Vista panorámica
Medina del Campo. Su origen y desarrollo
Villa histórica, monumental, escultórica y paisajística
Villa de las Ferias

Historia de la Muy Noble, Muy Leal y Coronada Villa de
Medina del Campo
conforme a varios documentos y notas a ella pertinentes por

D. ILDEFONSO RODRÍGUEZ Y FERNÁNDEZ
Doctor en las Facultades de Sagrada Teología, Filosofía y Letras y Medicina, Catedrático de esta Facultad en la Universidad Central (antes en la de la Habana), Caballero de la Orden de Carlos III, etc.


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LIBRO SEGUNDO

CAPÍTULO PRIMERO

Que trata de cómo se hacían los desafíos y campos en esta villa. De cómo habitaron en ella el Cid y otros caballeros de aquel tiempo

No se pude proceder para tratar de las grandezas y cosas de esta villa debidamente por años y tiempos, por faltar autores y escrituras que lo afirmen; pero dice la tradición de esta república que muchos Reyes y personas graves asistieron con sus casas y familias en ellas, y uno de ellos fue el Cid Rui-Díaz de Vibar, que tuvo ilustre vivienda en ella en casas propias que estaban en la población antigua junto a los monjes de San Benito, llamado San Bartolomé, que de poco tiempo a esta parte las beatas de Santa Isabel de la Tercera Orden del seráfico Padre San Francisco les han comprado para meterlas en su casa, asimismo vivió en ella Álvar Fáñez Minaya, y de éste no se tiene noticia donde tenía su casa. El Conde Lozano tuvo sus casas pasado el convento dicho, en la calle que llamamos de Escuderos, que al presente vive en ellas un caballero de esta villa; es razón que se sepa cómo en esta villa, a causa de su gran libertad y señorío propio, que siempre tuvo, se hacían los campos y retos que sucedían en el Reino y fuera de él, y desde este tiempo fue perdiendo el nombre de Celin y por los campos y desafío que en ella se hacían cobró nombre de Medina del Campo porque en aquel tiempo se permitían los dichos desafíos y esto es cosa muy cierta y sabida, y en consecuencia de esto, en muchas escrituras y libros impresos la llaman Metipna Dueli, y así, el lienciado Pereagrán, médico y matemático, natural de esta villa, en un libro que compuso de filosofía, dice: “Impreso con licencia en Metina Dueli”.

Por los cual venían muchos caballeros a cumplir a esta villa sus desafíos, y entre los cuales se sabe que vivieron dos caballeros de Cataluña, que el uno se llamaba D. Ricarte y el otro Mesen Cabrero, el cual campo no tuvo efecto porque los jueces que esta villa tenían nombrados para estos campos no hallaron tener bien justificado su desafío y no les consintieron hacer el campo; Otros muchos se hicieron de que no hay verdadera noticia y así no se ponen. Diré los que hizo el Cid en esta villa, que fue el primero con el Conde D. Gómez, Señor de Gomar, al cual dejó muerto en el campo que les fue señalado; no diré su historia, porque tuvo otro campo en tiempo del Rey D. Alonso VI con un moro muy valiente, que se llamó Farís, y peleando un buen rato al fin lo mató; aunque la historia del Cid dice que fue en Medinaceli, es error que como en aquel tiempo se llamaba esta villa Medinacelin, como que fue el nombre que la puso el Capitán Tarif y le quitó el de Sarabris cuando la ganó a los godos, tomó el historiador por Medinaceli.

Es cosa muy notoria que los campos y desafíos de aquel tiempo fueron en esta villa y no en Medinaceli; también tuvo el Cid otro desafío con un caballero que se llamó Ximén García en tiempo del Rey D. Alonso VI, sobre un castillo llamado de Paz, unido con otros dos castillos, y le venció el Cid y le otorgó la vida y sirvió con los caballeros del Rey, como lo dice su historia.

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CAPÍTULO II

De la antigua fundación del convento de San Bartolomé de la Orden del glorioso San Benito de la noble descendencia del linaje de los Medinas

Pude poner este capítulo siguiendo el del cristiano y valeroso caballero D. Alfonso de Estepa, de quien va dicho y viene mejor en este lugar, porque pasó mucho tiempo de cuando sucedió lo del caballero a lo que en éste se dirá y digo así que la antigüedad y fundación de esta santa casa y monasterio de San Bartolomé de la Orden del glorioso San Benito es tan antigua que no se ha podido hallar el principio, porque en un libro e historia que hizo el P. Fr. Prudencio de Sandoval, al presente Obispo de la ciudad de Pamplona y fraile de la sagrada religión, de la fundación de los conventos de toda su Orden en España, dicen que algunos caballeros  de quien descendió D. Berenguel de Medina, un caballero principal,  que fue natural de esta villa en la batalla que los moros trabaron con los cristianos mozárabes que estaban dentro de Medina, hicieron hechos heroicos, y en especial uno que no le pone nombre, de quien por línea recta descendía el D. Berenguel. Después de alcanzada la victoria le escogieron por su patrón y amparo los de esta villa, y particularmente los sacerdotes y religiosos que moraban dentro de este monasterio, y así quiso tomar el apellido propio de su patria en memoria y reconocimiento de los servicios que había hecho a favor de ella, cuando de esta manera honrado él y todos sus descendientes con este nombre de medina, y el dicho D. Berenguel como sucesor derecho y propio de este caballero se llamó también de Medina, y era tan cristiano y celoso de sus cosas el culto divino  que dotó de nuevo este monasterio de San Bartolomé, reparando su iglesia, y después por el año de 1196, con el consentimiento  de Dª. Bona, su mujer, y de sus hijos. Rodrigo Martín y Romana, y de los canónigos reglares que en el convento residían, advocó y dio el dicho convento de San Bartolomé a D. Juan, Abad de Sahagún, y a todos los demás sus sucesores en la dicha Abadía para que tuviesen el señorío y mando como en los demás Prioratos que el Abad tenía, la cual donación se hizo con licencia y consentimiento del Rey D. Alonso IX de Castilla, según lo dice el privilegio que este Rey dio, cuya fecha es en la ciudad de Burgos, primer día de julio, Era de 1282. El origen, en el monasterio de San Benito el Real de la villa de Sahagún. Tiene título de Abad este Priorato, y así hay en él Abad y Prior.

Desde el tiempo que he dicho que renovó la iglesia D. Berenguel de Medina, a cuando D. Alonso de Estepa trajo el Santo Cristo al antiguo convento, habían pasado más de cuatrocientos años, que hasta que él hizo esta junta, fueron y habían sido siempre canónigos reglares de la propia Orden de San Benito y no de San Agustín, como algunos pensaron, y hoy día hay fuera del Reino muchas cosas de canónigos reglares de esta orden y éstos no reconocen superior sino al Pontífice y su Abad perpetuo.

De este caballero, D. Berenguel de Medina, desciende en esta villa la ilustre descendencia de los caballeros Ivanes y otros caballeros que también se llaman Medinas. Es uno de los lucidos linajes de esta república y por tales se precian emparentar con ellos todo lo bueno del pueblo. Está enterrado D. Berenguel en este convento en un entierro muy antiguo que su forma lo dice y en él se enterraron alguno de os Ivanes.

Las cosas antiguas de esta santa casa son muy grandes, y en especial las del Santo Cristo que trajo D. Alonso de Estepa, como va referido, que es una cosa de gran estima por los grandes milagros que cada día hace,  y puédese poner por uno de ellos el que hubo en nuestra república un día del mes de Mayo de este presente año de 1616, que se hicieron rogativas por el agua, que generalmente se hacían en el Reino, y habiéndose hecho procesión con imágenes de mucha devoción, vista la dureza de las nueves, que por nuestros pecados lo permitía Dios, acordaron el Ayuntamiento y el Cabildo de la Iglesia Mayor y colegial pedir a los monjes de este convento permitiesen sacar en procesión al Santo Cristo, los cuales sin licencia del Abad de Sahagún no se atrevieron a hacerlo, lo cual enviaron a pedir y se lo concedió y se ordenó el día dicho una procesión general para traer esta santa imagen a la Iglesia Mayor, que certifico se pudo venir a ver de algunas leguas, porque salieron todo el Clero del Cabildo mayor de las parroquias y siete órdenes de los religiosos con las Cruces de las parroquias y Cofradias, todas de mangas, que serían más de veinticuatro Cruces, estandartes de Cofradís e iglesias de diversos colores más de treinta, y al cabo de todos ellos iban los dos estandartes con la Cruz y las Angustias, que los llevaban dos caballeros con mucho acompañamiento, y por cabeza de dicha procesión iban la Iglesia Mayor con sus canónigos y dignidades, con su capilla de cantores, y detrás de todo iba el Corregidor con los caballeros de su Ayuntamiento; iba tan larga la procesión, que cuando estaban en San Bartolomé los postreros, estaba de vuelta la procesión, que llegaba a la plaza, que es un largo trecho, y fue Dios servido que habiendo hecho la mañana clara, al punto que salió por la puerta el santo Crucifijo, que sería a las once horas, empezó a llover menudo, y caminando con la procesión al medio de ella, fue tan grande el agua que toda la procesión se descompuso y llegaron a la Iglesia Mayor muy mojados y muy contentos, alabando al señor por tal maravilla.

Estuvo en la iglesia dos días, donde acudió tanta gente de la villa y de fuera, que admiró haber veinticuatro años que no salía de su capilla que fue por tener necesidad semejante.

Tómese por testimonio que cayendo tan grande agua, el sudario que tenía ceñido y los caballeros del Santo Cristo no se halló que cayese con ellos gota de agua, viniendo los sobrepellices  de toda la clerecía tan mojada que se las podía torcer.

Quien pone aquí una cosa muy antigua que vi entre los papeles del archivo de este monasterio, que fueron más escrituras en latín entre partes, y escritas en pergamino,  el cual era largo y escribía la una escritura a una parte del pergamino y la otra al otro lado frontero de ésta y dejaban en blanco en medio de las dos escrituras de cosa de seis dedos, y en este blanco escribían unas letras góticas grandes, y para que estas dos escrituras certificasen fe como si se otorgase ante algún notario de escrituras, cortaban por medio de dichas letras el pergamino de manera que cada pate llevaba su escritura con la mitad de las letras, y si algún tiempo había alguna diferencia sobre lo contenido en ellas, traían la otra parte de la otra escritura, juntaban las letras partidas, las cuales juntaban como cuando se escribieron, y con esto salían de la duda que tenían. No dejaba de ser curiosidad para aquel tiempo en el cual no se debía usar haberlas ante escribanos.

Estas escrituras se llamaban cartas cortadas por el A. B. C.

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CAPÍTULO III

De cosas acontecidas por los reyes en esta villa

Las historias y tradiciones tocan algunas cosas que los Reyes  pasados hicieron y trataron en Medina del Campo, y algunas de ellas comprenden poco para poder hacer de cada una capítulo, y así, será éste de algunos casos, aunque sean diferentes los propósitos. Dicen Gamalloa y Alcocer en sus historias que en el año de 1077 el Rey D. Alonso VI andaba renovando  y acrecentando muchas ciudades de España  que estaban arruinadas, como fueron las ciudades de Salamanca, Ávila, Segovia, Medina del Campo, Olmedo y otras del Reino, cuidado por cierto del Rey prudente que como cabeza de su Reino le dolían todos sus miembros, pues en realidad, todo el Reino es un cuerpo, y los Reyes son sus cabezas y cada ciudad o villa son miembros de este cuerpo, y si les duele algo o están disminuidas, el remedio de esto incumbe al cuerpo,  que son los que gobiernan; y si éstos se descuidan está obligada la cabeza a poner remedio en ellos, motivo daba esto para decir algo de las necesidades que en los tiempos presentes tenía este Reino y muchas villas y ciudades de semejante remedio y restauración, y más que todas nuestra Medina del Campo, y la obligación tan grane que les corre a los Reyes de mirar estas necesidades que, como están tan altos, alcanzan con su vista las que otros y córreles más obligación. Hágalo Dios y asiénteselo en el corazón.

En el libro XI, cap. XVI, dice Gamalloa que por estos tiempos vino a estas partes un capitán llamado Avenfaje, moro, con gran ejército, haciendo mucho daño, y llegó hasta esta villa a quererla sujetar,  al cual salieron al encuentro los medinenses, llevando por capitán a Álvar Fañez de Minaya; tuvieron con el moro grandes encuentros y escaramuzas, y fue Dios servido de darles vencimiento y fuelle forzoso al moro volver las espaldas.

En la historia del Rey D. Alonso, el Rey D. Fernando de León tomó muchas tierras de Castilla; entrando en Soria y Medina del Campo, que siempre estuvo por el Rey de Castilla, guardando y conservando las tenencias de los castillos que había en su comarca, y los defendió, como lo hizo Gamalloa y Garibai en el libro XII cap. XL; que la tiranía que hicieron los tutores de dicho Rey, que le casaron con Dª. Mayada, hija del Rey de Portugal D. Sancho II. Dice que las bodas se habían de hacer en Medina del Campo. La Reina Berenguela estaba en esta villa y no gustó de que tuviese efecto este casamiento, el cual escribió el Papa Inocencio, que gobernaba la Iglesia de Dios, el parentesco que había, con otras cosas, para que no tuviese efecto este casamiento, por algunos particulares intereses que la Reina tenía, y vista la carta de las Reina por el Pontífice, no quiso dispensar, por lo cual el matrimonio se deshizo, y la Infanta, que la había traído a esta villa para celebrar las boda, se volvió a Portugal triste e indignada contra el Conde Álvar Fañez por haber tratado el negocio, y después intentó dicho Conde casar con esta Infanta, la cual fue ocasión para que le creciese las el enojo.

El mismo Gamalloa dice en la Historia de Don Juan I, libro XV, cap. XXI, que trataron de casar al Rey D. Enrique, hijo de este Rey, con Dª. Catalina, hija del Duque de Alencaster de Inglaterra y de Dª. Constanza su mujer, hija del Rey D. Pedro y de Dª. María de Padilla, y a esta señora dieron por los días de su vida a Medina del Campo, Nájera, Olmedo y otras villas.

Estando en esta villa la Duquesa de Alencaster, hizo un presente al Rey D. Juan de muy ricas y preciosas joyas, entre ellas una corona de gran valor, diciendo que el Duque, su marido, la habría hecho labrar para sí, pensando ser Rey de Castilla y León; pero que como los conciertos se acabaron y su derecho, no hubo lugar que S. A. se sirviese de ella, porque tan rica pieza no pertenecía para otro Rey que para su grandeza y Majestad. El Rey la recibió con las demás joyas e hizo mucho favor y gracias a la Duquesa.

