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CRISTÓBAL COLÓN

Cristóbal Colón
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Cristóbal Colón

Cristóbal Colón, (c. 1451-1506), navegante y descubridor, tal vez de origen genovés, al servicio de España, hombre polémico y misterioso, autodidacta y gran observador, descubrió el Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492, fue el primer almirante, virrey y gobernador de las Indias, y enseñó a los hombres de mar de su tiempo el camino a seguir para ir y volver de América.

Cristóbal Colón nació el año 1451 en Génova. Algunos autores, sin embargo, defienden que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la tesis genovesa, sus padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor, lanero o tabernero, y Susana Fontanarrosa. De los cinco hijos del matrimonio, dos, Cristóbal y Bartolomé, tuvieron pronto vocación marinera; el tercero fue Giácomo (Diego Colón), que aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes, Giovanni murió pronto, y la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años, Cristóbal escribía en 1501: "De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado fasta hoy… Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado".

El aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas primero, como grumete; como marinero, desde los 15 años, y con mando en barco desde los 20 o 22 años. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica, al servicio de las más importantes firmas genovesas. También participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la Corona de Nápoles. Se afirma que, al amparo de tantas guerras y conflictos como entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y reconocida hasta en los tratados internacionales de la época.

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Colón y Portugal

Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa. Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez años, tan importantes y decisivos como misteriosos. Fue en el pequeño reino ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a Lisboa, donde se dedicó al comercio. En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal. De este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira, su sucesor Diego Colón.

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¿Conocía Colón antes de 1492 las tierras de América?.

Hay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo de las Capitulaciones, de que Colón, cuando elaboró su plan descubridor, sabía más de lo que decía. Tal convencimiento, que se extendió ya desde el principio entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con el llamado "Predescubrimiento de América". Parece que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias, algo trascendental, que él califica de "milagro evidentísimo", le sucedió, si hacemos caso a sus palabras: "Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine a Vuestras Altezas".

Cristóbal Colón
Cristóbal Colón

Los defensores del predescubrimiento de América sostienen que ese algo trascendental, repentino y milagroso que le sucede a Colón en cualquier momento de estos años fue que alguien, con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de unas tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acercade las distancias. Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o castellano (la conocida como "leyenda del piloto anónimo") que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Según otra teoría, la información colombina procedería, no de un europeo, sino de algún grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado a desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón. Ambas teorías coinciden en señalar que tal encuentro debió producirse a bastantes leguas al Oeste de las Canarias, Azores o Madeira, en una zona que por aquel entonces frecuentaba. Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.

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El proyecto descubridor colombino.

Por los años 1480-1482, Cristóbal Colón era un buen navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes teóricos: "En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética". Para elaborar su plan descubridor, Colón, que era más medieval que moderno, y se sentía instrumento de la Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d'Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio florentino Paolo del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.

De las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del momento y que estudió muy detenidamente, como demuestran las casi 1.800 apostillas o anotaciones al margen, extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, los Jardines del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, la isla de las Amazonas, que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia. De Toscanelli, que seguía a Marco Polo, recogió Colón todo lo relativo al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa por su riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano. Toscanelli asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi el doble de la que en realidad tiene), y, aunque situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las distancias, Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor, anunció que las primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.

Para defender su proyecto ante los expertos, tenía que entrar en mediciones sobre el grado y la esfera terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado = 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros); por tanto, la circunferencia del ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador (prácticamente la medida real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque está manejando la milla itálica, de unos 1500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron. De mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No les aportaba nada nuevo y además exigía mucho.

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Colón en Castilla.

A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla: "Siete años estuve yo en su real corte, que a cuantos se habló de esta empresa todos a una dijeron que era burla", recordaría después. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto del golfo de Cádiz, quizá Palos de la Frontera, visitó el monasterio franciscano de Santa María de La Rábida, en donde siempre halló Colón ayuda material, amigos y conversación.

Alonso de Quintanilla fue amigo personal de Cristóbal Colón, a quien apoyó desde el primer momento de su llegada a España, y no fue obstáculo para que se le concedieran anticipos [Vid. nota 5, pp. 439-442]. La información que nos da Gonzalo Fernández de Oviedo al respecto, no deja lugar a dudas: "El aquel tiempo que Colón, como dixe, andaba en la corte, llegábase a casa de Alonso de Quintanilla, contador mayor de cuentas de los Reyes Católicos (el cual era notable varón y deseoso de acresçentamiento y serviçio de sus reyes) y mandábale dar de comer y lo necessario por una compasibilidad de su pobreça. Y en este caballero halló más parte e acogimiento Colón que en hombre de toda España, e por su respecto e intercessión fue conocida del reverendíssimo e ilustre cardenal de España, arcobispo de Toledo, Don Pedro González de Mendoça".

El 20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron por primera vez a Colón en Alcalá de Henares (Madrid), y a continuación nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto colombino. La voz de la ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.

A pesar de que muchos no daban crédito a lo que prometía, nunca faltaron protectores a Colón. Algunos de los más constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes, como el incondicional, buen astrólogo y entendido en navegación, fray Antonio de Marchena. Otro religioso influyente, maestro del príncipe don Juan, y siempre favorable a Colón fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase a ambos sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso, decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez. En la última fase de la negociación, además de hombres de religión, el genovés contó con el apoyo de algunos cortesanos distinguidos, como fue el caso de Luis de Santángel, Juan Cabrero o Gabriel Sánchez.

Entre los años de 1487 y 1488, mientras esperaba en Córdoba la decisión de los Monarcas, conoció a Beatriz Enríquez de Arana, una joven de humilde procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un hijo: Hernando Colón. Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos pintando mapas de marear o portulanos que vendía después a los navegantes, e hizo de mercader de libros de estampa. En 1488, invitado sorprendentemente por el rey portugués Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco después, se movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia y a los de Medinaceli, mientras llegaba a su fin la guerra de Granada, que tenía ocupados a los Reyes Católicos.

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Las Capitulaciones de Santa Fe.

Después de muchas tentativas de que intercediera favorablemente de nuevo el monasterio de La Rábida y fray Juan Pérez, los Reyes Católicos, en un acto personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato, que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor. El documento tiene dos partes, un preámbulo sorprendente que dice así: "Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen". Ese "ha descubierto" es, para los partidarios de la teoría del Predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo cual estos le corresponden dándole una serie de privilegios, que forman la segunda parte del documento:

1º) El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario, en todo lo que descubra o gane, y según el modelo del almirante mayor de Castilla.

2º) Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra o gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir los cargos en las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.

3º) La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en su almirantazgo.

4º) Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda resolver él o sus justicias. Este punto nunca se cumplió porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.

5º) El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios.

Con este documento capital y otras mercedes, se dirigió a la villa de Palos a preparar la flota descubridora.

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El gran viaje.

Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y alrededor de 90 hombres, reclutados con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia. El 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente, y al día siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de Palos.

Cristóbal Colón
Cristóbal Colón

La primera escala fueron las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón de la Pinta. El 6 de septiembre con el alisio ventando a favor, Colón marcó rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el Cipango (la actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se inquietase hasta haber navegado 700 leguas. A partir de esa distancia, no habría que navegar por la noche. Por si fallaba algo, sin embargo, decidió llevar dos cuentas sobre las distancias recorridas: una secreta o verdadera (sólo para él), y otra pública o falsa, en la que contaría de menos. El día 13 de septiembre, descubrió la declinación magnética de la tierra; y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se da cuenta de que algo falla. El 6, ya han sobrepasado las 800 leguas y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre, se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María. Los hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron. Sin embargo, en la noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la noche del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: "¡tierra!".

Cristóbal Colón
Cristóbal Colón

Al día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron como San Salvador), actual isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, y tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes Católicos. El 28 de octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín Alonso Pinzón. El 6 de diciembre llegaron a la isla de La Española; y el 24 encalló la Santa María, con cuyos restos y la ayuda del cacique de la zona, Guacanagarí, construyeron el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39 españoles ahí, siguieron la costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de enero), y navegaron hasta la costa de Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el almirante dio la orden de regresar a España. El viaje fue tranquilo hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15 de febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo) obligó al descubridor a desembarcar en Portugal. El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando de la Niña, entraba triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy enfermo, y a los pocos días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con todos los honores. Para anunciar el acontecimiento a toda la Cristiandad, escribió la famosa Carta de Colón.

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El segundo viaje.

Cristóbal Colón
Cristóbal Colón

El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz al mando de 17 navíos y unos 1.200 hombres, portando las primeras simientes y ganados. Al salir de las Canarias, Colón puso rumbo más al sur que en el primer viaje para llegar al paraje que denominó la entrada de las Indias, en las pequeñas Antillas. Después de descubrir la isla de Puerto Rico, llegó hasta el fuerte de la Navidad y comprobó que había sido destruido y los españoles muertos. Fundó la primera ciudad de América, la Isabela. Recorrió la costa sur de Cuba, llegó a Jamaica, y a finales de 1494 descubría América del Sur (Cumaná), aunque lo ocultó hasta el tercer viaje. Comenzaba el poblamiento de La Española, las diferencias entre españoles y los levantamientos de los indios. A partir de 1495 empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más escuchado entre españoles: "Así Dios me lleve a Castilla". El 11 de junio de 1496 arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala propaganda de las Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.

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El tercer viaje.

