Vista Medina
Titulo
Villa histórica, monumental, escultórica y paisajística
Villa de las Ferias

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VII - MEDINA Y LAS COMUNIDADES

61. - Inspirada previsión de la Reina Isabel. 62. - Levantamiento de Segovia. 63. - Carta de Segovia a Medina. 64. - Incendio de Medina. 65. - Segovia da gracias a Medina. 66. - El Regente testimonia su pésame a Medina y ésta le contesta. 67. - Carta de Medina a Valladolid. 68. - Levantamiento de Valladolid. 69. - Padilla en Medina. 70. - Acción de Medina contra los Fonsecas en Alaejos. 71. - Trágica consecuencia de la rota de Villalar. 72. - Nota sobre las cartas. NOTAS.

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61. - Inspirada previsión de la Reina Isabel

Parece conveniente anticipar breves consideraciones generales para conocer mejor los hechos locales en el periodo de referencia.

El espíritu previsor de la Reina Isabel parecía presentir la contienda de las Comunidades, cuando en su testamento dispuso que no se diesen cargos ni prevendas a los extranjeros. Ella, durante su reinado, se mostró celosa de que nadie más que los naturales de sus Reinos ejercieran funciones públicas, y buena prueba de esto fue el pleitoque sostuvo con el Papa sobre el particular. Había éste nombrado a un genovés para regir el obispado de Cuenca. Los Reyes Católicos, que abrigaban el propósito de elevar a la misma dignidad a su capellán Alfonso de Burgos, resolvieron no consentir en tal provisión, ya que por ser hecha contra su voluntad, ya por ser el favorecido un extranjero, representando al Pontífice que se sirviera prever las iglesias de España en naturales de estos Reinos, y en los que ellos le propusieran y suplicaran, como así lo habían practicado sus antecesores. Una embajada despachada para alcanzar en Roma esta finalidad fracasó en su propósito, y cuando Su Santidad envió a su embajador, Domingo Centurión, a la sazón en esta villa, no quisieron recibir el legado pontificio y solo la prudencia de éste y la amistosa intervención del cardenal Mendoza, mitigaron el resentimiento de los Reyes, quienes al fin oyeron el legado y concluyeron un arreglo armónico, a base, por supuesto, de regir el obispado de Cuenca su capellán y no el candidato genovés.

Predispuesto así el ánimo de la Reina isabel, temía que con su muerte y la entronizada en Castilla del austriaco D. Felipe, consorte de su desequilibrada hija Dª. Juana, vinieran extranjeros a usufructuar los cargos más apetitosos. Así sucedió, en efecto, y si este reinado fue de efímera duración, la entronizaron subsiguiente del emperador Carlos, criado y educado en Flandes, acentuó la misma tendencia de encumbrar a las más altas dignidades a flamencos, que necesitaban de intérpretes para comunicar con sus subordinados. Unido esto a que tales flamencos se mostraron asaz codiciosos, y que los subsidios pedidos a las Cortes serán cada vez mayores, el clamoreo y la protesta fueron unánimes.

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62. - Levantamiento de Segovia.

La ciudad de Segovia dio instrucciones a sus procuradores en las Cortes de Santiago de Galicia, conforme a los cuales habían de negar la concesión de subsidio alguno; no se ajustaron a tales instrucciones y votaron el subsidio pedido por D. Carlos para coronarse emperador; y cuando uno de ellos, Rodrigo de Tordesillas, tuvo la provocadora insolencia de presentarse en Segovia, agraciado con un buen corregimiento y con un oficio en la Casa de la Moneda, el pueblo segoviano, irritadísimo por la conducta venal de su procurador, descargó sin piedad el furor sobre el infortunado, haciéndole víctima de un suplicio horrible. Segovia, pues, abrazó con entusiasmo la causa de las demás ciudades que para vengar los agravios recibidos de los ministros extranjeros, formando hermandad o comunidad, constituyeron la Junta Santa en Ávila, que nombró general de las tropas comuneras al toledano Juan de Padilla, y dirigió a D. Carlos un mensaje en que exponía sus aspiraciones.

El Regente y Consejo real que había dejado constituido D. Carlos al marchar a Alemania, resolvieron castigar a los culpables de Segovia y pusieron a disposición del alcalde Ronquillo mil hombres montados para tal empresa. La ciudad amenazada nombró por capitán de la comunidad a Juan Bravo y escribió cartas a otras ciudades y villas. Acudió en su ayuda Juan de Padilla y la presencia de ésta bastó para ahuyentar a las huestes de Ronquillo. Entonces el Regente y Consejero pidieron a Medina que entregase la artillería que guardaba desde los tiempos de Cisneros, y ante la rotunda negativa de los medinenses, ordenaron a D. Antonio de Fonseca, general nombrado por el Rey, que tomase por la fuerza lo que de grado se rehusaba. Segovia tuvo aviso de esta orden y previno a nuestra villa con la siguiente.

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63. - Carta de Segovia a Medina.

