerra de Rey Felipe II. Muere en el castillo de Amberes a los 64 años de edad y sus restos son trasladados, primero, a la localidad de Rodilana y más tarde a Medina del Campo donde con la mayor ceremonia le entierran en la desaparecida iglesia de la Cruz.

CRISTÓBAL DE MONDRAGÓN Y OTALORA: 

Valioso gravado del siglo XVI Cristóbal de Mondrgón y Otalora, natural de Medina del Campo.

Valioso gravado del siglo XVI Cristóbal de Mondragón y Otalora, natural de Medina del Campo.

Sirvió el Coronel Mondragón en las guerras de Flandes, y fue enviado a Felipe II por Alejandro Farnesio para enterarle de la tima de Mastric.

d. Carlos Coloma, en el elogio que hace de sus proezas, le llama hijo de Medina del Campo, lo cual se confirma por haber dispuesto Mondragón que sus restos se trasladasen a medina si muriera fuera de ella. Fue un cumplido guerrero, de la más severa moral y caballerosa conducta, haciéndose querer hasta por sus enemigos.

De su genealogía dice Ayllón que es antigua, y figura enlazada con los Mercados; la trata con extensión, así como de sus enlaces con otras familias, y dice tomar noticias de Un monumento de genealogías y de las familias nobles y antiguas de esta villa, que existe en sus archivos, cuyo autor se ignora.

Aviso que doy yo, que comento la audacia de escribir de historia de Medina sin haber puesto los pies, ni haber ojeado con las manos en ninguno de sus archivos, a los que con más suerte puedan buscar y leer en ellos.

Dª. Mencía de Mercado y D. Martín de Mondragón fueron los padres del Coronel D. Cristóbal de Mondragón. Su alistamiento en el ejército pudo referirse al 1520, o poco después del daño de Medina por las Comunidades. Se ignoran los hechos de armas de sus primeros años de servicio. El Duque de Alba lo consideró como uno de sus mejores oficiales. Estrada, en su Década X, refiere que en la embocadura del río Albis pasó a nado con diez soldados el río, con las espadas en la boca, bajo una lluvia de balas, para apoderarse de unas barcas, que sirvieron luego de puente, y conseguir luego la victoria de Sajonia.

Dirigiendo a los Walones, les infudía ánimo, y de aquí su resistencia; más para hechos audaces elegía españoles, así como lo hizo para atacar a Yergones, puerto del Escalda, pues tomando 2.000 soldados, vadeó el mar, por una legua adentro; cayó sobre los enemigos inesperadamente, y derrotándoles, se apoderó de la isla de Zuitbeverland.

Habiendo resulto Requessens pasar la guerra de Zelanda y Escalda, envió a Sancho Dávila por tierra y a Mondragón por mar a explorar los vados, y se encaminó a Duvenlandia. Llegados a Amsterdan, Mondragón hizo el tránsito de Goes por los vados, sin miedo a las embravecidas olas, y llegó con los suyos a Escalda, primera isla de Zalanda, con espanto de los enemigos, que los tenían por monstruis marinos, repeliendo a la guarnición y apoderándose de algunas fortificaciones, uniendo la meditación con el consejo, con la energía y prontitud en el obrar. Hechos bien heroicos, de los que casi queda memoria. Quedó a su cargo la ciudad de Migdelburg, la que mantuvo por más de dos años contra los ataques de los zelandeses, haciendo frecuentes salidas y escarmuzas; salió una escuadra en su ayuda y la derrotaron los enemigos con otra mucho mayor, a vista del mismo Requessens, y no hallando otro medio e imitando a Guzmán, el Bueno, él mismo se ofreció a los enemigos, con tal de que todos se salvasen, ofreciéndose como rehenes por su patria; sucediendo esto en 1574. En el cerco del castillo de Gante, estando Mondragón ausente, fue defendido hasta el último trance por su mujer, a la que hicieron prisionera, llevándole como un triunfo. Distinguiéndose mucho en las batallas de Ruremunda y Gemblours, y al consignarse premios de más sueldo a los más distinguidos Capitanes, le señalaron 800 escudos más al año a nuestro D. Cristóbal.