Cristóbal Colón
Cristóbal Colón

Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya no atraían tanto y faltaban tripulantes. Incluso se dio poder a Colón para que embarcara a delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían la flota, que dejó Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498. Desde Canarias, siguió a Cabo Verde y una latitud más al sur que las anteriores navegaciones, lo que le hizo sufrir una zona de calmas. Descubrió la isla de Trinidad; recorrió la costa de Paria, donde situó solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal. Camino de La Española divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas, para llegar el 20 de agosto a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo.

Cristóbal Colón enfermo
Cristóbal Colón enfermo

La situación en que encontró a la colonia era grave: la mayoría de los españoles,encabezados por Francisco Roldán, se había rebelado contra la autoridad de los Colón. La llegada del virrey no resolvió el problema. Las quejas contra la familia Colón, agravadas con algún que otro proceder dudoso del Almirante, como ocultar el criadero de perlas de Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron destituirlo. El 23 de agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el puerto de Santo Domingo para sustituir al virrey y gobernador. Hubo cierta resistencia por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla. A primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban a España cargados de cadenas.

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Cuarto viaje.

Cristóbal Colón enfermo
Cristóbal Colón enfermo

Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante, algo lo desagraviaron, pero no lo repusieron en sus oficios perdidos. Prometieron que lo harían, mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro navíos y 150 hombres partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502. El objetivo era encontrar un paso que permitiera llegar a la Especiería ya que Colón seguía creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el Océano, siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse en Santo Domingo. Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió hasta el de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá. No encontró lo que buscaba: ni paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo muchas penalidades y sufrió la pérdida de dos barcos. El 1 de mayo de 1503 ponía rumbo a La Española, pero se vio obligado a recalar en Jamaica, en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que encallar los dos barcos y esperar. La hazaña de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco logrando llegar en dos canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos. El 28 de junio de 1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se dirigían a España. Después de arribar a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504, fracasado y enfermo, siguió hasta la corte y reclamó infructuosamente sus derechos. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.

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04-05-2003 - Nota de Prensa

El Gobierno dominicano afirma que los restos de Colón están en su país
Santo Domingo asegura que no ha recibido ninguna petición oficial española para exhumar los restos
Investigadores españoles analizan el ADN de los huesos hallados en Sevilla

Faro de Colón
Faro de Colón
Cristóbal Colón
Cristóbal Colón
Cristóbal Colón
Casa Museo de Colón

Más de 500 objetos de culturas americanas

Reproducción del palacio en el que vivió Colón en Santo Domingo. De entre las 500 piezas, destaca un fragmento del lienzo de Tlaxcala, del siglo XVI. Estatua de Colón. Monumento a la Hispanidad

La guerra del 98 cambió su destino, que era Cuba

De Antonio Susillo. Inaugurada en 1905. Arriba, Colón llega a América portando una cruz. Abajo, el descubrimiento, el recibimiento en Granada y las Juntas de Salamanca.Fachada trasera del teatro Zorrilla

Colón murió en el antiguo convento de San Francisco

El descubridor llegó a Valladolid enfermo en 1506. El convento de San Francisco, situado detrás del actual teatro Zorrilla, fue su lecho de muerte. Allí dictó su testamento.

El Gobierno de la República Dominicana no teme el resultado de las investigaciones que se llevarán a cabo con los supuestos restos de Cristóbal Colón, exhumados el lunes en la Catedral de Sevilla. Desde el país caribeño se asegura que el descubridor está enterrado en la isla, informa Efe.

Los restos del aventurero han estado rodeados de polémica desde 1877, cuando los dominicanos encontraron una caja en la que aseguran yacen los huesos del descubridor de América. Pero se supone que los restos de Colón descansan en la Seo sevillana desde 1898, después de pasar por el Monasterio de la Cartuja y las catedrales de Santo Domingo de Guzmán y de La Habana.

Investigadores españoles se proponen desvelar el enigma de la autenticidad de los huesos. Por ello exhumaron los que reposan en Sevilla, a los que efectuarán un análisis genético tras comparar el ADN con el de los esqueletos de su hijo y su hermano.

El viceministro de Cultura dominicano, Andrés L. Mateo, aseguró también que su país no ha recibido petición oficial alguna de España para exhumar los restos que se conservan en la cripta de Santo Domingo.

Huellas en Valladolid

Mientras Sevilla y Santo Domingo se 'pelean' por los huesos del almirante, las huellas que dejó Colón en Valladolid fueron más circunstanciales. Edificios, calles, plazas y estatuas recuerdan el cordón que une al descubridor con la ciudad. Esta relación se basa en las visitas que el navegante hizo a Valladolid, donde estuvo «de paso» la mayoría de las veces siguiendo a la Corte. Su último viaje, en 1506, fue también su lecho de muerte, cuando el 20 de mayo falleció en el convento de San Francisco, que estaba detrás del actual teatro Zorrilla.

Antes, en 1486, Colón estuvo en Valladolid para sacar adelante su plan descubridor, que proponía un camino más corto para llegar a las Indias a través del Atlántico. Once años más tarde, hace los preparativos de su tercer viaje a América en Medina del Campo.

La estatua que preside su plaza llegó por azar en 1905, ya que tenía otro destino: La Habana. La pérdida de Cuba hizo que el monumento no saliera de Vigo y terminara en la ciudad.

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13-02-05 - La Diputación ultima el hermanamiento con la provincia italiana de Fermo

La iniciativa incluye dos muestras sobre Colón, presentaciones del erdejo y el verddiccio y encuentros de hosteleros

Boceto de la ampliación de la casa museo de Cristóbal Colón, uno de los proyectos para el quinto centenario de su muerte, en el 2006.
Boceto de la ampliación de la casa museo de Cristóbal Colón, uno de los proyectos para el quinto centenario de su muerte, en el 2006.

La Diputación Provincial de Valladolid participará en octubre en la Mostra sobre Cristóbal Colón que organiza la provincia italiana de Fermo, en la primera de las propuestas concretas que nacen del hermanamiento cultural y gastronómico con el que ambas buscan potenciar turísticamente sus recursos comunes. La exposición se repetirá en Valladolid, probablemente en el Palacio de Pimentel, en la primavera del 2006, coincidiendo con quinto centenario de la muerte del conquistador en la ciudad.

«Fermo tiene importantes documentos sobre Colón, incluida alguna carta original, y la idea es unir una treintena de ellos (libros, legajos, obras de arte) con otros tantos nuestros y hacer una gran exposición que esté también en el Museo de las Ferias de Medina del Campo», explica el diputado de Promoción Provincial, Dionisio Miguel Recio, quien apunta que todo se pondrá a disposición del Ayuntamiento de Valladolid, organizador del V Centenario de la Muerte de Cristóbal Colón.

Recio, ultimará este fin de semana en la Feria Internacional de Milán los pormenores de esta iniciativa, para la que se ha nombrado comisario al director del Museo de las Ferias, Antonio Sánchez del Barrio, y de otras que también han comenzado a andar. Todas ellas tienen su origen en una relación casi personal del diputado con los representantes de la provincia italiana que se remonta a los viajes de familiarización que realizó en 1998 como director de Turismo de la Junta.

La segunda propuesta concreta es la de presentar este año el vino verddiccio -un caldo de la provincia italiana de similares características al verdejo de la Denominación de Origen Rueda- en el Museo Provincial del Vino de Peñafiel. «El director de la Estación Enológica de Castilla y León, Pascual Herrera, ya hizo una cata de presentación del verdejo en la feria Tripicida, y ahora queremos repetirá aquí, pero al revés, y mantener esta relación en el tiempo», comenta Recio.

Por otro lado, cinco cocineros de renombre en Valladolid se desplazarán este año a Fermo,ciudad y provincia, para dar a conocer los principales platos de la cocina provincial.

T. LAPUERTA/VALLADOLID

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22-05-05 - Científicos granadinos confirman que los restos de La Cartuja, que regresan el martes a Sevilla, son los de Diego Colón

En octubre se darán a conocer nuevos avances sobre el estudio que se está realizando para comparar el ADN de Colón con el de su hermano.

El Gobierno dominicano no ha decidido aún si autorizará a los investigadores españoles, "trasladando el problema a otra instancia" SEVILLA/GRANADA, 21 May. (EUROPA PRESS)

Científicos granadinos confirmaron hoy que los restos del Museo Pickman de la Fábrica de Cerámica de La Cartuja de Sevilla, que regresarán el martes a la capital hispalense tras concluir la investigación antropológica realizada desde febrero en la Universidad de Granada, son los de Diego Colón, hermano menor del Almirante Cristóbal Colón.

En una entrevista concedida a Europa Press, el director del Laboratorio de Antropología Física de la Universidad de Granada (UGR) y miembro del grupo de investigación que intenta descifrar dónde reposan los restos del Almirante, Miguel Botella, destacó que Diego, fallecido en 1515 --nueve años más tarde que Cristóbal--, "estaba muy enfermo, poseía unas condiciones físicas lamentables, por lo que probablemente no acompañara al Almirante en su último viaje" --en 1502 para explorar Cuba, Honduras, Costa Rica, Panamá y Jamaica--.

"Aunque ya habíamos estudiado los restos de Diego anteriormente, en esta ocasión hemos podido autentificarlos completamente y estudiarlos en profundidad", precisó Botella, quien recordó igualmente "que el hermano de Colón, degenerado desde relativamente joven, tenía unos 60 años de edad, padeciendo en vida muchos problemas de salud debido a la osteoporosis tan grave que padecía, así como a una artrosis muy avanzada y a una artritis que le anquilosaba la mano derecha y por la que tenía soldados los huesos de dicha articulación".

