Cesar Borgia en el Castillo de la Mota (1504 - 1506)
En la segunda mitad del siglo XIV, nace en Roma, Alfonso de Borja, uno de los miembros principales de la poderosa familia valenciana de los Borja, transformada por los italianos en Borgia, llegada unos años antes procedentes del hispano reino de Valencia.
Este Alfonso de Borja (1379 - 1458), llegó al pontificado con el nombre de Calixto III el año de 1455, llevando la tiara papal hasta su muerte en 1458, no sin antes haber elevado al arzobispado de Valencia a su sobrino Rodrigo de Borja, que un año después, en 1456, recibe el capelo cardenalicio, y en el pontificado de Sixto IV (1471 - 1484) -que fue general de la orden franciscana-, autorizó el establecimiento de la Inquisición en Castilla y Aragón bajo el patrocinio real, edificó la Capilla Sixtina en el Vaticano, y referente a nuestra Medina, creó la Abadía de Medina del Campo (1480), elevando a Colegiata la románica parroquia de San Antolín.
Por mandato de este Papa Sixto IV, vino a Castilla como legado papal o cardenal Rodrigo Borgia, o de Borja, una de cuyas misiones fue lograr la reconciliación dl rey Enrique IV con su hermana de padre, la princesa Isabel, corriendo el año 1472, la cual se asentó ya como heredera de la Corona de Castilla, o princesa de Asturias, desde la Concordia de los Toros de Guisaldo.
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Rodrigo de Borgia - Alejandro IV |
Este Rodrigo de Borgia, elegido papa en 1492 con el nombre de Alejandro VI, hizo que su hijo natural Cesar Borgia, fuese nominado, primero, Obispo de Pamplona, y enseguida cono Arzobispo de Valencia, sede que él antes había ocupado; elevado a la púrpura cardenalicia en 1493, fue cardenal camarlengo, para después abandonar el estado eclesiástico y ponerse al frente de las tropas pontificias y conquistar la Romaña, siendo nombrado por Alejandro IV, duque de la Romaña, rechazando de los Estados pontificios a las tropas francesas acaudilladas por su rey Carlos VIII, que pretendieron conquistar el reino de Nápoles, siendo vencidas por el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba y expulsadas de Italia. No obstante su oposición a los franceses, Cesar Borgia logró que el rey Luis XII de Francia, sucesor de Carlos VIII, fuese su aliado y amigo y le entregó el ducado de Valentinois (duque de Valentino para los españoles e italianos de su época), casándose en 1499 con Carlota de Albret, hermana del rey de Navarra, pero al morir su padre Alejandro VI en 1503, y subir al solio de San Pedro el cardenal Juliano de la Róvere con el nombre de Julio II, tuvo que huir precipitadamente a Nápoles, donde el rey Fernando el Católico lo apresó y trasladó a Castilla siendo encerrado preso en el Castillo de la Mota de Medina del Campo, y nos dice a renglón seguido Antonia Ortolá, "en calidad de preso de Estado", y añade: "traído de Italia por González Fernández de Córdoba y retenido por Fernando el Católico"; y después nos dice: "cansado de aguantar por espacio de dos años de libertad se la procuró por medio de una audaz evasión en la noche del 25 de octubre de 1506; avisado el Alcalde Gabriel de Tapia, llegó a tiempo de cortar la soga con la que se descolgaba desde la torre del homenaje y, aunque quedó muy maltrecho por la caída, todavía pudo montar a caballo y refugiarse, con el auxilio del conde de Benavente, en las tierras del Rey de Navarra".
Claudio de la Torre, nos dice a este respecto: "que Cesar cae al foso, donde le recogen malherido", y esa parece que es la versión más generalizada, ya que si cae desde la torre, donde estaba preso, aún tenía que, o pasar por el rastrillo y su cuerpo de guardia armada, alertada, por las voces del Alcaide, o bien saltar la muralla y precipitarse por otra escala o cuerda hasta el foso, que en este castillo es y siempre fue seco, lo que nos parece humanamente imposible.
