Vista panorámica
Medina del Campo. Su origen y desarrollo
Villa histórica, monumental, escultórica y paisajística
Villa de las Ferias

Historia de la Muy Noble, Muy Leal y Coronada Villa de
Medina del Campo
conforme a varios documentos y notas a ella pertinentes por

D. ILDEFONSO RODRÍGUEZ Y FERNÁNDEZ
Doctor en las Facultades de Sagrada Teología, Filosofía y Letras y Medicina, Catedrático de esta Facultad en la Universidad Central (antes en la de la Habana), Caballero de la Orden de Carlos III, etc.


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LIBRO PRIMERO

CAPÍTULO I

Que trata del principio y fundación de la ciudad de Sarabris

Imagen en piedra del busto del Rey Brigo
Imagen en piedra del busto del Rey Brigo

La ciudad de Sarabris, fue fundada por el Rey Brigo, cuarto rey de España, y comenzó a reinar a los 399 años después del diluvio, según la cuenta de Beroso, y a los mil novecientos y seis años antes de la venida de Jesucristo, como lo cual Ibáñez, en el catálogo de los Reyes de España. Esta ciudad de Sarabris, quieren decir algunos autores, haber sido la ciudad de Zamora, otros que la de Toro, y por la cronología de Tolomeo, libro 2º. capítulo quinto, tabla segunda, se prueba, esta ciudad de Sarabris, ser Medina del Campo, por los nombres de pueblos y ríos que están en su comarca, como es el río Eban, el río Doria, que es Duero, la villa de Otoduro, que es Tordesillas, y que dice estar a cuatro leguas de Sarabris, y también se averigua por la ciudad de Valladolid, que dice estar a ocho leguas de Sarabris, y también se averigua, por la ciudad e Palancia, que es Palencia, y que dice estar a dieciséis leguas, y por la ciudad de Caunca, que es la villa de Coca, que dice está a seis leguas, y que se ve en la postura de Congium que es la villa de Cuellar, que dice está a nueve leguas, y de Rauda que es la villa de Roa que está a dieciséis leguas, y de Porta Angusta que es la villa de Portillo.

El curioso lector que quisiere probar esto, tome un compás, y mida las tablas, verá ser verdad, y con esto quedará bien averiguado, no ser Sarabris ninguna de las dos ciudades de Zamora ni Toro, porque las ciudades, villas y ríos citados, están de Medina del Campo, el trecho y leguas que señala Tolomeo, y dejando en su buen crédito y autoridad a los autores que tratan lo contrario, quedan las congruencias por Medina y más, lo que acerca de esto testifica un testigo muerto, que ha muchos siglos que pasó de esta vida, que es un caballero godo, cuyo entierro está en esta villa, en el convento de San Bartolomé de monges benitos, que se llamó don Alonso de Estepa, con un escrito muy antiguo, que se halló con él, en el cual dice, como trajo á aquella casa, el santo crucifijo que hoy tienen, de muy grande devoción y en él se nombra; y dice, que nació en esta ciudad de Sarabris, como adelante se verá, en su lugar. Y háse de considerar, que los antiguos fundadores de pueblos, lo primero que imaginaban,. eran las constelaciones del cielo, y que tubiesen estrellas favorables para la salud de sus habitantes, lo que el rey Brigo hizo para la fundación de Sarabris, porque tiene esta villa, tan buenos aires, y astros, que la favorecen para ser pueblo sano, que jamás se acuerdan hombres muy antiguos que hoy viven, ni haberlo oído á sus pasados, durar en enfermedades agudas de costados, tabardillos y pestes, de tres semanas, ó un mes arriba, porque luego se aplacan, lo cual en otros pueblos se han visto durar muchos meses, y esta verdad nos certifican el Doctor Sosa, y el licenciado Perea, y el licenciado Antonio Pérez, grandes médicos y naturales de esta villa, que murieron de mucha edad, y decían que en sus tiempos, hubo muchas enfermedades agudas y de contagio, y que nunca las vieron durar, ni pasar del tiempo dicho, y esto se vió en la peste general del año 1599 que en esta villa apenas se sintió.

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CAPÍTULO II

De cómo el Rey Brigo fundó muchas ciudades de su nombre

Dice Beroso en su historia, que el Rey Brigo reinó cincuenta y dos años, y en el tiempo que vivió, edificó muchas ciudades, que todas miraban a su nombre, como fue Mirobriga, Farcobriga, Mirobrijia, Astorbrigia, y quienes fueron estas ciudades, en Florian de Ocampo se verá, en su general historia, también lo afirma Garibari y lo refiere Venegas, y Fray Alonso Veneto, en el Inquiridión, que dice ser verdad, que el Rey Brigo fundó en estas partes muchas ciudades, y así fundó a Sarabris, que en sus principios se llamó Sarábriga, al modo de las de arriba, y la causa de llamarse Sarabris, se tiene por cierto lle vino después que se recogieron la gran suma de piedras que había en el campo, para haber la cerca de la ciudad, de la que dice Beroso, que la fortaleció de castillos y almenas muy fuertes, y las cuales eran todas como lo que muestra hoy, lo que ha quedado, que cerca el castillo, y algunas calles que había en la ciudadela aunque había mucha vecindad, fuera de la cerca, con calles e iglesias, la cual cerca está ahora en pie alguna parte, y otra derribada, que por la fortaleza que mandó derribar, que fuera inexpugnable, mayormente que en aquel tiempo no había artillería. Era esta cerca de piedra y cal, que se llama argamasa, y era muy alta y ancha, que se ve hoyen el postigo que está a la subida de la Mota, que es el fuerte de esta villa, y ordenose por los que hicieron esta cerca, dos cosas, la primera limpiar el campo para aprovechar de el para sus labores, y la otra fortalecer su república, y desde que se limpió de esta gran suma de piedra, le quitaron el nombre e Sarábriga, y la llamaron Sarblis, o Sarabris, que todo es uno, aludiendo a un nombre latino, que pone Columela, el cual dice que sareir, quiere decir limpiar, y escardar el campo, y en el lib. 2º., cap. 13, este nombre de Sarabris quiere decir piedra, y por estar todo su campo lleno de ellas, que en latín quiere decir asimismo salibre los lugares pedregosos. Llámese también Salabris, porque tenía en su contorn unos pozos y lagunas saladas, por donde hoy se halla una ermita de Nuestra Señora de las Salinas, y de aquí se llamó a Roma, vía Salacia por donde se encaminaba la sal de las salinas; también se llama Salabris, por el salario y precio que se paga por pintar y quebrar piedras, tomando el nombre de la misma palabra, salibres, que quiere decir pedregosa. Llamóse también Salabris, por la prudencia y habilidad en el ingenio de los de la tierra, y en el Evangelio se llama prudencia. Este nombre de Salabris es propio y antiguo de Medina; porque además de lo que se refiere, es argumento invencible lo que dice el caballego rogo, en el monasterio de San Bartolomé, ya referido. Es mayor el argumento, de que en Amadis de de Gaula (El Amadigi del Taso, cant. 81), que un caballero de Medina del Campo, que entre otros finje era el príncipe de España, llamado Floridante, y dice que tenía por paje o escudero llamado Salibres, que es lo mismo que llamarse Medines, porque como tan sabio, sabía bien la antigüedad de Medina. En efecto, le pusieron este nombre, y le quitaron el de Sarábriga, como a tierra que había limpiado y escardado de tanta maleza de piedras, lo cual es mucho de agradecer a aquellos antiguos, la diligencia y cuidado que en ello pusieron, tan en provecho de los que hoy lo gozan. Estas fundaciones hechas por Brigo, dice Beroso, que fueron a los veinte años del reinado de Azazio, en Babilonia. En el cual tiempo, dice que fortaleció muchas fortalezas, porque habían en el mundo muchas guerras y disensiones. Por la muerte de este rey Brigo, perdió este reino el nombre de España vacea,, y se llamó por largos años Varigia, por este rey Brigo, y se tiene por cierto que el nombre de Castilla, se tomó de esta comarca, por ausa de los muchos castillos que en su contorno había, que muchos de ellos están hoy día en pie, y otros muchos arruinados, que todo ki taka el tiempo y lo consume.Dice Beroso en su historia, que el Rey Brigo reinó cincuenta y dos años, y en el tiempo que vivió, edificó muchas ciudades, que todas miraban a su nombre, como fue Mirobriga, Farcobriga, Mirobrijia, Astorbrigia, y quienes fueron estas ciudades, en Florian de Ocampo se verá, en su general historia, también lo afirma Garibari y lo refiere Venegas, y Fray Alonso Veneto, en el Inquiridión, que dice ser verdad, que el Rey Brigo fundó en estas partes muchas ciudades, y así fundó a Sarabris, que en sus principios se llamó Sarábriga, al modo de las de arriba, y la causa de llamarse Sarabris, se tiene por cierto lle vino después que se recogieron la gran suma de piedras que había en el campo, para haber la cerca de la ciudad, de la que dice Beroso, que la fortaleció de castillos y almenas muy fuertes, y las cuales eran todas como lo que muestra hoy, lo que ha quedado, que cerca el castillo, y algunas calles que había en la ciudadela aunque había mucha vecindad, fuera de la cerca, con calles e iglesias, la cual cerca está ahora en pie alguna parte, y otra derribada, que por la fortaleza que mandó derribar, que fuera inexpugnable, mayormente que en aquel tiempo no había artillería. Era esta cerca de piedra y cal, que se llama argamasa, y era muy alta y ancha, que se ve hoyen el postigo que está a la subida de la Mota, que es el fuerte de esta villa, y ordenose por los que hicieron esta cerca, dos cosas, la primera limpiar el campo para aprovechar de el para sus labores, y la otra fortalecer su república, y desde que se limpió de esta gran suma de piedra, le quitaron el nombre e Sarábriga, y la llamaron Sarblis, o Sarabris, que todo es uno, aludiendo a un nombre latino, que pone Columela, el cual dice que sareir, quiere decir limpiar, y escardar el campo, y en el lib. 2º., cap. 13, este nombre de Sarabris quiere decir piedra, y por estar todo su campo lleno de ellas, que en latín quiere decir asimismo salibre los lugares pedregosos. Llámese también Salabris, porque tenía en su contorn unos pozos y lagunas saladas, por donde hoy se halla una ermita de Nuestra Señora de las Salinas, y de aquí se llamó a Roma, vía Salacia por donde se encaminaba la sal de las salinas; también se llama Salabris, por el salario y precio que se paga por pintar y quebrar piedras, tomando el nombre de la misma palabra, salibres, que quiere decir pedregosa. Llamóse también Salabris, por la prudencia y habilidad en el ingenio de los de la tierra, y en el Evangelio se llama prudencia. Este nombre de Salabris es propio y antiguo de Medina; porque además de lo que se refiere, es argumento invencible lo que dice el caballego rogo, en el monasterio de San Brtolomé, ya referido. Es mayor el argumento, de que en Amadis de de Gaula (El Amadigi del Taso, cant. 81), que un caballero de Medina del Campo, que entre otros finje era el príncipe de España, llamado Floridante, y dice que tenía por paje o escudero llamado Salibres, que es lo mismo que llamarse Medines, porque como tan sabio, sabía bien la antigüedad de Medina. En efecto, le pusieron este nombre, y le quitaron el de Sarábriga, como a tierra que había limpiado y escardado de tanta maleza de piedras, lo cual es mucho de agradecer a aquellos antiguos, la diligencia y cuidado que en ello pusieron, tan en provecho de los que hoy lo gozan. Estas fundaciones hechas por Brigo, dice Beroso, que fueron a los veinte años del reinado de Azazio, en Babilonia. En el cual tiempo, dice que fortaleció muchas fortalezas, porque habían en el mundo muchas guerras y disensiones. Por la muerte de este rey Brigo, perdió este reino el nombre de España vacea,, y se llamó por largos años Varigia, por este rey Brigo, y se tiene por cierto que el nombre de Castilla, se tomó de esta comarca, por ausa de los muchos castillos que en su contorno había, que muchos de ellos están hoy día en pie, y otros muchos arruinados, que todo ki taka el tiempo y lo consume.Dice Beroso en su historia, que el Rey Brigo reinó cincuenta y dos años, y en el tiempo que vivió, edificó muchas ciudades, que todas miraban a su nombre, como fue Mirobriga, Farcobriga, Mirobrijia, Astorbrigia, y quienes fueron estas ciudades, en Florian de Ocampo se verá, en su general historia, también lo afirma Garibari y lo refiere Venegas, y Fray Alonso Veneto, en el Inquiridión, que dice ser verdad, que el Rey Brigo fundó en estas partes muchas ciudades, y así fundó a Sarabris, que en sus principios se llamó Sarábriga, al modo de las de arriba, y la causa de llamarse Sarabris, se tiene por cierto lle vino después que se recogieron la gran suma de piedras que había en el campo, para haber la cerca de la ciudad, de la que dice Beroso, que la fortaleció de castillos y almenas muy fuertes, y las cuales eran todas como lo que muestra hoy, lo que ha quedado, que cerca el castillo, y algunas calles que había en la ciudadela aunque había mucha vecindad, fuera de la cerca, con calles e iglesias, la cual cerca está ahora en pie alguna parte, y otra derribada, que por la fortaleza que mandó derribar, que fuera inexpugnable, mayormente que en aquel tiempo no había artillería. Era esta cerca de piedra y cal, que se llama argamasa, y era muy alta y ancha, que se ve hoyen el postigo que está a la subida de la Mota, que es el fuerte de esta villa, y ordenose por los que hicieron esta cerca, dos cosas, la primera limpiar el campo para aprovechar de el para sus labores, y la otra fortalecer su república, y desde que se limpió de esta gran suma de piedra, le quitaron el nombre e Sarábriga, y la llamaron Sarblis, o Sarabris, que todo es uno, aludiendo a un nombre latino, que pone Columela, el cual dice que sareir, quiere decir limpiar, y escardar el campo, y en el lib. 2º., cap. 13, este nombre de Sarabris quiere decir piedra, y por estar todo su campo lleno de ellas, que en latín quiere decir asimismo salibre los lugares pedregosos.