Tomó en 1578 el mando Alejandro Farnesio y ordenó a Mondragón la toma de Carpén y su castillo, cuyo Bailio había ahorcado a su predecesor. Mondragón acudió pronto con piezas de artillería, se apoderó al cuarto día de la fortaleza y ahorcó, en su propia horca, al Bailio e hizo prisionera a la guarnición, ahorcando a algunos otros de los árboles. Tal fama le dio el hecho, que sin resistencia se le entregó Gueldres, y derrotando en los campos de Vilevec a 400 infantes y cincuenta caballeros que iban a socorrer a Venalo, éste se entregó, despidiendo a la guarnición. Al sitiar Farnesio a Mastric, le envió a cruzar el Mosa y a atacar a Uric en dirección a Colonia. Mondragón levantó liego los castillos sobre la ribera del Mosa, en la dirección dicha, cortando la comunicación para empezar, como se hizo en 1579, el ataque. Alejandro envió a Mondragón a España, como se ha dicho, con la noticia de la toma de este plaza, en cuya ocasión debió de estar en Medina.

En 1582 Farnesio le entregó el mando de 4.500 hombres, con los que venció en la batalla junto a gante. En 1583 estorbó la inundación de los campos, defendiendo una exclusa y ofendiendo a las naves. En el cerco de Amberes formó el primero en el Consejo de sus cabos que hizo Alejandro, y él y Capiruscio, fueron los únicos que se atrevieron a la empresa, desalojándose los demás. Decidido el sitio, se encomendó la provincia de Brabante al Maestre de Campo, Conde de Maasfeld, agradándole el Coronel Mondragón con 4.500 infantes y ocho tropas o compañías de Caballería y 21 banderas. Pasó a Escalda, haciendo gran daño con la Artillería en la nave Capitana, que trataba de cortarle el paso. Le destinaron a que atacase el fuerte de Lila, que él mismo había formado anteriormente por orden del Duque de Alba, haciendo una valerosa retirada, después de combatirle reciamente. En el puente que sobre el Escalda echó Farnesio, le encomendó defender la fortificación de San Felipe, que estaba a la parte de Brabante, construyendo lego un baluarte en la parte llamada de Santa Cruz, y hasta de sus soldados echaron mano, creyéndolos los más disciplinados y valerosos, como sucedió en la ocupación y desastre del monasterio de Vetevedén.

Se halló asimismo en la expugnación de Novesla, acuartelado ante la puerta que cae hacia el Rein, al lado derecho del Tercio de su paisano Bobadilla. En 1586, se hallaba ya Mondragón en el gobierno del castillo de Amberes, acudiendo desde allí a la defensa de otras guarniciones, retirándose de él, en definitiva, lleno de años y de méritos, en 15888. Estrada, el Cardenal Ventiboglio, Coloma y otros historiadores, hicieron el elogio de nuestro medinense.

La Providencia veló muy en particular por él; llegó a los noventa y dos años, y expuesto siempre a perder la vida, jamás fue herido, ni la tierra de Flandes logró ser teñida con su sangre. Habíale confiado Farnesio, con cien españoles la guardia del castillo y ciudad de Limburgo. Y en cierta noche se prendió la pólvora y voló todo el baluarte. Acudieron los españoles y hallaron volado todo el techo y suelo, menos en la parte que estaba el lecho del coronel, y un arca que consigo tenía, en la que con especialísimo respeto y veneración, guardaba algunas reliquias y vasos sagrados.