Así pues, emprendida la fuga y maltrecha su pierna, "a uña de caballo" y con sus cómplices, afines a la casa de Benavente, se encamina a Pozaldez y desde allí a Villalón, lugar que era señorío de su amigo el conde de Benavente, donde descansará durante casi un mes, ya que a finales de aquel noviembre y "aún o repuesto del todo de sus heridas" Cesar Borgia emprende viaje a Santander, acompañado por Martín de la Borda y Miguel de la Torre, ambos hombre de la casa condal de Benavente, y dicen algunos historiadores que "el caballo de Cesar, un alazán lucía enfrente una estrella blanca". Pasan raudos por Valladolid y llegan a Reinosa y el día 29 de noviembre de aquel 1506, se detienen en Castro Urdiales y por resentirse sus caballos, Cesar Borgia y Martín de la Borda "entran a pié en Santander".
El paso del Valentino, como se le conoció en los últimos años de su pasmosa y fulgurante corta vida, (32 años "muy vividos"), por las tierras y páramos de la Vieja Castilla, debió ser a los ojos de sus gentes, como bien nos dice Claudio de la Torre, igual que "una de las tantas libertades que el diablo, envuelto en su capa, y con los ojos de fuego, se permitía en aquellos tiempos".
Este encierro en la prisión de Estado que fue el Castillo de la Mota, y en sus primeros años de construcción final, "una de las fortalezas llaves del sur del Duero castellano", sirvió de triste palacio-prisión, a uno de los hombres más controvertidos de todo el Renacimiento y al que los historiadores enemigos que le sobrevivieron y triunfaron el Italia, crearon sobre él y su padre el pontífice, "una leyenda negra" a la que los modernos eruditos en la historia de su época y la apertura de los archivos vaticanos están dejando muy desvirtuados y puestos en su verdadero lugar.
La hermana de Valentino y hermosa hija de Rodrigo de Borja, luego Alejandro VI, Lucrecia, que primero estuvo casada con Juan Sforza en 1492, y anulado canónicamente este patrimonio, contrajo segundas nupcias con Alfonso de Aragón, que fue asesinado, achacándole su muerte a su cuñado Cesar Borgia, en 1498; finalmente se casó con Alfonso d'Este, duque soberano de Ferrara en 1501, del que enviudó normalmente en 1534 gobernando el ducado para sus hijos, rodeada de una corte de artistas y literatos hasta su muerte, sobrevenida en 1519, no sin que sobre ella cayera la injusta y bastante infundada mala leyenda de los victoriosos sobrevivientes en 1519.
Huido Cesar Borgia de la fortaleza medinense aquel 25 de octubre de 1506, cayéndose al hondo foso del castillo y huyendo a Santander en 1506 como "forastero sospechoso" según veremos a renglón seguido. Consignada esta fecha, no es hasta quince días después cuando la Reina doña Juana firmada la orden de "busca y captura" (como ahora se dice) del duque de Valentino, dado que su padre el rey Fernando el Católico, como Regente de Castilla, se encontraba por esos días en Italia.
Esta orden estaba redactada de modo "terminante" pero llegó tarde porque Cesar Borgia y sus dos acompañantes (Martín de la Borda y Miguel de la Torre), habían embarcado ya en Santander y desembarcado en Castro-Urdiales, a fin de borrar sus huellas, y por Bilbao y Guipúzcoa llegaron a Pamplona, donde reinaba su cuñado Juan de Albret.
La sangre fría y don de gentes de Cesar Borgia se demostraron una vez más, cuando fue detenido en Santander "como forastero sospechoso" logrando engañar a los alguaciles haciéndose pasar por "un honesto tratante de trigo". A este respecto nos apunta Claudio de la Torre, antes citado, que en el Archivo de Simancas se conserva una carta del Corregidor de las Cuatro Villas del Mar, en la que éste se disculpa ante su reina por semejante torpeza. Este Corregidor que en aquel momento histórico lo era Don Pedro de Mendoza añade, "si hubiéramos sabido de su fuga, ni por todo el oro del mundo se nos hubiera ocurrido hacer nada contrario al buen servicio de su Majestad, ni mucho menos dejar en libertad al fugitivo, sabiendo quien era o sospechándolo siquiera".