Llámese también Salabris, porque tenía en su contorn unos pozos y lagunas saladas, por donde hoy se halla una ermita de Nuestra Señora de las Salinas, y de aquí se llamó a Roma, vía Salacia por donde se encaminaba la sal de las salinas; también se llama Salabris, por el salario y precio que se paga por pintar y quebrar piedras, tomando el nombre de la misma palabra, salibres, que quiere decir pedregosa.

Llamóse también Salabris, por la prudencia y habilidad en el ingenio de los de la tierra, y en el Evangelio se llama prudencia. Este nombre de Salabris es propio y antiguo de Medina; porque además de lo que se refiere, es argumento invencible lo que dice el caballego rogo, en el monasterio de San Brtolomé, ya referido.

Es mayor el argumento, de que en Amadis de de Gaula (El Amadigi del Taso, cant. 81), que un caballero de Medina del Campo, que entre otros finje era el príncipe de España, llamado Floridante, y dice que tenía por paje o escudero llamado Salibres, que es lo mismo que llamarse Medines, porque como tan sabio, sabía bien la antigüedad de Medina. En efecto, le pusieron este nombre, y le quitaron el de Sarábriga, como a tierra que había  limpiado y escardado de tanta maleza de piedras, lo cual es mucho de agradecer a aquellos antiguos, la diligencia y cuidado que en ello pusieron, tan en provecho de los que hoy lo gozan. Estas fundaciones hechas por Brigo, dice Beroso, que fueron a los veinte años del reinado de Azazio, en Babilonia. En el cual tiempo, dice que fortaleció muchas fortalezas, porque habían en el mundo muchas guerras y disensiones. Por la muerte de este rey Brigo, perdió este reino el nombre de España vacea,, y se llamó por largos años Varigia, por este rey Brigo, y se tiene por cierto que el nombre de Castilla, se tomó de esta comarca, por ausa de los muchos castillos que en su contorno había, que muchos de ellos están hoy día en pie, y otros muchos arruinados, que todo ki taka el tiempo y lo consume.

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CAPÍTULO III

De la forma y sitio de Sabris, de sus cercas y puertas

La forma y sitio de la ciudad de Sarabris, antes y al tiempo que los moros lo ganaran, se pondrá en el presente capítulo, porque después fue dos veces amplificada, para que se ve y conozca su primera fundación y sitio, que aunque está mucha parte de ella desecha y arruinada, se puede pintar y describir su forma, y lo que fue, y en su lugar trataré del segundo y tercer aumento, y parte donde se aumentó, y ensanchó, que fueron dos poblaciones muy notables, una a la parte que se dice allende el agua, y la otra de esta parte del río, a donde el presente es la suntuosa y grande plaza de Medina, muy nombrada en todo el reino, en los cuales sitios y lugares, se hicieron nuevas poblaciones muy extendidas, con nuevos edificios calles y templos, pues que la forma de su primera fundación, era cuadrangular en todo trecho, y hacía forma de corazón, que su ancho era desde la puerta del Sol, que en aquél tiempo se llamó así, y hasta hoy dura el mismo nombre, la cual está a la mano izquierda como salimos de Medina para la villa de Olmedo, hasta la puerta del Portillo, que ahora se llama del Arcillo, que tiene significación de un vocablo latino, que significa alcanzar, y se le puede atribuir este nombre, porque está cerca del alcázar y fortaleza, la cual mira al Nordeste, frontero de adonde está el convento de Santa Clara, y en este lienzo de murallas, hay setecientos y setenta pasos comunes, y por vía recta de este lienzo, están repartidas diez y ocho torres de argamasa, ladrillo y este cuadro mira a levante, y no había en este lienzo, puerta ninguna, sino cavada la loma en que está asentado el lienzo, que venía a tener un foso hondo, y la ciudadela y muralla, quedaba terraplenada por dentro, como hoy se ve, que está yermo y despoblado. En el cuadro de medio día, y lienzo de sus murallas, hay de largo mil y setenta pasos, en el cual había tres puertas principales, con sus puentes, sobre el río Zapardiel, la una era, la que dijimos del Sol, que mira al Sur, que hace esquina del cuadro de la ciudad, y más abajo, estaba otra puerta que llamaban de Santa María la Blanca, que estaba frontero de donde agora es la puerta de San Vicente (ó Llorente). La otra la llamaban la de Salamantica, que estaba donde está ahora el barrio del Azogue. Además de estas tres puertas, había un Postigo pequeño, que salía junto a la iglesia del Señor San Juan Evangelista, que estaba a las espaldas, de donde el presente son las casas principales, que son los mayorazgos de los caballeros Zuazos, de quien adelante se pondrá su solar, y en este lienzo había tres puertas y un postigo. El cuadro que miraba al Poniente, empezaba donde esquina la torre y casas del consistorio, que hoy es, y acaba en cuadro, adonde agora está la fuente de San Nicolás, junto al cual estaba la puerta de Otadura, que será Tordesillas; en este cuadro había dos puertas, que una salía de donde agora es el Alhóndiga, que después la llamaron la puerta del real, porque frontero de ella, asentaron los godos su real, cuando los ganaron a los romanos, más adelante hacia el río, había una puerta, que salía a la boca de la calle que hoy llaman de Serranos, que entra en la calle de la ferrería, que tenía por nombre la puerta de la Vega, los cuales muraban al Occidente, y algo al Noroeste; tiene este cuadro, cuatrocientos y sesenta y seis pasos. El cuadro que remataba la forma de la Ciudad; comenzaba desde la esquina de la dicha fuente, hasta volver a cerrar con la esquina de la puerta del portillo, ó arcillo (ó arquillo), en que hay novecientos y treinta pasos, y en ellos quince torres, de argamasa y ladrillo, como hoy se echan de ver muchas de ellas,  arrimadas sin haber puerta en el dicho lienzo, por ser todos pantanos, y en toda la circunferencia de la Ciudad, había 3230 pasos comunes, que para aquel tiempo era gran población.

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CAPÍTULO IV

De cómo Medina es voz de pueblo, recibió la religión cristiana siendo Sarabris

Por tradiciones antiquísimas  se abe, que después que el glorioso apóstol Santiago vino a predicar a España, y se volvió a Jerusalén, a consultar lo que había visto, con los gloriosos apóstoles, San Pedro y San Pablo de acuerdo de todos, volvieron a enviar algunos discípulos de los que al presente tenían, a que prosiguiesen la predicación del Santo Evangelio, que nuestro patrón Santiago había comenzado. Los cuales luego que llegaron a esta provincia de los españoles vaceos, y cristianos, y se informaron de los más principales pueblos de ella, pareciéndoles más a propósito que otra alguna, para comenzar en ella su sagrada predicación, porque como en pueblo noble, libre y público, adonde acudían gente de todas las naciones del mundo, hallarían más fácil entrada y mejor acogida para su doctrina, y que sería más bien recibida, y con menos contradicciones, en un pueblo que tenía autoridad y parte de señorío propio, que no en otro alguno, que fuese de algún rey o de otro cualquier señor, los cuales como no suelen admitirlas, sin consejo de los principales del estado a quien tocan, necesariamente han de hallar en ellos contradicciones, por sus intereses, y por más que el pueblo se aficiones como sujeto, es forzoso que calle y que esté a la determinación y disposición del Príncipe; también les pareció a aquellos santos discípulos que esta república era muy apropósito para su intento, viendo que era muy fuerte la muralla y fortaleza para aquellos tiempos, como de sus ruinas se echa de ver, como detrás quedamos dicho, y conocieron ser sus naturales valerosos, y de ánimos grandes y esforzados, pues se conservan tan en su libertad, los cuales si una ved recibían su sagrada religión, se sabrían hacer fuertes con ella, y defenderse de sus enemigos finalmente que de todo el reino y fuera de él tenían forzoso concurso de negocios. En esta villa tendrían también ocasión de llevar a vueltas de as demás riquezas, la mayor de todas, que es la noticia del Santo Evangelio,  y la vida y doctrina de Jesucristo nuestro bien, y así el primer pueblo donde hicieron alto, y donde con mayor esfuerzo procuraron conquistar la gentilidad, y plantar la ley evangélica, fue en esta villa; sin duda, o al menos debió de ser de las primeras,  y aún por ventura la que entre todas las villas y pueblos de estos reinos, la que en nombre de villa y en voz de comunidad, recibió en estas partes  esta doctrina evangélica, que en las demás ciudades recibían particulares casas, o personas, pero en esta villa, toda la república en comunidad.

La justicia, consejo y pueblo abrazaron la fe católica, lo cual se ve claramente que fue así, pues  que la misma república, de los propios de ella, y algunos particulares, edificaron templos, fundaron de todos los beneficios y la dignidad de arcipreste, y dispusieron y ordenaron todas las cosas necesarias para el culto divino y para la conservación del estado eclesiástico, con tales fueros y costumbres, que desde aquél tiempo prescribieron el derecho de patronazgo, que siempre esta república y sus moradores han gozado, y gozan, como por menudo se dirá; y digo que son tales y tan raras las razones y consideraciones, que cada una de ellas, por si, basta por prueba, de que la misma república con acuerdo y madura consideración, las ordenó así,  y que no pudieran por otro camino, ni después de aquel tiempo, haberse introducido, pues se probará de las mismas cosas, y podemos desde ahora dar por supuesto, que esta villa en nombre de villa, recibió la ley evangélica, y para este capítulo, basta lo dicho, que en el siguiente se proseguirá lo que falta.

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CAPÍTULO V

Que prosigue el derecho de patronazgo

De lo dicho en el capítulo antecedente, se saca un argumento. Forzoso es que me han de conceder  una de dos consecuencias, conviene a saber, que en aquel tiempo de la primitiva iglesia, esta villa era libre, y señora de sí misma, pues no pudiera tan a su salvo, en conformidad de todo el pueblo, renunciar la religión que tenían, y profesar y admitir la nueva de Jesucristo, si tuviera dependencia de algún príncipe o señor temporal, con obligación de contemporizar con su gusto y devoción, o al menos que si estaban sujetos a alguno, entonces se rebelaron contra él, y no permitiendo su santo celo estar sujetos a príncipe, o a gente de religión extraña, por armas se libraron de su sujeción y servidumbre, para poder mejor, y más a su gusto, atender a la ley evangélica que nuevamente había recibido, y proveer lo que necesario fuese, para su conservación y aumento. A lo cual se allega, que si desde aquel tiempo, la villa y los naturales de ella adquirieron derecho de patronazgo, a los templos y beneficios eclesiásticos, y a la misma dignidad de arcipreste que ellos fundaron, y dotaron, también se colige que fueron libres cuando la adquirieron pues que nunca rey ni señor alguno, ha tenido ocasión de entrar siquiera a la parte, de presentar con ellos, y no la tuvieron bastante, ni al tiempo que la adquirieron hubiera tenido algún señor que con ellos la tuviera. Así pues ya por facultad de sus fundadores, o por costumbres, o por otra razón, sin dar leyes ni poner condiciones, ni nuevos requisitos, hicieron sus nombramientos lisamente, y en la persona que les pareció y más gusto recibieron.

