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Medina del Campo, Villa de las Ferias MEDINA DEL CAMPO, Villa histórica, monumental, escultórica y paisajística

 

PATRIMONIO MONUMENTAL DE CASTILLA Y LEÓN
TIERRA DE CAMPOS
Localidad: MEDINA DE RIOSECO
Iglesia
Iglesia de Santiago

 

MEDINA DE RIOSECO:Capital natural de la vieja Tierra de Campos, la ciudad de los Almirantes estuvo poblada por Vacceos, celtas y romanos. Juan II dona la villa a Don Alonso Enríquez, gran Almirante de Castilla. A la sombra de esta familia un buen número de artistas sembraron la ciudad de monumentos. Los Reyes Católicos le conceden el privilegio de celebrar ferias. Durante la Guerra de la Independencia, las tropas francesas arrasaron la población. El Casco Histórico, Rúa de Mercaderes soportada sobre postes de madera o piedra con casas de adobe y tapial con balcones de foja y aleros de madera, y puertas de la villa son de piedra de sillería como la de Ajújar, Zamora o San Sebastián, está declarado Conjunto Histórico Artístico desde 1965.

La Concha del Canal, del s. XVIII, con sus edificios, es el muelle fluvial del Canal de Castilla más importante de su ramal de Campos.

Habitantes: 5.000

Iglesia de Santa María de Mediavilla

Edificio gótico de los siglos XV y XVI con tres naves cubiertas por bóvedas estrelladas. Carece de fachada principal y en su lugar se levanta una torre de cuatro cuerpos con remate barroco ochavado de mediados del s. XVIII. En su interior destacan dos capillas, la de la familia Benavente y la del Santo Cristo. El retablo mayor es obra de Esteban Jordán, segundo de Gaspar Becerra. Destaca la sillería de nogal del s. XVIII y una extraordinaria reja construida por Cristóbal de Andino, procedentes ambas de la iglecia conventual de San Francisco. A su lado destaca su magnífico órgano barroco.

La Capilla funeraria de la familia Benavente fue mandada construir por Álvaro de Benavente en 1544. Las obras fueron realizadas por los hermanos del Corral con decoración de labores de estuco policromado y dorado al estilo miguelangeles-co, así como pavimento de ladrillo y azulejo. El magnífico retablo manierista es obra de Juan de Juni y narra la historia de la Virgen en cinco bajorelieves. Destacan tres sepulcros, con estatuas yacentes, que contienen los restos de seis miembros de la familia. La valiosa reja que cierra el conjunto es de Francisco Martínez.

El Museo Parroquial merece la pena una visita por sus excepcionales fondos donde destaca la colección de marfiles hispanifilipinos y la custodia plateresca del Corpus, del s. XVI, de Antonio de Arfe.

Pl. Santa María, s/n Tlfno. 983 70 03 27 Abierto todos los días de 11 a 14 y de 17 a 19 h.

Convento de San Francisco

El templo gótico-renacentista de una sola nave con coro a sus pies y ocjo capillas laterales cubiertas con crucería formaba parte de un bello conjunto -el claustro fue reaprovechado en el actual Ayuntamiento de Rioseco-, siendo el más antiguo de la villa, pues fue fundado bajo el patrocinio de los Almirantes de Castilla en 1491. La familia Enriquez poseyó la capilla mayor de la iglesia como lugar de enterramiento con sendas estatuas orantes de bronce de doña Ana de Cabrera, esposa del fundador, y de su hermana doña Isabel de Cabrera, obra de Cristobal de Andino, así como el enterramiento de Vittoria Colonna (trasladado a Italia). Posee dos retablos de piedra esculpidos por Miguel de Espinosa, donde se sitúan los famosos "barros" o terracotas polícromas de Juan de Juni que representa a S. Jerónimo y el martirio de S. Sebastián.

Iglesia de Santiago

Gótica del s. XVI, trazada por Rodrigo Gil de Hontañón y continuada por Alonso de Tolosa. Sus portadas exteriores nos muestran diferentes estilos: orientada al mediodía, la plateresca, de Miguel de Espinosa; al norte, la gótica de Hontañón y la principal clasicista de Alonso de Tolosa. Presenta al interior tres altísimas naves con cubiertas de crucería a la misma altura o modo de planta de salón. Destaca su retablo mayor barroco, de grandes proporciones ejecutado por Tomás de Sierra, de principios de s. XVIII.

