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Villa histórica, monumental, escultórica y paisajística
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MUSEO DE LAS FERIAS OBRAS DESTACADAS DE LOS MESES DE SEPTIEMBRE Y OCTUBRE 2016


22-09-16 - Obras destacadas y documentos archivo Simón Ruiz Septiembre y actubre de 2016

Botes de farmacia del Hospital Simón Ruiz
Taller de Talavera
Finales del siglo XVI y 1629
Cerámica esmaltada con decoración esponjillada / varios tamaños
Fundación Simón Ruiz. Conjunto depositado en el Museo de las Ferias

Libro de la Hacienda del Hospital 1628-1632. Inventario de la farmacia
Medina del Campo, 1 de mayo de 1628
Manuscrito sobre papel / 46 x 17,8 x 7,5 cm
Archivo Simón Ruiz (ASR, H 60, ff. 108v-110v)

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Ambos ciclos expositivos están patrocinados por la Diputación de Valladolid

Más información e imágenes en: www.museoferias.net

Botes de farmacia del Hospital Simón Ruiz. Taller de Talavera. Finales del siglo XVI y 1629. Cerámica esmaltada con decoración esponjillada / varios tamaños. Fundación Simón Ruiz. Conjunto depositado en el Museo de las Ferias
Botes de farmacia del Hospital Simón Ruiz
Taller de Talavera
Finales del siglo XVI y 1629
Cerámica esmaltada con decoración esponjillada / varios tamaños
Fundación Simón Ruiz. Conjunto depositado en el Museo de las Ferias

El Hospital de la Purísima Concepción y San Diego de Alcalá de Medina del Campo se debe al patronazgo de Simón Ruiz Envito, obra a la que consagrará los últimos cinco años de su vida. La construcción del edificio –que sigue modelos clasicistas derivados de la tratadística italiana y los cánones de la arquitectura jesuítica-, se inicia en noviembre de 1592 y no concluirá hasta 1619, veintidós años después de la muerte de su fundador. En él “se han de curar todo género de enfermedades y se han de recoger a todos los desamparados y peregrinos que a esta villa acudieren”, y se establece que ha de estar dirigido por un sacerdote, que actuará como administrador, auxiliado por dos capellanes, un médico y dos cirujanos, junto con los oficiales y servidores necesarios para atender setenta y dos camas.

La botica se hallaba el la esquina del ángulo noroeste, situada en una planta intermedia entre la primera de hombres y la segunda destinada a las mujeres. Su obra se llevó a cabo en 1619, el mismo año que concluyó la fábrica del hospital, y a partir de ese momento empezó a dotarse de anaqueles, cajas de armarios, destilatorios, alambiques, redomas, etc. Pero, sin duda, el mayor desembolso consistió en la compra de la farmacia al boticario medinense Juan de Tordesillas del que sabemos que estuvo activo en el año 1590. A su muerte el Hospital adquirió la botica con todas sus existencias por 102.000 maravedíes, un precio ventajoso para la administración del hospital dados los apuros económicos que agobiaban a los herederos del boticario.

El botamen de la farmacia es prácticamente el único bien mueble que se ha conservado de este establecimiento hospitalario y sigue modelos conocidos en Europa desde el siglo XII heredados, a su vez, de las boticas musulmanas. Se trata de tarros o botes de forma cilíndrica ligeramente entallada en la parte central para poder asirlos mejor. La boca es ancha y suele terminar en un borde engrosado para retener mejor la cuerda con que se ajusta la tela encerada o el pergamino que hace las veces de tapadera hermética para evitar la sublimación de las sustancias. El cuello es corto y ancho y el pie liso y realzado con un ruedo de asiento. Su interior es liso y esmaltado para evitar la porosidad y así impedir la evaporación y la posible contaminación del preparado por la disolución de las sales arcillosas del recipiente. Los tarros de esta farmacia son de tipo talaverano y corresponden a la “serie esponjada o esponjillada”, llamada así por la técnica empleada en su decoración: sobre un fondo blanco lechoso de estaño y mediante una esponja o muñequilla hecha de trapo, se aplica exteriormente un punteado irregular de azul cobalto que se fija a la pieza en una segunda cocción.

