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MEDINA DEL CAMPO
(ACONTECIMIENTOS NACIONALES E INTERNACIONALES)


El triunfo final de Enrique II

Vista de Calahorra (La Rioja), villa fronteriza entre los antiguos reinos de Castilla y Navarra
Vista de Calahorra (La Rioja), villa fronteriza entre los antiguos reinos de Castilla y Navarra

La victoria obtenida en Nájera permitió a Pedro I recuperar el trono castellano, Pero el triunfo fue flor de un día. Las relaciones con el Príncipe Negro se fueron enfriando, a medida que se comprobaba la imposibilidad en que se encontraba Pedro I de hacer efectiva la recompensa acordada en el tratado de Libourne. Antes de que concluyese el verano de 1367, el príncipe de Gales abandonó Castilla y regresó a Gascuña. En el transcurso de ese mismo verano se produjeron pronunciamientos favorables a Enrique II en diversos lugares de Castilla. Enrique, por su parte, después de negociar en Francia nuevas ayudas a su causa, volvió a la Península en septiembre de 1367, entrando en Castilla, una vez más, por la villa de Calahorra.

Ruinas el castillo de la Estrella, a cuyos píes se extiende la villa de Montiel (Ciudad Real)
Ruinas el castillo de la Estrella, a cuyos píes se extiende la villa de Montiel (Ciudad Real)

La guerra fratricida se reanudaba, pero en unas condiciones muy distintas a las de la etapa anterior. En la nueva fase de enfrentamiento no hubo paseos triunfales, sino que se trató más bien de una guerra de desgaste. Las villas y las ciudades, sobre todo de la Meseta, se adherían una tras otra a la causa trastamarista. Asimismo, algunos nobles que en un principio habían defendido la causa del rey legítimo cambiaron de bando; tal fue el caso, entre otros, de Pero López de Ayala, el brillante cronista. Con todo, hubo linajes nobiliarios que lucharon hasta el final al lado de Pedro I. El caso más significativo es, tal vez, el de los Castro, cuyo jefe, Fernando de Castro, terminó sus días en el exilio, después de haber sido desposeído de sus señoríos por el vencedor.

Enrique II decidió emprender una ofensiva militar, cuyo principal objetivo era la ciudad de Toledo, a la que puso cerco en abril de 1368. Pese a que, a medida que pasaban los meses, aumentaban las dificultades de abastecimiento para los toledanos, el duro asedio de las tropas trastamaristas no hacía mella en los habitantes de la ciudad del Tajo, que ofrecieron una tenaz resistencia. Precisamente, en el campamento levantado por el de Trastámara frente a Toledo se firmó, el 20 de noviembre de 1368, un tratado por lo que Enrique y Carlos V de Francia establecían una estrecha alianza; cualquier ataque contra uno de ellos sería considerado sin más como un ataque contra el otro.

Los franceses enviaron fuerzas militares al pretendiente castellano, y así Bertrand du Guesclin retornó a la Península a mediados de diciembre de aquel mismo año. A cambio de esa ayuda los franceses esperaban de Castilla, ante todo, una colaboración naval; Castilla armaría veinte naves, que prestarían su concurso a la flota francesa en la guerra contra los ingleses. El tratado de Toledo fortalecía notablemente la imagen internacional de Enrique de Trastámara, al tiempo que Pedro I quedaba prácticamente aislado, debido a que sus relaciones con los ingleses se encontraban muy deterioradas.

La muerte de Pedro I en Montiel

El desenlace del conflicto se produjo en los primeros meses de 1369. Pedro I, que había negociado una alianza con los nazaríes de Granada, decidió acudir en defensa de la cercada ciudad de Toledo. Mientras el ejército combinado petrista-nazarí cruzaba Despeñaperros y avanzaba por tierras de La Mancha, las tropas trastamaristas, entre las que se encontraban los mercenarios franceses de Du Guesclin, caminaban hacia el Campo de Calatrava. El 14 de marzo los dos ejércitos se encontraron en las proximidades de la localidad manchega de Montiel, donde tuvo lugar una breve batalla que fue favorable a Enrique de Trastámara.

Muerte de Pedro I
Muerte de Pedro I a manos de su hermano bastardo, Enrique II. Gravado del siglo XIX (enlace)

El derrotado Pedro se refugió en el castillo de Montiel. Men Rodríguez de Sanabria, uno de sus hombres de confianza, intentó, pese a todo, una mediación, para lo cual parlamentó con Du Guesclin. El militar bretón aceptó la proposición y ofreció su propia tienda para que los dos hermanos, Pedro y Enrique, se entrevistaran. Aquélla fue <<la trampa para el león cautivo>>, como ca califica Luís Suárez Fernández. En la noche del 22 al 23 de marzo de 1369, tras una escena de suma crueldad, Enrique de Trastámara acabó con la vida de Pedro I de Castilla. El cronista López de Ayala relata el trágico suceso de la manera siguiente: <<firiólo con una daga en la cara; e dicen que amos a dos, el rey don Pedro e el rey don Enrique, cayeron en tierra, e el rey Enrique le frió estando en tierra de otras feridas. E allí murió el rey don Pedro>>.

El desenlace de Montiel significó el acceso definitivo de Enrique II al trono de Castilla. Toledo aún no había caído en el poder y se mantenían diversos núcleos repartidos por Castilla, que decían defender la causa petrista, pero nada podía evitar los hechos consumados. La desaparición de Pedro I supuso el establecimiento en Castilla de una nueva dinastía, la de los Trastámara.

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