Vista panorámica
Medina del Campo. Villa histórica, monumental, escultórica y paisajística
Villa de las Ferias


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SIMÓN RUIZ ENVITO Y VIRUÉS


Simón Ruiz Envito y Virués, nace en Belorado, provincia de Burgos, en 1526, se traslada a Medina del Campo en sus años de juventud permaneciendo la mayor parte de su vida. Tan solo entre los años 1581 á 1593, comparte su residencia entre nuestra Villa y Valladolid.

Simón Ruiz Envito
Simón Ruiz Envito y Virués

Inicialmente su origen fue modesto pero muy ambicioso, buscando con afán el negocio supremo, convirtiéndose en muy poco tiempo en un importantísimo hombre de negocios comerciando entre Europa y América, llegando a ser Procurador General del Común y Regidor del Concejo gracias a su abundantísima fortuna.

Se casó con 35 años de edad, en 1561 con doña María de Montalvo, hija de don Juan de Montalvo y doña Isabel del Río, de las mejores familias de Arévalo. En aquella época que le tocó vivir, el matrimonio con doña María de Montalvo, mujer de familia noble pero sin fortuna, fue un medio para obtener algún privilegio o título, como asimismo un reconocimiento social sin ser absorbido por la aristocracia. Murió su esposa sin descendencia en 1571.

El año 1574, tres años después del fallecimiento de su primera esposa, se casó con doña Mariana de Paz de Miranda, que él mismo describiría como un negocio considerándolo como un medio de previsión de riqueza y estrechamiento de vínculos dentro de los hombres de negocio.

Este hombre de negocios no tuvo descendencia, siendo los herederos de su fortuna sus sobrinos, Vítores y Cosme, que obtendrían cada uno un mayorazgo.

Fue un hombre con profundas convicciones religiosas, adecuando estos principios a la mentalidad de hombre de negocios, convirtiéndose en uno de los banqueros, prestamistas, más importantes de la corona, financiando empresas de la Monarquía.

Su vida privada fue muy austera, a pesar de su gran fortuna, afectándole los problemas económicos de la corona española, arrastrándole hasta su quiebra.

Testamento de Simón Ruiz
Testamento de Simón Ruiz (enlace)

Años antes de su fallecimiento, destinó parte de su fortuna a la construcción y dotación de un gran Hospital en una finca de más de 20.000 m2, cedidos por el Consistorio, situado a las afueras de la ciudad batidas por el viento y donde los enfermos se encontraran separados por sexos y tipos de enfermedades, asegurando la intimidad de los mismos y posibles contagios donde pudieran aliviarse todo género de enfermedades, males contagiosos, heridas, llagas, y recoger a enfermos y peregrinos. Esta obra a la que Simón Ruiz dedicó sus últimos años, no la vería terminada, siendo al final éste, el lugar de centralización de los hospitales anteriormente construidos.

En 1.577, Felipe II, se dirigió al corregidor de Medina del Campo para intentar reunificar todos los hospitales en un Hospital General. Doña María Paz, segunda esposa de Simón Ruiz, unos años mas tarde, amplió la Fundación Simón Ruiz, dotándolo con mayores rentas para recoger a niños recién nacidos y abandonados.

En 1.596, hace testamento y el 16 de febrero de 1.597, añade una disposición de últimas voluntades. Simón Ruiz Envito fallece el día 1 de marzo de 1.597, a los 71 años de edad.

Simón Ruiz Envito y Virués, significó mucho en el desarrollo de la carrera como hombre de negocios, hombre de honor y benefactor en obras en pro de la comunidad, destacando la fundación del Hospital que lleva su nombre.

El espíritu de trabajo envidiable de este hombre, da ejemplo a las nuevas generaciones actuales y venideras. Siempre se adelantó a su tiempo significando un hito importante del bien hacer para la economía de la comunidad, introduciendo en Castilla sus nuevas técnicas a pesar de que en su época escaseaban las iniciativas empresariales, siendo ésta de un extraordinario auge comercial, tierras de ferias y mercados conocidos durante siglos por sus vinos, donde nace la letra de cambio inicio de una nueva etapa comercial.

Mariana de Paz
Mariana de Paz

Ha sido y sigue siendo el protagonista destacado de las iniciativas empresariales desarrolladas en Medina del Campo donde tuvo una estrecha relación comercial y a la vez vinculado con el comercio del nuevo continente, América, reafirmando de este modo su perfil de hombre de negocios y buscador de nuevos horizontes empresariales.