"Muy magníficos señores: como cosa muy notoria, no sólo a esta noble villa de Medina, más en toda España, no hemos escrito a S. S. que el alcalde Ronquillo está en Santa María de Nieva haciendo guerra a esta antigua ciudad de Segovia, y a la verdad él no se ocupa sino en hacernos daño, y nosotros tampoco pensamos hacerle ningún servicio; acá hemos sabido que el Obispo de Burgos ha días que está ahí en Medina a pedir con mucha instancia la artillería, y su fin no es más que sino para que su hermano Antonio de Fonseca venga a Segovia; y, a la verdad, él daría de si mejor cuenta de irse a residir a su iglesia, porque los Obispos y Prelados mejor parecen procurar con lágrimas la paz que con la artillería despertar la guerra. Los mercaderes de esta ciudad que están allá en la feria  nos han escrito que estáis, señores, en duda si daréis o no al Obispo la artillería, y en este caso decimos que nuestra inminente necesidad tiene tanta compasión de vuestra mucha nobleza, que no sólo no la daréis de hecho, más si se viene al pensamiento entenderéis que es tentación del demonio, porque muy justo sería que Segovia envíe sus paños para enriquecer las ferias de Medina y que Medina envíe su munición y artillería para destruir los muros de Segovia. Por la amistad antigua que nos tenemos y por la generosidad que como buenos socios obligados os pedimos, , señores, la merced que la artillería  se esté queda, pues el Obispo no tiene cédula del Rey firmada para llevarla; que no es justo que se dé para destruir, pues a nosotros se nos da para defendernos porque si no nos engañan nuestros letrados, la defensa nos es lícita, pero su guerra no está aún por derecho justificada y ya hemos recibido letras de la ciudad de Toledo como en breve se nos enviará poderoso socorro; y a la verdad como su causa es la nuestra y se pesan en una balanza, de ninguna manera puede Segovia recibir daño sin que Toledo corra peligro. Parécenos, señores, que debéis tener en más la amistad de Toledo y el servicio de Segovia que no el ruego del Obispo D. Alonso de Fonseca; porque no tiene lugar el ruego de uno cuando es daño y perjuicio de muchos. Sed ciertos, señores, que no se puede dar l artillería si no es para destruir Segovia; bien sabed que no puede ganar Medina, porque vuestras ferias no se hacen de caballeros tiranos, sino de mercaderes solícitos, y porque la mano está más dispuesta a la lanza que a la pluma, no decimos más sino que el portador de ésta, en todo y por todo, den entero crédito. De Segovia a 17 de Agosto de 1520.”

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64. -Incendio de Medina

"Con esta carta dice el cronista y obispo Saldoval, se revolvieron los de Medina a no dar la artillería. Iba Antonio de Fonseca contra ellos con la mayor y mejor parte de la gente que estaba en Arévalo. Un martes bien de mañana a 21 de agosto salió de Arévalo a tomar por fuerza la artillería si de voluntad no se la quisiesen dar, pues ya una vez la había negado, habiéndosela pedido Ronquillo. Amaneció sobre Medina, en la cual ya estaban avisados, como vimos por la carta de Segovia y por otros, y ellos muy puestos en orden por determinación de no dar la artillería, como lo hicieron. y como Antonio de Fonseca tuviera amigos dentro de la villa y el corregidor que era Gutiérrez de Quijada, estuviese de voluntad que se diese, comenzó a tratar por bien y medios que se le entregasen, mostrando las provisiones y recaudos que traía."

"Los de la villa decían que ellos tenían la artillería en guarda y en nombre del Rey y que no la entendían dar, sino tenerla para defensa de aquel pueblo. Pero por servir a la Corona Real daría parte de ella cuando fuese menester, con condición de que ellos mismos la habían de llevar y volver. Y como por la porfía se fuesen encolerizados, el negocio vino a las manos, asentaron la artillería en las bocas calles, y acudió a la plaza gran golpe de gente armada. Viendo esto Antonio de Fonseca, mandó que su gente entrase peleando; los de la villa dispararon las piezas de artillería y mataron algunos de los de Fonseca; murieron también otros de la villa defendiendo valientemente la entrada.

"Antonio de Fonseca pensó hacer a los del pueblo un engaño, no entendiendo fuera tan dañoso como salió, y fue que con todo secreto mandó hacer unas alcancías de fuego de alquitrán y arrojarla por la calle de San Francisco, pensando que los de Medina acudirían a aquella parete a matar el fuego y desampararían las puertas para poder él entrar y tomar la artillería; más esto no le salió así, porque el fuego comenzó a obrar con grandísima furia hasta que toda la calle de San Francisco y Lencería ardía en vivas llamas, tanto que de muy lejos se veía. Los de Medina mostraron tanto calor, que si bien vieron quemar sus casas, haciendas e hijos, no se apartaron de la defensas de la artillería, peleando contra Antonio de Fonseca y los suyos, hasta que los lanzaron fuera de la villa. Fonseca quedó muy corrido por no poder salir con su intención, , y lastimado por el mal que el fuego hizo que él no lo quisiera. Quemóse todo el monasterio de San Francisco... Quemáronse todas las casas de la acera, según estaban alineadas por la Rinconada a la calle de Ávila, las casas de la Rúa de ambas partes, las Cuatro Calles, la calle del Pozo y otros muchos edificios que llegaron a novecientos. En ellas no se salvó siquiera un colchón, ni moneda, ni mercaderías, ni otra cosa que no se quemase."

