Vista panorámica
Medina del Campo. Villa histórica, monumental, escultórica y paisajística
Villa de las Ferias


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SIMÓN RUIZ ENVITO Y VIRUÉS

Escudo de Simón Ruiz Envito en la Clave de la Cúpula de la iglesia del Hospital General
Escudo de Simón Ruiz Envito en la Clave de la Cúpula de la iglesia del Hospital General

MENÚ DE CONTENIDO

Simón Ruiz Envito y Virués, nace en Belorado, provincia de Burgos, en 1526, se traslada a Medina del Campo en sus años de juventud permaneciendo la mayor parte de su vida. Tan solo entre los años 1581 á 1593, comparte su residencia entre nuestra Villa y Valladolid.

Simón Ruiz Envito y Virués
Simón Ruiz Envito y Virués

Inicialmente su origen fue modesto pero muy ambicioso, buscando con afán el negocio supremo, convirtiéndose en muy poco tiempo en un importantísimo hombre de negocios comerciando entre Europa y América, llegando a ser Procurador General del Común y Regidor del Concejo gracias a su abundantísima fortuna.

Se casó con 35 años de edad, en 1561 con doña María de Montalvo, hija de don Juan de Montalvo y doña Isabel del Río, de las mejores familias de Arévalo. En aquella época que le tocó vivir, el matrimonio con doña María de Montalvo, mujer de familia noble pero sin fortuna, fue un medio para obtener algún privilegio o título, como asimismo un reconocimiento social sin ser absorbido por la aristocracia. Murió su esposa sin descendencia en 1571.

El año 1574, tres años después del fallecimiento de su primera esposa, se casó con doña Mariana de Paz de Miranda, que él mismo describiría como un negocio considerándolo como un medio de previsión de riqueza y estrechamiento de vínculos dentro de los hombres de negocio.

Este hombre de negocios no tuvo descendencia, siendo los herederos de su fortuna sus sobrinos, Vítores y Cosme, que obtendrían cada uno un mayorazgo.

Fue un hombre con profundas convicciones religiosas, adecuando estos principios a la mentalidad de hombre de negocios, convirtiéndose en uno de los banqueros, prestamistas, más importantes de la corona, financiando empresas de la Monarquía.

Su vida privada fue muy austera, a pesar de su gran fortuna, afectándole los problemas económicos de la corona española, arrastrándole hasta su quiebra.

Testamento de Simón Ruiz
Testamento de Simón Ruiz (enlace)

Años antes de su fallecimiento, destinó parte de su fortuna a la construcción y dotación de un gran Hospital en una finca de más de 20.000 m2, cedidos por el Consistorio, situado a las afueras de la ciudad batidas por el viento y donde los enfermos se encontraran separados por sexos y tipos de enfermedades, asegurando la intimidad de los mismos y posibles contagios donde pudieran aliviarse todo género de enfermedades, males contagiosos, heridas, llagas, y recoger a enfermos y peregrinos. Esta obra a la que Simón Ruiz dedicó sus últimos años, no la vería terminada, siendo al final éste, el lugar de centralización de los hospitales anteriormente construidos.

En 1.577, Felipe II, se dirigió al corregidor de Medina del Campo para intentar reunificar todos los hospitales en un Hospital General. Doña María Paz, segunda esposa de Simón Ruiz, unos años mas tarde, amplió la Fundación Simón Ruiz, dotándolo con mayores rentas para recoger a niños recién nacidos y abandonados.

En 1.596, hace testamento y el 16 de febrero de 1.597, añade una disposición de últimas voluntades. Simón Ruiz Envito fallece el día 1 de marzo de 1.597, a los 71 años de edad.

Simón Ruiz Envito y Virués, significó mucho en el desarrollo de la carrera como hombre de negocios, hombre de honor y benefactor en obras en pro de la comunidad, destacando la fundación del Hospital que lleva su nombre.

El espíritu de trabajo envidiable de este hombre, da ejemplo a las nuevas generaciones actuales y venideras. Siempre se adelantó a su tiempo significando un hito importante del bien hacer para la economía de la comunidad, introduciendo en Castilla sus nuevas técnicas a pesar de que en su época escaseaban las iniciativas empresariales, siendo ésta de un extraordinario auge comercial, tierras de ferias y mercados conocidos durante siglos por sus vinos, donde nace la letra de cambio inicio de una nueva etapa comercial.

Mariana de Paz
Mariana de Paz

Ha sido y sigue siendo el protagonista destacado de las iniciativas empresariales desarrolladas en Medina del Campo donde tuvo una estrecha relación comercial y a la vez vinculado con el comercio del nuevo continente, América, reafirmando de este modo su perfil de hombre de negocios y buscador de nuevos horizontes empresariales.

La herencia que nos dejó, fue su excepcional archivo, un conjunto de documentos inéditos en su género relativos al siglo XVI en España.

Más de 50.000 cartas procedentes de numerosas poblaciones españolas, portuguesas, italianas, francesas, Países Bajos, etc. Miles de letras de cambio, documentos relativos a los trasportes marítimos, facturas, pólizas de seguros, etc. Los libros de cuentas, borradores, diarios, llegan a ser cincuenta; todo ello nos da idea, no solo de los detalles de su actividad particular, sino que nos informa sobre el comercio interior y exterior, las prácticas comerciales, la banca y los cambios, incluso acontecimientos políticos. Aunque su actividad fue la de cambista de moneda, el trueque de monedas, unas por otras lo que le permitía disponer de capital suficiente para sacar importantísimas ganancias en el plano internacional mediante la utilización de la letra de cambio, profesión actual de banquero, siempre con la autorización y el permiso del rey, quien les exigía las garantías y fianzas suficientes.

Rutas de Simon Ruiz
Rutas de Simon Ruiz

En las ferias que se celebraban en Medina del Campo en el siglo XV con carácter "normal" en exclusiva en los meses de mayo y octubre, Simón Ruiz tenía el puesto de mando por su asidua presencia en ellas durante toda su vida. Iba acompañado de copiosa documentación y de sus libros de cuenta.

Tenía una red de corresponsales en muchas ciudades españolas, en Portugal, Francia, Italia, Alemania y Países Bajos que le servían de informadores y de enlaces en las operaciones que realizaba, poniéndole al corriente del valor de la moneda de cada ciudad y cada país, ya que dichos mercados importaban y exportaban sus productos y mercancías.

Sus responsabilidades como patriota y buena persona le hizo pasar por momentos angustiosos al estar plenamente informado de como la economía española zozobraba sin remisión; las acuñaciones de oro y plata desaparecieron y en su lugar el papel era el que circulaba, obligaciones, créditos y letras de cambio de procedencia privada y libranzas de procedencia oficial.

Simón Ruiz parece ser que compró una vivienda en Valladolid, en la calle Teresa Gil, para su estancia en los años 1586 y 1590. En 1593, su traslado fue definitivo a Medina del Campo, lugar donde hizo su fortuna y donde quiso beneficiarla con la construcción inicial de una capilla que con los años tomó una amplitud extraordinaria, se convirtió en iglesia y ésta en un gran hospital al que dotó espléndidamente, beneficiando asimismo a los pobres al disponer de suficiente fortuna.

En 1591 y de acuerdo con Medina del Campo, unió todos los hospitales existentes hasta la fecha en uno solo, salvo el de la Piedad, fundado en el siglo XV por Fray Lope de Barrientos, obispo de Cuenca. El acta de fundación fue aprobada por Felipe II el 23 de abril de 1592. La obra emprendida era de tal envergadura que su fundador no la vio terminada, el 1 de mayo de 1619. El retablo de la iglesia fue colocado en 1601, las estatuas funerarias de Simón Ruiz y sus esposas, junto con la verja, en 1603 y se sabe que el conjunto de la construcción costó 21.074.024 maravedíes.

Simón Ruiz Envito
Simón Ruiz Envito

Su vivienda en Medina del Campo estaba situada muy cerca de la plaza Mayor, antigua calle de Ávila, hoy lleva su nombre, próxima a la entonces Iglesia de los Santos, Facundo y Primitivo, hoy multicines. De construcción sencilla, disponía de un patio, sin embargo su interior estaba decorada con bastante suntuosidad, cofres cubiertos de cuero ocupaban gran parte de su espacio, tapices de oriente con flores y figuras, escritorios de Alemania, otros más originales de las indias portuguesas, abundancia de ropa, manteles, sábanas, servilletas, toda clase de piezas de plata, en torno a las 362.

