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Medina del Campo, Villa de las Ferias MEDINA DEL CAMPO, Villa histórica, monumental, escultórica y paisajística

 

TEMA: V Centenario

Isabel
Ysabel la Católica

Una visión de Ysabel la Católica
Conmemoración del V Centenario


Isabel la Católica protagonista de la Historia

Sras. y Sres.

Conciudadanas y conciudadanos... del mundo

Cuando hace unos días, mi amigo José Valdunciel, como presidente de los Caballeros de la Hispanidad, me invitó a dar una conferencia, sentí una abrumadora sensación de responsabilidad, acompañada de cierto temor por aceptar este honor. Se trataba nada mas y nada menos, que hacer una disertación de este singular personaje, profusamente estudiado por expertos historiadores, cronistas, legados pontificios, especialistas, moralistas, teólogos, hombres notables y caballeros y detractores imperturbables.

A decir verdad, Isabel la Católica es una de las piezas claves, sin duda, de la Historia de la Humanidad. También de la nuestra, con proyección actual. “Unión de Reinos, soberanía unificada y administración diversificada. Y, sobre todo, madre de la comunidad de pueblos hispanos, que como José Vasconcelos dijo, aquí, forman parte de esa raza cósmica de plena vigencia, en esta plural y compleja sociedad actual.

Ella, a pesar de que “El mundo, el Ser y la Historia se rigen por un tiempo, que les es propio, en el que podemos, sin duda, intervenir de modo creativo; pero que nadie domina por completo”, tuvo, no sólo protagonismo con la formación de un Estado moderno, autoritario y plural; sino también, estuvo inmersa plenamente “en la obra mayor, tal vez, de la Historia, como dice Unamuno, “ en crear razas históricas, que no tienen que ver nada (a las de selección puramente étnica, productos también de la evolución natural), y dar a los pueblos personalidad diferenciándolos, y preparar así la integración futura, la universal, de la familia humana, bajo el padre común.” ¿Qué podría yo añadir a todo esto?.

Aquel temor, se fue disipando cuando, pensando en Ella, me di cuenta que, por encima de todo, es un personaje “ salido” del pueblo y que vivió para el pueblo. Es verdad que en una sociedad conservadora, establecida en los deberes más que en los derechos, y montada sobre la gran nobleza. Fue ciudadana de su tiempo y le transcendió.

Voy a hablar de ella partiendo de mi vocación de compromiso social, que me llevó “a la aventura” de ser testigo de culturas muy dispares. Y ahora, en la madurez de mi vida, en palabras de Unamuno, con la esperanza de que “Las naciones,en efecto, laborioso producto histórico, han de morirse tarde o temprano y espero, creo y deseo, mucho antes de lo que nos figuramos. Las sobrevivirán de un modo o de otro los pueblos, su imperecedera sustancia”. Y la integración cada vez más compleja, marcada por las nuevas técnicas.

No se puede desligar su vida , de su religiosidad, basada en una fe cristiana, en un Estado confesional medieval. Vamos a hablar, por lo tanto en clave de fe.
También, no nos engañemos, ante una indiferencia, muy generalizada en nuestras tierras, hacia su reina.

Y lo que es más grave, con un desprecio manifestado: o bien en una complaciente ignorancia, que se sonríe de quienes defienden su buen nombre; o lo que es peor, de mala fe, acompañada con frecuencia, de datos malintencionadamente interpretados en tiempo y forma. Incapaces de la objetiva comprensión de los hechos históricos. Maniatados a sus prejuicios prefijados de antemano.

Como botón de muestra un fascículo reciente de divulgación histórica de cierto diario de tirada nacional, con colaboradores novelistas, historiadores que hablan de manera simplista de la Reina Isabel, poco más o menos como la usurpadora. Flaco favor hacen a la creación de una opinión rigurosamente objetiva, que será la que nos libre de planteamientos adulterados de nuestra Historia y a ser más dialogantes en el conflicto creado en nuestro Estado de Autonomía. De ello hablaremos mas adelante...

Sinceramente, confieso que yo mismo, de alguna manera, pertenecí a ese ejército de indiferentes; pero también, es verdad, que de un tiempo acá, le descubrí en su legado, defendido por la mayoría de los aquí presentes: un Palacio y Sitio Histórico cuyos restos arqueológicos han sido para mí, su mejor testimonio. Y en la comunidad viviente de pueblos hispanoamericanos de plena vigencia en el concierto de las naciones.