"En el monasterio de San Francisco habían metido los genoveses, burgaleses y otros mercaderes de Segovia muchas mercaderías de paños, sedas, brocados, más no se salvó cosa... Era cosa lastimosa ver las gentes, mujeres y niños llorando y gimiendo desnudos, sin tener donde acogerse ni con qué cubrir sus carnes, dando voces al cielo y pidiendo a Dios justicia contra Antonio de Fonseca.

"Con esta plaga quedó la villa de Medina más encendida en fuego de ira que lo habían estado sus casas con el alquitrán. El corregidor no osó esperar porque había hecho causa común con Fonseca. El pueblo comenzó luego a apellidar comunidad; tomó la forma de regimiento lo mismo que las otras ciudades levantadas, y escribió luego a Juan de Padilla y a los otros capitanescontando sus cuitas y llamándolos en su ayuda para vengarse de los culpados... De quien mayor enojo tenía era de la villa de Arévalo porque había llevado desde allí la gente Antonio de Fonseca... Escribió asimismo Medina a las ciudades amigas dándoles parte de su trabajo. Yo tuve la carta que escribió a Valladolid y otra que Segovia escribió a Medina dándole las gracias de haber defendido tan valientemente la artillería, y el pésame del daño que había recibido. la carta es notable y dice así:

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65. - Segovia da gracias a Medina

Ayer jueves, que se encontraron 18 del presente mes de Agosto, supimos lo que quisiéramos saber, y hemos oído lo que no quisiéramos oír; conviene a saber: que Antonio de Fonseca había quemado esa leal Villa de Medina, y también sabemos que no fue otra la causa de su quema sino porque no quiso darle artillería para destruir a Segovia. Dios nuestro Señor nos sea testigo que si quemaron de esa Villa las casas, a nosotros nos abrasaron las entrañas  y que quisiéramos más perder las vidas que no que se perdieran tantas y tan grandes riquezas; pero tened, señores, por cierto que si Medina se perdió por Segovia, que no quedará memoria de Segovia hasta vengar su injuria a Medina. Hemos sido informados que peleasteis contra Fonseca, no como mercaderes, sino como capitanes fuertes; no como desapercibidos, sino como desafiados; no como hombres flacos, sino como leones fuertes, y pues sois hombres cuerdos, dad gracias a Dios de la quema, pues fue ocasión de alcanzar tan gran victoria, porque sin comparación habéis de tener en más la fama que ganasteis que la hacienda que perdisteis. Nosotros conocemos que según el daño que por nosotros, señores, habéis recibido, muy pocas fuerzas hay en nosotros para satisfacerlo, pero desde aquí decimos, y a ley de cristianos juramos y por esta escritura prometemos, que todos nosotros por cada uno de vosotros pondremos las haciendas y a una aventuraremos las vidas y lo que menos es, que todos los vecinos de Medina libremente se apoderen de los pinares de Segovia, cortando y talando para sus casas la madera que quisieren, porque no puede ser cosa más justa que pues Medina fue ocasión que no se destruyese con su artillería Segovia, que ella de sus pinares para que se repare Medina, bien se echa de ver, señores, en lo que hicísteis, no sólo vuestras fuerzas, más aún, vuestra cordura, el tener como tuvisteis en poco la quema, y esto no más que por demostrarnos fieles amigos y confederados de Segovia, porque hablando verdad, no os pueden negar vuestros enemigos que en defenderla os mostrasteis esforzados y en dejar quemar vuestras trincheras poco codiciosos. Mucho os pedimos, señores, por merced se ponga más guardia, y ahora más que nunca, en la casa de la munición y artillería, de manera que no pueda ninguno de fuera venir a hurtarla ni menos pueda alguno de dentro entregarla. Porque gran infamia sería que entreguen traidores lo que ellos por cobardes perdieron. No poco placer hemos tomado en saber que Juan de Padilla pasó por esa villa y que ha tomado a Tordesillas y se ha apoderado de la Reina nuestra señora; tened por cierto, señores, que es tan venturoso ese capitán que todo lo que amparare será amparado, y todo lo que guardare será guardado, y todo lo que emprendiere será acabado, porque acá lo vimos por experiencia de su fama y sin esperar ver su presencia huyó el Alcalde Ronquillo de Santa María de Nieva.