d. Carlos Coloma, que le conoció y trató, dice de él en su Historia de las guerras de Flandes: “a los 4 de Enero de 1596, murió en el castillo de Amberes, el Coronel Cristóbal de Mondragón, a los noventa y dos años de su edad, de los cuales, asistió más de cincuenta en los Estados de Flandes, mereciéndose en todos ellos una nobilísima opinión de valeroso soldado y diestro capitán. Por maravilla, se hizo cosa en aquellas guerras adonde él no se hallase ejecutando o mandando, y con sus hombres de condición seca, poco atractivo y sobradamente indomable, tuvo particular estrella en ser bien visto, no solo de sus superiores, sino de sus inferiores, y lo que es más de maravillar, de sus iguales. Al principio de su fortuna, le dio gran reputación la Infantería Walona, y ella no le perdió con la disciplina de tan buen maestro. Fue natural de Medina del Campo, aunque de origen vizcaíno, y en tantos años de guerra no le sacaron jamás gota de sangre, antes llegó su buen suerte en esto, a volarse una vez el castillo de Danivillier, de donde era gobernador en el Ducado de Luxemburgo, y quedaron él y su mujer, sanos y salvos, en el hueco de una ventana, donde fue menester gran trabajo y tiempo para sacarlos, sin quedar ofendidos los fuegos ni las ruinas.” Por último, parecióme poner aquí la inscripción que está bajo de su retrato, en la iglesia de Santa María del Castillo, donde yacen sus huesos con los de sus antepasador, que fueron traídos a ella desde Amberes, por su sobrino D. Alonso de Mondragón, Capitán de caballos y caballero del Hábito de Santiago, la cual dice:

“Aquí yace, quien por sus hechos heróicos vivirá siempre en la memoria de todos, el muy valeroso caballero, el Coronel Cristóbal de Mondragón, Gobernador y Preboste de la villa de Dantdiblant en el país de Luxemburgo, Alcalde, guarda mayor, Gobernador de todos los bosques de Dambilliers, Capitán y Gobernador de la villa de Devencer, con 6.000 hombres de guarnición. Levantó por patente S. M. un Tercio de Walones arcabuceros, de seis banderas, para la seguridad de la villa de Dambilliers y sus contornos. Sirvió por otra patente, con 400 alcabuceros, tanto en la villa de Dambilliers, como en el campo. Levantó por patente del Duque de Alba, una compañía de 250 Walones, para la defensa del país de Zelanda y de la isla de Valcheren. Fue Coronel de 10 compañías de infantes Welones, con que guardó las costas marítimas y la isla de Valcheren, en la provincia de Zelanda, contra os piratas rebeldes y fugitivos bandidos. Fue Gobernador y Capitán general del país de Zelanda y de la isla de Valcheren. Hizo la rendición de las villas de Mildembuorg y de Arnemunde, y ajustó diesen la obediencia a S. M., contratando la rendición con el Príncipe Orange. Fue castellano del castillo de Gante. Puso en cobro todos los moradores del país de Zelanda y de la isla, volviéndolos a la obediencia de S. M. y restituyéndolos a su ser, como antes con todos sus privilegios. Notificó el perdón de S. M. a los moradores de las villas de Gorcun y de Egorcum, de la rebelión que habían hecho y les volvió sus honores, haciendas y privilegios, por parte de S. M. Fue a la vuelta de Brabante y Gueldes y sacó, así las tropas españolas, como Walones que estaban allí alojadas, para que se sirviese de ellas la parte que le pareciese convenía más al servicio de S. M. Fue, por patente de Su Majestad, Castellano de castillos de Amberes, fue del Consejo de guerras de S. M., de cuyo voto se hizo en él toda estimación. Fue por parte de S. M. Gobernador y Capitán general del ejército de Brabante, habiendo recibido de la Majestad Cesárea del Señor Felipe II tantas honras que solo las armas de S. M. y las de dicho coronel están en la capilla de Amberes y en la entrada de la dicha villa, como se sale de la plaza de armas. Murió habiendo servido cincuenta y seis años en el castillo de Amberes, a 14 de Enero de 1596, habiendo hecho tantas y tan memorables hazañas y dado tantas victorias a las católicas armas, cuando no se refieren mayores de otro vasallo; elogio con que le aclaman, no solo los cronistas españoles, sino los extranjeros. Trajo sus huesos de la capilla de Amberes, Alonso de Mondragón, si sobrino. Capitán de caballería, abuelo de D. Juan de la Barrera Mondragón, y de Dª. María Mondragón y Castillo, su mujer, bisnietos de dicho Coronel, poseedores de su casa, servicios y mayorazgos.