La herencia que nos dejó, fue su excepcional archivo, un conjunto de documentos inéditos en su género relativos al siglo XVI en España.

Más de 50.000 cartas procedentes de numerosas poblaciones españolas, portuguesas, italianas, francesas, Países Bajos, etc. Miles de letras de cambio, documentos relativos a los trasportes marítimos, facturas, pólizas de seguros, etc. Los libros de cuentas, borradores, diarios, llegan a ser cincuenta; todo ello nos da idea, no solo de los detalles de su actividad particular, sino que nos informa sobre el comercio interior y exterior, las prácticas comerciales, la banca y los cambios, incluso acontecimientos políticos. Aunque su actividad fue la de cambista de moneda, el trueque de monedas, unas por otras lo que le permitía disponer de capital suficiente para sacar importantísimas ganancias en el plano internacional mediante la utilización de la letra de cambio, profesión actual de banquero, siempre con la autorización y el permiso del rey, quien les exigía las garantías y fianzas suficientes.

Rutas de Simon Ruiz
Rutas de Simon Ruiz

En las ferias que se celebraban en Medina del Campo en el siglo XV con carácter "normal" en exclusiva en los meses de mayo y octubre, Simón Ruiz tenía el puesto de mando por su asidua presencia en ellas durante toda su vida. Iba acompañado de copiosa documentación y de sus libros de cuenta.

Tenía una red de corresponsales en muchas ciudades españolas, en Portugal, Francia, Italia, Alemania y Países Bajos que le servían de informadores y de enlaces en las operaciones que realizaba, poniéndole al corriente del valor de la moneda de cada ciudad y cada país, ya que dichos mercados importaban y exportaban sus productos y mercancías.

Sus responsabilidades como patriota y buena persona le hizo pasar por momentos angustiosos al estar plenamente informado de como la economía española zozobraba sin remisión; las acuñaciones de oro y plata desaparecieron y en su lugar el papel era el que circulaba, obligaciones, créditos y letras de cambio de procedencia privada y libranzas de procedencia oficial.

Simón Ruiz parece ser que compró una vivienda en Valladolid, en la calle Teresa Gil, para su estancia en los años 1586 y 1590. En 1593, su traslado fue definitivo a Medina del Campo, lugar donde hizo su fortuna y donde quiso beneficiarla con la construcción inicial de una capilla que con los años tomó una amplitud extraordinaria, se convirtió en iglesia y ésta en un gran hospital al que dotó espléndidamente, beneficiando asimismo a los pobres al disponer de suficiente fortuna.

En 1591 y de acuerdo con Medina del Campo, unió todos los hospitales existentes hasta la fecha en uno solo, salvo el de la Piedad, fundado en el siglo XV por Fray Lope de Barrientos, obispo de Cuenca. El acta de fundación fue aprobada por Felipe II el 23 de abril de 1592. La obra emprendida era de tal envergadura que su fundador no la vio terminada, el 1 de mayo de 1619. El retablo de la iglesia fue colocado en 1601, las estatuas funerarias de Simón Ruiz y sus esposas, junto con la verja, en 1603 y se sabe que el conjunto de la construcción costó 21.074.024 maravedíes.

Simón Ruiz Envito
Simón Ruiz Envito

Su vivienda en Medina del Campo estaba situada muy cerca de la plaza Mayor, antigua calle de Ávila, hoy lleva su nombre, próxima a la entonces Iglesia de los Santos, Facundo y Primitivo, hoy multicines. De construcción sencilla, disponía de un patio, sin embargo su interior estaba decorada con bastante suntuosidad, cofres cubiertos de cuero ocupaban gran parte de su espacio, tapices de oriente con flores y figuras, escritorios de Alemania, otros más originales de las indias portuguesas, abundancia de ropa, manteles, sábanas, servilletas, toda clase de piezas de plata, en torno a las 362.

También acumulaba enorme cantidad de vinos y vinagres, provenientes de la zona de Medina del Campo. En las cuadras, dos caballos, los que tiraban de la carroza tapizada en cuero. En las habitaciones más importantes se hallaban retablos, cruces, estatuas relicarios, vasos, candelabros y libros de la piedad. En el piso superior, imágenes, retablos y pinturas flamencas, Amontonado una cantidad de objetos que luego serían reservados para el gran Hospital. Lo que se hecha en falta es la biblioteca; justifica esta ausencia sus muchas ocupaciones con la ausencia de tiempo para leer.