También acumulaba enorme cantidad de vinos y vinagres, provenientes de la zona de Medina del Campo. En las cuadras, dos caballos, los que tiraban de la carroza tapizada en cuero. En las habitaciones más importantes se hallaban retablos, cruces, estatuas relicarios, vasos, candelabros y libros de la piedad. En el piso superior, imágenes, retablos y pinturas flamencas, Amontonado una cantidad de objetos que luego serían reservados para el gran Hospital. Lo que se hecha en falta es la biblioteca; justifica esta ausencia sus muchas ocupaciones con la ausencia de tiempo para leer.

Sus esposas, doña María de Montalvo, disponían de un guardarropa difícil de detallar por su número, vestidos de terciopelo, de raso y sayas ricas, los colores, todos, desde el blanco al negro. Disponía de varias joyas y collares, uno de ellos de 162 perlas, cadena de plata de 276 eslabones, cinturón de oro con adornos de esmeraldas, rubíes y perlas.

Doña Mariana de Paz de Miranda, su segunda esposa, disponía de refajos franceses, en damasco raso, vertugadín de seda, guantes perfumados con ámbar, matillas, alguna de ellas de las indias portuguesas.

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Simón Ruiz Envito y Virués, significó mucho en el desarrollo de la carrera como hombre de negocios, hombre de honor y benefactor en obras en pro de la comunidad, destacando la fundación del hospital que lleva su nombre.

Simón Ruiz Envito
Simón Ruiz Envito

El espíritu de trabajo envidiable de este hombre, da ejemplo a las nuevas generaciones actuales y venideras. Siempre se adelantó a su tiempo significando un hito importante del bien hacer para la economía de la comunidad, introduciendo en Castilla sus nuevas técnicas a pesar de que en su época escaseaban las iniciativas empresariales, siendo ésta de un extraordinario auge comercial, tierras de ferias y mercados conocidos durante siglos por sus vinos, donde nace la letra de cambio inicio de una nueva etapa comercial.

Ha sido y sigue siendo el protagonista destacado de las iniciativas empresariales desarrolladas en Medina del Campo donde tuvo una estrecha relación comercial y a la vez vinculado con el comercio del nuevo continente, América, reafirmando de este modo su perfil de hombre de negocios y buscador de nuevos horizontes empresariales.

La herencia que nos dejó, fue su excepcional archivo, un conjunto de documentos inéditos en su género relativos al siglo XVI en España.

Más de 50.000 cartas procedentes de numerosas poblaciones españolas, portuguesas, italianas, francesas, Países Bajos, etc. Miles de letras de cambio, documentos relativos a los trasportes marítimos, facturas, pólizas de seguros, etc. Los libros de cuentas, borradores, diarios, llegan a ser cincuenta; todo ello nos da idea, no solo de los detalles de su actividad particular, sino que nos informa sobre el comercio interior y exterior, las prácticas comerciales, la banca y los cambios, incluso acontecimientos políticos. Aunque su actividad fue la de cambista de moneda, el trueque de monedas, unas por otras lo que le permitía disponer de capital suficiente para sacar importantísimas ganancias en el plano internacional mediante la utilización de la letra de cambio, profesión actual de banquero, siempre con la autorización y el permiso del rey, quien les exigía las garantías y fianzas suficientes.

En las ferias que se celebraban en Medina del Campo en el siglo XV con carácter "normal" en exclusiva en los meses de mayo y octubre, Simón Ruiz tenía el puesto de mando por su asidua presencia en ellas durante toda su vida. Iba acompañado de copiosa documentación y de sus libros de cuenta.

Tenía una red de corresponsales en muchas ciudades españolas, en Portugal, Francia, Italia, Alemania y Países Bajos que le servían de informadores y de enlaces en las operaciones que realizaba, poniéndole al corriente del valor de la moneda de cada ciudad y cada país, ya que dichos mercados importaban y exportaban sus productos y mercancías.

Sus responsabilidades como patriota y buena persona le hizo pasar por momentos angustiosos al estar plenamente informado de como la economía española zozobraba sin remisión; las acuñaciones de oro y plata desaparecieron y en su lugar el papel era el que circulaba, obligaciones, créditos y letras de cambio de procedencia privada y libranzas de procedencia oficial.

Simón Ruiz parece ser que compró una vivienda en Valladolid, en la calle Teresa Gil, para su estancia en los años 1586 y 1590. En 1593, su traslado fue definitivo a Medina del Campo, lugar donde hizo su fortuna y donde quiso beneficiarla con la construcción inicial de una capilla que con los años tomó una amplitud extraordinaria, se convirtió en iglesia y ésta en un gran hospital al que dotó espléndidamente, beneficiando asimismo a los pobres al disponer de suficiente fortuna.

En 1591 y de acuerdo con Medina del Campo, unió todos los hospitales existentes hasta la fecha en uno solo, salvo el de la Piedad, fundado en el siglo XV por Fray Lope de Barrientos, obispo de Cuenca. El acta de fundación fue aprobada por Felipe II el 23 de abril de 1592. La obra emprendida era de tal envergadura que su fundador no la vio terminada, el 1 de mayo de 1619. El retablo de la iglesia fue colocado en 1601, las estatuas funerarias de Simón Ruiz y sus esposas, junto con la verja, en 1603 y se sabe que el conjunto de la construcción costó 21.074.024 maravedíes.

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27-09-2002 - CULTURA

El archivo de Simón Ruiz revoluciona la historia postal.

Se han estudiado más de 56.000 cartas comerciales del banquero español del siglo XVI

Simón Ruiz y su esposa
Simón Ruiz Envito y esposa

Un estudio realizado sobre el archivo del banquero Simón Ruiz, el único completo de un personaje del siglo XVI, ha puesto de manifiesto una serie de descubrimientos y hallazgos que revolucionarán la historia postal y del correo de España.

«Cualquier colección de historia postal es un relejo de la historia del país», asegura el director del citado proyecto Fernando Alonso.

El conjunto de cartas comerciales del archivo de Simón Ruiz, que eligió Medina del Campo para desarrollar su actividad de mercader y banquero, constituye en estos momentos la más importante colección filatélica mundial conocida. Su estudio avanza además algunos cambios entre los que destacan, la existencia de carteros 150 años antes de lo que se tenía constancia. «Se creía que aparecieron a principios del siglo XVIII, pero en una carta del archivo circulada el 2 de junio de 1561, se cita ya a los carteros», manifiesta Alonso en las primeras conclusiones de este estudio.

En el conjunto de estas cartas comerciales, un total de 56.721 emitidas entre los años 1553 y 1630, se ha podido descubrir también que la creación de las estafetas de correos en España no se produjo el 10 de diciembre de 1610, sino 34 años antes, el 27 de julio de 1576. No son estos los únicos descubrimientos, el correo urgente es también mucho anterior de lo que se pensaba, así en la correspondencia del archivo de Simón Ruiz existe una carta del 1 de julio de 1570 en la que consta el pago de un suplemento de urgencia, lo que supone una diferencia de 335 años.

Todos estos hallazgos han sido posibles gracias al estudio de 24.123 cartas del banquero español que contienen sobrescritos con marcas postales. Se han analizado cartas dirigidas a catorce paises, destacando por su cuantía las enviadas por Simón Ruiz a Lisboa, Amberes, Lyon Florencia y Roma, que son las ciudades donde el banquero tenía negocios y transacciones.

Libro

Libro de contabilidad de Simón Ruiz
Libro de contabilidad de Simón Ruiz Envito

Los trabajos de documentación e investigación se han llevado a cabo bajo el patronaje de la Fundación Museo de las Ferias y de Medina del Campo de la Fundación Albertino de Figueiredo que se ha encargado de la edición de un libro donde se muestran detalladamente estos hallazgos.

Los estudios, resultado de una investigación que comenzó en enero de este año, son además pioneros en el campo de la historia postal.

La localidad de Medina del Campo acoge esta tarde la presentación del proyecto de investigación denominado 'Estudio postal del archivo de Simón Ruiz'. Durante el acto que tendrá lugar en el Museo de las Ferias en la calle San Martín, el propio director del proyecto Fernando Alonso de la Academia Hispánica de Filatelia, pronunciará una conferencia en la que dará a conocer estos hallazgos sobre la historia postal y del correo en España.