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Cristóbal de Mondragón, un héroe vasco en los Tercios

MANUEL DE LA FUENTE

Llamado «El Coronel», pasó setenta años luchando por España en Flandes. Fue un experto en atacar al enemigo vadeando ríos.

Valioso gravado del siglo XVI Cristóbal de Mondrgón y Otalora, natural de Medina del Campo.
Valioso gravado del siglo XVI Cristóbal de Mondrgón y Otalora, natural de Medina del Campo.

Aquel hombre de origen vasco, pero nacido en Medina del Campo en 1514, se gastó media vida, y más que media, una vida entera, setenta años luchando por España, despachando calvinistas y protestantes en los Países Bajos, donde su bravura y su bonhomía (se guardaba la sangre solo para el campo de batalla), su valor y su genio militar le valieran un gentil sobrenombre, El Coronel. Y lo fue, y antes soldado, alférez, capitán, maestre de campo, gobernador de villas conquistadas y reconquistadas. Experto en el vadeo de ríos y mares, fue también un militar que siempre supo de la importancia del espionaje y de los servicios secretos como una baza decisiva para obtener la victoria. Se llamaba Cristóbal de Mondragón y fue otro de los grandes héroes de nuestros Tercios.

En 1532, siendo un mozalbete de 18 años se alista en el ejército, bajo el reinado del emperador Carlos V y luego, con los años, demostraría su coraje en los campos de batalla de Italia, Túnez, Provenza, Alemania y Flandes.

Primeras heroicidades

Sus ejemplos de bravura empezaron pronto. Por ejemplo, en la batalla de Mühlberg, hoy en Brandeburgo, contra los luteranos de la Liga de Esmascalda. Allí andaban los germanos dándonos guerra por todas partes, y en estando acampados a orillas del Elba habían cortado todos los puentes lo que suponía un impedimento enorme para las tropas del Emperador.

Pero en estas que el tal Mondragón se echó la espada a la bocay con el agua al cuello y bajo un intenso fuego de moquete, acompañado de otros nueve de los nuestros consiguió recuperar varios pontones y así facilitar un paso para el ejército imperial, dirigido en persona por Carlos V y el Duque de Alba. Echado pie a tierra, y en vista del éxito, el Emperador nombró alférez ipso facto al bueno de Mondragón. Más adelante, nuestro volvería a demostrar que era un experto en operaciones anfibias, realizadas con el agua hasta la barba y los arcabuces sobre la cabeza.

Siempre luchando

Pero Cristóbal de Mondragón no iba a parar. En abril de 1559 fue nombrado gobernador de Damvillers en el Ducado de Luxemburgo y coronel de valones de los Tercios de España. Pronto empezaron los altercados de los protestantes en Flandes, liderados por Guillermo de Orange, y Mondragón tuvo que defender las villas de Lieja y Deventer, atacadas por los mendigos del mar, nombre con el que se conocía a los piratas holandeses. Empezada la Guerra de los Ochenta Años, en 1570,el Duque de Alba le encarga a Cristóbal de Mondragón la defensa de Amberes, Middelburg y Goes, en la provincia de Zelanda, donde una vez más Mondragón iba a tirar de coraje, sobredosis de agallas e imaginación para derrotar al enemigo.

Goes había sido sitiada por los calvinistas que habían cerrado las dos bocas del río Escalda. Mondragón y su jefe, Sancho Dávila, decidieron vadear el río en la bajamar a pesar de las fortísimas corrientes. Cristóbal de Mondragón, acompañado en la empresa por otros tres mil valientes, vadeó los quince kilómetros de mar con el agua remojándoles las barbas. Los siete mil holandeses que mantenían el sitio cayeron en brazos del espanto cuando vieron salir de las aguas a los nuestros con unas pintas salvajes y unas caras de matar que inspiraban terror. Cuentan las crónicas que los siete mil holandeses prefirieron poner pies en polvorosa. Era el 20 de octubre de 1572.