Sus esposas, doña María de Montalvo, disponían de un guardarropa difícil de detallar por su número, vestidos de terciopelo, de raso y sayas ricas, los colores, todos, desde el blanco al negro. Disponía de varias joyas y collares, uno de ellos de 162 perlas, cadena de plata de 276 eslabones, cinturón de oro con adornos de esmeraldas, rubíes y perlas.

Doña Mariana de Paz de Miranda, su segunda esposa, disponía de refajos franceses, en damasco raso, vertugadín de seda, guantes perfumados con ámbar, matillas, alguna de ellas de las indias portuguesas.

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27-09-2002 - CULTURA
El archivo de Simón Ruiz revoluciona la historia postal
Se han estudiado más de 56.000 cartas comerciales del banquero español del siglo XVI

Simón Ruiz y su esposa
Simón Ruiz y su esposa

Un estudio realizado sobre el archivo del banquero Simón Ruiz, el único completo de un personaje del siglo XVI, ha puesto de manifiesto una serie de descubrimientos y hallazgos que revolucionarán la historia postal y del correo de España.

«Cualquier colección de historia postal es un relejo de la historia del país», asegura el director del citado proyecto Fernando Alonso.

El conjunto de cartas comerciales del archivo de Simón Ruiz, que eligió Medina del Campo para desarrollar su actividad de mercader y banquero, constituye en estos momentos la más importante colección filatélica mundial conocida. Su estudio avanza además algunos cambios entre los que destacan, la existencia de carteros 150 años antes de lo que se tenía constancia. «Se creía que aparecieron a principios del siglo XVIII, pero en una carta del archivo circulada el 2 de junio de 1561, se cita ya a los carteros», manifiesta Alonso en las primeras conclusiones de este estudio.

En el conjunto de estas cartas comerciales, un total de 56.721 emitidas entre los años 1553 y 1630, se ha podido descubrir también que la creación de las estafetas de correos en España no se produjo el 10 de diciembre de 1610, sino 34 años antes, el 27 de julio de 1576. No son estos los únicos descubrimientos, el correo urgente es también mucho anterior de lo que se pensaba, así en la correspondencia del archivo de Simón Ruiz existe una carta del 1 de julio de 1570 en la que consta el pago de un suplemento de urgencia, lo que supone una diferencia de 335 años.

Todos estos hallazgos han sido posibles gracias al estudio de 24.123 cartas del banquero español que contienen sobrescritos con marcas postales. Se han analizado cartas dirigidas a catorce paises, destacando por su cuantía las enviadas por Simón Ruiz a Lisboa, Amberes, Lyon Florencia y Roma, que son las ciudades donde el banquero tenía negocios y transacciones.

Libro

Libro de contabilidad de Simón Ruiz
Libro de contabilidad

Los trabajos de documentación e investigación se han llevado a cabo bajo el patronaje de la Fundación Museo de las Ferias y de Medina del Campo de la Fundación Albertino de Figueiredo que se ha encargado de la edición de un libro donde se muestran detalladamente estos hallazgos.

Los estudios, resultado de una investigación que comenzó en enero de este año, son además pioneros en el campo de la historia postal.

La localidad de Medina del Campo acoge esta tarde la presentación del proyecto de investigación denominado 'Estudio postal del archivo de Simón Ruiz'. Durante el acto que tendrá lugar en el Museo de las Ferias en la calle San Martín, el propio director del proyecto Fernando Alonso de la Academia Hispánica de Filatelia, pronunciará una conferencia en la que dará a conocer estos hallazgos sobre la historia postal y del correo en España.