Proyecto de investigación: Estudio Postal del Archivo Simón Ruiz Proyecto de investigación: Estudio Postal del Archivo Simón Ruiz

Los Ruiz Envito en el comercio con Sevilla y América Los Ruiz Envito en el comercio con Sevilla y América

Los negocios de Simón Ruiz Envito Los negocios de Simón Ruiz Envito

Más información Personajes históricos

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02-02-09 - Un banquero burgalés en la corte de Felipe II. El historiador Henri Lapeyre recupera en un libro la memoria de los Ruiz, una de las familias de comerciantes y financieros más importante en la Europa del siglo XVI.

R. Pérez Barredo /Burgos

Simón Ruiz Envito
Simón Ruiz Envito

Batiéndose con ferocidad en nombre de su rey, de su patria y de su religión, decenas de miles de soldados españoles arruinaron sus días en un rincón húmedo y frío de Europa. Los Tercios de Flandes, los batallones de los hombres más valerosos y audaces que jamás tuvo el imperio español, no sólo padecieron la exigencias de la guerra en los Países Bajos: allí, víctimas de un clima infame, fueron mal alimentados, mal vestidos y peor pagados. A punto estuvieron de no ver siquiera un mísero doblón, e incluso de perder antes aquella eterna guerra, cuando en 1575 el monarca Felipe II se topó con una hacienda en bancarrota. Con un vasto imperio que dominar, en guerra contra medio mundo, el emperador tuvo que recurrir a prestamistas privados. Uno de los más importantes fue Simón Ruiz, mercader y financiero burgalés.

Este episodio, así como la importancia que tuvo la familia Ruiz en el escenario comercial entre España y Francia durante el reinado de Felipe II, se narran con exhaustivo rigor en el libro Una familia de mercaderes: los Ruiz, de Henri Lapeyre, traducido por Carlos Martínez Shaw y que acaba de editar la Junta de Castilla y León. La saga de los Ruiz, originaria de Belorado, extendió su enorme influencia a lo largo de seis décadas del siglo XVI. Los Ruiz, pertenecientes a la alta burguesía castellana, comerciantes laneros con aspiraciones nobiliarias, alcanzaron si cabe un grado mayor, dadas las ambiciosas metas que acabaron conquistando.

Por encima del resto de miembros de la familia, y a pesar de las dos generaciones implicadas en su esplendor, hubo dos nombres propios en el seno de los Ruiz: Andrés y Simón. El primero desarrolló sus extraordinarias dotes de comerciante en Nantes, el puerto más importante de la Francia occidental. Su poderosa presencia es hoy todavía palpable: uno de los muelles del puerto de esta ciudad lleva su nombre, y el archivo municipal guarda varios registros sobre su intensa actividad económica. Andrés, que viajó desde Belorado atraído por la importante colonia castellana en Nantes establecida. Allí, en poco tiempo, se convirtió en un importante comerciante del textil a la par que financiero, si bien esta última actividad acabaría por ser su principal fuente de ingresos.

Llegó a actuar como representante de banqueros franceses e, incluso, prestaba servicios al rey. En pocos años, Andrés Ruiz, asegura el autor de la obra, se hizo con una incalculable fortuna que le reportó ser el hombres más rico de Nantes. Se hizo construir varios palacios e incluso una capilla, donde fue enterrado tras su muerte, acaecida en 1580 por una enfermedad infecciosa. Su descendencia emparentó con la mejores familias de la Bretaña, lo que revela asimismo su poderío, e incluso llegó a desestimar el ofrecimiento de ser el primer magistrado de la ciudad.

Hombre popular, recto, profundamente pío «al mismo tiempo alegre y dado a la buena vida», su estupenda relación con la Corona francesa no le impidió prestar servicios a su rey, a pesar de las malas relaciones entre Francia y España. «En Nantes, desempeñaba el papel de un verdadero cónsul de España», sostiene el autor de Una familia de mercaderes: los Ruiz.

Simón, hombre de negocios. Simón, hermano de Andrés, cambió Belorado por Medina del Campo, enclave próspero, siguiendo la estela de un tercer hermano, Vítores, que era comerciante en la ciudad vallisoletana. Simón pronto se consolidó como un serio comerciante, dedicado a la compra y venta de telas de Bretaña. Constituyó varias sociedades mercantiles que le fueron reportando pingües beneficios. Comerció con diferentes ciudades tanto españolas como francesas y de Flandes, estableciendo alianzas con familias poderosas, como los también burgaleses Maluenda y Quintanadueñas. Con todo, atravesó momentos duros en los que su fortuna se resquebrajó.

Sin embargo, ésta experimentaría un crecimiento vertiginoso a partir de un cambio en sus negocios. Así, fue olvidándose poco a poco del comercio, trocando esta actividad por otra más lucrativa: la especulación. «De las filas de los que tomaban dinero a préstamo, pasó a las filas de los que lo daban». Aliado estratégicamente con negociantes portugueses y manteniendo sus relaciones con los comerciantes de Francia y Flandes, en 1575 era ya uno de los principales hombres de negocios español con tentáculos e influencias en las principales plazas europeas. Aquel año acabaría suponiendo para el beliforano un espaldarazo definitivo en su exitosa carrera.

No en vano, el monarca español declaró la hacienda imperial en bancarrota, teniendo que recurrir a los hombres de negocios para salir del paso. «Recibió la consagración suprema al convertirse en uno de los prestamistas de Felipe II. Utilizó sus relaciones en Portugal, Lyon y Amberes para suministrar al rey, en un momento de extrema gravedad, tras la quiebra de 1575, las letras de cambio de necesarias para el pago de las soldadas de las tropas de Flandes. De este modo, se inauguró su nueva carrera de financiero (...) que proporcionará a nuestro personaje una influencia y una consideración fuera de serie. Tratará de igual a igual con las grandes potencias financieras, mantendrá relación con los Lomellini, los Spinola, los Fugger, será persona grata en el Consejo de Hacienda (...) e incluso el propio Felipe II oirá con frecuencia hablar de él», recoge Lapeyre. Todo ello, claro, sin descuidar su condición de comerciante; más al contrario: su fortuna le permitió ampliar esa actividad.

Gran rectitud. Lapeyre define a Simón Ruiz como un hombre de gran rectitud, de hondas convicciones religiosas, austero, sencillo la par que lúcido y de gran talla intelectual, «el gran hombre de la familia Ruiz». De su vida privada destaca el historiador francés un hecho singular: la fundación del hospital de Medina del Campo, edificio que todavía hoy se mantiene en pie y que es una de las joyas de esta localidad castellana, de estilo herreriano, inspirado en El Escorial. Se trató de un gesto altruista, ya que se construyó para dar servicio a los pobres. Cuando Simón Ruiz murió en 1597, aún no había concluido, algo que sucedería años después.

Sin embargo, tardaría siglos en dar el servicio para el que se ordenó levantar, toda vez que su conclusión coincidió con la decadencia de Medina del Campo, por lo que tuvo que llegar la Guerra Civil española, ya en el siglo XX, para que se convirtiera en alivio de enfermos y heridos. «Sea como sea, allí queda como testimonio de que en la España del siglo XVI la caridad no era una palabra vana y de que el genio de los negocios no es incompatible con el espíritu cristiano», subraya Lapeyre.

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02-05-09 - La Junta reedita la obra de Lapeyre sobre los Ruiz, que unieron Medina con las capitales financieras europeas del XVI

Un edificio otrora señorial, de ladrillos mordidos por cuatro siglos de clima continental, con el interior expoliado y la espadaña de su capilla rindiéndose a la gravedad. Eso es lo que queda del sueño de Simón Ruiz, audaz negociante de la Medina del Campo del siglo XVI, cuando la ciudad de las ferias se medía con Amberes o Lyon. El mercader mudó su domicilio a conveniencia de sus negocios pero sus últimos años se retiró a su ciudad en la que quiso construir un hospital al estilo herreriano que ha dado servicio hasta hace tres décadas.

En los Ruiz se fijó el hispanista Henri Lapeyre, quien a comienzos de los años cincuenta comenzó a bucear en el archivo de esta familia y en 1955 publicó su tesis doctoral bajo el título 'Una familia de mercaderes: los Ruiz'. Veinte años después fue traducida por el historiador español Carlos Martínez Shaw, que presenta en la Feria del Libro de Valladolid la reedición de esta obra dentro de la colección de historia de la Junta.

