Vista de Medina
Medina del Campo. Su origen y desarrollo
Villa histórica, monumental, escultórica y paisajística
Villa de las Ferias

Historia de la Muy Noble, Muy Leal y Coronada Villa de
Medina del Campo
conforme a varios documentos y notas a ella pertinentes por

D. ILDEFONSO RODRÍGUEZ Y FERNÁNDEZ
Doctor en las Facultades de Sagrada Teología, Filosofía y Letras y Medicina, Catedrático de esta Facultad en la Universidad Central (antes en la de la Habana), Caballero de la Orden de Carlos III, etc.


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CAPÍTULO XXVI

Del Señor Rey D. Enrique IV

El Señor Rey D. Enrique IV tuvo su corte en Medina, y en ella dio casi todos cuantos títulos hubo entonces en Castilla, por el vencimiento de la batalla de Olmedo contra el Príncipe, su hijo; entró en medina con hábito triunfal, pues colgaron catorce banderas ganadas y un estandarte Real en la iglesia mayor, donde estuvieron muchos días, habiendo precedido una gran procesión general para llevarlas desde el convento Real de San Andrés. Estas victorias celebró la villa con grandes fiestas el año 1467, y el 1470 también las hubo grandes, habiéndose concretado en Medina aquel casamientos, que no tuvo efecto, entre la Princesa Dª. Juana y el Duque de Guiana, hermano del Rey de Francia, como todo lo refiere Garibay Zamalloa en su Historia General, tomo II folios 1204, 1205, 1235, 1130 y 1189.

Y el año 1459 estaba también aficionado el Rey a Dª. Catalina de Sandoval, que celoso de D. Alonso de Córdoba, le hizo cortar la cabeza en la plaza de Medina.

Y el año 1464, el Rey estaba en Medina porque casi todas las ciudades del Reino estaban por los de la liga, y alteraciones que en aquel tiempo había contra él; llegó su Real persona a tanta estrechez, que sólo tenía para su acompañamiento diez criados de a caballo y siempre halló en esta villa la voluntad, fidelidad y amor debido a su Rey y señor natural.

Por estas grandes alteraciones, el Pontífice Paulo II envió su Legado a Medina, donde estaba la corte el año 1467; creyendo sería parte para mediar y aquietar las cosas del Reino; pero habiendo salido tres leguas de Medina a estar con los de la liga, no pudo efectuar nada y se vio con ellas en términos bien peligrosos, y cuando fue el Rey a poner cerco a Arévalo el año 1464, que estaba por sus contrarios, dejó a la Reina, su mujer, y a la Infanta Dª. Isabel, jurada Princesa heredera, en Medina del Campo, donde le pareció quedaban en segura grande, y habiéndose apaciguado por entonces las disensiones del Reino con algunas condiciones, entre ellas le pidieron en rehenes y seguridad del cumplimiento, la ciudad de Ávila y el castillo de Medina del Campo, y no teniendo el Rey gusto de darlas, dio por excusa que no parecían los Alcaides, y sí quedaron con poca mejoría, según el P. Ariz en la Historia de Ávila”, parte III, folio 32, y Garibay Zamalloa, en la parte citada.

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CAPÍTULO XXVII

De algunas cosas que Medina hizo en servicio de este Rey

El Rey D. Enrique IV hizo poderosa entrada en tierra de moros; en ella le fue servido la gente de Medina; el año 1446, corrió y taló hasta los muros de Granada, y se volvió victorioso. (Garibay Zamalloa, libro XVII, tomo II.)

Por los años 1465 y 66, Castilla padecía grandes desórdenes por las diferencias que había entre el Rey y el Príncipe Alonso y los demás de la liga, los cuales tomaron con secreto todo el castillo de Medina el 1466, por el mes de Octubre, y metieron mucha gente dentro. Los de la villa, con mucho sentimiento del suceso, tomaron las armas y opuestos a los del castillo peleaban casi todos los días con ellos y con los de la liga, que los entraban de socorro por la parte del campo, habiendo por instante infinitas muertes.

Duraron estas continuas escaramuzas, fuera de la villa y a las entradas de las calles, junto al castillo, diez meses, y al cabo de ellos, los de la liga fueron vencidos en batalla por el Rey, y los del castillo echados de él por los de la villa; habiendo precedido en tanto transcurso de tiempo muchas muertes de ambas partes, este día se celebró la victoria con grandes fiestas y alegrías y el Rey la mostró grande e hizo grandes honras a la villa por la defensa que en su servicio había hecho, desde el tiempo referido hasta este día 20 de Agosto de 1467, y en esta ocasión dio el Rey a Pedro Fernández de Velasco, primer condestable de Castilla, en su casa los diezmos de la mar, porque le ofreció ir a socorrer a Medina con 700 caballos, en que se ve la estimación que el Rey hacía de esta villa.

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CAPÍTULO XXVIII

De los Señores Reyes D. Fernando y Dª. Isabel

Los Señores Reyes D. Fernando y Dª. Isabel tuvieron su corte en Medina; ilustráronla mucho y honráronla obrando en ella tantos actos heroicos, que para referirlo era necesario Historia particular, vivió casi siempre la Señor Reina en esta villa, y murió en ella el añ0 1505; no quiso que para darle la Extremaunción se le descubriesen los pies, recato digno de su virtud; Halláronse a su muerte en el transcurso de su enfermedad, que fue larga y prolija, Fr. Juan de la Puebla, Conde que fue de Benalcázar, y Fr. Juan Venero y otro que llamaron el Descalzo, que fue Superior de la Provincia de los Ángeles, todos de la Orden de San Francisco, y también su Generalísimo, que acababa de llegar de Jerusalén, y el General de los Agustinos y el Prior de la Mejorada, que acababa de ser General de su región, todos hombres de gran virtud y santidad, y con quien comunicaba, repartiéndolos las horas desde más de cuatro meses de su enfermedad hasta su muerte, y el Duque de Alba, entonces Alférez mayor de Medina, alzó el estandarte en la plaza Mayor de ella con el Dr. Príncipe D. Felipe I, siendo esta villa como en otras cosas, la primera que aclamó  la casa de Austria en Castilla, y este año murió allí la Sra. Infanta doña Magdalena, que fue enterrada en Santa María la real de esta villa, y también murió el Almirante, tío del Sr. Rey Católico y vecino de medina, en sus casas, que eran a la calle que llamaban del Almirante, cerca de la plaza, que hoy las poseen los Gutiérrez de Cuadrado, y por su muerte, D. Alonso de la Barreta y Montalvo, de los Barreras, antiguos de Madrid. Quiso la generosa Reina Católica a esta villa más que a otra ninguna, mostrólo en muchas ocasiones, particularmente el año que habiendo sucedido un tan gran incendio que casi se desmanteló la villa, por la parte que era mejor dispuesta al comercio, acudió Valladolid, a pedir que los pagos se le diesen, puesto que no era posible celebrarse en Medina, la Señora Reina les preguntó por diferentes calles y puestos y a todo le respondieron que se había quemado, y viendo sus respuestas, les preguntó si se había quemado la laguna de San Nicolás, respondieron: -Eso, Señora, ¿cómo podía ser?- Y al punto les dijo: -Pues id con Dios, que ahí quiero que se celebren los pagos. Antes de esto estando los Señores Reyes Católicos en Medina, año de 1482, vacó el Obispo de Cuenca; dióle el Papa a un sobrino suyo, natural de Génova; sintiólo el Señor Rey Católico mucho, por no ser natural en estos Reinos, y por estos y otros sentimientos que tenía mandó salir de Roma todos sus súbditos y quiso pedir Concilio.

El Papa, pesaroso del caso, le envió por Embajador a Domingo Centurión, deseando aplacar al Rey, y llegando a la Corte, que estaba en medina, pidió audiencia y el Señor Rey no se la quiso dar, antes le mandó que saliese luego del Reino; temió tanto el Emperador, que renunció la Embajada y quiso quedarse por natural de estos Reinos, pero nada bastó para que no fuese mandado prender y puesto en el castillo de la Mota, y por su humildad y los ruegos del Cardenal de España,  fue absuelto, de lo cual siendo sabedor el Pontífice, juzgó conveniente ajustarse con la voluntad del Señor Rey, y quitándole el Obispado que había dado a su sobrino, le proveyó en natural de estos Reinos, y quedaron las cosas en buena obediencia. Esto lo refiere Hernán del Pulgar, en lo último de su Historia manuscrita; Garibay, Comp., tomo II, 1266; Zurita, Anales, tomo III; en la Vida suya, Fr. Antonio de Aspa; en la Historia de la fundación de Mejorada, el cual se halló en todo; Garibay, fol. 1317, tomo II.

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CAPÍTULO XXIX

De algunos servicios que Medina hizo a los Reyes Católicos

A los Reyes Católicos hizo esta villa muy particulares servicios; el primero en una entrada que hizo contra Portugal, año de 1474, y el mismo año fueron servidos en esta villa con la mitad de la plata de sus iglesias y otras dádivas para pagar sueldos y otros grandes gastos, que habían hecho con sus adversarios, y en tiempo tan necesitado y lleno de contradicciones, fue este socorro mucha parte para poderse quitar en la posesión de estos Reinos.

El año de 1474 fue aquella resistida batalla que llamaron de las Lomas, junto a Zamora, entre el Rey y el Rey de Portugal, en la cual sirvió la Infantería de Medina a la orden del Duque de Alba, y fue la primera que comenzó a escaramucear, y habiéndose alcanzado felicísima victoria, se tomó la ciudad de Zamora, que estaba por los portugueses, según Garibay (tomo II, libro VIII, fol. 1263 y 1265, y Pulgar, cap. XX). Asimismo, en un privilegio que el Rey Católico concedió a la villa de Medina, su fecha de 23 de Agosto de 1477, dice que se le concede por haberle defendido la ciudad de Zamora, y las villas de Castronuño, Cantalapiedra, Cubillas y otras, cuyo privilegio está en los Archivos de Medina, y todo el dinero que se juntó en Medina, resultado de este servicio tan glorioso efecto.