Según añadió el antropólogo granadino, "Diego Colón fue un hombre que pasó muchas penalidades porque las vértebras muestran hundimientos considerables" y lamentó que entre dichos restos, que se corresponden con un esqueleto "casi" completo, no estuviese ni el cráneo ni la mandíbula "que hubieran sido vital para la investigación", ya que, según explicó, "en los años 50 algunos médicos, que no sabemos quiénes son, se llevaron estas partes a Madrid para estudiarlas y no las devolvieron nunca".

De esta forma, la investigación antropológica realizada durante cuatro meses por Botella y su equipo viene a reafirmar, según el antropólogo, un dictamen de la Real Academia de la Historia (RAH) en el que se expone que estos restos son los de Diego Colón.

A pesar de que ya ha concluido el estudio antropológico, Botella no descartó que tuvieran que volver a pedir los restos al Museo Pickman "si las investigaciones que se sigan realizando lo precisaran".

El equipo de Botella ha estudiado también los restos atribuidos a Cristóbal Colón y Hernando Colón --hijo del Almirante-- que permanecen en la Catedral de Sevilla. Ahora, según indicó el antropólogo, las investigaciones se centrarán en cotejar el análisis del ADN de Diego con el de los supuestos restos de Colón en Sevilla, estudio que se está realizando en el Laboratorio de Identificación Genética de la UGR, dirigido por el científico José Antonio Lorente.

En este sentido, apuntó que "cuando finalice dicho análisis genético sabremos con más seguridad si los restos de la Catedral sevillana son los de Cristóbal Colón", añadiendo que "lo que habría que hacer ahora es tener la autorización del Gobierno dominicano para ver si los restos custodiados en el Faro a Colón en la capital dominicana corresponden también a los del Almirante".

"NUEVO AVANCE" EN OCTUBRE

Precisamente esta semana Lorente, que participó en un congreso médico en Zaragoza, señaló que prevé dar un nuevo avance sobre su investigación en torno al próximo 12 de octubre para dar a conocer las conclusiones del estudio genético en 2006 coincidiendo con la celebración del V Centenario de la muerte de Colón, que tuvo lugar un 20 de mayo de 1506 en Valladolid.

Además de verificar la autenticidad de los restos atribuidos a Colón que se encuentran en la Catedral de Sevilla, el equipo de Identificación Genética lleva ahora un mes tratando sobre el origen del Almirante, "ya que si tradicionalmente se ha dicho que era genovés, hay otras hipótesis que apuntan a que podría ser español, de la zona de Cataluña o Baleares".

Por su parte, el Gobierno dominicano continúa aún sin decidir si dará dicha autorización a los investigadores granadinos, ya que además, según señaló a Europa Press la Subsecretaria de Estado de Cultura de la República Dominicana, Sulamita Puig, en su última visita a España, "el problema ha pasado a ser competencia del Consejo Presidencial de Cultura, que determinará en qué parámetros podrá realizarse el estudio, si es que finalmente se autoriza".

Igualmente, Puig apuntó que "tampoco tenemos noticias de los resultados de la investigación realizada en España , ni de las pretensiones de los científicos granadinos y es lo primero que tenemos que saber antes de tomar alguna decisión".

VIAJE DE VUELTA A SEVILLA

De otro lado, el conservador del Museo Pickman de la Fábrica de Cerámica de La Cartuja de Sevilla, Carlos Bayarri, apuntó a Europa Press que el próximo martes se desplazará a la Facultad de Medicina de Granada una delegación del museo sevillano, presidida por el propietario del mismo, Emilio Porte Fernández, "para recoger oficialmente los restos del hermano del Almirante de la mano de los científicos granadinos tras la conclusión de la investigación".

Bayarri indicó que "se prevé que los restos de Diego lleguen al Museo el mismo martes o el miércoles, aunque aún se desconoce cómo se realizará el traslado de los mismos, al igual que tampoco se sabe lo que se hará posteriormente con ellos", apostilló. Por último, concluyó añadiendo que "la dirección del Museo será la que decida si estos quedarán o no expuestos al público".

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23-11-05 - Lorente dice que el resultado del estudio de los restos de Colón se presentará en 2006 aunque Santo Domingo no colabore

El científico cree que República Dominicana puede estar esperando a ver si los restos de Sevilla son auténticos para ceder los suyos

SEVILLA, 22 Nov. (EUROPA PRESS)

El director del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, José Antonio Lorente, afirmó hoy que los resultados de la investigación que desarrolla para esclarecer si los auténticos restos de Cristóbal Colón son los que alberga la Catedral de Sevilla o los que permanecen en la República Dominicana se presentarán en 2006, coincidiendo con la celebración del V Centenario de su muerte, "con independencia" de que Santo Domingo ceda sus supuestos restos del almirante para llevar a cabo un estudio.

En declaraciones a Europa Press, el científico dijo que permanece a la espera de recibir la autorización de la República Dominicana para poder analizar los supuestos restos del descubridor de América que se conservan en aquel país. Así, apuntó que "quizá" las autoridades dominicanas están aguardando "a que se presenten los resultados de los restos que de Sevilla para decidir si colaboran".

Lorente indicó que aquel país "todavía está valorando si nos los ceden" para que comparemos su ADN con el del hermano del almirante, Diego Colón, y así verificar su autenticidad. Según dijo, aquel gobierno "tiene unos cauces distintos, porque hay diferentes instituciones implicadas y todo ello conlleva un camino que es más prolongado que el nuestro". Sin embargo, no descartó que quiera conocer los resultados de los estudios de la capital hispalense antes de decidir si accede a participar.

En cuanto al desarrollo de los trabajos, manifestó que "sabíamos que era una tarea difícil, porque los restos están muy deteriorados por el paso del tiempo y las características de la conservación, pero aun así el ADN que se ha obtenido está siendo analizado al máximo, intentado obtener más información que pueda indicar relaciones de tipo familiar entre los diferentes restos".

Preguntado sobre la fecha de presentación de los resultados, apuntó que "estamos tan centrados en el estudio científico que no nos hemos planteado la fecha, pero se buscará un día significativo, siempre que los estudios analíticos nos lo permita".

Lorente se encuentra actualmente realizando un estudio para comparar el ADN del almirante Cristóbal Colón con los de su hermano, cuyos restos se encuentran también en Sevilla. Ya está confirmado que los restos del Museo Pickman de la Fábrica de Cerámica de La Cartuja de Sevilla son los de Diego Colón, hermano menor del Almirante Cristóbal Colón. Un ADN que ahora sirve para estudiar si los restos conservados en la Catedral hispalense pertenecen al descubridor y que servirán para hacer lo propio con los de República Dominicana.

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20-06-10 - Hernando Colón y la Biblioteca Colombina (Grandes bibliógrafos)

Hernando Colón (1488 – 1536) podía haber pasado únicamente a la historia por ser el hijo de Cristóbal Colón, fruto de su relación con Beatriz Henríquez de Arana. Sin embargo, destaca más en él su condición de gran bibliógrafo y creador de la Biblioteca Colombina.

Fue entre los años 1505 y 1510 que Hernando Colón comenzó a viajar por Europa con la intención de reunir una gran biblioteca, que ya contaba con 238 libros en gran parte heredados de su padre.Con este fin, visitó primero diversas ciudades españolas, entre ellas Barcelona, Madrid, Zaragoza, Medina del Campo y Valladolid. Sin embargo, enseguida vio que para adquirir la mayor y mejor cantidad de libros tendría que viajar más lejos, por cuanto había un gran número de libros de los que de otra forma nunca tendría noticia. Así, viajó a Florencia, Londres, Bruselas, Colonia, Lyon, Roma o Lovaina, donde conoció a Erasmo. De esta forma, consiguió reunir en su biblioteca unos quince mil cuatrocientos libros, de los cuales unos quinientos son incunables, y un importante archivo de documentos relacionados con el descubrimiento de América, además de gran cantidad de pliegos de literatura popular, que él llamaba "obrezillas".

La idea de Hernando Colón era formar la biblioteca total, reuniendo en ella todos los libros que se imprimieran. En un memorial a Carlos V declara esta propuesta:
"Que haya cierto lugar en los reinos de V.M. a do se recojan todos los libros y de todas las lenguas y facultades que se podrán por la Cristiandad , y aun fuera de ella, hallar."

Por la Cristiandad y aun fuera de ella: Compró toda clase de libros, sin restricciones de tipo ideológico y de idioma. Siempre estuvo a la caza de la última novedad, sustituyendo una edición por otra si consideraba que la última era mejor, encargándose personalmente de las adquisiciones en los viajes que realizó por Europa. Con pasión desmedida, incluso en las cercanías de la muerte, siguió comprando libros. Deseaba, también, que su colección le sobreviviera.

Para alimentar la biblioteca ideó el siguiente sistema. Un mercader de Sevilla se encargaba de depositar en algún banco o gran mercader de Lyon cien ducados de oro cada mes de abril. Entonces, éste se ponía en contacto con otros cinco mercaderes residentes en cinco ciudades europeas (Venecia, Nuremberg, Roma, Amberes y París), los cuales encargaban a un librero de cada ciudad la adquisición de las últimas novedades por valor de doce ducados, que se remitirían a Lyon. Aquellos libros que, por falta de presupuesto, no pudieron ser adquiridos, se debían registrar con sus descripciones bibliográficas y precio, con idea de comprarlas en otra ocasión. Una vez recibidos por el mercader de Lyon, éste los pagaba y remitía a Medina del Campo, donde los recogería el mercader sevillano.