Nuestro coronel, sin embargo, no se da respiro. Nueve meses después recupera la cabeza del canal de la isla de Tholen, en 1575 contiene un levantamiento en Amberes y es nombrado Gobernador de Gante. Ese mismo año, recupera, tras otro espectacular vadeo, la isla de Schouwen. En 1576, tras nueve meses de sitio, rendía la ciudad de Zierikzee.

En 1578 tomaba Limburgo y el castillo de Dalhem. En junio, Maastricht fue tomada por las tropas de Alejandro Farnesio después de cuatro meses de asedio en los que tuvo una importante participación el coronel Mondragón.

Portada del nuevo libro de Fernando Martínez Laínez
ABC
Portada del nuevo libro de Fernando Martínez Laínez

En 1582 era nombrado maestre de campo del Tercio Viejo, que con el tiempo llevaría su nombre,Tercio de Mondragón. Los años siguientes, a pesar de su avanzada edad continúa guerreando con tanto coraje como éxito en tierras de Flandes. Casi octogenario, es nombrado capitán general y maestre de campo general del ejército de Flandes y siguen sus victorias como la conseguida ante las tropas de Mauricio de Nassau a orillas del río Lippe.

Por fin, en diciembre de 1595 Cristóbal de Mondragón se retiró al Castillo de Amberes, donde moría el 4 de enero de 1596, después de sesenta y cuatro años de heroico servicio en los Tercios.

Valor sin premio

A pesar del gran aprecio que le tenían sus esforzados camaradas de los Tercios, a pesar de la gran admiración que suscitó entre sus mandos, como Luis de Requesens, Alejandro Farnesio, el Duque de Alba y Juan de Austria, y el denuedo con el que luchó para sus reyes Carlos V y Felipe II, jamás consiguió que se le otorgara título de nobleza, ni consiguió tampoco (la envidia española, siempre presente) el hábito de ninguna orden militar (hasta se le inventaron antepasados judíos).

Pero en buena medida se le recuerda como uno de nuestros más bravos militares, de nuestros más peculiares héroes, en aquel tiempo en el que en España no se ponía el sol. Por ejemplo, Cristóbal de Mondragón es uno de los protagonistas (junto a Balboa, Cortés, Francisco de Aldana, Juan Martínez de Recalde...) de «Aceros rotos», nuevo libro de Fernando Martínez Laínez que forma parte de la trilogía «El ocaso de los héroes», cuyas siguientes obras serán «Roncos tambores» y «Últimas trincheras».

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04-10-14 - Una historia de violencia

XLSemanal - 26/9/2011

Columna que Arturo Pérez-Reverte publica en XL Semanal.
Columna que Arturo Pérez-Reverte publica en XL Semanal.

Me dan la bronca algunos lectores veteranos porque hace tiempo que no hablo de esos personajes e historias del pasado que a veces, para bien o para mal, ayudan a encajar el presente. Así que, para quienes echan de menos las historias del abuelo Cebolleta, hoy tocamos esa tecla, recordando a uno de esos fulanos sobre los que, de nacer en otro sitio, habría novelas, películas y series de la tele. Pero nació aquí, aunque pasó la vida fuera de España, ganándose el pan con una espada. Así que tenía pocas posibilidades de figurar en los libros de texto de los colegios. Como dijo no recuerdo qué político analfabeto de los que mezclan churras con merinas, la violencia no educa. 