Sirvió esta villa en todas las guerras de Granada de lo cual y de los servicios hechos hasta los del Señor Rey D. Felipe II, tiene papeles por donde consta, y por una cantidad de 30.000 ducados, que tomó a censo  para servir en estas y otras  ocasiones de aquel tiempo en que se hicieron los servicios siguientes:

Hallóse en la toma de Alhama, para cuyo efecto se hizo en Medina aquel padrón tan celebrado que llamaban de Alhama, donde se hallaron casi dos mil casas de hijosdalgos, año de 1484. El siguiente se halló en la conquista de Ronda, y otras villas y castillos del Rey de Granada, y habiendo hecho a las puertas de esta ciudad muy grandes hazañas, en memoria de ella arrancaron dos aldabas de hierro que hoy día están fijadas en la puerta de la iglesia mayor de Medina, publicando este suceso, que fue año de 1485, siendo Capitán de la gente Diego Morejón y también sirvió en la conquista de Cartagena y la ciudad de Marbella, y luego el año de 1486, habiendo salido S. M. de Medina, fue a cercar Granda, sirviéndose de la Infantería de esta villa, y asimismo en la toma de Lora y Moelín y la ciudad de Loja; después en la toma de Málaga, siendo Capitán D. Juan de Bobadilla, Señor de Bobadilla, y en todo lo que se ofreció hasta la entrada de Granada en 1492; y el de 1501, según la Historia de las ligas impresas de Italia, cap. XXXI, fol. 201, en la rebelión de los moriscos de Granada. Sirvió esta villa siendo Juan Rejón Capitán general de Artillería de esta jornada, y se hallaron en ella otros caballeros de Medina, que se señalaron, como fue D. Hernando de Bobadilla y el Alcalde Mercado, que sirvió mucho en esta ocasión, y en el año 1503, teniendo el señor Rey guerra con Francia o Rosellón y Perpiñán, le fue a servir Medina con 600 espingarderos que se hallaron en el socorro de Salsas, jueves a 29 de Octubre, haciendo levantar el cerco al ejército francés con pérdida de alguna artillería y municiones, y después entraron en Francia a 28 de Octubre y se hallaron a ganar las villas de Leocata, Palma, Zijar,  Fitor, Trullas, Rochofuxt, Castelmaura, San Juan de Barro, Frejeredano y Villaseca; caminando el campo la vía de Narbona, haciendo grandes presas y daños, y entando para ponerla cerco se requirió con tregua por parte del Rey de Francis, y el Señor Rey Católico mandó volver al ejército a Perpiñán, donde se efectuó la tregua por cinco meses, a mediados de Noviembre de este año, como todo lo refiere Zurita en la Historia de los Reyes Católicos de las ligas y empresas en Italia, y en las partes citadas y más en los caps. XLV, LIV, y LV, fols. 302, 309 y 316.

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CAPÍTULO XXX

De la Princesa Doña Juana

Viviendo la Señora Reina católica cerca de los últimos días de su vida, en el año 1504, salió de Medina la Señora Princesa Dª. Juana con gran acompañamiento para embarcarse el Laredo, donde la aguardaba el Señor Príncipe D. Felipe, su marido; en este tiempo la sucedió un caso bien raro, según afirma la Historia de los Católicos Reyes, de las empresas de Italia, capítulo XXXI, fol. 201, y otras Historias, que deseaba tanto la Señora Princesa irse con su marido, que no pudiendo obligarla a que se aguardase en Segovia, para que el tiempo mejorase y así poderse embarcar, la Reina, su madre, la envió a Medina para que se divirtiese, quedando S. M. C. en Segovia, y llegando la Princesa a Medina, no fue posible aquietarla ni hacerla que se detuviese algunos días, y viendo que para esto el Arzobispo de Toledo y otros grandes Señores que la asistían se valían de los medios posibles, le dijo: -No se cansen, porque habré de ir aunque fuese a pié, si  no quieren aprestarme lo necesario, y como es orden de la Señora Reina, su madre, que no permitiesen ni la dejasen ir, y de esto estuviese desengañada la Princesa, se salió a pié de palacio, sin atender a cosa de su autoridad, sola, y con tanta resolución, que el Arzobispo de Toledo le pareció preciso cerrar las puertas de la villa y alzar los puentes levadizos, y viendo esto la Princesa, llegó hasta la muralla, por la parte que llaman la Barreda, y allí se estuvo hasta que llegó la noche, sin ser posible que hubiese medio para reducirla se quitase, y queriendo colgar aquella parte  y disponerlo para que el sereno de octubre no la hiciese daño, no lo permitió, y así estuvo dos días y dos noches, y últimamente se metió en una casilla de un hombre pobre, en cuya cocina estuvo.

En este tiempo se había dado aviso a toda prisa a la señora Reina Católica, que vino cuan aceleradamente pudo, posponiendo su salud, y la halló en la forma dicha y en la parte referida, pero el respeto de su presencia bastó para sacarla de allí y llevarla a Palacio, y al punto se aderezó su jornada lo mejor que fue posible, aunque el tiempo era poco acomodado para ella se embarcó para ir donde estaba el Príncipe D. Felipe, su marido.

Antes de esto había estado en medina S. A. el Príncipe D. Felipe, su marido, donde les habían hecho grandes fiestas. Este año de 1504 fue preso el Duque Valentín, D. César de Borja, en Italia, por el Gran Capitán, y traído al castillo de Medina.

Después de la muerte de la Señora Reina Católica y de su yerno, gobernando estos Reinos el Señor Rey D. Fernando, estuvo en esta villa con la Reina Germana, su segunda mujer, y se dijo que le dio el mal de la muerte de una bebida que la Reina le dio, con su consentimiento, para tener hijos, estando en Carrioncillo, aldea de Medina, una legua pequeña de ella, y recreación entonces muy celebrada de los Reyes de Castilla, según Pulgar, y Garibay, fol. 413 del título II.

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CAPÍTULO XXXI

Del Señor Rey Don Felipe I.

Después de haber heredado la Señora Reina Dª. Juana, con su marido, el Rey D. Felipe, estuvieron en medina poco tiempo. La villa se sirvió en lo que se ofreció, y antes en el año 1502, siendo Príncipes, estando en esta villa, se les hizo grandes fiestas y regocijos.

Sirvióles en la jornada de Orán, el año 1510, y el siguiente, 1511, se halló la Infantería de Medina en la toma de Bugía, el 6 de Enero, y el 25 de Junio del mismo año estuvo en la de Trípoli.

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CAPÍTULO XXXII

Del Emperador Carlos V.

La casárea Majestad del Emperador Carlos V estuvo en Medina del Campo diferentes veces; aposentó una en una de las casas  principales del Dr. Beltrán, de su Consejo, Presidente en el de Indias, habiendo alcanzado el ser del Consejo de D. Enrique IV. Fuéronle hechas muchas fiestas de juegos de cañas, justas y torneos, y el año que por vencimiento de la batalla de Pavia el Rey Francisco de Francia fue preso, muchos de los Grandes Señores del Reino que le acompañaron en la pérdida, lo estuvieron en el castillo de Medina, y el rescate del Rey fue entregado al Comendador Álvaro de Lugo, natural de Medina, Señor de Villalba, del Solar de Lugo y otras villas en Galicia, de cuya casa fue hijo segundo D. Álvaro de Lugo y Montalvo, que conquistó a su costa las islas de Palma y Tenerife, haciendo oficio de General y quedando después con título de Adelantado de ellas, que por casamiento y falta de varonía, entró después en la casa del Duque de Terranova, que hoy lo posee.  Entrególe el rescate en confianza solo de su palabra, porque sabía bien el Señor Emperador la que debía tener de este caballero, por lo mucho que él  y sus antecesores le habían servido, y primero tuvo en su poder las lises de Francia, y D. Pedro Peralta, natural de esta villa, segundo de la casa de Falces, tuvo en rehenes el Delfín de Francia y a sus hermanos muchos días de los que estuvieron en este Reino.

A esta sazón, poco después, fue proveído por presidente de la Audiencia de Santo Domingo el licenciado Oballe, muy afecto al servicio de S. M. Y en el desafío que hicieron entre 11 españoles contra 11 franceses, los más fueron castellanos viejos, particularmente uno de Ávila, otro de Arévalo y otro de Medina del Campo, llamado Andrés Olivera, valentísimo soldado, como sus compañeros, pues vencieron a los contrarios, siendo vencidos los del campo francés, como todo lo referido la Crónica de Carlos V, tomo II, fol. 17; fol. 264 y fol. 50 y de otras pares.

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CAPÍTULO XXXIII

Suceso del Caballero de Olmedo

En el año 1521, reinando la cesárea Majestad de Carlos V, fue aquel suceso tan celebrado del Caballero de Olmedo, que contarás sucintamente, como lo cuenta largamente Fr. Antonio de Aspa en poder del maestro y cronista Gil González de Ávila, y en el mío un traslado de ella, sacado a la letra, y dice de esta manera: que en el año referido, siendo Prior de la Mejorada Fr. Luis de Sevilla, un día cerca de Todos los Santos, a la puesta del sol, venía de Medina del Campo D. Juan de Vivero, caballero natural de Olmedo. Este D. Juan de Bibero o Vivero, pues de varias maneras hallo su nombre escrito en relaciones de aquel tiempo, fue hijo de D. Rodrigo y Dª. María de Silva y Dávila. Fue Caballero de Santiago, Señor de Castronuño y Alcaraz, y de él se cuenta que, después de salir de los todos de Medina, y un cuarto de legua antes de llegar a su casa, cerca de la Linogilla, salió a él Miguel Ruiz, también vecino de Olmedo, mozo barbiponiente, y le mató.

Fuése luego a la mejorada, convento de religiosos Jerónimos, que estaba cerca, y allí vino la justicia de Olmedo, y habiendo hecho las diligencias judiciales y extendiéndose la nueva, vinieron muchos caballeros de Ávila y de Medina del Campo, amigos y deudos del muerto, y cercaron el convento y le tuvieron cercado nueve días. Viendo los frailes el daño que recibían, y que estaban apasionados, que querían meter a saco el convento, acordaron entregar a la justicia el delincuente en presencia del Vicario de Olmedo, con las protestas necesarias, y para esto le sacaron del claustro, donde arremetió a él el Alguacil mayor de Valladolid, llamado Bracamonte, para matarle. El homicida se puso en defensa y los frailes le volvieron a ocultar; la revuelta fue de manera que les obligó a sacar el Santísimo Sacramento por los claustros para aplacar a la gente que le buscaba, y viendo que no bastaba se salieron los religiosos y dejaron el convento desamparado, llevando el Santísimo Sacramento por el camino de Olmedo.

Esto era ya de noche, y entre la gran revolución, dos frailes que se habían quedado, le sacaron vestido de fraile y desfigurado el rostro,  por en medio de la gente, diciéndole a grandes voces: -Vaya, Padre, diga a los Padres que vuelvan el Santísimo.- Y empujándole, él hizo que iba y se apartó del camino, y a pocos pasos se metió entre aquellos pinares, donde se quitó el hábito y anduvo aquella noche nueve leguas , yendo a amanecer en un lugar cerca de Segovia, donde tenía un tío. Los frailes esforzaron por dos días más la resistencia y fue milagrosamente escapado salvando su vida por particular Providencia de Dios. Pues se sabe que este Miguel Ruiz se embarcó para las Indias y tomó el hábito de Santo Domingo en Méjico; fue lego y vivió religiosamente casi sesenta años; murió en 1590, habiendo sido gran pródigo en virtud.

