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Castilla y León cuenta con una gran variedad de recursos culturales, sociológicos y medioambientales que pueden motivar al viajero, desde espacios naturales con ecosistemas y valores paisajísticos múltiples hasta un Patrimonio histórico que integra numerosos ejemplos monumentales y artísticos.
Sus 94.224 kilómetros cuadrados de superficie convierten a esta región en la más extensa de Europa con la que se halla comunicada a través de unas excelentes comunicaciones: La red de ferrocarril, vías de acceso por carretera y tres aeropuertos.
Castilla y León posee más del 50% del Patrimonio cultural español, cuenta con una red de Espacios Naturales con más de 35 enclaves privilegiados de alto valor medioambiental cuyas características merecen la consideración de espacios protegidos: Parques, Reservas Naturales, Monumentos Naturales y Paisajes Protegidos.
La variada gastronomía es avalada por la concesión de quince Denominaciones de Calidad a los productos que la sustentan entre los que destacan los excelentes vinos con cinco Denominaciones de Origen.
El rico patrimonio histórico y cultural de Castilla y León se pone de manifiesto en la celebración de sus fiestas, algunas de ellas muy antiguas. Ello ha contribuido a que muchas de estas celebraciones hayan sido declaradas de interés turístico internacional, nacional y regional.
Por último, las magníficas infraestructuras de alojamientos y establecimientos de restauración hacen posible que la capacidad y calidad de la oferta turística se incrementen. Parte de la apuesta regional por la calidad de la oferta es la creación de los Premios de Turismo de Castilla y León.
EL TERRITORIO
Si existe un término que pueda definir la compleja realidad de la región castellano-leonesa es, sin duda, la monumentalidad. Porque todo es desorbitado en la personalidad geográfica y cultural de esta Comunidad. Estratégicamente situada en el noroeste de la península. Su gran variedad de matices arranca, precisamente, del desmesurado tamaño físico, que representa la quinta parte del territorio español. La superficie total de Castilla y león es de 94.224 kilómetros cuadrados, lo que la convierte en la región más extensa de la Unión Europa.
Su territorio se articula básicamente sobre la cuenca del río Duero, la mayor de España, ocupando una situación de primer orden como espacio surcado por los grandes ejes que conectan la capital del país con las regiones atlánticas. Castilla y León está ubicada, por tanto, en la parte septentrional de la Meseta central hispana. Y su espacio queda delimitado, a modo de fronteras naturales, por la Cordillera Cantábrica al norte, el Sistema Ibérico hacia el este, el Sistema Central al sur, cerrando los Montes Galaicos Leoneses pa parte oeste.
El río Duero, la mayor fuente de energía eléctrica del país, desciende bravío desde el mismo corazón del Sistema Ibérico, a más de 2.000 metros de altitud. Convertido en vertebrador global del espacio, sus ímpetus naturales se atemperan al llegar a las llanuras. Aquí se forma una red de ríos y afluentes tributarios del gran Duero, que a su vez modelan tres niveles topográficos que se corresponden con los páramos, las campiñas y las vegas.
La diferencia de condiciones físicos y y orográficos ha proporcionado que el manto vegetal ofrezca gran variedad de rasgos ecológicos. El árbol más extendido es la encina, caracterizada por resistir bien el frío y el calor. Los encinares están presentes en todas las provincias, agrupados en forma de montes y bosques. También los castaños proliferan en terrenos frescos y ricos en nutrientes, distribuidos especialmente en las comarcas del noroeste leonés. Y finalmente, la cobertura forestal de la Sierra de Gredos muestra grandes masas de los muy famosos y cotizados pinos silvestres.
Dada su extensión, Castilla y León presenta una enorme variedad faunística. La zona más agreste alberga especies como el lobo y el oso pardo que estaban condenadas a desaparecer, aunque se han establecido normas de protección que tratan de perpetuar a unos mamíferos eternamente perseguidos por el hombre. La emblemática cabra montés habita en las montañas de Gredos, mientras que la Cordillera Cantábrica cobija ciervos, jabalíes y urogallos. Y entre las aves podemos citar el águila imperial, los buitres leonados del Cañón del Río Lobos y las cigüeña que inviernan en Villafáfila.
Las fronteras naturales de la Comunidad, esas majestuosas cordilleras de irregular orografía, son las que determinan los variados y atractivos paisajes. En las altas cumbres se perpetua la nieve hasta formar parte de una realidad bella y eterna, mientras que las zonas intermedias están conformadas por fecundas arboladas que pueblan esa simiente de vida que son los ríos.
El clima continental típico de Castilla y León, esos inviernos largos y rigurosos que contrastan con la moderación de los valores estivales, tiene mucho que ver con el colorido de sus tierras. Los profundos valles varías del verde vegetal al tono dorado según la estación del año, aunque siempre cuenta con la protección de suaves colinas coronadas por castillos, atentos y vigilantes al discurrir de los hombres y los tiempos.