Proyecto de investigación: Estudio Postal del Archivo Simón Ruiz Proyecto de investigación: Estudio Postal del Archivo Simón Ruiz

Los Ruiz Envito en el comercio con Sevilla y América Los Ruiz Envito en el comercio con Sevilla y América

Los negocios de Simón Ruiz Envito Los negocios de Simón Ruiz Envito

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02-02-09 - Un banquero burgalés en la corte de Felipe II. El historiador Henri Lapeyre recupera en un libro la memoria de los Ruiz, una de las familias de comerciantes y financieros más importante en la Europa del siglo XVI. R. Pérez Barredo /Burgos

Simón Ruiz Envito
Simón Ruiz Envito

Batiéndose con ferocidad en nombre de su rey, de su patria y de su religión, decenas de miles de soldados españoles arruinaron sus días en un rincón húmedo y frío de Europa. Los Tercios de Flandes, los batallones de los hombres más valerosos y audaces que jamás tuvo el imperio español, no sólo padecieron la exigencias de la guerra en los Países Bajos: allí, víctimas de un clima infame, fueron mal alimentados, mal vestidos y peor pagados. A punto estuvieron de no ver siquiera un mísero doblón, e incluso de perder antes aquella eterna guerra, cuando en 1575 el monarca Felipe II se topó con una hacienda en bancarrota. Con un vasto imperio que dominar, en guerra contra medio mundo, el emperador tuvo que recurrir a prestamistas privados. Uno de los más importantes fue Simón Ruiz, mercader y financiero burgalés.

Este episodio, así como la importancia que tuvo la familia Ruiz en el escenario comercial entre España y Francia durante el reinado de Felipe II, se narran con exhaustivo rigor en el libro Una familia de mercaderes: los Ruiz, de Henri Lapeyre, traducido por Carlos Martínez Shaw y que acaba de editar la Junta de Castilla y León. La saga de los Ruiz, originaria de Belorado, extendió su enorme influencia a lo largo de seis décadas del siglo XVI. Los Ruiz, pertenecientes a la alta burguesía castellana, comerciantes laneros con aspiraciones nobiliarias, alcanzaron si cabe un grado mayor, dadas las ambiciosas metas que acabaron conquistando.

Por encima del resto de miembros de la familia, y a pesar de las dos generaciones implicadas en su esplendor, hubo dos nombres propios en el seno de los Ruiz: Andrés y Simón. El primero desarrolló sus extraordinarias dotes de comerciante en Nantes, el puerto más importante de la Francia occidental. Su poderosa presencia es hoy todavía palpable: uno de los muelles del puerto de esta ciudad lleva su nombre, y el archivo municipal guarda varios registros sobre su intensa actividad económica. Andrés, que viajó desde Belorado atraído por la importante colonia castellana en Nantes establecida. Allí, en poco tiempo, se convirtió en un importante comerciante del textil a la par que financiero, si bien esta última actividad acabaría por ser su principal fuente de ingresos.

Llegó a actuar como representante de banqueros franceses e, incluso, prestaba servicios al rey. En pocos años, Andrés Ruiz, asegura el autor de la obra, se hizo con una incalculable fortuna que le reportó ser el hombres más rico de Nantes. Se hizo construir varios palacios e incluso una capilla, donde fue enterrado tras su muerte, acaecida en 1580 por una enfermedad infecciosa. Su descendencia emparentó con la mejores familias de la Bretaña, lo que revela asimismo su poderío, e incluso llegó a desestimar el ofrecimiento de ser el primer magistrado de la ciudad.

Hombre popular, recto, profundamente pío «al mismo tiempo alegre y dado a la buena vida», su estupenda relación con la Corona francesa no le impidió prestar servicios a su rey, a pesar de las malas relaciones entre Francia y España. «En Nantes, desempeñaba el papel de un verdadero cónsul de España», sostiene el autor de Una familia de mercaderes: los Ruiz.

Simón, hombre de negocios. Simón, hermano de Andrés, cambió Belorado por Medina del Campo, enclave próspero, siguiendo la estela de un tercer hermano, Vítores, que era comerciante en la ciudad vallisoletana. Simón pronto se consolidó como un serio comerciante, dedicado a la compra y venta de telas de Bretaña. Constituyó varias sociedades mercantiles que le fueron reportando pingües beneficios. Comerció con diferentes ciudades tanto españolas como francesas y de Flandes, estableciendo alianzas con familias poderosas, como los también burgaleses Maluenda y Quintanadueñas. Con todo, atravesó momentos duros en los que su fortuna se resquebrajó.

Sin embargo, ésta experimentaría un crecimiento vertiginoso a partir de un cambio en sus negocios. Así, fue olvidándose poco a poco del comercio, trocando esta actividad por otra más lucrativa: la especulación. «De las filas de los que tomaban dinero a préstamo, pasó a las filas de los que lo daban». Aliado estratégicamente con negociantes portugueses y manteniendo sus relaciones con los comerciantes de Francia y Flandes, en 1575 era ya uno de los principales hombres de negocios español con tentáculos e influencias en las principales plazas europeas. Aquel año acabaría suponiendo para el beliforano un espaldarazo definitivo en su exitosa carrera.