Lapeyre desgrana los avatares de Simón Ruiz y sus herederos, tomando como base documental las 50.000 cartas que se conservan en el archivo familiar. Discípulo de Fernand Braudel y Raymond de Roover, Lapeyre dedicó su investigación histórica a la economía española del XVI. Visitante ocasional de Medina del Campo, se ha perdido el intento por transformar aquel hospital en un centro hostelero y luego el abandono de esa idea así como del edificio.

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14-05-16 - SIMÓN RUIZ, UN MERCADER-BANQUERO (siglo XVI), VOLCADO A EUROPA DESDE MEDINA DEL CAMPO

José Manuel González Torga [1]

Simón Ruiz, castellano del siglo XVI, fue primero un mercader dedicado a la importación y comercio al por mayor. Luego, amplió sus negocios a la actividad financiera transnacional, con arreglo a la distinción que ahora se hace, al dejar el término internacional para las relaciones entre Estados y entes asimilables a estos efectos. Su red de agentes, dentro y fuera de España, generó una activa correspondencia que pervive acumulada en un valiosísimo archivo. Demuestra cómo, desde Medina del Campo, aquel hombre de empresa centralizó una intensa labor económica e informativa. Mediante esos flujos de mercancías, dinero y noticias contribuyó, de forma notable, a incrementar relaciones con repercusión en España y en otras naciones europeas.

Innumerables españoles, a través de los siglos, han aportado su granito de arena europeísta. Lo que justifica traer aquí el nombre de Simón Ruiz es la injusta desproporción entre su importancia real y el grado de permanencia del recuerdo. Merecerá la pena refrescar la memoria histórica.

El acervo de documentos dejados para la posteridad por Simón Ruiz posee trascendencia mercantil; pero también periodística. En la semblanza que le dedicó Juan José de Madariaga [2] subrayaba su búsqueda de una depurada información sobre los cambios de moneda en las plazas extranjeras, donde operaba, para asegurar su negocio. Esto le ataba, durante largos horarios, a su escritorio, ante el que leía y redactaba las misivas de su abultada correspondencia. Necesitaba conocer la realidad inmediata –con el desfase inevitable de un correo lento- pero buscaba también noticias sobre los acontecimientos de signo político o social que implicaran repercusiones sobre sus genuinas actividades económicas.

Caracterizado por el mismo J. J. de Madariaga [3] cómo persona hábil, muy diplomática y relacionada con personajes muy influyentes, cabe pensar que esos contactos propiciarían un género de intercambio informativo, con la oportunidad de inquirir aquello que le interesara y la de corresponder con novedades de su propia cosecha. Esta hipótesis queda corroborada con respecto a su correo cuando Henri Lapeyre [4] pone de manifiesto que en misivas a banqueros de Lyon –los Bonvisi y los Balbani– Simón deja ver «la excelencia de su información sobre lo que pasa en la Corte de España y un juicio muy seguro sobre la situación política cuando se refiere a la Guerra de Granada o a los disturbios de los Países Bajos».  

ORIGINARIO DE BURGOS

El nacimiento de Simón Ruiz Embito tuvo lugar en la villa burgalesa de Belorado, a orillas del río Tirón. La fecha no queda precisada, entre finales de 1525 y comienzos de 1526. Su familia debió desenvolverse dentro de una economía modesta, probablemente relacionada con el comercio de la lana, a escala reducida. Fueron sus padres Simón Ruiz y Juana González de Miranda; predominaba en ellos la hidalguía sobre los bienes materiales.

Simón toma sus propias iniciativas cuando cuenta más de veinte años. Entabla relación comercial con Ivon Rocaz, asentado en Nantes, de cuya alta burguesía formaba parte; desde la actividad mercantil que rige, remite al burgalés lienzos de Bretaña embalados, para su venta en las ferias de tierras castellanas. La importancia de estas manifestaciones del mercado en Medina del Campo deciden al joven, de alrededor de 25 años, a probar fortuna en la por entonces tan importante localidad.

En años sucesivos participará en diferentes sociedades, a partir de la que le asocia con Juan de Orbea, tesorero de Aragón. Afianza las relaciones anteriores con Nantes, donde ha fijado su lugar de trabajo el hermano de Simón, Andrés Ruiz. Desde Medina del Campo, el mercader teje, como ha señalado Emilio Olmos[5], «una extensa red de enviados y corresponsales que se extiende, poco a poco, por las principales ciudades europeas (Lisboa, Valencia[6], Génova, Rouen, etc.)». Coinciden, quizá por una redundancia natural, aquellas denominaciones con las específicas del Periodismo: corresponsales y enviados especiales. Estos últimos, informadores desplazados ocasionalmente a puntos geográficos donde ha surgido alguna noticia; mientras los corresponsales cubren, con mayor permanencia, la actualidad en centros generadores habituales de acontecimientos noticiables. Un término periodístico más –reportajes– sirve a Felipe Ruiz Martín[7] para designar textos guardados en el archivo de los Ruiz que remitieron determinados españoles con experiencia, relativos a su estancia o su paso por Roma.

Casó nuestro personaje, en primeras nupcias, cumplidos los 35 años, cuando ya había reunido una estimable fortuna. La novia, de la villa de Arévalo, era doña María de Montalvo, dama de alcurnia. La boda se celebra en el pueblo de Ataquines, a mitad de camino, poco más o menos entre Arévalo y Medina del Campo, donde estaban las residencias de uno y otro contrayente; fue el 12 de octubre de 1561.

Pasados algunos años, Simón Ruiz enviudó y contrajo su segundo matrimonio, en 1574, con doña Mariana de Paz, algunos de cuyos familiares ocupaban posiciones en la Corte, radicada, por entonces, en Valladolid. Tal circunstancia ayuda a la esposa a lograr su deseo de mudar allá la vivienda; esa estancia duraría doce años, que incluyen algunos pleitos mantenidos de cerca ante la Chancillería; transcurrido ese período retornan a Medina del Campo; él se centrará en organizar el destino de su herencia, al no haber tenido hijos de ninguna de las dos uniones.

Fallece el 1 de marzo de 1597, atendido por los cuidados domésticos de su segunda esposa. En su testamento, otorgado con fecha 1 de abril de 1596, encomia la bondad de su mujer y el amor que él le profesa, si bien al dejar para ella determinados bienes, establece dos condiciones: que no contraiga ulteriores nupcias y que no alterne la residencia de Medina del Campo con cualquier otra durante más de dos meses al año.  

INVESTIGADORES DE FUSTE

La labor económica de la firma Ruiz ha sido estudiada sobre todo por dos distinguidos investigadores: en Francia, el doctor Henri Lapeyre y, en España, el catedrático de Historia Económica y académico, Felipe Ruiz Martín. Lapeyre, profesor de la Universidad de Grenoble, escribió Une famille de marchands: les Ruiz, editado, en 1955, por Librairie Armand Colin, bajo el patrocinio del Centre de Recherches Historiques, órgano de la École Practique des Hautes Études de la Universidad de la Sorbona (París). Felipe Ruiz Martín, fallecido en enero de 2004, descollaba, entre otros saberes, como el gran especialista de la historia económica de Castilla en los siglos XVI y XVII; dedicó muchas páginas a la figura que nos ocupa: Pequeño capitalismo, gran capitalismo. Simón Ruiz y sus negocios en Florencia (el pequeño capitalismo era el castellano; y el gran capitalismo, por entonces, el genovés), Semblanza de Simón Ruiz Embito, mercader-banquero en las ferias de Medina del Campo...

La ascensión de Simón Ruiz le lleva de la actividad de regatón o revendedor al papel de financiero con ciertos clientes singulares -más o menos directos o indirectos- como Felipe II.

Su actividad europea progresará con el cambio de moneda mediante un sistema de letras de cambio (cambium per litteras). Vinculada a esa faceta surgió, de modo natural, su participación en el sistema de los denominados asientos. La carencia de un banco estatal y una Hacienda real con las terminales necesarias en los Países Bajos y en la geografía de Italia, ponía al monarca español en manos de los hombres de negocios poseedores de tales implantaciones para asegurar transferencias, pagos a fecha fija y anticipos para la guerra y la política. Unos asientos eran concertados, en España, con el Consejo de Hacienda; otros contaban con la firma del Gobernador de los Países Bajos, pendientes de su ratificación en Madrid. Simón Ruiz participó en los asientos para la Corona entre 1576 y 1588.