Al margen de credos y creencias, Isabel la Católica, tiene que ser reconocida como pieza clave del cambio del Medievo al Renacimiento. De la edad antigua a la Moderna. Protagonista de un descubrimiento que cambio el mundo. Y de una “Misión” que conmocionó los cimientos de una sociedad asentada sobre un orden social de civilización primitiva, agraria, ganadera y feudal. Y una aculturación escolástica sui generis, entretenida y enrevesada muchas veces en disquisiciones vanas; lejos de las simples verdades evangélicas; pero de consecuencias fatales. Inquisición, guerras justas... etc.

Porque, si grande es su persona, como dechado de virtudes y valores, (y esto ha dado lugar a una legión de intrépidos admiradores dispuestos, a pesar de todas las incomprensiones, a ensalzarla), mucho más es el papel que ha protagonizado en la Historia. Esta admirable mujer, que supo conjugar su papel de reina con su creencia de creyente, proyectó hacia la historia una obra que es el mejor testimonio de lo que fue, o pudo ser, su vida, sea o no reconocida su santidad. ¡Qué más da para su humildad! ¡Gloria efímera! diría ella, consagrada toda su vida para seguir los caminos de la perfección cristiana, marcada por su confesor en medio de los avatares de una complicada existencia, destinada a realizar su sino de marcado carácter católico universal.
Y aunque parezca mentira en esta aventura cuasi-divina, a Medina le tocó jugar un papel importante por su especial vinculación a la valiente “intervención creativa”, lúcida y generosa de ELLA, respondiendo con claridad a las llamadas de su sino particular, bajo los impulsos de una religiosidad plena de catolicidad y en uso pleno de responsabilidad de su poder soberano ante los retos político-económicos de su tiempo.

Dice Ortega y Gasset que las circunstancias forman parte del yo. ¿Cuáles fueron las que fraguaron el alma de Isabel?

Nació el año 1451 en Madrigal. Padre Juan II de Castilla, hija de segunda esposa, hermanastro de Enrique, Príncipe de Asturias. Su Madre Isabel de Avis. A Lancaster debe su línea educacional y alma plasmada de las grandes reinas portuguesas de esa casa

Vivió en Arévalo, y con MADRIGAL aparecen en la reina como algo propio. Su alma desarrollada al abrigo de la austeridad castellana de nuestras tierras. AQUÍ estuvo durante sus primeros años en la inmensidad de sus estepas, donde se confunde el cielo con la tierra, pasto seguro de inmortalidad. Donde fraguaron sus almas personajes universales como Sta. Teresa y S. Juan de la Cruz. ¿Qué de particular sería que ella fuera un dechado de humildad, de sencillez y de fortaleza, de amplitud de miras, escudriñadora de misterios y generosa...?

Todo era natural cuando de ella se trataba. Leal a las cuestiones de estado. Firme y creyente a machamartillo. Dotada de esa sensibilidad religiosa que le hacían tener una visión especial para discernir y dar respuesta a esa serie de signos que se le interpusieron en el camino de su vida, como llamadas de su sino, que le llevaron a un destino que supo perfectamente realizar.

Los franciscanos en Arévalo, junto a los jerónimos, le inculcaron la virtud de la pobreza. Vivió siempre austeramente; pero representó el papel de la soberanía con suntuosidad.

Murió su padre cuando tenía tres años. En la línea sucesora después de Enrique y Alfonso. Si morían sin descendencia, sería reina Isabel, según Testamento, y que es como ley Fundamental.

La descendencia ilegítima de Juana la Beltraneja fue motivo de discordias y disparates, que dieron lugar a oscuras intrigas, entre los señores de aquellos reinos.

Ella, con el señorío de Cuéllar y rentas de Madrigal hasta el millón de maravedíes. Rencillas medievales protagonizadas por Pacheco, el Marqués de Villena, Carrillo, los Mendoza, los condes de Haro, de Alba, los Pimentel, etc. Intrigas entre dinastías que querían repartirse los reinos. Intereses pontificios. Luchas de religión, las llevadas a cabo contra su persona, etc. etc... Una vida azarosa.

Isabel, personalmente escogió el camino de la perfección cristiana. Vinculada desde su niñez estrechamente al espíritu franciscano y al agustiniano de los Jerónimos, protagonizada por su confesor, Fernández de Talavera. Este fue consejero en todas sus actuaciones acomodaticias a los compromisos de los tres poderes, que ella como reina tenía que respetar. Con la Iglesia, personificada en el papado; con la Monarquía, encarnada por ella como legítima sucesora; y con la economía dependiente de los señoríos.