Siguiendo los pasos del duque de Valentino, es decir, de Cesar Borgia, a través del texto de una misiva que envía por aquellos fechas al marqués de Mantua y que sus historiadores consideran como una de las últimas firmadas por él, peso si, ciertamente, la última de las conservadas y publicadas, y por ella sabemos que pronto estuvo en la corte de su cuñado el rey de Navarra Juan de Albret, que le nombra capitán general de su ejército, que estaba en franca guerra con el conde de Lerín y otros súbditos rebeldes, apoyados en a sombra por el rey Fernando el Católico al que le interesaba la división y el debilitamiento del reino de Navarra hasta que ya en 1512 logra su completa anexión a la Corona de Castilla.
Todo ello hace que el flamante capitán general de Navarra, "para hacer entrar en razón a los rebeldes", y a partir de aquí, siguiendo uno de los relatos publicados por el precitado Claudio de la Torre, se nos dice textualmente: "En las afueras de Viana, en un paisaje desolado, son el más leve adorno de verdor, sin siquiera horizonte, porque el lugar se esconde entre los guijarros de un barranco, fue muerto Cesar Borgia en una emboscada por los soldados del conde de Lerín". Y continúa después: "sus restos mortales fueron enterrados con gran pompa, y bajo soberbio monumento, en la iglesia parroquial de Santa María, de Viena."
Pero el tiempo y los hombres terminaron por demoler el monumento, y la orden inapelable y feroz de un obispo de Calahorra de finales de siglo XVII, dispuso arrojar los restos del duque de Valentinois y de la Romaña fuera de la iglesia, a la calle, allí donde fueran pisoteados por los transeúntes y las bestias.
-Tremendo obispo- .No tuvo caridad por los huesos del que fue todo un príncipe del Renacimiento, aquel que se asegura sirvió a Nicolás de Maquiavelo como modelo fiel para que figurara en su obra "El Príncipe" y hasta en esto tuvo Cesar Borgia que encontrarse con el rey Católico, Fernando II de Aragón y Fernando V de las Españas, al que su padre, Alejandro VI, como papa, le otorgó ese título de "Católico" y al que algunos lo identifican también como modelo para la citada obra del florentino Maquiavelo, que siglos después sirvió de frecuente lectura y consulta, y hasta anotaciones por parte del emperador francés Napoleón Bonaparte.
Ahora efectuaremos un repaso sucinto de nuestro Castillo de la Mota, en la que durante más de dos años permaneció preso Cesar Borgia o Cesar de Borja, duque de Valentinois y duque de la Romaña, fortaleza medinense que se termina de construir en pleno siglo XV, durante los reinados de Juan II (1406 - 1454) y de su hijo Enrique IV (1454 - 1474), finalizando la ampliación definitiva entre los años 1479 y 1482, ya reinando Isabel I, la Católica (1474 - 1504). Esta fortaleza permaneció durante años en poder de la familia Fonseca, con su sobrino en la misma época también del mismo nombre como arzobispo de Santiago de Compostela. La tenencia del Castillo de la Mota por parte de los Fonseca, no sirvió más que para ocasionar conflictos y rencillas entre el Castillo y los vecinos de la Villa, a la que deberían defender y proteger, máxime en sus largos meses de ferias anuales; así como el duque de Alba pasaba en dirección a Segovia, o volvía de ella, con cien o quinientas lanzas, (no se ponen de acuerdo los historiadores al respecto), con ocasión de la proclamación en Segovia como Reina de Castilla de la princesa Isabel, los medinenses tenían puesto cerco al Castillo de la Mota, "puestos en pié d guerra", y al duque de Alba no le costó mucho esfuerzo poner paz, y que el Castillo fuera entregado a la nueva Reina por sus tenedores, como se hizo.