Llegó a ser, pues, un mercader-banquero, con arreglo a la tipología manejada por el historiador, de origen belga y nacionalidad estadounidense, Raymond de Roover, cuando investiga sobre el mercado del dinero en la Brujas medieval. Aparte de los usureros, diferenciaba a los cambiadores, quienes realizaban el trueque de diversas monedas, contantes y sonantes, a la vista y que, además, ejercían la banca de depósito, como antecesores de los banqueros de nuestros días; y los distinguía, netamente, de los englobados como mercaderes-banqueros, con capacidad para negociar monetariamente mediante ese tipo de transaciones de divisas utilizando la letra de cambio[8].

No todo en la actividad de negocios de Simón Ruiz fueron éxitos y satisfacciones. Pasó por los naturales contratiempos que surgen al transitar los mejores caminos de la vida. Así, la repercusión de la quiebras en cadena, ocurridas en Sevilla, durante el verano de 1567 y que continuaron al año siguiente; Simón Ruiz viajó a la capital hispalense y redujo las pérdidas; pero, a partir de dicha crisis limitó el tráfico de su compañía con el puerto vinculado a las Indias. Ya no extendería a gran escala los negocios con América, algo que hubiera ocurrido, por evolución natural, después de unos comienzos prometedores en Sevilla, donde constituyó una sociedad mercantil.

Otros tropiezos ocurren al circular por Miranda de Ebro envíos de numerario. En 1559 un episodio de este tipo quedó saldado con lenidad mientras que, en 1564, la aprehensión de 41.637 escudos, motivó que se incoara un proceso, prolongado durante seis largos años.

La implicación de Simón Ruiz en un caso de espionaje, por informes del embajador de España ante la Corte francesa, Juan de Vargas Mexía, debió producirle quebraderos de cabeza, hasta que el mismísimo Felipe II zanjó la cuestión con una anotación, de su puño y letra, en el margen del documento acusatorio, haciendo constar su opinión terminante: «Lo que se dice de Simón Ruiz no me convence. Tanto a él como a su hermano se les tiene por hombres de bien...[9]. Durante los años de residencia en Valladolid se considera probable que Simón Ruiz fuera recibido en algunas ocasiones por el monarca.

En 1563 resultó elegido Simón Ruiz, por los procuradores de la Santa Hermandad, para Procurador General del Común.

Arraigado a fondo en su Medina del Campo, como patria chica de adopción, vivía sin aparatosidad en la calle de Ávila, actualmente dedicada al nombre de Simón Ruiz. Su sobriedad castellana al exterior se hacía compatible con un ambiente casero complementado por detalles procedentes de variados orígenes del Viejo Continente: mobiliario y otros valiosos objetos traídos de Francia, Holanda o Alemania. No faltan muestras más exóticas, conseguidas, por ejemplo, en la India, con la intermediación del portugués Hernando de Morales. No reunió, por el contrario, una biblioteca selecta ni bien dotada; apenas algunos libros de contenido religioso, ciertas narraciones apreciadas por el público de entonces y un clásico Espejo de Príncipes.  

CORREO INFORMATIVO

Especialísimo interés tiene el correo recibido y enviado por el poderoso hombre de empresa. Junto a los miles de cartas llegadas del extranjero quedan copias de parte de las datadas en Medina del Campo. Una correspondencia global que, en cuatro décadas, superó las cincuenta mil misivas. El año 1579 bate el record: 2.620 cartas, que suponen una media de siete por día.

En el archivo Ruiz, considerado único en su género y por su importancia en cuanto al siglo XVI en España, encierra no sólo datos de la actividad particular de la firma sino otros muchos de superior alcance: sobre comercio interior y exterior, política mercantil, banca y cambios, así como «hasta los acontecimientos políticos»[10].

Para un hombre de negocios del siglo XVI, que maniobraba a larga distancia, el correo suponía un instrumento indispensable si quería contar con información propia. La evolución de los mercados, la situación patrimonial de mercaderes y compañías, supuestas maquinaciones como las del sector de genoveses conocido como nobile vecchi así como otros datos económicos, no llenaba las expectativas de quien había de tomar decisiones arriesgadas y apreciaba, para atinar mejor, el conocimiento de avatares políticos de carácter condicionante.

Para sus múltiples comunicaciones, Simón Ruiz simultaneó la mensajería propia o compartida con otros comerciantes, con el correo oficial, en España y en otros países, en manos de la familia De Taxis. La ruta terrestre hacia los Países Bajos discurría por Burdeos, Orleans y París; para Lyon, desde Burdeos derivaba por Limoges.

Dichos caminos, servían igualmente para el recorrido en sentido contrario.

El puerto de Bilbao centralizó la exportación y la importación de los Ruiz, por mar, con Francia y con Flandes. Alicante brindaba fletes competitivos para el tráfico naviero con Italia.

Lapeyre[11] recoge la distinción entre cartas generales (lettere di compagnia) y cartas privadas (lettere private). Las primeras van dirigidas a la firma y tratan de asuntos corrientes. Las cartas privadas se reservan para el responsable de la empresa y aportan noticias confidenciales, especulaciones políticas, planteamientos de negocios, opiniones sobre la solvencia de determinados empresarios y otras consideraciones delicadas y formuladas en tono de privacidad; informativamente contienen un interés preferente.

En los archivos Ruiz -indica el mismo Lapeyre- hay un cierto número de cartas en portugués, en italiano y, algunas, en francés; pero precisa que, por entonces, el castellano era una importante lengua comercial, utilizada corrientemente por los banqueros italianos radicados en Lyon y los comerciantes franceses de Nantes.

El lenguaje de Simón Ruiz en las cartas que remite, es concreto y claro, con los giros y la ortografía, obviamente, de la época.

Las mercancías objeto de los tratos por el comerciante y financiero cubren un amplio espectro. Además de la lencería (lienzos en general): especias, aceites, cochinilla, índigo, sal, trigo... En 1586 constan importaciones de mercancías varias procedentes de Hamburgo, entre las que destacaba cobre de Suecia y de Hungría.  

RELACIONADO CON LOS FUGGER

Los negocios le relacionaron con financieros europeos de primer orden como los Lomellini, los Spínola y los Fugger (en España, Fúcar).

Resulta muy conocida la importancia de la correspondencia de los Fúcar, de cuyas cartas informativas quedan colecciones en Viena y en el Vaticano. Aquella firma de Augsburgo, extendida por una vasta geografía que incluía la localidad española de Almagro, apoyaba su toma de decisiones en un continuo y minucioso seguimiento de la actualidad. Tan interesante que valía para ofrecer versiones para-periodísticas a figuras prominentes con las que mantenían relaciones privilegiadas.

A escala, la correspondencia de Simón Ruiz admite comparación. Lapeyre indica algo de dudosa interpretación cuando hace referencia a copias de cartas transcritas en hojas sueltas. Permite pensar en la virtualidad de su utilización para extraer contenidos a los que se sacara partido en línea más informativa que de aplicación comercial.

Sobre la credibilidad de las noticias circuladas nos ilustra un estudioso de temas medinenses como Sánchez del Barrio, cuando resume impresiones plurales de investigadores sobre la personalidad, autoritaria y ambiciosa de Simón Ruiz, conjugada con una extremada reserva, ajena a las confidencias personales. «Suele ser –añade-[12] seco y preciso en sus apreciaciones, siempre basadas en un conocimiento seguro de la situación en la que se ve inmerso, avalado por una buena red de información a su servicio, que le da cuenta de lo que sucede en los centros políticos y económicos más importantes de momento».

De la pléyade de corresponsales que se cruzaron cartas con Simón Ruiz, la enumeración de algunos avecindados en Italia, servirá a título de muestra. La totalidad de ese tráfico, entre las fechadas en Medina del Campo y las despachadas desde plazas italianas, sumó casi seis mil; de ese total desaparecieron más del millar. Conviene dejar sentado cómo los intereses del empresario castellano con Italia no discurrían tanto por cauces comerciales como financieros.

Especialmente vivo, en relación con la actualidad de aquellos tiempos, resulta el intercambio epistolar entre Simón Ruiz y Baltasar Suárez, situado -con toda la significación del término– en Florencia, capital de la Toscana.

Entre los cualificados interlocutores genoveses, firmas individuales de magnates, como la de Jerónimo Scorza o asociadas como las de Felipe y Jacobo Cattaneo y las de Bernardino Negrone y Castelvi Pinelli.

