CRISTO YACENTE

Cristo yacente
Juan Montejo
Hacia 1600
Madera policromada
Convento de Santa María la Real MM. Dominicas Reales

Cristo yacente. Juan Montejo. Hacia 1600. Madera policromada. Convento de Santa María la Real MM. Dominicas Reales.
Cristo yacente. Juan Montejo. Hacia 1600. Madera policromada. Convento de Santa María la Real MM. Dominicas Reales.

Gracias a un inventario manuscrito, redactado por Gerardo Moraleja en 1911, tenemos una detallada descripción de los

bienes artísticos que la cofradía de la Vera Cruz custodiaba en su sede, lamentablemente derribada en 1961 y 1962. Concretamente esta escultura, que en la actualidad se encuentra en el Monasterio de Santa María la Real y acompaña en procesión la sección del Cristo Yacente de la cofradía del Santo Sepulcro, deba nombre a una de las cuatro capillas laterales que existían en el templo desaparecido. En su retablo recibía culto dentro de una urna de madera y cristal; completándose el conjunto con un cruz de plata con reliquias, conservado en la Colegiata, y una imagen de bastidor de San Vicente Ferrer que hemos de dar por perdida.

Cristo Yacente
Cristo Yacente (Taller Sebastián Ducete, atribución siglo XVI)

Si bien es cierto que la devoción por el tema de Cristo en el sepulcro motivó la realización de esculturas desde época medieval, no lo es menos que el número se incrementó a lo largo del siglo XVI, especialmente a partir del último tercio. En estas fechas, comienzan a proliferar cofradías dedicadas al Santo Entierro y las ya existentes con otras advocaciones incorporan o renuevan la escena de sus desfiles de Semana Santa. En el segundo caso hemos de situar este yacente cuya cronología se sitúa en los finales del siglo XVI.

A pesar de la ausencia de documentación, ha de seguir manteniéndose la adscripción de la talla, aportada por Martín González, a la escuela de Toro. Localizado por Gómez Moreno un importante conjunto de esculturas con unidad estilística, los sucesivos estudios y nuevas atribuciones que se han publicado demuestran que la citada localidad zamorana fue uno de los centros más destacados de la escultura castellana. En su periodo de mayor apogeo, entre las últimas décadas del siglo XVI y el primer tercio del siglo XVII, su radio de acción desborda los límites de su entorno alcanzando las actuales provincias de Salamanca y Valladolid. Lógicamente el mayor número de obras atribuidas se encuentran en zonas no muy lejanas de Toro, especialmente en el Partido Judicial de Mota del Marqués; pero también se detecta su actividad en lugares más alejados y, como demostraron Martín González y Urrea, concretamente en Medina del Campo. El retablo del Monasterio del Carmen Calzado, hoy trasladado al Santuario Nacional de la Gran Promesa de Valladolid, una Virgen del Carmen del convento de Carmelitas Descalzas y un documento de 1625 que da testimonio del paso por la villa de uno de los más importantes escultores el foco, son pruebas de dicha presencia.

Cristo Yacente
Cristo Yacente (Taller Sebastián Ducete, atribución siglo XVI)

Aceptada la vinculación del Yacente con esta escuela, resulta más problemático concretar su posible autor. Fueron Sebastián Ducete y Esteban de Rueda las dos máximas figuras de la escuela toresana. Aunque está documentada la asociación de ambos en varios proyectos, se ha resaltado en el estilo de Ducete la huella de Juan de Juni mientras que en el de Rueda está ya presente el influjo de Fernández.

En este caso la dependencia del modelo de Juni es evidente. El tratamiento general de la anatomía, la colocación de la cabeza y los brazos, y la disposición del paño de pureza, dejando al descubierto parte de la cadera derecha, recuerda al Cristo del Santo Entierro que hoy se conserva en el Museo Nacional de Escultura. Todos estos motivos explican que se haya pensado en Sebastián Ducete, sin embargo, al analizar la talla con detalle, encontramos varios aspectos que se aportan de su obra personal.

Conocemos documentalmente que Sebastián era sobrino del también escultor Juan Ducete Díez, con quién trabaja en diversos encargos. A este último proponemos ahora como posible autor de la imagen de Medina. Avalan esta atribución el parecido del rostro con obras documentadas, como el de San Juan de Pinilla de Toro, y la misma inspiración en Juni de los yacentes, adjudicados a este escultor por Navarro Tolegón, del monasterio de Sacti Spiritus y de la iglesia de la Santísima Trinidad, ambos en Toro. Como señala Nieto González, probablemente por una vía familiar llegó a Sebastián Ducete la huella del genial artista francés.

Por último hay que resaltar el interés de la escultura que hoy se guarda en la clausura del monasterio de Santa María de las Dueñas al tratarse de una tipología totalmente representativa de la escultura castellana cercana al 1600. Pocos años después, Gregorio Fernández impuso un modelo que terminó cristalizando en una de las creaciones más genuinas del barroco castellano.

Biografía

Martín González, 1988, Andrés Ordax, 1993.

Última restauración: 16-01-07 Restauradora. Consuelo Valverde. Importe 4.502 euros