Año 1547. La España del emperador Carlos V tiene al mundo agarrado por las pelotas. Los príncipes protestantes se han puesto flamencos, y les caen encima, entre otros, los tercios de infantería española. La cosa se dilucida en Mühlberg, con el río Elba entre los ejércitos del elector de Sajonia y el del emperador. Se acomete la gente, se retiran los luteranos, y en mitad del pifostio hay un momento delicado. Huyendo ante el empuje de la vanguardia mandada por el duque de Alba, que siega como una guadaña, los alemanes -marcando el paso de la oca, o lo que marcaran entonces- pasan el río por un puente de barcas, lo recogen en la otra orilla, y para defender el único vado y cubrir su retirada acumulan allí enorme cantidad de artillería y arcabuceros. De manera que al llegar los españoles granizan balas sobre los arneses. El de Alba, cabreadísimo, va de un lado a otro sin saber cómo hincarle el diente al asunto, pues los tudescos van a enrocarse tras las murallas de la plaza fuerte, y de allí no los sacarán ni con Tres en Uno. El emperador está a punto de llegar con el grueso del ejército, encontrando el paso bloqueado; y además, los enemigos empiezan a incendiar las barcas. Como para ingerir cianuro. 

Entonces ocurre una de esas cosas que a veces nos pierden a los españoles y otras nos salvan. Algo muy nuestro. Muy de aquí. Porque de pronto, en mitad del carajal, a un soldado del Tercio Viejo se le va la pinza y empieza a ciscarse en los alemanes y en todos sus muertos; y jurando en arameo se pone la espada entre los dientes, echa a nadar por el vado bajo una lluvia de arcabuzazos, llega a la orilla con dos cojones, arremete contra los alemanes echando espumarajos, y mata a cinco. Tras él, por vergüenza torera y porque está feo dejarlo ir solo, se han echado al agua su capitán y nueve soldados, que salen chapoteando y gritando «España, cierra, cierra», como animales. Imagínense el cuadro y las pintas de mis primos, aullando mojados de barro y con ojos de locos, de mucho matar, con sus barbas, espadas, escapularios y demás parafernalia. De ese modo los colegas llegan a tiempo de ayudar al que pelea a la desesperada, acuchillando a mansalva. Así, entre los diez, hacen un escabeche de toma pan y moja. Y mientras los alemanes deciden que es momento de salir por pies a buscar unas cervezas, los españoles, chorreando agua y sangre ajena, apagan el incendio, reconstruyen el puente, y cuando llega el emperador, su ejército lo pasa tranquilamente, alcanza al enemigo, y al elector de Sajonia y a su puta madre les da las suyas y las de un bombero. 

Después, Carlos V pregunta quién fue el majara que cruzó el río. Y le presentan a un oscuro soldado de padres vascos aunque nacido en Medina del Campo, llamado Cristóbal Mondragón. Y allí mismo, sobre el campo de batalla, el emperador lo llama «el mejor soldado del mejor tercio de la infantería española» y lo nombra alférez. Al capitán que lo siguió lo asciende a maestre de campo, y a los nueve soldados les da tanto dinero que Lope de Vega, en su comedia El valiente Céspedes, dirá más tarde que los ha cubierto de oro. 

¿Colorín colorado? Casi. Y no como habría debido ser. Con el tiempo, Mondragón se convirtió en uno de los más destacados militares españoles en las guerras de Flandes. Amado por sus hombres, eso le granjeó -no podía ser de otra manera-, odios y envidias en España. Y Felipe II, al que sirvió con tanta devoción y valor como al padre, se portó con él como un miserable. Cuando ya veterano volvió a su patria y solicitó expediente de nobleza, los jueces se las arreglaron para inventarle antepasados judíos. Humillado, lleno de amargura y vergüenza, Mondragón regresó a Flandes, de donde no había de volver nunca. Acabó con noventa años, digno hasta el fin, ordenando que lo pusieran en la ventana para que sus soldados, que lo adoraban, lo viesen morir. En su testamento pedía, en pago a sus servicios, la castellanía de Amberes para su hijo y una capitanía de lanzas para su nieto. El rey, naturalmente, no concedió ni la una ni la otra.

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26-03-2020 - Medinenses en la Historia - ¿Quién era Cristóbal de Mondragón?

Corredor del Atlántico - Video emitido al termino de la entrevista sobre el análisis de Medina

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