LA HISTORIA
Agrupadas alrededor del Duero y sus afluentes, un núcleo de tribus cuya historia se pierde en la noche de los tiempos estableciólos primeros poblamientos en esta Comunidad de tradición milenaria. Tras ser sometidos por los soldados imperiales, la pax romana trajo a estas tierras civilización y progreso. Así surgieron puentes y caminos, termas y cloacas, acueductos y nuevos asentamientos urbanos. La llegada de los visigodos incorporó un nuevo elemento al paisaje. Cristianos al fin y al cabo, edificaron las primeras iglesias que se vieron en los despojados horizontes castellanos.
Tras las sucesivas invasiones árabes, los márgenes del río Duero quedaron empobrecidas y despobladas. Pero el valle no murió, y a partir del siglo IX se fundaron ciudades como Zamora y Burgos. En la siguiente centuria, gracias al impulso del conde Fernán González, comenzó a surgir una empresa común que tomaría el nombre de Castilla. Corrían los tiempos de la Reconquista, que cobró nuevo impulso con la unión definitiva de Castilla y León en 1230. A partir de entonces, el más poderoso de los reinos peninsulares iría conformando su propia cultura e idiosincracia.
En León se convocaron las primeras Cortes populares y democráticas celebradas en Occidente. Y en Valladolid contrajeron matrimonio Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, artífices de la configuración de España como nación. Era época de riquezas sin fin, venida desde en Nuevo Mundo en aquellas carabelas que ondearon el pabellón hispano por todos los mares conocidos.
Pero todo el progreso y bienestar alcanzados en siglos posteriores se fueron perdiendo paulatinamente, al tiempo que aquel imperio "donde no se ponía el sol" comenzaba a tambalearse en sus cimientos. Surgiría entonces un fenómeno, el de la emigración en busca de nuevas oportunidades, que prácticamente ha llegado hasta nuestros días.
Ya en el presente siglo y con el regreso a la convivencia democrática, en 1983 se promulgaba el Estatuto de Autonomía que configuró a la región de Castilla y León como un ente territorial, como hemos dicho el mayor de Europa, con una población que alcanza en el último censo los 2.484.603 habitantes.
La Comunidad comprende nueve provincias: Ávila, Burgos, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora. Son capitales y villas con características muy diferentes, aunque cohesionadas por un pasado común que rebosa historia y tradición. Arte, cultura y atractivo turístico: este es el tríptico que define la fascinante personalidad de Castilla y León. Unas tierras legendarias que ha podido tomar, de nuevo, las riendas de su propio destino.
EL ESPÍRITU DE LA REGIÓN
Si antes nos referíamos a la desmesurada geografía de la Comunidad, no se puede decir otra cosa con respecto a su monumentalidad histórica y cultural. Sembrada de vestigios romanos que siguen saliendo a la luz, Castilla y León ha sido protagonista destacado en este camino devocional y militante que, siguiendo la estela de la Vía Láctea, llega hasta el sepulcro del Apóstol Santiago, en Compostela. O, expresándonos en términos de la época, alcanzaba el finis terrae, el último pedazo de tierra conocido.
La fabulosa obra de ingeniería puesta en marcha en la España medieval, siempre pensando en el bienestar del peregrino, reparó caminos y creó puentes, hospitales y albergues, lo que facilitó sobremanera el comercio y el intercambio racial. Y desde luego, se edificaron maravillosas iglesias que son prueba palpable de la intemporalidad de la experiencia religiosa.
Al cobijo de la ruta jacobea nacieron auténticos milagros del románico como la iglesia de San Martín de Frómista, la basílica de San Isidro en León y el singular claustro de Santo Domingo de Silos. O el itinerario de templos rurales que se extienden por el norte de la provincia de palentina, configurando una zona de la máxima categoría artística y turística.
El apogeo de los trazos góticos corresponde a la época de auge imperial, cuando Castilla y León eran sinónimo de España y viceversa. Los mejores ejemplos de esta corriente se encuentran en las catedrales de León y Burgos. El sobrio templo leonés, dotado de ángulos serenos y veraces esquinas, muestra al visitante un conjunto de vidrieras que producen la mágica sensación de encontrarse en el mismo centro de la luminosidad. Por su parte la catedral de Burgos, donde la piedra se torna filigrana, exhibe una riqueza ornamental muy cercana a la estética renacentista.
El siguiente paso estilístico produjo creaciones basadas en el gótico evolucionado. El estilo isabelino presente en Valladolid muestras como el colegio de San Gregorio, o la burgalesa Cartuja de Miraflores, cuya belleza llena de imaginación a los hombres. La arquitectura castellana con reminiscencias árabes, el gótico-mudéjar, goza de gran tradición en estos lugares: el monasterio de Santa Clara de Tordesillas, la salmantina Casa de las Conchas, e innumerables fortalezas entre las que sobresale, siempre vivo y pujante, el Alcázar de Segovia.