Así pues, desde esa fecha de 1474, el Castillo de la Mota volvió a pertenecer a la Corona de Castilla, y ejecutadas las obras pertinentes a fin de aumentar su seguridad y defensa, los Reyes Católicos, don Fernando II de Aragón y V de Castilla y doña Isabel I, de Castilla y de Aragón mandaron colocar en la puerta principal de la fortaleza medinense, en dura piedra caliza, labradas a ambos lados del nuevo Escudo Real ya con el Águila de San Juan bajo sus alas, las Armas de Castilla y de León, junto a las de Aragón, Cataluña, Valencia y las Dos Sicilias, y ya a partir de esa fecha, la fortaleza fue dedicada a la custodia y guarda de presos eminentes e ilustres, es decir de "razón de Estado", y también como salvaguarda de valiosos rescates de dinero y joyas, como aquel valiosísimo del rey de Francia Francisco I, para décadas después ir cayendo en el olvido de los poderes públicos, y pasar a ser fuente y "mina" donde recoger ladrillos gratuitamente el vecindario medinés, siendo abandonada la fortaleza por el Estado, sobre todo a partir de la guerra de la Independencia (1808 - 1814).
Así pues la ruina del Castillo de la Mota fue bastante rápida y muy grave, quedando inutilizado para cualquier práctico inmediato, y sirviendo de fuente de provisión de ladrillos, maderas, puertas y ventanas, desaparecieron paulatinamente, almenas, puente levadizo y torres, sin contar las maderas de toda índole que allí pudiera haber, siendo convertido en una "gran e histórica ruina", fruto directo de la incuria del tiempo y de los hombres, precipitada, singularmente, durante el calamitoso siglo XIX, iniciado con la guerra popular contra el invasor francés, esmaltada con las guerras civiles entre carlistas y liberales en dos crueles y largos periodos, la guerra de Marruecos de Isabel II, con Prim y O'Donell con caudillos victoriosos, para finalizar, en 1898, con los desastres de Filipinas y de Cuba.
Nuestro Castillo de la Mota, paree que en sus muros y almenas llevó retrasada todos los desastres que la nación iba pasando, y tuvo que llegar la fecha del IV Centenario de la muerte de Isabel la Católica "Fundadora de España Madre de América" con la fortaleza de la Mota, lo que movió a los poderes públicos a declararle en 1904 a nuestro Castillo de la Mota como "MONUMENTO NACIONAL", y así comenzaron las obras de consolidación de esta verdadera ruina histórica, que no tenía ni puerta de entrada o acceso directo a su interior, nada más que una abertura realizada por la mocería medinense de entonces, en la parte del muro a poca altura del foso que daba paso a uno de los recintos "subterráneos"; por allí penetró el joven rey don Alfonso XIII en su primera visita a Medina en 1903, y a partir del 1904 y 1905 a 1914, 1916 y en 1942 se verifican las obras de rehabilitación del recinto interior para fines culturales y no guerreros o de defensa. Esto en cuanto a la fortaleza prisión.
Ya vimos como los restos mortales del otrora prepotente Cesar Borgia, duque de Valentinois y duque de la Romaña, enterrados en plena vía pública, frente a la iglesia parroquial de Santa María, de la navarresa Viana, permanecieron allí sin saberse exactamente el lugar, ya que reciéron de lápida o señal externa desde que aquel inquisitorial obispo de Calahorra ordenase la exhumación y retirada del "soberbio monumento funerario" en que yacían sus restos, y hasta 1945 no fueron buscados, en el mes de agosto de es año, mediante unas excavaciones practicadas en los referidos parajes de la ciudad navarresa, y allí "se encontraron unos huesos que, colocados en un pequeño cofre me cupo el honor de llevar con mis propias manos, (las de Claudio de la Torre), al archivo Provincial de Navarra, donde quedaron depositados".