Si difícil es servir a dos señores, como dice el Evangelio, ¿qué podríamos decir ante esta triple responsabilidad, desde una actitud personal de la perfección cristiana? No es extraño que en su actuación haya habido grandes y heroicos aciertos, y también errores fruto de esa dependencia como se ha llamado en decir por razones de Estado.

Pero volviendo al principio. Fue necesario toda una vida de entrega para realizar su destino y llegar al encuentro supremo con el SER

Consiguió cual Virgen María
que su mirada en ella Dios fijara
-- y de pueblos hispanos, la comunidad
en el Palacio Real engendrara
Castellana, casona austera
rastros de ella casi no quedan
pero la inmortalidad
como sitio histórico nos lega

Tratemos brevemente de enmarcar donde se desarrolló su vida.

Todo, fruto de un proceso humano completamente natural. Como ella nos dice, fundado en tres pilares.

La vinculación afectiva de la Reina con Medina, no puede dudarse, pues se trataba del primer trozo de tierra castellana, que pudo decir Isabel que era suyo. Siempre le acompañó esa vivencia durante toda su vida, que le hizo decir: “Holgárame mucho, que Dios me diera tres hijos, de los cuales el primero rey, arzobispo de Toledo el segundo, y el tercero escribano de Medina. Monarquía, Iglesia y Ferias, las tres apoyaturas de la prosperidad.

Difícil equilibrio para un personaje que cifró su vida en los caminos de la perfección evangélica. En donde no cabe servir a dos señores, como nos dice el Evangelio. A Dios y al Dinero.

El éxito de su vida fue, sin duda, ser siempre FIEL A SUS CREENCIAS, en medio de los errores de esa época, y a un fluido diálogo con Dios a través de los acontecimientos, que consideraba como señales de su sino. De este menester, logró tener el privilegio no sólo de ser protagonista de una historia humana; sino también, y sobre todo, de haber logrado uno de esos contactos del Ser con el mundo, que hacen Historia. Me refiero a la irrupción en el tiempo de la comunidad de pueblos en igualdad de derechos, fruto de este diálogo con su Dios. Y reflejado en su testamento y, sobre todo, Codicilo.

Mujer que, con más aciertos que desaciertos, y con una actuación personal sometida a los cánones de su confesor, participó de los errores de su tiempo, que son Historia, y supo ser protagonista de la misma. Difícil situación para una conciencia escrupulosa al servicio de los tres señores en los que fundó su vida
En una Iglesia en plena crisis de aculturación de la fe:

Un clero corrupto donde eran frecuente los adulterios protagonizados por obispos y abades. Una sociedad que, llamándose cristiana, volvió a admitir la esclavitud como cosa natural. Hasta el mismo papado los tenía.

Una nobleza enzarzada en intrigas de la más vil especie. En donde la traición, los intereses personales priman sobre los del pueblo. Una serie de reinos unidos por la fe, abrumados por la presencia de moros y judíos.

Y una economía que no llegaba a ser ni mercantilista. Sufragada por las rentas de los abadengos y señoríos.

Los poderes de la Iglesia y del Estado confesional se fundieron y se convirtieron en un Papado no ajeno a los intereses temporales, en un Estado que utilizaba a la Iglesia para los suyos, como fue la Inquisición. La Reina, como consecuencia de su actuación consiguió lo que “ desde los tiempos apostólicos la mayor parte de las experiencias del siglo XVI carecen de precedentes. La Iglesia se había alineado en un contexto cultural. Ni el mismo paso de los semitas a helenos, y a helenizados, había llegado a significar una revisión tan absoluta. Luego, a partir del siglo V, la expansión del cristianismo dejó de ser misional, identificándose con la conquista y asimilación de los bárbaros“.

Isabel vivió esta época y fue protagonista de ese cambio. Practicó la conquista de los bárbaros como fiel conservadora y terminó por” la misión”, que vino a constituir para ella una obsesión. Y liberalización.

“La misión, la mayor de las construcciones del siglo XVI , debe contemplarse en un plano superior al estricto de la historia religiosa, porque el hombre es un todo, porque nada es independiente de nadie, y porque lo esencial se sitúa a nivel de diálogo, aceptado o rechazado con el SER SUPREMO”. En este diálogo tuvo un protagonismo especialísimo la REINA ISABEL.

Y el encuentro con el hombre americano, “que tan mal coordina con el mediterráneo centrismo de las cosmologías medievales, ofreció muchos elementos de reflexión a los turbados espíritus europeos de la época de la crisis de conciencia“, y de esta proantropología surgió una comunidad de pueblos y el principio del derecho de gentes. El padre las Casas, el Padre Vitoria...