Respecto al funcionamiento interno de la biblioteca, se sabe que los bibliotecarios conseguían la plaza mediante oposición a realizar en Salamanca. Una vez admitido, el opositor se obligaba a residir tres años en su oficio, el primero de formación y los otros dos para dar verdadero rendimiento, pudiéndose prorrogar por tiempo indefinido cobrando un salario de diez mil maravedíes, pagado por cuatrimestres, además de disponer de una habitación cercana a la librería con una mesa y una cama, un banco de madera y un armario. El horario de trabajo era, en verano, de 8 a 11 de la mañana y de 2 a 4 de la tarde. En invierno, de 9 a 12 y de 3 a 5 de la tarde. Fue concebida como una biblioteca semipública en la que no estaba permitido el préstamo.

En cuanto a la ubicación de la biblioteca, Hernado proyectó en 1526 la edificación de un palacio en la Puerta de Goles, en la muralla de la ciudad junto al Guadalquivir. Se decidió construirla en alto para protegerla de las crecidas del río, y orientarla hacia la Cartuja , donde se encontraban los restos de su padre y su tío. La biblioteca se instaló en las distintas habitaciones de la planta baja.

El destino de la biblioteca tras la muerte de Hernando y cómo la biblioteca colombina acabó en una nave adyacente al Patio de los Naranjos, es historia que contaremos en otra ocasión.

Fuentes:
- Klaus Wagner, La biblioteca colombina en tiempos de Hernando Colón, Universidad de Sevilla, 1992.

- José Fernández Sánchez, Historia de la bibliografía en España. Madrid, 1987

Publicado en : http://papyrosypergaminos.wordpress.com/

Daniel Diaz
Bibliotecario Argentino

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25-08-15 - La casa donde no murió Colón

 | VALLADOLID

@EnriqueBerzal1

Reabierta la polémica por la reivindicación catalanista de la figura del descubridor, nadie discute su muerte en Valladolid

Jaime Alba y El Norte de Castilla promovieron la construcción de la Casa-Museo actual, lista en el verano de 1965.

Lápida colocada por el Ayuntamiento en 1866 acreditando el lugar de la muerte de Colón.
Lápida colocada por el Ayuntamiento en 1866 acreditando el lugar de la muerte de Colón.

«Mientras algunas ciudades italianas, y algunas españolas –especialmente gallegas-, sin olvidar las inglesas, pretenden apropiarse la gloria del nacimiento de Colón (…), Valladolid no encuentra competencia en que aquí muriera». El Norte de Castilla expresaba de esta forma, el 11 de octubre de 1959, su sorpresa ante el hecho de que la ciudad del Pisuerga no hubiera sabido aún sacar rédito turístico y cultural a tamaño acontecimiento.

Patio de la Casa-Museo
Patio de la Casa-Museo

Era el origen de la actual Casa-Museo de Colón, cuya finalización cumple ahora 50 años, precisamente cuando vuelven a arreciar polémicas disparatadas en torno al nacimiento del descubridor, concretamente las que reivindican su origen catalán. Hoy en día, más de medio siglo después de aquella bienintencionada iniciativa, sabemos que sus promotores no estaban en lo cierto y que Colón falleció en el antiguo Convento de San Francisco, situado junto al actual Teatro Zorrilla.

¿De dónde procedió el error? Suele achacarse a una frase del historiador Marías Sangrador, que en su conocida ‘Historia de la muy noble y leal ciudad de Valladolid’, publicada en 1851, afirmaba: «Colón murió en la casa número 2 de la calle Ancha de la Magdalena, que siempre han poseído de mayorazgo los que llevan este ilustre apellido». Sangrador no hacía otra cosa que inferir lo que en aquel momento –mediados del siglo XIX- muchos creían incuestionable: que el descubridor del Nuevo Mundo falleció en la vivienda que, según determinados investigadores, habían poseído sus familiares en la ciudad del Pisuerga.

Interior del Museo a principios de los años 70
Interior del Museo a principios de los años 70

El Ayuntamiento dio el dato por bueno, en 1855 bautizó dicha calle con el nombre del descubridor y en 1866 colocó en la fachada de dicho inmueble una lápida conmemorativa con la leyenda «Aquí murió Colón». Adquirida la vivienda, a finales de siglo, por la comunidad religiosa de las Salesas, muy pronto se hizo público lo erróneo de dicho emplazamiento. En efecto, documentación municipal fechada en 1865 ya acreditaba que la casa había pertenecido en realidad al mayorazgo de los Rivadeneira, y que solo a partir de 1780 había pasado a propiedad de los Colón merced al matrimonio entre José Joaquín Colón de Toledo y Larreategui y Josefa de Sierra y Sarria Salcedo y Rivadeneira.

Arriba, célebre fotografía de Laurent de la Casa donde se creía que había fallecido Colón.
Arriba, célebre fotografía de Laurent de la Casa donde se creía que había fallecido Colón.

Así las cosas, mientras investigadores y especialistas colombinos lamentaban desconocer el lugar exacto donde se produjo el fallecimiento del descubridor, lo mismo que el emplazamiento inicial de su sepultura, ciertas obras de reforma y ampliación del convento hicieron que la casa quedara encerrada en el mismo.

No sería hasta finales de la década de los 50, al hilo del desarrollo económico de la ciudad y merced a una importante iniciativa patrocinada por El Norte de Castilla, cuando se retomase el asunto. No por casualidad, el 11 de octubre de 1959, víspera del ‘Día de la Hispanidad’, el decano de la prensa española dedicó un amplio reportaje a la morada donde supuestamente se produjo el fallecimiento del descubridor.

El titular lo decía todo: «Colón falleció en Valladolid el 20 de mayo de 1506. En el lugar que ocupó la casa –hoy derruida- debe levantarse un Museo Colombino que evoque su figura y su gloriosa gesta». Más curioso aún era el texto que lo acompañaba, pues se trataba de la reproducción íntegra de una carta enviada por Jaime Alba Delibes a su primo, el escritor Miguel Delibes, que entonces ejercía como director interino del periódico.

Calle de la Magdalena

Hijo de Santiago Alba Bonifaz, ministro plenipotenciario de España en Washington y consejero de El Norte de Castilla, Jaime Alba quería aprovechar el 12 de octubre, «aniversario de la más gloriosa gesta de la raza hispana», para proponer la creación de un Museo Colombino en la misma morada donde, aún entonces, muchos ubicaban el deceso de Colón. Concretamente,Alba citaba al historiador John Boyd Thatcher, que aseguraba haber visitado la casa en un viaje a Valladolid:

«En una corta y poco importante calle que va desde la iglesia de la Magdalena a otra más ancha vía titulada Calle de Francos, se encuentra situada la casa en la cual Colon murió... Aparece en condición un tanto deteriorada, pero en la cual una inscripción informa al visitante que se trata de la Casa de Colón y la calle misma es llamada Calle de Cristóbal Colón».

Jaime Alba Delibes, consejero de El Norte y embajador en Washington, promotor de la idea del Museo Colombino
Jaime Alba Delibes, consejero de El Norte y embajador en Washington, promotor de la idea del Museo Colombino

«Puede ser que fuera en dicha casa de la calle de Colón —que me dicen fue derribada hace años— donde muriera el Descubridor –señalaba Jaime Alba-. Pero si efectivamente no existen pruebas documentales, puede hablarse sólo, como digo, de una tradición, probablemente iniciada años después de la muerte, ya que la triste realidad en que ésta no fue recogida por los cronistas y sólo por sus hijos, debido a lo cual —al no haberse dado al suceso importancia por los contemporáneos— es también posible que el tránsito tuviera lugar en cualquiera de las casas o conventos cercanos».

Jaime Alba Delibes, consejero de El Norte y embajador en Washington, promotor de la idea del Museo Colombino.

La propuesta era clara: en lugar de «seguir con la destrucción lenta de este bello barrio, debemos contrariamente procurar realzar su importancia histórica» por medio de la creación de un Museo que bien podría convertirlo en «lugar de peregrinación colombina» y zona de gran atractivo turístico. Alba, que mantenía estrecho contacto con los Caballeros de Colón de Estados Unidos, entidad que ya entonces englobaba a millón y medio de seguidores, aventuraba la posibilidad de que dicho Museo procurase a Valladolid cerca de un millón de visitantes.

Impulsada y patrocinada por El Norte de Castilla -para lo cual Miguel Delibes contó con la colaboración de Ángel Lera de Isla-, la iniciativa concitó muy pronto los apoyos de periódicos y radios nacionales, pero sobre todo de organismos e instituciones como el Ayuntamiento, Arzobispado de Valladolid, Museo Naval e Instituto de Cultura Hispánica. Por su parte, el delegado provincial de Información y Turismo, Antolín de Santiago-Juárez, propuso la creación de un Patronato y que el Centro de Estudios Castellanos estudiase la disposición y los recintos del futuro Museo.

Lo primero no tardó en materializarse: presidido por el alcalde, el Patronato de la Casa de Colón lo compusieron Jaime Alba, el citado delegado de Información y Turismo, representantes de la Diputación, Arzobispado, Universidad de Valladolid, Instituto de Cultura Hispánica y Museo Naval, catedráticos de prestigio, Miguel Delibes como director de El Norte y el gerente del periódico, Fernando Altés Villanueva, como secretario.