Conjunto del botamen conservado en el Museo de las Ferias lo constituyen 105 botes de distinto tamaño: 101 ejemplares cuya altura está en torno a los 25 cm y otros 4 ejemplares de 18 cm. Aun siendo de la misma serie esponjillada hay un conjunto de 23 tarros -iguales en tamaño- que corresponden a un tipo de producción o taller diferente y podría tratarse de los“veintitrés botecillos para la farmacia” que costaron 476 maravedíes anotados en la cuenta de gastos de la hacienda del Hospital del año 1629. En todos los botes (salvo en estos veintitrés últimos) se pinta posteriormente sobre el esponjado azul una cartela blanca dispuesta en vertical y orlada por lambrequines y volutas de color rojo donde se inscriben, con tinta negra manuscrita, los nombres en latín de los productos que contenían. Asimismo, algunos botes conservaron etiquetas de la farmacia militar de la 7ª División en papel impreso pegado y texto manuscrito correspondiente al periodo en que este edificio fue Hospital Militar durante la Guerra Civil.

Fernando Ramos González

Libro de la Hacienda del Hospital 1628-1632. Inventario de la farmacia. Medina del Campo, 1 de mayo de 1628. Manuscrito sobre papel / 46 x 17,8 x 7,5 cm. Archivo Simón Ruiz (ASR, H, 60, ff. 108v-110v)
Libro de la Hacienda del Hospital 1628-1632. Inventario de la farmacia
Medina del Campo, 1 de mayo de 1628
Manuscrito sobre papel / 46 x 17,8 x 7,5 cm
Archivo Simón Ruiz (ASR, H, 60, ff. 108v-110v)

A la vista de los letreros de sus tarros y de los inventarios conservados, la botica del Hospital Simón Ruiz, en palabras del Catedrático de Farmacia Francisco Javier Puerto Sarmiento, es “una síntesis global de la terapéutica renacentista y barroca: muchos simples vegetales, algunos, como el opio, muy activos, otros de consistencia mágica; los tenemos de procedencia europea, oriental y americana… extraordinariamente rica y avanzada para su tiempo, tanto en simples como en las ideas científicas barajadas por sus boticarios… Este establecimiento pone de manifiesto el avanzado estado de la ciencia de los medicamentos en España, concretamente en el reino de Castilla (donde) los medicamentos de derivados de la manipulación química y los de origen americano se utilizaban habitualmente sin ningún problema”.

Precisamente los boticarios del Hospital eran los encargados del aprovisionamiento de los productos necesarios para esta farmacia dando cartas de pago por las obligaciones contraídas con los proveedores. Más tarde, el administrador se encargaba de asentar el adeudo de las mismas por partida doble: en el Libro de Cuentas en el alcance del año correspondiente y en el Libro de la Hacienda del Hospital en el capítulo de gastos.

Conocemos los nombres de los primeros boticarios que trabajaron para la farmacia del Hospital Simón Ruiz. El primero mencionado en el alcance de los gastos del año 1620 es Francisco del Castillo, boticario medinense, si bien debió de atender puntualmente la farmacia según las necesidades del hospital, cobrando de salario 10.404 maravedíes “por el tiempo que sirvió y asistió a la botica”. Sin embargo, el primer “boticario de casa” es Pedro de Valdeoliva, en 1621. Éste tenía asignado un sueldo de tres ducados al mes (33 reales) que se complementaba con el pago en especie de raciones semanales de carne de carnero, pan, vino y gratificaciones económicas los fines de semana que montaban un total de 614’5 maravedíes anuales como complemento salarial. La imposibilidad de atender la farmacia por la enfermedad que venía arrastrando determinó a la administración del hospital su sustitución por un nuevo boticario el 1 de mayo de 1628. Gregorio González de Toro se hará cargo del empleo con un sueldo inferior al anterior (22 reales al mes). Jerónimo Vaca, médico del hospital, aparece como fiador del nuevo titular y en esta fecha, se realiza el “inventario de las drogas y demás cosas que en ella se hallaban” y que transcribimos en el anexo documental que acompaña esta ficha. Entre las prerrogativas del nuevo boticario están el pago de vestido y golilla, espada de puños y daga con su pretina y talabarte, alguna que otra colación y dinero para “llevar a sus primas a la corrida”.

Fernando Ramos González

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