Su alma fue moldeada desde su nacimiento para este Protagonismo de la Historia.

Tolerancia con la debilidad humana, no tuvo inconveniente en admitir en sus corte a los hijos bastardos y sacrílegos para ser educados y dotarles de prebendas. Y rigor, a veces extremo, en la aplicación de la justicia, que le causo algún serio disgusto, al impartirla en graves resoluciones por razones de Estado, que es lo mismo que decir por fidelidad o lealtad a los errores de la época. Llena de humanidad, en medio de una sociedad pobre, fundada sobre la alta nobleza, abriendo pasos hacia la modernidad renacentista, y viviendo los últimos estertores del oscurantismo medieval. Tenaz en la consecución de sus objetivos, cuando estaba convencida de su legitimidad. Respetuosa con la autoridad establecida. Austera en su vida personal, y suntuosa en la de la representación de la monarquía, como exigía aquel orden teocrático del medievo. El rey era el representante de Dios y el encargado de que sus súbditos caminaran por el buen camino. Equilibrio emocional, como consecuencia de una ascésis de los sentimientos, en un medio muy difícil que le tocó vivir. Hija de loca y madre de loca.

Protagonista de la historia de España

Pero lo importante es que fue la creadora de un Estado unido AUTORITARIO, no absolutista, basado en el respeto de los fueros de los pueblos bajo una única soberanía, Esta síntesis es la genialidad de unos reyes. Oportuna para los tiempos que vivimos en los que está en crisis la concepción de esta Unidad, seguramente por haber tratado de borrar de nuestra memoria histórica colectiva, los orígenes de ELLA. Recordemos que “Si Medina fue la primera tierra propia, Asturias el primer señorío colocado bajo su obediencia. Esta adhesión del principado fue seguida muy de cerca por la del señorío de Vizcaya y la provincia de Guipúzcoa, que tuvieron gran transcendencia en los acontecimientos que siguieron, cuando Pacheco, al comprobar que la princesa se le escapaba de las manos, quiso deshacer lo hecho en Guisando; pero el Principado y Vizcaya no sólo se negaron a obedecer, sino que reafirmaron su fidelidad a los jóvenes príncipes.

Por otra parte, la contribución de vizcaínos y asturianos, gente arriesgada sin duda, en las empresas de los Reyes Católicos, es proporcionalmente mayor que las que corresponde a su tamaño y calidad de sus habitantes. El señorío de Vizcaya y el Principado, constituían grandes reservas para el patrimonio real, y sus habitantes se sentían moradores de una tierra libre sin jurisdicciones señoriales interpuestas, ya que en ella rey, príncipe y señor coincidían en las mismas personas...

Tema para reflexionar desde esta tierras de Medina, de la ancha Castilla sin fronteras y en cuyo escudo reza "Ni el REY oficio ni el Papa beneficio", primer realengo de la Reina Isabel forjadora de una unidad en la pluralidad de pueblos.
En este Centenario, bueno sería emplazar un capítulo especial que se materialice en un diálogo con la historia, para estos temas tan actuales desde la exaltación a una Reina, para que contribuya al reencuentro de todos los pueblos de la hispanidad con personalidad propia. En aquel entonces asentado en la unidad de la fe, que tantos sinsabores le produjo, y a situaciones difícilmente comprendidas y justificadas para nuestra mentalidad.

Isabel, su alma al fin de su vida
La reina murió en Medina
La Hispanidad nació al alba
(Godofredo Garabito)

Pero hoy día, conmemoramos, ante todo, el 496 año de la muerte de una madre, y del nacimiento en el encuentro supremo con su Creador, de una comunidad de pueblos, la Hispanidad. Ésta, hoy, ya tiene una larga historia, fruto de la transfusión de una sangre, de una vida y de una fe.

Pero, también, de una conquista y de una misión isabelina, como correspondía a esta Reina que vivió “a caballo” entre dos épocas de la Historia. Transición de una conquista de los bárbaros para la fe, al de la misión, donde los derechos de los indígenas americanos empezaron a ser respetados.

Vehículo de una misma cultura. Ésta, a través de su historia, ha hecho que el lenguaje español se haya ido convirtiendo en uno de esos analíticos modernos, apropiados para una evolución cultural común. En contraposición a los sintéticos, primitivos, incapaces de servir de vehículo de los nuevos conocimientos.