Iglesia de la Santa Cruz

Edificio herreriano del siglo XVII. La capilla mayor tiene cúpula elíptica y arco triunfal de medio punto. Es la sede del Museo de Pasos de la Semana Santa.

Visitas de martes a domingo Tlfno. 983 70 03 27

Parque Duque de Osuna

Es uno de los espacios ajardinados más hermosos de la provincia. Ocupa los terrenos del antiguo palacio del Almirante: los dos grandes leones de piedra de la entrada proceden de este edificio. Tiene un templete, fuentes, la vieja máquina del 'tren burra', monumentos, columpios...

Y además: Iglesias de San Pedro Mártir y la de La Antigua, en Palacios de Campos.

Ermita de la Virgen de Castilviejo.

Los conventos de San José y de la Concepción.

El teatro principal, que lleva levantando su telón desde 1859.

El edificio del Pósito, del siglo XVI.

Los soportales de la rúa (calle de Lázaro Alonso) y los del carbón.

Los jardines de La Concha justo al final del ramal terracampino del Canal de Castilla, la más importante obra de ingeniera del siglo XIX en España, un bello paraje para disfrutar de la naturaleza paseando, en barca o a caballo.

Puede visitarse la Fábrica de harinas, con sus puentes, paneras, esclusas,...

Fiestas

Museo de Pasos de Semana Santa.

Tiene una de las principales procesiones de Semana Santa de España, declarada de interés turístico nacional. Las cofradías alumbran cada año diecinueve pasos de los mejores imagineros de Castilla: Gregorio Fernández, Juan de Juni, Mateo Enríquez, Juan de Muniátegui... El Jueves Santo suenan los toques del 'tapetán', y el Viernes los 'pasos grandes' salen entre grandes esfuerzos de los cofrades por la estrecha puerta de una capilla situada junto a la iglesia de Santa María.

n junio celebran las ferias y fiestas de San Juan, que se prolongan hasta San Pedro y San Pablo, donde los actos centrales son la Feria Agraria y el Festival Taurino, en este último se vienen dando cita desde los años cincuenta las principales figuras nacionales del toreo.

En septiembre fiestas en honor de la patrona de la ciudad: Nuestra Señora de Castilviejo, con romería, verbenas, toros y mercado medieval.

INFORMACIÓN: Oficina Municipal de Turismo. Plaza Mayor, 1 Tlfno. 983 70 08 50. Horario: de martes a sábados, de 10 a 13.30 h. y de 17 a 19 h. Domingos y festivos de 10 a 13.30 h.

Ayuntamiento: Plaza Mayor, 1 Tlfno. 983 70 08 25

Cuartel Guardia Civil: Avda. Ruiz de Alda, 1 Tlfno. 983 70 01 32

Centro de Salud: Urgencias. Pl. Constitución, s/n Tlfno. 983 70 05 42

El cierre del convento riosecano de las Clarisas

07-12-17 - El convento riosecano de las clarisas cerrará el día 7 tras cinco siglos de historia.

Las tres hermanas recogen estos días sus pertenencias para trasladarse al monasterio de Santa Isabel una vez que el cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, las despida el día 6 con una misa.

LORENA SANCHO YUSTE

Sor Aurora, sor Isabel y sor María Concepción observan el patio del convento. / HENAR SASTRE
Sor Aurora, sor Isabel y sor María Concepción observan el patio del convento. / HENAR SASTRE

Hay en el torno de las clarisas una nota escrita a mano y dirigida a uno de los panaderos que cada día despacha a los municipios de alrededor. ‘Hoy no queremos pan. Gracias’, reza el papel. Cada dos días, sor María Concepción coloca la nota en la antesala al ‘Ave María Purísima’. Un día adquieren la barra de riche y otro apuran la pieza del día anterior. «Somos tres hermanas y con una barra nos da para dos días», especifica la abadesa.

