Pozaldez
Unos 42 kilómetros
separan Valladolid de la villa de Pozaldez. Puede accederse
a ella por la llamada Carretera de Rueda, que parte del barrio
de La Rubia. Después de pasar Villanueva de Duero y Serrada,
se llega hasta La Seca, donde se toma una desviación
que conduce a Rodilana y después a Pozaldez.
Si se prefiere
hacer el viaje desde Medina del Campo puede tomarse una carretera
local que conduce a Pozaldez después de recorrer nueve
kilómetros.
Una tercera
manera hay de llegar. Es a través del ferrocarril que
une Valladolid con Medina del Campo. Se apea el viajero entonces
en la estación, una preciosa estación de ladrillo
y piedra del más puro diseño de la época
industrial, con soportales para esperar al tren resguardado
de las inclemencias del tiempo. Un tranquilo paseo de casas
bajas y árboles conduce al centro urbano.
En ambos casos
nos encontramos nos encontramos con una llanura de cereal suavemente
onduladas que rodean el pueblo, apenas salpicadas aquí
y allá por algúnárbol, o alguna tierra
dedicada a la vid.
La
tradición del ladrillo
Lo primero
que llama la atención de Pozaldez es el carácter
singular de su arquitectura. Una arquitectura en la que domina
el empleo de un elemento singular y característico de
la comarca: el ladrillo.
Pozaldez se
inscribe en una amplia zona dominada por el mudéjar:
Las Tierras de Medina en su confluencia ya con la Tierra de
Pinares. Un estilo de construir fuertemente influido por la
cultura árabe, que tiene como denominador común
el uso casi exclusivo del ladrillo, que se complementa con el
yeso y la madera. En Pozaldez la tradición de su uso
es antigua, como lo atestigua la cabeza de la iglesia de San
Boal, un ábside románico-mudéjar formado
por un tambor semicircular con altos arquillos ciegos, emparentado
con toda una amplia escuela que se desparrama por Alcazarén,
Mojados y Olmedo. Si bien las construcciones mudéjares
en ladrillo, yeso y madera se concentran sobre todo en los siglos
XIV y XV, el uso del ladrillo siguió manteniéndose
en épocas posteriores, cuando ya estaban de moda otros
estilos arquitectónicos, como el barroco, siendo de gran
audacia, para la resistencia de este material, el tamaño
y monumentalidad de los edificios construidos con él.
En Pozaldez
hay dos notables edificios de esta época: la iglesia
de San Boad y Santa María.
Entre las casas
hay un variado muestreo de construcciones. En algunas se utiliza
el adobe y el tapial en muros secundarios,
Otras son enteramente
de ladrillo y sorprende ver la habilidad con que se ha dado
solución a puertas y ventanas con la única combinación
de ladrillo y yeso.
El hueco de
las puertas en las casas más antiguas se soluciona con
un arco de medio punto de gran tamaño, a veces enmarcado
por alfiz, elemento de origen típicamente mudéjar.
Las ventanas
y los balcones son adinteladas o de arcos rebajados y llama
la atención el uso decorativo del ladrillo.
Los aleros
de las casas son también de ladrillo, y es muy frecuente
que tengan tres hiladas de ladrillo escalonado y una de tajas,
siendo alguna de las intermedias de ladrillos esquinados. Un
buen número de casas están provistas de la tradicional
gloria, para caldear las habitaciones en los largos y fríos
inviernos.
Iglesia
de San Boal
Se encuentra
en la parte más alta del pueblo. El ábside es
lo único que se conserva de una iglesia románico-mudéjar.
Se trata de un tambor semicircular de altos arquillos ciegos,
muy original si lo comparamos con los de las iglesias de Mojados,
Olmedo, Alcazarén, Íscar u otras poblaciones de
Tierras de Pinares con las que se encuentra emparentado.
El resto de
la iglesia es una nave rectangular con capillas en los laterales
y una majestuosa torre barroca, de varios cuerpos construida
en ladrillo y piedra por el arquitecto clasicista Diego de Prades
y principios del s. XVII.
Es ejemplar
destacado de una extensa familia que incluye las de Matapozuelos,
Serrada, Rodilana y La Seca. Su interior es toda una lección
de estilo herreriano en pilastras, capiteles, cornisas y huecos
termales de las ventanas.
