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GERMÁN GAMAZO

12-04-11 - Gamazo, de actualidad

Por José María Arévalo

Retrato de Germán Gamazo, en la portada de “Germán Gamazo. La política por el derecho -y por el revés-”, de J. de Campos Setién-
Retrato de Germán Gamazo, en la portada de “Germán Gamazo. La política por el derecho -y por el revés-”, de J. de Campos Setién-

Hace hoy justo una semana se presentó en la Casa de Cervantes la obra de José María de Campos Setién, editada por el Ateneo de Valladolid, “Germán Gamazo. La política por el derecho (y por el revés)”, con prólogo de José María de la Cuesta, catedrático de Derecho Civil. Semblanza del político vallisoletano cuya vida, explica el autor, se extiende por sesenta años cruciales de la historia de España, que coinciden con el estertor del periodo isabelino, la revolución de 1869, el efímero reinado de Amadeo de Saboya, la aún más efímera República, la restauración borbónica en la persona de Alfonso XII y la Regencia de María Cristina de Habsburgo. Los disgustos del 98 y la enemiga de Moret –dice J. de Campos Setién-, avasallando gamacistas en las elecciones de 1901, hirieron su corazón Y acabaron con su recia naturaleza física y profunda humanidad, el 22 de noviembre de 1901.

Interesantísima y profunda narración de la vida del político vallisoletano, en circunstancias que nos recuerdan muchas cosas que están ocurriendo en nuestros días. Creo que va a ser interesante dedicar algún artículo más a esta sensación que nos deja la lectura de este libro, de que la historia se repite. De momento vamos con un resumen de la andadura de Gamazo.

Diputado al Congreso por el distrito de Peñafiel en 1871, en las primeras elecciones democráticas del reinado de Amadeo I, en sus discursos e intervenciones defendió el derecho a ser «católico y liberal y a colaborar con todos, cualesquiera que fuera su ideología para promover el bien público».

Un año después, con Sagasta en el poder, volvió a ganar, agrupado con los llamados 'fronterizos' a una especie de centro. En agosto de 1872 consigue el acta por Medina del Campo y se enfrenta con un Parlamento muy radicalizado que llevó a Amadeo I a renunciar al trono y que se proclamara la República con solo 32 votos en contra, uno de ellos el del vallisoletano, quien no se presentó a las elecciones de mayo. Elegido de nuevo por Medina del Campo en la Restauración, participó en la redacción de la Constitución. Volvió a triunfar en las de 1881 por Medina y la circunscripción de la capital, lo que provocó una airada polémica de “La Libertad” -del también político vallisoletano Muro- con El Norte de Castilla, que consideraba a Gamazo el mejor defensor de los intereses castellanos. Pasó a formar parte del grupo constitucionalista, que cuatro años más tarde se unió a los progresistas de Sagasta para formar el partido liberal fusionista, donde destacó por su talante regeneracionista, abanderado de la economía española, una buena enseñanza, la mejora de las comunicaciones, la reforma de la administración local y el saneamiento del voto popular.

Ministro de Fomento en 1883, cartera que simultanea con la de Gracia y Justicia durante casi dos años, acomete renovadoras medidas económicas, como un plan de subvenciones para construcciones de pantanos y canales, incluidos los del Ebro y Valladolid, además de un proyecto de ley para suprimir el recargo del 10% en los precios de los billetes de los viajeros de las compañías ferroviarias. También impulsa la instrucción primaria y la promoción educativa y profesional de la mujer, inicia la construcción de la Facultad de Medicina de Valladolid y su hospital anexo, acomete la actualización de las enseñanzas universitarias, emprende un amplio plan de carreteras y reestructura los servicios y plantillas del Ministerio.

Fallecido Alfonso XII, Sagasta le nombra ministro de Ultramar del primer gabinete de la Regencia y le encarga la cartera de Fomento. Inicia entonces una política de equiparación política de las provincias americanas con la metrópoli, además de una equilibrada descentralización y la introducción de mejoras económicas y sociales.

Gracias a su influencia se reconstruyó y amplió en Valladolid el puente Mayor, se construyó su Facultad de Medicina, el Hospital Provincial, La Granja Modelo, las estaciones de Valladolid Campo Grande y de Medina del Campo, la rebaja en el arancel de consumos, el traslado del hundido presidio al nuevo y adecuado edificio, el traslado del incendiado manicomio al acondicionado Monasterio de Prado, la total restauración y reconstrucción del arruinado templo de Nuestra Señora la Antigua, el cuartel de Caballería de Medina del Campo; y de su propio peculio, el centenar de viviendas para obreros y donativos en metálico a enfermos y necesitados, en Valladolid, la nueva iglesia parroquial de Boecillo, los socorros a Rueda tras devastador incendio. Por todo ello la Diputación de Valladolid le nombró hijo predilecto y los Ayuntamientos de Valladolid, el de Medina del Campo y el de Rueda, hijo adoptivo y con su nombre se rotularon calles como la principal abierta en la capital por el tirón de la estación, para continuar la de Duque de la Victoria.

Pero además de su obra, es del mayor interés – lo veremos en próximo artículo- la situación política de nuestro país, y sus propuestas regeneracionistas, tan de actualidad hoy, que de Campos Setién sigue a través de su actuación “como hombre de Estado, gobernante práctico y eficaz, pensador político con verdadero sentido de la historia, dialogante, ofreciendo convicciones y crítica, en afirmación de lo específico aportado al acervo común, a la vez que cooperación en una sociedad regulada por la justicia en igualdad y libertad; definidor de las crisis de los partidos políticos decimonónicos, de la vieja política, defensor de los intereses agrarios de Castilla y los económicos de España, ministro en cuatro ocasiones con unas realizaciones que han pasado a la historia, especialmente en la enseñanza y en la hacienda pública, con su drástica reducción del déficit y nivelación presupuestaria,con el norte de que ese justo querer entrelazante que es el Derecho fecundara la política con frutos de solidaridad, de desarrollo y de paz. Todo ello con un apreciable testimonio como liberal y católico.

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