La labor de Jaime Alba hizo que el entusiasmo por el edificio cruzara muy pronto el «charco» y llegara a «las Américas», hasta el extremo de que el primer donativo fue obra de la poetisa norteamericana Susana Valentine Mitchell, autora de una vida de Colón en verso, a la que siguieron Carlos Prieto, conocido industrial mejicano, y Jaime del Amo, éste a través de la Fundación que su padre había creado en Estados Unidos. También El Norte de Castilla contribuyó decisivamente mediante la convocatoria de un concurso de ideas entre arquitectos españoles e hispanoamericanos, cuyo jurado, presidido por el alcalde, se decantó por el proyecto de los arquitectos Barroso (padre hijo), premiado con 50.000 pesetas.

De modo que siguiendo esa tradición local a la que se refería Jaime Alba y una vez resuelto por el Arzobispado el obstáculo de la clausura, en febrero de 1962 el Ayuntamiento, liderado por Santiago López González, adquirió por 900.000 pesetas el solar donde estuvo la famosa casa. En él levantó, entre 1963 y finales de 1964, un edificio de estilo gótico-isabelino que recuerda al palacio del almirante Diego de Colón, primer virrey de las Indias y primer duque de Veragua, en Santo Domingo.

El contratista fue Cleofé Villaverde Villa, representante de Construcciones Villaverde, S.L., y en total las obras ascendieron a algo más de cinco millones de pesetas. Aunque el proyecto de los Barroso ya estaba listo en 1965 (la recepción provisional se verificó el 28 de julio), circunstancias diversas retrasaron la inauguración de la Casa-Museo de Colón hasta el 22 de mayo de 1968.

Baile de patrias

«Aún no se conoce exactamente el lugar de nacimiento (…). Pero en el 'saga' colombino hay algo que ningún tratadista serio ha discutido; el lugar de su muerte: Valladolid, 20 de mayo de 1506». Jaime Alba Delibes, y con él El Norte de Castilla, se vanagloriaban de esa incontestable realidad histórica, que precisamente ponía a Valladolid en el punto de mira de la atracción colombina.

Aunque por entonces –octubre de 1959- ya se daba por descontado su origen genovés, la enorme cantidad de brumas –muchas de ellas provocadas por la propia familia del descubridor- seguían alimentando la fantasía sobre su lugar de nacimiento.

Edificio en construcción
Edificio en construcción

De hecho, la penúltima polémica suscitada por el catalán Jordi Bilbeny no es nueva: él mismo la esbozó en 2006, con ocasión del quinto centenario del fallecimiento de Colón, haciendo igualmente catalán a Miguel de Cervantes. Pero es que a Colón le han llovido patrias desde los siglos XVII y XVIII, cuando ingleses y franceses reivindicaron su figura sin base científica alguna. Y algo similar hicieron los portugueses en las primeras décadas del siglo XX.

En España, claro está, no nos quedamos atrás, y desde finales del siglo XIX proliferaron teorías, no pocas de ellas fruto de la emoción nacionalista, que han querido hacer a Colón gallego, mallorquín, catalán, ibicenco, vizcaíno, oriundo de la Alcarria o nacido en La Oliva de Jerez.

Y eso que la publicación de la famosa ‘Raccolta Colombiana’, con ocasión del IV Centenario del Descubrimiento (1892), ya acreditó su indiscutible origen genovés. Ahora el debate estriba en qué lugar concreto de la antigua República de Génova vino al mundo: frente a la teoría clásica que lo situa en Mocóseni, algunos investigadores se decantan por Savona.

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16-11-18 - Andanzas vallisoletanas de Cristóbal Colón.

Mendicante primero, triunfante más tarde y finalmente enfermo, el descubridor de América, cuya estatua acaba de ser retirada en Los Ángeles por «genocida», visitó varias veces la ciudad, donde falleció en 1506.

ENRIQUE BERZAL

Momento en el que se retira la estatua de Cristóbal Colón en Los Ángeles. @MITCHOFARRELL (TWITTER) / VÍDEO: EPV
Momento en el que se retira la estatua de Cristóbal Colón en Los Ángeles. 

Cuando el pasado sábado cuatro operarios de Los Ángeles retiraron la estatua de Cristóbal Colón de Grand Park por orden del concejo municipaldando así satisfacción a los grupos indígenas que acusaban al almirante de impulsar un «genocidio masivo que acabó con su modo de vida», enseguida saltó la polémica. Y, nuevamente, los historiadores se vieron impelidos a opinar a remolque de decisiones políticas que interpretan acontecimientos del pasado desde inquietudes del presente.

A quienes sostienen la faceta genocida de Colón responden acreditados especialistas comparando el descubrimiento y conquista de América con las mucho más crueles empresas colonizadoras de británicos, holandeses, belgas y norteamericanos, remarcando el papel de la Corona en la promulgación de leyes protectoras de los indios, la influencia apaciguadora de la Iglesia católica y los diversos legados positivos de la conquista.

Uno de los mayores especialistas en este terreno, el catedrático de Historia de América de la Universidad de Valladolid Jesús Varela Marcos, organizador del célebre Congreso Internacional sobre Cristóbal Colón de 2006, es tajante a este respecto: «Ya solo por sus hechos, es imposible sostener que Colón fuera un genocida. Solo hay que ver cómo regresó de sus cuatro viajes. Después del primero, a lo más que llegó fue a decirle a la reina que era fácil hacer esclavos porque la población indígena no conocía armas; quería demostrar que la expedición traía algún beneficio. Pero es que lo de hacer esclavos era algo totalmente común en la época, no se puede juzgar con criterios del presente».

Otras muchas razones abonan, a juicio de Varela, la desmesura de quienes califican como genocidio la conquista de América. Entre las más importantes, la actitud de la Corona, sobre todo de Isabel la Católica, así como «la mano suavizadora» de la Iglesia católica: «En el segundo viaje, Colón trajo una remesa de esclavos y cuando la reina supo que ya se habían comercializado, mandó recomprarlos y enviarlos de nuevo a América. De hecho, en su testamento, dictado en Medina del Campo en 1504, encomienda a Juan Rodríguez de Fonseca cuidar de su hija, Juana, que estaba en Flandes, y de sus Indias. Especifica el especial cuidado que se debe tener con los indios para que se les respete», recuerda Varela.

Y cuando en 1508 se reanudaron los viajes de conquista y poco después se dio la voz de alarma sobre ciertos desmanes españoles en América, por presión de los dominicos se promulgaron dos Leyes protectoras de los indios: las de Burgos, de 27 de diciembre de 1512, que humanizaban su trabajo especificando, entre otras muchas cosas, el cobro de un salario digno y un mayor cuidado de los niños y de las mujeres embarazadas, y las Leyes de Valladolid de 28 de julio de 1513, que las completaban.

Biblioteca Nacional
Biblioteca Nacional

Elegancia vallisoletana

Como han escrito Demetrio Ramos y el mismo Varela, la ciudad del Pisuerga jugó un papel relevante en la empresa y vida colombina. Uno de los hitos vallisoletanos previos al Descubrimiento nos remite a marzo de 1486 y a un Colón errante y desesperado que persigue a la Corte para que le apruebe su proyecto. Siguiendo al séquito real, llegó a Medina del Campo, donde residió casi un mes antes de partir hacia Granada; y en agosto de ese mismo año, un nuevo periplo regio lo condujo primero al Monasterio de Santa María de la Mejorada, a siete kilómetros de Olmedo, y luego al de Nuestra Señora de Prado, actual sede de las Consejerías de Educación y Cultura. Residió luego en Medina de Rioseco, ya en septiembre de 1486, esperando el regreso de los monarcas y aprovechando para analizar la estructura del almirantazgo de Castilla, conocimiento que emplearía para, más adelante, pedir honores para él y su familia.

Aquel Colón mendicante y burlado no se parecía en nada al que regresó a Valladolid el 9 de agosto de 1496, después de su segundo viaje; incluso traía, según Rumeu de Armas, «una buena bolsa de oro en polvo coronario, que iba vendiendo al peso en las paradas del camino para atender a los gastos de transporte y hospedaje de él y de su séquito». Buscaba lavar su imagen ante los Reyes a causa de ciertas acusaciones que se vertían sobre él y su gobierno, para lo que no dudó en comprar ropa elegante a un sastre vallisoletano de cara a una próxima audiencia; puede que ello influyera para que en abril del año siguiente se le concediesen los títulos de almirante, virrey y gobernador de las Indias.

De nuevo en Medina del Campo, donde llegó el 22 de mayo de 1497, asombró a propios y extraños portando una preciosa joya traída del Nuevo Mundo, «una masa de oro sin labrar, a manera de toba natural, cóncava, más grande que un puño, de veinte onzas de peso, que había encontrado un reyezuelo en un montículo seco», señala Rumeu. También entraría en el Monasterio de la Mejorada, donde redactó un famoso 'Memorial' a modo de guía para negociar los viajes y el Tratado de Tordesillas con el Rey de Portugal.