También hemos sabido como los señores del Consejo mandaron pregonar que toda la gente de guerra se apartase de Antonio de Fonseca y que él ha huido fuera de España. Parécenos que va de cosa a nuestro propósito bien encaminada y que pues estáis cerca, podéis, señores, esforzar a esos señores de la Junta, porque el Concejo no mandó aquello sino de miedo y el Capitán general no huyó sino de cobarde; ya veis, señores, como en los tiempos pasados la Serna. Reina Dª. Isabel dio al Condado de Chinchón a la Marquesa de Moya, que se llamaba la Bobadilla, y esto no por más, sino por ser muy gran privada suya, y la tierra que le dio era de tiempo inmemorial de esta ciudad de Segovia, y ahora que vemos la nuestra, estamos determinados a cobrar lo nuestro, porque según nos dicen nuestros letrados, todo lo que se toma contra justicia, lícitamente se puede tomar por la fuerza.  Los hijos de la Bobadilla no sólo se mantiene y mandan a nuestra tierra, más aún, tienen en tenencia perpetua este alcázar de Segovia, que es una de las mejores fuerzas que hay en España, y hablando la verdad, estamos determinados, no sólo de cobrar nuestra tierra, pero aún de tomar la fortaleza, y si en esta empresa nuestro Señor nos da, como esperamos que nos dará, victoria eterna, quedará cobrada Segovia y lanzado su enemigo de casa. Nuestros capitanes nos han escrito, como, sabréis, señores, ser tomada la villa de Alaejos y que el alcalde de la fortaleza se defiende con ciertos soldados, pues tenéis, señores, en la demanda tanta justicia, y tenéis para combatir la fortaleza poderosa artillería, no debéis desistir de la empresa, y si fuera necesario, nosotros enviaremos más gente al campo y socorreremos con más dineros, porque gran poquedad sería de Segovia y no pequeña afrenta de Medina que se llevase a cabo esta tan justa guerra. A Alonso Fernández de Espinar, que es el portador de ésta, dársele a entera fe en lo que os hablaré de nuestra parte y en todo lo habéis de creer. De Segovia día y mes sobredicho de 1520.

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66. - El Regente testimonia su pésame a Medina y ésta le contesta

El Regente, cardenal Adriano, sintió en el alma el daño que se había hecho a Medina y escribió a la Villa una carta disculpándose y dando el pésame con muy discretas razones. He aquí la respuesta dada por los medinenses:

Carta de Medina al Cardenal: Ilustre y magnífico señor: Esta villa recibió una carta de Vuestra Señoría en que dice como Antonio de Fonseca se vino a ella a sacar la artillería ni a saquearla y quemaría por mandado del Rdo. Sr. Presidente ni de V. S. así es de creer que siendo V- S. tan deseoso de la paz y bien de estos Reinos y del servicio de la Corona Real, no fueron un consejo que esta villa siendo tan principal en estos Reinos, fuese destruida con el sello del Rey y con más crueldad que si fuera con el sueldo del turco, porque además de querer sacar la artillería para destruir de hecho el Reino, quemaron el monasterio de San Francisco, en que mostraron más desacatamiento a dios que los godos, que sin fe y sin razón, porque era bárbara gente, en la destrucción de Roma que quemaron el templo de San Pedro; más aún, perdonaron a todos los que a él se acogían, aunque eran sus enemigos y diferentes en ley; y los frailes, perdidos y desamparados, durmieron en el suelo de la huerta, porque se les quemó la ropa que tenían, y tienen el Corpus Cristi en un hueco de una olmo, que nos les quedó adonde ponerle y quemaron toda la calle de San Francisco, toda la Nueva Platería y Plaza de San Juan y calle del Pozo y la mitad de la calle Toledo y Cuatro Calles y toda la plaza con la iglesia colegial de San Antolín y la media calle de Ávila y la rinconada con toda la plaza alrededor y casi toda la calle del Almirante, pues todo lo bueno del pueblo se quemó con todo cuanto en las casas había y con todos los depósitos de los mercaderes, que es tanta suma, que dudamos bastasen las rentas Reales por algunos años para satisfacción de tan demasiados daños y universales y particulares pérdidas que ninguno de esta villa le quedó que comer, y no tiene otro remedio sino ir a buscar otra nueva tierra para hacer otra nueva población,  como hicieron los bárbaros en los tiempos antiguos que ocuparon a Italia, o andarse por ese Reino como los Árabes en África, y no satisfecha su ira y crueldad, se entraban en las casas y cortaban los dedos de las mujeres para sacarlas las sortijas, aljorcas y manillas, y otros los acuchillaban por desnudarlas presto las ropas que tenían, y a otras dieron muchas saetadas y espingardadas y mataron con escopetas muchos niños, y hechos estos insultos porque no les quedase ninguno de crueldad por ejecutar, robaron clérigos y ancianos y ponían para ello las manos sacrílegas en ellos, y V. S., si entero y verdadero dolor tiene de tan grandes males nuestros y destruirse así el Reino con las enormidades que en esta villas se hicieron sin ocasión ni color, vuestra señoría dará alguna medicina a nuestras llagas y alguna consolación al deseo que esta villa siempre tuvo del servicio Real, si su señoría condenares y declarare por traidores y disipadores del Reino a Antonio de Fonseca y a Gutiérrez Quijada y al pagano enemigo de su naturaleza y de nuestra fe, al sangriento novador, el licenciado Juanes de Ávila, inventor y caudillo de la destrucción de esta villa, causa del desasosiego público de estos Reinos, y así condenados por traidores los desnaturalice de estos Reinos y nos favorezcan para que nos entreguen en sus bienes, lugares y haciendas, siquiera para dar ropa a los que duermen en el suelo. Pedir le queremos sienta V. S. la ofensa de Dios y la traición a la Corona Real y nuestra perdición tan estimada que no logre satisfacción, pudiendo provocar la ira de Dios, los clamores y lágrimas que derraman las mujeres y niños de esta villa, porque las calles que quemaron, todas están llenas de gritos y maldiciones pidiendo a Dios justísima venganza. Dios provea el alumbrar a V. S. porque la gente que está con él se despida y vayan a sus tierras, porque no les quemen sus casas estándole sirviendo a la Corona Real so color que le sirven y para que de corazón sienta V. S. el de servicio y traición que en quemar esta villa se cometío contra el Rey, Nuestro Señor, De Medina etcétera.

