08-01-08 - Presentación de la "Pieza del Mes" de febrero de 2008
Pieza invitada del Museo de San Francisco de
Medina de Rioseco
Iniciamos con la presente “Pieza del Mes” de febrero, la exposición mensual –hasta el mes de diciembre- de obras procedentes de Museos de la provincia de Valladolid, que se alternarán con otras seleccionadas según las premisas habituales de esta actividad. En este caso, presentamos una preciosa arqueta de origen mexicano, elaborada en carey y plata, perteneciente a los fondos del Museo de San Francisco de Medina de Rioseco, institución que abrió sus puertas el año pasado en el convento franciscano del mismo nombre, y donde se muestra una buena parte del riquísimo patrimonio histórico artístico de la ciudad de los Almirantes. De este modo, recordamos las estrechas relaciones que hubo entre dos ciudades castellanas unidas en su historia por su intensa vocación ferial y mercantil.
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Arqueta. Taller mexicano (¿Puebla?) Primera mitad del siglo XVIII Placas de carey y aplicaciones de plata / 15 x 25 x 12'5 cm. Medina de Rioseco. Museo de San Francisco (procede de la iglesia de Santa Cruz) Esta actividad cuenta con el patrocinio de la Diputación de Valladolid |
Más información e imágenes en: www.museoferias.net/febrero2008.htm
Las arquetas elaboradas en carey y guarnecidas con aplicaciones de plata, forman una tipología de origen mexicano, cuyos primeros ejemplares conocidos se han fechado en la segunda mitad del siglo XVI. La gran mayoría de las conservadas en España llegaron a iglesias y conventos como donaciones de indianos, destinadas a contener reliquias o a la reserva eucarística del Sacramento en la función del Jueves Santo, teniéndose siempre en mucha estima por el exotismo del material y la vistosidad de su acabado.
Concretamente, la arqueta del Museo de San Francisco presenta un magnífico estado de conservación y se cree que pudo formar parte de los bienes enviados desde México por el riosecano Don Manuel Milán –junto con su retrato de cuerpo entero, un cáliz y una piel de cocodrilo-, quien los legó a la monumental iglesia parroquial de Santa Cruz. La ausencia de marcas en los elementos de plata de la pieza nos impide precisar su lugar exacto de origen y el año de su elaboración; no obstante, la muerte de este personaje en Puebla (de los Ángeles), en 1757, nos sugiere una posible ciudad de procedencia –hay constancia de la existencia de activos talleres de platería en Puebla- y una cronología relativa.
En realidad, su apariencia es la de un cofrecillo de los denominados “guardajoyas”, a modo de pequeño baúl, elaborado con planchas de carey recortadas y moldeadas –otros ejemplares son de alma de madera revestida de carey-. Está guarnecido con cantoneras y aplicaciones caladas de plata que presentan motivos vegetales y puntas de flecha; también de plata son el asa central situado sobre la tapa superior, las aldabillas laterales, la cerradura de tipo escudete y las cuatro patas sobre las que se apoya. Ambos materiales, plata y carey, abundaban en el área del Golfo de México y fueron muy utilizados en la elaboración de obras suntuarias de carácter religioso como arquillas litúrgicas, atriles, crucifijos, etc.
Arquetas similares y de las mismas medidas que ésta se conservan en Santoyo (Iglesia de San Juan Bautista), Ledesma (Iglesia de Sta. María la Mayor), Ponferrada (Basílica de Ntra. Sra. de la Encina), etc.; aunque la más parecida –es prácticamente idéntica en tamaño y elementos decorativos- es la conservada en Sepúlveda, propiedad del Santuario de la Virgen de la Peña (actualmente se expone en el Museo de los Fueros de dicha villa). Todas han tenido la función de “arquillas del Santísimo” y, también en todos los casos, puede rastrearse su pertenencia a legados efectuados entre los siglos XVII y XVIII por personajes naturales de dichas villas, que vivieron en México ocupando importantes cargos en la Administración del Virreinato de la Nueva España.
Antonio Sánchez del Barrio