El Rey D. Alonso VIII, llamado el Bueno, casó con Dª. Leonor, hija del Rey Ricardo de Inglaterra, y le dio en arras a la ciudad de Burgos y a Medina del Campo. En el libro que hizo un religioso natural de esta villa, Fr. Bernabé de Montalvo, de la Orden del Glorioso San Bernardo, intitulado Crónica del Císter, dice en el libro II, cap. XIII, al fin, que por muerte de Garcilópez de Padilla, Maestre de Calatraba, se hizo capítulo general de todos los caballeros de esta Orden en Medina del Campo, estando los católicos Reyes sobre Granada por los años de 482, que como tan principal pueblo lo pidieron para hacer en él un capítulo de tan ilustre caballería.

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CAPÍTULO VI

Que trata de las tierras de las sernas y propios de esta villa

Tiene Medina del Campo otra calidad entre las demás, de mucha estimación, por ser de tanto provecho para sus propios como para los vecinos de ella y de algunos lugares de su jurisdicción. La Nava del Rey, que solía ser de Medina, y los lugares de Rueda, La Seca, Rodilana y Pozáldez, porque aunque hay muchos más lugares de su jurisdicción, sólo estos alcanzan adonde están estas tierras, las cuales, con montes que hay en ellas, fueron adquiridas por esta villa en esta manera. Son tan antiguas las tierras de estas sernas y la renta que de ellas se paga a esta villa, cuando son antiguas sus calidades y exenciones; porque desde que los caballeros cabezas de los cuatro linajes primeros recobraron su libertad y echaron los moros de Medina y su comarca, desde aquel tiempo fueron señores de los montes y terrazgos que hoy poseen, porque como pueblo tan libre y exento, ningún Rey ni Príncipe se metió en su gobierno; y así, como señores de sí propios y de la tierra que habían conquistado, rompieron los montes que ahora son tierras y las han arrendado como suyas propias y propios de su villa, haciendo cada año los apeos, estando sembrados antes que se sieguen, porque de esta manera se pone de memoria las personas que las tienen sembradas, para cobrar después la renta de cada uno.

Y puesto que algunos Reyes han hecho mercedes a particulares de algunas tierras para ellos y para sus herederos, siempre las tales mercedes dicen “con que se pague la renta que debieren a la dicha villa de Medina del Campo”, como en particular  consta por una cédula del Emperador CARLOS v A Alonso Nieto, para que le diesen en el monte de Valdemuelles, o en otro de los de esta villa 80 obradas de tierra, pagando la renta a Medina. La cual cédula de merced fue despachada en la ciudad de Burgos a 29 días del mes de Noviembre del año 1527.

Otras muchas mercedes a este tenor están hechas por los Reyes a otros particulares, y siempre mandando que con la renta se acuda a esta villa como propios suyos y en la que el Emperador serró la puerta para que no se hiciesen otras mercedes. Arrienda esta villa estas tierras  a media carga de trigo de cada obrada; son tantas, que han venido a rentar  algunos años 1.300 cargas de trigo, todo para propios de la villa,  y hoy día rentan 1.000 cargas, algo más o menos, y están obligados a traerlas  a la alhóndiga a su costa. Hay en esto una costumbre  usada y guardada de inmemorial para los vecinos de esta villa y para los de dichos lugares, y es que hay suertes de las dichas tierras en que los vecinos de esta villa las pueden tomar, no estando coteadas, el día de Año Nuevo de cada un año, de las personas que las poseen y por descuido no las cotean, las cuales llevan consigo un escribano que les da por fe como las cotean y hacen sus mojones y que no lo estaban por las personas que las poseían. La tal persona presenta esta fe en el Ayuntamiento de esta villa, y luego se manda dar la posesión de las tales tierras y se las inscribe por suyas en el libro que hay de las sernas y las borran al que las tenía, y este tal las arrienda todos los días de la vida, y los que las siembran  pagan la renta a esta villa y lo demás es para los que tomaron la posesión  y como suyas las gozan, teniendo el cuidado de cotearlas, como está dicho, el día de Año Nuevo, y hay algunas personas  que tienen la renta de 20 cargas de trigo en cada año; de estas tierras, muertas las personas que las poseen, si dejan mujer, tiene ocho días para cotearlas, y haciéndolo, quedan por suyas. Si muere la mujer, si tiene hijos o parientes, como más dentro de casa, después que ha expirado, van secretamente con un escribano a cotearlas, y constando haberlas coteado después de la muerte de la madre y presentada su fe, se las asientan por suyas en el libro que llaman de las sernas, y de esta manera el que anda con cuidado se mete en muchas sernas.

También suelen concertarse una persona con otra y darle algo de traspaso porque haga dejación en la villa de las tierras que tiene, y el día que va al ayuntamiento está la persona con quien se compuso, coteándolas ante un escribano, y presenta su fe al Ayuntamiento y le dan mandamiento par que tome la posesión de las dichas tierras e inscríbelas por suyas en el libro, y de esta manera hacen los vecinos de los lugares dichos, y en las suertes que tienen por suyas y esta villa se las señaló de las suertes que hoy día las tienen; preeminencia y calidad de ésta que no la he oído decir otra semejante en estos reinos.

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CAPÍTULO V

De cómo se ganaron los 13 roeles, armas de esta villa, y las dos aldabas que están en la puerta de la iglesia Mayor de esta villa

Estando sobre la ciudad de Ronda el Rey D. Fernando el Católico, y habiendo llamado para esta guerra todas las villas y ciudades del Reino, como son obligados a hacer en semejantes socorros, había algunos días que el Rey estaba en el dicho cerco, y acertaron a llegar algo tarde los capitanes de Ávila y el de Medina del Campo, los cuales luego que llegaron al Real, fueron a besar las manos del Rey y a que les señalase alojamiento. El Rey, algo mohíno por su tardanza, les dijo que se aposentasen dentro, en Ronda; tomaron los capitanes tanto coraje de la respuesta dada por el Rey, que como caballeros valerosos y esforzados, sin más consejo, con sus compañías se fueron a las puertas de la ciudad, defendiéndola de los moros que se lo estorbaban con grande ánimo, y supiéronse dar tan buena maña, que a poco tenían rotas las puertas de la ciudad y se entraron por ella con sus soldados, matando e hiriendo en  los moros; y como los demás capitanes del campo vieron el ánimo hecho, arremetieron todos tras de ellos y entraron en la ciudad.

Los cuales, unos y otros, tuvieron harto que hacer en defenderse de la gran suma de moros que dentro había, porque se defendieron con gran pujanza y vendieron sus vidas con harto daño de las de los cristianos; al fin la vinieron a ganar rindiendo a todos los moros.

El Rey muy agradado del valor de los dos capitanes de Ávila y Medina, les envió a llamar y les abrazó e hizo mercedes y todos los caballeros y capitanes que habían en el campo vinieron acompañándolos hasta  la presencia del Rey, dándoles muchas alabanzas como el caso lo pedía, y capitán de Medina se llamó Diego Morejón y su alférez, que dicen se llamó Diego de Villarroel, y el capitán arrancó de las puertas dos aldabas y las trajo para perpetua memoria del hecho a esta villa, las cuales están puestas en una de las puertas de la santa Iglesia colegial Mayor, en lo alto de las que salen a la plaza y asimismo los dos capitanes ganaron a los moros una bandera con veintiséis roeles, los cuales partieron con su blasón entre los dos capitanes para que los tuviesen por armas de sus repúblicas, y a Medina la cupieron trece roeles blancos en un campo azul, y a la ciudad de Ávila trece roeles en campo blanco; eronista del libro que izo de las grandezas de Ávila.

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CAPÍTULO VI

Que Trata del sitio que esta villa tiene tan acomodado para el comercio y contratación del reino.

Parecióme bien poner en este lugar sobre lo que está escrito y falta de escribir de las grandezas de esta villa el sitio tan bueno que tiene, en parte tan acomodada para la comarca de Castilla la Vieja y la Nueva, pues tiene por vecinas cuatro tan ilustres ciudades, como son Segovia, Ávila, Salamanca y Zamora, todas a 14 leguas de Medina, que parece que se fundaron con artificio: la ciudad de Toro a nueve leguas, la de Valladolid a ocho, la de Palencia a 16, la villa de Medina de Rioseco a 11 leguas, y otras villas antiguas que están a su contorno a cuatro y a cinco leguas, como son las villas de Olmedo, Arévalo, Madrigal, Tordesillas, Alaejos, sitio acomodadísimo  para todas estas ciudades y villas para venir a ésta a comprar las mencancías que con tanta abundancia había en ella para proveer sus repúblicas, las cuales acudían a ella como a una aduana; además de las dichas ciudades está la Imperial ciudad de Toledo, a 34 leguas. La gran ciudad de Burgos, León y Ciudad-Rodrigo a 28 leguas, que las unas y las otras tenían en esta villa mucho concurso al año a comprar y vender, así en las ferias que en ella había y a los pagamentos de ellas, como en el demás tiempo del año; adelante diré como estas ferias, que se llamaban de Mayo y Octubre, por la comodidad de los negocios y de los que a ellos acudían se hicieron cuatro ferias con sus pagos repartidos en ellas los cien días que esta villa tenía francos, que se tiene por cierto que si prevalecieran las dos ferias como antiguamente estaban, que los negocios y la contratación estuviera hoy con diferente facción a la que pudo tanto que ordenaron que se hicieran  cuatro ferias para que su dinero se cambiase más veces al año, y engolosinados con esto dejaron las mercancías que son las que sustentan la contratación, y esto podían haberlo remediado los que tienen mano para ello.

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CAPÍTULO VII

Que pasa adelante las grandes contrataciones de esta villa

Que esta república fuera muy popular y de mucho nombre en todo el mundo, así por la mucha nobleza de caballeros y casas principales que en ella siempre ha habido y linajes muchos, muy nobles y calificados, que adelante se tocará algo de esto, como por la contratación tan antigua que en ella ha habido, bien se deja creer por el gran trato y comercio de negocios, pagamentos y cursos de mercancías que de todos los Reinos de fuera de España acudían a ella, que no eran negocios de pocos años a esta parte,  sino asentados y entablados de muchos siglos al ser esta villa como una aduana y alfolí general de todas las mercancías del mundo que se negociaban en España; porque todas las que se fabricaban en ella, como las que venían a los puertos de mar, así que se descargaban los navíos, luego por junto las traían a esta villa para hacer en ella la primera venta, y así como de las aldeas es necesario acudir a las ciudades y cabezas de su partido por todas las cosas que son necesarias, así de la misma manera todas las ciudades y villas de Castilla la Vieja y la Nueva acudían a esta villa los mercaderes más principales de ellas a comprar todo el género de mercancías, como eran holandas, lencerías de todo género; además, paño, drogas, especiería, anises, brocados, telas de oro y plata, telas de Milán y de Florencia, perlas, y todas las demás cosas preciosas de Francia, Inglaterra y Alejandría y de otras muchas partes; finalmente, esta villa era plaza pública de la contratación de ferias, pagos y correspondencia de negocios con todos los mercaderes del mundo, por lo cual fue de le las más famosas y nombradas repúblicas que España ha visto; toda esta grandeza de pueblo, riqueza de mercaderías y concurso de negocios, le vino a esta villa por ser pueblo libre y señor de sí mismo y de su comarca, como otra Venecia, Génova y otras ciudades libres, como se ha dicho; que como era rica de propios y no pagaba tributo a ninguno, podía ser liberal con los extranjeros y mercaderes, dispensándoles mucha parte de los derechos que en otra ciudad podían llevarles.

Con esta libertad y franqueza, muchos extranjeros y naturales del Reino se avecindaron en ella, por ser pueblo libre de pecho, como hoy día lo es, ni de otro ningún tributo, que fue aumentando y creciendo en vecindad y riqueza, aumento de calles y de edificios. Y porque entra bien en este lugar, diré lo que muchos de nuestros tiempos, alcanzaron en materia de contratación, y es que eran tantas las personas que acudían  a las ferias, unos con mercancías, otros a comprarlas, que no cabían en las calles y posadas ni había tiendas donde ponerlas, y así frontero de donde es ahora la joyería en la plaza, armaban muchas tiendas de tablas portátiles y hacía una gran hilera de ellas, tan larga como la misma joyería,  y en ellas comían y dormían, y negociaban, y decían estas personas que los ingleses y bretones que venían a las ferias con mercadería que andaban en cuerpo ceñidos con unos cintos anchos con escarcelones en ellos. Y esta villa, por buen gobierno, sostenía un alguacil con muchos velliguines, para que de noche les guardasen las tiendas rondando toda la noche; el dicho alguacil tenía una tienda de hierro, armada en la plaza, para recogerse, que llamaban la tienda del alguacil, y esto era en los cincuenta días del límite de las dos ferias de Mayo y Octubre, cuando acudían con abundancia muchas mercancías y mercaderes.

Asimismo el Ayuntamiento de esta villa y sus caballeros que siempre tuvieron gran cuidado en atender especialmente a los de los negocios, dio salario a ciertos hombres para que todo el año en ferias y fuera de ellas anduviesen velando todas las noches con sus luces en linternas, tocando unas trompetas  y tentando las tiendas y casas por ver si había algún descuido, como muchas veces lo hubo, y para ahuyentar ladrones, y esto duró hasta nuestros tiempos, que hará poco más de treinta años que se quitaron por ahorrar salarios que se daban a estos velas, visto que no había mercancías ni lonjas que guardar. Remedió Dios, por estos tiempos y otros atrás, hasta que el año 75 que vino el nuevo crecimiento de alcabalas y perdición del Reino y total destrucción de esta villa, había tantas mercaderías en abundancia que no cabían en las lonjas y casas de los mercaderes, por lo cual las llevaron al monasterio de San Francisco, por estar tan a mano, y las metieron en un salón grande que estaba frontero a la portería, que le llaman el Depósito, y allí metían los mercaderes las fardelas de todo género de mercancías con la marca de cada uno, como quien los empaca en un navío, y acudían por ellos cuando se les gastaban los que tenían en sus casas, para que se eche de ver la influencia grande de la contratación que siempre hubo en esta villa hasta l tiempo dicho, y porque en adelante se alargará más no se pone aquí.