Como corresponsales en Milán actúan el capitán Juan de Muñatones y el banquero Cesare Negrollo, entre otros.
 

HOSPITAL GENERAL

A la altura del año 1564, Simón Ruiz ostentaba ya la condición de regidor de Medina del Campo, algo que le facultaba para intervenir en materias concernientes a ferias, por un lado, y a actividades de beneficencia por otro.

La última etapa de su vida la dedicó Simón Ruiz, preferentemente, a la fundación de un magno Hospital, bajo las advocaciones de Nuestra Señora de la Concepción y San Diego de Alcalá. Habría de intitularse Hospital General, y destinarse a la curación de todo tipo de enfermos y heridos, así como a la recogida de peregrinos, desamparados y contagiosos.

Ocupado durante la mayor parte de sus días en operaciones crematísticas, cuando le restaban los últimos años, Simón Ruiz determinó su herencia.

Sintiéndose medinense de adopción, buscó que su nombre perdurase vinculado al de Medina del Campo. Pendiente, sobre todo, del negocio de la salvación, aportó un montante significativo de su peculio en favor de enfermos y menesterosos.

El núcleo del negocio de la firma Ruiz pasó a Cosme, hijo de Vítores, uno de los hermanos de Simón. El susodicho Cosme Ruiz protagonizó algunas andanzas sonadas y pasó por una fase de apogeo en los negocios. Mezclado en actuaciones supuestamente conectadas a la trata de negros, llega a caer en prisión por deudas y muere a la edad de 58 años.

De aquella activa red europea quedan los legajos archivados. Desde hace años van siendo estudiados para profundizar con tratamiento de especialistas. Los libros dejan constancia de nuevas aportaciones sobre contenidos determinados. El que merecería explotar la rica veta informativa aguarda su turno.


[1] José Manuel González Torga es periodista y profesor universitario.

[2] Cfr. MADARIAGA, Juan José de: Bernal Díaz y Simón Ruiz de Medina del Campo. Ediciones de Cultura Hispánica. Madrid, 1966. Págs 323 y s.

[3] Cfr. Ibíd., pág.325

[4] LAPEYRE, Henri: «La vida privada de Simón Ruiz», capítulo de la edición compendiada y traducida de Une famille de marchandsles Ruiz. Publicaciones de la Cámara Oficial de Comercio e Industria. Valladolid, 1971. Págs. 3 y 4.

[5] VV.AA.: Mercaderes y cambistas: Emilio Olmos Herguedas: «Simón Ruiz: Mentalidad y vida cotidiana». Catálogo de la Exposición. Taller de la Imagen. Coordinación de textos: Antonio Sánchez del Barrio y Emilio Olmos. Medina del Campo, 1998.Pág. 29.

[6] Valencia figura en el mapa de los cambistas ya que la moneda valenciana, como ocurría por otra parte con la aragonesa, eran distintas de la castellana.

[7] RUIZ MARTÍN, Felipe: Pequeño capitalismo, gran capitalismo. Simón Ruiz y sus negocios en Florencia. Apéndice 2. Crítica, Barcelona, 1990. Pág. 209

[8] Cfr. LAPEYRE, H.: op. cit., parte preliminar, pág. XXVII.

[9] MADARIAGA, J J. de: op. cit., pág. 332. Remite a Archivo General de Simancas, K, 1558, Carta de Juan de Vargas a Felipe II. París, 10-I-1580.

[10] LAPEYRE, Henri:, op. cit. pág. XXV.

[11] LAPEYRE, Henri: Une Famille de Marchans, les Ruiz. Librairie Armand Colin. París, 1955. Pág 160.

[12] VV.AA.: Arte y mecenazgo. Capítulo 10, Antonio Sánchez del Barrio, «Simón Ruiz y el Hospital General de Medina del Campo». Caja Duero / El Norte de Castilla, Valladolid, 2000. Págs.226 y s.

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02-04-17 - Simón Ruiz, el Rockefeller de Felipe II

Exitoso comerciante, banquero y mecenas, el burgalés Simón Ruiz Envite se convirtió en uno de los personajes más destacados y poderosos del Siglo de Oro español, llegando a prestar dinero al mismísimo Felipe II, al tiempo que amasaba una fortuna y un legado de dimensiones colosales. Fue la persona que ayudó al rey en sus sueños imperiales.

Javier García Blanco

Simón Ruiz Envito y Virués
Simón Ruiz Envito y Virués

Aunque hoy en día muchos españoles no sepan ubicarla en el mapa, y la mayoría de nuestros vecinos europeos desconozcan incluso su existencia, hubo un tiempo, allá por el siglo XVI, en el que la villa vallisoletana de Medina del Campo fue una de las localidades más importantes del mundo occidental. La razón de la riqueza y prosperidad de esta villa castellana se encontraba en su intensa y envidiada actividad comercial, cuya mayor manifestación eran las ferias en las que se comerciaba con productos de todo tipo –y en especial paños y telas de los Países Bajos– llegados de todos los rincones del planeta.

Aquel boom mercantil de la Villa de Ferias –así sigue siendo conocida hoy– atrajo, como es lógico, a multitud de mercaderes de toda la Península y del resto del continente, pero también a una marabunta de cambistas, banqueros y toda suerte de hombres de negocios, deseosos de aumentar su fortuna en las tierras de Castilla. Entre ellos destaca la figura de un burgalés que, merced a su instinto para los negocios y su proverbial prudencia, logró construir casi desde cero una fortuna descomunal para un hombre que no contaba previamente con el apoyo de una poderosa familia a sus espaldas. Su nombre: Simón Ruiz Embito, un mercader de paños que acabó convirtiéndose en una de las figuras más respetadas e importantes de la España de Felipe II, monarca al que llegó a prestar abultadas cantidades de dinero cuando el Austria estaba más necesitado de ellas.

INSTINTO PARA LOS NEGOCIOS

Simón Ruiz nació en la pequeña localidad de Belorado (Burgos) hacia 1525 –la fecha exacta se desconoce–, en el seno de una familia de profunda raigambre burgalesa. Los Ruiz estaban lejos de ser una estirpe adinerada, pero no carecían de vínculos de importancia. El abuelo paterno de Simón,

Diego Ruiz Embito, había sido secretario del condestable de Castilla, don Bernardino Fernández de Velasco, y su abuela estaba emparentada con los condes de Oñate. En todo caso, parece que la economía familiar era más bien modesta, y estaba probablemente relacionada con el comercio de lana. Una actividad ésta, la mercadería de telas y paños, que continuaría Simón, y a la que dedicaría buena parte de su vida. No es mucho lo que sabemos de Simón Ruiz en sus años de adolescencia y juventud, pero las referencias a su persona comienzan a aumentar cuando alcanzó la veintena. Es entonces, a mediados de la década de 1540, cuando empieza a realizar sus primeras operaciones comerciales.

Uno de sus hermanos mayores, Andrés, se había establecido en la localidad francesa de Nantes en 1537, y desde allí mantenía relaciones mercantiles con comerciantes de Bilbao, Burgos y Medina del Campo. En la ciudad gala residía también otro comerciante, Yvon Rocaz, con quien Simón Ruiz no tardó en entablar contacto por medio de su hermano. Fue Rocaz quien empezó a enviarle paños y lienzos de Bretaña para que el burgalés los vendiera en las ferias castellanas, y de este modo Simón Ruiz acabó recalando en una de las plazas más importantes de la época, la de Medina del Campo.

Se inició así para Ruiz una intensa actividad mercantil de la mano de Rocaz, un negocio para el que se asoció con sus hermanos Andrés y Vitores y su primo Francisco de la Presa. Viendo la privilegiada y estratégica situación de Medina del Campo para sus planes empresariales, Simón decidió establecerse en la villa en 1550, residiendo en una modesta vivienda de la calle de la Plata. A partir de entonces los negocios de Ruiz no pararon de sucederse.

En 1551 se asoció con un comerciante llamado Juan de Orbea, y dos años después con otros dos mercaderes –Andrés Merino y Francisco de Zamora–, todo ello sin abandonar la pujante empresa iniciada junto a sus hermanos. Apenas cinco años más tarde, coincidiendo con el fi n del enfrentamiento entre Francia y España gracias al Tratado de Vancelles, sus tratos con Rocaz fueron aún mayores, rindiendo pingües beneficios para ambas partes. Una lucrativa asociación que perduró hasta 1569, año de la muerte de su socio francés.

