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Palacio
de Dueñas:
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Palacio de Dueñas |
Construido
por el Dr. Diego Beltrán, miembro del Consejo de Indias, Oidor del Perú,
a partir de 1.528, siendo el arquitecto Luis de Vega, maestro arquitecto del Emperador Carlos I. De
los planos y la decoración se encargó Esteban Jamete.
Joya de la arquitectura
renacentista.
La obra estaba
terminada en 1.543. Su primer inquilino fue Ventura, hijo del doctor Buenaventura
Beltrán, casado con doña Beatriz de Castilla, quien cedió
el suntuoso edificio a su hija Mariana Beltrán casada con Francisco de
Dueñas y Hormaza, primogénito de Rodrigo Dueñas, consejero
de hacienda del Emperador, pasando a manos de este mayorazgo casi hasta nuestros
días. Los escudos de la portada son los del doctor Beltrán. Tiene
un extraordinario artesanado.
Es de planta
cuadrada con una torreta en uno de sus ángulos, su patio interior es rectangular
y con dos alturas formando arcos rebajados en sus cuatro lados con columnas estriadas
en piedra y una decoración escultórica en los delicados capiteles,
medallones, escudos, balaustradas... (Caso único en la Villa, ya que los
patios de las otras residencias mantienen solo tres de sus lados porticados, a
usanza medieval).
El estilo es
renacentista, muy italianizante.
La escalera
de tipo claustral se construyó con peldaños monolíticos,
por donde se tiene acceso a la planta superior.
En este palacio
se hospedó el emperador Carlos V en su camino de retiro a Yuste, después
de su abdicación.
En la casa de
don Miguel de Dueñas estuvo alojado desde 1.766 á 1.781, en que
muere, el primer Marqués de la Ensenada, don Zenón de Semodevilla
y Bengoechea.
Ha estado habilitado
para Instituto Nacional de Bachillerato.
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El
palacio de los Dueñas es, sin duda alguna, uno de los edificios civiles
de mayor calidad artística de cuantos se levantaron en la Medina del Renacimiento.
Construido a instancias del primer Consejero de Indias Dr. Diego Beltrán
(su escudo de armas es el que preside la portada de acceso) durante el segundo
cuarto del siglo XVI, su traza y ejecución corresponde al arquitecto real
Luis de Vega, participando en su ornamentación, entre otros, el escultor
Esteban Jamete; los maestros de cantería Pedro de la Piedra, Diego de Soba
y Aparicio de la Vega; el rejero Cristóbal González, y el carpintero
Francisco de la Fuente que es quien realiza los espléndidos artesonados,
de los cuales aún subsiste el del zaguán de entrada.
Muerto el Dr.
Beltrán, la mansión pasa a manos de su hijo Ventura; posteriormente,
al matrimonio formado por Francisco de Dueñas y Mariana Beltrán
(nieta del fundador) y, a partir de entonces, a los herederos de su mayorazgo.
Alojamiento eventual de reyes -recuérdese la famosa escena de Carlos V,
camino de Yuste- y sede provisional de la Chancillería entre 1602 y 1604,
fue la última morada, en su destierro, del Marqués de la Ensenada.
Ya en nuestro siglo, en el otoño de 1916, los Marqueses de Argüeso
adquieren el edificio a los descendientes de los Dueñas con la intención
de replantear el patio y la escalera en Madrid, traslado que afortunadamente no
llegó a producirse. En diciembre de 1950, el Estado compra el inmueble
a los propietarios de entonces, los duques de Sueca, para instalar en él
un instituto laboral y desde entonces ha servido como centro de enseñanza.
Los testimonios más antiguos que conocemos acerca de su construcción
se remontan a 1528 y se refieren a la labra de la puerta del zaguán que
da paso al magnífico patio porticado. En abril de 1529 se cierra la fachada
de la entonces calle de Santiago, se cubren el zaguán y el piso principal,
y, en diciembre de 1530, comienza la construcción de los tejados; en 1533
se labran la mayor parte de las medallas y demás aderezos del patio, y
diez años más tarde las obras se dan por terminadas, aunque hay
constancia de intervenciones posteriores de reparación, como, por ejemplo,
la de las molduras y otros elementos ornamentales del patio en 1581.
La planta del
edificio es cuadrada, dispone de dos plantas y en uno de sus ángulos se
alza una torreta; los vanos de la fachada se cubren, en la planta baja, por buena
piezas de forja con forma de celosía. La portada de acceso es adintelada
y flanqueada por columnas; el cuerpo superior, rematado con frontón triangular,
recoge el escudo de los Beltrán entre dos angelotes y, más arriba,
dos bustos en relieve enmarcados por medallones circulares. El zaguán de
entrada, cubierto por un extraordinario artesonado, da paso al magnífico
patio rectangular porticado de dos plantas, formado por arcos rebajados y columnas
que ofrecen bellas decoraciones escultóricas en sus capiteles; una hermosa
escalera de tipo claustral nos permite el acceso a la planta noble.