Y verdaderamente que estas cosas se han de juzgar, conforme a razón y buen juicio de hombres prudentes, ya que por su gran antigüedad no puede hacer otro género de pruebas más fuertes, y que deben bastar solas estas razones, para que cualquiera persona de entendimiento claro, y allegado a ellas, no persuada y juzgue no poder ser de otra manera, ni de otra naturaleza, el derecho de patronazgo de lejos de esta Nobilísima república, sino por fundación, elección o por lo menos ganado por derecho de armas, como el que los reyes de Castilla tienen de presentar a los obispos, por haberla ganado de los enemigos de la Santa fe católica romana de modo que luego que la ganaron, dispusieron el modo, traza y costumbres, con que convenía proceder en el curso del tiempo para conservarla, y con menos escándalos e inconvenientes, y cuando sea por este camino de hecho de armas, y no por fundaciones derecho es tan fuerte y tan privilegiado, y tan digno como es el de dignidad; pues no es de menos precio la sangre y vidas, con que la ganaron, que las haciendas con que pudieron fundarle, n es de menos provecho a la Iglesia y al sumo Pontífice, y a la obediencia que se le deben sino de mucho más el hecho de las armas, que la aplicación de las haciendas y mucha mayor razón de animar en los cristianos, a semejantes hechos, que a la fundación  de los beneficios eclesiásticos, que es lo que hace  el derecho de fundación tan inviolable y firme.

También es cosa bien digna de saber, que este patronazgo de legos haya tenido tan grande antigüedad, que aunque va apuntado algo, remito lo que falta, para siete consideraciones que adelante se pondrán en su lugar.

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CAPÍTULOVI

De cómo los españoles vaceos, eran los de la provincia de Sarabris, y cómo por concierto se sujetaron a los romanos

Dice Florian de Ocampo, en su crónica, que hacia la parte donde esté fundada Medina del Campo, habitaban los españoles vaceos, y que fue gente valiente y robusta, a los cuales los galos y grecos, en muchas batallas y escaramuzas que con ellos tuvieron, jamás les pudieron rendir, ni otra ninguna nación que con ellos había peleado, por ser naturalmente belicosos y bien amañados para cosas de la guerra, solo se rindieron a los romanos de su gracia, pero no conquistados, los cuales les guardaron sus fueros y costumbres, sin apremiarlos a cosas, que a los rendidos suelen apremiar. Estuvieron estos españoles vaceos de la provincia de Sarabris, sujetos al imperio romano muchos tiempos, sien siempre muy libres en sus fueros, que jamás los romanos se les quebraron, y duró esto, hasta que los godos vinieron a España, que por el rey Leovigildo, se ganó a los roanos nuestra Sarabris, como se dirá más adelante más largamente, y váyase notando, que las libertades que esta villa de Medina del Campo ha tenido, de ser libre, y señora de sí misma, como lo son las ciudades de Venecia y Génova y otros señoríos, las ha tenido desde su fundamento, como se irá viendo, hasta los tiempos adelante, que por ellos se dijo aquel famoso proverbio, que ni el Rey poseía en ella oficio, ni el Papa beneficio, Blasón, que jamás de otra república se ha dicho.

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CAPÍTULOVII

En que se tiene por cosa cierta, que las libertades y exenciones de esta villa  le vino desde la gran seca de Españas

En el prólogo del lector previene, que si en estos libros trajesen tradiciones a falta de no haber autores ni papeles que lo certifiquen, sean bien recibidas del lector, y así dogoque por tradición y por conjeturas congruentes y antiguas, se sabe que las libertades y exenciones que esta república ha tenido, y tiene hoy día, las tuvo y adquirió, desde la gran sea que hubo en España 926 años antes que Jesucristo naciese, que según autores graves duró veintiséis años, que no llovió, y fue tan grande la destrucción de todas las Españas, que de despobló toda ella, y la gente pobre, tuvo mejor suerte que la rica, porque la necesidad les apremió a salirse del reino, e ir a buscar su remedio a reinos extraños, y los ricos con el amor a sus haciendas, vinieron a parecer, de forma que cuando la Majestad de Dios, la volvió a fertilizar, por muchas y continuadas aguas que la envió, los naturales que habían salido con el criño y amor de sus patrias, se volvieron a ellas y las habitaron y reformaron, viniendo por familias, y los nuestros brigianos  y sarabrienses, volvieron a poblar su ciudad en el propio situi que la dejaron, reforzando su castillo y muros muy fuertemente, y como en muchos años no conocieron Rey, ni señor, gobernándose entre ellos, en el temporal poniente de su mano personas que gobernasen, y jueces que los rigiesen,  y aunque los de otras poblaciones harían lo mismo, fueron conquistados y sujetos de extranjeros que vinieron a España. Los de esta ciudad de Sarabris fueron tan valerosos y fuertes, que jamás los pudieron rendir, y así se sustentaron hasta que vino la predicación del Santo Evangelio, que como queda dicho, la recibió toda la República junta, sin faltar ninguno.

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CAPÍTULO VIII

De cómo el Rey Leovigildo Godo ganó Sarabris a los romanos

Vino a reinar a España el Rey Leovigildo en el año 569, por haber muerto el Rey Atanagildo, que contentándose con el reino que tenía de la Galia gótica, dio la gobernación de España a Leovigildo su hermano, el cual procuró ganar con grande ejército que juntó, lo que en España tenían ocupado los imperiales romanos, y muchas villas y ciudades que le se habían revelado de su señorío, particularmente la provincia de Sarbris y su comarca, según lo dice el Abad de Valcrara, que conquistó muchas ciudades y castillos, cercanos a los montes Orospedas y las faldas, y así parece que ganó esta provincia por estar tan cerca de los dichos montes, que son las sierras de Segovia, Soria y Béjar, y estos nombres les dá Ptolomeo en su cosmografía, y les pone en la provincia de Tarragona, y no en la Bética, y así puso cerco sobre nuestra Sarabris y la tuvo muy apretada con un continuo y largo cerco, así a los españoles, como a los imperiales romanos que dentro estaban. El Rey asentó sus reales, donde es ahora la población de la cuadra y mercado de San Nicolás, rúa Vieja y calle de Valladolid barrio de San Pedro y Santo Tomé, que en aquel tiempo eran campos rasos y praderías; tuvo apretada toda la Ciudad, y los de dentro se defendían con grande ánimo, puesto que el enemigo era muy fuerte, según u libro escrito de mano, que un abad de San Bartolomé de la orden del glorioso San Benito, dio a una persona curiosa de esta villa, antiquísimo, tanto que para traducirle esta persona, lo trabajó bien y sabiendo que yo estaba haciendo esta historia, me le enseñó, y de él saqué la defensa que los españoles vaceos, y los imperiales romanos hicieron para guardar su ciudad, y dice así: “que el godo los iba procurando restringir los bastimentos, para que no les entrase en la ciudad, lo cual ellos sintieron mucho, porque se vieron faltos de ellos, y si el cerco duraba, se habían de ver muy necesitados, por haber un año que les tenía cercados; pues entraron en consejo las dos naciones vaceos y romanos, para lo que debían hacer, y acordaron mostrar buen ánimo y resistir al enemigo, o morir; a esta sazón, el Rey Leovigildo acordó darles un asalto, con pertrechos de guerra y máquinas, para subilles las murallas, hacia la parte y frontera donde tenía puesto su campo, que era frontero de la puerta que lamaron del real, que fue donde ahora es el Alhóndiga, les puso un sitio de mucha gente y máquinas; y de la otra parte de la ciudad, que enfronta con esta puerta, entre las puertas del Sol y la del Portillo, puso otra tanta gente y máquinas, para que los cerdados se dividiesen, y acudiesen a defender, en ambas partes, para fin de disminuirles el golpe de la gente, que pudiera acudor, si hubiera más de un sitio, pero si el Rey usó de este ardid de guerra, los cercados se le entendieron, y lo supieron remediar, con una estratagema de guerra, harto curiosa, y fue que toda la gente de pelea, que estaba dentro que serían más de unce mil personas, se dividieron en cuatro partes, y una noche salieron a pelear con los contrarios, y por la puerta de la Vega, salieron la cuarta parte  , y por la del Real la otra cuarta parte, a dar con los enemigos, y cogerlos en medio, y lo mismo hicieron las otras dos partes, que salieron los unos por la puerta del Sol, y los otros por la del Portillo, y así mismo cogieron en medio a los del otro sitio, de modo que a una entraban ofendiendo a los cercadores; y viéndose apretados por dos partes, lleváronlo mal los godos, porque los cercados se dieron tan buena maña, que hicieron en poco tiempo mucha riza, y matanza en ello, y los que de ellos libraron  mejor, fueron los que estaban en el sitio de la puerta del Real, que como estaba su campo cerca, fuéronse retirando hacia él, y desampararon el cerco. Como los cercados se vieron victoriosos, por fuera de los muros, acudieron a ver lo que pasaba, en el cerco que estaba hacia la puerta del Real, con los cuales toparon, los que iban del otro cerco, y los demás de este otro cerco, entre unos y otros los cogieron en medio, y libraron muy mal, si el Rey que salió al socorro, con copia de gente, no los ayudara. Visto por los cercados, el ayuda del Rey, se recogieron todos, y se metieron en su ciudad, por la puerta del Portillo, que fue la que más a mano estaba de unos y otros; murieron muchos, aunque muchos más de los Godos, y con esto los unos y los otros se retiraron, quedando Leovigildo en gran manera sentido, por lo cual propuso de hacer lo posible para dar fin y cabo de esta guerra.

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CAPÍTULO IX

De cómo el Rey procuró la venganza, por la victoria que sus contrarios tuvieron

Estúvose unos días el Rey, que no trató de dar asalto a la Ciudad, sino de procurar que no les entrasen bastimentos, por saber que estaban faltos de ellos y que éste era el mejor remedio para fenecer este cerco, y de esta manera escusaba escaramucas y muertes, para lo cual puso muchas guardas que rondasen de día y todas las noches, hasta que una, rondando los godos la ciudad, tuvieron algo enfrente, hacia el río Zapardiel, y echaron de ver que era bagaje, de cosa de cincuenta cargas de bastimentos, y de ellos fueron a gran prisa a dar noticias al real, y los demás fueron a impedir la entrada en la ciudad, y queriendo los cercados meter el bagaje por la puerta del Sol, que era la que más a mano estaba, lo estorbaron los godos con mucho ánimo, y fueron guiando el bagaje por el río abajo, hasta la puerta de la Vega; a esta sazón había salido de la ciudad mucha gente para defenderlos, porque los que tenían en sustento, les habían dado aviso, los cuales salieron por la puerta de la Vega, y allí toparon con os enemigos, que les llevaban los bastimentos, entre los cuales les trabó una reñida escaramuza y los godos que venían con él, lo defendieron con ánimo hasta que llegó el propio Rey, y al tiempo que llegó tenía en su poder todas las cabalgaduras del bagaje, que las querían meter en la ciudad por la puerta de la Vega, y como el Rey lo reconoció acudió con un león con su gente, y se lo quitó de entre las manos, y dio tras los cercados con tan gran ímpetu, que les fue forzoso volver las espaldas hacia la puerta del Sol, y allí recataron las vidas, porque el Rey los siguió con gran coraje, y les mató mucha gente, y así los godos se llevaron el bastimento que para los cercados fue de mucha pena, porque no tenían bastimento para un mes, y que el Rey había de poner todo su cuidado en que nos les entrase ninguno, el Rey quedó muy gozoso, por parecerle había vengado la victoria pasada.

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CAPÍTULO X

De cómo el Rey volvió a probar entrar la ciudad

Tienese por cosa cierta que este libro, que se tradujo, lo escribió el Abad de Valclara, que fue de la orden de San Benito, un santo varón el cual escribió mucho de los Godos, y vivió en el tiempo del Rey Leovigildo, y después fue Obispo de la ciudad de Gerona, era natural de Santaren en Portugal, y dice que habiendo quedado el Rey con gran orgullo, en haberles cogido los bastimentos, procuró con mayores veras que ni de día, ni de noche no les entrasen, y para ello puso mucha gente por los caminos, de forma que a los españoles y a los romanos, les fue forzoso darse a partido.