Dice el religioso que escribió esta muerte, que juzgaron entonces no haber sido de caso pensado como comúnmente se entendió, siendo el hecho el siguiente: Salió D. Juan de unos toros de Medina y volvía a Olmedo su villa, cuando se halló en el camino a Miguel Ruiz y le mató. A este suceso se hizo aquella cantilena que empieza: “Esta noche le mataron al caballero, la gala de Medina, la flor de Olmedo”, coligiendo que este Miguel Ruiz tenía dos caballos, y cuando se retiró a la Mejorada fue en el peor, y era hombre rico, y sólo llevaba un cuarto en as faltriqueras, y de esta poca prevención, pudiendo hacerlo, infiere Fr. Antonio de Aspa, que se toparon al paso.

Este, Señor, aunque parece fuera del intento que sigo, lo he referido por haber sido en este tiempo, y porque quizá Vuestra Majestad no lo ha visto escrito otra vez, y sabiéndolo de cierto cambie en la memoria lo que habrá oído de personas que, ignorando el suceso, han ignorado lo que han dicho.

Sirvió esta villa al Señor Emperador Carlos V en la jornada de Túnez, año de 1535, siendo Capitán D, Juan de Álamos, caballero y natural de esta villa, y también en la jornada de Argel.

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CAPÍTULO XXXIV

Del Señor Rey D. Felipe II

El Señor Rey D. Felipe II estuvo en medina el año de 1592, y le fueron hechas fiestas de mucho lucimiento y recibimiento de gran coste, en cuyo tiempo floreció en el ejercicio militar el valeroso Capitán San Vicente, natural de esta villa, y tan valiente soldado en los Estados de Flandes, que sólo con una España de dos manos defendió la entrada de un puente a todo el ejército enemigo, con muerte de quince contrarios, hasta que fue socorrido del ejército real e hizo otras cosas hazañosísimas.

En este tiempo también fue Hernando de Acosta, natural de Medina, General de Artillería, en la última rebelión de los moriscos, y muy favorecido del Sr. D. Juan de Austria. Fue su hermano Álvaro de Acosta, Capitán general de las Canarias; también fue por este tiempo enviado por el Señor Rey D. Felipe II, el Dr. Buenaventura de Guzmán, hijo de esta villa, Catedrático de Salamanca y del Consejo de la Inquisición, a Roma, con el Arzobispo de Toledo D. Bartolomé de Miranda, honra grande y confianza en su capacidad, según la gravedad del caso.

Sirvió Medina al Señor Rey Felipe II en la rebelión de los moriscos de Granada, año de 1562, y en la jornada de Portugal, año de 1580, siendo Capitán de la Infantería de esta villa, García de Montalvo, y en la jornada de Inglaterra, año de 1588, siendo Capitán D. Luis de Peralta.

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CAPÍTULO XXXV

Del Señor Rey Felipe III

El catolicísimo Rey D. Felipe III, que Dios tiene, estuvo a su vez en Medina, año de 1600, donde fue recibido con suma grandeza, y puso en ella la Cancillería y Consejo de la Inquisición, que estaba en Valladolid, y le hizo otras grandes honras; y en once días del aviso de su llegada le fueron hechas tan grandes fiestas, y de tan excesivo gusto, que tuvieron nombre entre los grandes de España.

Con la asistencia de tan Soberanos Reyes y sus Cortes y os heroicos actos que en Medina celebraron, la ilustraron y engrandecieron, de manera que fue uno de los mejores lugares de España, y es cosa digno de ponderación que habiendo sucedido desde el Señor Rey D. Alonso VI hasta el Señor Emperador D. Carlos tantas discordias y guerras civiles entre los Reyes nuestros Señores y los de Portugal, Navarra, Aragón, León, Inglaterra, Infantes de la Cerda y Aragón, y otros Infantes de Aragón, confederados en diferentes tiempos, no se sabe ni se halla que Medina haya admitido otra obediencia o voz que la de los Señores Reyes de Castilla, punto lleno de merecimientos si se consideran las Historias de España, y uno de los mayores servicios que esta villa puede representar a V. M., obrando siempre en ella no le falta del poder, sino la debida felicidad.

Según refiere Miguel de Herrera en el capítulo VIII de su Historia, se sabe que en lo riguroso de las contiendas entre el Rey D. Pedro y su hermano D. Enrique, siendo el Rey D. Enrique jurado por Rey de Burgos, se pusieron en su obediencia todas las ciudades principales de Andalucía y Castilla, viéndose obligado el Rey D. Pedro a pasar a Inglaterra por no tener bastante tierra donde asistir en el Reino, siempre Medina estuvo en su devoción, sin querer tener otra hasta que llegaron a ella el Infante D. Fernando de Aragón, Marqués de Tortosa y Señor de Albarracín, y el Infante D. Juan, su hermano, y el Conde D. Enrique y D. Tello, su hermano, y D. Fernando de Castro y D. Juan de la Cerda y el Maestre de Santiago D. Fadrique, y otros muchos caballeros que tenían hasta 7.000 caballos y mucha Infantería y más dos compañías de D. Juan Alfonso de Alburquerque, y entonces fue tomada esta villa por armas y estuvieron en ella muchos días y la pusieron en el Señorío de D. Enrique y en él estuvo firme siempre, habiéndole ya jurado por su Rey. Y aunque el Rey D. Pedro vino a Inglaterra con poderoso ejército y le venció, obligándole a retirarse a Francia, con lo cual, muchas de las ciudades que estaban por D. Enrique volvieron a D. Pedro, y Burgos y Medina siempre estuvieron el de D, Enrique, que volviendo de Francia con poderoso ejército, acompañado de D. Beltrán Claquin de Torres y otros muchos caballeros extranjeros y naturales, venció y mató a su hermano en Montiel quedando en quieta y pacífica posesión de estos Reinos.

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CAPÍTULO XXXVI

De algunas cosas particulares en conformidad de lo que vamos tratando

En los referidos servicios y otros muchos, y en celebraciones de fiestas Reales en diferentes ocasiones, ha gastado esta villa más de cuatrocientos mil ducados, y es cierto, Señor, que todo, lo dicho por Medina en este papel, es un rasgo, una sobra de lo que fue como se podrá ver en los archivos de esta villa y en los de San Bartolomé y Saturnino en ella, y en os archivos de Simancas y Chancillería de Valladolid y en los de la misma ciudad y de la parroquia de San Miguel de ella y en los Archivos de San Sahagún y San Boal, conventos de la Religión  de San Benito, y en los archivos de Barcelona  y en los de la iglesia de San Pedro de Roma y de la santa Iglesia de Salamanca, que en todos me consta que hay muchos papeles que publican la pasada grandeza de esta villa, de los cuales no he podido valerme por la brevedad para la comprobación de lo que he dicho y lo demás de lo que dijere en este papel, aprovechándome sólo de los lugares citados donde he hallado los servicios referidos, y si de los que han hecho los hijos de esta Patria, se debe alguna remuneración a ella, hubiera largamente de referir los que les tocan por madre, de muchos, que en armas y en letras la han ilustrado en los presentes y en los pasados siglos, de quien si se hubiera de tratar con particularidad, necesitaba largos volúmenes, como lo merecen las ilustres casas de muchos, pues es cierto que desde la restauración de España no han faltado a esta obligación con hechos muy memorables, y así cuenta el maestro de las Historias escolásticas que un noble medinés, llamado Marcos Gutiérrez, en tiempo de los antiguos Reyes de León, a quien él servía, estaba por su homenaje en un castillo, en el cual fue cerrado con tanta obstinación de los enemigos, que durando el asedio muchos días y habiendo faltado todo género de humano sustente, se le murieron cuantos con él tenía, de hambre, y nunca le pudieron entrar. El, acosado de la misma miseria, viéndose incapaz de defenderse, rindió como mortal, se echó morir a las puertas del castillo con las llaves en las manos, donde le hallaron sus adversarios cuando entraron sin ningún sentido; volvieron en sí, haciendo para ello los beneficios que pudieron y después los aplausos que merecía su valor; y en estas edades me han certificados algunos soldados antiguos de Flandes, que ha habido tiempo,  en que además del célebre Capitán Mondragón, había en aquel país 22 Capitanes, todos naturales de Medina, de donde puede V. M. inferir los muchos que de esta repúblicas le habrán salido a servir para diferentes partes.

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CAPÍTULO XXXVII

Del estado que Medina llegó a tener

Llegó la población de Medina a casi dieciséis mil vecinos, como parece por papeles auténticos que están en poder de Francisco Fernández, Secretario de los Archivos de la Real ciudad de Valladolid.

Tuvo voto en las Cortes, y en unas que se celebraron en Burgos el año 1217, se hallaron a ellas por Medina del Campo, Rui de Medina y García de Medina y en tiempo del Señor Rey D. Enrique III en otras que se celebraron en Madrid el año 1390, se hallaron por procuradores de Medina, Gonzalo Ruiz y Juan de San Pedro, como parece de la Historia del Rey D. Alonso el Sabio, cap. XXIII, fol. 16, y el Maestre Gil González, en la Historia del Rey D. Enrique III, cap. VII.

Ha sido corte de 11 Reyes y en estos tiempos tuvo la Chancillería, que asistió en las casas de los Beltranes y Consejo de Inquisición en las casas de Juan Pascual, caballero del Hábito de Santiago del Consejo de Hacienda.

Gozó Silla episcopal en el tiempo que ha referido en la primera parte de este papel, y estuvo su iglesia mayor para erigirse Catedral, como parece de la Bula que tiene dada el año 1484, y cesó por muerte de D. Fernando de Aragón, Infante de Castilla. Instituyose en esta villa por el Sr. Infante D. Fernando, la orden de Caballería, llamada de la Jarra y Azucena el año de 1403, en la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua y los primeros que en este día la recibieron, fueron siete personas Reales: el mismo Rey D. Fernando y el Infante D. Alonso, que fue Rey de Nápoles; el Infante D. Juan, que fue Rey de Navarra; el Infante D. Enrique, Maestre de Santiago; el Infante D. Sancho, Maestre de Calatrava; que todos residían en Medina, como consta en todas las Historias generales y de los rótulos de la misma iglesia donde se fundó, y los Anales de Aragón, cap.III y XXX del libro XII, y después fue de esta divisa el Emperador Federico, el Rey S. Juan II y la Reina, su mujer; el Infante D. Alonso y la gran Reina Católica.