La reducción de alimentos es nueva en este convento. Tanto que solo se aplica desde hace un mes, cuando sor Piedad, el pilar de esta comunidad de clarisas, la cuarta pata de esta familia de monjas y, además, la más joven (51 años) falleció víctima de una enfermedad y dejó huérfanas de futuro a las más longevas de este convento con cinco siglos de historia. «Ese día cambió todo», dice entre sollozos la abadesa. En la mochila de ese ‘todo’, sor María Concepción carga los 64 años que ella lleva habitando el convento de Santa Clara; los 51 que comparte sor Aurora y los más de 13 que sor Estrella, enferma, lleva bajo su cuidado. Un ‘todo’, como se refiere la abadesa, que cambió en octubre y terminará el próximo 7 de diciembre, jueves, cuando estas tres religiosas echen definitivamente la llave a la puerta de un convento del siglo XVI y se trasladen para siempre al de Santa Isabel de Valladolid, con una comunidad de clarisas. «Sabemos que allí vamos a estar mejor, que allí vamos a estar más cuidadas por las hermanas jóvenes, pero nos da tanta pena dejar nuestra casa, nuestra ciudad...», se lamenta entre lágrimas sor María Concepción.

El cambio de ese ‘todo’ era la crónica de una muerte anunciada desde que la comunidad se quedara con solo cuatro hermanas, víctimas de la sequía de vocaciones. Desde julio pasado, un grupo de religiosas del convento vallisoletano de Santa Isabel decidió empezar a ayudarlas, con visitas periódicas en las que colaboraban con sus labores, en el pan nuestro de cada día de este convento: los rezos de 6:30 a 10:00 horas, el trabajo en jardines, lavandería y plancha hasta las 13:00 horas, los rezos vespertinos y las labores de la tarde.

La decisión, por votación

Con la muerte de Sor Piedad todo se aceleró, hasta el punto de que unos días después, el 1 de noviembre, las tres hermanas votaron por capítulo conventual que abandonarían el convento y que se trasladarían al de las clarisas de Santa Isabel. «Nos conocemos, nos hemos ayudado mucho desde hace cincuenta o sesenta años, y cuando han quedado desvalidas les ofrecimos nuestra ayuda», se apresura a especificar la abadesa de Santa Isabel, sor Isabel Ferreras, estos días en Rioseco.

La adhesión a la comunidad de Santa Isabel implica además que las pertenencias de las religiosas riosecanas pasen a la comunidad que las acoge. Y aunque en un primer momento fue una de las grandes preocupaciones de los riosecanos, la abadesa de Santa Isabel advierte de que será un proceso meditado y largo. «No se hace una mudanza de un día para otro». Nada del patrimonio de este cenobio entra en el traslado inmediato de las monjas. «Quizás porque confiamos en que alguna comunidad de hermanas jóvenes vengan finalmente a habitarle», dice sor María Concepción.

Ni la biblioteca de la sala capitular con cientos de libros, ni las numerosas tallas que ornamentan largos pasillos, ni cuadros, bancos y aparadores que separan las distanciadas estancias se moverán de momento de aquí. Tampoco muebles de unas celdas con capacidad para acoger a 30 religiosas. Solo bienes personales y objetos como vajillas o utensilios de cocina se apilan en cajas para su traslado el día 7. «Siempre pensamos en morir en Rioseco pero todo cambió hace un mes, y en la vejez nos tenemos que marchar», relata sor María Concepción, con la mirada fija en el jardín en el que ha paseado durante 64 de sus 79 años de vida.

Un carpintero se afanaba ayer por la mañana en colocar cerrojos en las puertas del que desde el día 7 será un deshabitado monasterio. Cajas, botes de conserva, escobas y fregonas ocupan lugar en los pasillos, que aun conservan el calor de las únicas horas de calefacción que se activan al día. «Nos gastamos cerca de un millón de pesetas (6.000 euros) en calentar el edificio», se lamenta la abadesa, prácticamente todo el trabajo de un año. «Y eso es inviable».

Un día antes de marchar, el 6 de diciembre, el cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, despedirá a las hermanas. Una misa de agradecimiento, «porque Rioseco siempre estará con nosotras». Y sor María Concepción vuelve a llorar.