El influjo del Renacimiento italiano llegó hasta nosotros en forma plateresca, tendencia bien significativa en el edificio de la Universidad de Salamanca y en el leonés convento de San Marcos. Una época en la que la mejor literatura del Siglo de Oro estaba íntimamente relacionada con esto lugares. Y como mejor ejemplo, la picaresca novela "El Lazarillo de Tormes".
Tras el traslado de la Corte a Madrid, en 1561, Castilla y León perdió gran parte de su protagonismo anterior. No obstante brillantes arranques de voluntad crearon maravillosas barrocas como la Plaza Mayor de Salamanca o la sentida corriente escultórica que tiene su mejor exponente en Gregorio Fernández. Al impulso de los Borbones se debe el Palacio de la Granja, la última de las construcciones provinciales de enorme relevancia artística.
Por todo ello, no resulta exagerado afirmar que la Comunidad es un compendio de dos mil años de cultura cristiana.
El espíritu regional está conformado por un impresionante legado artístico y cultural, al que constantemente se unen nuevos nombres y obras. El influjo estético de su paisaje tiene mucho que ver con la literatura de Miguel Delibes y del grupo conocido como la "escuela leonesa".
El investigador folclorista Joaquín Díaz sigue en su lucha por preservar las tradiciones étnicas populares. Y respecto a las artes plásticas, el pintor más representativo puede ser el muralista José Vela Zanetti, una de cuyas mejores obras cuelga en la sede de la ONU, en Nueva York.
Castilla y León es, en definitiva, un gigante museo, una obra maestra confeccionada a base de alternativas naturales y siglos de gloriosa historia.
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UN PEQUEÑO PASEO CULTURAL POR LAS CAPITALES (Guías turísticas)
DISFRUTAR CASTILLA Y LEÓN
Con permiso de los pasados y gloriosos méritos, nuestras tierras ofrecen al visitante un turismo de tranquilidad, paisaje y gastronomía. Repleta de riquísimas manifestaciones religiosas del pasado, donde la luz y la atmósfera con captadas de forma insuperable, la Comunidad cuenta también con innumerables atractivos naturales. Así se combinan las perspectivas más agrestes con poéticas llanuras, configurando un relieve de formas entrelazadas y bien sugestivas.
Tres son los itinerarios tradicionales que viajeros de todas las épocas han seguido por las sendas regionales. El Camino de Santiago, metáfora de la vida, no se limite a una simple peregrinación espiritual, sino que a su vera se construyó el armazón de la Edad Media cristiana. El antiquísimo Camino de las estrellas puede ostentar con orgullo el galardón de auténtico precursor de la unidad de los pueblos de Europa.
El "padre" Duero, un río fundamental en la configuración geográfica del espacio, diseña un largo recorrido una gran variedad paisajística. Recorriendo su ruta pasamos de las tierras de alta montaña que marcan el inicio, hasta los diáfanos horizontes de la Ribera, cuando sus aguas semejan "un mar convertido en tierra".
Y por último la Ruta de la Plata, una de las arterias vertebrales en el recorrido de la España romana. Trazada originariamente entre las ciudades romanas de Mérida y la leonesa de Astorga, se trata de una magna obra cuyo a riqueza histórica se explica por lo privilegiado de su Emplazamiento. En definitiva, son tres recorridos por lugares hermosos y legendarios que muestras en sus diversas facetas, una particular filosofía de vida repleta de alicientes.
Para disfrutar de la aventura de la vida en Castilla y León hemos diseñado nueve rutas turísticas que partiendo desde las capitales, corresponden a cada una de las provincias de este territorio histórico. Comprenden los enclaves regionales más destacados por su tradición y patrimonio artístico, salpicando estos itinerarios culturales con las inevitables referencias a las alternativas que la naturaleza va sembrando a nuestro paso.
La mentira del autoritarismo castellano y leonés
ENRIQUE BERZAL DE LA ROSA
Porque con el Imperio siguió el esplendor, porque un valido del Rey impulsó la castellanización, porque la Monarquía se asentó más que nunca sobre las tierras, el modelo de gobierno, los hombres y los fondos de la brillante Castilla. Por todo eso y más se alzó la hoz en Cataluña mas no contra España sino contra los «altivos» y «soberbios» castellanos.
Y la imagen, el mito, la inventiva cuajó. Hasta nuestros días. ¿Autoritaria y avasalladora una Castilla que también se rebeló contra el Imperio, una Castilla desangrada por costosas e incomprensibles cargas, una Castilla tenida por modelo para el gobernante, más allá de la voluntad de quienes vivían, trabajaban y luchaban en ella?