Armó un día Nuestra Señora, el Rey D. Fernando, en esta villa, 80 caballeros de la Jarra, y se celebraron fiestas grandísimas, según lo refiere Guardiola en la Nobleza de España, cap. III, en la tercera parte.

Estuvo en Medina del Campo el bienaventurado San Vicente Ferrer el año 1411, y en ella instituyó las procesiones de disciplinas, siendo esta villa la primera que dio principio a tan gran servicio de Dios y ejemplo para lo mismo a toda España, según se colige de la Historia y lo afirma Gil González de Ávila.

El año de 1471, se dio principio a la institución de la Santa Hermandad en estas villa y tuvo efecto a instancias de Alonso de Quintanilla, caballero natural de Asturias, de Oviedo, vecino de Medina, Contador mayor y del Consejo de Estado, primer motor para las Hermandades, y Gobernador que fue de ellas, favorecido dignamente de la Señora Reina Católica, como lo cuenta Garibay, tomo II fol. 1278, y dice que oró de manera en presencia de S. M., y los de su consejo, para que hubiese efecto, la Santa Hermandad, que parecieron sus razones inspiradas del Espíritu Santo.

El año 1481, se celebró Capítulo general en Medina de la Orden de Calatrava, para nombrar Maestre por muerte de Garci López de Padilla, según Fr. Bernardino de Montalvo en la Historia del Cister, fol. 233. Fue Medina patria del Infante D. Fernando, que fue Rey de Aragón, por muerte del Rey D. Martín de Sicilia, de cuyo gran valor cuentan las Historias que pudiendo ser Rey de Castilla, guardó gran fidelidad al Sr. Rey D. Juan, su sobrino, con admiración del mundo, gloria suya y de su Patria como lo dice Zurita (parte III, lib. XII, capítulo IX)

Nació asimismo en esta villa el Rey D. Juan de Aragón, padre del Señor Rey D. Fernando V, por quien se vio ensalzada la fe, temida de justicia, sujeta la morisma, ampliados los Reinos y sustentados en paz, como parece de un privilegio con relación a sus servicios, dado a esta villa a 23 de Agosto de 1477. Fue hijo de esta Patria el Rey D. Alonso V de Aragón y Nápoles, que se preció de connominarse el de Medina, del cual se escribe que, en medio de las grandezas de Nápoles y sus divertimentos, estaba muy de ordinario manifestando deseos de gozar los aires de Carrioncillo, donde se crió; fue tan valeroso Príncipe, que justamente mereció ser enviado de muchos y llamado de todos, como se ve en los Hechos españoles en Italia que escribió Herrera, fol. 50, y las Epístolas de Fr. Antonio de Guevara.

El Emperador Ferdinando, hermano de la cesárea Majestad de Carlos V, que le sucedió en el Imperio  y Reino de romanos, nació en Medina del Campo; sigo la opinión común que hay en esta villa y la de Illescas, en la Historia Pontifical. Tomo II, libro VI, fol. 341, y cap. III, en la Vida de Paulo IV, y añade que, estando los herejes de Alemania en la dieta de Ratisbona, y queriendo reducir al Emperador a una cosa que les era favorable, respondió: -Eso n haré yo, que soy cristiano y bebí la fe entre los macizos cristianos viejos de Medina del Campo.- Otros son de opinión que este Príncipe nació en Compluto y son los más que yo he leído,  si bien de donde lo coligen, es de que está allí la pila donde se bautizó, y aunque esto sea así, pudo nacer en Medina y bautizarse en Compluto, que donde hay opiniones encontradas y con autoridad, cada cual puede tomar la de que fuere más a su propósito.

Otros Infantes de Castilla y Aragón nacieron en esta villa, y están sepultados en ella personas Reales como lo dice Zurita (lib. XII, cap. III, fols. 60 y 123, y lib. XIV, cap. XXX, folio 234), como son la Reina Dª. Leonor en la Real, y la Infanta Dª. Magdalena, y el Infante S. Sancho Maestre de Calatrava, en San Andrés. También hay sepultados cuerpos de santos, y entre los que han sido naturales de Medina, el bienaventurado San Hermenegildo, como se ha dicho, y el P. Fr. Juan de Zuazo, cuya vida escribió Juan Antonio Daza en la Historia de San Francisco. Recibió martirio en la ciudad de Menphis, año de 1550, esmaltado su virtud la nobilísima sangre que le dio la casa de los Zuazos, de esta villa que posee D. Miguel de Zuazo, del hábito de Santiago, Caballerizo del Sr. Príncipe Filiberto, y de ella fue otro individuo de los Zuazos Obispo de Girona. El Santo Fr. Sebastián de San José,  Francisco Descalzo, natural de esta villa, de la familia de los Benaventes; recibió martirio en las islas de Tagolanda, año de 1616.

El P. Hernando Suárez, de la Compañía de Jesús, se tiene por santo en la sagrada Religión: murió en Méjico, año de 1608, habiendo predicado veinticinco años, apostólicamente, y hecho gran fruto en la ley evangélica.

El P. Fr. Juan de la Cruz, llamado en el siglo Juan de Yepes, hizo la reformación de los Carmelitas descalzos, que a la sazón era predicador de la casa que tiene en Medina su Religión calzada. Obró Dios por su intercesión muchos milagros, como parece de la información que para su beatificación se hizo en Medina a 13 de Diciembre de 1592.

Fue su hermano el Hermano Yepes, cuya vida escribió Fr. José de Velasco, de la Orden del Carmen, año de 1607, y a esta santa reformación dio principio la santa Madre Teresa, en Medina, como aparece en su libro, cap. III, y el primero que se descalzó aun antes que el santo Fr. Juan de la Cruz, fue el P. Fr. Antonio de Heredia, natural de Medina, que a la sazón era Prior del convento Calzado.

También florecieron de virtud y santidad Dª. Francisca de Bracamonte y Dª. Inés de Ortega, como lo escribe el P. Gonzaga (Crónica de San Francisco, fols. 669 y 877), y de la misma suerte Isabel de los Ángeles, hermana del patrón del hospital de Medina, donde se venera por santo; y asimismo la madre de Isabel Cortés, que falleció el año pasado de 1633; de tan ejemplar virtud y santidad como se verá en el volumen que se está escribiendo de su Vida, para cuya beatificación, a petición de Medina y sus Cabildos, se está haciendo instancia con Su Santidad, y otros muchos que dejo de referir, de excelente virtud.

Tuvieron en esta villa casa de su morada algunos Grandes y Señores de Castilla, y entre ellos el Almirante Duque de Alba, Duque de Maqueda y Nágera, que al presente es Alcaíde de su castillo llamado La Mota, y antiguamente las tuvo el Conde Lozano en la calle de Escudero; y el Cid, cuya casa está ya incorporada en el convento de Santa Isabel, y en el barrio del Azogue, la tuvo Álvar Fañez Minaya. Hacía esta villa alguna manera oposición a las mayores ciudades, y así se dijo de ella aquel proverbio común: “Que ciudad por ciudad, Lisboa en Portugal, y tanto por tanto Medina del Campo.”

Lo popular del comercio fue tan grande, que necesitaban la villa dar salario a personas que andaban de noche, con trompetillas y luz, velando para ahuyentar los ladrones y evitar los fuegos, de que siempre ha sido castigada, durante es te modo de ronda hasta el año de 1580, con otras prevenciones semejantes.

Algunas cosas manifiestan bien esta grandeza, particularmente habérsele repartido o haberse montado cuando se crecieron las alcabalas 60 cuentos de maravedíes y en una obra memorable, que fue quitar el curso al río Adaja, y rompiendo nueva corriente tres leguas de terreno, traer aquel río a Medina, por donde corrió tres días y por inconvenientes que se ofrecieron cesó,; tuvo esta villa, pasadas de 200 casas de caballeros y señores de vasallos, y por el padrón que se hizo cuando se ganó Alhama constará los muchos apellidos nobles que en Medina había.

Tenía esta villa 124 calles, 14 plazuelas y la plaza Mayor, y en la circunferencia de sus murallas 14 puertas, sin los arrabales, que eran mayores que la villa. Tuvo cuatro Palacios Reales: el que está en la plaza, y hoy permanecen sus señales; el que estaba dentro de castillo; el que estaba junto a San Andrés, que dio el Rey D. Juan de Navarra a la familia de los Rejones, y el que vivía la Reina Dª. Leonor de Aragón, que le hizo convento de monjas Dominicanas.

Tuvo 22 parroquias y los conventos que adelante diré. Las armas de esta villa son 13 roeles en campo azul; y las cuales fueron Ganadas como se dirá en el capítulo siguiente.

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CAPÍTULO XXXVIII

De las armas de Medina

El año 1195, como dije al principio, se halló la Infantería de Medina del Campo en aquella desgraciada batalla de Alarcos, siendo Capitán de ella Luis Díez, natural de esta villa, en la cual fue herido el Señor Rey D. Alonso IX y muerta toda su gente, y en el alcance tomaron muchos castillos por los moros. En esta ocasión perdió Luis Díez la gente y la bandera de Medina que llevaba, y tanto pesar sintió su valeroso corazón, que hizo juramento de n entrar en lo habido de esta villa, ni vestir seda, ni cortarse la barba ni el cabello hasta ganar  el estandarte, y en cumplimiento de lo jurado se fue a vivir a una casa pequeña, cerca de Nuestra Señora de la Antigua,  vestido de sayal; haciendo esta vida le dio el mal de la muerte, sin poder cumplir lo jurado, pero reconociendo su último fin, llamó a Sancho Díez, hijo mayor suyo, y le pidió cumpliese lo que él no podía, y que si lo hiciese, la bendición de Dios y la suya les alcanzaría y si no desde luego recayese su maldición. Sánchez Díez, que n era menos valeroso que su padre, se lo ofreció, y después de haber fallecido se quedó a vivir n la misma casa, en las mismas circunstancias que su padre, hasta que algunos años después, saliendo los cristianos a correr tierra de moros, Medina envió su Infantería y por Capitán de ella a este caballero, que no quiso llevar bandera levantada.