Su retorno definitivo –y trágico– a Valladolid, en 1506, enfermo ya de gota, era fruto de su insistencia para que el rey Fernando le reconociera todos sus privilegios, incluidos los sueldos pendientes. Pasó sus últimos días en el desaparecido Convento de San Francisco, que estaba situado en la Plaza Mayor, junto al actual Teatro Zorrilla, donde el agravamiento de su enfermedad le llevó a redactar el último codicilo al testamento elaborado en Segovia. Además del notario, le acompañaban sus hijos Diego y Hernando, Diego Méndez, el bachiller Miruela y el ayudante del escribano Gaspar de Misericordia; también, probablemente, algunos marineros y siete criados en calidad de testigos. Su muerte en Valladolid, ocurrida el 20 de mayo de 1506, pasó ciertamente inadvertida, y no se comunicó oficialmente hasta varios días después.

El erróneo emplazamiento de su óbito por eruditos decimonónicos explica que en 1855, el Ayuntamiento bautizara con su nombre la hasta entonces denominada calle Ancha de la Magdalena, en cuyo número 2 se inauguró, en mayo de 1968, la actual Casa-Museo del descubridor. Más accidentada fue la historia de la estatua que desde septiembre de 1905 preside su Plaza, obra del genial escultor sevillano Antonio Susillo para el Paseo Central de La Habana con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América (1892). Cuando en 1898 los independentistas cubanos se rebelaron contra España, tres ciudades, Sevilla, Madrid y Valladolid, la reivindicaron. Finalmente, una intensa campaña de las «fuerzas vivas» locales, espoleadas por El Norte de Castilla, consiguió para Valladolid el plácet del Consejo de Ministros y el monumento colombino.

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25-03-19 - Colón y los Reyes Católicos

Cuando expuso su proyecto de viajar a Asia atravesando el océano Atlántico, los expertos lo tacharon de loco. Fue la reina Isabel la que venció las reticencias e hizo posible su empresa descubridora

Jesús Villanueva.

Colón en la corte de Fernando el Católico. Xilografía según un óleo de Wenzel Von Brozik. Siglo XIX.
Colón en la corte de Fernando el Católico. Xilografía según un óleo de Wenzel Von Brozik. Siglo XIX.

Colón en la corte de Fernando el Católico. Xilografía según un óleo de Wenzel Von Brozik. Siglo XIX.

Gracias a su seguridad en sí mismo y su entusiasmo visionario, Colón persuadió a los Reyes Católicos de aceptar su proyecto, aunque nada habría logrado sin el apoyo decidido de varios personajes clave de la corte castellana. En la negociación final, Colón exigió que se le concediera el título hereditario de Almirante del Mar Océano, el cargo de virrey y gobernador y el diez por ciento de las ganancias del descubrimiento. Cuando los consejeros de Isabel consideraron que eran condiciones desorbitadas, Colón partió airado a Córdoba, pero la reina lo volvió a llamar y el 17 de abril de 1492 se firmaron las capitulaciones.

El Tratado Colombino. Foto: DEA / Album
El Tratado Colombino. Foto: DEA / Album

El Tratado Colombino

Las Capitulaciones de Santa Fe fueron pactadas y firmadas por fray Juan Pérez, representante de Colón, y Juan de Coloma, secretario de Fernando el Católico.

Carta náutica atribuida a Cristóbal Colón. Foto: Biblioteca Nacional de París
Carta náutica atribuida a Cristóbal Colón. Foto: Biblioteca Nacional de París

Carta náutica atribuida a Cristóbal Colón

Los sabios portugueses y castellanos que estudiaron el proyecto de Colón tenían motivos para rechazarlo. Basándose en diversos autores, el genovés creía que Asia era mucho más extensa de lo que es en realidad y erraba en la magnitud de la milla náutica, con lo que suponía que Japón estaba a 2.400 millas de las Canarias, cuando de hecho son 10.600.

Desembarco de Colón el 12 de Octubre de 1492 en Guanhani. Óleo por Dióscoro de la Puebla.Foto: Art
Desembarco de Colón el 12 de Octubre de 1492 en Guanhani. Óleo por Dióscoro de la Puebla.Foto: Art

Desembarco de Colón el 12 de Octubre de 1492 en Guanhani. Óleo por Dióscoro de la Puebla.

La carta que Colón escribió a los Reyes Católicos desde Lisboa, en marzo de 1493, fue impresa enseguida y se difundió por toda Europa. Antes de finales de siglo se hicieron hasta catorce ediciones, en latín (nueve), castellano, italiano, catalán y alemán. El texto, sin embargo,  tenía algunas variaciones. La traducción latina realizada el 20 de abril de 1493 por Leandro de Cosco, un humanista aragonés probablemente de origen judío, destacaba islas reportaba a Fernando el Católico y el papel que había tenido en la empresa el tesorero general de Aragón, Gabriel Sánchez, un judeoconverso. Tan sólo las versiones castellanas mencionaban a Isabel a la par de su esposo. Sin duda, era Fernando quien controlaba los hilos de la propaganda regia.

Los Reyes reciben a Colón en Barcelona.Foto: Prisma Archivo
Los Reyes reciben a Colón en Barcelona.Foto: Prisma Archivo

Los Reyes reciben a Colón en Barcelona

Un cronista explica que, a la llegada de Colón a Barcelona a mediados de abril de 1493, «los Reyes Católicos le esperaban públicamente, con toda la majestad y grandeza, en un riquísimo trono bajo un dosel de brocado de oro, y cuando fue a besarles las manos se levantaron como si fuera un su lado». Así recrea la escena este óleo de Francisco García Ibáñez (Museo del Ejército, Madrid). Sin embargo, los diarios de la ciudad no registran una recepción pública. Parece que el encuentro se produjo en alguna sala de palacio, repleta, eso sí, de curiosos y admiradores.

Catedral de Santo Domingo. Foto: Maremagnum/ Getty Images
Catedral de Santo Domingo. Foto: Maremagnum/ Getty Images

Catedral de Santo Domingo

En 1495 Colón fundó en La Española la ciudad de La Isabela, llamada así en honor de la reina. Pero pronto fue abandonada en favor de un nuevo núcleo en el sur de la isla, Santo Domingo.

El descubridor humillado.Óleo por Lorenzo Delleani.Foto: Culture-Images / Album
El descubridor humillado.Óleo por Lorenzo Delleani.Foto: Culture-Images / Album

El descubridor humillado.Óleo por Lorenzo Delleani.

En 1500, Colón fue arrestado en La Española por un delegado de los Reyes Católicos y enviado a España en una carabela.  Las casas reproduce el diálogo entre Cristóbal Colón y general Villejo, quien fue a arrestarle: 

«Villejo, ¿adónde me lleváis?»
 «Al buque, Señor Excelentísimo, a embarcarse»
«¡A embarcarse! Villejo, ¿me decís la verdad?»
 «Por la vida de Vuesencia, que es cierto»

El Almirante debió de suspirar con alivio y dejó que lo llevaran al navío que debía devolverlo a España. Cuando le ofrecieron quitarle las cadenas, Colón declaró que «los reyes me mandaron por escrito que me sometiese a lo que Bobadilla ordenase en su nombre; por su  autoridad me ha puesto estas cadenas; yo las llevaré hasta que ellos me las manden quitar».

Los hermanos Colón arrestados por el corregidor Bobadilla en La Española. Grabado de Theodor de Bry. Siglo XVI. Foto: AKG / Album
Los hermanos Colón arrestados por el corregidor Bobadilla en La Española. Grabado de Theodor de Bry. Siglo XVI. Foto: AKG / Album

Los hermanos Colón arrestados por el corregidor Bobadilla en La Española. Grabado de Theodor de Bry. Siglo XVI

Al llegar el corregidor Bobadilla a Santo Domingo, la capital de La Española, en mayo de 1500, los pobladores españoles le comunicaron toda clase de agravios contra el Almirante. Incluso se difundió el rumor de que, al saber la llegada del corregidor y cómo éste había arrestado a su hermano Diego, Colón quiso organizar una resistencia armada contra el representante de la Corona. En realidad, la conducta del Almirante muestra su obediencia ciega a cualquier orden emanada del poder real. Acudió de inmediato a Santo Domingo y aceptó resignadamente que lo encadenaran y lo metieran en una fortaleza. Desde allí instó a su otro hermano, Bartolomé, a que también se entregara, como así hizo éste. En una ocasión, al ver entrar en la celda a un oficial llamado Villejo, pensó que venían a ejecutarlo

Foto: AKG / Album

La Torre del Oro. Foto: Juan Carlos Muñoz / Fototeca 9x12
La Torre del Oro. Foto: Juan Carlos Muñoz / Fototeca 9x12

La Torre del Oro

En Sevilla, de vuelta de su último viaje, Colón se lamentaba: «Poco me han aprovechado veinte años de servicio, pues no tengo techo que me cubra».

Colón al final de su vida. Óleo por Claude Jacquand. 1870. Museo de Le Havre. Foto: Bridgeman / ACI

Colón al final de su vida. Óleo por Claude Jacquand. 1870. Museo de Le Havre

Al enterarse de la muerte de la reina, Colón le dedicó un sentido elogio en una carta a su hijo Diego: «Su vida siempre fue católica y santa [...] y por esto se debe creer que está en su santa gloria». En cartas posteriores al mismo Diego le pedía que se informara sobre si la soberana había dejado estipulado en su testamento algo relacionado con él, pero no había nada.