Se conservan
dos notables imágenes de la Virgen con el Niño
vestido una y la otra, la llamada Virgen de la Cabeza, desnudo.
Son de finales
del s. XVI y se emparientan con los círculos manieristas
de Esteban Jordán o Adrián Álvarez.
Son elementos
notables de esta iglesia un retablo renacentista con bellas
pinturas de la pasión y hasta siete retablos de época
neoclásica. Mobiliario que se completa con un artesanado
y sillería del siglo XVI en el coro alto, y sobre todo
un espléndido órgano barroco, de los mejores de
la provincia, que se mantiene perfectamente en uso.
Iglesia
de Santa María
Los enormes
muros de la iglesia de Santa María es lo primero que
se impone a la mirada del visitante. La nave se ha reducido
exteriormente a un prisma rectangular con contrafuertes, de
armónicas proporciones. La torre, más humilde
que la de San Boal, parece ceder protagonismo a la nave. La
puerta de acceso es una sencilla portadita de ladrillo, con
arco de medio punto y detalles decorativos de tradición
local. Se construye a la vez que San Boal y en el mismo estilo
herreriano.
Llama la atención
su retablo mayor, de principios del siglo XVIII. Es un ejemplar
típicamente churrigueresco en el que las columnas salomónicas,
los estípites, tímpanos partidos y demás
rasgos propios e este estilo se prodigan abundantemente. La
imposición de la casulla a San Ildefonso, San Pedro,
San Pablo y la Virgen de la Asunción son las imágenes
que cobija. Repartidos por las capillas hay una considerable
cantidad de retablos e imágenes del s. XVII, muy interesantes
en los que abunda la iconografía de la contrarreforma.
En una tribuna del lado del evangelio se asienta un órgano
barroco de mediados del s. XVIII.
Ermita
de los Remedios
En el extremo
del pueblo se encuentra la ermita de la Virgen de Nuestra Señora
de los Remedios. Su arquitectura es de tradición popular.
Dispone de una nave y espadaña. La Virgen titula es del
siglo XVIII y entre sus imágenes pueden citarse un Cristo
gótico del siglo XV, algunas pinturas sobre tabla y la
Virgen con el Niño del s. XVI.
Los
Vinos verdejos
Aunque es pueblo
fundamentalmente agrícola y ganadero. En Pozaldez tuvo
una gran importancia el viñedo a partir del s. XVI, como
en general en toda la Tierra de Medina. Su propio nombre (Pozal
de hez) parece tener su origen en la abundancia de vino en tiempos
pasados. Ya entonces la zona era conocida y apreciada por la
calidad de sus vinos blancos, que abastecían las mesas
reales y nobles y se exportaban a la región cantábrica.
La producción de viñedo es un componente importante
de la prosperidad económica de la villa en su época
de esplendor. La producción de viñedo es un componente
importante de la prosperidad económica de la villa en
su época de esplendor, cuando construye sus dos iglesias.
La Denominación de Origen Rueda acoge actualmente los
vinos que produce esta zona, muy depurados en cuanto a métodos
de elaboración. Es famoso el vino verdejo de Pozaldez,
elaborado a partir de la variedad de uva del mismo nombre, que
es autóctona de la localidad. Esta tradición de
la producción del vino se mantiene, modernizada, en dos
bodegas industriales, que elaboran las marcas Carrasviñas
y Martivillo, nombres tomados de la toponimia local.
Curiosamente,
un pueblo tan generoso con el vino ha carecido históricamente
de agua, como lo testimonia la monumental fuente, conocida popularmente
como "El caño" que el espíritu
ilustrado hizo construir en medio del pueblo y que ostenta esta
leyenda:
"Reinando
Carlos III se hizo esta fuente a expensas de los propios de
esta villa de Pozaldez. Año de 1790"
Las
Fiestas
Pozaldez celebra
sus fiestas patronales de San Boal el 20 de mayo. Se saca al
santo en procesión en medio de danzas, y se completan
los festejos con verbenas y juegos populares.
En verano se
celebra otra fiesta, el 20 de agosto, de contenido taurino,
que va precedida de una semana de actividades culturales, de
larga tradición en Pozaldez, en la que hay una gran participación
de hijos del pueblo.