Siglo XVI, siglo de fuerza y esplendor, Castilla y León es un gigante en España. El 84% de la población reside en la Corona de Castilla, el 15,5% en la Corona de Aragón: el 5,3% en Cataluña, el 5,3% en Valencia, y el 4,6% en Aragón. En total 5,5 millones en Castilla, casi uno en Aragón.
Si ahondamos en los detalles, la diferencia de la Meseta norte con el resto es pasmosa: a la altura de 1594, Mayorga de Campos y sus 633 vecinos superaban a Santander (558), La Coruña (451), Oviedo (459) y San Sebastián (372); Paredes de Nava (985) y Béjar (972) eran iguales a Santiago de Compostela (984); Covarrubias (425), mayor que Baracaldo (300); Portillo y sus 402 vecinos representaban el doble de Gijón (180) y tres veces más que Eibar (100).
Las villas y capitales que hoy forman Castilla y León eran metrópolis considerables: Valladolid (8.112 habitantes); León (6.000); Segovia (5.548), Salamanca (4.953), Palencia (3.065), Ávila (2.826), Medina del Campo (2.760), Burgos (2.665), Toro (2.314), Medina de Rioseco (2.006), Zamora (1.695), Soria (1.279)...
Dinamismo económico, dinamismo burgués: eclosiona también en Castilla una burguesía en cierto modo desclasada en una sociedad estrictamente jerarquizada, una burguesía que, contradiciendo determinadas interpretaciones, no desatendió sus negocios en aras del ennoblecimiento, pues utilizó el ascenso nobiliario para liberarse del pago de impuestos, incrementar sus beneficios e intensificar los negocios. Burguesía, industria, comercio... las ciudades crecen, la red urbana es potente: Salamanca, Segovia, Valladolid, Burgos, pero también Villacastín, Santa María la Real de Nieva, Cuéllar, Aranda de Duero, Arévalo, Benavente, Burgo de Osma, localidades que alcanzan su esplendor urbano, atraen población y dinamizan la vida cultural, artística y festiva.
Es, sigue siendo, una Castilla y León poderosa en lo político, con Valladolid como sede del Consejo Real con Carlos I y, entre 1601 y 1606, sede de la Corte de Felipe III; pero también en lo cultural, pues la Universidad salmantina se configura como capital intelectual del país con la friolera de 7.000 estudiantes a finales del siglo XV, la influencia de Nebrija y su decisiva Gramática impulsan la escolástica salmantina, la influencia enriquecedora de Erasmo cala tempranamente, y avanza el humanismo. Es más, el Sinodal de Aguilafuente constituye el primer libro de Castilla y León y uno de los pioneros de España, pues apareció en Segovia en 1472, donde recaló el alemán Juan Parix, primer impresor de España; enseguida Salamanca y Burgos liderarán el sector.
Es, en definitiva, la Castilla y León de los grandes poetas, tratadistas y escritores, desde Jorge Manrique hasta Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, de un castellano que se impone y entra, poco a poco pero con fuerza, en Cataluña, Aragón y Valencia: no había mejor herramienta para comerciar, hacer negocios, publicar y vender libros. Y es, no lo olvidemos, la Castilla y León que ve nacer, en torno a 1600, a la potente y adelantada Escuela de Salamanca, renovadora del tomismo y creadora, gracias al impulso de hombres como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Martín de Azpilcueta, del Derecho Internacional.
Manifestación evidente de la pugna entre modernidad y feudalismo es la famosa revuelta de los segadores de 1640, suscitada cuando aún estaba candente el famoso Gran Memorial del Conde duque de Olivares, valido de Felipe IV que pretendía mejorar los resultados militares de la Monarquía mediante una Unión de Armas que repartiese las cargas fiscales de manera equitativa.
Recelosas ante lo que juzgaban intromisión centralista, ya en 1635, las Cortes catalanas se negaron a contribuir con tropas y dinero a la guerra española con Francia: la derrota de 1637 fue atribuida precisamente a esta negativa.
Tres años más tarde, la movilización y el alojamiento de tropas con motivo de la guerra del Rosellón provocó protestas en la zona: como consecuencia de ello, el diputado Francesc Tamarit fue detenido en Santa Coloma de Farners, a lo que algunos respondieron asesinando a un alguacil enviado por el virrey. Pero fue en junio de 1640 cuando estalló el decisivo «Corpus de Sangre»: mientras se realizaba el llamamiento de hombres para la siega, unos cuantos dieron muerte al virrey al grito de «Viva la tierra» y «Muera el mal gobierno».
Lejos de configurarse como el paradigma de la lucha entre el nacionalismo-patriotismo catalán y el centralismo español castellanizante, el motín de los segadores fue un auténtico conflicto social, una pugna entre las clases populares y la oligarquía poderosa, beneficiada por el foralismo imperante.