El patio
porticado
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Patio porticado del Palacio de Dueñas |
El conjunto
de medallas dispuestas en las enjutas de los arcos de este patio es un signo de
homenaje a la monarquía por parte de sus primeros propietarios, cuyo modelo
inmediato hay que buscarlo en la serie similar del palacio de D. Francisco de
los Cobos (hoy Capitanía General) de Valladolid, obra del mismo arquitecto
y de los mismos escultores. Idealizando sus facciones, van apareciendo de forma
sucesiva los bustos de los reyes castellanos desde Fernando I hasta Felipe el
Hermoso, ya fallecido cuando se ejecuta la obra. Incomprensiblemente falta Sancho
II, y se incluyen los dos reyes de la secesión leonesa, Fernando II y Alfonso
el de Badajoz, así como los reyes consortes Alfonso el Batallador, Fernando
el Católico y el ya citado Felipe el Hermoso; la ausencia de Dª Juana
(+1555) nos da a entender que en momento de terminar el conjunto, la desdichada
reina aún no había fallecido.
Para una lectura
correcta de estas medallas, hemos de situarnos en el ángulo más
cercano al arranque de las escaleras y, comenzando por la galería del noreste
(la más alejada de la entrada principal), recorrer el perímetro
del patio en sentido contrario a las agujas del reloj hasta llegar al punto de
partida:
Los monarcas
representados entre los arcos de la planta baja son los reinantes entre los siglos
XI y XIII: Fernando I, Alfonso VI, Dª Urraca, / Alfonso VII, Alfonso IX,
Fernando II (estos dos últimos, reyes privativos de León y colocados
en orden contrario), Alfonso VIII, / Sancho III, Alfonso IX, Enrique I, / Dª
Berenguela, Fernando III, Alfonso X y Sancho IV.
Los siguientes
se encuentran entre los arcos de la galería alta, pero dispuestos en sentido
contrario al que hemos observado hasta el momento; es decir, recorriendo ahora
el patio con el sentido de las agujas del reloj, veremos, desde el punto de partida
primitivo y de forma sucesiva, las efigies de Fernando IV, Alfonso XI, Pedro I,
Enrique II, / Juan I, Enrique III, Juan II, / Enrique IV, Isabel I, Fernando V
y Felipe I. Las tres medallas restantes (galería superior del ala noreste)
son copias instaladas durante la restauración del patio llevada a cabo
entre 1985 y 1986 y representan a los reyes que se encuentran en el pórtico
de enfrente, pero con el orden invertido; dichos espacios, según el planteamiento
original de la serie, deberían corresponder a Juana I, Carlos I y Felipe
II. Conviene recordar que en el antepecho del coro de la iglesia conventual de
Santa María la Real de Dueñas
pueden admirarse dos medallones ejecutados con la misma traza que los aquí
dispuestos.
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El
Palacio de Dueñas
José Ignacio Espeso
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Patio porticado del Palacio de Dueñas |
En este nuevo
comienzo del curso escolar, quiero dedicar estas líneas a todos los que
por este fabuloso edificio pasamos, a los que están y a los que estarán,
para que lo conozcan, lo cuiden lo conserven y lo del a conocer.
De planta cuadrada,
este edificio construido bajo la dirección del arquitecto regio Luis de
Vega, presenta dos alturas, alcanzando alguno de sus ángulos una torre
que es visible desde la hoy calle de Santa Teresa, antigua calle e Santiago. Y
en el ángulo opuesto, en su planta superior, una ventana esquinada, típica
de la arquitectura palacial renacentista y que hoy desafortunadamente se encuentra
ciega.
En la fachada,
que da a la citada calle de Santa Teresa, destaca en su parte central l escudo
de armas de los Beltrán escoltado por dos angelotes. Y encima de ellos
y junto al remate triangular, aparecen las figuras de dos bustos en relieve, de
una mujer, situada a la derecha, según se accede al palacio, con el cuello,
el hombro y el pecho izquierdo desnudo que podría ser la alegoría
de una virgen exaltando la virtud, mientras que al lado izquierdo, aparece la
figura de un hombre con una cabeza de león sobre su hombro izquierdo y
que podría identificarse con la alegoría de un guerrero ensalzando
el valor. Alegorías que se repiten en el interior de la planta noble del
palacio.
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Escalera tipo claustral del Paladio de Dueñas |
Una vez atravesada
la puerta, nos encontramos con el zaguán de entrada, de espacio rectangular
y cubierto de una magnífica armadura, y a continuación, la verdadera
joya del conjunto palaciego, el patio porticado de dos alturas formando por arcos
rebajados de tipo carpanel, que presentan en sus enjutas los medallones, obra
del escultor Esteban Jamete, con efigies reales, desde Fernando I, rey de León
y de Castilla, hasta el consorte, Felipe I "el Hermoso". Para
una correcta lectura de los medallones hemos de situarnos, una vez que hemos accedido
al patio, en el arranque de la escalera claustral que nos lleva al piso superior.