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67. - Carta de Medina a Valladolid

Contó también Medina a Valladolid su tribulación en la siguiente.

Después que no hemos visto vuestras letras, ni vosotros señores, habéis visto las nuestras, han pasado por esta desdichada villa tantas cosas y tan graves, que no sabemos por donde comenzar a contarlas, porque gracias a nuestro Señor, aunque tuvimos corazones para sufrirlas, pero no tenemos lengua para decir las muchas cosas desastradas  que leemos haber acontecido en tierras extrañas, pero semejante cosa como la que ha acontecido a la desdichada villa de Medina, ni os pasados ni los presentes la vieron acontecer en toda España, porque otros casos que acontecieron no son tan graves que no se puedan remediar, pero este daño es tan horrendo que aún no se puede decir. Hacemos saber a vuestras mercedes, señores, que ayer martes que se contaron 21, vino Antonio de Fonseca a esta villa  con 400 escopeteros y 800 lanzas, todos a punto de guerra, y cierto no madrugara más D. Rodrigo contra los moros de Granada que madrugó Antonio de Fonseca contra los cristianos de Medina; ya que estaban a las puertas de la villa díjonos que era el Capitán general, y que venía por la artillería, y como a nosotros no nos constase que fuese capitán de Castilla y fuese más cierto que la quería para ir contra Segovia, pusímonos en defensa de ella; de manera que no pudiendo concertarnos, hubimos de averiguar la cosa por las obras de Antonio de Fonseca y los suyos. Desde que vinieron que los sobrepujábamos en fuerzas de armas, acordaron poner fuego en nuestras casas y haciendas, porque pensábamos que lo que ganábamos por esforzados, lo perderíamos por codiciosos; por cierto, señores, el hierro de los enemigos en un mismo punto que hería en nuestras carnes, por otro, quemaban nuestras haciendas, y sobre todo veíamos que los soldados despojaban nuestras mujeres e hijos; más de todo esto no teníamos tanta pena como pensar que nuestra artillería había de ir a destrozar y destruir a la ciudad de Segovia, porque de corazones valerosos es sufrir muchos trabajos por sus amigos, y los propios tenerlos en poco y los pocos ajenos tenerlos en muchos. Hará dos meses que vino aquí Antonio de Fonseca a pedirnos la artillería, y ahora venía el hermano a llevársela por fuerza, pero damos gracias a Dios y al ánimo y esfuerzo de este pueblo, que el uno fue corrido y el otro le enviamos vencido. No os maravilléis, señores, de lo que decimos, pero maravillaos de lo que dejamos por decir; ya tenemos los cuerpos fatigados de las armas; las casas todas quemadas, la hacienda robada, los hijos y mujeres sin tener donde abrigarlos, nuestros corazones tan burlados que pensamos volvernos locos, y esto no por más de pensar si fueron sólo pecados de Fonseca o si fueron tristes hados de Medina. Cuando vemos la desdichada Medina quemada no podemos pensar nosotros que Antonio de Fonseca y la gente que traía solamente buscase la artillería, que si esto fuere no era posible que 800 lanzas y 400 soldados no dejaran, como se dejaron, de pelear en las plazas y se metieran a robar nuestras casas, porque muy poco dieron de la pólvora y tiros a la hora que se vieron de fardeles apoderados. El daño que a la triste Medina ha hecho el fuego; conviene a saber: el oro, la plata, los brocales, las sedas, las joyas y hasta las tapicerías y riquezas que se han quemado, no hay lengua que lo pueda decir ni corazón que lo pueda pensar, ni hay seso que lo pueda tasar ni ojos que sin lágrimas lo puedan mirar, porque no menos daño hicieron los griegos en quemar la poderosa Troya. Halláronse en esta romería Antonio de Fonseca,  el Alcalde Ronquillo, D. Rodrigo Megía, Juanes de Ávila, y Gutiérrez Quijada, los cuales todos usaron de mayor crueldad con Medina que los bárbaros con Roma, porque aquellos que quemaron los templos, y éstos quemaron los templos y monasterios, y entre otras cosas que estos tiranos quemaron, fue el monasterio del Señor San Francisco, en el cual se quemó toda la sacristía con infinito tesoro, y ahora los pobres frailes moran en la huerta y colocaron, el Sacramento cabe la noria, en el hueco de una olma. De lo cual todo podéis, señores, colegir, que a los que Dios echa de su casa mal dejarán a ninguno en la suya. Es no pequeña lástima decirlo, y sin comparación muy mayor verlo, conviene a saber: a las pobres viudas y los tristes huérfanos y las desdichadas doncellas, como antes se mantenían de sus propias manos en sus casas, proipias y ahora son constreñidas a entrar por puertas ajenas. De manera que al haber quemado Fonseca sus haciendas, de necesidad pondrán otro fuego a sus famas. De la desdichada Medina. De la desdichada Medina a 22 de A de Agosto de 1.520.