De hecho, sólo una minoría potentada se alió con Luis XIII de Francia -al que proclamaron conde de Barcelona- contra el monarca español: fue así como estalló una guerra de 10 años. Las tropas francesas expulsaron al marqués de Vélez, ocuparon Perpiñán para siempre e impusieron un centralismo cruel y gravoso para Cataluña. Richelieu les había utilizado para recuperar el Rosellón y reforzar el ejército francés en la Guerra de los 30 años.
En 1652, Cataluña no tuvo más remedio que capitular. Felipe IV se reconcilió con las instituciones nombrando virrey a Juan José de Austria. De ahí la posterior sumisión catalana ante Carlos II: habían comprobado que el centralismo francés era peor, mucho peor, que el de la Monarquía española.
Con la unión definitiva, en 1519, de las Coronas de Castilla y Aragón nació la Monarquía española; y con el Imperio heredado de Carlos I de España y V de Alemania, nuevas obligaciones: guerra en Italia, guerra del Imperio, guerra contra el turco. Guerra en Europa.
No eran empresas de Castilla y León sino de la Monarquía y de sus reyes; empresas, por tanto, comunes a todos los reinos que integraban aquélla. Mas el peso fiscal de las interminables campañas militares cayó de manera casi exclusiva sobre la Corona de Castilla.
Imposición más que generosidad, las consecuencias de este proceso fueron desastrosas para estas tierras, en especial para las clases más humildes, los denominados «pecheros»; no ocurrió lo mismo en aquellos territorios salvaguardados por los viejos privilegios forales.
Las cifras son impactantes: en 1553, las aportaciones fiscales de la Corona de Castilla ascendían a 739.112.000 maravedíes, 101 por habitante. Por el contrario, la corona de Aragón aportaba 26.388.000, esto es, 20 maravedíes por habitante. La presión fiscal en la Corona de Castilla era, por tanto, un 500% más alta que en Aragón: en la centuria siguiente, la diferencia será ya de un 700%. Privilegios forales limitaban las aportaciones de Navarra, Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. La Corona de Castilla se había hecho cargo en exclusiva del coste de la Corona, y poca resistencia pudieron ofrecer unas Cortes cada vez más maniatadas después de la sonada derrota comunera de Villalar.
Ni siquiera en el siglo XVII, consciente el poder real de la ruina que asolaba estas tierras, se relajó la presión: en 1621, la zona que luego se denominará Castilla la Vieja y León aportaba el 26% de las alcabalas del reino y el 31% de los repartimientos de millones, y eso que su población global apenas llegaba al 21% del total. 980 reales pagaba cada vecino en materia de sisas, cuando 800 era la media nacional. Y, para colmo, la presión era mayor en las zonas con tradición industrial y mercantil más consolidada. Fue así como la Corona de Castilla terminó agotada, exhausta.
El declive que se avecinaba fue devastador. Debido a la explotación fiscal, desde luego, pero también a la crisis del modelo extensivo de crecimiento económico, al impacto de las hambrunas y a los estragos causados por las epidemias.
La economía se estancó y la población total se redujo entre un 30 y un 50 %. Las dos mesetas y Extremadura se quedaron en cuadro. Muchos castellanos y leoneses emigraron a otros territorios del país, a Madrid y a la periferia, y no pocos embarcaron hacia las Indias con la esperanza de escapar de tantos males.
A los hombres y mujeres de la Corona de Castilla ni siquiera les quedó fuerzas para sublevarse desde la derrota de los Comuneros en 1521. «¿Dónde están aquellas famosas ferias, aquel gran número de artífices, aquella abundancia, aquella multitud de comerciantes?», se lamentaba el clérigo valenciano Antonio Ponz durante su viaje por estas tierras en el siglo XVIII.
Paradoja trágica de nuestra historia, España y Castilla y León se identifican porque la Monarquía basó su política en los hombres y en los recursos de estas tierras, porque la expansión española fue, desde luego, una expansión castellana, realizada con recursos y hombres de aquella gran Castilla que ahora languidecía.
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Todo sobre nuestra Comunidad Autonómica, CASTILLA Y LEÓN
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CASTILLA Y LEÓN
Líneas imaginarias
Aficionados convocados por una iniciativa promovida en Internet fotografian los nueve puntos de la comunidad en los que se une un meridiano con un paralelo
Texto de/Víctor M. Vela. Fotografía de El Norte.