Colón y los Reyes Católicos

A finales del año 1491, Cristóbal Colón parecía a punto de renunciar al sueño que llenaba todos sus pensamientos desde hacía acaso una década: la travesía marítima hacia Asia a través del océano. Con 40 años recién cumplidos, había consumido en vano los últimos seis haciendo gestiones ante el gobierno de Castilla en busca de apoyos para la expedición. Pese a que no faltó quien le secundase, los consejeros de los reyes y los expertos de la junta formada en Salamanca en 1486 se mostraban escépticos, cuando no hostiles, a un proyecto inusitado, que contradecía muchas ideas adquiridas, incluso la letra de las Sagradas Escrituras, y que se basaba en cálculos geográficos de lo más aventurado, sin contar que quien lo planteaba era un forastero desconocido y sin formación académica. Es cierto que los reyes no le habían dado una negativa clara, pero no cesaban de postergar su decisión, absortos como estaban en las operaciones de la guerra de Granada y otras ocupaciones.

Entre el navegante genovés y la Reina Católica se fraguó una conexión trascendental en la aventura del descubrimiento

Colón no desfalleció y había seguido a la corte en sus constantes desplazamientos, e incluso se dice que tomó las armas en una campaña de la guerra. Pero cuando a fines de 1491, justo antes de lanzar el asalto a Granada, los reyes lo recibieron en Santa Fe y de nuevo rehusaron garantizarle el apoyo a su empresa, el genovés decidió abandonar la corte y marchó a Huelva, al monasterio de la Rábida, donde había recalado en la primavera de 1485 después de que los portugueses también hubieran desoído su propuesta. La única opción que le quedaba era probar suerte en Francia, cuyo rey le había escrito invitándolo a exponerle su proyecto.Fue entonces cuando fray Juan Pérez, el monje de la Rábida que lo había acogido en 1485 y que desde el principio había creído en su plan, decidió hacer una última gestión. Pérez había sido confesor de la reina Isabel y confió que ella le atendería. En efecto, la reina lo recibió, y aquella conversación fue decisiva para que la reina volviera a llamar a Colón y para que éste, en una audiencia en Santa Fe justo después de la rendición de Granada, convenciera a los monarcas de que apoyaran su empresa. No tenemos datos precisos sobre cómo se desarrolló el encuentro, pero cabe pensar que fue en aquel momento cuando entre el navegante genovés y la Reina Católica se fraguó una conexión que tendría un efecto trascendental en la aventura del descubrimiento.

Clima de euforia

En Santa Fe, Colón se cuidó de hacer encajar su empresa con el clima de exaltación religiosa que acompañaba el fin de Reconquista. Según afirmó, el viaje a la India permitiría llevar ayuda a los cristianos de aquel continente, trabajar por la conversión de los infieles y, además, utilizar los beneficios económicos de la expedición, que se preveían ingentes, para financiar una cruzada que liberara Jerusalén de los musulmanes, afirmación esta última ante la que los reyes no pudieron evitar una sonrisa.

Colón se cuidó de hacer encajar su empresa con el clima de exaltación religiosa que acompañaba el fin de Reconquista.

En cualquier caso, los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, se dejaron convencer e incluso aceptaron, después de un amago de retirada por parte del genovés, las desorbitadas exigencias de éste en términos de autoridad personal, tal como quedaron plasmadas en las Capitulaciones de Santa Fe, suscritas el 17 de abril de 1492. Sin duda debieron de pensar que poco importaban tales concesiones en una empresa de resultado tan incierto y, por otra parte, ésta tampoco les iba a resultar gravosa económicamente, pues el presupuesto, de unos dos millones de maravedíes, quedaba cubierto por un préstamo realizado por un funcionario del rey, Luis de Santángel, por la propia aportación de Colón (gracias a un préstamo particular) y por la contribución forzosa de la ciudad de Palos, que debió proporcionar dos de las tres carabelas de la expedición.

Ocho meses después de la partida de Colón desde el puerto de Palos el 3 de agosto de 1492, llegó a la corte castellana la noticia de su retorno. Desde Lisboa, donde había recalado su navío, en marzo de 1493 Colón enviaba una carta a los Reyes Católicos en la que les anunciaba su sensacional gesta: había completado su viaje a través del océano hasta llegar a las costas de Asia, la misma zona que Marco Polo había recorrido dos siglos antes. Fernando e Isabel, radiantes por aquel nuevo signo de favor de la providencia divina, escribieron de inmediato a «nuestro Almirante del Mar Océano y visorrey y gobernador de las islas que se han descubierto en las Indias» –tal era el título que le correspondía en virtud de las Capitulaciones de Santa Fe– instándole a que se apresurara a reunirse con ellos en Barcelona, donde se hallaban en esos momentos.

El viaje del Almirante hasta la Ciudad Condal causó sensación. Colón llevaba siete indígenas americanos, así como papagayos, otros animales y plantas y frutos diversos, de modo que «la gente corría a los caminos para verle y a los indios y otras cosas y novedades que llevaba », según escribía un cronista. En Barcelona los soberanos lo recibieron con alborozo y le prodigaron los mayores gestos de deferencia, permitiéndole sentarse ante ellos o paseándose con él por las calles de la ciudad. Aunque las fuentes no lo precisan, debió de producirse entonces un encuentro personal entre Colón y la reina que dejó honda impresión en el Almirante, pues ocho años más tarde, en una carta a la soberana, escribiría en tono rendido: «Yo soy siervo de vuestra alteza. Las llaves de mi voluntad yo se las di en Barcelona [...] Yo me di en Barcelona a Vuestra Alteza sin desar de mí cosa».

Los frutos de la hazaña

El éxito del viaje de 1492 le valió a Colón no sólo el consiguiente momento de fama, sino también una posición privilegiada en la corte real, como experto navegante y cartógrafo al que los soberanos pedían a menudo consejo. Pero el prestigio del descubridor no tardaría en agrietarse a causa de su discutida labor como gobernador de las tierras descubiertas. Ya durante su segunda estancia en las islas del Caribe llegaron a la corte quejas de colonos españoles que se sentían discriminados o maltratados por el Almirante. A la vuelta de este segundo viaje, Colón acudió a Burgos para explicarse, e «informó [a los reyes] muy por menudo y les dio sus disculpas lo mejor que pudo», según recoge el cronista Santa Cruz. Los monarcas lo disculparon y le encargaron un nuevo viaje, el tercero, que al cabo resultaría letal para la reputación de Colón.

El prestigio del descubridor no tardaría en agrietarse a causa de su discutida labor como gobernador de las tierras descubiertas

Enfrentado a la rebelión abierta de una parte de los colonos españoles, sus intentos por imponer su autoridad no hicieron sino redoblar las quejas y denuncias hasta que finalmente los reyes decidieron intervenir enviando a un comisario especial para que asumiera el gobierno de las islas, aun a costa de violar los privilegios de Colón. Nada más llegar a La Española, en agosto de 1500, el corregidor Bobadilla apresó a los tres hermanos Colón y los envió encadenados a España.

Antes de este desenlace, hubo otro asunto que indispuso a la reina con su Almirante, el del trato dispensado a los indígenas. Aunque inicialmente se mostró benevolente con los indios y trató de evitar los abusos, a partir de su segundo viaje Colón concibió el plan de esclavizar a aquellos indios que se hubieran rebelado contra los españoles o que fueran caníbales y venderlos como esclavos de guerra en Europa. En 1495 envió un primer «cargamento » de 300 esclavos indios para que un socio suyo los vendiera en Andalucía, y en 1498 expidió cinco navíos más repletos de esclavos.

Los reyes, y en particular la reina Isabel, se apresuraron a frenar esa actividad.Al principio fue sólo un escrúpulo de conciencia lo que los llevó a ordenar retener el dinero recibido por la venta de los primeros 300 esclavos, hasta que una junta de teólogos no dictaminase si aquel tráfico era moralmente lícito. Pero cuando la reina se enteró de que Colón, en su tercer viaje –en el que había recibido el encargo expreso de ocuparse de la evangelización de los indígenas– había repartido a los indígenas como esclavos de sus colonos, estalló de indignación. Según Las Casas, la soberana clamó: «¿Qué poder tiene mío el Almirante para dar a nadie mis vasallos?». Los habitantes de las Indias no eran enemigos de la Corona y por ello no se les podía hacer la guerra y luego venderlos como esclavos. Por ello, ordenó que los indios llegados a España como esclavos fueran devueltos a sus lugares de origen en América.

Postreras esperanzas

Pese a todos estos conflictos, los reyes no se ensañaron con Colón. Nada más llegar a Cádiz en noviembre de 1500, mandaron liberarlo y lo llamaron a la corte. En una carta al Almirante le decían: «Tened por cierto que vuestra prisión nos pesó mucho [...] y luego que lo supimos lo mandamos remediar [...] y ahora estamos mucho más en vos honrar y tratar muy bien». En Granada le dispensaron una calurosa acogida y le permitieron organizar un nuevo viaje, que ellos mismos se prestaron a financiar. Pero le prohibieron poner el pie en La Española y lo despojaron del monopolio del comercio con las Indias.