En esta ocasión concurrió la Infantería de Ávila y su Capitán, por conformidad de Sancho Díez y a su ejemplo, o por haber corrido la misma fortuna que su padre, tampoco llevó bandera levantada, y juntando entrambos Capitanes sus gentes, con las banderas bajas, acompañados de los hermanos Sancho Díez llegaron a Ronda, donde estaba el ejército de los moros, y en medio de él descubrieron dos estandartes Reales, que poniendo estos dos Capitanes los ojos en ellos y la consideración  en lo pasado, pelearon tan valerosamente hasta llegar donde estaba rompiendo por medio de los enemigos, que pudieron abrazarse con los que tenían os estandartes; allí fue muy reñida la batalla por defenderlos, y últimamente los ganaron y fueron vencidos los moros. El estandarte que ganó Sancho Díez tenía 18 reales blancos en campo azul, y habiéndole traído a Medina, la villa le tomó por armas, honrando a este caballero como quien tanto debía a su linaje, cuando se restauró de los moros, y Sancho Díez, en memoria de esta hazaña que él y sus hermanos hicieron, mudó el apellido de Díez en Medina, y de allí adelante se llamó Sancho de Medina, él y sus hermanos Berengario y Román, y el Capitán que fue a Baza, que llamaron el Capitán Pollino, se llamaron siempre Medinas y asimismo usaron este apellido todos los descendientes de ellos, y de aquí toma origen el nombre del linaje de Pollinos. Esta hazaña la refiere Gratia Dei en sus Blasones de armas, donde pone las de Medina con todo este suceso a la letra, sacada de otros autores antiguos, y de la Historia de Ávila en la parte IV, fol. 4, se refiere mucho de lo dicho.

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CAPÍTULO XXXIX

Del linaje de los Medinas, llamado vulgarmente de los Pollinos

Por la hazaña que habíamos referido, hecha entre Luis Díez y sus hermanos, el linaje que se originó en Pedro Díez, ricohombre d Castilla, cuando la última restauración de Medina, fue llamado de los Pollinos, atendiendo la voz común a que hazaña tan digna de memoria fue obrada igualmente por Sancho Díez y sus hermanos, todos mozos, descendientes de Pedro, y así los celebraron  llamándoles los Pollinos esto es, los Mozos, los manzabos señalados, y a sus descendientes los del linaje de los Pollinos, como quien dice: los del linaje de los mozos memorables que hicieron aquella hazaña, y así dice Gratia Dei que la hicieron hallándose todos los hermanos en ella, y la significación del nombre Pollinos también lo da a entender, pues este nombre se compone de puellus, que significa mozuelo, y de pullus, que significa cualesquiera cría o cosa de pocos años, y puella se llama la moza mujer.

Más a propósito, los antiguos llamaron pullus a los catamitos, que es voz griega, y significa los mozos que llevan sueldos, como lo hacían en aquel tiempo los caballeros que seguían milicia; esto consta de Ausonio, y Cicerón, en la segunda de sus Filípicas, y que cathamitos significa lo mismo que pullus; consta de Ambrosio Calepino, donde dice que Quinto Favio se llamó Pullo de Júpiter, que es lo mismo que mozo o joven de Júpiter, y así el nombre de Pollinos con que vulgarmente se ha llamado este linaje, es cierto proceder de aquellos mozos, que le ilustraron; vese bien esto en Gratia Dei, donde hace describiendo sus armas pone las mismas de los Medinas memoria de la mudanza de estos apellidos de Díez, en Medina, y en las armas del linaje de Medinas, de que trata, pon las mismas que las que traen los Medinas antiguos de esta villa, que son tres bandas azules y tres pajizas orladas con aspas.

Salazar Mendoza, en la Vida del Cardenal Tavera, cap. VII, dice que un antecesor de los Medinas de esta villa, siendo caudillo de los cristianos mozárabes que en ella había, la ganó de los moros, y dejando su apellido tomó entonces el de los Medinas; y Fr. Prudencio de Sandoval dice que un antecesor de Berengario de Medina, hermano de Sancho de Medina, por los hechos y valor que demostró, los de la villa le eligieron por su protector y amparador y tomó el apellido de Medina cuando su restauración; así lo refiere en el fol. LXXV de las Fundaciones de su orden:

Ariz, en la parte cuarta de la Historia de Ávila, da a entender lo mismo, de donde, con evidencia se infiere como fueron caudillos de Medina, y cómo por sus hazañas el apellido original Díez lo mudaron en Medina.

Regente de Medina, en la Nobleza de Andalucía, tratando del apellido de Pullinos, y regente describiendo sus armas pone las mismas de los de Medinas; esto se halla en todas partes, y así en la parroquia de San Esteban, en el sepulcro antiguo de los Pollinos, donde está sepultado el principal y cabeza de este linaje, tiene dos escudos encima con las armas de Medina, y un letrero alrededor, que por estar gastado no se puede leer bien, pero por las letras que han quedado parece  se pronuncia Medina, y en otro sepulcro de la Capilla mayor que está junto a éste, de Martín Gutiérrez de Medina, descendiente de este linaje y de los más allegados a él, que falleció el año de 1300. Encima de su arco están las armas de Medina, siendo su ascendencia de Pullinos. Y en San Bartolomé, convento antiquísimo, de la religión de San Benito, en el sepulcro de Berengario de Medina, reedificador de este convento y hermano de Sancho Díez, y uno de los que se hallaron en la batalla de Ronda, están las mismas armas de los Medinas, siendo sus descendientes del linaje de los Pollinos, son conformes con las de los Medinas y tenidas por ellas.

De la misma suerte, las que están en el arco de Baeza, que las puso el Capitán Pollino, siendo de los 300 hijosdalgos que ganaron aquella ciudad, son las de los Medinas, en todo, correspondientes a las demás de este apellido; lo mismo he visto en todos los blasones de armas que he leído,  los que han escrito de ellos, no habiendo bien apurado el fundamento de este linaje de Medinas, dejando señalada la voz común de Pollinos, han puesto las armas con este nombre, pero por lo que de esto he leído, y por lo que evidentemente consta de entierros, capillas, papeles de descendientes de este linaje, puedo asegurar que fue su principio el apellido de Díez en los principios de Alonso VI, y que fueron sus instituidores y confirmadores de privilegios, según los autores referidos, el cual se trocó en el apellido de Medina por la hazaña dicha, de lo que se dirá algo en las Dignidades seglares de Salazar de Mendoza, y en la Historia de D. Alonso VI, que escribió Fr. Prudencio de Sandoval Obispo de Pamplona, de los cuales fueron los primeros Medinas, y de quien tenemos más claridad, Sancho de Medina y sus hermanos, cuyo linaje por la razón dicha, es llamado de Pollinos.

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CAPÚTULO XL

De algunas familias que descienden de este linaje

De este linaje y caballeros, descienden en Medina del Campo conocidamente, tres casas: la de los Fernández de Bobadilla, que primero fueron llamados Fernández de Medina, según Alonso López de Arco, y otros papeles que vi en su poder y de la merced de Bobadilla, y de donde se colige el deudo de D. Alonso Fernández, llamado el Niño, hijo fuera de matrimonio del Rey D. Alonso, el Sabio, juzgo sin duda que le tocó por hembra, pues por el apellido de Medina conservaba su varonía hasta Diego Fernández de Bobadilla, que fue el primero de este nombre en tiempo de D- Fernando IV y D. Alonso XI; esta casa posee D. Rodrigo Fernández de Bobadilla y Montalvo, los de Bobadillas y cabeza de ella, de quien descienden los Marqueses de Moya y Condes de Chinchón, y otras muchas casas, con título de grandeza.

La de los Evanes, primero llamados medinas, que  está dividida en dos hermanos; un lugar de Eván posee D. Alonso Villarroel, del hábito de Alcántara, y el otro, D. Antonio de Eván. De esta casa de Evanes eran descendientes Rodrigo de Medina, del habito de Alcántara, y por hembra, D. Juan de Tavera, Arzobispo de Toledo, según Salazar de Mendoza, en el cap. VII, y D. Jerónimo Salazar, del hábito general de la carrera de las Indias.

La de los Gutiérrez, de Montalvo, que fue primero llamado Gutiérrez de Medina, Señores de Serrada y Peña de Esgueva la posee D. Juan Antonio de Montalvo, y de ella fueron descendientes Martín Ruiz de Medina, del habito de Alcántara, Comendador de Herrera, y otros Martín Ruiz de Medina, Comendador de Benquerencia y Juan Ruiz de Montalvo, Señor de Serrada, y Comendador de Ocaña, y Dª. María de Torres y Montalvo, camarera de la Reina Dª. Juana, y de D. Juan Ruiz de Medina, Obispo de Segovia, tío de D. Sebastián Suárez de Montalvo, y D. Alonso de la Barrera y Montalvo, de cada una de las casas descienden otras de esta villa y fuera de ella, que gozan de nuestra nobleza. No falta quien diga que este linaje de Medinas y  el de Mercados se acrecentaron el año 1208, en el cual Ávila y Medina, tuvieron sus diferencias y pusieron ejércitos en campaña, entre Ataquines y la villa de Arévalo, sobre pretensión de unos lugares que llamaban las Medianas, y estando para darse la batalla, se compusieron, quedando los lugares un año por de Ávila y otro por de Medina, en concordia que dura hasta hoy, y aunque esto pone así la opinión, de haberse acrecentado, entonces es incierta e improbable, y contra las Historias y lugares que he referido, porque ni en esta ocasión hubo cosa memorable que diese materia a ello, ni se rompió la batalla, ni fue el año que dicen, sino algunos después, porque el año de 1206, sólo sucedió la batalla con el Rey de Granada, como está referido.

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CAPÍTULO XLI

De algunas causas y accidentes para la disminución de Medina

Permaneció Medina muchos años en gran prosperidad y acrecentamiento con el favor de sus Reyes, pero como los bienes de la fortuna se gozan con la pensión de sus mudanzas, sujetos a la instabilidad de sus modificaciones temporáneas, comenzó su perdición de la manera siguiente:

El año de 1492, según Garibay, en el tomo II, fol. 1368, sucedió en Medina tan gran incendio, que se quemaron doscientas sesenta casas y algunas calles, recibiendo de esta desdicha mucho perjuicio la villa y sus vecinos, por ser en la parte de mayor concurso.