Es como fotografiar la nada, lo impalpable, abrazar la niebla. Cuentan las enciclopedias que los meridianos y paralelos son líneas imaginarias, como arrugas que surcan el planeta de norte a sur, de este a oeste, y que lo dividen en gajos imposibles que solo existen en la geografía de los mapas. Sin embargo, esas representaciones fantasma tienen lugares en los que se hacen presentes, con el GPS como 'medium', puntos de confluencia en que las líneas se unen. Y hay grupos de personas dispuestas a fotografiar esas intersecciones (64.442 puntos en todo el mundo y nueve en Castilla y León). La iniciativa nació en febrero del año 1996, con Internet todavía en pañales para el gran público, y desde entonces no ha dejado de ganar adeptos (ya son más de cuatro mil seiscientos en total), detectives cartográficos dispuestos a localizar esos puntos, hacerles un retrato y colgar la imagen en una esquina del ciberespacio, www.confluence.org. en idioma Inglés (Castellano)
En esa página web, y dividido en países, el internauta puede navegar por esos puntos (entre ellos hay una separación física de 79 kilómetros). El impulsor de la iniciativa, el estadounidense Alex Jarret, desestimó la captación de aquellas intersecciones que se encuentran en mitad del océano o en los polos, por las dificultades para su acceso, con lo que en total quedan 16.163 puntos disponibles. De ellos, aún faltan por inmortalizar 12.721 (el último en sumarse a la lista ha sido uno en Polonia); el resto ya ha pasado por las entrañas de una máquina fotográfica. También los nueve existentes en Castilla y León, cerca de los municipios de Bernuy de Porreros (Segovia), Mamblas (Ávila), Golpejas (Salamanca), Quintanar de la Sierra (Burgos), Cobos de Cerrato (Palencia, aunque el punto ya está dentro de Burgos), Camarzana de Tera (Zamora), Riaño (León), junto a Peña Ubiña (León) y Moral de la Reina (Valladolid). El alcalde de esta última localidad, Rafael Sánchez, ya conocía la existencia de este punto, «creo que hay algún indicativo, aunque no estoy seguro de que toda la gente del pueblo sepa de su existencia».
Sí lo conocía Javier Ochoa, quien se encargó de inmortalizar este espacio, junto a la carretera que une Medina de Rioseco y Tamariz de Campos. Él ha sido uno de los encargados en fichar los espacios de la comunidad. También Manuel González, enfermero de Salamanca, quien se ocupó de catalogar el punto de su provincia (41 grados norte, 6 grados oeste). «Me dio la sensación de que era la primera vez que alguien había estado en ese lugar. En cierto modo, la iniciativa tiene algo de aventura, como todo lo que sea ir a un lugar de la tierra donde no sabes exactamente lo que te vas a encontrar», explica.
De la misma opinión es Donald Staal, holandés. Vive en la ciudad de Zwolle y es el responsable de las imágenes de Quintanar de la Sierra y Camarzana. Conoció la iniciativa en la primavera del 2002 y aprovechó un viaje por el norte de España para fotografiar los puntos de confluencia «que nos quedaban de paso».
De vuelta a Holanda
«Cuando regresamos del viaje a Holanda descubrimos que algunos de estos lugares aún no habían sido tomados, así que los colgamos en la web», comenta Staal, editor de libros escolares de matemáticas, quien recuerda que los puntos de Castilla y León fueron especialmente sencillos, «porque todos estaban cerca de alguna carretera. Seguimos la señal del GPS hasta que ya no podíamos acercarnos más en coche y tuvimos que andar el resto del camino, tan solo unos cientos de metros. Fue mucho más difícil fotografiar los puntos que hemos hecho en Grecia, por ejemplo, porque hubo que andar varios kilómetros a través de las montañas. En Letonia tuvimos que dejar un punto sin fotografiar porque no pudimos cruzar un río, en mitad del bosque, que nos impedía llegar hasta allí». ¿Algún nuevo objetivo fijado? «De momento no. El problema es que la mayoría de los de Europa ya están hechos, así que habrá que esperar hasta que hagamos un viaje a otro continente», indica.
En realidad hay alguno todavía pendiente, también en España, como recuerda Ángel Hermosilla. Por ejemplo, los tres puntos que corresponderían a Asturias y que se encuentran en el Cantábrico. Hermosilla «solo o acompañado» ha plasmado trece; en Castilla y León, el de Mamblas («está en una finca de secano, trigo y cebada»), Cobos de Cerrato (también campo de cereales), Riaño («zona de bosque bajo y densa vegetación, con los montes de Riaño al fondo y cerca de la carretera») y el que está junto a Peña Ubiña, «en la carretera que va de San Emiliano a Torrebarrio, en León». «Solo he fallado uno de los que he intentado por encontrarse en el pantano del Ebro, a doscientos y pico metros de la orilla. Un americano lo ha hecho recientemente con una colchoneta. Me ha producido cierta decepción porque tenía pensado intentarlo de nuevo. Ahora, me quedo con la satisfacción de ser el español que más ha realizado en primera visita». Como Staal, destaca la «facilidad» de los puntos de la comunidad, «son terrenos sencillos, a veces con caminatas algo largas, pero sin problemas». Quizá le ayuda el hecho de que sea aficionado a las expediciones de alta montaña (Cáucaso, Andes o volcanes de México) y haya escalado un 'sietemil', un 'seismil' y varios 'cincomiles'.