Actualmente, el día 26 de Noviembre, debiera convertirse como símbolo y trampolín de la conmemoración de ese ejército de soldados de la paz, que como Bernal Díaz del Castillo, el Vasco de Quiroga, Cristóbal Olea, Las Casas, y tantos otros, llevaron a esas tierras el espíritu de la misión isabelina, que alcanzó su cenit en su muerte, con la promulgación de su Testamento y Codicilo.

El doce de Octubre celebramos el descubrimiento de América. Sobre todo, como una conmemoración “sesgada” de una acción conquistadora, consecuencia de una política económico-religiosa de aquel tiempo, que presidía el desarrollo de los pueblos del medievo hasta su contacto con los pueblos indios. Con el tiempo, esta fecha se convirtió en la exaltación “con cierto orgullo autista” de una raza, en fiesta de la Hispanidad y, finalmente, se ha perdido como una fiesta indefinida nacional, de un pueblo, que, como decía Rooselvet en “Discurso a los americanos, “ha hecho lo que ningún otro; descubrir un mundo y ofrecérselo a Dios... muy distinta a la de otros pueblos conquistadores, que matan y esclavizan razas, como han hecho los franceses, los ingleses y nosotros mismos con los indios en Norteamérica, y como esta haciendo los ingleses en la India “

Así, la acción histórica queda desfigurada, como si sólo hubiera sido una conquista. El 26 de Noviembre debiera ser el de reivindicación de una acción “misional isabelina”, que con su testamento y codicilo dio lugar a esa raza histórica, capaz de formar una comunidad de pueblos (obra suprema de la Historia), al contacto con América y no con África (simbiosis entre la india americana y el hispano).

Fue el inicio de la empresa creadora de la personalidad de esos pueblos, diferenciándolos, a través de “un camino, que se hace al andar”. Fase histórica de la evolución “preparatoria de la integración futura en la gran familia humana bajo el padre común. Isabel con su muerte, Testamento y Codicilo, nos legó una larga marcha hacia una nueva Unidad de pueblos en la diversidad. Objetivo a conseguir en la Historia con mayúscula, semejante al que consiguió llevar a cabo en España siendo reina de Castilla. Una unidad del Estado, bajo una soberanía única, respetando las singularidades de los reinos y pueblos de España.

Estos dos rasgos esenciales de esta integración, tienen una remarcada actualidad, política y social. Unidad y pluralidad.

Son dos movimientos paralelos de la historia que van creciendo juntos en la aventura humana, buscando un encuentro en esa gran familia del concierto de naciones. Este proceso, muchas veces difícil y complicado, hasta en casos dramático, es el precio de identificación de la personalidad “de los pueblos” como sustancia eterna de la historia”; y, al mismo tiempo, de integración en grandes comunidades que son de máxima actualidad. Estas son las razas históricas plurales (cósmicas), supraétnicas. Hoy día podíamos hablar de las nuevas que están forjándose alrededor de Internet, como embrión futuro de su sistema nervioso...

El camino ha ido sembrándose con las especulaciones más diversas, dando lugar a la historia del pensamiento. De los primeros balbuceos de la cosmogonías antiguas, el resurgir del helenismo, pasando por el problema de los universales escolásticos, nominalismo del medievo, del idealismo alemán hasta el del pragmatismo anglosajón. Y con la aportación, como constante histórica, del realismo vitalista del pensamiento español. Séneca, el padre Vitoria, Las Casas, Suárez, Unamuno, Ortega, Aranguren, Zubiri...

Pues bien, una de estas mayores obras de la historia, a las que se refiere Unamuno, es con todo derecho la Hispanidad. Y ésta, nació y comenzó su andadura en el Sitio Histórico, donde estuvo enclavado el Palacio Testamentario de Medina del Campo. Por lo tanto, este SITIO Histórico, como tal, forma parte “auténtica del Patrimonio histórico universal de la Hispanidad y de la Humanidad”, cuya reivindicación no nos cansaremos de repetir.

Y me atrevo a lanzar desde aquí, ante esta asociación defensora a ultranza del Palacio, una reivindicación histórica. ¡Una vez más!, la proclamación del Sitio Histórico como bien cultural. Y, para que sirva de referencia, la instauración de la fiesta del 26 de Noviembre como día de exaltación de la gran Misión isabelina con mayúscula, creadora de la comunidad de pueblos hispanos, obra realizada por la entrega generosa de un ejército de hombres a la conquista espiritual de “los justos títulos” más que de conquistadores, los cuales la Reina Isabel en su Testamento y, sobre todo, en su Codicilo sancionó.

................. Muchas gracias.


Conferencia de Jesús Rojo en la conmemoración del 496 aniversario de la muerte de Isabel la Católica.

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