Algunos años antes, en 1560, Simón Ruiz dejó temporalmente su “cuartel general” de Medina para viajar a Nantes. Allí visitó a su hermano, pero sobre todo se dedicó a cerrar nuevas operaciones de compraventa de mercancías. No es extraño que Ruiz decidiera presentarse en Francia para supervisar por sí mismo los detalles de sus negocios: en los años anteriores, su relación mercantil con Francia había supuesto una facturación por ventas cercana a los 80 millones de maravedíes. Por aquel entonces, comienzos de la década de 1560, Simón Ruiz ya se había granjeado una notable fama de mercader prudente, fiable y de confianza. Una reputación favorable que siguió creciendo a la par que su fortuna. En 1561, fecha de su matrimonio con doña María de Montalvo, dama vinculada a la nobleza, su patrimonio acendía ya a unos 35.000 ducados, una cifra nada desdeñable, a la que habría que sumar sus ya abundantes y valiosos bienes muebles.

Una de las razones que explican el rotundo éxito de los negocios del burgalés, convertido ya en una especie de Amancio Ortega del siglo XVI, es su extensa y tupida red de colaboradores y corresponsales distribuidos por toda Europa. Ruiz contaba con enviados y asociados en las ciudades más importantes del momento, como Lisboa, Valencia, Amberes, Génova, Lyon o Rouen, entre otras. Estos corresponsales no solo le abrían la puerta de innumerables negocios más allá de las fronteras castellanas, sino que además le proporcionaban información vital sobre la situación económica y política de los diferentes estados extranjeros.

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21-06-17 - El libro “Simón Ruiz y el mundo de los negocios en la Europa de los siglos XVI y XVII” será presentado hoy en Valladolid.

Simón Ruiz Envito y Virués
Simón Ruiz Envito y Virués

Redacción.- Hoy, a las 11.30 horas, en la Sala de Prensa del Rectorado de la Universidad de Valladolid, tendrá lugar la presentación del libro “Simón Ruiz y el mundo de los negocios en la Europa de los siglos XVI y XVII”, que recoge las ponencias del Congreso Internacional del mismo título celebrado en junio de 2016 en la sede de la Fundación Museo de las Ferias.

Este libro, cuya edición ha sido dirigida por el profesor Hilario Casado Alonso, es el tercero de la serie “Cátedra Simón Ruiz” de la Universidad de Valladolid. Recoge los estudios presentados por profesores de las Universidades de Toulouse, Leipzig, Milán, Lisboa, Oporto, Madrid, Sevilla y Valladolid; ha sido editado por la Cátedra con el respaldo de Ediciones Universidad de Valladolid, Banco Santander (a través de Santander Universidades) y la Fundación Museo de las Ferias.

Intervendrán en el acto de presentación: El rector de la Universidad de Valladolid, Daniel Miguel San José, la Presidenta de la Fundación Museo de las Ferias y alcaldesa de Medina del Campo, Teresa López Martín, y el director de la Cátedra Simón Ruiz, Hilario Casado Alonso.

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21-06-17 - ¿Cómo financió Felipe II la crisis económica de su reinado?

El libro 'Simón Ruiz y el mundo de los negocios en Europa en los siglos XVI y XVII' desgrana las interioridades de la economía de la época y disemina algunos casos concretos.

LUIS MIGUEL DE PABLOS

Ciriaco Rodríguez (Banco Santander), el rector de la UVA Daniel Miguel San José, la alcaldesa de Medina del Campo, Teresa López, e Hilario Casado, coordinador de la publicación. / Henar Sastre
Ciriaco Rodríguez (Banco Santander), el rector de la UVA Daniel Miguel San José, la alcaldesa de Medina del Campo, Teresa López, e Hilario Casado, coordinador de la publicación. / Henar Sastre

¿Cómo se las arreglaban en los siglos XVI y XVII para esquivar la crisis económica? ¿Tenían el mismo impacto que tienen ahora? ¿Pedían rescate? ¿Cómo se financiaba la corte de Felipe II? ¿Quiénes eran los banqueros del rey? Todas éstas y alguna pregunta más se responden en la lectura de 'Simón Ruiz y el mundo de los negocios en Europa en los sigos XVI y XVII' que edita la cátedra Simón Ruiz, y que se remite al congreso internacional celebrado en junio de 2016 en Medina del Campo. Las conclusiones de esta cita y las ponencias de todos los invitados se recogen en un libro, coordinado por Hilario Casado, que se basa en la ingente documentación que dejó Simón Ruiz antes de morir en 1597 en la villa medinense. Este comerciante que se dedicó a las finanzas internacionales, tendiendo redes por todo el continente europeo, gozó de gran prestigo por la gran cantidad de clientes que atesoró -entre ellos el propio Felipe II-, y en torno a su trayectoria se ha generado no pocos estudios e investigaciones que todavía hoy se utilizan como ejemplo.

En esta publicación, tercera de las editadas por su cátedra, se recogen los informes de profesores y catedráticos de distintas universidades europeas y, por lo tanto, también las interioridades de los flujos financieros de la época. Por entonces, la Corona española era bien consciente de las ventajas que reportaba tener una buena reputación a la hora de pedir préstamos, así como de los inconvenientes que podían generar los impagos por reducir después el número de prestamistas. En este sentido es Carlos Álvarez Nogal, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, quien explica en el libro las diferencias entre asientos y factorías, los dos contratos que utilizaba la Corona para endeudarse. «Mientras el asiento era un contrato cerrado, en el que se especificaba el coste que tendría para la Corona disponer de cierta suma, la factoría era un contrato abierto, en el que los costes dependían de las condiciones de los mercados y no de lo que pactasen previamente el banquero y la Corona», resume Nogal en su aportación al libro.

La presentación del libro ha corrido a cargo del rector, Daniel Miguel José, el coordinador de la publicación, Hilario Casado, y la alcaldesa de Medina del Campo, Teresa López, en calidad de presidenta del patronato de la Fundación Museo de las Ferias.

«Simón Ruiz es una de los grandes hombres de negocios de la época, y afortunadamente se ha podido conservar su archivo gracias al hospital que fundó, algo que normalmente se perdía», ha apuntado Hilario Casado, quien ha confirmado que desde la cátedra ya se trabaja en una cuarta publicación en torno a la figura de Simón Ruiz que verá la luz en 2018. Y es que su archivo, ha apuntado, recoge más de 70.000 cartas y 250.000 libros de contabilidad.

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13-07-17 - DOCUMENTOS ARCHIVO SIMÓN RUIZ 10 / JULIO – AGOSTO 2017

Memoria de lo que costó el coche del señor Simón Ruiz”

(con la carta que remite el licenciado Arévalo Sedeño a Medina del Campo)
Valladolid, 5 de marzo de 1575
Manuscrito sobre papel / bifolio
ASR, CC, C, Caja 27-10

“Memoria de lo que costó el coche del señor Simón Ruiz”
Memoria de lo que costó el coche del señor Simón Ruiz”

El coche (palabra de origen húngaro para referirse a este artefacto inventado en aquella tierra) se fue introduciendo en España a partir de mediados del siglo XVI y afianzándose su uso en Castilla con el traslado de la Corte a Madrid en 1561. Al mismo tiempo, siguiendo el modelo cortesano, la nobleza y las élites urbanas empezaron a comprar coches viendo en ello un aparato ceremonial de representación y propaganda que indicaba el status económico de su poseedor y marcaba su diferenciación social.

“Memoria de lo que costó el coche del señor Simón Ruiz”
Memoria de lo que costó el coche del señor Simón Ruiz”

No habría de ser menos Simón Ruiz quien era ya un poderoso hombre de negocios y, aunque no era persona dada a la ostentación y el lujo, quiso complacer a su esposa Mariana de Paz -con la que contrajo matrimonio en enero de 1574- con la compra de un coche en Valladolid al año siguiente. Por la memoria de gastos que acompaña a la carta que remite el licenciado Arévalo Sedeño, quien fuera Alcalde del Crimen en la Real Audiencia de Valladolid, sabemos el precio y algunas características de este vehículo. Se pagaron por el coche con todos sus herrajes y aderezos más las guarniciones y collarones para dos mulas y las de un caballo rucio que también se compró, 82.330 maravedís (aunque figuran 82.235 mrs en la cuenta de los recibos de pago). En la relación figuran los nombres de la mayoría de los artesanos que trabajaron en esta obra y entre ellos hay que destacar a Juan de Pedregal que hizo el herraje de este coche. Sin duda, se trata del mismo Pedregal que en 1576 hará la reja de la capilla que el bachiller Pedro del Torneo (primo de la viuda del pintor y escultor Gaspar Becerra) adquirió en la iglesia de Santa María de Tordesillas; y al que en 1579 se le encargará la construcción del reloj de la Universidad de Valladolid con un mecanismo que daba las medias horas y la aparición de tres carnerillos igual que el reloj de la Colegiata de Medina del Campo.