Javier Alcoriza es compañero de trabajo de Hermosilla en Telefónica I+D (Madrid) y quien le inculcó el «gusanillo de las confluencias». La primera fue en Segovia, «la excusa perfecta para hacer una pequeña excursión turística y culinaria por Segovia. Le comenté la iniciativa a Ángel y rápidamente lo consideró como un reto, intentando conseguir el mayor número y lo antes posible». «En muchos casos nos hemos tenido que dar madrugones y caminatas de tres o cuatro horas hasta llegar al punto concreto. Comprábamos siempre un plano de los alrededores para intentar atacar la confluencia de la mejor forma posible», explica.
El GPS a mano
El plano y el GPS como herramienta básica de trabajo. «Bueno, no siempre. Ángel, Fernando Moratinos y yo decidimos llegar al punto de confluencia de Mahorte (en Castilla La Mancha) sin utilizar el GPS, simplemente empleando un mapa del Instituto Nacional Geográfico de escala 1:25.000. Al final conseguimos llegar sin ayuda del GPS a unos 25 metros del destino, si bien al final lo usamos como herramienta de comprobación», afirma.
Jesús Ángel del Pozo, de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación en Valladolid es un apasionado del GPS (tiene página de Internet a través del servidor de la Universidad) y explica el funcionamiento de este sistema que, «mediante una red de satélites -el usuario en tierra siempre está localizado por un mínimo de cuatro- permite determinar la posición mediante un receptor». Los orígenes de esta técnica son militares, nacido como sustituto de Transit, otro sistema de navegación por satélite utilizado por receptores más lentos, como son los barcos. El primer satélite de GPS se lanzó en 1978, pero el sistema no estuvo operativo hasta 1992. ¿Y falla? «Puede haber diferencia de hasta quince metros de distancia, por lo que se hacen varias fotos de la zona; pero esos errores son admisibles en el proyecto», comenta del Pozo. | GEOGRAFÍA | REPRESENTACIÓN CARTOGRÁFICA321456789
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Castilla y León alberga una incomparable riqueza monumental y ha impulsado iniciativas como Las Edades del Hombre
José Manuel Blanco
El primer hombre europeo del que se tiene conocimiento eligió Castilla y León para vivir. Fue hace más de un millón de años, en el paleolítico, y en la sierra burgalesa de Atapuerca, donde actualmente se encuentra un yacimiento arqueológico declarado Patrimonio de la Humanidad desde el 30 de noviembre de 2000 por la UNESCO. Uno de los muchos tesoros patrimoniales y monumentales que atesora esta Comunidad.
En Atapuerca se han descubierto fósiles humanos de dos especies diferentes aunque consecutivas en el proceso evolutivo: el Homo Antecesor, que sería el primer hombre explorador de los nuevos territorios europeos, y el Homo Heidelbergensis. En los últimos años se han empezado a estudiar el Valle de las Orquídeas, donde han aparecido restos del Homo Sapiens.
Sus restos han salido a la luz, junto a infinidad de objetos, gracias a una vieja trinchera de un ferrocarril abandonado a principios del siglo XX. En 1978, los arqueólogos comenzaron a trabajar en ella y han descubierto tres lugares básicos para conocer la evolución del hombre, la Trinchera del Ferrocarril, la Sima de los Huesos y la Cueva del Mirador.
En ellos están cientos de claves y datos para conocer a los primeros pobladores de Europa. En Atapuerca se ha conocido el primer caso de canibalismo humano y los primeros indicios de enterramientos.
Atapuerca también es un centro cultural y turístico de primera magnitud en Castilla y León. Cada año miles de personas se acercan hasta allí para poder contemplar las excavaciones que siguen realizando los arqueólogos y que revelan decenas de detalles. La historia se ha convertido en un próspero negocio gracias a las visitas a los yacimientos, al parque arqueológico o al aula arqueológica.
Pero si los sedimentos de Atapuerca van revelando los secretos de la evolución humana, otra iniciativa castellano y leonesa desvela al valioso arte sacro que el hombre creó varios siglos después. Son las Edades del Hombre, un proyecto que ha enseñado las principales Catedrales de la Comunidad de una forma diferente y en su interior, a más de 3.200 obras de arte sacro que han sido vistas por 7.900.000 personas de todas las nacionalidades y procedencias, incluidas las más de 200.000 personas que contemplaron el año pasado «Time to hope» en Nueva York.
Las Edades del Hombre nacieron en octubre de 1988 en Valladolid. Desde entonces han recorrido con éxito todas las provincias de la Comunidad con la única premisa de exhibir el arte sacro de la zona. Salamanca, en 1992, marcó su momento cumbre cuando más de un millón trescientas mil personas acudieron a contemplar la exposición.