Echando de ver, que auque les sobrasen bastimentos, no podrían resistir el ímpetu de un Rey tan poderoso, de acuerdo enviaron sus embajadores al Rey, el cual aunque de su natural no era benigno, los recibió a partido, guardando a los españoles vaceas naturales de Sarabris sus fueros y costumbres, sin les impedir cosa alguna, y a los soldados imperiales les mandó salir de la tierra; y lo hicieron y se fueron hacia el reino de Valencia, que estaba por ellos, y desde este tiempo, la quedó el nombre a la puerta que estaba a donde está ahora la Alhóndiga, la puerta Real, y al campo donde se situó el real, campigothorum , y después que se poblaron estos campos, como ahora están, los duró much tiempo este nombre, como pareció por papeles y ventas de Iglesias. Todos los autores concuerdan que por Leovigildo fue tratada y destruida esta provincia y metida bajo de su imperio, y todas estas conquistas que este Rey hizo, fue a los cinco años de su reinado, al fin de los cuales murió su hermano el Rey Liuva, y quedó Leovigildo por absoluto dueño y señor de todos los reinos de los godos, de la Galicia gótica, y de España, corriendo los años del Señor de 572, esta ciudad se llamó todo el tiempo que la ocuparon los romanos Sarabris, y después que la señorearon los godos la llamaron Sarracus, por ser lengua más bárbara.

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CAPÍTULO XI

De cómo en el convento de San Bartolomé fue hallado un caballero godo

Quise poner en este lugar este capítulo, para probar evidencia haber sido nuestra Medina, real y verdaderamente la ciudad de Sarabris, y así sabrá el lector que en el convento de San Benito en esta villa, está un Cristo crucificado, muy devoto, y que ha hecho y hace muchos milagros, y tan antiguo, que no se sabía el origen y principio de quien lo había traído, hasta que fue Dios servido, que por el año 1590, queriendo aderezar una pared del claustro de este convento, que estaba rosa y blanqueada, cavando en ella unos oficiales para aderezarla, descubrieron un arco, u en él un entierro, en el cual estaba un caballero embalsamado, con gran mortaja de paño, como buriel, y su espada desnuda junto a él, con un pergamino en el cual estaban unas letras latinas, que a su tenor dicen así: Hic jacet, IC pace, quem praetulint orbis, Dominos donyllifonsus destepa, yn hac urbe, propio nomine Saravris bocata natus, yn eaque Proprium Solum patrium que habens. Vir quidem fortitudine et animi Excellentia insignis, genere etc., nobilitate claruis, ex nobile goturun familia, etc., quan Hispano sermone godos apelant, orignem trahens, clara stirpe claris parentibus ab s mayoribus ortus, qui omnes veram Chisti optimi maximi, pro novis cricifixise fiden cognoverunt, 2 que ejusden confessionen ex todo corde suo, et ex tota anima sua sunt proefati, qui in ea gloriati mortuique sunt. Ego auten ómnium infimus et humillimus, qui de me ipso humiliter ac demise sentio, uius Cjisti Crucifixi sacram formam, sanctam que figuram ad meum proprium has que felices sedes propere portavi, cuan excelsa animi mei magditudine, mea industria meis virii, meo que felice, gladio propereab inimicis comparavi, eamque inhumane genti, immani que nationicam aprovii et ignominiae causa portanti, é manibus eripui. Etdevinctis eis fortiter abstuli; in testamento meo que in suo sacro saccello honeste sepelirent. Cum meo felice gladio quo feci illud, pulchertium exitum que facinus a me operatum, perfectum que est era septingentésima vigesima prima, ad laudem et gloriam ejusdem Chisti pro me cruxifixi, et ad honorem intengerrimae Virginis Mariae, matris seae.

Estaba este latín en el pergamino, pero tan mal formado que penas se podía leer, y tan bárbaro que se sacó la verdad de el con alguna elegancia, para que diese gusto al lector, y diré su romance, porque será para todos.

Aquí yace sepultado don Alonso de Estepa, nacido en esta ciudad , llamada por su propio nombre Sarabris; varón a quien el mundo en la paz, dióle ventaja, varón que en fortaleza e industria de guerra, fue de grandiosidad de ánimo; tuvo siempre la prima, en nobleza y linaje, insigne, descendiente de la noble generación de los godos, nacidos de nobles padres, todos los cuales conocieron y confesaron de todo su corazón, la verdadera fe de Jesucristo, murieron confesándola, y se gloriaron de ello. E yo, el más humilde e ínfimo de todos, fui el más dichoso en traer a mi patria, y a esta santa casa, la figura y forma verdadera de Jesucristo crucificado, la cual con mi industria, con mis fuerzas, con esta mi dichosa espada, la saqué del poder de los enemigos, l cual sagrada figura, dichos presa de todos deseada, la quité por fuerza de armas, y se la saqué de las manos, a una nación bárbara, a una gente cruel, que la llevaba por causa rica, ocasión de afrenta y menosprecio, y mandé en mi testamento, que me enterrasen honestamente en su capilla sagrada, con la mi dicha espada, con la cual se obró una hazaña tan insigne y nombrada. Era de 721- A gloria de Nuestro Señor, y de su sagrada Madre, y de todos los Santos.

No se puede dejar de engrandecer y considerar, las grandezas y maravillas de nuestro gran Dios, en querer su Majestad descubrir y hacer notoria, una cosa tan maravillosa, que tan oculta había estado, por la cuenta del pergamino, hasta este año de mil seiscientos y catorce que se escribe esto para que sea notorio.

Estuvo enterrado este caballero, ochocientos y veinte y un años, y al cabo de tantos permitió el Señor se viera a saber, quien había traído a esta Santa casa la santa y devota figura del Santo Cristo.

Antiguamente estuvo esta Santa figura en este aro, donde se halló este caballero, y como había tan poco trecho, para la mucha gente que acudía a su devoción, a causa de los grandes milagros que hacía, los monjes la trasladaron dentro de su iglesia, en una capilla donde al presente está, donde siempre ha habido mucho concurso de gente, obrando el Señor por su santa figura muchos milagros, como los monjes los tienen muy autorizados; hay en esta capilla muchas lámparas de plata, y velos de brocado, y telas muy vistosas.

Ha habido en este otro misterio, digno de consideración y de reparar en él, y es que al principio de esta historia íbamos probando, como la ciudad de Sarabris era y fue esta villa, y no la quer otros autores dicen, y por las tablas de Psholomeo queda confirmado este pensamiento; y ahora, esta la prueba de est verdad, muy de parte de esta villa, pues los muertos hablan, y dan claridad a esta duda, pues dice el pergamino ser nacido en esta ciudad de Sarabris; paréceme que basta esto para los de contraria opinión.

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CAPÍTULO XII

Que trata e la vecindad que tenía Sarabris, y otras cosas

Después que la ciudad de Sarabris y su comarca fue ganada por el Rey Leovigildo, como va dicho, que fue por los años del Señor de 572, que tuvo en su poder a toda España, estando sosegado y sin guerra, residió en esta ciudad muchos años, con su corte, y muchos caballeros godos,  y la hacían de seis mil casas, porque las calles eran muy angostas, y las casas muy confusas, como edificaban los españoles vaceos, y muerto Leovigildo, el Rey que le sucedió fue su hijo, el católico Recaredo, el cual vivió muchos años en esta ciudad; y como la predicación del evangelio se había extendido por toda España, ya había por este tiempo nueve parroquias dentro de la ciudad, con muchos clérigos  y su arcipreste electo por el clero de las iglesias,  sin ser sujeta a ninguna diócesis, y un solo monasterio de monjes negros, de la orden del Glorioso San Benito, que estaban el el propio sitio que ahora están en la iglesia que se nombró  y hoy se nombra del Glorioso apóstol San Bartolomé, que en ella se ve su antigüedad. Tres de las dichas iglesias, estaban dentro del lo que se llama ciudadela en las cuales se ve su antigüedad, porque las más están arrimadas, a la muralla antigua, de hormigón de piedra y cal,  y estaban de parte de dentro que la una era Santa María la Blanca, la cual estaba adonde ahora está la torre de la Mota, y aún en una parte de dicha iglesia, se hizo una cuadra para la vivienda de dicha mota, la cual mandó hacer el infante don Fernando, que fue Rey de Aragón- La otra Iglesia es la que ahora se dice de Santa Cruz, que asimismo estaba arrimada a la muralla por la parte de dentro, que en aquel tiempo se llamaba de San Justo y Pastor. Otra está en medio de la ciudadela, en loor de la Asunción de Nuestra Señora, que hoy se llama Nuestra Señora del Castillo, que llamamos mota, por la parte de fuera de la ciudadela. En la demás población había otras tres iglesias, que estaban arrimadas a la muralla, como hoy se ven, que la una es la de San Nicolás, que no se ha sabido tuviese otro nombre, la otra es la que al presente se nombra de San Salvador, hacia el mediodía, que en aquel tiempo se nombró de Santa María Magdalena, y se pudo creer esto, porque hoy día los beneficiados de esta iglesia, hacen fiesta a esta Santa. La otra Iglesia en San Juan Evangelista, que siempre tuvo este nombre,  aunque ahora la llaman San Juan de Azogue, por estar en aquel barrio.  A la parte que mira al oeste, la otra iglesia se llamó de San Myn, /creo Millán) y otra de San Luís, que las vimos derribar en nuestros tiempos, y se trasladaron en otras partes. La otra es la de San Llorente que al presente es ermita. Había en el contorno de la ciudad tres ermitas, la una enfrente de la puerta del Portillo, que se llamó Nuestra Señora la Antigua, y así se llama hoy, aunque es parroquia, y la más moderna de esta villa;  las cosas de este mundo van rodando de esta manera, que esta ermita vino a ser parroquia, y algunas parroquias de aquel tiempo, son ermitas. En la vega de la ciudad, de la otra parte del río había otra ermita que se llamó de San Ginés, que estaba donde ahora es el patio de la portería del convento de San Francisco metida entre unas huertas, otra estaba donde es la calle cerrada de la rua nueva, en cuyo sitio, edificó dos pares de casas Antonio de Acosta, un hombre noble y rico de nuestros tiempos.

Otra era delde el presente esta nuestra Señora de San Julián, que en aquel tiempo se llamó de San Julián, y después se halló en ella una imagen Santa de la Virgen, que es la que hoy está en ella, y hoy se llama Nuestra Señora de los Milagros, por los muchos que hizo cuando se apareció, y por los que cada día hace, y ser de muy gran devoción en esta villa y su comarca, y muy frecuentada de todos los fieles.

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CAPÍTULO XIII

En qué se prueba la ciudad de Sarabris ser la más antigua que Roma

Parecióme, era bien acabar de averiguar la gran antigüedad de nuestra Sarabris, para que por ella sus hijos naturales la respeten, y los que no lo son, la estimen y tengan en la veneración que su gran antigüedad pide, como otras queda dicho, pues para que esto sea muy claro, digo lo que Florian de Ocampo, autor grave die en su crónica general de España, hoja 382, que un Rey llamado Atlante, reinó en España, tres años después de los cuales pasó a Italia, con muchos españoles, y parte de ellos dice que poblaron una población llamada Cecilia, y parte se quedaron en Italia, los cuales poblaron en ella la ciudad de Roma, que en sus principios la llamaron un nombre, del cual no se tiene memoria, y después se llamó Saturnia, y dice que en adelante los romanos pusieron pena al que declarase el  nombre que tenía antes de llamarse Saturnia, y el ponerle el dicho apellido de Roma, dicen ser nombre usado entre los hebreos, cuya lengua hablan en aquel tiempo los españoles, fundadores d dicha Roma. Otros dice llamarse así, derivado de una hija del dicho Rey Atlante, llamada Romi, la cual después de los días de su padre, quedó por señora de los españoles, fundadores de Roma, y los historiadores griegos y latinos dicen, que la ciudad de Roma fue fundada por Remo y Rómulo, hermanos criados a la leche de una loba, y contra esto dicen  Dionisio Alicarnasco, Plutarco, y Antioco Siracusano, los cuales afirman haber nacido Remo y Rómulo, muchos años después de la fundación de Roma, que fue 759 años antes de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo, y por los españoles fue la primera fundación; conforme a este autor Florian Ocampo, y los autores citados, y otro autor grave llamado Origenes, dice que fue el año 1600 antes del advenimiento de Jesucristo, de manera que había 878 años antes que reinasen, ni hubiesen nacido los dos hermanos, de suerte que conforme a esto, la fundación de Sarabris por el Rey Brico, fue por los años de 1906 antes de la venida de Jesucristo al mundo, , que por esta cuenta, se halla ser más antigua la ciudad de Sarabris, que la ciudad de Roma 279 años, y se tiene muy cierto, ser una de las más antiguas de España, y es gran lástima que una población tan antigua, tan ilustre y noble, así en casas y descendencias que en ella hay, y ha habido, como de grandes servicios, que esta República y sus hijos han hecho a los señores Reyes pasados y presentes, así en letras como en armas, este tan destituida de favores humanos, que si la Majestad de Dios no mueve el real y benigno corazón de nuestro católico Rey don Felipe de Austria tercero, que largos años reine a hacerla algún favor, para que no se acabe del todo esta noble República, es imposible poderse sustentar, por haberle faltado la corriente de los negocios tan opulenta como siempre tuvo, y esto podría tener algún remedio, como adelante se dirá.