Ese cuarto viaje fue una sucesión de desastres, y Colón hubo de volver a Sevilla a finales de 1504, enfermo y deprimido. Cuando se enteró de que la soberana se encontraba gravemente enferma, escribió una carta, el 1 de diciembre de 1504, a su hijo Diego, que desempeñaba un cargo en la corte, en la que rogaba por la salud de la reina y decía que ella era la única que podría impedir que las Indias se perdieran. Pero todas sus expectativas se vieron defraudadas: la reina había fallecido cinco días antes, y sus sucesores desatendieron todas las instancias del Almirante, que murió en Valladolid, no pobre, como él mismo decía con exageración, pero sí amargado, el 20 de mayo de 1506

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23-07-19 - Cristóbal Colón en Medina del Campo

Sin duda los edificios históricos pasan a la posteridad por los acontecimientos que en ellos acaecieron y está de más decir que las casas reales de Medina del Campo encuentran un lugar destacado en el libro de la Historia por ser el escenario en el que la reina Isabel deja este mundo. Pero nuestro palacio ofrece mucho más a la Historia y su memoria guarda un sinfín de sucesos y peripecias dignas de ser contadas, hoy nos detendremos en las estancias de Cristóbal Colón en Medina del Campo y en su Palacio Real.

Cristóbal Colón por Ridolfo Ghirlandaio, 1520. Museo del mar y la navegación de Génova.
Cristóbal Colón por Ridolfo Ghirlandaio, 1520. Museo del mar y la navegación de Génova.

Cristóbal Colón había llegado por primera vez a Castilla en 1485 tras la negativa del rey portugués a aceptar su proyecto de llegar a Cipango navegando hacia occidente, le costará presentar su proyecto a los Reyes Católicos pero finalmente es recibido por Isabel en Alcalá de Henares en enero de 1486. La reina se encontraba allí tras haber alumbrado a su hija Catalina y una vez escuchado el proyecto de boca del almirante la reina decide que una comisión de sabios presidida por Fray Hernando de Talavera se pronuncie al respecto de la atrevida empresa colombina. No es de extrañar que Colón comience un peregrinaje siguiendo a la corte real allí donde se trasladaba y de esta forma encontramos al almirante en Medina del Campo el 10 de marzo de 1486 persiguiendo a la corte a la espera de la respuesta de la docta comisión, ansiando una confirmación a la viabilidad de su proyecto. No estuvo mucho tiempo, menos de un mes pues marchó de la villa el 4 de abril de nuevo tras la corte, tras los reyes pues ese mismo día Isabel y Fernando salían de Medina. No tenemos constancia si a lo largo de esos días Colón pudo entrevistarse con los reyes, las crónicas no recogen ninguna audiencia oficial con el genovés, pero no podríamos descartar algún encuentro informal.

Llegada de Colón a América. Detalle. Repostero del descubrimiento. Siglo XVIII. Castillo de La Mota, Medina del Campo.
Llegada de Colón a América. Detalle. Repostero del descubrimiento. Siglo XVIII. Castillo de La Mota, Medina del Campo.

En este punto debemos hacer mención a un personaje fundamental en la relación de Cristóbal Colón con Medina el Campo, estamos hablando de Alonso de Quintanilla. Alonso era una personalidad muy cercana a los Reyes, ya desde la guerra contra Juana la Beltraneja aparece al lado de Isabel, en su coronación en Segovia tras la muerte de Enrique IV y en la toma de Granada. Gracias a todo ello fue nombrado consejero de los soberanos, pues bien, Quintanilla se convierte en un gran apoyo tanto moral como económico para Colón desde que llega a Castilla y en los momentos más difíciles para el navegante Alonso siempre estuvo a su lado. De hecho, es muy probable que en esta visita de Colón a Medina y en la siguiente que relataremos el navegante residiese en la casa que Quintanilla poseía en esta villa de la que era regidor.

La segunda vez que Cristóbal Colón pisa la villa de Medina del Campo lo hará en un contexto bien diferente. Corre el mes de mayo de 1497, hace ya casi un año desde que llegara de su segundo viaje de tierras americanas y aun cuando en el último viaje se ha comenzado a vislumbrar las pocas dotes de Colón para la gobernanza de aquellas tierras el Almirante de la Mar Océana era ahora una de las personalidades más importantes del reino. Desde la primavera de 1496 se encuentra imbuido en los preparativos para ejecutar un tercer viaje a las nuevas tierras, así en la ciudad de Burgos los Reyes firman a Colón una serie de reales cédulas que dan vía libre al nuevo viaje colombino. No obstante, el genovés parece no estar del todo conforme con estos documentos y de nuevo va tras la corte para exigir una serie de medidas que completen las otorgadas en Burgos y así afrontar el tercer viaje con todas las garantías. De esta manera es como vuelve Colón a Medina, de nuevo tras los Reyes y en el Palacio Real de la Villa Isabel y Fernando firman al almirante más de quince documentos relativos al comercio, la jurisdicción económica y gobierno de las tierras americanas satisfaciendo todas las peticiones de Colón para el tercer viaje.

La aventura Colombia marcará el inicio de una nueva era, cambió radicalmente el horizonte europeo y nada volvió a ser igual en las relaciones internacionales de los viejos reinos de occidente y su gran artífice Cristóbal Colón paseó por las calles de la villa de las ferias en las postrimerías del siglo XV.

Por Felipe López Pérez

Bibliografía:

DE AZCONA, Tarsicio. Isabel La Católica, vida y reinado. La esfera de los libros. 2002.

DOMÍNGUEZ CASAS, Rafael. La Casa Real de Medina del Campo (Valladolid), residencia de los Reyes Católicos. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Num. 78. 1994.

VARELA, Consuelo. Cristóbal Colón, de corsario a almirante. Lunwerg editores. 2006.

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18-06-2020 - Colón e Isabel la Católica: ¿culpables de genocidio?

Muy vinculados ambos a Valladolid, los demócratas de California han decidido retirar el monumento que honra su memoria en la rotonda del Capitolio

ENRIQUE BERZAL

Cristóbal Colón ante los Reyes Católicos.
Cristóbal Colón ante los Reyes Católicos.

El pasado martes, miembros del partido demócrata que dominan el Legislativo en California acordaron retirar la estatua de Cristóbal Colón e Isabel I de Castilla, que desde 1883 domina la rotonda central del Capitolio, porque entienden que ofende a la memoria de los indígenas americanos. Titulada 'La última petición de Colón a Isabel', es obra del escultor Larkin Goldsmith Meade y pretendía conmemorar la gran repercusión que tuvo en el mundo occidental el descubrimiento de América. La decisión, influida por la reciente ola de protestas contra el racismo tras el asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd a manos de la policía de Mineápolis, vendría a dar la razón a quienes consideran que ambos personajes, Colón e Isabel la Católica, instigaron el genocidio y la esclavitud en el Nuevo Mundo.

Estas razones no convencen en absoluto a acreditados especialistas. Ya en noviembre de 2018, ante la retirada del monumento a Colón en Grand Park, en Los Ángeles, el catedrático de Historia de América de la Universidad de Valladolid, Jesús Varela Marcos, señalaba que «ya solo por sus hechos, es imposible sostener que Colón fuera un genocida. Solo hay que ver cómo regresó de sus cuatro viajes. Después del primero, a lo más que llegó fue a decirle a la reina que era fácil hacer esclavos porque la población indígena no conocía armas; quería demostrar que la expedición traía algún beneficio. Pero es que lo de hacer esclavos era algo totalmente común en la época, no se puede juzgar con criterios del presente. En el segundo viaje, trajo una remesa de esclavos y cuando la reina supo que ya se habían comercializado, mandó recomprarlos y enviarlos de nuevo a América».

Estatuta dedicada a Colón en Miami, llena de pintadas tras una protesta la pasada semana por la muerte del afroamericano George Floyd. /
Estatuta dedicada a Colón en Miami, llena de pintadas tras una protesta la pasada semana por la muerte del afroamericano George Floyd. /

También la catedrática de Historia Medieval de la Universidad de Valladolid, María Isabel del Val, insiste en que «el historiador no puede mirar al pasado con los ojos de la actualidad, debe comprenderlo y hacer abstracción de muchas situaciones que en el presente nos parecen chocantes, pero que entonces no lo eran». Como señala esta especialista en la reina castellana, «ésta manifestó su preocupación por la población de las nuevas tierras descubiertas, y en su testamento hizo una demanda para que se la tratara como personas, aunque entonces esto quería decir que las cristianizaran». En efecto, dicho texto, redactado en octubre de 1504 en Medina del Campo, dice: «Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien».

Lazos estrechos

Los lazos de Cristóbal Colón e Isabel I de Castilla con Valladolid son muy estrechos. No está de más recordar, por ejemplo, el matrimonio de los futuros Reyes Católicos en el Palacio de los Vivero en 1469, o las estancias de Isabel en Tordesillas durante la guerra de sucesión abierta en Castilla entre sus partidarios y los de la otra aspirante al trono, Juana la Beltraneja (1475-1479). A su vez, las huellas isabelinas en Medina del Campo nos remiten al castillo de la Mota, una de las fortalezas de mayor relevancia durante su vida, y, más aún, al Palacio Real, donde dictó testamento el 2 de octubre de 1504 y falleció el 26 de noviembre de ese mismo año.

También a Medina del Campo llegó Colón en marzo de 1486, siguiendo al séquito real para que aprobaran su proyecto. Regresó a Valladolid el 9 de agosto de 1496, tras su segundo viaje, un año después lo vieron de nuevo en Medina del Campo con una preciosa joya de oro traída del Nuevo Mundo, y en el Monasterio de la Mejorada, muy cerca de Olmedo, redactó el 'Memorial' que serviría de guía para negociar los viajes y el Tratado de Tordesillas con el Rey de Portugal. Como es bien sabido, falleció en el desaparecido Convento de San Francisco el 20 de mayo de 1506.

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