Santa Águeda
Taller de Juan Antonio de la Peña
1673
Madera policromada, ojos de cristal / 53 x 48 x 34 cm.
Iglesia de Santiago el Real. Capilla del relicario
Durante el presente mes de
febrero, puede contemplarse en el Museo de las
Ferias
como "Pieza del Mes" el busto relicario que representa
a Santa Águeda, perteneciente a una serie de esculturas
de santas conservada en la capilla relicario de la iglesia de
Santiago el Real, cuyo autor ha sido relacionado con el taller
del escultor vallisoletano Juan Antonio de la Peña.
Con esta muestra temporal del
Museo -que ha llevado aparejada la correspondiente limpieza
y desinsectado de la pieza- se pretende incidir en dos aspectos
de interés que van más allá de la propia
exposición de tan excelente obra artística: De
una parte, la plena vigencia del culto y tradiciones populares
de remotos orígenes, que las cofradías de Santa
Águeda aún mantienen vivos durante los días
cercanos al 5 de febrero; de otra, la urgente necesidad de intervenir
en la capilla relicario del antiguo colegio de jesuitas, singular
espacio que precisa la restauración de sus pinturas murales,
retablo y conjunto de bienes artísticos (cuya nómina
supera ampliamente el centenar), al cual pertenece este busto
de la Santa de Catania.
Ciertamente, Santa Águeda
es uno de los personajes del Santoral cuya veneración
popular ha llegado con mayor arraigo hasta nuestros días
y prueba de ello son los innumerables ritos y costumbres tradicionales
que sus cofradías, siempre femeninas, siguen celebrando
actualmente. Todos cuantos se han ocupado de la vertiente antropológica
de los ritos
"aguederos"
han coincidido en considerarlos como arquetípicos de
las llamadas fiestas invernales "de inversión",
encontrando ecos y paralelismos -a veces más que discutibles-
con los propios de las antiguas Matronalia, fiestas romanas
que en honor de Juno Lucina celebraban las mujeres casadas,
invocando sus poderes fecundatorios y pidiendo su protección
en el momento del parto.
En el marco de la tradición
cristiana, cuentan los relatos hagiográficos que Santa
Águeda nació en la ciudad siciliana de Catania
y por su fe fue objeto de horribles torturas a manos del prefecto
Quintiliano quien, además de azotarla y colgarla cabeza
abajo, ordenó a sus esbirros cortarle los pechos -luego
repuestos de forma milagrosa por San Pedro-, episodio éste
de su martirio que con el tiempo llegaría a ser el más
conocido, dando origen a su patronazgo sobre las nodrizas y
a su invocación protectora contra las enfermedades mamarias
de la mujer, así como a su representación iconográfica
en la que aparece sosteniendo una bandeja con los pechos. Su
muerte, acaecida en el año 251 y coincidente con una
terrible erupción del volcán Etna, situado junto
a su ciudad natal y al que consiguió aplacar, la convirtió
para siempre en abogada contra los desastrosos efectos del fuego,
así como en patrona de los fundidores de campanas, quizá
por el símil entre la colada del bronce fundido y la
originada por la lava de los volcanes (el epitafio que los ángeles
pusieron en su tumba: "Mentem sanctam spontaneam honorem
Deo et Patriae liberationem" es una inscripción
muy frecuente en las campanas).
Las cofradías de Santa
Águeda, documentalmente conocidas en nuestro entorno
desde el siglo XVI, jugaron un papel muy importante en lo que
respecta al mantenimiento de viejas tradiciones originarias
o agregadas en el transcurso de los siglos. Aunque su primera
finalidad fuera el servir de cauce a una devoción religiosa,
así como asegurar auxilio en la enfermedad o en la pobreza
a las cofrades menos favorecidas, muy pronto recogieron el espíritu
bullicioso, inherente a toda fiesta, favoreciendo ritos, ceremonias
y regocijos que conforman un conjunto de manifestaciones tradicionales
de indudable interés antropológico.
En la mayor parte de sus representaciones
artísticas suele aparecer del mismo modo, esto es, sosteniendo
en una mano una bandeja con los pechos y, en la otra, la palma
del martirio, a veces sustituida por un cirio encendido en recuerdo
a su aludido patronazgo contra los efectos del fuego.
Refiriéndonos ya concretamente
a la obra artística que nos ocupa, hemos de señalar,
en primer término, que pertenece a una serie de ocho
bustos en los que se representan a las Santas Catalina, María
Magdalena, Inés, Lucía, Apolonia, Bárbara,
Dorotea y Águeda. De una notable calidad artística,
todas
las
piezas acusan claramente su pertenencia a un conjunto concebido
de modo unitario, presentándose con ricos ropajes de
pliegues ondulantes y vistosa policromía en tonos verdosos
con motivos decorativos florales y vegetales; de finísimo
acabado, en la parte central del torso muestran la correspondiente
reliquia en el interior de una teca ovalada. Respecto a su autoría
los profesores Urrea y Parrado han sido los primeros en relacionar
a su autor con Juan Antonio de la Peña, escultor de origen
gallego, activo en el último tercio del siglo XVII, o
con alguno de los maestros de su taller, atribución que
también mantienen Arias Martínez y Hernández
Redondo en su estudio de la capilla relicario jesuita. Respecto
a la cronología, se puede documentar con certeza en 1673
gracias al hallazgo de esta fecha en la parte posterior de las
esculturas.
Por último, recordemos
que la capilla donde se conserva el busto de Santa Águeda
es la dedicada a relicario del antiguo colegio-noviciado de
jesuitas, reformada completamente tras los devastadores efectos
del incendio que sufrió el edificio colegial y la cabecera
de la iglesia en 1665. Tras las obras de reconstrucción,
realizadas a partir de 1669 bajo la dirección del maestro
medinense Juan Guardado, la capilla se dedica ahora a San Francisco
de Borja, fundador del colegio, cuyo retablo preside el conjunto;
en él se recogen y veneran las reliquias que llegan por
centenares al convento, en unos tiempos de marcada devoción
contrarreformista.
De la concurrencia de unos
muros literalmente cubiertos por relicarios de todos los tamaños
y tipologías, y de unos techos decorados interiormente
con pinturas y yeserías polícromas, resulta un
espacio absolutamente abigarrado y sobrecogedor. En la actualidad,
este conjunto nos muestra una imagen poco distante de la que
debió de tener en los tiempos de su construcción,
aunque los efectos del paso de tiempo hagan necesaria una urgente
actuación restauradora y de conservación de todos
los elementos artísticos que lo componen.
Bibliografía:
Urrea, J. y Parrado del Olmo,
J. Mª, "El arte de Medina del Campo", en Historia
de Medina del Campo y su Tierra. Valladolid, 1986, t.I.
Arias Martínez, M. y
Hernández Redondo, J.I., "La Compañía
de Jesús y las capillas relicarios vallisoletanas: Medina
del Campo", Actas del Congreso Internacional Struggle for
Synthesis, Lisboa, 1999.
Texto y fotografías
pertenecientes al Museo de las Ferias de Medina del Campo