Los huesos hallados en plena vía pública parecen ser auténticos, según el informe que, a la visita de los mismos, realizaron los doctores Juaristi y Becerra estimando que aquellos eran los restos mortales del Valentino, siguiendo así una honda tradición, pero también todavía algunos pocos discuten su identidad. No obstante, y respaldando su informe, el propio Dr. Juaristi donó su sepulcro labrado y monumental a la ciudad de Viana para que albergase los restos mortales que él mismo y l tradición histórica estiman pertenecieron a Cesar Borgia; por ello el curioso viajero que visite la ciudad de Viana, en el reino de Navarra, hoy Comunidad Autónoma, podrá contemplar el monumento funerario que el citado Dr. Juaristi dono, un desagravio de lo realizado por aquel obispo de Calahorra, para que sirviera de cristiano enterramiento de los despojos de aquel príncipe del Renacimiento, con sus contradicciones vicios y virtudes (que alguna tendría) nuestro Cesar Borgia, el cual tuvo como mote lema de sus empresas el "Aut Caesar, aut nihil" (O Cesar, o nada).
Como "condotiero" o caudillo militar, al frente del ejército pontificio que él organizó, durante el papado de su padre Alejandro VI, conquistó las plazas de la Romaña de Imola, Forni, y Casena, liberó Pésaro (tiranizada por Juan Sforza), Rímini que lo era por Pandolfo Malatesta, y también Faenza oprimida por Astorre Manfredi, lo que motivó su nombramiento como duque de la Romaña, y asimismo detuvo y desvió de los Estados de la Iglesia a las tropas francesas que mandaba el propio rey Carlos VIII, en su camino hacia Nápoles, donde se encontraron con el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba.
Luis XII de Francia le hizo duque de Valentinois, su padre el pontífice Alejandro VI, duque de Romaña, y ambos ducados un tanto efímeros, el uno otorgado en 1498 por un monarca subyugado por las dotes de atracción que poseía Cesar Borgia, y en 1501, por el papa reinante que, pese a los lazos de sangre que los unía, no pudo sustraerse a los grandes servicios que había realizado al aumentar y afianzar los Estados Pontificios que sus campañas militares por la Romaña. Obispo, Arzobispo, Cardenal de la Santa Iglesia Romana, General de los Ejércitos pontificios, duque de Valentinois y duque de la Romaña. Capitán General del reino de Navarra (1507), y muerto en una obscura escaramuza, como ya hemos apuntado aquel 2 de marzo del año 1507. Su matrimonio con la hermana del rey de Navarra Juan de Albert, tuvo lugar el 12 de mayo de 1499, a los veinticuatro años, en la plenitud de su poder, que creo llega a su cenit en 1501, cuando le es otorgado el Ducado de la Romaña... "sic transit gloria mundi", que diría el clásico, para finalizar estas líneas enfocadas a resaltar a este singular personaje histórico, inspirador de Maquiavelo, junto a su antagonista Fernando el Católico, en su esporádica y forzada vinculación con el Castillo de la Mota, y concretamente a ella nos hemos referido especialmente.
Cerramos estas líneas con unas pinceladas familiares en torno a este linaje de los Borja, que en Italia se transforman, con sus beneplácito en Borgia.
Los abuelos valencianos de Cesar Borgia fueron Isabel de Borgia que casó con Godofredo de Borja, pariente lejano suyo y ambos fundadores de las casas ducales de Gandía y de Esquilache. Hermano de estos fue Alfonso de Borja, papa con el nombre de Calixto III (1455 - 1458), nacido en 1378.
Del matrimonio de Isabel y de Godofredo, nacieron Juan de Borja y Rodrigo de Borja (que fue papa como Alejandro VI), el cual habiendo emigrado a Roma, a la sombra de su tío Alfonso, ya cardenal. Allí, con Rosa Vanozza de Catanei, y antes de ser consagrado arzobispo de Valencia y recibir el capelo (1456), tuvo, con ella, cinco hijos reconocidos, Juan, Cesar, Godofredo, Luis y Lucrecia. La Rama primogénita de esta familia de los Borja quedaron en Gandía. Por ello tenemos que del matrimonio del sobrino de Alejandro VI, Juan de Borja con doña Juana de Aragón, de este matrimonio nacieron siete hijos, el primogénito de ellos Francisco, que después sería el 4º Duque de Gandía y primer Marqués de Lombay, se crió en la corte erudita del Arzobispo de Zaragoza su tío don Juan de Aragón (descendientes por línea bastarda de Fernando el Católico).