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CAPÍTULO VIII

De cómo el infante D. Fernando instituyó la Orden de Caballería de la Jarra en esta villa

Por los años de 1.403, siendo ya Rey de Aragón el Infante D. Fernando, llamado el Honesto, instituyó una Orden de Caballería, al modo de la de Santiago y Alcántara, llamada de la divisa de la Jarra o Terraza, como dice Orozco en sus emblemas, y el intento de este rey declara su sobrenombre de Honesto, porque a instancia de la honestidad y castidad de la siempre Virgen María, Ladre del dulcísimo Jesús, quiso tomar por símbolo la jarra de las azucenas con que siempre intentan la salutación de este santísimo y castísimo Señor, que así como la azucena es comparada en su blancura y fragancia a la castidad, por ser una flor muy diferente de otras que, arrancadas y cortadas de la tierra donde se cría y puesta en una jarra hace su efecto, que en la propia tierra, pues era tanta la devoción de este Príncipe, que siempre tuvo a la Soberana Virgen que, estando en esta villa, instituyó esta nueva Orden de Caballería, y al caballero que se la daba le ponía un collar de oro al cuello y pendiente de él una jarra de oro con unas azucenas muy curiosamente labradas, y teniéndose por cosa muy cierta, que la parte y lugar que dedicó para dar este hábito y divisa, fue la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua, parroquia que está extramuros de esta villa, cerca del monasterio de Santa Clara, y hay hoy día en esta algunas jarras pintadas con sus azucenas, que parece verificar esto, y también en los anales de Aragón dice Zurita, su autor, de este honesto Rey, en el año arriba citado, que en la su villa de Medina del Campo armó un día de Nuestra Señora 80 caballeros poniéndoles a todos sus collares de oro con sus jarras, como está dicho, y que estaban puestos en orden el Rey iba pasando por ellos y dando a cada uno un golpe con su estoque en los hielmos,  y que e hizo esto con gran festividad de músicas y fiestas; todo esto lo refiere Zurita en la terceraparte, libro XII, cal. XXX, y también Orozco en sus emblemas lo refiere, y Guardiola, un monje del glorioso San Benito que escribió de la nobleza de España, lo refiere en dicha historia en el cap. XXXIX; al fin de todo no deja de ilustrar esta capítulo las grandezas de esta ilustre villa, pues en ella se instituyó una cosa tan gozosa, y tan honrado pensamiento y obra que este famoso Rey instituyó con un celo tan devoto y santo.

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CAPÍTULO IX

Que trata de la tradición antigua de Andrés Boca

En tiempos del Rey D. Alonso IX, que ganó las batallas de las Navas por el insigne milagro de la santa Cruz, por los años del Señor de 1160, siendo Pontífice Alejandro III, habitaba en esta villa un hombre en gran manera rico por la labranza, digno de que se haga de él memoria en esta historia; fueron sus casas lo que es ahora ilustre y antiguo convento de San Saturnino, de la Orden de los Promostratenses, muy insigne y antigua Abadía el cual se tiene por cosa cierta que este Andrés Voca dotó al convento, el cual labraba con 100 yuntas de bueyes; y estando dicho Rey D. Alonso en esta villa con su Corte, la envidia, que siempre hace su oficio y más contra hombres ricos, le pusieron en mal con el Rey, diciendo que no era posible sino que Andrés Voca hacía moneda en su casa, y le dijeron algunas razones falsas, que tenía alguna apariencia de verdad; de manera que el Rey le envió a llamar para averiguar la verdad, aunque tenía de él muy buen concepto; pero para satisfacer a sus émulos, el cual se vino a ver con el Rey y le honró lo mejor que pudo, porque le había hecho muchos empréstitos y socorros para sus guerras y necesidades, y le dijo: Sábete, Andrés, que me han dicho que haces moneda en tu casa; ya sabes cuan grave es el caso; dime lo que hay en esto. –Andrés Voca le respondió: Señor, quien lo ha dicho dijo la verdad a V. A.; pero suplícole uqe ya que yo le he confesado y i delito está relevado de prueba, que antes que se proceda contra mí. V. A. me hagan una merced, y es que mañana, a las nueve de la mañana, vaya a mi casa a ver los monederos que la hacen, y prometo, a V. A. que por la ida y honra mi casa con su presencia he de hacerle un grande servicio. –El Rey gustó mucho del modo como Andrés Voca le respondió, y le prometió ir a su casa al siguiente día; y así lo hizo, el cual fue con su acompañamiento; y llegado cerca de la casa de Andrés Voca oyó tanto ruido de martillos y otros instrumentos, que en cierta manera el Rey lo hacía creíble; entrando por una casa vio tantas fraguas y tantos oficiales labrando rejas para los arados, y otros sacando puntas, y otros haciendo otros hierros necesarios para la labradores, y vio que los criados del campo iban saliendo con tantas yuntas de bueyes, que quedó el Rey admirado de ver tanta obra en casa de un labrador, y díjole Andrés: -Vea, Señor, vea V. A. de la manera que se hace moneda en mi casa; pero en pago de esta merced que me ha hecho de honrar mi casa con su presencia, prometo de poner por el suelo el castillo viejo que está en la ciudadela y hacerle otro que desde los puertos de mar la tierra adentro no se halle otro como él. – Aceptó el Rey el servicio y le dijo que él quedaba muy satisfecho de la manera que de hacía moneda en su casa; puso por obra luego Andrés Voca la fábrica del castillo, y con el grande aparejo que tenía de bueyes, y dinero, y muchos criados que en su casa había, en breves años acabó el castillo que ahora llaman la Mota, que hoy está en pie, aunque por dentro mal reparado, que por ser la torre del homenaje la llamaron en aquel tiempo Monta, que significa cosa alta, y ya la ha quitado el tiempo la n y corrompido el vocablo la llaman Mota, y para esta conveniencia nos ayuda otro castillo muy alto que está en un lugar que llaman la Mota, siete leguas de esta villa, que el castillo por ser tan alto le llaman Monta, como a la nuestra, y el tiempo le vino a llamar la Mota y el lugar tomó su nombre, denominado del castillo. En esta nuestra Mota un fuerte tan fuerte, que no sé adónde haya otro que lo sea más para no estar en frontera, y la experiencia lo ha enseñado, porque en el tiempo de las Comunidades y en otras ocasiones antes, la pretendieron batir con tiros muy gruesos, y en la torre alta están señalados muchos, y en la albañilería, que parece que se batía con balas de madera; en este edificio todo de ladrillo, y por no haber tenido el cuidado necesario está de suerte que no puedan enviar allí ni un caballero, como siempre los Reyes los enviaban a esta fortaleza, y ésta en su mayor parte son prisiones largas que esta villa, vecinos y oficiales de llano no podían nada con las prisiones de estos Príncipes, y si se hubiera acudido a los Reyes y a los consejeros que conocían de sus prisiones significando los presos se sentenciaren aplicaran alguna condonación para repararla, qué duda tiene esto que lo hicieran, y hoy día estuviera aderezado lo que está por el suelo y por no estarlo ha pedido esta calidad, que realmente lo era, y de mucho provecho para el pueblo; quien tiene la culpa de este descuido cada uno lo juzgue. Por este capítulo se sacará la  grandeza de esta villa y los nobles de ella, pues un labrador hizo semejante servicio a su Rey.

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CAPÍTULO X

De la forma y sitio que tiene esta fortaleza de la Mota

Es la fábrica de esta fortaleza toda de ladrillo, y tan curiosamente labrado y asentado como cuantas obras hay en el Reino; toda ella tiene cuatro cuadros, y en cada uno de ellos su barbacana con sus almenas muy bien hechas, de diferente facción que otras; hay en cada esquina de estos cuadros un cubo de buena altura, que acaba su remate con sus almenas; por debajo de tierra de esta barbacana y cubos, se anda todo a la redonda, hecha su bodega de ladrillo en gran manera fuerte, y a trechos sus saeteras para encabalgar tiros entre esta cerca y las paredes del fuerte, y a trechos sus saeteras para encabalgar tiros entre esta cerca y las paredes del fuerte, toda ella alrededor hay un espacio muy grande para andar un gran número de gente para tiempo de necesidades; tiene de ancho cada cuadro 190 pasos; al fin de este espacio empiezan las paredes del fuerte, también en cuadro, de forma que viene a quedar en medio un gran patio cuadrado con sus pilares y soportales como de un gran palacio; estos cuatro cuadros son aposentos que se andan unos con otros, muy espaciosos y anchos, y en el cuarto, hacia el Mediodía, están repartidas las capillas para decir Misa, todo su techo dorado, que cierta dama gustó el verlas antes que se maltratase con el temporal; está entre dos cuadros, que el uno mira al Levante y el otro al Poniente, la alta torre hacia el Norte, tiene su escalera de caracol toda de ladrillo, y en medio de esta torre está un aposento con sus ventanas que miran al Gállego, y su bodega sobre este aposento está el suelo de la torre, donde se descubre tierra que admira; remata esta torre, con dos cubos chinos, que disminuyen en punta y cogen cada dos cubos las cuatro esquinas de la torre, y los cubos con sus almenas, que obra más primorosa y más fuerte no sé donde se puede hacer; en unos aposentos del patio bajo están hoy día gran cantidad de saetas y paveses, corazas y otras armas antiguas; tiene mucha y buena artillería, por la cual fue el incendio de esta villa en las Comunidades, por no quererla prestar para batir a la ciudad de Segovia, como se tratará adelante. Tiene toda ella un foso muy hondo, con su puente levadizo, y encima de la puerta las armas Reales con las coyundas y el blasón de “Tanto Monta”.

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CAPÍTULO XI

De la fundación, antigüedad y privilegios del monasterio de san Saturnino de la villa

Porque en el capítulo pasado, al principio, se tocó de cómo Andrés Voca fundó el convento de San Saturnino de la Orden del Premonstre, quise extenderlo, más para que se spa su antigüedad, calidades y exenciones que tiene el Abad y Canónigos de este convento, y digo así que muchas veces he visto tratar de la fundación de este monasterio y su antigüedad, y pocas con fundamento, de que no me espanto, pues es ordinario en las cosas muy antiguas haber variación por falta de instrumentos y sobrar curiosidad en algunos ingenios amigos de añadir y quitar, según les parece. Va el cuento más conforme a razón, y porque haya memoria de cosas tan graves y no se vayan perdiendo muchas de las que no hay más que tradición, he querido hacer capítulo aparte de este ilustre monasterio, el cual es de la Sagrada Religión de Premonstre, y los religiosos de esta Orden ni son monjes ni frailes, y sí quien les llamé o nombre tales nombres yerra, porque son desde sus principio. Canónigos y así les nombran todos los Breves antiguos y modernos de sus Sumos Pontífices, y también las confirmaciones, que pasan de treinta, y yo he visto algunas; la razón es que su fundador, que fue el benditísimo San Norberto, era Canónigo reglar en Alemania, y viniendo a ser famosísimo en Letras y santidad, tuvo mandato expreso del Papa Gelasio II para que visitase y reformase la Orden de los Canónigos reglares que militan debajo de la Regla de San Agustín, y andando en ella con grandísimo deseo de acertar a hacer algún servicio a Dios y a la santísima Reina de los Ángeles, se le apareció un día mandándole hiciese esta reforma en su nombre, y que todos los religiosos que pudiese en los nuevos monasterios reformados trajesen escapulario y capa blanca en lugar del roquete, y así lo hizo, haciendo Congregación apartada de los demás monasterios,  como hizo el monje San Roberto en la Orden que llaman de San Bernardo, que siendo el monje de San Benito hizo esta santa Congregación bajo su misma Regla, pero con distintas Constituciones y asperezas y, en fin, apartada en todo de la sagrada de San Benito; de manera que aunque en lo esencial de la Regla y votos, se quedó como antes, pero las Constituciones, cilicios y ayunos eran muy diferentes, y desde entonces se quedaron con título y nombre de Canónigos del Premonstre, porque así se llamó el lugar primero donde puso religiosos esta nueva formación debajo de la advocación de nuestra Señora, y si son los primeros que fundaron Congregación con título de nuestra Señora, como lo dicen los santos Pontífices Gelasio II e Inocencio II en los breves de la confirmación de esta sagrada Religión, que lo he visto, y porque se sepa de adonde se denominaban el nombre de Premonstratenses, sabrán que cuando la Virgen se apareció al glorioso San Norberto  y le dijo que fundase esta santa Religión, le enseñó el hábito que había de traer, fue en un valle que tenía el nombre de premonstre, y así desde este principio se nombraron con este nombre, como los Cartujos, que toda la vida se han llamado de este nombre, porque su fundador San Bruno, la primera casa que fundó fue en un valle que se llama Cartuja, y así se quedaron con el nombre de Cartujos, denominados del nombre del valle. La fundación de este monasterio de San Saturnino de Medina del Campo quieren algunos, y es la común opinión haya sido por el ya nombrado Andrés Voca, el cual era natural navarro, y como en el Reino de Navarra se tiene grandísima devoción con el santo Pontífice Saturnino, discípulo que fue de San Pablo, y mártir glorioso y Patrón de todo el Reino, tenía mucho deseo de ver una iglesia o monasterio con el título de este santo mártir, y como siempre ayuda nuestro Dios a los santos deseos, así favoreció a éstos enviándole la ocasión a las manos para cumplirlos, y fue que en este tiempo andando algunos Canónigos de esta sagrada Religión fundando monasterios en España, los cuales eran tan observantes y de tanto ejemplo, que muchas personas deseando enmendar sus vidas y hacer penitencia de sus pecados, acudían a ellos, no sólo ofreciendo sus personas, sino también sus haciendas para servir a nuestro Señor y aumento de esta grande Religión; el dicho Andrés Voca buscó algunos que andaban fundando por las riberas del Duero, y sabiendo su instituto, ejemplo y penitencia, y los privilegios que de los Reyes y Pontífices traían tan amplios, que abrazaba por mayor todas cuantas las demás Religiones en particular tenían, trató con uno, que era Abad de San Pelayo de Cerrato, que él daría suficiente disposición en sitios, haciendo para que fundase esta villa su monasterio con título y advocación del bienaventurado San Saturnino , lo cual entendido por el dicho Abad dio cuenta al Rmo. Sr. General, que estaba en Francia, y habiéndole satisfecho y dado cuenta de todo cuanto Andrés Voca ofreció y también del sitio, le dio su poder, licencia y facultad, y algunos religiosos de aquél famosísimo monasterio de San Juan de Premonstre para piedras fundamentales, y con ellos y con aplauso de toda la villa, por la gran fama que en todas las partes tenían de su mucha santidad, les metieron con procesión solemne y concurso de todos los vecinos, viendo que su república se autorizaba y aumentaba con un monasterio de Orden monacal y de vida tan ejemplar.