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CAPÍTULO XIV

Del Obispo que tuvo Sarabris, por su diócesis

En este primer libro se va tratando lo que en tiempos de los Reyes godos, sucedión en la ciudad de Sarabris, desde lo que está dicho desde el tiempo del Rey Leovigildo; y desde el Rey Vamba y el Rey Egica se describirá ahora. Es a saber que por los años del nacimiento de nuestro redentor Jesucristo de 676 años, reinó el Rey Vamba, el cual fue muy católico y cristiano, porque entre otras cosas muy loables que hizo, así de guerra como de en materia de gobierno, tomó un trabajo muy loable y santo, como fue hacer el repartimiento y distinción de los obispados de España, dándoles a todos sus rayas y putos hasta donde los obispos habían de regir y administrar sus obispados, y para que los unos no se metiesen en el distrito de los otros; dice Gamalloa en su lib. 8 cap. 4º. Que en los repartimientos que este buen Rey hizo, de los obispados y metrópolis, que la ciudad de Sarabris era obispado, y que era la ciudad de Zamora, pero que se llamaba Sentica; en aquel tiempo no había Obispado en Zamora, y así es notorio hiero, pues en los concilios no hay Obispo que se llame de Sarabris, ni sivarienses, y si lo fuera lo habría de ser nuestra Medina del Campo, y este Rey Vamba añadió después ser obispado Zamora, como lo dice la crónica general de España, el cual dio a la ciudad de Salamanca por su metrópoli a la ciudad de Mérida, y después se pasó a la metrópoli de Santiago, como lo es hoy día, y la dieron en este repartimiento, los términos de Alvena, que es la villa de Alba de Tormes, hasta Sotubres que es la villa de Ledesma, y estes el ancho del Obispado, y desde Russa que es la villa de Monleón, hasta nuestra Sarabris, que es largo del Obispado, y en la Santa iglesia de Salamanca, hay cuatro arcedianos que lo enseñaron  con sus nombres y términos, llamados Arcediano de Medina del Campo, Arcediano de Monleón, Arcediano de Alba Arcediano de Ledesma, por lo cual volvemos aprobar no haber tenido la ciudad de Zamora nombre de nuestra Sarabris. Esta provincia se llamó Castilla, por los muchos castillos que en esta comarca había.

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CAPÍTULO XV

De cómo se extendió Sarabris a la parte que se llamó Campigothrum

Por escrituras, que se han hallado en algunas iglesias de la parte donde ahora llamamos allende el agua, muy antiguas, se sabe haberse extendido esta villa siendo Saragris, a la parte que se llamó campigothorun , y se amplió una gran población porque en él está fundada la calle que llaman de Vallid y la rúa vieja, y se llama así por haber otra rúa nueva, en la nueva población de esta parte del río, y otras muchas calles, y asimismo se fundaron cinco iglesias parroquiales, que son las de San Pedro, San Esteban, Sato Tomé, San Miguel y la de Nuestra Señora la Antigua, además de las que atrás nombramos,  que están en la población antigua, y en la ciudadela, con mucha población en contorno de cada una, y por los vecinos y feligreses de ellas, fueron fundados y dotados con beneficios cóngruos, para los beneficiados de ellas, de las haciendas de los feligreses de cada una, y este aumento fue por los años del Señor de setecientos treinta y cuatro, reinando el Rey don Alonso el Católico; y en esta segunda población, estaban los negocios, y en la rúa vieja se hacían los pagamentos, como en aquel tiempo se practicaban y había muchas tiendas  de todo género de mercadurías, teniendo los caballeros que lo gobernaban, especial cuidado de acariciar y hacer buen y cómodo a las mercancías, procurando que pagasen pocos derechos, que como pueblo libre y señor de sí mismo, podían hacer sin que ninguno les fuese a la mano, y desde este tiempo fue aumentando esta villa, y se iba cada día acrecentando en vecinos y contrataciones, y fue tanto, que por estar tan florido pueblo, se dijo “Villa por Villa Valladolid en Castilla, y tanto por tanto, Medina del Campo”, y esta Villa tiene esta comparación, por blasón, por compararla todo el reino a una tan ilustre república, como es la ciudad de Valladolid, y sea esta una de sus grandezas entre las demás.

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CAPÍTULO XVI

De cómo se acrecentó esta villa, de esta otra parte del río

Iba esta villa creciendo en nobleza de muchos caballeros naturales, y de otros que se venían a vivir a ella, andando en servicio de los Reyes, y con la gran contratación que cada día se aumentaba, había tanta vecindad, y en tanta manera, que no cabían en la segunda población, de que acabamos de tratar, y que la abundancia de riqueza era tan grande, ordenaron y trataron los alcaldes ordinarios, con la cabeza de los linajes, regidores y procuradores generales, de hacer nueva población de esta parte del río, y hacia el medio día, y esto se tiene, que fue en tiempos del Rey don Alonso el VI, porque cuando vino a ayudar a los de esta villa, para librarlos de Miramanolín, alcanzada victoria, en hacimiento de gracias, se ordenó ir cada año en procesión a Santa María la Real, monjas dominicas, día de nuestra señora de Agosto, y salían de la parroquia de San Antolín, que estaba destrota parte del río, a donde ahora es iglesia mayor, y es argumento que puesto había parroquias de esta parte del río, que ya había estar empezada la nueva población, que se iba poblando en aquel tiempo, por manera que en breves años, se edificó todo lo que hoy perece desta parte del río, y hay noticia que el propio Rey, se vio presente  a ver trazar las calles, y la plaza, que es la mayor y mejor que hay en España, y sus calles y casas hechas apropósito, para mercancías, con grandes y hermosas lonjas, como hoy están, aunque cerradas las más. –Hubo mucho cuidado en el nuevo edificio, pues para la ciudad o villa donde se labraban las mercadurías para traerlas a vender a las ferias que en esta villa se hacía y se labraba, se intituló su calle de los  nombres, de donde se traían porque hoy día hay la calle de Toledo, y calle de Segovia, calle de Cuenca. Y de Torrecilla, calle de Ávila; y en cada una de ellas, se aposentaban los mercaderes de sus nombres, con sus mercadurías; las sedas de Granada y Toledo y otras partes, se aposentaban en la rúa nueva. Había un aposentador con vara de justicia, que no entendía en otra cosa sino en aposentar las mercadurías, que acudían a esta villa, cada una en su lugar, que les estaba asignado. Las mercadurías de Portugal, se aposentaban en la calle de Salamanca, y los Reyes Católicos dieron un privilegio para que cada carga de mercaduría, se aposentase en dicha calle, diese a una imagen de nuestra Señora de la Esperanza, que está en el arco de la puerta de la dicha calle, en su capilla decente, conforme al sitio, seis maravedíes de limosna, para su reparo y luz, lo cual se cobró siempre, hasta pocos años hace, pues como no acuden mercadurías no hay de quien cobrar. No pudo dejar de poner en esta parte, un milagro que esta Santa Imagen hizo, habrá 16 años, que es digno de consideración, y fue que a las nueve del día, se cayó todo el arco de esta puerta, con la capilla donde estaba esta Santa Imagen, y fue tanta la caridad y amor que con los fieles tiene, que pasando por esta puerta toda la villa, porque es una de las calles más frecuentadas de ella, permitió su Majestad, que no pasase ninguno, ni a nadie hiciese ningún daño, admirado el pueblo del buen suceso, acudieron mucha gente, para buscar la Santa Imagen, que estaba debajo de toda la tierra, y estuvieron cavando muchos hombres, apartando el gran montón de tierra y teja, cavando más de seis horas, hasta que vinieron a hallar y descubrir, la Santa Imagen, que como estaba en su altar, así se hallaron, y el Santo niño como le tenía, sin habérsele quebrado cosa ninguna, ni un dedo de sus santas manos, y tenía Ella y el niño coronas de estaño dorado, y con ser material tan blanco, no se había quitado ni un remate de las coronas, cosa por cierto que edificó mucho y aunque había mucha devoción con esta Santa Imagen, con esto se aumentó mucho.  En tempo de una gran peste que hubo en esta villa, por la devoción de esta Santa Imagen no se supo que ninguno de esta calle muriera de ella, y esta devoción la tiene por cierta porque en la que hubo el año de 1599, no se halló ningún herido en los vecinos de esta calle, y de esto hay hartos que lo saben; pues volviendo al intento del capítulo, digo, que en los cuatro cuadros de la plaza, está la joyería, que mira al solano, tiene 220 pasos de su largo, en la cual estaban muchas i ricas tiendas de joyeros, enfrente está la mercadería que mira al gallego, que tiene los mismos pasos, donde estaban muchos extranjeros, vamos hablando de crédito  pretérito, que ya se acabó. Estos extranjeros tenían las lonjas a la parte de dentro, con gran suma de mercadurías de Francia y de Flanes; en las tiendas de afuera, había muchas naturales con tiendas públicas, y en esta parte se aposentaban los milaneses, con mercaderías de inestimable valor, el cuadro que hace la plaza que mira al medio día, están en el tiendas de especiería y cerería, que todo se vende junto y en el también hay drogueros y confiteros, tiene este cuadro de ancho 126 pasos. En el cuadro que mira al Este y al Norte, cuadra en un pedazo grande de plaza, la Iglesia mayor, con su patio enlocado, con gruesos pilares de piedra, y hay algunas cosas conjuntas con dicha iglesia, que acaban el cuadro; al fin de la joyería, a la entrada de la calle de salamanca, están las reliquias del Real Palacio, adonde habitaron muchos reyes, que favorecieron y ampararon esta República, como se verá.

Además de las calles dichas, hay otras muchas, como es la de San Francisco, toda ella de tiendas de lencería, y al cabo hacia dicho convento, era la Zapatería, que por falta de vecinos están todas las casas cerradas. Hay asimismo la plazuela de San Juan, calle de Juan de Álamos, calle de Santiago, todas las casas de mayorazgoz muy principales. Hay calle de Quintanilla, que es donde este caballero tiene sus casas. –Calle de San Myn o Miguel donde también hay muchas casas y principales de caballeros, calle del Rey,  calle del Almirante. Tras la Iglesia mayor, hay otra plaza que se llama Corral de bueyes, porque en otro tiempo era por allí el matadero, y ahora está cercada de muy buenas casas, y se va introduciendo a llamarla plaza de Santa Ana, por estar cerca del convento del Carmen, que se llama de Santa Ana. Hay en esta población otras muchas calles, y las más de ellas tienen sportales, que es muy gran arreglo para tiempo de invierno, y para no pisar lodos, y para el verano guardarse del sol. Está en la Plaza Mayor, una fuente con sus conductos, al fin del patio que está con sus cadenas y sus pilares de piedra, que es un paso arrimado a la especiería, guardado del cierzo para el invierno, cosa preciosa, a donde los señores de negocios, se paseaban en el invierno, y para el verano en la rúa nueva, donde se hacían los pagos; fresca calle, y de mucha estima, en la que los cambios sacaban sus bancos y libros, y se pasaban las partidas, en e límite de os pagos.

La población antigua, y esta nueva, tiene el río en medio, con cuatro puentes, que merecían estar en el mejor río de España; porque son de canto, y por antepecho, de un lado y del otro, a trecho, unos pilares de hierro muy fuertes, y de pilar, dos órdenes de cadenas, de muy buena hechura,  de eslabones cuadrados, que todo este ornato, se hizo para autorizad de esta villa, porque por estos puentes, se pasaba como por calles de una población a otra, los que viven de esta parte en lo nuevo, llaman allende el agua a los de la población vieja y antigua, y en ella hay casas y solares de caballeros e hidalgos muy principales y antiguos, y en la nueva población, hay también muy principales casas, de caballeros y mayorazgos, de mucha suerte, como adelante se tocará algo de esto.