“Memoria de lo que costó el coche del señor Simón Ruiz”
Memoria de lo que costó el coche del señor Simón Ruiz”

Por los datos del documento que presentamos y algunos otros obtenidos de la relación de bienes y almoneda que llevan a cabo los testamentarios de Simón Ruiz, se puede concluir el aspecto de esta carroza de casa. Se trataría de un coche de viaje prácticamente idéntico al que se conserva en el Museu Nacional dos Coches de Lisboa y que perteneció al rey Felipe II (Felipe III de España), un tipo arcaico utilizado desde mediados del siglo XVI. Concretamente el carruaje de Simón Ruiz era un modelo de cuatro ruedas con dos ejes conectados entre sí por una sola viga que pasa por debajo de la caja; ésta última iba abierta y revestida de cordobán pespunteado y tachonado con clavos y bollones de latón dorado en forma de rosetillas, rosas y manzanas; el coche se cubría con una toldilla verde de cuero encerado para resguardar del agua y dos cortinillas de damasco o tafetán de color azul y amarillo (como los colores que figuran en el escudo de armas de las familias Ruiz Envito-Montalvo-Paz) e igual que las dos almohadas para sentarse con los pespuntes de hilo de oro; mientras que los respaldos, estribos y estradillo iban forrados en terciopelo. El coche podría llevar o bien un tronco en el que fueran aparejadas dos mulas guiadas por un cochero montado sobre una de ellas; o solo uncido el caballo rucio que se menciona en esta memoria de gastos.

Se trataría de un coche de viaje prácticamente idéntico al que se conserva en el Museu Nacional dos Coches de Lisboa y que perteneció al rey Felipe II (Felipe III de España)
Se trataría de un coche de viaje prácticamente idéntico al que se conserva en el Museu Nacional dos Coches de Lisboa y que perteneció al rey Felipe II (Felipe III de España)

Este sería el tipo de coche del que también nos dan noticia tanto Navagero que los había visto en las proximidades de Burgos, como Teresa de Jesús en sus peregrinaciones fundacionales por Castilla o Damasio de Frías en su Diálogo en alabança de Valladolid (hacia 1582) cuando dice refiriéndose al Prado de la Magdalena “donde las tardes y noches de verano es tanta la gente a pie, en coches y a cavallo, hombres, mujeres, músicas, cantos, bayles y regocijos…”.

En el inventario de los bienes de Simón Ruiz se dice que junto a su casa de la calle de Ávila había una cochera donde se guardaba la carroza y la caballeriza. Allí había un macho rucio con su freno y su silla, dos caballos castaños de tirar con sus jaeces, otro caballo castaño, una silla de jineta, dos sillas de la brida, tres frenos y tres ruedas de coche. Además, se guardaban allí un carro largo de madera con sus cuatro ruedas y un cubeto para traer agua con la cubierta de angeo vieja y rota, más un charrión de madera que servía en el hospital.

Fuente: Fundación Museo de las Ferias. Fernando Ramos González

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20-07-17 - Dos letras de cambio autógrafas de Simón Ruiz (Medina del Campo, 1558 y 1571)

Fernando Ramos González

Dos letras de cambio autógrafas de Simón Ruiz

  • Medina del Campo, 1588 y 1571.
  • Archivo Simón Ruiz.

Desde mediados del siglo XIII, al menos, la letra de cambio tuvo un carácter eminentemente comercial, como instrumento mercantil que permitió a los mercaderes poder llevar a cabo operaciones de compraventa de mercancías en distintas ciudades sin los peligros de transportar dinero en efectivo y, bajo esta fórmula de crédito o préstamo, su uso se generalizó durante el siglo XV. Pero, con el transcurso del tiempo, en el siglo XVI vemos que la letra de cambio empezó a perder su carácter de medio de pago en las operaciones comerciales para convertirse en un instrumento puramente financiero, siendo las ferias el principal centro generador de las operaciones de crédito y compensación, destacando entre ellas -en Castilla-, las Ferias Generales de Medina del Campo donde adquirirán un gran desarrollo y donde la letra moderna consolidará su forma definitiva de funcionamiento.

Primera letra de cambio de Simón Ruiz
Primera letra de cambio de Simón Ruiz

Si bien casi todas las letras fueron emitidas en las plazas feriales castellanas, el vencimiento coincidía con las ferias de Reyes, Pascua, Agosto y Todos los Santos de Lyon o Besançon; o la de Pascua de Amberes. Una idea de la importancia que aquí alcanzaron las operaciones de crédito nos la aporta el Archivo Simón Ruiz en el que se conservan más de 21.000 letras de cambio, circuladas entre los años 1553 y 1606, cuyos originales podemos contemplar en el Museo en continua renovación al igual que poderes, asientos con la Corona y otros documentos mercantiles del siglo XVI de gran valor histórico.

Las dos letras de cambio seleccionadas en esta ocasión tienen la singularidad de ser autógrafas y estar redactas y firmadas por el propio Simón Ruiz y son claro ejemplo de su actuación en el ámbito financiero. La primera de ellas está fechada en octubre de 1558, en los inicios de su actividad cuando casi exclusivamente trabajaba con sus parientes (sus hermanos Vitores y Andrés o su primo carnal Francisco de la Presa, con el que también formó compañía) o personas de estricta confianza como es el caso de su factor Juan de Sarribiarte (muerto antes de mayo de 1569), partícipe en operaciones de tráfico de letras con el extranjero sobre banqueros de las plazas de Lyon (como los Bonvisi) para la feria de Besançon. Este tipo de transacciones consistía en remitir al extranjero el libramiento de una letra de cambio con vencimiento en la feria destino y, una vez hecha efectiva, se giraba una nueva letra de cambio a las ferias de Medina incrementado el importe con los intereses que se hubieran generado. En el caso que nos ocupa, Simón Ruiz escribe a los Bonvisi para que en la feria de agosto de Besançon paguen 800 escudos a Andrés Ruiz sobre la cuenta de Sarribiarte, que serán retornados para la de octubre de Medina.

Segunda letra de cambio de Simón Ruiz
Segunda letra de cambio de Simón Ruiz

La segunda de las letras de cambio (septiembre de 1571) nos informa de la actividad de Simón Ruiz como «dador» de crédito. Se trata de una letra a la vista para el cobro de los 41.626 maravedíes que, en nombre de Simón, dio el obispo de Cuenca, Bernardo de Fresneda, a Pedro Álvarez. La operación no salió como se esperaba al negarse el deudor al pago -desconocemos las circunstancias- y retornó a Medina con una carta de Juan Antonio de Marín, otro factor de Simón Ruiz, esperando instrucciones de su señor para proceder al cobro.

ArribaTranscripción de documentos

Bibliografía

  • AGUILERA-BARCHET, B., Historia de la letra de cambio en España (seis siglos de práctica trayecticia), Madrid, 1988.
  • CASADO ALONSO, H., «Le commerce des "marchandises de Bretagne" avec l'Espagne au XVIe siècle», Annales de Bretagne et des pays de l'Ouest, tomo 107, 2 (2000), Les activités textiles dans l'Ouest XVIe-XIXe siècles, pp. 29-50.
  • LAPEYRE, Henri, Una familia de mercaderes: los Ruiz. Contribución al estudio del comercio entre Francia y España en tiempos de Felipe II, edición y traducción de Carlos Martínez Shaw, Junta de Castilla y León, 2008, pp. 237-295.
  • RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, R., La actividad bancaria de Simón Ruiz Envito en sus primeros años. Sus cuentas con Lope de Medina, regidor de Medina del Campo y con otros familiares y allegados. Comunicación presentada en el II encuentro de trabajo La historia de la contabilidad en España, Sevilla, 1998.
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