En el año 1520, que fue el de las Comunidades, y el de 1521 hasta 8 de Marzo, estando Medina pacífica en el servicio del Señor Emperador, entró en ella Antonio de Fonseca a sacar la artillería que esta villa tenía, para llevarla a batir los muros de Segovia, y aunque hallaron causa bastante para no dársela, pues no llevaban cédula Real, y sin ella no era justo darla ni otra orden, como parece por carta del Cardenal de Tortosa. En el año de 1520 a 9 de Agosto y a 17, 22 y 23 del mismo mes, según Fr. Prudencio, en la primera parte de la Crónica del Emperador (fol.152), todavía por buena conveniencia y consideración del servicio Real, se le otorgó la mitad, quedándose la otra mitad para lo que podía ofrecerse en tiempo tan revuelto, y no queriéndolo admitir Antonio de Fonseca, ni tampoco que llevándola toda, fue la gente de Medina con ella, y acabada la ocasión la volvieron a la fortaleza, y así por esto como por no ser afecto Antonio de Fonseca en medina, a causa de ser señor de Coca y Alaejos, que pocos tiempos antes era jurisdicción de Medina, y por disposición del Arzobispo de Sevilla, su tío, habían salido de esta jurisdicción con poco premio, hubo palabras con él y alguno de la villa, y entre ellos se trabó pendencia en la plaza, a la cual acudieron soldados  y gente de D. Antonio, y contra ellos fueron llegando otros de la villa sin bastar nadie a pacificar los unos ni los otros. Los soldados de Fonseca, echaron fuego a la calle de San Francisco, con unas granadas para ello a propósito, y con esta revuelta  se derramaron por el lugar haciendo miles de insultos, robando casas y matando niños y mujeres, cortándolas los brazos y orejas para quitarles las sortijas y arrancadas acuchillándolas para desnudarlas aprisa; mataron a arcabuzazos muchos niños y viejos, dando ocasión a los que hacían esto, el divertimiento de los vecinos, que unos acudían a la defensa de la artillería, otros a resistir el fuego, que iba creciendo excesivamente, y el derramamiento de sangre llegó a ser el estrago mayor que se cuenta en las Historias.

Retirose Fonseca a toda prisa, con cerca de dos mil soldados, con peligro de la gente de la villa, y estivo muchos días oculto y fuera de ella y del Reino, porque fue buscado por el Emperador para castigar su exceso. Quedóse el fuego tan arraigado, que se quemaron catorce calles, y casi toda la plaza Mayor, El Hospital de San Antolín, y el convento de San Francisco tan impetuosamente, que el Santísimo Sacramento fue colocado el el hueco de un árbol, que dura hoy en gran veneración, reduciéndose a tan estrecho lugar segunda vez, por el desacierto de aquella gente. ¿Quién podría explicarse las lágrimas y clamores de aquella gente afligida, hallándose unos sin hacienda, otros sin padres o adeudos, otros pidiendo socorro al cielo, revolviéndose en su sangre, sirviéndoles de timba montones de cadáveres? ¡Fue excesivo dolor!

egulose el daño en más de catorce millones; y el mayor fue el que los sediciosos, hasta allí disimulados, tuvieron ocasión de manifestar sus corazones, tomando voz de Comunidad con la demás gente plebeya del pueblo, que fácilmente les siguió, provocados por el sentimiento de su presente agravio; sabiéndose el suceso por Valladolid y otras villas, que hasta allí no habían tenido movimiento,
Hicieron lo mismo.

Los caballeros del lugar y gente noble, procuraron la quietud de él, así como se comenzaron a encontrar con Fonseca, como después, y no siendo bastante muchos se fueron manifestando su lealtad al Emperador en el servicio. Pues a Gil Nieto, echaron los Comuneros por el balcón sobre las puntas de las lanzas, donde fue hecho pedazos. Mataron a Lope de Vera, a Luis Téllez y a otros, el Comendador Álvaro de Lugo, Señor de Villalba se pasó al campo del Emperador, donde le sirvió como debía. Lo mismo hizo Juan Gutiérrez  de Montalvo, Señor de Serrada y Comendador de Ocaña, como parece por cédula del Emperador dada año de 1525 y Gutiérrez de Pedrosa, del hábito de Santiago, que con otros caballeros entró en una Junta de Comuneros, y dio garrote a cierto sujeto que representaba la cabeza de ellos, como aparece por carta escrita del Condestable al César, año de 1521, y después se fue al campo del Emperador, lo mismo hicieron otros caballeros; el Dr. Beltrán, del Consejo del Emperador, fue preso de maltrato de los Comuneros; y otros amigos y deudos, que en esta villa tenía Antonio de Fonseca, se salieron huyendo de ella porque no les matasen, siendo files servidores del Emperador. Los Señores de Bobadilla, fueron a Bobadilla, temiendo lo mismo, y Rodrigo de Morejón, fue al Principado de Asturias a prender a Juan Ruiz de Tavera, porque había incurrido en esa Comunidad, y muchos ciudadanos y gente lúcida de Medina se fueron al campo del César, donde sirvieron por soldados, y entre ellos hazañosamente uno llamado Nieto, al cual, teniendo el ejército del César cercado a Tordesillas y habiendo hecho en el muro un agujero pequeño, que apenas cabía, se arrojó por él a la villa con una espada y una rodela a la vista del Conde de Haro, estando dentro muchos soldados que la defendían y 400 más arcabuceros que traía el Obispo de Zamora. Esta hazaña fue pacto para que se ganase Tordesillas, con gran admiración de todos, y es muy para ponderar que en medio del sentimiento de Medina, y cuando más indignación mostraban los corazones vulgares, queriendo Padilla tomar la artillería y siendo cabeza de la Comunidad, no le quisieron dar más de dos piezas y después de la batalla de Villalar, fue la segunda villa que se redujo a la obediencia Real, siendo la más probada y la que mejor se pudiera defender, pues tenía muchas armas y gente y se reconoció que en el daño que hicieron, el tiempo que estuvieron indignados en los lugares de Antonio de Fonseca, como todo aparece n la Historia del César, que escribió Fr. Prudencio de Sandoval y en las Epístolas de Guevara, folios 102, 117 y 246 , y Garibay, folios 102, 117 y 246.

A esta pérdida se siguió la del año 1575, que fue el de el Decreto que atrasó mucho las cosas y cesaron los cambios y pagos de letras en Medina por tres años, y fueron para siempre si la Majestad del Señor Rey D. Felipe II no hiciera poner remedio mandando a Juan de Ortega, natural de Burgos, que pusiese cambio; Hízolo así´, y siguiéndole otros, se enmendó en algo lo pasado. El mismo año fue el de el crecimiento de las alcabalas, y tanta suma de maravedises tocó a Medina del Campo, que no se pudo encabezar por ella. Enviaron administradores, y con tanto rigor procedieron registrando, denunciando y cobrando de diez uno, que fueron causa de perderse los cien días que la villa tenía francos, porque los mercaderes de Francia, Flandes, Italia, Florencia, Inglaterra, Portugal y otros países, y los de los puertos de la mar viendo el rigor de los administradores, mandaron a sus factores deshacerse de las mercancías que tenían en las lonjas y retirarse a sus casas. Lo mismo hicieron los naturales del Reino y los que solían acudir a Medina a vender y a abastecer, viendo que no se guardaban los cien días dichos, se fueron a vender a otros partes donde lo podían hace con frecuencia, y finalmente de tal suerte obraron los administradores, que nunca las ferias han vuelto al estado que tenían antiguamente, A los cambios y pagos que se celebraban en Medina; concurría tanta gente, que suplían parte de lo que faltó con las mercancías, y así duró hasta el año 1596, en el cual fue el segundo decreto, y con él se acabaron de rematar los cambios y se comenzó a conocer plenamente la total perdición de Medina.

Tenía privilegio Medina para que se fueran a hacer allí los pagos y precios de cambiar dineros para diferentes Reinos, y hoy, para cumplir con esto ceremoniosamente, envían allí los hombres de negocios tres o cuatro criados cada uno con poder de muchos, y esto hacen el ciento que llaman de cambiar, siendo todo propter forma y no como deben,  en que recibe infinito perjuicio Medina del Campo, y aunque ha replicado diferentes veces y pedido cumplimiento de sus privilegios y antiguas Ordenanzas y restitución de sus recursos, no lo ha podido conseguir, y hasta hoy se está altercando la materia en junta particular, como me lo aseguró el Duque el año 1632 hablándole de ella y de la pretensión principal sobre que es este  papel, asegurándome los deseos que V. M. tiene de honrarla, y su intercesión, y ha más de veintidós años que no se toma resolución, padeciendo siempre la villa y sus vecinos sin ningún alivio.

Tenía Medina del Campo otra franqueza de ocho mercados que comenzaban el Jueves Santo y corrían ocho jueves siguientes, a que acudían gran cantidad de ganados, por ser para este efecto, y también se lo han quitado.

También tenía privilegio para que todas las mercaderías de fuera del Reino no se desenfardases hasta llegar a Medina y de allí se abastecían todas las partes.

Las pagas de lanas y puertos secos, naipes, solimán y azogue, que están situados en nuestros derechos, las personas por cuya cuenta corren, tiene obligación de hacerlas en Medina y tener allí su casa, y no cumplen, haciéndolas donde les parece y como les está mejor, en daño de esta villa, que con su poco poder no pueden obligarlos a lo principal.

La Majestad del Señor Rey Felipe II, el año de 1597, agregó al Obispado de Valladolid la Abadía de Medina del Campo, que con jurisdicción separada la regia del Abad que le tocaba, con mucho lustre de la villa y de la iglesia colegial, sobre lo cual han replicado diferentes veces, porque de habérselas quitado se han seguido y siguen grandes pleitos con Obispos y a particulares, que hasta hoy duran y durarán, si no se reduce el primer estado, que todo es en grande daño de esta villa.

Tenía Medina del Campo por sus lugares de jurisdicción todos los que contribuyen a la eclesiástica, que son más de cincuenta, y algunos de ellos de mucha población, que hoy son villas muy considerables, y todo se lo han ido quitando unos por merced de los antecesores, de V. M. han hecho de ellos, otros por venta y empeños para servir en ocasiones de guerra que se han ofrecido, y últimamente con las muchas permisiones de las venta de vasallos se ha estrechado tanto la jurisdicción de esta villa, que está reducida a cinco lugares, lugares muy cortos, y siendo su corregimiento el mejor de Castilla, que valía 4.000 ducados, en cuyo gobierno asistieron muy ilustres caballeros, hasta el año 1624, y Tenientes de mucha autoridad; está tan acabado su valor, que apenas puede sustentar Corregidor ninguno y se halla en términos de gobernarse por alcaldes ordinarios, como la más triste aldea.