Una vez en el sitio indicado, comenzamos por el lado noreste nuestro recorrido
por las diferentes galerías del patio en su planta baja, haciéndolo
en el sentido contrario a las agujas del reloj, hasta volver de nuevo al punto
de partida. Mientras, en el piso superior, debemos iniciar nuestro recorrido por
el lado sureste, es decir, al revés de como la habíamos realizado
en el piso bajo, pues aquí los medallones están colocados en el
sentido de las agujas del reloj, de tal modo que al finalizar el recorrido nos
volvemos a encontrar frente a la escalera, pero en esta ocasión, con la
disposición para bajar. La escalera mencionada, de tipo claustral y enmarcada
por un arco también rebajado que da acceso a la planta noble del edificio,
presenta en sus enjutas dos medallones, que pudieran ser los rostros de los fundadores,
Diego Beltrán y su mujer, Ana de Mella.
A la muerte
de Diego Beltrán, el palacio lo hereda su hijo Ventura Beltrán,
quien fue su primer inquilino. Y años más tarde pasa a manos de
la nieta del fundador, Mariana Beltrán, hija de Ventura, quien contrajo
matrimonio con Francisco de Dueñas, siendo a partir de estos momentos cuando
el palacio pasa a manos de los herederos del mayorazgo de la familia Dueñas,
tomando en nombre de Palacio de los Dueñas.
En este singular
y único espacio anduvieron personajes de la talla de los reflejados en
los medallones de las enjutas. Entre los que sobresalen, Carlos I, quien según
la leyenda visitó el palacio cuando se dirigía a su retiro hacia
Yuste en 1556 y cuya escena fue recreada por el pintor del siglo XIX, Eduardo
Rosales, quien retrató a Rodrigo de Dueñas arrojando un vale de
dinero que le adeudaba Carlos I a la lumbre, mientras, el rey, sentado, se calentaba
al fuego. O el célebre
Marqués de la Ensenada
quien
tras haber participado en el
motín de Esquilache en
el mes de marzo de 1766, se le desterró a una estancia del Palacio de Dueñas
el resto de sus días. Medina del Campo atravesaba en mencionado destierro,
la más atroz decadencia.
Muchos fueron
los avatares del magnífico edificio, entre los que sobresalen, el haber
sido sede de la Chancillería a comienzos del siglo XVII. Sin embargo, fue
en aquel otoño de 1916, cuando adquirieron el palacio los marqueses de
Argüeso, quienes lo compran a los descendientes de los Dueñas, cuando
el edificio corrió el peligro de desaparecer. Y es que los marqueses de
Argüello plantearon desmontar el palacio y trasladarlo a Madrid, replanteando
el patio y la escalera.
Por fortuna
esa descabellada idea no llegó a producirse, siendo este hecho el que suscitó
el interés del erudito Elías Tormo, quien realzó un estudio
exhaustivo de la serie de medallones del patio, que representan a los reyes de
Castilla. Posteriormente el edificio pasa a manos de los duques de Sueca. Y en
el mes de junio del año 1931 es declarado Monumento Nacional, es decir,
lo que hoy denominados Bien de Interés Cultural. Un edificio, por tanto,
Patrimonio de la Humanidad.
En diciembre
de 1950, el Estado compró el palacio e instala en él un instituto
laboral. Se convirtió así en un centro de enseñanza que albergó,
primero al instituto denominado "Emperador Carlos" y
que ahora en la actualidad es ocupado por el instituto "Gómez Pereira",
nombre de un ilustre médico medinense autor de la famosa obra "Antoniana Margarita".
También en la actualidad alberga el subcentro de la UNED en Castilla y
León.
Desde entonces
hemos pasado generaciones distintas por sus aulas: alumnos, profesores y funcionarios,
entre los que sin duda, cada uno de nosotros destacaríamos a varios, sin
embargo, me van a permitir, mis queridos lectores, resaltar a Claudia, a quien
me gustaría dedicarle este artículo, pues muchas veces la veo pasar
por nuestras calles y siempre se acuerda de muchos de nosotros, me saluda atentamente
y, en sus ojos, veo reflejada la nostalgia de aquellos años en los que
nosotros decíamos aburrirnos aprendiendo y ella, con su carácter
alegre y abierto, nos abría el apetito de seguir aprendiendo sin aburrirnos.
Aquella bedel, conserje u ordenanza, como ustedes prefieran, pero siempre para
nosotros, Claudia, a la que tanto afecto guardo, representa la verdadera grandeza
de uno de los mejores edificios de la arquitectura civil en Medina del Campo.
Y es que, acostumbrados a aprender la Historia como se la he contado, es decir,
relatando la presencia de los personajes poderosos, nos olvidamos de aquellas
personas sencillas, que con su trabajo diario y silencioso representan la verdadera
grandeza de las cosas y de la vida. Lo importante es no perder jamás la
verdadera esencia y recordarlo siempre de generación en generación,
siendo capaces de aprovecharlo en beneficio de todos, pues quizá con otra
"Claudia", el fabuloso Palacio de Dueñas pudiera abrir
sus puertas durante los fines de semana y durante los meses estivales en beneficio
de todos y sobre todo, de Medina del Campo.
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