OPINIÓN

RAMÓN

Rioseco, capital del bacalao

Medina de Rioseco es una localidad con chiste, porque con tan escasa agua acabó por convertirse en la sede central de los almirantes de Castilla y, durante los siglos XVI, XVII y parte del XVIII, constituyó el principal mercado de pescado en España.

ANASTASIO ROJO VEGA/Profesor de Historia de la Ciencia de la Universidad de Valladolid

Viajando hacia el noroeste, descendiendo de los montes Torozos a la Tierra de Campos por la vía de Villanubla y La Mudarra, el viajero aficionado a la geografía adivinará que, una vez pasada la última frontera del páramo, ante él se abre un extendido valle.

Tendrá que adivinarlo, porque el causante del desmonte de los primitivos terrenos terciarios de la región, depositados por ríos bravos y charcas salinas de hace 25 millones de años y más, se oculta eficazmente entre cardos, ralos árboles y espadañas, haciéndose prácticamente invisible hasta la entrada de la ciudad de los almirantes, donde un cartel lleno de buena voluntad indica Río; después, Sequillo.

Hombre, para uno de Madrid, comparándolo con el Manzanares, categoría de río no le falta, pero para alguien de Guadarrama para arriba no pasa de ser una esgueva raquítica y esmirriada. No se enfade nadie, que lo de sequillo supongo se lo pondrían los antiguos habitantes de la zona. Vayan a pedirles explicaciones a ellos.

Una ciudad con chiste, como tantas otras que no tienen esto o lo otro, Villanueva de los Infantes, Sieteiglesias de Trabancos, etcétera. Aquí el chiste es que siendo tan escasa en aguas acabase convirtiéndose en la sede central de los almirantes de Castilla, de los verdaderos almirantes, de los que regían y gobernaban, con permiso de su majestad, la armada del mar océano; barcos de verdad, que hay que subrayarlo para que más de uno se lo crea.

Y otro chiste más es que Rioseco fue durante los siglos XVI, XVII y parte del XVIII el principal mercado de pescado de España, ¿no es para reírse? Eso sí, tratándose del río Sequillo, fue centro del comercio del pescado curadillo. ¿Otra broma? No, es que al pescado seco se le denominaba por lo general 'cecial', 'curadillo' o 'truchuela'. Era muy corriente entre los castellanos antiguos el usar diminutivos con carácter desenfadado y cariñoso: ahí están personajes de Cervantes como Rinconete y Cortadillo, o enfermedades típicas de la España del Renacimiento como garrotillo, hoy difteria, y tabardillo, actual tifus exantemático o una de sus variantes.

¿Por qué Medina de Rioseco? Yo supongo que por su posición estratégica en el paso desde Galicia a la Corte, Valladolid, primero, y Madrid, después. En los buenos tiempos, las grandes ferias castellanas fueron tres, Medina del Campo, Villalón y Rioseco; en el siglo XVII todas habían poco menos que desaparecido, quedando en meros mercados comarcales excepto Rioseco en lo que se refiere al pescado y, sobre todo, al seco.

No es que no hubiera otras posibilidades. Desde la Edad Media llegaban a Castilla pescados escabechados, en barriles, y otros que llamaban 'frescos' y que evidentemente no lo eran, como cualquiera puede comprender sabiendo que la jornada de transporte ordinaria de la época era de 40 a 45 kilómetros diarios. Llamaban frescos a los que ni eran secos ni escabechados -penetrados de vinagre, ácido acético-, es decir, a los conservados en 'potajes' enriquecidos con orina humana, para aprovechar las cualidades antisépticas del ácido úrico; entre rodajas de limón, una de las razones por las que hay tantos limoneros en la costa atlántico-cantábrica, beneficiándose de las propiedades del ácido cítrico; o, siendo sardinas, a los manufacturados 'a la manera de Setúbal', que según me ha explicado un profesor de la Universidad de Coimbra consistía, simple y llanamente, en meterlas en salmuera.