La fundación de esta villa en este tiempo, estaba en la otra parte del río, a donde se llamó y llama allende al agua, que tal manera, que donde se fundó el convento no había una sola casa, y así la tuvieron como desierto conforma su instituto; que lo principal que atendían era ejercitar los religiosos en mortificación y penitencia rara y oración vocal y mental, actos que requerían ejercitarse donde no hubiese bullicio de gente. No se sabe lo que les dio dicho Andrés Voca, pero sábese por cosa cierta que fue suyo propio el monasterio todo lo que ahora está poblado, desde la fuente de San Llorente por de fuera de la puerta e Ávila, dando la vuelta por de fuera del Monasterio de Santa Ana, frailes Carmelitas, calle Ravé, y de Villanueva, la carrera Agua de Caballos y arrabal de la puerta de Ávila, y no sólo fue suyo, como ahora también lo es el directo dominio, porque todo lo edificado en estas partes pagan censo al monasterio y décima cuando se vende cualquier casa o bodega, sino que hay papeles en su archivo, por los cuales se colige tuvieron en todo este término y distrito jurisdicción espiritual y temporal, y que había carnicería y abacería públicas de la dicha abadía y monasterio, y en consecuencia de esto es grande testimonio que las procesiones principales que este monasterio hacía, como diré de San Blas, María Santísima de las Nieves y lunes infraoctava del Corpus, iban por estas calles dichas, en las cuales, iba el abad, vestido de pontifical, las cuales procesiones han cesado por su mucho trecho y no estar el presente muy poblado, sólo ha quedado la del Santísimo Sacramento, lunes infraoctava, la cual dejando de ir por las partes y calles dichas, va por toda la calle de Ávila dando vuelta por la plaza, pasando por delante de la puerta de la Iglesia Mayor Colegial, la cual es muy solemne, porque dejando la que se hace el día del Corpus en nombre de la villa con ambos Cabildos, es la más suntuosa y autorizada de las demás que se hacen; en toda esta procesión, va el Abad vestido de pontifical, con diáconos y número de caperos, salvo que al salir de la puerta e Ávila para entrar en la villa por la calle de Ávila, que sale a la plaza, llegan dos religiosos, y quitándole la mitra le ponen un bonete, y desde allí lleva un religioso revestido la mitra con una fuente de plata al lado del Abad, y del otro lado otro con el báculo pastoral, y a la vuelta, en la misma puerta, le quitan el bonete y le vuelven a poner la mitra, y va con ella hasta que acaban la procesión y entran en su casa; la razón de esta ceremonia dan algunos, diciendo que porqué la dicha puerta es la que divide la jurisdicción que solía ser de los Abades de San Saturnino, de la orden de los Obispos de Salamanca, que después fue del Abad de la villa y al presente lo es del Obispado de Valladolid; por eso, al salir le quitan la mitra, denotando que ya entra en otra jurisdicción, y al entrar, se la tornan a poner por entrar en la suya, y sin duda ninguna, que es buena razón la dicha para por ella testificar la jurisdicción que los Abades de dicho monasterio tuvieron, como va apuntado atrás en éste, pero no sé yo cuál sea lo que hay el ir el Abad por todo los demás de aquella calle y plaza con las demás insignias pontificales, por los términos que han sido siempre ajenos, además que no es menos señorío llevar un religioso a su lado la mitra en una fiesta que llevarla puesta y más llevar allí el báculo; entonces parece mayor, y yo le he preguntado a muchos y nadie me da más razón de la dicha. Los religiosos de este convento dicen que como estuvo en él el Pontifical más de trescientos años antes que en la iglesia parroquial y el Abad de nuestra villa pedía siempre al Abad de San Saturnino hiciese el Oficio el día del Corpus y otros días de procesiones en la iglesia que tenían por mayor y cabeza de las demás, que dice lo fue la parroquia que ahora lo es de San Nicolás, que como no había otro pontifical sino el de este convento y el Clero tenía siempre quisquillas y pleitos con el Obispo de Salamanca, y así por lo uno y lo otro le daba lugar para usar tal Pontifical en las partes fuera de la jurisdicción, la cual razón es tan buena, que con ella y otras se defendieron después cuando en tiempos del gran Felipe II unió esta Abadía al Obispado de Valladolid, que erigió el Pala Clemente VIII, que fue el primer Obispo el Dr. Plaza, el cual intentó que el dicho Abad de San Saturnino no saliese fuera de su monasterio con las insignias viviendo el dicho Obispo, y después acá siempre ha salido, como de antes, con quita y pacífica posesión y con aplauso de todo el pueblo. En los archivos de este monasterio hay algunos papeles de letra antigua, que casi no se pueden leer, algunos de los cuales con demandas y respuestas de esta villa al Abad de San Pelayo, que era Superior de esta casa, y que se lo dejaban de daños que se seguían a esta villa de conservar el Abad esta jurisdicción, y entre ellos hay un papel que es como carta en que el Abad dicho de San Pelayo decreta y amonesta al dicho monasterio y aconseja remitas la dicha jurisdicción a la villa, pues que de conservarla, se ha de servir cada día muchos inconvenientes, ruidos y desasosiegos, cosas contrarias a la quietud interior que profesa dicho instituto; en fin, estas moniciones obraron tanto en el corazón del Abad, junto con ver las pesadumbres que cada día había, que al cabo de muchos años que le poseían, le dejaron de su propia voluntad, cosa que dio tanto contento a la villa, que le escribieron al Rey D. Enrique I, que reinaba, suplicándole de camino hiciese alguna merced  al dicho convento suplicándole de camino hiciera alguna merced al dicho convento en recompensa de eta liberalidad, como luego se le hizo, dándole 115 fanegas de pan de renta perpetua sobre las tercias de esta villa, que hoy día lo gozan;  todo lo dicho es llano y cierto, como consta por el privilegio que dio y por papeles de este monasterio del de San Pelayo. Los religiosos de este convento de San Saturnino que hoy le residen y otros más antiguos niegan haber sido fundación este convento de Andrés Voca, y que jamás hallaron papel ninguno de ello ni donación que Andrés Voca les hubiese dicho de ninguna hacienda, ni jamás ha habido letrero ni escudo de armas en parte ninguna de la casa que lo afirme; sólo hay una tradición de que estuvo enterrado debajo del altar mayor, y por mucho tiempo estuvo allí con alguna decencia una cabeza que se halló de extremada grandeza, cuyo casco era tan grueso que por muchas partes excedía a una pulgada, y se decía era del dicho Andrés Voca, y hará que algunos años que un Prelado la hizo enterrar, porque algunos dentro y fuera daban en decir sería de algún santo. Sin ningún fundamento probable afirman que toda la tierra de su jurisdicción fue donada por algunas personas devotas, y muchas de ellas tienen papeles, y lo más adquirido por ventas reales que el dicho convento ah hecho. También afirman que la dicha jurisdicción la tuvieron, no por título de ningún Rey, ni de la villa, sino que, como todo este partido era desierto sin haber casa ninguna edificada, como se ha dicho, este monasterio ponía guarda ordinaria para sus tierras, viñas y huertos, el cual penaba a quien hacía daño en sus sembrados y los traía a sus casas apartadas de la clausura, del convento para vivienda de los criados de él, y allí, como cárcel, los hacía estar y de esta manera fueron adquiriendo señorío, y así, después dieron a esta guarda vara, y poniéndole nombre de Alcalde, ejercitaba su oficio como el de antes, asentando las condenaciones por auto de escribano, y como todo resulta en provecho de la villa que estaba de la otra parte del río, pues así estaba este partido ganando de insultos y latrocinios, que siempre ha habido en el campo, mayormente en villas y pueblos libres, como lo era esta villa; lo otro no se lo estorbaban, antes guardaban, porque a vueltas de las heredades del convento, guardaban también las de los vecinos de esta villa, y de esta manera creció tanto el señorío del convento, que excedían en muchas cosas, y así e recrecieron discordias, y por evitarlas vieron a dejarlo como se ha dicho. También es cosa cierta tuvo este monasterio parroquia y feligreses que devengaban sus diezmos del monasterio y les duró muchos años, de lo cual es mucho indicio la pila de bautizar que hoy día está en la iglesia de dicho convento, y lo confirma la costumbre que siempre han tenido de hacer las fiestas del pueblo los religiosos que dicen la Misa mayor los domingos, bajando a la reja de la capilla mayor, como se acostumbra en todas partes, y acabado de hechas las fiestas, las ofrecían pan, vino, cera y dinero, lo cual vieren hoy algunas personas que lo alcanzaron y  hará cosa de cincuenta años que cesó, porque un Abad lo quitó, por decir que era poca autoridad del convento, y también porque debía de ser cosa poca lo que se reunía, y visto que los diezmos y primicias no los llevaban, dieron de mano a todo.  La causa de haber cerrado la feligresía, no he podido hallar otra razón más fuerte, y creo en buena pues veían los hijos de los feligreses antiguos del convento que en las demás parroquias  entraban por feligreses sus hijos por beneficiados en las iglesias, conforme a lo loable y antigua costumbre de esta villa, y que por muerte de unos entraban otros, lo cual, en este convento no podía ser, respecto de que los religiosos eran perpetuos y no podía haber vacantes para beneficiar sus hijos.

Como iban muriendo los feligreses que ya lo eran, los hijos de éstos escogían otra feligresía, la que más devoción les daba, y dejaban las del convento, y así poco a poco se disminuyó hasta no quedar ninguno, y esta es la verdadera causa de haber desecho. Tiene este convento en todas las casas de las calles arriba nombradas censos enfiteusis que serán más de doscientas, unas a más otras a menos, conformes son las posesiones, y pagan décimas cundo se venden y tienen algunas de un jarro de agua y va el procurador del monasterio a su tiempo y hace las ceremonia de cobrarlo y dar su carta de pago para no perder la posesión, y con esto si se vende esta casa les paga la décima, y de esta manera ha sustentado siempre mucha autoridad y religión, y usa el Abad siempre de todas las insignias pontificales y ordena sus súbditos de grados y corona, y bendice ornamentos y consagra aras y cálices; tiene muchos privilegios, así Reales como Pontificales, los cuales, como arriba se dijo, son tantos, que incluyen todos los que las demás religiones tienen intensive y extensive sui generis, y todas cuantas tienen y gozan en cualquier lugar píos, y de todos goza este monasterio, y de otras en particular. Es el más antiguo de os de esta villa, así de religiosos como de religiosas, y así en todas las Congregaciones a donde se juntan las demás que hay en esta villa, llevan los Padres como más antiguo el preeminente lugar, y siempre cierran ellos las procesiones para ambos coros, hasta que hará veinticuatro años que por concordar los Padres de Santo Domingo, San Francisco y San Agustín, se contentaron con el postrer lugar de la mano derecha, dejando el de la izquierda a la Orden del glorioso Santo Domingo; acto de mucha humildad y que pareció bien a toda la villa. Tienen  notables reliquias, y entre ellas una muy insigne, si la hay en toda España, que es todo un brazo del bendito precursor de Cristo, San Juan Bautista, con quien se tiene mucha devoción en estas villa, y le piden con mucha instancia y devoción par enfermos, y se han visto muchas maravillas por la mucha devoción con que lo piden; cuando le llevan van dos religiosos con dos hachas encendidas y con toda la autoridad que pueden, aunque no como tan alta reliquia merece. Estuvo este monasterio en poder de Abades perpetuos más de trescientos años, y los  más de ellos, no regulares, que fueron causa que aflojase mucho en la grande observación que antes tenía y se perdiese y enajenase mucha hacienda raíz, dándola a parientes suyos y gastándolas en cosas que no tan santas como conviniera, y así dejaron arruinar los edificios antiguos y vino a padecer necesidad, pero después de una reforma que, a petición del gran Felipe II, mandó hacer el santo Pontífice Pío V de las Religiones, se remedió mucho de esta quiebra, en particular por haberse espelido los Abades perpetuos. En esta reforma tornaron a tener mucha observancia y a reparar el material, y tanto que en treinta y cuatro años que faltaron se han gastado en edificios más de quince mil ducados, y considerada la renta que tiene esta casa, parece cosa imposible e increíble; esta renta es tan limitada que no puede sustentar de 14 a 15 religiosos, y como todo, se hacen los divinos Oficios tan puntualmente y con tanta autoridad como si tuviera gruesa renta, y creo es causa de esto el estar uniformes en a observancia, y que desde el Abad hasta el lego, todos acuden al coro a sus horas, diciéndose los Maitines a media noche; y no son penosos a la villar en pedir, porque con su poca renta se sustentan, ni son muy codiciosos, porque cuando se vende alguna posesión al concertar de la décima, siempre hacen mucha cortesía, y cuando fundaron en esta villa los Padres de Nuestra Señora del Carmen, les dieron sitio suyo propio donde fundasen el convento que al presente tienen, sin ningún interés, mayormente estando su sitio muy cerca de su casa, que otra Religión contradijera. Muchas más cosas, pudiera decir, más por lo dicho vendrán a ser sabidos otros de sus principios, que por no saberlos andan envueltos con otros opócrifos y de poco fundamento.

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CAPÍTULO XII

De cómo el infante D. Fernando hizo trasladar el convento de Santo Domingo a donde el presente está.

El Obispo de Manópoli, en el libro que hizo de la fundación de los conventos de la Orden del glorioso Santo Domingo, en el libro II, cap. LXXXIV de la fundación del convento de San Andrés, dice que “el Rey D. Juan I, que tuvo por su mujer a la Reina Dª. Leonor, hija del Rey D. Pedro de Aragón; tuvo de ella dos hijos, a D. Enrique, Rey de Castilla, y a D. Fernando, Infante de Castilla, que después fue Rey de Aragón. Este Rey, residiendo un día en esta villa con su Corte, viniendo un día de caza, de recrearse en las huertas de Corrioncillo, que es una legua el río abajo, a boca de noche, ya que llegaba cerca de la villa, en la dehesa se le apareció el Apóstol San Andrés por permisión divina para quitarle y aquietarle de unos recelos que tenía de la Reina, el cual le dijo que echase de sí los pensamientos vanos que traía contra la Reina, porque los de ella eran muy diferentes de los suyos, por ser una santa señora, y para señal de que esto es verdad, le prometió de parte de Dios que dentro de un año tendría en ella un hijo, y que en pago de esta verdad trasladase a su parroquia de San Andrés el convento de los Dominicos, que a la sazón estaban donde es ahora la parroquia de San Esteban. Sucedió que el santo le dijo, porque la Reina parió dentro del año y día del glorioso Apóstol; llamóse el Infante D. Fernando, que fue Rey de Aragón. El Rey D. Juan ocupóse en guerras con el de Portugal y con los moros, y no tuvo lugar de hacer las traslación. Después de su muerte, este infante, siendo casado con la Reina Dª. Leonor, tuvo memoria de la promesa que su padre no pudo cumplir en esta traslación, al cual se encargó de ella y la vino a hacer y cumplir por su padre, lo que el por sus ocupaciones no pudo; la cual traslación fue en el año 1407 a 19 de Noviembre, como lo refiere en su historia dicho Obispo de Manópoli; dio este Infante al convento 2.000 maravedíes de renta sobre las martiniegas de Medina y su tierra y distrito. Fue este Infante un Príncipe valeroso y gran cristiano, de quien las historias de España hacen mucha memoria de él; entre otras virtudes y cosas buenas que tuvo y debe encarecer una: el quererle alzar por Rey por muerte del Rey D. Enrique, el Enfermo, su hermano, todo el Reino, y no quiso aceptar por dejar dicho hermano un hijo en mantillas que derechamente era su heredero, y por sosegar el Reino, estando en la ciudad de Ávila le hizo jurar por Rey, y él fue el primero que le besó la mano y luego hicieron lo mismo todos los grandes señores que se hallaban allí. Monarquía desechada  poas veces se ha visto. Este infante procuró fundar el convento de Santa María la Real de esta villa, de monjas Dominicas, que primero se llamó Nuestra Señora de los Huertos, que fue de monjas  Premostrantenses, y por su muerte no lo pudo acabar, por lo cual la Reina Dª. Leonor, su mujer, le acabó, metiéndose ella con todas sus dueñas y con las demás monjas antiguas, por lo cual se llamó Nuestra Señora de las Dueñas, y de algunos años acá se ha cursado llamar Santa María la Real por estar enterrado en él esa Reina. Dije atrás como este Rey dejó al convento de San Andrés 2.000 maravedíes de renta; he sabido por cierto que dejó a dicho convento 6. Maravedíes de renta perpetua sobre ciertos lugares cerca de esta villa, para que en aquel tiempo eran más que hoy 100.000, y lo religiosos lo cobran todavía por un privilegio que les dio”.