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68. - Levantamiento de Valladolid

No obstante ser Valladolid asiendo de la Regencia y del Consejo real, movida a lástima e indignación con la carta de los medinenses, rompió el freno de los subordinados, y por más esfuerzos que hicieron personajes influyentes, pronto se armaron cinco o seis mil hombres que acometieron y destrozaron las casas de cuantos pasaban por adictos de los flamencos, entre ellas las de Fonseca y Ronquillo, quienes, temerosos de la vindicta pública, ganaron la frontera portuguesa y se embarcaron para Flandes.

Consternados asimismo el Regente y los del Consejo, se disculparon con que no habían ordenado el incendio, y para justificarse de algún modo, licenciaron las tropas de Fonseca. Y cuando dieron cuenta de los sucedido al Emperador lo hicieron en los siguientes términos: "Visto que se iban apoderando del Reino los de la Junta, acordamos de enviar al obispo de Burgos a Medina del Campo por la artillería, diciendo que la diesen luego, pues los Reyes de España la tenían allí en guarda. pero jamás la quisieron dar, ni por ruegos que les hicimos, ni por rogadsores que les echamos. Y al fin lo peor que hicieron fue que la artillería que no nos quisieron dar a nosotros por ruego, después la dieron contra nosotros a Juan de Padilla de grado. Habido nuestro consejo sobre que ya no solo no nos querían obedecer, pero tomaban armas en las manos para ofendernos, determinose que el capitán general que dejó V. M., Antonio de Fonseca, tomada la gente que tenía el alcalde Ronquillo saliese con ella en campo, porque los fieles servidores tomasen esfuerzo y los enemigos tuviesen temor. Lo primero apoderarse de la villa de Arévalo, y de allí fuese a Medina del Campo a fin de rogarles que les diesen la artillería y sino que se la tomarían por la fuerza. Y como él perseverase en pedirla y ellos fuesen pertinaces en no darla, comenzaron a pelear los unos con los otros. Y al cabo fuele Fonseca tan contraria la fortuna que Medina quedó toda quemada, y él se retiró sin la artillería, y de este pesar es ido huyendo fuera de España. Sino ha sido aquí en Valladolid, no ha habido lugar donde pudiésemos estar seguros porque la villa nos había asegurado. Pero la noche que supieronhaberse quemado medina, luego se rebeló y puso en armas la villa, de manera que algunos de los nuestros huyeron y otros se escondieron. Y si algunos permanecieron, más es porque los aseguran algunos particulares amigos que tienen en Junta, por ser del Consejo y ministros de justicia..."

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69. - Padilla en Medina

"El mismo día, dice el mismo Sandoval, que Valladolid se levantó descubiertamente, que fue el miércoles 29 de agosto, llegaron a medina Juan de Padilla, Juan Bravo, capitán de Segovia, y Juan de Zapata con la gente que de Toledo, Segovia y Madrid traían. Con ellos los de la villa recibieron gran fervor y consuelo, y los salieron a recibir con pendones, banderas de luto y muchas lágrimas que movieron a gran compasión y más viendo aquel lugar abrasado, Juan de Padilla y los caballeros que con él iban los consolaron cuanto pudieron. El ejército fue muy bien aposentado y regalado con gran voluntad de todos".

"Juan de Padilla dijo a los medinenses: -Señores, si vosotros mirárades bien en la carta que os escribí avisando que Fonseca hacía gente, y que era para venir por la artillería, quizá no hubiérades padecido este trabajo".

Los de Medina se maravillaron porque no habían sabido de tal carta. Allí se vino a saber que había recibido la carta el regidor Gil Nieto y que no la había dado a la villa, de lo cual se enojaron grandemente. Estando en esto, por sus pecados vino allí Gil Nieto y tratando de cosas dijéronle: Si en Medina no hubiera traidores no nos hubiera venido tanto mal. Respondió Gil Nieto: -¿Quien son esos traidores? A esto salió el tundidor Bobadilla, criado que había sido del mismo Gil Nieto, y dijo: -Vos sois un traidor, juro a Dios. Diciendo esto echó mano a la espada y arremetió: diciendo y haciendo, de un tajo le cortó la cabeza y echo el cuerpo por las ventanas del regimiento, sobre las picas de la gente de guerra, que estaba fuera. Halláronle en el seno la carta que Juan de Padilla había escrito. Los parientes de Nieto tomaron el cuerpo y enterráronlo, y al Bobadilla llevaron a su casa con mucha honra... Estuvo Juan de Padilla cinco días en Medina, le dieron dos tiros de artillería y partió para Tordesillas.