Veamos un ejemplo de aquellos tratos. Era 1645, cuando en Rioseco se cerró una escritura entre Francisco Rodríguez de San Juan, mercader de Madrid, y Francisco López, tratante en truchas vecino de la villa de Mansilla de las Mulas. ¿Qué concertaron durante su encuentro en la ciudad de los almirantes? Pues nada menos que el suministro de truchas a la ya capital de España desde la siempre célebre zona pesquera de la provincia de León: «Lo primero que el dicho Francisco López se ha de obligar a entregar, comenzando desde primero de mayo hasta el día de San Miguel de septiembre de este presente año, quinientas libras de truchas y lancurdias semanales, siendo las menores de a cuatro por libra»; y siendo la libra castellana de algo menos de los quinientos gramos.

Con todo, el pescado seco, lo que hoy llamamos bacalao, era el rey de los tratos por serlo de las cazuelas de ayuno de viernes y Cuaresmas, y, hablando de él, si Rioseco tosía, se resfriaba toda Castilla. Lean un fragmento de la información que se hizo con motivo de los problemas de comercio derivados de las guerras con Portugal: «Y respecto de que por lo referido cesa el concurrir a sus mercados los pescados frescos y salados que de ordinario suelen bajar a sus mercados y que de ellos se abastecen y proveen en más de veinte leguas de contorno, que comprende lugares de mucha calidad, y también de sus mercados se abastecen la Corte de su majestad y la ciudad de Toledo». Esto era Medina de Rioseco en 1642.

01-04-2021 - Felipe VI concede el título de Real a la Hermandad de la Flagelación de Rioseco.

El monarca aceptó el nombramiento de Hermano de Honor de la cofradía en 2015

Miguel Gaarcía Marbán

El paso de la Flagelación durante su procesión del Jueves Santo./ M.G.M
El paso de la Flagelación durante su procesión del Jueves Santo./ M.G.M

La Casa Real ha concedido el título de Real a la Hermandad de Nuestro Señor de la Columna La Flagelación, de Medina de Rioseco. Fue en el año 2015, cuando el Rey Felipe VI aceptó el nombramiento de Hermano de Honor de la cofradía riosecana como parte fundamental del expediente de solicitud del título. Sin duda, supuso el mejor colofón a los actos conmemorativos del bicentenario de la cofradía celebrados un año antes.

Después de cinco años, la Casa Real ha concedido a la cofradía, fundada en 1814, el poder ostentar el título de Real, por lo que se incorporará a la denominación de la hermandad, la primera en llevarlo de la centenaria Semana Santa de la Ciudad de los Almirantes. En varias ocasiones la cofradía ha invitado al Rey Felipe VI a presenciar la Semana Santa riosecana.

La petición con referencia a la adopción formal del acuerdo por la asamblea general de la cofradía; la fecha de constitución, con aportación de datos sobre el origen y desarrollo de la cofradía; los estatutos por los que se rige; su número de hermanos y hermanas o las actividades llevadas a cabo dentro de sus fines específicos son parte del expediente enviado a la Casa Real, al que hubo que adjuntar el plácet del Arzobispado de Valladolid.

Carta remitida desde el palacio de la Zarzuela.
Carta remitida desde el palacio de la Zarzuela.

El paso de La Flagelación perteneció a la archicofradía de la Vera Cruz, que desde el siglo XVI se guardaba en la ermita que la cofradía tenía en la calle La Doctrina. Su procesión partía el Jueves Santo por la tarde desde el convento de San Francisco. Las tres grandes cofradías de la Vera Cruz, Quinta Angustia y Pasión derivaron por distintas circunstancias en la fundación a lo largo del siglo XIX de las actuales hermandades riosecanas, entre las que se encontraría la de La Flagelación, cuya fundación data del año 1814.

La Hermandad de Nuestro Señor de la Columna La Flagelación celebró durante 2014 el bicentenario de su fundación con un completo programa de actos con el fin de conmemorar los valores religiosos, históricos y culturales de la cofradía durante sus 200 años de vida. Todo ello, sin olvidar tampoco la importancia del hito para la Semana Santa de Medina de Rioseco al tratarse de la primera fundación de las nuevas hermandades, en el siglo XIX, de la que se tiene constancia.

En Valladolid, el título lo ostentan la Real Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo Despojado, Cristo Camino del Calvario y Nuestra Señora de la Amargura y la Real y Venerable Cofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro señor Jesucristo. En Medina del Campo, la Real Cofradía del Santo Sepulcro.

 
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