La Majestad del Señor D. Felipe III (g.s.g.h.), deseando que su acostumbrada piedad, algún medio a las pérdidas, la honro con la Cancillería y Consejo de la Inquisición en 1600, y si permaneciera allí tuviera efecto el deseo que S. M. mostró de remediarla; pero habiendo asistido allí casi dos años, la mudaron a Burgos, y así se convirtió en grave daño lo que parecía provecho porque todos los que pudieron y otros que buscaban modo, edificaron y buscaron modo de otros gastos, juzgando más permanente aquella merced, y estos quedaron perdidos y la villa también, porque en seguimiento de la Real Audiencia se fueron gran cantidad de Oficiales y gentes que hicieron falta en la villa. Y para que la Cancillería hiciese asiento en Medina, le mandaron pasar los cambios a Burgos, y Cuando la Cancillería se mudó de allí a Burgos los volvieron a Medina, pero tan destruido de todo, que desde entonces quedaron como hoy, y toda la contratación que hasta el tiempo dicho duraba, con algo de la grandeza pasada.
Entre las pérdidas grandes que Medina ha tenido, lo que más pena comunicó a los corazones de todos fue aquella tan sabida como lastimosa desgracia del año 1629, cuando desprendiendose las bóvedas de la iglesia de San Agustín, un Viernes Santo, en el Sermón de la Soledad, se vio un riguroso castigo de Dios, ejecutando por sus secretos juicios en más de doscientas y treinta personas, que de improviso perdieron la vida, con tanta atrocidad, que por iglesia, claustro y calles sólo se veían cuerpos hechos pedazos y arroyos de sangre, y después murieron otras muchas de las heridas allí recibidas.

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CAPÍTULO XLII

Del estado en que al presente se halla Medina del Campo

Con tan mal afortunados sucesos llegó medina a tan inferior estado, que a principios del año 1631, se hallaba con casi mil vecinos, y desde ese año hasta el presente de 1633, corre tan aprisa su perdición, que le han faltado 350 familias, a causa de la pasada necesidad del pan, valiendo la carga de trigo a 300 reales, que con esto y graves enfermedades que se siguieron, está de manera que no se halla con 700 vecinos, y se han muerto 1.800 personas.

Cada día se van reconociendo nuevas y excesivas pérdidas, cayéndose las casas de veinte en veinte por barrios y calles enteras, en tanto grado,  que son pocas las que se pueden pasar sin peligro y muchas las que se pudieran dar de balde, porque haya quien las habite y vivan en el lugar. Consérvanse al presente entre esta vecindad 15 parroquias, San Pedro; Santo Tomé, donde está sepultado el Almirante Torralba y el General Garibay, que entrambos en servicio de V. M., supieron cumplir sus obligaciones; San Esteban, en cuya Capilla mayor están enterrados los Señores de Serrada, y García de Montalvo, que sirvió en la jornada de Portugal, cuya hija mayor casó con Diego de Escobar, del hábito de Santiago, Gobernador de Cádiz y Cartagena de las Indias, que también está enterrado en ella, habiendo sido primeramente esta parroquia convento de Santo Domingo; San Nicolás, Nuestra Señora de la Antigua, Santa Cruz, entierro de los caballeros Morejones, descendientes de uno de los linajes  más antiguos y que han servido a los antecesores de Vuestra Majestad con gran lucimiento, hasta D. Pedro Morejón, que hoy posee el hábito de Santiago, y paje del Señor Rey Felipe III, hermano de D. Diego y D. Francisco Morejón,, Canónigos de la santa Iglesia de Toledo, y sobrino de Hernando de D. Juan de Rivera Morejón, que murió siriendo a V. M. en la Suprema Inquisición, de cuya casa fue D. Antonio Morejón Inquisidor de Córdoba.

Santa María del Castillo, entierro de la ilustre familia de los Castillos y donde está sepultado el Coronel Mondragón, crédito de la nación española, que sirvió en Flandes con la aprobación que sabe el mundo; de esta familia fue el Fiscal Castillo de Bobadilla, que escribió las Políticas, y D. García del Castillo, del hábito de Santiago, Caballerizo de la Reina nuestra Señora, y en el mismo tiempo de Mondragón fue el Maestre de Campo Durango, que sirvió como debía.

San Juan de Sardón, entierro de los caballeros Quintanillas, de cuyos grandes servicios, particularmente a los Reyes Católicos, son bien referidos en las Historias y en la Batalla de las Navas, según el Obispo D. Rodrigo, cap. CCXL, y Mármol en la primera pare, lib. II, cap. XXXVII, dice que llevaban la vanguardia D. Diego Lópes de Haro y D. Ruy Díez de Quintanilla con los caballeros Freiles de los cinco Reinos, y también lo refiere Ariz. Debe V. M. a Alonso de Quintanilla la conquista del Nuevo Mundo, como se ve en la primera parte de la Conquista de las Indias, cap. VIII, fols. 15 y 16, pues a la protección de Alonso Quintanilla pudo Cristóbal Colón permanecer por ocho años en la corte, contra la opinión de muchos, y con la intercesión de este caballero, conseguir lo que pretendía tan a favor de esta Corona, y el año 80, habiendo cercado el turco a Rodas, se hizo poderosa armada para ir a socorrer, corriendo esta prevención por cuenta de Alonso de Quintanilla, que con gran diligencia juntó en los puertos de Santander 59 navíos con que fue socorrida la Religión de San Juan y libre de asedio.

De esta religión ha habido muchos caballeros en Medina, y entre ellos tuvieron realce Francisco Sarriá, gran Bailio de Lora, Comendador de la Bóveda, que fue electo Gran Maestre, y el Comendador Fernán Ruiz del Corral, que fue General de las galeras de la Religión, en que hizo muy particulares servicios.

Santiago.- En esta parroquia están enterrados Diego de Saldaña, Maestresala del Señor Rey D. Enrique, su Embajador en Roma, Portugal y Francia; que él y su mujer, Dª. María de Bobadilla, tuvieron a su cargo algún tiempo a la excelente Srª. Dª. Juana de Portugal. Fue su hija Dª. Francisca de Saldaña y Bobadilla, dama de la Reina Dª. Juana; casó con Hernán Pérez de Meneses, vecino y regidor de Medina, cortino de la casa de los Señores reyes católicos, su embajador en Portugal y Francia, cuyo hijo fue el comendador Antonio de Meneses, del hábito de Calatrava, que casó con Dª. Aldonza Manrique, hija del Marqués de Aguilar, todos sepultados en esta parroquia, cuya hacienda poseyeron  después sus nietos D. Juan Estrada, Fiscal de Granada y D. Antonio Canónigo de Valladolid, y Dª. Juana de Meneses, mujer de Pedro Ossorio, como consta de papeles auténticos que están en su poder.

San Martín.- Entierro de los caballeros Riveras, de esta villa, que fundó el Comendador Pedro Rivera, Caballerizo de los Reyes Católicos, hermano segundo de la casa de los marqueses de Malpica, que todos han servido a V. M., hasta D. Antonio de Rivera, Gobernador de Aranjuez y D. Rodrigo de Rivera, del hábito de Santiago, Capitán de la gente de Milicia de esta villa, ambos hijos de D. Pedro de Rivera, Corregidor de Salamanca, que sirvió en otras ocasiones.

San Salvador, San Juan del Azogue, San Miguel.- Entierro de los caballeros Nietos, cuya fidelidad lució tanto en servicio de la Majestad del Señor Emperador y tiempo de las Comunidades.

San Facundo.

San Antolín.- Iglesia colegial, fundación del Señor D. Fernando de Aragón, amplióla mucho D. Juan Ruiz de medina, que estudió en el Colegio de San Bartolomé de salamanca; fue Embajador de Roma, Obispo de Segovia, Presidente de Valladolid, Gobernador de estos Reinos y Abad de esta santa Iglesia, a quien siguieron en esta dignidad D. Sebastián de Mercado, Obispo de orense y D. Juan Antolínez Bricianos, Obispo de Jovenayo; D. Rodrigo Ruiz de la Cámara, Obispo de Salón, y D. Fr. Alonso Delgado, Obispo de Honduras, todos Abades de esta santa Iglesia y naturales de esta villa.

De estas parroquias, algunas ocupan sitio tan desierto, que no se permite quedar en ella la plata del servicio del culto divino, y se guarda en diferentes partes, por no tener ningún vecino cerca, y solían estar en lo mejor y más poblado del lugar.

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CAPÍTULO XLIII

De los conventos

Tiene nueve conventos de Religiosos: San saturnino, Orden de Canónigos Reglares de Premonstre, cuya fundación es antiquísima. Reedificóle Andrés Boca y dotóle de grandes posesiones; habiendo sido de Templarios, año 1.200: trajo los Religiosos de San Pelayo de Cerralo, que eran tenidos por santos; gente muy penitente; fue tan poderoso, que se reedificó a su costa el Castillo que llaman la Mota, y sirvió con él al Señor Rey D. Alonso IX, en cuyo servicio sustentó grandes campañas de gente de armas, según Fr, Bernardo de León, en la Crónica de esta Religión, fol. 150. Arg. De Molina en la Nobleza de Andalucía, y el Arzobispo D. Rodrigo en su Historia General, cap. CCXL, dice que se halló en la batalla  de Las Navas, y de él hacen mucha mención, y de él se halló sepultura en la Capilla mayor de este convento, donde está enterrado, y después de muchos años, abriendo su sepulcro, le hallaron con espuelas doradas. Indicio de Caballería, que contradice la opinión de ser hombre buen, y en esta consideración, dice el Arzobispo D. Rodrigo, que cuando el primer encuentro de la batalla de Las Navas, siendo el que rompió el Señor de Vizcaya, rompió por el medio de los moros con los hijosdalgos de Castilla, y pasó de la otra parte, y queriendo hacer lo mismo el pendón de Madrid, fueron resistidos los que con él iban, y  obligados a retirarse a presa, y como fuesen parecidos la seña del pendón del Señor de Vizcaya y las del pendón de Madrid, el Rey D. Alonso dijo, tomando a unos por otros: -Perdidos somos, que el Señor Vizcaya es el que huye.- Y respondió Boca, ciudadano de Medina del Campo: -No, Señor; los que huyen, los villanos somos, que los hidalgos, adelante van con D. Alonso Lope de Haro  y Tello, y sí, él era. Ejemplo bastante es de la verdad que corría en aquellos tiempos, pues siendo tan rico que sólo por su caudal merecía el favor de los Reyes; mucho era confesar este nombre. Este convento, fue sin duda fabricado en tiempo de los godos, según lo que se reconoce en su Capilla mayor y otras dos que tiene a cada lado, que era muy común modo de fabricar en aquel tiempo, como se ve en algunas casas que de él hay en el Orden de San Benito, particularmente, en el que edificó el Rey Recesvinto, como lo dice Fr. Prudencio de Sandoval.  Véase su antigüedad en que tiene pila de Bautismo, de donde parece que antiguamente tuvo parroquia este convento.