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CAPÍTULO XIII

Cómo el Rey D. Enrique IV vendió ciertos regimientos a ciertos vecinos de la villa.

Por un privilegio que tiene Medina del Campo, se ve como el Rey D. Enrique IV dio o vendió ciertos regimientos a personas particulares de esta villa; además de los que tenían los linajes, que las personas fueron Fernán López de Bobadilla, Juan Gutiérrez y Juan Rodríguez, hijo de Fernan-Rodríguez, y a Toribio Fernández Caballero, y a Fernando del Castillo y a Rodrigo de María y además a Francisco y a Diego de Saldaña, los dos vecinos de esta villa, los cuales, por favor que tuvieron con el Rey, les libró títulos de Regidores para que los linajes gobernasen esta república, casi es seguro que lo hacían los de los dos linajes, y para que usasen de ellos como ellos fueron a tomar la posesión de sus oficios a la casa y Consistorio a donde se juntaban los Regidores de los linajes, fueron cotradichos por la justicia y cabezas y Regidores de los linajes, y pudo haber sobre ello gran alboroto; pero como esta república se gobernó cuerdamente, apaciguáronse, y juntos los  linajes, trataron sobre el caso y acordaron enviar personas que en su nombre fuesen a sentirse por agraviados ante S. M. y representarles el daño que hacía a ésta república en quebrantar sus antiguos fueros y costumbres, lo que nunca hicieron ninguno de los Reyes antepasados. Dichos sus agravios por las personas que para ello nombraron, oídas por el Rey con buenos oídos, mandó que todo lo hecho fuese ninguno,  y que los títulos que había dado a los tales Regidores, ellos y sus registros fuesen rotos y cancelados, y que en ninguna manera usasen de ellos, sino que los siete linajes y sus siete Regidores, rigiesen y gobernasen esta villa y no otros ningunos, y de esto les dio nuevo privilegio. Su data en Medina del Campo, a 25 días del mes de Octubre de 1447 años, refrendado Alonso de Lagos, su Secretario. Es de estimar mucho este cristiano Rey y lo que hizo, porque poniéndole delante que había jurado los privilegios de Medina y sus costumbres, luego el punto deshizo lo que había hecho.

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CAPÍTULO XIV

En que se trata cuándo y en tiempo de que el Rey quedó Medina incorporada a la Corona Real

El Infante D. Fernando, que fue Rey de Aragón, casó con la Condesa Dª. Leonor de Alburquerque, hija del Infante D. Sancho, Conde de Alburquerque, hijo que fue del Rey D. Alonso XI y hermano del Rey D. Enrique II. Esta señora, entre otras villas y lugares que ella hubo en dote, fue una esta noble villa de Medina del Campo, y así la gozaron estos Príncipes por toda su vida. Por su muerte quedó al Infante D. Juan II, que después fue Rey de Navarra y de Aragón, y la poseyó hasta las diferencias que él y sus hermanas tuvieron  con el Rey D. Juan II de Castilla, el cual, por castigo de las revueltas y alborotos y alteraciones que en este Reino causaron les quitó las villas, castillos y lugares que tenían dentro de Castilla. Después, tratándose e conciertos entre otros Príncipes, convinieron en que el Rey D. Juan II diese a su primo el Rey D. Juan de Navarra las villas que tenía en su poder y las que se le habían quitado, porque tras lo que había hecho merced dicho Rey D. Juan, se quedaron con las personas que las tenían, entre las cuales se le devolvió Medina del Campo, pero con condiciones de que Medina y los demás lugares que devolvían al Rey de Navarra les había de dar en dote a la Infanta Dª. Blanca, su hija, que se había de casar con el Príncipe D. Enrique, hijo del Rey D. Juan II; este matrimonio se hizo, pero con tal infeliz suceso que por impotencia del Príncipe D. Enrique vinieron a hacer divorcio y a la Infanta Dª. Blanca la volvieron a su padre a Navarra. El Rey su padre pretendió que pues no había tenido efecto el matrimonio,  le volvieron todas las villas, lugares y castillos que su hija había llevado con el Rey D. Enrique, que a la sazón había heredado el Reino de Castilla, y después de grandes diferencias, se vinieron a conformar ambos Reyes en que el Rey D. Enrique diese al Rey D. Juan de Navarra ciertos cuentos de maravedíes por todos los derechos que pretendía tener a estas villas y lugares que pedía, y desde este tiempo quedó la villa de Medina del Campo incorporada a la Corona Real de Castilla y hasta ese tiempo fue Infantazgo, pero gobernaba y regía por sí misma, como siempre lo había hecho en lo temporal y espiritual; tratan de esto largamente Jerónimo de Zurita en sus Anales de Aragón, y parte de ello se verá también en la Crónica del Rey D. Juan II y en la del Rey D. Enrique IV.

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CAPÍTULO XV

De un incendio que hubo en esta villa estando los Reyes Católicos sobre Granada

Se ha tratado hasta aquí de todo lo sucedido en esta villa en tiempo de los Reyes pasados, de sucesos y cosas notables que han pasado en esta república desde su fundación hasta el tiempo de los Reyes D. Juan II y su hijo D. Enrique IV; pasaré ahora a todo lo sucedido en tiempo de los señores Reyes católicos que con tantas veras y amor la ennoblecieron y honraron, así con su presencia y Corte, como las muchas y señaladas mercedes que la hicieron por ser tan querida villa suya y adonde tenían puesto su gusto.

Y lo primero que se tratará será de cómo estando estos católicos Reyes sobre Granada en la guerra contra los moros de ese Reino, al principio de ella, le sucedió a esta villa una gran desgracia de un incendio muy grande que en ella hubo, en el cual se quemaron muchas calles y entre ellas un barrio que llamaban del Perú y hoy tiene este nombre, aunque falso, por estar diferente de las riquezas de aquel tiempo; denomínóse de este nombre del Perú por las innumerables mercancías y riquezas que en aquel había; en las casas de este barrio guardaban las mercancías las mercaderías que les enviaban de Reinos extraños y de los puertos de mar, y porque eran tantas que no podían caber en las casas y lonjas a donde ellos moraban; tenían todos en aquel barrio casas sólo para guardar las mercancías que no les cabían en las suyas, y no moraba nadie en ellas, y para guarda y seguridad de ladrones y robos íbanse cada noche a dormir a cada una de estas casas un criado y un perro, y con este cuidado jamás les sucedió desgracia y ningún susto, y como se iban gastando las mercancías  que tenían en sus lonjas, iban proveyéndose de las que estaban en el Perú, y cuando venían los arrieros con otras mercancías íbanlas a descargar a estas casas del Perú, y después que se quemó este barrio sirvió para este efecto un aposento grande y espacioso que está en el convento del Señor San Francisco frontero de portería y allí metían todos sus fardos, marcados cada uno  con su marca, como se dice esto en otra parte, y por aquí se puede sacar argumento de la grandeza de la contratación de esta villa; por las riquezas que había en una sola calle la compararon con el Perú, pues sucedió que visto y sabido este incendio por los Regidores de Valladolid y de la manera y gran ruina que esta villa había quedado, procuraron como personas que siempre han sido cuidadosos del aumento de su república acudir a hablar a los Reyes que, como está dicho, estaban sobre Granada, para que les hiciese merced que los pagamentos y ferias que se hacían en Medina del Campo se hiciesen en la suya de Valladolid, atento al gran número de casas y calles que se habían quemado y que no había donde los negocios se pudiesen hacer; La Reina les dio muy buen oído; y como siempre quiso a Medina tanto, les preguntó: -¿Tal y tal calle se han quemado?- Respondiéronla que sí; preguntóles por otras muchas, y a todas le respondieron que sí, y al cabo, como burlando les dijo: -Venid acá, una laguna que está cabe la parroquia de San Nicolás, ¿quemose?- Respondiéronla los Regidores: -Señora, esa no puede quemarse.- Pues andad con Dios, que sobre ella quiero que se hagan los pagos.- Visto esta respuesta, no aguardaron más y se volvieron a sus casas, notando la discreta respuesta, no aguardaron más y se volvieron a sus casas,  notando la discreta respuesta de la Reina. Favorecieron tanto estos católicos Reyes a esta villa, que si iban a tratar con ellos negocios que sifrían alguna dilación decían: -Dejad esto para cuando estemos más despacio en nuestra villa de Medina del Campo.- Pues les parecía que no tenían sosiego sino cuando estaban en Medina.

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CAPÍTULO XVI

De cómo luego fueron los Regidores de Medina del Campo a dar cuenta del incendio a los Reyes

No fue tan secreta la ida de los caballeros Regidores de Valladolid que no se supiera en esta villa la embajada que llevaban a tratar con los Reyes, y luego Medina despachó a otros caballeros Regidores a besar las manos a los Reyes y darles cuenta de la gran desgracia que había sucedido en su villa y la mucha hacienda y casas y mercancías que se había quemado; propuesto esto, los Reyes hicieron demostración de sentir este trabajo, y los caballeros Regidores suplicaron a la Reina les socorriese e hiciese merced de darles algún suma de dinero para hacer ciertos atajos de paredes de ladrillo, altas y fuertes, que tenían intentado hacer a trechos para volver a reedificar todas las calles que se habían quemado, para que si otra vez sucediese semejante desgracia, no pudiese pasar el fuego de un paseo a otro; era tan grande el miedo  que tenían a los incendios, que les parecía que con esto estaban seguros; la católica Reina, que miraba las cosas de esta villa con otros ojos, les dijo: -Mas merced que esa quiero yo hacer a Medina, que quiero que sea encabezamiento perpetuo que no pueda subir ni bajar, y mirar bien en esto, que yo sé que es lo que a esa villa más conviene.- A los Regidores les pareció que de presente más necesidad tenía su villa de remediar la ruina de sus calles que el encabezamiento perpetuo; volvieron a suplicar a su Majestad les socorriera para esta necesidad, que no tenían orden de su Ayuntamiento para tratar de encabezamiento. La sabia Reina, que miraba las cosas con gran prudencia, les dijo: -Pues avisad a vuestro Ayuntamiento de esta merced que yo quiero hacer a su villa, y de lo que respondiesen avisadme.-  Hiciéronlo así los caballeros y aguardaron la respuesta, la cual fue que querían paredes; sabido por la Reina la determinación de Medina, les mandó dar una cantidad de monedas suficiente para el edificio de las paredes y les dijo: -Andad con Dios, que vosotros os acordaréis de mi hartas veces.- Ha sido esto harta verdad, porque el encabezamiento había de ser cosa llevadera y no pudiendo subir ni bajar, según la gran contratación que siempre acudió a esta villa, las rentas de ellas pagarían el encabezamiento y aun sobrará y quedarían los vecinos libres de no pagar un solo real y la tierra menos; yo he visto tratar este punto muchas veces y maldicen a las paredes y no sé si a los que las hicieron; fuera este pueblo uno de los mejores de España, que realmente se puede presumir, según la santidad y prudencia de la Reina, prevenía y preveía la necesidad en que el presente está esta villa, pues por el encabezamiento y principio de los trabajos que tiene, por ello es razón que se consideren las mercedes y el amor que estos católicos Reyes tuvieron a esta república, que sólo oírlo enternece, mayormente estando esta villa tan necesitada  de otros semejante favor. Dios se lo de cómo ha menester.

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CAPÍTULO XVII

De cómo los Reyes católicos, a petición de esta villa, hicieron que se trajese por ella el río Adaja.

Una de las mayores grandezas que se pueden contar de esta villa es lo que pudo con los Reyes católicos, que además de muchas y señaladas mercedes que esta república recibió de sus Reales manos, lo que hace raya a todas es recabar de sus Majestades que el río Adaja, que pasa dos leguas de esta villa, se le hiciere perder su curso natural que tenía desde el diluvio y lo hiciesen madre nueva, para que viniese a regar y a inundar esta villa, lo cual se hico con tanto cuidado y vehemencia, atajando la madre antigua, que por la nueva que se hizo corrió tres días por Medina del Campo, y corriera hasta hoy si no falsearan el atajo, que es tradición que en medio de él pudieron unos cueros llanos de viento para que falsease, y así pasados los tres días que corrió por esta villa, reventó el atajo y volvióse el agua a su curso antiguo. Sabido por la Reina, le dio mucha pena y lo fue a ver, y mandó que se hiciese otro atajo más debajo de aquél y otra nueva zanja que viniese a la que estaba hecha, y así se hizo y se ven ambas cavas, y a esta sazón dicen que llevó Dios a la Reina y todos desmayaron y como se había gastado mucho aflojaron y dejaron así,  si se considera este hecho, como es razón, fuera muy grave y de mucha potencia lo que esta villa intentó, y pudiese decir que salió con él, pues surtió efecto, que si no se falseara el atajo corriera hasta hoy, hecho es que creo no se lee en ninguna escritura haberse intentando cosa semejante  para que se vea lo que esta villa podía, pues salió con tal empresa; yo he platicado con hombres de esta villa y de su tierra y de la tierra de Olmedo, personas ancianas, y me dijeron que habían oído decir esto a sus mayores, y que algunos de ellos trabajaron en las zanjas y ganaban de jornal a 14 y 16 maravedíes cada día, y como no hubo efecto, el vulgo hizo su oficio, como suele en semejantes casos, y compuso una chanzoneta que cantaban los muchacho por las calles, que decía así:

Casan a Adaja con Zapardiel,
No quiso ella
Por no ser chico él.

Y hoy día lo dicen en muchos lugares de la comarca de este río. La ribera de él es de alabar mucho, porque hay en ellas muchas y muy buenas huertas y de mucha fruta y una gran cantidad de membrillos. El agua de él para beber se trae  a esta villa por regalo, y sobre todo tiene minerales de plata, como se vio hará cuatro años, que un fraile jerónimo de la casa de Mejorada, que es muy cerca de este río, había estado en Indias y conoció la minería, sacó plata, y la vimos fundir y sacar en esta villa muchas personas, y se hallaron por su ribera muchos hornillos del tiempo antiguo que se debió de sacar harta suma de plata. Dióse noticias a S. M. , envió ensayadores y se ha quedado así; el motivo no se sabe.