La iniciativa, que celebrará el próximo año en Ciudad Rodrigo una nueva muestra, ha sido estudiada por otras comunidades autónomas para imitar un modelo que ha marcado una época en España.
Sin embargo, Las Edades del Hombre es mucho más que una serie de exposiciones organizadas por una fundación. Es la promoción cultural del arte sacro, y sobre todo es la restauración del mismo dentro de las once diócesis que tiene una Comunidad donde se encuentra el 50% de todo el patrimonio de la Iglesia de España.
Por otro lado, Castilla y León puede presumir de tener la mayor concentración de monumentos, en muchos casos lamentablemente sólo sus restos, de estilo románico de Europa. La Fundación Santa María La Real, se ha encargado de recopilarlos en una colección de notable éxito, que mantuvo ocupados durante doce años a trescientos especialistas.
El Patrimonio es uno de los pilares básicos de Castilla y León y cuidarlo es algo que también ocupa tiempo y dinero. Valladolid se ha convertido en la sede AR&PA, la feria de la restauración más importante de España y una de las más prestigiosas en Europa. Por ella han pasado más de 100.000 visitantes y 2.000 profesionales de veinte países diferentes entre las cuatro ediciones celebradas con carácter bianual.
La riqueza patrimonial de Salamanca fue clave para que la capital charra pudiera festejar su declaración como Capital Europea de la Cultura en el 2002. La celebración de este acontecimiento, que conquistó a tres millones de turistas, tuvo un impacto económico superior a los 800 millones de euros, de los que el 70% se quedó en la Comunidad mientras que el 30% restante, equivalente casi a 250 millones, se repartió por el resto de España. El efecto generado por los casi novecientos actos programados por Salamanca 2002, fue 3,2 veces superior al del Guggenheim de Bilbao y significó el despegue definitivo de Salamanca como ciudad de cultura, en la que han disfrutado músicos como Baremboim o Rostropovich. Algo que piensa ratificar este año con la celebración del 250 aniversario de la Plaza Mayor.
Algo más moderno pero igualmente de impactante es el arte contemporáneo, que ha encontrado en los últimos años un campo abonado en Castilla y León. El último en llegar ha sido el MUSAC de León, que acaba de abrir sus puertas ante la atenta mirada de toda España, pero antes brillaron el Museo Patio Herreriano de Valladolid o el CASA reconvertido en DA2 de Salamanca.
La Comunidad de donde partió Cristóbal Colón para descubrir América, encuentra otro pilar fundamental en el castellano. Valladolid se ha convertido en la sede del Congreso Internacional de la Lengua Española durante el 2001 y 2003, por el que han desfilado infinidad de escritores y lingüistas del máximo nivel, que arribaron en Valladolid procedentes de todo el mundo para disertar sobre el uso y estado del castellano en la sociedad de la información y en la poesía.
El ego cultural de Castilla y León también se alimenta de las otras artes. Valladolid festejará el próximo octubre las bodas de oro de la SEMINCI -Semana Internacional de Cine-, una actividad que se encuentra entre las tres citas más importantes del mundo cinematográfico español y su Espiga de Oro es un galardón con prestigio en el extranjero. Muy pocas citas de estas características en el mundo logran superar las cincuenta ediciones.
En un ritmo diferente se enmarca el Festival Internacional de Órgano de León, que con más de veinte ediciones a sus espaldas ha servido para escuchar a Jordi Savall, Cristóbal Halffter, Gustav Leonhardt, Penderecki y decenas más de grandes artistas.
En los últimos años se ha iniciado una tendencia a regionalizar las actividades culturales de éxito en un lugar. Así, el festival Titirimundi de Segovia, ha empezado a tener sucursales en otras provincias. Dentro de unos días será la XIX cita con los títeres en la ciudad del acueducto, que será invadida por casi cuarenta compañías procedentes de veinte países diferentes. Segovia es una de las pocas ciudades españolas que prestan atención a este imaginativo arte pero en Zamora también se celebra el Festival Internacional de Títeres y Marionetas con notable repercusión.
El teatro también tiene un espacio propio, que sabe explotar Ciudad Rodrigo, donde a finales de agosto se combina el Patrimonio convertido en escenario al aire libre con representaciones teatrales de estreno. Grupos de Portugal, Alemania, Francia y de casi todas las Comunidades Autónomas españolas se ven seducidos por esta propuesta. Castilla y León es tierra de mestizaje cultural. Tan pronto se puede estar asistiendo al XXVIII Festival Internacional de Folclore Ciudad de Burgos como a la XV Semana de la Guitarra de Ponferrada o la XV Semana Flamenca de la Mujer Cantaora de Ávila, sin olvidaros del Festival de Música Sacra Pórtico de Semana Santa de Zamora. Citas que por antigüedad sirven para ilustrar la rica variedad de una tierra abierta de par en par a la cultura.
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