Tuvo también jurisdicción, según parece de la Historia de su Orden, en todo lo que toma el arrabal de la calle de Ávila, desde la puerta de Ávila afuera, gozando de este privilegio hasta que el Señor Rey D. Felipe II, respecto de algunos escándalos que sucedieron, lo quitó, ofreciendo hacer merced a este convento, en su recompensa, y dice que de aquí tomó, en memoria de lo referido, la costumbre de poder salir los Abades, de este convento con mitra y báculo pastoral, en la procesión de la octava del Corpus, que se celebraba el lunes de la infraoctava, desde su casa hasta la puerta de la villa, que está junto a ella, y allí se le quita la mitra y se le pone bonete, con lo que prosigue la procesión todo lo que anda dentro de la villa hasta volver a salir, y en la misma parte vuelve a tomas la mitra hasta su casa. Tiene esta casa, entre otras reliquias, un brazo de San Juan Bautista.

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CAPÍTULO XLIV

Del convento de San Bartolomé.

El convento de San Bartolomé de monjas Benitos, fue primero de Canónigos Reglares y después parroquia de clérigos, según Fr. Prudencio de Sandoval, y reedificóle Verengario de medina, y subordinándole al abad Juan de Sahagún, con licencia de su mujer y del Rey D. Alonso IX, como parece, de un privilegio suyo dado en Burgos, año de 1232; y más claramente, de la donación que de esta casa hizo Berengario de Medina, su patrón, a la casa de Sahagún, cuyo tenor, por ser muy particular, pondré aquí, traducido del original, que está en el archivo del convento que en nuestro castellano es como sigue:

“En Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; notoria cosa sea a dosos, así presentes, como venideros, como yo Verengario, y mi mujer Bona juntamente con nuestros hijos, Rodrigo Martín y Romana, y nosotros los Canónigos de San Bartolomé de medina, conviene, a saber: Egido Tabulario, Juan y Pedro; Juan con los confesos del mismo lugar; Martín Galindo, Martín, Miguel, Juan, Domingo y Ubillermo, damos y cedemos la iglesia de San Bartolomé con todas sus pertenencias, al monasterio de San Facundo y a ti, Juan, Abad, y a todos tus sucesores, para siempre para que desde hoy en adelante, el Abad de San Facundo tenga tanta potestad sobre la dicha iglesia de San Bartolomé, cuanta tiene el mismo Monasterio de San Facundo en y sus Prioratos, y que según fuere de voluntad, rija y disponga de las casas de la misma iglesia, como rige y dispone los otros Prioratos con el consejo de los Padres, y que tenga el Abad el reconocimiento de sujeción  de todos los años veinte moyos de vino de lo mejor que hubiere en dicha casa. Item: que haya seis monjes con su Prior, el cual le quite y ponga el Abad de San Facundo, según fuere su voluntad. Item: todos los diezmos de los frutos, donaciones y rentas, se gasten en utilidad de la iglesia, por mano del Prior y patrón, y uno sólo tenga derecho al patronazgo; en primer lugar, el Sr. Verengario, edificador del mismo lugar; después de él su mujer, si viviere; después su hijo mayor Rodrigo; después del Martín, el menor, si vive. Pero si estos dos hijos no vivieran, tenga derecho el patronazgo el nieto de hijo o hija que fuere mejor y más docto, excluyendo siempre el derecho del patronazgo a las hembras y después de los nietos, así de hijo como de hija, se admite el derecho al pariente más cercano, mayor y mejor del Sr. Verengario, pero si no se hubiere como patrón, y no se pudiere aprobar, pierda el patronazgo, y todos los patronos tengan en la forma dicha el patronazgo, si fueren legítimos parroquianos de la misma iglesia, y en ella eligieren para sí sepultura. El Sr. Verengario y su mujer e hijos Rodrigo Martín, tenga cada uno su porción todos los días, pero los demás que fueren patronos la tengan como uno de los monjes. Y si alguno de los parientes cercanos del Sr. Verengario viniese a grande pobreza, le admitan a la caridad en la casa de San Bartolomé, o en la de San Facundo. Item: cuando los monjes hicieren procesión, sobre la sepultura del Sr. Verengario y su mujer hagan particular oración por ellos, y de esta manera damos y concedemos la dicha iglesia de San Bartolomé de Medina, en todo y por todo, el monasterio de San facundo y a ti Juan, Abad, y tus sucesores, para que, como dicho es, lo posáis a juro hereditario, para siempre, de tal manera que desde este día en adelante pertenezca al monasterio de San Facundo t la tengáis, y rijáis y hagáis de ella como de los demás Prioratos; y si alguno de os nuestros o extraños tentase contravenir a esta escritura, hecho por nosotros, y corraborada legítimamente en nuestra junta, sea maldito y descomulgado, y condenado al infierno con el traidor de Judas y peche de pena al monasterio de San Facundo 1.000 libras de oro, y otras 1.000 a la regia potestad. Hecha esta carta, era de 1234, en Medina, y en las Nonas de Junio, reinando el Rey D. Alfonso en Toledo y Castilla con la Reina Leonor y su hijo Fernando; gobernando por él a Medina Pedro Fernández; siendo Juez Pedro Domingo; Alcaldes, D. García, Pedro Martín de Vidales, Raimundo Negro y Juan, con sus compañeros Sayón y Pedro Ferrón. Yo, pues, Verengario y mi mujer Bora, y nuestros hijos Rodrigo, Martín y Romana, y nosotros los Canónigos de Medina; conviene a saber: Egido Tabulario, Juan y Pedro; Juan con los profesos del mismo lugar, Martín Galindo, Martín, Miguel, Juan, Domingo y Ubillermo, corroboramos y formamos esta carta, la cual mandamos hacer y oímos leer, y hacemos nuestras firmas, siendo testigos: Cebrian Cebrianes, D. Rodrigo, hijo del Cebezudo; D. Juan, hijo de la Avela; D. Gutierre, Esteban de Olmedo, Domingo Pudiez Roldán; D, Juan hijo de Juan Aljambre; . Pascual, D. Nuño y su hijo Juan Moro; D. Pedro hijo de Pedro Ríquez; D. Juan Bernardagón, D.Fortes y Pedro Lozano.” La cual donación, desde luego, parece que tuvo efecto, según perece, de otra que este convento hizo de una casa doce años después, cuyo tenor es este:

“Conocida cosa sea a odos os hombres que esta carta vieren, que yo Mateos, Prior de la casa de San Bartolomé, con el Sr. D. Gil y con el Sr. D. Pedro, hacemos carca de cambio con D. Cristóbal Giraldo y con su mujer, Dª. Pascuala, y nos el Prior y los monjes que van dichos, dimosle una casa en linde de él en la calle que dicen de Blanco Palomino, entre nos y él. Y diónos D. Cristóbal Giraldo y Dª. Pascuala, su mujer, dos alamadas de viñas, con linde de él, y del otro cabo, en linde D. José, fijo del D. Mateo de la Seca o del otro cabo en linde de D. Cristóbal, hijo de D. Bonal. Esta viña en carrera, de carrera, nos el Prior, y los monjes, y D. Cristóbal Giraldo y su mujer, Dª. Pascuala, somos pagados de este cambio; y yo, Abad, D. Nicolás, de San Facundo, lo otorgo y por mío sello porque fuese esta carta más firma. Testigos: Francisco Fernández, el Arcipreste; D. Raimundo, Vicario; D. Cristóbal, D. Blanco Lazarero, Juan Blanco García, Josef Lazarero, García Gutiérrez, e D. Gutiérrez Vara, Cristóbal Negral, Cristóbal Faje, 1246.”

Este convento tiene mucha devoción respecto del Santo Cristo, cuya antigüedad he referido, por cuya intercesión obra Dios muchas misericordias, y la mayor es hacerle conservado desde tan largos tiempos. En esta iglesia tiene en ella el cuchillo con que degollaron a San Bartolomé, de maravillosa hechura, y otras reliquias de mucha veneración, como todo lo refiere Fr. Antonio de Yepes en su Crónica de San Benito, en el tomo III.

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CAPÍTULO XLV

Del convento de San Francisco

El convento de San Francisco, según lo escribe el P. Gonzaga en el Cronicón de su Orden, describiendo la provincia de la Concepción, dice tener mucha antigüedad y haber sido fundación del glorioso santo. Quemóse en tiempo de las Comunidades, y en él muchos papeles que pudieran dar razón de las cosas antiguas de esta casa y otras, y asimismo se quemó más de millón y medio de mercaderías, que en telas de Millán, oro, piedras y otras muchas cosas, habían metido en él los tratantes cuando la revolución de las Comunidades. Reedificóse luego con muchas limosnas de mercaderes, y algunas del Sr. Emperador Carlos V, cuidando de esta fábrica Juan de Briones, Contador mayor que había sido de los Señores Reyes Católicos, cuya casa posee ahora por su mujer, D. Francisco de Viamonte, del hábito de Calatraba, gentilhombre de boca de V. M.

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CAPÍTULO XLVI

Del Carmen

Santa Ana, de la Orden de Nuestra Señora del Carmen, la fundó en este lugar un caballero del apellido de Renciso, que decía ser natural de Ávila, profesaba mucha virtud y llevado de la misma tomó el hábito y murió santamente, cejando al convento casi toda su hacienda, con lo cual había fabricado la mayor parte de él. Reedificóse después, por Juan de Salazar, natural de Medina, mostrando en lo ilustre de la fábrica su mucha devoción y cristiandad.

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CAPÍTULO XLVII

San Andrés

El convento de San Andrés, de la Orden de Santo Domingo, según el Obispo de Manópoli, en el tomo II, y Zurita en la parte III de sus Anales, fol. 123, lo fundó el Infante D. Fernando, que fue Rey de Aragón, año de 1406, mudándole de la parroquia de San Esteban, donde primero estaba; tiene muchas cosas dignad de toda noticia, como largamente pone el Obispo de Manópoli y entre ellas una Capilla particular de los Nogueroles y Tejadas, cuya casa posee D. Antonio Noguerol y Tejada, de la que fue D. Juan Álvarez de Tejada, Alcalde de hijosdalgos y Oidor del Perú, y otros caballeros de mucho nombre y lustre.

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CAPÍTULO XLVIII

De San Agustín

Nuestra Señora de Gracia, del Orden de San Agustín, es fábrica muy insigne y dotación de las Frías, cuyo patronato y casa posee D. Manuel de Rojas, del hábito de Calatrava y Caballero de V. M.

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CAPÍTULO XLIX

La Trinidad

Es su advocación del Espíritu Santo, de la Orden de la Santísima Trinidad, Calzados.

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CAPÍTULO L

Compañía de Jesús

San Ignacio, insigne colegio de la Compañía de Jesús, cuya fábrica merece toda alabanza; es fundación de los Quadrados, familia de las conocidas de esta villa por su mucho lustre y autoridad.

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