Del tundidor Bobadilla había dicho antes el mismo cronista que "mató después de un librero llamado Téllez y a otro regidor llamado Lope de Vera. Asimismo mataron él y otros a los que se imaginaban que habían hecho que allí viniese Antonio de Fonseca a pedir la artillería, queriéndosela dar. Derribaron las casas que allí tenía D. Rodrigo Mejía e hicieron otras crueldades semejantes. De este atrevimiento quedó el tundidor tan acreditado en el pueblo y él con ánimo tan de señor, que de allí adelante no se hacía más de lo que él quería, ordenaba y gobernaba, como cabeza del pueblo. Luego tomó casa, puso porteros y se dejaba llamar señoría"

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70. - Acción de Medina contra los Fonsecas en Alaejos

Queda indicado que después del incendio fue aclamada la Comunidad en Medina, y su primera ocupación , eliminados los enemigos domésticos, o emigrados a otra parte (1), fue a hacer la guerra a los Fonseca, que desde hacía largo tiempo habían concitado sus iras, como tenedores que habían sido de la Mota, desde la cual, lejos de amparar a la villa, la molestaron constantemente. Nombrados capitanes Pedro de la Torre, Luis y Alonso de Quintanilla y Francisco del Mercado, se dispusieron a echar a los parientes de Fonseca de la villa de Coca y de Alaejos, cuyos señores eranNo le fue difícil a Luis de Quintanilla el adueñarse de Alaejos, para lo que recibió eficaces ayudas de Segovia, Salamanca y Burgos, pero no así de su castillo, defendido valerosamente por su alcalde Gonzalo de Vela, quien no solo resistió denodadamente el cerco, sí que también hizo triunfales salidad, en una de las cuales apresó al tundidor Bobadilla y se apresuró a darle garrote, exponiendo su cadaver desde las almenas.

Hasta la batalla de Villalar, 23 de Abril de 1521, fue Medina del Campo de concentración de las tropas comuneras y su principal centro de aprovisionamiento, que no perdían de vista los imperiales. El general de éstos, conde de Haro, con un certero golpe de mano, sorprendió una noche y desbarató a un destacamento de 500 salmantinos y otro tanto hizo después con otro de segovianos que se asentaron en La Zarza.

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71. - Trágica consecuencia de la rota de Villalar

Cuando sobrevino la rota de Villalar, Medina experimentó rápidamente las consecuencias del desastre, y de buen o de mal grado hubo de rendir pleito homenaje al vencedor e implorar perdón.No lo hubo para algunos:Pedro de Torres, Francisco de Mercado, el licenciado Rincón y el artillero Gervás, todos medinenses, fueron ajusticiados.

Subieron también las gradas del patíbulo en esta villa siete de los procuradores en Cortes, apresados en Tordesillas, ente ellos el madrileño Pedro de Sotomayor y el segoviano Juan Solier. Del perdón general que concedió el Emperador en Valladolid, el 28 de octubre de 1521, fueron exceptuados los siguientes medinenses: Luis de Quintanilla y Alonso, su hijo mayor, Antonio de Montalvo, Alonso de Beldredo, otros siete vecinos y el abad de la Colegiata D. Alonso García del Rincón, todos los cules fueron indultados más tarde, y Luis de Quintanilla llegó a ocupar puestos preeminentes cerca del Emperador Carlos.

Tal fue la lúgubre estela que dejó en nuestra villa aquel movimiento que sin duda fue generoso y bien intencionado por parte de muchos, que no podían soportar sin indignación el ver a los flamencos ocupar los más encumbrados puestos, aunque para no faltar a la ecuanimidad ni traspasar límitesprudenciales debieron considerar que lo que hacían los flamencos en España, lo venían haciendo los españoles en Italia con títulos igualmente discutibles.

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72. - Nota sobre las cartas

De las preinsertas cartas dice Sandoval que las tuvo en sus manos -alguna al menos- y por tanto su autenticidad ha de ser tenida por indudable, pero es debido consignar al mismo tiempo algunas anomalías, tal vez nacidas de que el estado de ánimo de sus inspiradores o redactores en tan críticas circunstancias, no era tan tranquilo como se requería para aquilatar las expresiones y atemperarse a la desaparecida veracidad.