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CAPÍTULO XVIII

De cómo la Reina católica y su hija la Infanta Dª. Catalina fueron a visitar un fraile santo que estaba en Arévalo

Por el tiempo de las guerras de Granada, la Reina Isabel asistió con el Rey lo más que duró la conquista, y algunas veces venía a Castilla a buscar provisiones y dinero para enviar al real; acertó a venir a esta villa, porque era la parte donde hallaba más socorro para las necesidades de esta guerra, a causa de la contratación y superabundancia que en ella había, pues estando aquí supo que en la villa de Arévalo había un fraile lego santo, que le llamaban Fr. Lorenzo de Rapariegos; fuere a visitar llevando consigo a la Infanta Dª. Catalina, y llegando al convento entraron como disfrazadas, porque no quería que el varón santo las conociese;  mandóle llamar y el santo las habló con la cortesía que se les debía, como si realmente le dijeran quienes eran, de lo cual la Reina se admiró de ver que las había conocido, y dicho esto le regaló mucho y dijo: -Padre, rogad a Dios por el Rey mi señor para que tenga buen suceso esta guerra, porque estoy muy afligida y con mucha pena por lo mucho que nos cuesta y la gran necesidad que tenemos.- No tenga pena V. M. y confíen en Dios, que ha de alcanzar victoria. – Quedó con esto la Reina muy gozosa, y queriéndose volver a esta villa le pidió algún regalo de su celda. El santo varón bajó la cabeza. –Yo traeré, Señora, lo que tengo.- y fue y trajo una olla de arrope que el santo tenía y quiso Dios, para que se viesen sus maravillas, que el tiempo que venía a vista de la Reina se le cayó la olla y se hizo pedazos, y el santo quedó como avergonzado; La Señora y su hija lo disimularon, aunque algunos cortesanos lo rieron, el santo levantó los ojos al cielo y lego cogió los cachos de la olla y los empezó a componer y quedó la olla como si nunca hubiera caído, con todo el arrope que se había vertido.

La Reina y la Infanta se pudieron de rodillas dando gracias al Señor con lágrimas en sus ojos por la maravilla que habían visto; tomó la olla con sus manos y fue dando del arrope a los circunstantes como reliquia, y la Princesa dijo a la Reina que la diese la olla, y con esto se volvieron a esta villa muy consoladas por las buenas nuevas que el santo les dio. Todo esto refiere el Rdo. P. Fr. Antonio Daza en la Crónica que nuevamente ha hecho de su seráfico Padre, y aunque este  milagro le trata esta Crónica, por hallarse la Reina en esta villa le he querido poner aquí.

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CAPÍTULO XIX

Como estando los Reyes católicos en Medina del Campo les vino a besar la mano un Gran Capitán.

Estando los católicos Reyes en Medina del Campo, como lo más del tiempo lo estaban, y habiendo ganado el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba para su Rey el napolitano estado, que así comienza su romance, supo como los Reyes estaban en esta villa y enderezó su camino para ella. Súpose su venida y estado cerca de esta villa mandaron os Reyes a todos los Grandes y caballeros que estaban en su corte que le saliesen a recibir un trecho en esta villa, lo cual se hizo como a tal capitán convenía, viendo con su acompañamiento gran copia de caballeros; llegando al medio de la plaza, muy cerca del Real Palacio, dos hidalgos principales de esta villa, grandes soldados que habían estado con él en Italia, le besaron las manos yendo como iban en su acompañamiento, que el uno se llamaba Alonso Ruiz del Corral y el otro García Espinosa, naturales de esta villa, y como el Gran Capitán los conoció, hizo un hecho digno de su persona diciendo: -Perdonen VV. SS., que es justo que honre en la paz a quien me ayudó en guerra. –y Apeóse de su caballo y los abrazó con mucho amor, y todos los caballeros se apearon y se fueron acompañándole y los llevó consigo, y como llegaban cerca del Palacio así se fueron, hasta que llegó a besar las manos de los Reyes. Entre ellos y el Gran Capitán pasaron ciertos razonamientos, y cuando se hubo de despedir se les recomendó mucho, certificando que debían ser muy premiados por los famosos hechos que hicieron, y el Rey los premió, porque el Alonso Ruiz del Corral hizo Alguacil mayor del Santo Oficio, y al García de Espinosa lo hizo castellano de un castillo de importancia.

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CAPÍTULO XX

De la merced que el Rey D. Fernando hizo a esta villa en hacerla libre de pecho.

No es de poca autoridad y grandeza la merced que el católico Rey la hizo en hacerla libre de pecho, martiniega, moneda forera y otros pedidos que pagan otros pueblos del Reino, lo cual lo concedió por un privilegio rodado, que por ser largo no va incorporado todo; sólo pondré la sustancia de él con la data del año y día, que empieza así: “El católico Rey acatando los muchos y grandes servicios que esta villa siempre ha hecho a la Corona Real en muchas cosas, y en especial habernos ayudado a echar al adversario de Portugal de este Reino, y en ayudar a defender la ciudad de Zamora, villas y Castronuño, Cantalapiedra, Cubillos, y otros muchos servicios que de esta villa y de los vecinos de ella hemos recibido, y teniendo consideración el dicho nacimiento del Rey D. Juan de Aragón, mi señor y padre, que nació en esta villa, cuyo fue todo el Infantado, ya que los más de sus días el dicho Señor Rey vivió y residió en ella, y al amor grande que yo y la Reina Dª. Isabel, mi querida mujer  siempre le tuvimos; por tanto, que de nuestro propio motu y cierta ciencia y poderío Real, como Señores absolutos en todos estos nuestros Reinos hacemos gracia y merced a esta república y a os vecinos de ella que viviesen y morasen dentro de sus muros, que en ningún tiempo del mundo  para siempre jamás no paguen pecho ni martiniega, ni monedas foráneas y otros pedidos que se suelen imponer; por ser nuestra voluntad que esta villa se acreciente y que no le sea el dicho pecho ocasión de su disminución y desaumento” y grandes penas a los contadores y cogedores que fuesen contra esto, y que el pecho que solía pagar esta villa lo tomasen de sus libros, y que no se cargue a la tierra de ella ni a otro ningún lugar. Remata el dicho privilegio maldiciendo a cualquier persona de cualquier estado y condición que se que fuere o intentase ir en contra lo susodicho; y no como así las maldiciones porque atemoriza oírlas. Es de estimar mucho esta merced que los Reyes hicieron a esta villa y el grande amor que en el propio privilegio muestran tenerla; que, cierto, le es muy deudora esta república a las muchas mercedes que la hicieron precedidas del grande amor, y en el presente tiempo en que estamos les había menester Medina. Hágalo Dios. Fue du data a 23 de Agosto, año de 1477; confirmólo Felipe III, que viva largos años, en 2 de Agosto de 1599.

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CAPÍTULO XXI

De cómo en esta villa fue el principio de la fundación del Santo Oficio

Residiendo en Medina del Campo los católicos Reyes, se puso en práctica la primera vez hacer Audiencias de Inquisidores y demás oficios, para que conociesen de los pecados de herejías y los demás que son contra nuestra santa fe católica, puesto que muchos años antes que se fundasen estas Audiencias los religiosos de Santo Domingo y de San Francisco tenían expresas Bulas y indultos de los Pontífices para conocer contra las tales penas, como lo trata el P. Fr. Antonio Daza extensamente en la Crónica de su santo Padre, que atrás dejó citada, y a ella remito el curioso que lo quisiera ver; este intento platicaron los Reyes con el Cardenal de España D. Pedro González de Mendoza, Arzobispo de la ciudad de Sevilla, que a la sazón estaba en esta villa, y entre todos estos señores se estuvo secreto este negocio y con silencio se escribió al Pontífice dándole parte de este pensamiento. Pareciéndole al Pontífice  ser cosa tan santa e infundida por el Espíritu Santo, envió a los Reyes la Bula de la forma y manera que se la pidieron; y cuando el Rey la recibió, estaba el Cardenal en Sevilla residiendo en su santa iglesia, al cual se la enviaron y le sometieron, juntamente con otros personajes convenientes para semejante negocio, porque con su raro entendimiento hiciese lo que a tan grande negocio convenía y de todo se les avisase y diese parte. El Cardenal lo puso luego por obra y se juntó con religiosos y letrados graves, y nombraron oficiales y ministros de las Audiencias, y con esta publicidad se ausentaron grandísima cantidad de herejes y judíos y otros nuevos conversos; y el Arzobispo vino a esta villa a consultar con los Reyes lo que tenía hecho, y el primer Inquisidor general que se nombró fue Fr. Tomás de Torquemada, de la Orden del glorioso Santo Domingo, y por esta sazón y tiempo fue cuando  los Reyes dieron la vara de Alguacil mayor a Rui del Corral, como ya va dicho, y luego los Reyes fueron repartiendo, junto con los del Consejo del Santo Oficio, algunas ciudades donde se formases Audiencias en diferentes distritos, como hoy día las hay; fue su fundación año 1481.

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CAPÍTULO XXII

De cómo asimismo la Santa Hermandad se fundó en esta villa

Por el tiempo que duraron las guerras de Granad y su contorno, después de fenecida y acabada, había grandes robo y maleficios por los caminos y en poblados, a causa de los muchos soldados y hombres perdidos que sobaron de la guerra, por lo cual había muchas gentes muertas por los caminos y montes, y aunque los Reyes lo procuraron remediar enviando  jueces y capitanes con gentes contra los delincuentes para castigarlos severa y rigurosamente, no bastaron todas estas diligencias para castigar estos excesos, hasta que se hizo junta de letrados y caballeros sabios para que diesen alguna traza conveniente para remediarlo, y para este efecto, estando en esta villa los Reyes se platicó este punto y se instituyó la justicia de la Santa Hermandad para castigar los insultos y salteamientos que se hacían y para los que adelante se hicieren, y dieron a los jueces de ella muchas facultades y preeminencias, con las cuales y con otras que se han instituido después acá permanece hoy día, por la buena traza y gobierno que dieron los de la Junta, que cierto fue del cielo el pensamiento de cosa tan bien ordenada; para hacer las ordenanzas y constituciones fue nombrado Alfonso Quintanilla, un caballero de esta villa, Contador mayor de os Reyes, cuya sucesión ilustre de esta villa en particular se tratará delante, pues villa y palacio a donde tan católicos Reyes hicieron crisol donde se purificase el oro precioso de nuestra santa fe, no debieran estar como están, sino reedificado el Palacio con piedras de gran valor y no estar como está, que por ahora de los que en él vivieron y de esta villa, no se puede decir de lo que sirve, y a esta villa, que tiene por blasón haberse hecho y tratado en ella tan altas y divinas obras, la habían de amparar y favorecer los Reyes para que no se disminuya, como en pago de haberse obrado en ella tan altas cosas.

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CAPÍTULO XXIII

Que trata de un dicho que dijo la Reina Dª. Isabel

Acabadas las guerras del Reino de Granada y teniendo los católicos Reyes por suyas las insignes ciudades de Granada, Málaga y Vélez-Málaga y todo el aquel Reino, queriendo ya descansar de los grandes e increíbles trabajos que en ella habían tenido, se vinieron a esta villa de Medina porque ella era el centro adonde se solazaban, y estando en ella con toda su Corte ordenaron el hacer procesiones y grandes fiestas en acción de gracias por las misericordias que el Señor les había hecho el haberles dado por suyos aquellos Reinos que estaban señoreados de los infieles enemigos de nuestra santa fe y haber desterrado de ellos todos los Reyes moros que tantos siglos lo lograron, de modo que toda la redondez de nuestra España era de los Reyes cristianos; para esto mandaron hacer suntuosas  procesiones que la una fue desde la iglesia Mayor hasta Nuestra Señora de la Antigua y la otra desde dicha iglesia hasta el convento de Nuestra Señora la Real, monjas Dominicas, y lo mismo mandaron se hiciese  en todas la ciudades y villas de estos Reinos, y luego  se ordenaron regocijos de toros y juegos de cañas, las cuales siempre las jugaran los caballeros de los linajes y Regidores.

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CAPÍTULO XXIII

De cómo murió la católica reina en esta villa.

Todo el Reino hizo, y se vio hacer, un sentimiento muy funeral y triste por falta en España una tan santa Reina y señora tan gran gobernada, tan sabia y prudente, y en particular Medina del Campo lo sintió con singular dolor y tristeza por faltarle una columna a donde se sustentaban sus floridas esperanzas y ese amparo y refugio de sus necesidades que en vida y muerte quiso honrar y autorizar esta su querida villa, pues es así que adoleció en ella de una enfermedad larga y prolija, de la cual estuvo en la cama cincuenta días y vino a morir al cabo de ellos y la llamó Dios para sí en esta villa en 24 días del mes de noviembre de 1.504 a la edad de cincuenta y cinco años. No se podía pensar el sentimiento que esta república hizo por tan gran cosa, y con ella se enterró la hora, gloria y valor de las heroicas Reinas y matronas, que la fama asocia en ella, pues se hallaron juntas con mucha amistad y concordia de la hermosura y honestidad, siendo tan contrarias que de no epilogar sus virtudes, sus méritos y fortaleza era hacerla un notorio agravio, mayormente que para hacerlo había de resucitar Demóstenes, el mayor orador que tuvo el mundo, y aún quedaría corto. Hiciéronsela en la Iglesia Mayor de esta villa sus honrar con túmulos y epigramas muy sentidos, mostrando esta villa su pesar y el gran dolor que tenía, mandóse la santa Reina llevar a la capilla de los Reyes que el Rey y ella mandaron fundar en la ciudad de Granada, donde, se enterraron después de ella otros Príncipes y Reyes.

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CAPÍTULO XXIV

Que trata de cómo en esta villa se levantó el estandarte Real por la Casa de Austria

Luego que la católica Reina murió, en el año referido, la primera villa y parte de donde se levantó el estandarte Real por la Casa de Austria fue Medina del Campo; porque como en ella murió la Reina, el Rey D. Fernando, acabadas las Reales exequias, junto a todos los grandes que estaban en Medina para dar orden de levantar el estandarte Real por l heredero de estos Reinos; y visto que no había otro más propicio a la sucesión de ellos que el Príncipe D. Felipe de Austria, primero de este nombre, por estar casado con la Princesa Dª. Juana, hija y heredera de la Reina de Católica, que a la sazón estaba en Flandes, estando hecho en la plaza Mayor delante del Palacio Real y cerca de la Iglesia Mayor y colegial  un teatro muy autorizado, el Duque de Alba,, con acuerdo del Rey y de los Grandes, levantó el estandarte, hizo las ceremonias que en estos Reinos se acostumbraban hacer en semejantes casos por los herederos de él, y acabado esto, se despachó a Flandes,. Donde estaba el Rey, para que viniese a tomar posesión de estos Reinos; y aunque de acá se hizo esta diligencia con brevedad, no fue tan preta su venida que no se detuvo en venir más de dos años, y no deja de ser ésta una muy honrada grandeza, pues en esta villa primero que en otra parte del Reino fue instituida y levantada por heredera de otros Reinos de Casa de Austria en España.