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CAPÍTULO XVII

De las murallas y puertas que tiene esta villa en lo viejo y nuevo con otras cosas

La segunda población está arrimada a la antigua, y a la ciudadela, y toda ella, de la otra parte del río al Norte, a la cual cercaron los de aquel tiempo con cerca de tapias anchas, y atrechos con muros, también de tierra con sus pilares de ladrillo, en gran manera anchos, como hoy día se ven. La última y nueva población que está desde otra parte del río, hacia el medio día, tiene la cerca al mismo modo, que la cerca antigua y se viene a juntar con la nueva, que es solamente lo que atraviesa el río, y está sin cerca, por manera que en toda la población vieja y nueva, están repartidas once puertas, sin postigos y calles, que salen al campo , que no tiene puertas, las cuales iremos nombrando, poniendo la razón de sus nombres, que la una es la puerta del Sol, atrás nombrada porque está a a su nacimiento, la otra es la calle del Arcillo, que en lo antiguo se nombró la del Portillo, porque antes que las hiciesen puertas, era portillo. Hay la puerta de la Antigua, porque salen por ella para ir a nuestra señora de la Antigua. Más adelante, está la puerta de San Pedro, porque está cerca de esta parroquia, luego la puerta de Valladolid, porque salen por ella para ir a esta ciudad. Hay luego la puerta del Matadero, por estar cerca de él, y salen por ella, para ir a Tordesillas. La puerta de Santiago, porque está junto a su parroquia. La puerta de barrio nuevo, porque está junto a este barrio. La puerta de Salamanca, porque salen por ella para ir a esta ciudad, y la puerta e Ávila, por la misma razón.

Tiene esta villa en toda ella 118 calles, tiene de circuito en lo viejo y en lo nuevo 5440 pasos comunes y se midiera por de fuera de los arrabales, tuviera muchos más, y aunque parecen cosas menudas, tiene algo de curiosidad. Tiene asimismo esta República, seis fuentes, a tres y cuatro conductos corrientes, que son bastantes abastecer la villa, sin muchos pozos de rica agua, mayormente los de la calle de la Carrera, que es donde están las mejores bodegas de esta villa, que tiene un agua mejor que la de las fuentes.

Llégase a esta villagran cantidad de fruta, por estar tan a mano de la Ciudad de Toro, que todo tiempo que dura amanecer en esta villa muchas cargas de ella, sin la que viene de los dos ríos de la villa de Olmedo, que es mucha y buena, y la de Villoria, y la que traen de Peñaranda los tratantes de esta villa y ya en años atrás se decía, que era la mejor huerta del reino la plaza de Medina del Campo.

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CAPÍTULO XVIII

De la descripción de la tierra, jurisdicción y comarca de Medina

Entre las demás grandezas de esta villa, no es pequeña, tener tan buenos lugares y villas de su jurisdicción, así para lo temporal, como para lo espiritual, que solían ser más de cincuenta lugares y villas de Alaejos, La Nava del Rey, El Carpio, Siete Iglesias, que todas estas villas, y las demás, son fértiles de pan y vino, y esto no tenemos necesidad de probarlo, pues todo el reino, y fuera de él saben que los vinos de esta villa, y su comarca, son de fama, pues se subastan de cuatro, seis y diez años, y quien esto escribe, vio cuba de 20 años, que se crió y fue, de Simón Ruiz Envito, fundador del Hospital general. En esta villa hay mucha caza, y muy buena, de todo género  de volatería, que todo el año esta repuesta muy proveida. Verdura de todo género, la mayor de España, melones, muchos y muy buenos, gansos y palominos y pollos en su tiempo, en gran cantidad, conejos muchos, y en especial los del monte de Rebollar que son de fama. En tiempos del tocino fresco, y sus menudos, en gran abundancia, que se puede alabar la limpieza con que lo venden, pescado de todo lo bueno que se llega de Medina de Rioseco, y abundancia de truchas, tencas, y anguilas se crían en este ría gran copia, y en las lagunas reales. Leche todo el año en abundancia, de la cual se hacen ricas natas, muchos requesones y quesos, y hay mucho de esto a causa del mucho ganado que se cría, para la leche que es menester para la color de los vinos. Tiene para los ganados ovejunos, ricos pastos, y para mulas, caballos y bueyes de los labradores, dos leguas, de una dehesa el río abajo, y arriba, que no tiene precio, en la cual, fuera de mucha yerba que cría para los ganados, hay en ella yerbas medicinales de mucha estima, que las vienen a buscar muchos herbolarios, puesto que su río no cría ribera por ser de poca agua. Hay por la misma dehesa abajo, huertas de particulares, con mucha arboleda, moscateles hermosos, y grandes estanques, y muy ricas casas que todo es de muy grande entretenimiento y regalo. El agua del río, es singular para lavar paños, tanto que vienen aquí muchos portugueses a sacar las mantas que suelen traer las lencerías.

Dije atrás que los vinos de esta villa tienen fama en el reino, y fuera de él porque en los tiempos en que la contratación estaba en su punto, de Flandes y de Francia, enviaban a pedir unos mercaderes a otros, vinos de esta villa, y se los enviaban y avisaban de su bondad. Asimismo además de dicha dehesa, hay un pasto señalado por el ganado de los obligados, que llaman las navas, que a pocos días que entre el ganado en él, engorda mucho, porque es yerba de mucha sustancia, y de buen sabor de carne. Tiene esta Villa muchos  montes en su contorno, suyos y de particulares, son de encina, a dos leguas; y a menos, que son de mucho precio, y de pinar el mismo trecho que otros tantos, por lo cual es muy proveida de leña, y manojo de las viñas en gran copia.

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CAPÍTULO XIX

En el cual se trata lo que pasó en esta ciudad, después de que la ganaron los godos

Habiendo ya descrito la forma y sitio de Sarabris, así en lo viejo como en lo nuevo, como es sus capítulos se trata, diré en el presente, lo que sucedió y se ha podido saber; y antes que entre de lleno, digo, que no se espante el lector, si en estos discursos saliéremos  un poco del camino del intento que llevamos, porque muchas veces se ha de hacer alguna digresión, para desenfadar, y así haré yo, lo que un caminante que va por un camino algo prólijo, al cual se le ofreciese una senda fresca y apacible que atraviesa por un prado, y se mete por ella, por la cual va recibiendo mucho gusto, y después, la misma senda le vuelve al camino que llevaba.

Pues digo, que esta noble República, se puede llamar muy dichosa, en que la conquistase y ganase un Rey, que fue padre de un tan gran Santo, como fue el Príncipe Hermenegildo heredero de sus estados, gran Santo y mártir, el cual se tiene por cosa cierta y tradicción antiquísima que nació en esta ciudad de Sarabris, y tuvo por hermano al católico Rey Recaredo, hijos santos de nuestro conquistador Leovigildo. Este Rey casó la primera vez con Teodora hija de Severino, capitán general de los Reyes, en la ciudad de Cartagena y este Severiano, fue padre de San Leandro, Fulgencio e Isidro y de Santa Florentina, flores naturales de España, el cual Leovigildo era arriano, y procuró con grandes veras que sus hijos lo fuesen y Recaredo por gusto del padre, fue más que no por suyo, y el Santo Hermengildo profesó siempre la fe católica romana, y apretándole el padre para que lo dejase, y tomase la arriana, jamás lo quiso hacer, y el Rey con gran furia lo mandó prender, y que le llevasen a la ciudad de Sevilla, para donde él se quería partir, por tenerle cerca para persuadirle; sometiéndole a prisión, y estado en ella le envió a rogar muchas veces, que cediese su gusto, y el Santo nunca lo quiso hacer, por ser contra el de Dios. Visto por el padre la firmeza que tenía, no como padre sino como fiera le mandó matar, y así fueron a ejecutar su mandato dos tribunos, y con un hacha le partieron la cabeza, acabando su santa vida, con tan glorioso martirio. España tiene mucho descuido, no hacer una célebre memoria de este gran santo, y esta villa le había de festejar más que otras del reino, porque se tiene por cosa muy cierta haber nacido en ella. El Rey vino después,  a tener gran pesar por lo hecho enfermando del mal de que murió, y se dice que se volvió a la católica fe de nuestra roma iglesia, y que envió maestros para que se la enseñasen a su hijo Recaredo, el cual la recibió con gran afecto, y dejó la arriana, y fue tan gran cristiano, que por tal fue el primer Rey que en España se intituló católico, trazas del Alto Dios que por este camino hay presunción, que padre e hijos se salvaron. –Este pedazo de senda, que se ha caminado, ha deleitado el alma y el cuerpo, y con razón los de esta villa, lo debe estar, por haber nacido en su villa un tan gran mártir, y adelante me extiendo más en esta tradición, y así nos volveremos a nuestro canino, en lo que estar por decir, y así al igual de esto se pusieren otras cosas, suplico al lector, que guste de oírlo. Fue la muerte de este ilustre mártir, a trece de Abril del nacimiento del Señor de 584.

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CAPÍTULO XX

De cómo se hizo concilio la ciudad de Toledo

Al Rey Vamba sucedió el Rey Ervigio, por os años del Señor de 685, en tiempos de este rey no sucedió cosa tocante a nuestro intento. A este Rey le sucedió Egica, que reinó por los años de 692, que con él se hizo número de 59 Reyes godos de España, éste fue muy prudente Rey, el cual hizo juntar Concilio en la ciudad de Toledo, que fue el décimo  séptimo, que en aquella ciudad se había hecho, y entre otras, cosas que se trataron, tocante a nuestra sagrada religión, se trató también de enmendar algunos fueros y leyes del reino, dignas de remediar, y entre otras, fue que los judíos que en aquel tiempo vivían en España, no fuesen a comprar a los puertos de mar, porque por ellos como eran tan bullidores y codiciosos, no bajaban las mercadurías a Castilla, y las que ellos traían, habían pasado por muchas ganancias, a cuya causa se encarecían con mucho más exceso que costaran, si los extranjeros las trajeran a distribuir por el reino, como lo solían hacer; esta sesión lo puso en práctica y se mandó a pregonar, so grandes penas, la guarda de ella, vióse el remedio al ojo, porque los judíos temieron el pregón, y ninguno quiso ir a comprar a los puertos; y visto por los extranjeros que no les iban a buscar mercaderías, érales forzoso traerlas a Castilla, y las daban por más bajo precio de cuando los judíos las traían.

Yo quisiera tratar en este capítulo, por el motivo que me da lo dicho, cuan necesario es en los tiempos presentes remediar  este daño que hoy corre al ir a comprar a los puertos de mar; porque la principal causa de la perdición de nuestra Medina y de mucha parte del Reino es este punto, yo procuraré encajarle adelante a donde convenga, procurando con razones suficientes dar a entender que se debe remediar, por cuanto es una sangría para sacar toda la moneda del Reino, y tener la necesidad tan grande, que al presente tiene, de todo género de monedas que no parece en el Reino la copia de escudos Reales, que solían andar, y aún apenas hay cuartos, bien se podrían desvelar para remediar esto las personas por cuya cuenta corre; ábrales Dios los ojos para que acudan a remediar el bien general, y dejen sus propios intereses.