El Marquesado de Lombay procede de la baronía de este nombre que fue elevada a marquesado por Real Cédula del Emperador don Carlos V, fechada en Angsburgo el 7 de julio de 1530, y a más a Francisco de Borja le nombró cabalcerizo y Montero Mayor de la Emperatriz Isabel, la cual moriría años después en Toledo de sobreparto el día 1º de mayo de 1539, y que dio lugar a la trágica y fúnebre escena realizada por el pintor Moreno Carbonero, cuando don Francisco de Borja y Aragón, cuarto duque d Gandía y primer marqués de Lombay, Montero Mayor y Caballerizo Mayor de la Emperatriz, entrega el cadáver de su Señora, al Cabildo de la Catedral de Granada, y percibe a través de su vista y de su olfato, en que se había convertido la belleza singular y el señoría de la joven emperatriz de Alemania y reina de Las Españas.
Este suceso histórico, elevado a las cimas del arte, hizo posible que la todavía no fundada Compañía de Jesús (Societas Iesus) tuviese años después su tercer Prespósito General de la Compañía, y un Santo más allá y la Iglesia Universal: San Francisco de Borja.
También descendiente de la familia Borja, entre otros muchos, fue don Gaspar de Borja y Velasco (1582 - 1645), nieto de San Francisco de Borja, fue Cardenal- arzobispo de Milán, después de Sevilla y finalmente ocupó la sede primada de Toledo, donde murió. Presidió el Real Consejo de Aragón. A San Francisco de Borja le sucedió su hijo primogénito Carlos de Borja y Castro, en todos sus títulos, cargos y dignidades al ingresar en la Compañía de Jesús, su padre, después de muerta su esposa doña Leonor de Castro, que fue dama de honor de la Emperatriz Isabel. También hijo de San Francisco de Borja, fue Juan de Borja y Castro, que fue Mayordomo Mayor de la Emperatriz doña María de Austria, escribió la obra "Empresas Morales a la S.C.R. Majestad del rey Don Felipe" (editado en Praga en 1580), fue conde de Mayalde y Ficallo.
Otro descendiente singular y digna de ser recordada fue Doña Isabel de Borja (1498 - 1557), hija de Juan de Borja y de Doña María Enríquez de Luna, y por tanto sobrina-nieta del rey Fernando el Católico (la madre del rey fue Doña Juana Enríquez), nieta del Almirante de Castilla y Duque de Medina de Rioseco y asimismo n¡eta del papa Alejandro VI. Su hermano don Juan de Borja fue padre de nuestro San Francisco de Borja. Creo que con estos trazos familiares, podemos finalizar esta reseña histórica, los cuales hemos hecho para mayor información de la amplia y encumbrada familia de los Borjas hispanos y de sus parientes italianos de los Borjia, que todos son y pertenecieron y siguen perteneciendo a un tronco familiar común, el valenciano de los Borja.
Nuestro personaje Cesar Borgia y su padre el papa Alejandro VI, que entre otras cosas buenas promulgó en 1493 su célebre Bula fijando la geográfica "línea alejandrina" que determinó la división del Nuevo Mundo entre Castilla y Portugal, fueron tratados muy severamente por los historiadores italianos y los que bebieron de esa fuente, pero modernamente van siendo juzgados y tratados de de mucho mejor modo y manera, y las "lógicas" vaticanas debidas a este pontífice español, fueron abiertas no hace muchas décadas. Literariamente su reivindicador moderno fue el novelista valenciano Vicente Blasco Ibañez, en su obra "A los pies de Venus" que supone una ardorosa reivindicación de los Borgias, y actualmente el novelista Vázquez Montalván ha publicado una obra sobre Cesar Borgia titulada "O Cesar o nada" (1998) que aún no conocemos.
Ricardo Sendino González