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CAPÍTULO XXV

De un dicho que dijo el Emperador D. Fernando estando en Alemania

Los parientes de este linaje hacen su junta en el convento del Señor San Francisco; tiene sus armas en su escudo cuatro cuarteles, y en el primero un león en campo azul, y en el cuartel alto cinco roeles enquinas. Esta es la mitad del escudo: en la otra mitad están estas mismas armas encontradas No puedo dejar de haber memoria de una cosa de que no poca autoridad y honra le toca a esta honrada república por haber nacido en ella el Infante D. Fernando, hermano del Emperador Carlos V, en quien renunció el Imperio cuando se recogió y se fue a morir a Yuste, que es un monasterio de frailes Jerónimos, en la vega de Plasencia, el cual Emperador D. Fernando, estando gobernando su Imperio con gran prudencia, como hermano de tan sabio Príncipe, los herejes de aquel tiempo que había en Alemania pretendieron atraerle algunas opiniones suyas, falsas y heréticas;  enojóse contra ellos, y como tan gran Príncipe y Monarca les respondió y les dijo que no tenían que persuadirle de semejantes cosas, que se preciaba mucho de haber nacido entre los rancios cristianos viejos de Medina del Campo, cosa por cierto de mucho loor y estima para esta ilustre villa,  y que había de tener esta ilustre Medina por blasón muy honrado, todo lo cual trata Illescas en su pontifical en la Vida de Paulo IV. Este Príncipe quiso loar la patria donde había nacido con aquellas cristianas y sabias razones que respondió a los herejes, dignos de ponerse por una de las grandezas de esta villa.

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CAPÍTULO XXVI

Que trata de lo sucedido en esta villa en tiempo de las Comunidades

En los sucesos y casos que en tiempo de las Comunidades pararon por esta villa iré por la corriente de las Historias, y aunque en ellas esté muy extendido, sólo pondré aquí lo que hace a nuestro intento, y lo que pasó en esta villa que, como fue la más desgraciada de los Reinos, es junto que se ponga aquí lo que en ella pasó, que será historia más lastimosa, y por otra parte de gozo, porque se vean los varones que cría esta villa. Patria de tan gran valor y ánimo que venían estarse quemando sus casas y haciendas, sus mujeres e hijos andar entre gente de guerra y lo desampararon todo por defender la artillería de su fuerte, que se la querían llevar para ofender con ella la ciudad de Segovia y otras de este Reino, sus convecinas, cosas de alabar y estimar mucho y que de tal hecho haya memoria para siempre, puesto que algunos autores culpan a los que la defendían, por decir que era para servicio del Emperador, y que el no darle era a favor de la Comunidad; descargóse  Medina diciendo que si Fonseca trajera cédula Real para esta villa, el alcalde del fuerte diera la artillería o hubiera alguna razón de culparla; pero es cosa sabida que la artillería de ningún fuerte os alcaides de él no la pueden dar sin expresa cédula Real; lo uno por que andaba el Reino tan alborotado y estando Medina por el Emperador, obligación tenía a guardar su artillería para defensa de os comuneros; lo otro, porque Medina y sus ferias recibían mucho aprovechamiento de los paños que se fabricaban en Segovia, y no era justo por un beneficio de tanta importancia para Medina dar armas contra quien la hacía bien y provecho en sus ferias, como se verá en la carta que escribió Segovia a Medina; y además, porque es ley natural y divina defender cada uno su hacienda del que viene con mano armada a quitársela como lo hizo Antonio de Fonseca, y ningún buen entendimiento puede culpar a Medina, y si después de la furia de Fonseca y del incendio se revelaron algunos vecinos, no hay que culparles mucho, pues otras muchas ciudades del Reino lo hicieron no siendo provocados, como lo fue esta villa, y la ciudad de Valladolid no estaba declarada, y de sólo oír una carta que Medina les escribió, de sólo oír esto se declaró Valladolid, y hubo alboroto tan grande, como lo dice la Crónica del Emperador, así que semejante hecho de ver quemar sus haciendas y defender la artillería, los romanos lo hicieron mayor hecho, todo lo cual se verifica por otras cartas que Segovia envió a Medina.

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Carta de Segovia a Medina

"Muy magníficos señores: como cosa muy notoria, no sólo a esta noble villa de Medina, más en toda España, no hemos escrito a S. S. que el alcalde Ronquillo está en Santa María de Nieva haciendo guerra a esta antigua ciudad de Segovia, y a la verdad él no se ocupa sino en hacernos daño, y nosotros tampoco pensamos hacerle ningún servicio; acá hemos sabido que el Obispo de Burgos ha días que está ahí en Medina a pedir con mucha instancia la artillería, y su fin n es más que sino para que su hermano Antoni de Fonseca venga a Segovia; y, a la verdad, él daría de si mejor cuenta de irse a residir a su iglesia, porque los Obispos y Prelados mejor parecen procurar con lágrimas la paz que con la artillería despertar la guerra. Los mercaderes de esta ciudad que están allá en la feria  nos han escrito que estáis, señores, en duda si daréis o no al Obispo la artillería, y en este caso decimos que nuestra inminente necesidad tiene tanta compasión de vuestra mucha nobleza, que no sólo no la daréis de hecho, más si se viene al pensamiento entenderéis que es tentación del demonio, porque muy justo sería que Segovia envíe sus paños apara enriquecer las ferias de Medina y que Medina envíe su munición y artillería para destruir los muros de Segovia. Por la amistad antigua que nos tenemos y por la generosidad que como buenos socios obligados os pedimos, , señores, la merced que la artillería  se esté queda, pues el Obispo no tiene cédula del Rey firmada para llevarla; que no es justo que se dé para destruir, pues a nosotros se nos da para defendernos porque si no nos engañan nuestros letrados, la defensa nos es lícita, pero su guerra no está aún por derecho justificada y ya hemos recibido letras de la ciudad de Toledo como en breve se nos enviará poderoso socorro; y a la verdad como su causa es la nuestra y se pesan en una balanza, de ninguna manera puede Segovia recibir daño sin que Toledo corra peligro. Parécenos, señores, que debéis tener en más la amistad de Toledo y el servicio de Segovia que no el ruego del Obispo D. Alonso de Fonseca; porque no tiene lugar el rugo de uno cuando es daño y perjuicio de muchos. Sed ciertos, señores, que no se puede dar l artillería si no es para destruir Segovia; bien sabed que no puede ganar Medina, porque vuestras ferias no se hacen de caballeros tiranos, sino de mercaderes solícitos, y porque la mano está más dispuesta a la lanza que a la pluma, no decimos más sino que el portador de ésta, en todo y por todo, den entero crédito. De Segovia a 17 de Agosto de 1520.”

Recibida esta carta en Medina y visto por ella lo que sus amigos y vecinos les rogaban,  se resolvieron a no dar la artillería por ningún caso; sabida esta determinación por Antonio de Fonseca, salió de Arévalo el martes de mañana, 24 de Agosto, a tomarla por fuerza si de grado no se la diesen; trajo consigo la mayor parte de su gente. Los  de Medina, por la carta de los de Segovia, estaban con cuidado, porque venía Antonio de Fonseca y estaban muy a punto para defendérsela. Llegó Fonseca el cual tenía amigos en ella que de la determinación que tenía el pueblo le dieron aviso. El Corregidor, que era Gutierre Quijada, procedió, por bien de paz, a ver si podía concertar la villa con Antonio de Fonseca para que le diesen la artillería, mostrando provisiones y recaudos; Medina les respondió que ellos tenían la artillería en nombre y por el Rey y que no la entendían dar, sino tenerla para su defensa, pero que por servir a la Corona Real darían parte de ella cuando fuese menester con que ellos mismos la habían de llevar y volver, y con la porfía del negocio se vino a las manos y asestaron la artillería a la boca de las calles y acudió a la plaza gran golpe de gente; como vio esto  Antonio de Fonseca, mandó que su gente entrase peleando, y los de la villa dispararon sus piezas y mataron algunos de los Fonseca y murieron algunos de Medina defendiéndose con valor para que Fonseca no entras, el cual quiso y pensó hacer a la villa un engaño, no entendiendo que saldría tan dañoso como salió.

Y fue que secretamente mandó hacer unas alcancías de fuego de alquitrán y echaron de ellas por las calles de San Francisco, donde es la lencería y otras por la Rúa Nueva, y de tal manera se prendió el fuego que en poco tiempo se quemó toda la calle hasta llegar al monasterio de San Francisco, en el cual prendió fuego, y fue tal que no quedó en él piedra sobre piedra, y si los religiosos no dieran prisa a sacar el Santísimo Sacramento, no lo pudieran remediar. No tuvieron en toda la casa donde ponerle, sino fue en el hueco de una loma muy gruesa que tenía la huerta, con tanto espacio, que dentro de ella se armó un altar, donde se puso la Majestad de Dios, y allí dentro se decía Misa, y estuvo allí algunos días hasta que D. Gil de Zueco, un caballero que tenía sus casas cerca de dicho convento, el río en medio, movido del amor de Dios, le llevó a su casa y a todos los frailes, y le dio sitio para hacer una iglesia portátil hasta que su casa se volviera a edificar, y los tuvo allí hasta casi dos años. El fuero andaba muy en su punto, y por la Rúa alcanzó a las cuatro calles,  calle e la Plata y la Joyería, de manera que fueron novecientas casas, y no había muchos añosque hubo otromincendio muy grande. Las mercaderías que se quemaron perdieron y hurtaron de lencerias, paños, sedas, brocados, telas de los milaneses en las lonjas de la Rúa de la Lonja y otros muchos géneros de mercadería, no hay pluma que lo pueda escribir no lenguaje que lo pueda decir. Antonio Fonseca usó de una estratagema, no pensando que el daño fuera tan grande, sino por divertir a los vecinos para que acudieran a la guarda de su hacienda y dejaran desamparada la artillería, pero fue tan grande u valor y aviso que se lo entieron y no se apartaron un punto de ella. Muchos genoveses y milaneses de Burgos y de otras partes, mercaderes antes que se empezase la guerra, recogieron sus mercancías en San Francisco, que fue una grandísima suma de riquezas de todas suertesy no quedó de todas ellas un hijo, que todo e abrasó. Lastimosa cosa si en España se ha visto. Viendo Fonseca la defensa de la villa y el gran ánimo de sus vecinos que es guardar la artillería tuvieron y que su mal pensamiento no había surtido el mal efecto que pensó, se retiró con su gente y lo mismo el Corregidor.

Ver por las callas los grandes y lastimosos gritos que daban las mujeres y los niños que no tenían donde recogerse, que el oirlo ahora lastima el corazón. La Santa Escritura llama a las mujeres que han sido de valor y han hecho hechos varoniles, fuertes, peréceme que, Medina tiene nombe femenino, que se le puede atribuir este nombre de fuerte, pues que los varones y las mujeres y hasta los niños llevaron también un trabajo semejante.

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La carta de Segovia a Medina dándole el pésame.

Ayer jueves, que se encontraron 18 del presente mes de Agosto, supimos lo que quisiéramos saber, y hemos oído lo que no quisiéramos oír; conviene a saber: que Antonio de Fonseca había quemado esa leal Villa de Medina, y también sabemos que no fue otra la causa de su quema sino porque no quiso darle artillería para destruir a Segovia. Dios nuestro Señor nos sea testigo que si quemaron de esa Villa las casas, a nosotros nos abrasaron las entrañas  y que quisiéramos más perder las vidas que no que se perdieran tantas y tan grandes riquezas; pero tened, señores, por cierto que si Medina se perdió por Segovia, que no quedará memoria de Segovia hasta vengar su injuria a Medina. Hemos sido informados que peleasteis contra Fonseca, no como mercaderes, sino como capitanes fuertes; no como desapercibidos, sino como desafiados; no como hombres flacos, sino como leones fuertes, y pues sois hombres cuerdos, dad gracias a Dios de la quema, pues fue ocasión de alcanzar tan gran victoria, porque sin comparación habéis de tener en más la fama que ganasteis que la hacienda que perdisteis. Nosotros conocemos que según el daño que por nosotros, señores, habéis recibido, muy pocas fuerzas hay en nosotros para satisfacerlo, pero desde aquí decimos, y a ley de cristianos juramos y por esta escritura prometemos, que todos nosotros por cada uno de vosotros pondremos las haciendas y a una aventuraremos las vidas y lo que menos es, que todos los vecinos de Medina libremente se apoderen de los pinares de Segovia, cortando y talando para sus casas la madera que quisieren, porque no puede ser cosa más justa que pues Medina fue ocasión que no se destruyese con su artillería Segovia, que ella de sus pinares para que se repare Medina, bien se echa de ver, señores, en lo que hicisteis, no sólo vuestras fuerzas, más aún, vuestra cordura, el tener como tuvisteis en poco la quema, y esto no más que por demostrarnos fieles amigos y confederados de Segovia, porque hablando verdad, no os pueden negar vuestros enemigos que en defenderla os mostrasteis esforzados y en dejar quemar vuestras trincheras poco codiciosos. Mucho os pedimos, señores, por merced se ponga más guardia, y ahora más que nunca, en la casa de la munición y artillería, de manera que no pueda ninguno de fuera venir a hurtarla ni menos pueda alguno de dentro entregarla. Porque gran infamia sería que entreguen traidores lo que ellos por cobardes perdieron. No poco placer hemos tomado en saber que Juan de Padilla pasó por esa villa y que ha tomado a Tordesillas y se ha apoderado de la Reina nuestra señora; tened por cierto, señores, que es tan venturoso ese capitán que todo lo que amparare será amparado, y todo lo que guardare será guardado, y todo lo que emprendiere será acabado, porque acá lo vimos por experiencia de su fama y sin esperar ver su presencia huyó el Alcalde Ronquillo de Santa María de Nieva.

También hemos sabido como los señores del Consejo mandaron pregonar que toda la gente de guerra se apartase de Antonio de Fonseca y que él ha huido fuera de España. Parécenos que va de cosa a nuestro propósito bien encaminada y que pues estáis cerca, podéis, señores, esforzar a esos señores de la Junta, porque el Concejo no mandó aquello sino de miedo y el Capitán general no huyó sino de cobarde; ya veis, señores, como en los tiempos pasados la Serma. Reina Dª. Isabel dio al Condado de Chinchón a la Marquesa de Moya, que se llamaba la Bobadilla, y esto no por más, sino por ser muy gran privada suya, y la tierra que le dio era de tiempo inmemorial de esta ciudad de Segovia, y ahora que vemos la nuestra, estamos determinados a cobrar lo nuestro, porque según nos dicen nuestros letrados, todo lo que se toma contra justicia, lícitamente se puede tomar por la fuerza.  Los hijos de la Bobadilla no sólo se mantiene y mandan a nuestra tierra, más aún, tienen en tenencia perpetua este alcázar de Segovia, que es una de las mejores fuerzas que hay en España, y hablando la verdad, estamos determinados, no sólo de cobrar nuestra tierra, pero aún de tomar la fortaleza, y si en esta empresa nuestro Señor nos da, como esperamos que nos dará, victoria eterna, quedará cobrada Segovia y lanzado su enemigo de casa. Nuestros capitanes nos han escrito, como, sabréis, señores, ser tomada la villa de Alaejos y que el alcalde de la fortaleza se defiende con ciertos soldados, pues tenéis, señores, en la demanda tanta justicia, y tenéis para combatir la fortaleza poderosa artillería, no debéis desistir de la empresa, y si fuera necesario, nosotros enviaremos más gente al campo y socorreremos con más dineros, porque gran poquedad sería de Segovia y no pequeña afrenta de Medina que se llevase a cabo esta tan justa guerra. A Alonso Fernández de Espinar, que es el portador de ésta, dársele a entera fe en lo que os hablaré de nuestra parte y en todo lo habéis de creer. De Segovia día y mes sobredicho de 1520.