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CAPÍTULO XXI

Que trata de la fuerza de las tradiciones

Desde atrás voy procurando valerme de las tradiciones, por saber que papeles ni Historias tocan poco las cosas que en esta ilustre república sucedieron después que los moros la ganaron a los godos y a los españoles vaceos, en la pérdida de España en tiempos del Rey D. Rodrigo, su postrer Rey, y si se echare de ver que se va rastreando y escribiendo por tradiciones antiguas y conjeturas, que viene de una edad de otra, hare lo que hicieron Cayo y Sempronio, los más antiguos cronistas de Roma, que las cosas que no podían autenticar, citándolas por autores, las certificaban por tradiciones antiguas, a las cuales decían que se las ha de dar tanta fe y crédito como a los autores, porque las tradiciones son testigos dentro de casa, que van diciendo y confesando lo que oyeron a sus mayores, y véase esta verdad por lo que pasa en las familias, que se van conservando las cosas de ellas; porque yo lo oí a mi padre, y él a los suyos, y los demás por este orden, y levantemos de punto esto de tradiciones, y podré aquí lo que se trata de ellas en un libro que hizo el Rdo. P. Fr. Rodrigo de Yepes, predicador del convento de San Jerónimo el Real, de Madrid, El Santo Inocente de la Guardia, en el cual trae otras historias y  cosas muy curiosas, pues dícenos en las hojas 77, cap. V en la Vida de Santa Florentina, natural de la ciudad de Écija, no pudiendo certificar con autores las cosas  de la vida de la Santa por ser muy antigua: “Habéis de presuponer que por dos vías y caminos veníamos los hombres en conocimiento de las cosas de nuestra fe y de las cosas importantes a nuestra salvación; lo primero, por revelación manifiesta que Dios hizo a los Santos y Profetas, mandándoles que lo supiesen por escrito para nosotros, porque para ellos no era menester escribirlo; díjose por ellos, y escribióse para nosotros. El segunda camino  fue pos sucesión de doctrina, que llaman los teólogos sapientia tradictionis, porque los antiguos lo enseñaron a los modernos, los padres a los hijos, los nietos a los bisnietos; de manera que no sólo damos crédito a las escrituras del Testamento Viejo y Nuevo, a la Ley y Profetas y Evangelio, que es el primer camino que dijimos que hay que saber y creer, sino también damos crédito a las tradiciones y costumbres antiguas, que recibimos de nuestros padres y mayores, y es esta tan grande verdad que viviendo los hombres con esta manera  de doctrina, sin tener cosa escrita 2433 años desde que Dio crió el mundo hasta Moises, en quien  comenzó la escritura, y todos los hombres que vivieron en aquellos tiempos se sustentaron y podían vivir y servir a Dios, y tuvieron conocimiento de Él por esta manera de doctrina, sin tener cosa escrita; y conforma esto, las tradiciones de la Iglesia y costumbres antiguas de ella son más antiguas que la Sagrada Escritura, y tan importantes como ellas, por ser cosas enseñadas por Dios, por voz de la Iglesia en los Ánimos de los hombres; y así, tenemos la tradición otras cosas de fe sin ser escritas, y por esto el Apóstol San Pablo nos encarga reverenciemos las tradiciones de los mayores, y lo escrito a sus discípulos: “Así, hermanos, perseverad y guardad las tradiciones de la Iglesia, que habéis aprendido”, va muy largo en esta materia, y parecióme era bien dejarlo aquí; que lo dicho basta para nuestro intento.”

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CAPÍTULO XXII

De cómo los moros ganaron a Sarabris

Al Rey Leovigildo, que ganó esta ciudad de Sarabris a los romanos y a los españoles vaceos, le sucedió su hijo Recaredo el Católico, y a Recaredo le sucedió Liuva su hijo y desde este rey hasta el Rey D. Rodrigo, que fue el último Rey godo, hubo 17 Reyes, que no pongo sus nombres por no hacer a mi intento, y fueron reinando en distancia de ciento cuarenta años, como se verá en el Catálogo de los Reyes de España. Pues pasó así: que estando toda España alborotada y llena de tantos enemigos de nuestra santa fe; estando a la sazón Sarabris bien fortalecida de buenas cercas, barbacanas y fuertes y gruesos muros, y dentro gente muy robusta y valiente, como siempre lo fueron entre nuestros españoles vaceos, estaban muchos godos, gente diestra en la guerra, y entre los capitanes que los moros tenían repartidos por España acertó a venir a esta provincia un capitán muy valiente, de los más que entre ellos había, que se llamaba Tarif, el cual con el ejército que traía, sitió esta ciudad, y la tuvo apretada muchos meses, y al cabo de ellos un jueves, postrero de febrero de 715 años, de la fundación por el Rey Rodrigo 762, y del diluvio 3020 años, según lo afirma el abad  de Valclara, que atrás quedó citado, dicho día le llegó la suerte al moro de rendir esta ciudad, habiendo pasados largos y muy reñidos asaltos y escaramuzas; los de dentro de la ciudad, viéndose faltos de pertrechos de guerra y de bastimentos, fueles forzoso darse a partido, y así los recibió el capitán Tarif, y los prometió que les guardaría sus presos y costumbres, junto con los capítulos que en el partido se hiciesen, y con este le entregaron la ciudad.

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CAPÍTULO XXIII

Cómo Tarif quitó el nombre a la ciudad y la llamó Al Medina Celin

Viéndose los sibarienses y godos rendidos y sujetos a una nación tan contraria de su santa Ley, estuvieron con suma pena y dusgusto, hasta que Tarif  les cumplió la palabra que les había dado en el partido que se hico cuando se rindieron, y, entre otras cosas, fueron dos, que ellos más estimaban: la una fue que les dejase vivir  en la Religión de Jesucristo y no les hiciesen agravio a los templos, y la otra que los dejase gobernarse según sus leyes como siempre lo hicieron, como réplica  libre y exenta, y que ellos le darían el tributo que fuese razón, todo lo cual por el valiente Tarif fue aceptado, y les prometió de lo cumplir, con la cual los ciudadanos quedaron aliviados de su pérdida, y volvieron a reedificar los muros de sus cercas y las casas de éstas, se estuvieron así algunos años hasta que Dios les envió su remedio, como se dirá en su lugar; el capitán Tarif, viendo el mucho trabajo que le había costado el ganar esta ciudad, con mucha pérdida de sus moros, imitando a su falso profeta, mandó que se quitase a la ciudad el nombre de Sarbris y se llamase Medina Celin, que quiere decir niebla, porque el día en que se le rindieron acertó a haber niebla, y  porque Mahoma en Arabia ganó otra ciudad que le costó mucho trabajo y le quitó el nombre que tenía, y la llamó Al Medina, y así, desde aquel tiempo se llamó Medina Celin, nuestra Sarabris, y esto hicieron los moros en España, que a todos los pueblos que se defendieron con valor los mudaron los nombres y los llamaron Medina Sidonia, Medina Celi, Medina Pomar y Medina de Rioseco, todo lo cual ha formado la historia del Rey D. Rodrigo, y papeles y tradiciones.

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CAPÍTULO XXIV

De cómo el Infante D. Pelayo y otros caballeros fueron el espanto de los moros de España

Habiendo Tarif  conquistado a Sarabris y quitándole este nombre, y llamándole medina por las razones dichas, vivían los moros entre nuestros medinenses, que así les hemos de llamar en adelante; algunos años, viviendo cada nación en su ley, cosa tan contraria, fue Dios servido de remediarlo, animando al Infante D. Pelayo, favoreciéndole en victorias milagrosas, con que dio principio a la restauración de España, y continuando después de su muerte el Rey d. Favila, su hijo, y luego el Rey D. Alonso, su yerno, tomó la misma empresa para echarlos de la tierra. En este tiempo habitaban en Medina del Campo muchos principales caballeros, reliquias de los visigodos, y entre ellos fueron tres hermanos y un primo, D. Pedro, D. Benito y D. Sancho Ibáñez, D, Juan Gutiérrez Castellanos  y el primo D. Iván Morejón, todos valerosos caballeros y por lo que de ellos se dice, se echará de ver lo fueron.  Aunque en las historias generales de España no se dice particularmente que se ganó Medina del Campo en tiempos de este Rey, basta decir que ganó a toda Castilla la Vieja, para que se entienda que entró en estas victorias Medina, y aunque vemos con fundamento que esta conquista la hicieron los cuatro caballeros, claro está que la gloria de ellos se atribuye al Rey que entonces reinó, pues dice nuestra tradición, y algunos papeles antiguos que se han hallado, como se dirá,  que viendo estos caballeros que entre la familia de Cristo se criaba la mala nación de Mahoma, y que entre unos y otros solía haber muchas pendencias y ruidos, a causa de que los moros tenían  orgullo contra los cristianos, como gente rendida, y el fuero y pensiones que el capitán Tarif que les había impuesto, les hacía de mal el pagarlo, y como afrentados y corridos de serse sujetos, como caballeros de ánimo y valor, determinaron entre sí de echar esta bárbara nación de su patria, y entre todos cuatro trataron de remediar este daño, y con gran prudencia y secreto convocaron muchos deudos y amigos, y ellos, con los cristianos que había en Medina y su comarca, juntaron un pequeño ejército, grande en ánimo y esfuerzo, y dando sobre los moros para desapoderarlos de la villa; y se hizo todo esto, cual se dirá en el siguiente capítulo.

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CAPÍTULO XXV

En que se cuenta las escaramuzas y batallas que los caballeros tuvieron contra los moros

En la iglesia y convento de San Boal, que es de la Orden del glorioso San Benito, siete leguas de esta villa, a donde iban los vecinos a ella a cumplir el voto que por  la victoria, que aquí se dirá, se prometió, se hallaros ciertos papeles en que señala el año en que los caballeros nombrados hicieron la salida de la villa y su contorno, y de cómo los godos que habían quedado del tiempo del Rey D. Rodrigo, pelearon con los moros y las escaramuzas y reencuentros que con ellos tuvieron, y que aunque la letra muy antigua y algo confusa, dice:

“Por la era de 774 y de la Encarnación de Jesucristo de 736, cuatro caballeros, naturales de la noble villa de Medina del Campo, con otros sus deudos, amigos y allegados, que se llamaron D. Pedro Benito, D. Sancho Ibáñez,  D. Juan Gutiérrez Castellanos y D. Iván Morejón, caballeros de mucha fama, ayuntaron un ejército de dos mil y trescientos de guerra entre infanzones, de a caballo y a peonaje, los cuales ficieron cuatro ordenanzas, y de cada una de ellas  fue por capitán uno de los cuatro caballeros nombrados, y como esto  o no fue tan secreto que no lo pudieran entender los sarracenos, que estaban avecindados en la dicha Medinaceli, luego se fueron apercibiendo llamando a otros muchos que vivían por los lugares de alrededor, y de ellos formaron un escuadrón de 3.000 moros, con grandes aparatos de guerra y de armas, y como por los cristianos se vio la gran diligencia y cuidado que los moros tenían en aprestar su defensa, enviaron los cuatro caballeros, con acuerdo de su Concejo, al ejército de los sarracenos una embajada con el Fidalgo, Jimén Manjón, para que les dijese cómo los cristianos estaban determinados de echarlos de la tierra o morir en la demanda; que tuvieran por bien hacerlo de grado, y que para ayuda y coste de su viaje los cristianos les darían ciertas cuantías de florines, y que esto lo hacían por evitar derramamiento de sangre, según que los cristianos están obligados a requerir por la paz, donde no, que pues habían visto al ojo el apresto de la guerra que tenían, les apercibían que harían todo su deber en echarlos de la tierra para que se fuesen a la suya, con otras razones a este propósito convenientes. A la cual respondieron los moros que había muchos años que por buena guerra había ganado la ciudad y sus convecinos, y que había nacido y criádose en ella, que hiciesen de su parte lo que pudiesen para defender sus personas, que ellos procurarían a facer su mejor y a defender los suyos, y con esto se volvió el Jimén Majón y dio esta respuesta a los cuatro caballeros y a los de su consejo. Con esto les pareció a los cristianos que habían hecho lo que debían. Los moros, acababan de dar la respuesta de su embajada, hicieron su junta para tratar de ponerse en orden para se defender, visto que los cristianos habían de venir sobre ellos, entre los cuales había diversos pareceros, diciendo que sus enemigos venían muy apercibidos de todo lo necesario para pelear, y que ellos no lo estaban, y que prosiguiéndose la guerra habían de ser socorridos de más número de cristianos, lo cual ellos no lo podían ser de los de su nación, porque todos estaban ocupados en lo mismo que ellos tenían al presente entre las manos, y les parecían era bien aceptar el partido que se les había ofrecido y partirse para la tierra de Toledo, donde había gente de su secta. Hubo sobre esto muchos razonamientos, unos contra otros, y al cabo de ellos se resolvieron en defenderse lo mejor que pudiesen, y todos desampararon la villa y llevaron sus haciendas a su real, de que no poco se holgaron los caballeros cristianos y sus parciales.