En la carta de pésame de Segovia, fechada el 24 de agosto, tres días después del incendio, dicen nuestro vecinos que han sabido, complacidos, que Juan de Padilla pasó por ésta y que tomó a Tordesillas; cuando la verdad es, según el mismo cronista, que Padilla no entró en Medina hasta el día 29 del mismo mes, y en Tordesillas hasta el 2 de septiembre. Afirman además que saben por cartas de sus capitanes que los medinenses se han apoderado de Alaejos y que estaban cercando su castillo, lo que fue verdad, pero en fecha posterior. Las cartas de Medina al Regente y a Valladolid tampoco concuerda en algunas importantes circunstancias, como pedía la lógica. La primera y no la segunda enumera entra las siniestradas la iglesia de San Antolín. La segunda habla de "los hijos y mujeres sin tener do abrigarlos", más no dicen que fueran muertos muchos de los primeros ni acuchilladas las segundas, como lo reafirma la primera. No está claro tampoco que "sobrepujando en fuerzas de armas" a los contrarios, según dicen los medinensesen su carta a Valladolid, y estando las huestes de Fonseca a las puertas, pudiesen, sin embargo, entrar y provocar los incendios, no en los barrios extramuros, sino en el de San Francisco, dentro de la cerca. Asimismo, la relación que el Emperador hizo la Junta Santa, interesada en recargar las tintas de los daños causados por Fonseca y de las crueldades perpetradas por sus soldados, declara que se quemó enteramente el monasterio de San Francisco "uno de los más insignes monasterio de la orden de San Francisco que en estos reinos de Vuestra Majestad había", pero nada dice, como era de suponer, del incendio de la Colegiata, cuya capilla mayor era de muy reciente construcción; confiesa, eso sí, que la soldadesca entró a saco en las casas "hiriendo y matando con gran crueldad, no perdonando a mujeres ni a niños", y cifra las casas siniestradas -Sandoval dice que novecientos edificios- en cuatrocientas o quinientas "las mejores y más principales de toda la villa", porque efectivasmente, el incendio afectó al barrio en que predominaban mercaderes y feriantes, calculando los daños en dos millores de ducados.

Creo, pues, que el incendio no alcanzó a nuestra iglesia mayor, como creo asimismo con evidencia que no hay fundamento alguno para decir que el fuego pasara al río y alcanzara el antiguo Consistorio existente frente a San Miguel, como creyó Quadrado; y mucho menos que llegaara, según afirmó ligeramente el Sr. Rodríguez Macías, a la Rúa Vieja, calle actualmente desaparecida, que iba aproximadamente desde el Caño Santo hasta la muralla exterior de la Mota, tangente al monasterio de San Bartolomé.

NOTAS

No habiendo dispuesto de otras fuentes, el trabajo se ha limitado a poner algún orden en cuanto relata el cronista Fr. Prudencio de Sandoval, obispo de Pamplona, en su Historia del emperador Carlos V, libros V, VI, y VII, que también inspiró a nuestros historiadores locales en sus breves referencias. Era de esperar que nuestros archivos tuvieran ya fondos relacionados con periodo tan trascendental; si hay alguno en los pocos rincones inexplorados, que lo dudo, no se ha dejado ver. Los pocos y malparados cuadernos de Libros de Acuerdos hallados, son concernientes a decenios anteriores; al tercero del siglo XVI, ninguno.

Don Mariano Rodríguez Macías escribió en 1920 el folleto conmemorando el Cuarto centenario del Incendio de Medina, divulgando los hechos más salientes.

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(1) - Trascribimos del Memorial Histórico estos datos, pág. 412: "Los caballeros del lugar y gente noble, procuraron la quietud de él, así como cuando se comenzaron a encontrar con Fonseca, como d4espués, y no siendo bastante muchos se fueron manifestando su lealtad al Emperador con el servicio... El comendador Álvaro de Lugo, señor de Villalba se pasó al campo del Emperador, donde le sirvió como debía, Lo mismo hizo Juan Gutiérrez de Montalvo, señor de Serrada y comendador de Ocaña, como parece por cédula del Emperador dada año de 1525, y Gutierre de Pedrosa, del hábito de Santiagoque con otros caballeros entró en una junta de comuneros y dio garrote a cierto sujeto que representaba la cabeza de ellos, como aparece por carta escrita del Condestable al César, año 1521, y después se fue al campo del Emperador. Lo mismohicieron otros caballeros; Dr. Beltrán, del Consejo del Emperador, fue preso y maltratado de los Comuneros; y otros amigos y deudosque en esta villa tenía Antonio de Fonseca, se salieron huyendo de ella porque no les matasen, siendo files servidores del Emperador. Los señores de Bobadilla, se fueron a Bobadilla, temiendo lo mismo, y Rodrigo de Morejón fue al Principado de Asturias a prender a Juan Ruiz de Tavera, porque había incurrido en esa Comunidad, y muchos ciudadanos y gente lúcida de Medina se fueron al campo del César, donde sirvieron por soldados, y entre ellos hazañosamente uno llamado Nieto, el cual, teniendo el ejército del César cercano a Tordesillas y habiendo hecho en el muro un agujero pequeño, que apenas cabía, se arrojó por él a la villa con una espada y una rodela a la vista del Conde de Haro, estando dentro muchos soldados que la defendían y 400 más arcabucero que traía el obispo de Zamora...".

Está comprobado, por tanto, que en Medina tuvieron los Comuneros enemigos de mucho cuidado, al menos en calidad.

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