El Cardenal de Tortosa, varón santísimo, sintió en el alma el daño que se había hecho a Medina y escribíales una carta disculpándose y dándoles el pésame con buenas y santas razones; la villa le respondió de esta forma:

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Escribe Medina al Cardenal contándole sus quejas.

Ilustre y magnífico señor: Esta villa recibió una carta de Vuestra Señoría en que dice como Antonio de Fonseca se vino a ella a sacar la artillería ni a saquearla y quemaría por mandado del Rdo. Sr. Presidente ni de V. S. así es de creer que siendo V- S. tan deseoso de la paz y bien de estos Reinos y del servicio de la Corona Real, no fueron un consejo que esta villa siendo tan principal en estos Reinos, fuese destruida con el sello del Rey y con más crueldad que si fuera con el sueldo del turco, porque además de querer sacar la artillería para destruir de hecho el Reino, quemaron el monasterio de San Francisco, en que mostraron más desacatamiento a dios que los godos, que sin fe y sin razón, porque era bárbara gente, en la destrucción de Roma que quemaron el templo de San Pedro; más aún, perdonaron a todos los que a él se acogían, aunque eran sus enemigos y diferentes en ley; y los frailes, perdidos y desamparados, durmieron en el suelo de la huerta, porque se les quemó la ropa que tenían, y tienen el Corpus Cristi en un hueco de una olma, que nos les quedó adonde ponerle y quemaron toda la calle de San Francisco, toda la Nueva Platería y Plaza de San Juan y calle del Pozo y la mitad de la calle Toledo y Cuatro Calles y toda la plaza con la iglesia colegial de San Antolín y la media calle de Ávila y la rinconada con toda la plaza alrededor y casi toda la calle del Almirante, pues todo lo bueno del pueblo se quemó con todo cuanto en las casas había y con todos los depósitos de los mercaderes, que es tanta suma, que dudamos bastasen las rentas Reales por algunos años para satisfacción de tan demasiados daños y universales y particulares pérdidas que ninguno de esta villa le quedó que comer, y no tiene otro remedio sino ir a buscar otra nueva tierra para hacer otra nueva población,  como hicieron los bárbaros en los tiempos antiguos que ocuparon a Italia, o andarse por ese Reino como los Árabes en África, y no satisfecha su ira y crueldad, se entraban en las casas y cortaban los dedos de las mujeres para sacarlas las sortijas, ajorzas y manillas, y otros los acuchillaban por desnudarlas presto las ropas que tenían, y a otras dieron muchas saetadas y espingardadas y mataron con escopetas muchos niños, y hechos estos insultos porque no les quedase ninguno de crueldad por ejecutar, robaron clérigos y ancianos y ponían para ello las manos sacrílegas en ellos, y V. S., si entero y verdadero dolor tiene de tan grandes males nuestros y destruirse así el Reino con las enormidades que en esta villas se hicieron sin ocasión ni color, vuestra señoría dará alguna medicina a nuestras llagas y alguna consolación al deseo que esta villa siempre tuvo del servicio Real, si su señoría condenares y declarare por traidores y disipadores del Reino a Antonio Fonseca y a Gutiérrez Quijada y al pagano enemigo de su naturaleza y de nuestra fe, al sangriento novador, el licenciado Juanes de Ávila, inventor y caudillo de la destrucción de esta villa, causa del desasosiego público de estos Reinos, y así condenados por traidores los desnaturalice de estos Reinos y nos favorezcan para que nos entreguen en sus bienes, lugares y haciendas, siquiera para dar ropa a los que duermen en el suelo. Pedir le queremos sienta V. S. la ofensa de Dios y la traición a la Corona Real y nuestra perdición tan estimada que no logre satisfacción, pudiendo provocar la ira de Dios, los clamores y lágrimas que derraman las mujeres y niños de esta villa, porque las calles que quemaron, todas están llenas de gritos y maldiciones pidiendo a Dios justísima venganza. Dios provea el alumbrar a V. S. porque la gente que está con él se despida y vayan a sus tierras, porque no les quemen sus casas estándole sirviendo a la Corona Real so color que le sirven y para que de corazón sienta V. S. el insulto y traición que en quemar esta villa se cometió contra el Rey nuestro Señor de Medina del Campo. Es cosa muy ordinaria entre las gentes afligidas darles parte de algún consuelo, contar y comunicar sus cuitas y quejas a personas que saben lo han de sentir, y así esta villa escribe a unas y otras partes sus trabajos, que con esto les parece que mitiga algo de su dolor. Después que hubieron recibido las cartas consolatorias de la ciudad de Segovia y la del Cardenal de Tortosa, parecióles que era bien escribir a la villa de Valladolid, como tan vecina y amiga, y con acuerdo y parecer de los que gobernaban la villa, se determinaros a escribir la carta siguiente:

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Escribe Medina sus lástimas a Valladolid

Después que no hemos visto vuestras letras, ni vosotros señores, habéis visto las nuestras, han pasado por esta desdichada villa tantas cosas y tan graves, que no sabemos por donde comenzar a contarlas, porque gracias a nuestro Señor, aunque tuvimos corazones para sufrirlas, pero no tenemos lengua para decir las muchas cosas desastradas  que leemos haber acontecido en tierras extrañas, pero semejante cosa como la que ha acontecido a la desdichada villa de Medina, ni os pasados ni los presentes la vieron acontecer en toda España, porque otros casos que acontecieron no son tan graves que no se puedan remediar, pero este daño es tan horrendo que aún no se puede decir. Hacemos saber a vuestras mercedes, señores, que ayer martes que se contaron 21, vino Antonio Fonseca a esta villa  con 400 escopeteros y 800 lanzas, todos a punto de guerra, y cierto no madrugara más D. Rodrigo contra los moros de Granada que madrugó Antonio Fonseca contra los cristianos de Medina; ya que estaban a las puertas de la villa díjonos que era el Capitán general, y que venía por la artillería, y como a nosotros no nos constase que fuese capitán de Castilla y fuese más cierto que la quería para ir contra Segovia, pusímonos en defensa de ella; de manera que no pudiendo concertarnos, hubimos de averiguar la cosa por las obras de Antonio de Fonseca y los suyos. Desde que vinieron que los sobrepujábamos en fuerzas de armas, acordaron poner fuego en nuestras casas y haciendas, porque pensábamos que lo que ganábamos por esforzados, lo perderíamos por codiciosos; por cierto, señores, el hierro de los enemigos en un mismo punto que hería en nuestras carnes, por otro, quemaban nuestras haciendas, y sobre todo veíamos que los soldados despojaban nuestras mujeres e hijos; más de todo esto no teníamos tanta pena como pensar que nuestra artillería había de ir a destrozar y destruir a la ciudad de Segovia, porque de corazones valerosos es sufrir muchos trabajos por sus amigos, y los propios tenerlos en poco y los pocos ajenos tenerlos en muchos. Hará dos meses que vino aquí Antonio de Fonseca a pedirnos la artillería, y ahora venía el hermano a llevársela por fuerza, pero damos gracias a Dios y al ánimo y esfuerzo de este pueblo, que el uno fue corrido y el otro le enviamos vencido. No os maravilléis, señores, de lo que decimos, pero maravillaos de lo que dejamos por decir; ya tenemos los cuerpos fatigados de las armas; las casas todas quemadas, la hacienda robada, los hijos y mujeres sin tener donde abrigarlos, nuestros corazones tan burlados que pensamos volvernos locos, y esto no por más de pensar si fueron sólo pecados de Fonseca o si fueron tristes hados de Medina. Cuando vemos la desdichada Medina quemada no podemos pensar nosotros que Antonio de Fonseca y la gente que traía solamente buscase la artillería, que si esto fuere no era posible que 800 lanzas y 400 soldados no dejaran, como se dejaron, de pelear en las plazas y se metieran a robar nuestras casas, porque muy poco dieron de la pólvora y tiros a la hora que se vieron de fardeles apoderados. El daño que a la triste Medina ha hecho el fuego; conviene a saber: el oro, la plata, los brocales, las sedas, las joyas y hasta las tapicerías y riquezas que se han quemado, no hay lengua que lo pueda decir ni corazón que lo pueda pensar, ni hay seso que lo pueda tasar ni ojos que sin lágrimas lo puedan mirar, porque no menos daño hicieron los griegos en quemar la poderosa Troya. Halláronse en esta romería Antonio de Fonseca,  el Alcalde Ronquillo, D. Rodrigo Megía, Juanes de Ávila, y Gutiérrez Quijada, los cuales todos usaron de mayor crueldad con Medina que los bárbaros con Roma, porque aquellos que quemaron los templos, y éstos quemaron los templos y monasterios, y entre otras cosas que estos tiranos quemaron, fue el monasterio del Señor San Francisco, en el cual se quemó toda la sacristía con infinito tesoro, y ahora los pobres frailes moran en la huerta y colocaron, el Sacramento cabe la noria, en el hueco de una olma. De todo lo cual podéis, señores, colegil que a los que Dios echa de su casa mal dejarán a ninguno en la suya. Es no pequeña lástima decirlo, y sin comparación muy mayor verlo, conviene a saber: las pobres viudas y los tristes huérfanos y las desdichadas doncellas, como antes se mantenían de sus propias manos en sus casas, ahora son constreñidas a entrar por puertas ajenas, de manera que al haber quemado Fonseca sus haciendas, de necesidad pondrán otro fuego a sus honras. Nuestro Señor guarde sus magníficas personas. De la desdichada Medina a 22 de A de Agosto de 1.520.

Valladolid, al punto que recibió la carta de Medina, estaba muy quieto y sosegado, y que no se había señalado por ninguna parte, sino sólo procuró servir al   la Crónica, "que a las cinco de la tarde del propio día que ocurrió el incendio, envió Medina la carta a Valladolid, y fue tan grande el sentimiento que tuvo toda la villa, que no fue tan presto el fuego en quemar las cosas de Medina como fue en abrazarse los corazones de los de Valladolid con la triste nueva de su hermana y querida Medina del Campo. Levantóse todo el pueblo y otro muchos del Reino por el escándalo grande que todos sintieron del incendio de esta villa". Los que quisieren saber lo más que pasó, lean la Crónica del Emperador en esta parte, entendiendo a más que un autor italiano llamado Guisardino, en un libro que hizo de guerras civiles, pondera en él este hecho de los varones de Medina en guardar la artillería, viendo quemar sus haciendas y sus mujeres e hijos y andar llorando sin sosiego, y dice que numantinos ni romanos hicieron semejante hecho. Esto vale para ponderar y alabar los fuertes varones de esta república.

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CAPÍTULO XXVIII

De la forma y fábrica del insigne Hospital que fundó Simón Ruiz Envito

Por remate de este segundo libro quise poner una obra tan insigne como es la del Hospital general, que fundó e hizo a su propia costa Simón Ruiz Envito, varón de mucha caridad, y la santa y cristiana intención que tuvo para fundarle en esta villa, porque es bien que se sepa su valor y prudencia. Estando este señor residiendo en la ciudad de Valladolid, en pleitos y negocios de calidad, cerca de diez años en su casa, no entró en esta villa; y lo que tenía en ella, cuidábanlo sus factores y personas que atendían a estos negocios; viéndose viejo, rico, y poderoso sin hijos, intentó hacer un hospital, y como se supo su pensamiento, no faltó uno y muchos que lo aconsejasen le hiciese y fundase en la ciudad de Valladolid, y estuvo muy apique de hacerlo, porque fue muy persuadido; más como varón prudente y sabio, echó de ver que no era razón habiendo ganado tan gruesa hacienda en Medina del Campo, hacer semejante obra fuera de ella, y que no era justificada su fundación hecha en otra parte, y así lo determinó, y por no ser molestado arrancó su casa con mucha presteza y se vino de asiento a la de esta villa, donde luego lo puso por obra. Tenía por señora y compañera suya a Dª. Mariana de Paz, una señora de mucha suerte, hija de los Caballeros Paces de Salamanca, la cual le animó mucho a esta santa y piadosa obra, y por su muerte, que fue pocos años después de la de su marido, dejó toda su hacienda a este Hospital. Es la fábrica de él cuadrada en toda su forma, los materiales son todo ladrillo y cal, porque el ladrillo de esta es de lo bueno que se corta en el Reino; Tiene 120 pasos de cada cuadro y en medio de él un gran patio con seis pilares de piedra, cuadrados. En medio de él está una fuente en el cuadro que está hacia el mediodía, y en el que mira al gallego están dos enfermerías muy espaciosas con 72 alcobas, todas de ladrillo, para ls camas de los pobres; encima de éstas, en el segundo andamio del cuadro hay otras tantas alcobas, como las de abajo, de manera que hay para tiempo de invierno y de verano, y en el cuerpo, que mira al solano y a la calle, está la puerta de la iglesia, y en lo alto hay aposentos para los patronos cuando se quieren retirar allí. Asimismo hay aposentos para cuatro capellanes que han de residir siempre en él con 1.000 reales de renta cada uno y su ración, médico y botica. Hay sitio para boticario y otros muchos aposentos para los familiares del Hospital; la iglesia está repartida en el cuadro que mira al Norte, y está toda acabada y tal, que da su manera en muchas leguas no hay otra como ella, tan agradable a los ojos, porque es toda fajeada a lo nuevo y todas las fajas doradas, que no se harta una persona de mirarlo. Tiene un retablo acabado y dorado, muchas veces bueno, con su reja de hierro en la capilla mayor, que ambas piezas costaron más de 8.000 ducados; en su advocación la Concepción de Nuestra Señora; sobre la puerta de la iglesia, que es a la esquina del cuadro que mira al solano, remata un frontispicio con tres bolas muy grandes, y encima de la puerta, adonde es el servicio del Hospital, que es a la otra esquina de este cuadro, está otro frontispicio de la misma manera que el otro, y entre ambos remates hay del uno al otro 90 pasos; en este medio hay una galería de ventanas, de suerte que mirado por fuera hace muy gozosa vista. En el cuerpo del mediodía hay una galería de arcos para el sol en el invierno, preciosa; tiene otra cosa de mucha estima, y es, que aunque quemen en la cocina y en las chimeneas que están repartidas en los cuartos un monte de leña, está seguro de fuego, porque en todo él no hay madera, sino todo bóvedas de ladrillo.

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