“A 12 días de mayo del dicho año de 736, los cristianos empezaron a poner en orden sus cosas de la guerra y repartieron su gente entre cuatro capitanes suyos, y anduvieron alborotar a los moros tañendo trompetas y tambores y otros instrumentos bélicos, oído por ellos hicieron una grande algazara y vocerío, como siempre acostumbraban; tenía su campo formadopor una pradería que está delante de donde ahora es la ermita de los santos mártires San Cosme y San Damián que por la cuenta es una que ahora llamamos Las Navas. Los cristianos iban con buen orden y concierto hacia donde estaba el campo enemigo, y asentaron su real froterizo de él e hicieron sus trincheras y apercibos lo mejor que pudieron; y a 14 de a dicho mes, D. Pedro Benito, que él era el hermano mayor de los otros tres caballeros, salió a correr el campo pidiendo guerra, y aunque los moros tenían poca gente de a caballo, salió de su campo un valiente moro en su caballo con su lanza y adarga a verse con nuestro caballero y a pelear con él. Tardose en salir, y D. Pero Benito habiendo dado vuelta al campo y visto que no salía ningún moro, volvió su caballo hacia los suyos y a este punto salió el moro, y como llevaba D. Pedro las espadas vueltas, no vió salir al moro. D. Gutiérrez Castellano, como estaba frontero, viole salir y que hacía por el campo muchas gallardías; picó su caballo y fuese para él y topó con su hermano y le dijo: -Yo voy a facer otro tanto como la su merced lo ha hecho. Y cuando D. Pedro Benito  llegó a su real volvió el rostro al caballo hacia el real de los moros, y vió como su hermano con su lanza y adarga estaba con mucha destreza escaramuceando con el valiente moro, e hizo algún sentimiento por haberle ganado su hermano el principio de la guerra. Estaban ambos campos mirando como lo hacían los dos contendientes, y el moro era en gran manera diestro de las armas que tenía, y andándose amenazado el uno al otro, porque les parecía que faltando el primer golpe, el que quedaba con la lanza tenía más cierta la victoria. Visto por D. Castellano que el moro no la quería soltar de la mano, y que se anduvieran mucho tiempo de aquella manera, rodeóle con mucha priesa y vióle algo descubierto de la adarga y arrojole la lanza de manera que le dio por un costado, que al punto cayó el moro en el suelo herido de muerte. No hubo caído cuando salieron 20 de a caballo contra D. Castellano, pero no fueron perezosos los nuestros, que al punto arrancaron del real 30 principales caballeros en sus caballos con lanzas y adargas, y por mucha prisa que se dieron, estaba D. Juan envuelto con todos los moros del socorro, con tal ánimo y esfuerzo, que a todos ellos los estimara más que si fuera uno; llegados los caballeros cristianos se revuelven todos de tal manera, que a poco rato estaban muertos y mal feridos por el suelo seis moros; viendo los de su campo que lo llevaban lo mejor de la batalla,  enviaron 300 moros flecheros, muy diestros, para estorbar a los nuestros no fuesen siguiendo a los suyos. Con este socorro cobraron ánimo los agarenos y apretaron a los cristianos de lanera que nos les iba bien, y visto por D. Sancho Ibáñez y D. Iván Morejón, que habían quedado en el campo, enviaron 500 ballesteros y flecheros, y llegados se resolvió una muy trabada y muy reñida escaramuza, donde murieron más de cien moros, y de los cristianos 20 heridos y muertos. Los enemigos, como fueron los primeros que asentaron su campo, escogieron mejor lugar y sitio, y dejando el sol a las espaldas, porque diese a los nuestros en los ojos, que era gran ventaja ese día, los sorprendió la noche y se recogieron a sus reales. A un moro antiguo que les iba aconsejando que dejasen la batalla y volvieran a tratar del partido que se les había ofrecido, un arrogante moro echo mano a su cimitarra y le hendió la cabeza, que le dejó allí muerto, y visto esto, ninguno de atrevió a volverle a poner en plática. Nuestros cristianos entendieron el intento de los moros en el sitio de su campo, y acordaron de no entrar en ninguna escaramuza sino después de mediodía, porque aquella hora daba el sol en los ojos al enemigo campo y a los cristianos en las espadas. Desde la primera escaramuza hubo un día en medio que no pelearon, y el siguiente salió un valiente moro de a pie con su alfanje y un medio pavés haciendo bizarrias y desafiando a cualquiera que quisiera salir con él; visto por los de nuestro campo, salió un valeroso soldado a pedir a los capitanes le dejasen salir contra el moro, llamándose Marco Fruela, y era de la generación de los godos, y aunque había muchos que lo pretendían, a éste se mando que fuese por los cuatro caballeros y sus consejeros. Salió este soldado contra el moro con las mismas armas que el moro tenía, y fuese para él, y como el moro le vió cerca, le dijo: Estoy por volver a mi ejército, que yo no salía a desafiar un solo cristiano; arrogancia propia de esta nación. Respondióle el Fruela: Eso será del miedo que has cobrado, dejose de parlar y peleemos. Con esto se vio el moro para el cristiano con un bravo denuedo, y el cristiano se aguardó y se juntaron, dándose desaforados golpes, y así anduvieron   una gran pieza sin se poder herir. Los de ambos reales los estaban mirando, viendo cuan bien lo hacían. El moro, señoreando de su arrogancia, viendo que tanto le duraba el cristiano, no cubrió de su pavés y le tiró un golpe a las piernas que aunque Marco Fruela se le entendió, no se pudo tanto guardar que no le alcanzó en las pantorrillas, donde le hizo una herida que le salía mucha sangre; viéndose el godo herido, como león furioso encendió en ira y saña, se entró con el moro y se abrazó con él en el suelo, y antes que se levantase le dio tres heridas de punta, que le dejó allí muerto. Los maestros salieron luego a socorrerle antes de que los moros tomasen la venganza, y a un punto llegaron de ambos campos, donde se trabó una gran refriega, y los moros lo llevaron mal por ser después del mediodía, que les daba el sol de cara, y los nuestros hacían mucho efecto en ellos; de manera que cuando la noche los departió, los nuestros habían salido muy victoriosos, pues habían muerto más de ciento y cincuenta moros, y de los nuestros treinta heridos y muertos; con esto se retiraron los unos y los otros, porque el día no les daba más lugar; en nuestro campo se dieron muchas gracias a Dios por el buen suceso. Otro día siguiente, los moros quisieron trabar batalla antes del mediodía, y para incitar a que saliesen los cristianos, hicieron muchas correrías y entradas y salidas, y nunca los cristianos quisieron salir hasta cerca del mediodía, que el sol iba declinando en su favor, y a esta hora salieron 200 infantes, y luego los moros enviaron otra copia grande de su gente, para dar en los nuestros; pelearon los moros con grande ánimo, que casi hacía retirar a los cristianos, por lo cual salieron 20 de a caballo de nuestro campo, con que tomaron ánimo los cristianos, y se revolvieron contra los moros, de guisa que les iban matando e hiriendo muchos de ellos; visto por los moros, que a los suyos iba mal, salieron de su campo una gran suma de gente de a pie y de a caballo, con lo cual se emprendió la pelea, que estaban a la mira los dos campos para socorrer a la parte que menester lo hubiese, estuvo en este peso la batalla un gran rato, hasta que los moros, viendo que llevaban lo peor los suyos, se fueron retirando hacia su real, y los cristianos danto en ellos con gran valor y esfuerzo; por manera que murieron un gran número , con lo cual se recogieron ambas naciones a sus reales. Esta batalla fue a 17 de Mayo, y visto por los moros que les iba faltando mucha gente, acabaron dar la batalla de un golpe, y no como hasta allí lo habían hecho.

El siguiente día anduvieron ordenando para presentar todo el cuerpo de la batalla, y mudaron el sitio donde tenían formado su campo, y pusiéronle en parte donde el sol por la mañana y mitad no les ofendiese, de manera que partieron al sol; y los nuestros mudaron su campo de la misma manera, y así aparejaron sus haces como les convenía, y entendida la determinación de los enemigos, descansaron los unos y los otros dos días; y a los 20 de Mayo, que fue día del bendito San Boal, se aprestaron ambos ejércitos para acabar aquel día de guerra, por lo cual los cristianos, muy de mañana, salieron a correr el campo, y los enemigos salieron contra ellos con un caudillo, y con él 500 moros, y también de nuestro campo salieron otros tantos, con 40 de a caballo, con sus lanzas y adargas, y con ellos salieron D. Sancho Ibáñez y D. Juan Morejón, capitaneando su gente, los cuales lo hicieron tan bien, que en breve rato tenían por el suelo gran número de moros; de parte de los enemigos salieron todos los jinetes que tenían, que serían hasta 40 de ellos, y envueltos entre los cristianos pelearon con indecible ánimo, y a cosa de las nueve del día llevaban los cristianos gran ventaja a los enemigos; y visto por el capitán que los moros, que la historia no le nombra, hizo salir al campo el resto de su gente, por ver qie iban de caída, y apretaron a los cristianos con tanta pujanza, que fue necesario que D. Pedro Benito y D. Juan Gutiérrez Castellano salieran con sus escuadras, y dando en el cuerpo de la batalla, por donde más reñida andaba, con tanto valor y ánimo pelearon los medinenses, que los moros no los pudieron resistir y se retiraron una gran pieza desbaratados y sin orden, que pareció huída; y aunque sus capitanes y gente de a caballo se animaba, era tan grande la prisa que se daban los nuestros de conocer su poco ánimo, que les dobló a ellos, de forma que de veras les hicieron huir por los campos y tierras desamparando su real. Visto por el capitán moro, desesperado de su mala suerte, iba hiriendo y matando a los suyos. Los medinenses, siempre con gran concierto, siguiéronles hasta que se rindieron, poniendo las manos y pidiendo misericordia y con gran prisa iban desarmando a los que alcanzaban y otros iban huyendo sin parar. Los cuatro caballeros les dijeron que desde allí tomasen el camino y no parecen un punto más en tierra, mandándoles dar algunos bastimentos para su camino, y con esto feneció la batalla a los dichos 20 de Mayo, día del Bendito San Boal.” La relación que estaba en los papeles que se hallaron en el dicho convento, va puesta aquí con mejor romanza que en ellos estaban, por ser tan antiguo.

Fue tan ejemplar este hecho de estos cuatro caballeros medinenses, que a su imitación hicieron lo mismo otros caballeros de las ciudades y villas comarcanas, por lo cual ya que estaban sosegados de la guerra, se juntaros en su consistorio todo el pueblo juntop para hacer boto a este santo, como adelante se dirá; y de esta manera se fue limpiando este Reino de Castilla la Vieja de estas gente infiel. Visto por el Rey el hecho que los cuatro caballeros acabaron y saliendo con él con tanta autoridad y honra, fuele tan grato que no se lo estimó en mucho, y entre algunas mercedes que les hizo fue una que les confirmó las libertades de su Pepública y su franqueza y exenciones que siempre tuvieron, proveyendo en lo temporal y espiritual, y para poder mejor hacer, les hizo merced de que hubiesen de cada casa de uno de ellos una cabeza de linaje, para que sus nombres permanecieran para siempre, y para que ellos y sus descendientes, así por parte de varón como de hembra, gozasen de las preeminencias que les daba en esta manera; que hubiese una cabeza o progenie para siempre jamás de la casa de D. Pedro Benito y otra de la cabeza y casa de D. Sancho Ibáñez, y otra de la cabeza y casa de D. Juan Gutiérrez Castellanos, y otra de la cabeza y casa de D. Juan Morejón, y que todos los descendientes de estas casas nombrasen justicia y regidores, y cuatro escribanos y cuatro fieles, y de todos los demás oficios de si república otros tantos, y que el Clero eligiese su Arcipreste; que gobernase lo espiritual con los oficiales, tocante a su Audiencia, según como los unos y los otros en tiempos antiquísimos lo solían hacer, siendo señores de sí mismos; y se tiene por cierto que para más fuerza les ganó indulgencia del Pontífice que aquel tiempo regla la Iglesia de Dios, que fue el Papa Esteban III. Fuera de la tradición que esta villa tiene de que esto hubiese pasado el tiempo del Rey D. Alonso el Católico, se confirma ser así porque muchas historias venerables del Reino dicen que este Rey, entre otras muchas conquistas que hizo ganó a casi toda Castilla la Vieja y esta villa fue ganada por lo que dice esta historia, aunque se atribuye a los Reyes todo lo que en sus tiempos pasa, aunque lo hagan otros, como se tocan atrás otra vez estas razones; y así dogo y advierto que con mucha razón se puede poner esto en historia y ponderarse las calidades referidas de esta nobilísima república, y la libertad y señorío que siempre tuvo. Y en materia de una república noble e ilustre, díganme si en todo el mundo se ha oído decir que ninguna ciudad ni villa haya tenido tal favor ni grandeza adquirida por sus manos, y es justo que el lector lo estime en mucho y lo engrandezca para sí y para contarlo por cosa grande.

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