No en vano, el monarca español declaró la hacienda imperial en bancarrota, teniendo que recurrir a los hombres de negocios para salir del paso. «Recibió la consagración suprema al convertirse en uno de los prestamistas de Felipe II. Utilizó sus relaciones en Portugal, Lyon y Amberes para suministrar al rey, en un momento de extrema gravedad, tras la quiebra de 1575, las letras de cambio de necesarias para el pago de las soldadas de las tropas de Flandes. De este modo, se inauguró su nueva carrera de financiero (...) que proporcionará a nuestro personaje una influencia y una consideración fuera de serie. Tratará de igual a igual con las grandes potencias financieras, mantendrá relación con los Lomellini, los Spinola, los Fugger, será persona grata en el Consejo de Hacienda (...) e incluso el propio Felipe II oirá con frecuencia hablar de él», recoge Lapeyre. Todo ello, claro, sin descuidar su condición de comerciante; más al contrario: su fortuna le permitió ampliar esa actividad.

Gran rectitud. Lapeyre define a Simón Ruiz como un hombre de gran rectitud, de hondas convicciones religiosas, austero, sencillo la par que lúcido y de gran talla intelectual, «el gran hombre de la familia Ruiz». De su vida privada destaca el historiador francés un hecho singular: la fundación del hospital de Medina del Campo, edificio que todavía hoy se mantiene en pie y que es una de las joyas de esta localidad castellana, de estilo herreriano, inspirado en El Escorial. Se trató de un gesto altruista, ya que se construyó para dar servicio a los pobres. Cuando Simón Ruiz murió en 1597, aún no había concluido, algo que sucedería años después.

Sin embargo, tardaría siglos en dar el servicio para el que se ordenó levantar, toda vez que su conclusión coincidió con la decadencia de Medina del Campo, por lo que tuvo que llegar la Guerra Civil española, ya en el siglo XX, para que se convirtiera en alivio de enfermos y heridos. «Sea como sea, allí queda como testimonio de que en la España del siglo XVI la caridad no era una palabra vana y de que el genio de los negocios no es incompatible con el espíritu cristiano», subraya Lapeyre.

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02-05-09 - La Junta reedita la obra de Lapeyre sobre los Ruiz, que unieron Medina con las capitales financieras europeas del XVI

EL LIBRO. 'Una famila de mercaderes: los Ruiz': Edición y traducción de Carlos Martínez Shaw. Valladolid, Junta de Castilla y León, 2008. 629 páginas. 29,72 euros.
EL LIBRO. 'Una famila de mercaderes: los Ruiz': Edición y traducción de Carlos Martínez Shaw. Valladolid, Junta de Castilla y León, 2008. 629 páginas. 29,72 euros.

Un edificio otrora señorial, de ladrillos mordidos por cuatro siglos de clima continental, con el interior expoliado y la espadaña de su capilla rindiéndose a la gravedad. Eso es lo que queda del sueño de Simón Ruiz, audaz negociante de la Medina del Campo del siglo XVI, cuando la ciudad de las ferias se medía con Amberes o Lyon. El mercader mudó su domicilio a conveniencia de sus negocios pero sus últimos años se retiró a su ciudad en la que quiso construir un hospital al estilo herreriano que ha dado servicio hasta hace tres décadas.

En los Ruiz se fijó el hispanista Henri Lapeyre, quien a comienzos de los años cincuenta comenzó a bucear en el archivo de esta familia y en 1955 publicó su tesis doctoral bajo el título 'Una familia de mercaderes: los Ruiz'. Veinte años después fue traducida por el historiador español Carlos Martínez Shaw, que presenta en la Feria del Libro de Valladolid la reedición de esta obra dentro de la colección de historia de la Junta.

Lapeyre desgrana los avatares de Simón Ruiz y sus herederos, tomando como base documental las 50.000 cartas que se conservan en el archivo familiar. Discípulo de Fernand Braudel y Raymond de Roover, Lapeyre dedicó su investigación histórica a la economía española del XVI. Visitante ocasional de Medina del Campo, se ha perdido el intento por transformar aquel hospital en un centro hostelero y luego el abandono de esa idea así como del edificio.

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