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Villa histórica,
monumental, escultórica y paisajística
Villa
de las Ferias
MENÚ DE CONTENIDO

Incendio
de Medina del Campo:
El pueblo de Medina
del Campo
se opuso durante la guerra de las Comunidades, a entregar a Fonseca
y a sus 1.200 lanzas y 200 escopeteros, el Artillería.
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Palacio Real Testamentario,
Casa del Cabildo o de los Arcos y Casa Consistorial.
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Fonseca
amenazó con meter a fuego y a sangre a la Villa, solicitando
éste como mediador a Alonso
de Quintanilla
y al corregidor, Gutiérrez Quijada, pasándose gran
parte del día en las negociaciones.
Tras
el fracaso de éstas, Fonseca decidió entrar por la
fuerza en Medina
por el río
Zapardiel
abajo, entrando por las Cuatro
Calles
unos y otros por la calle de San Francisco, siendo una lucha cruenta
habiendo muertes por ambos bandos.
Maldonado
nos dice que el resultado fue epopéyico, por el valor heroico
mostrado por hombres y mujeres medinenses.
El
21 de agosto de 1.520, martes, algunos capitanes, Ronquillo y Gutiérrez
Quijada, mandados por Fonseca prendieron fuego a la Villa por las
partes más habitadas, destruyendo todos los archivos que
hasta entonces existían en Medina
de su anterior época.
Según
Mejía, fueron la gente mandados por Antonio de Fonseca, sin
estar seguros, quienes pusieron fuego a ciertas casas cerca de la
plaza.
Santa
Cruz dice que los Fonseca pusieron fuego por muchas partes y Sandoval,
que Fonseca pensó engañar a los vecinos con fuego
arrojando unas alcancías con contenido de alquitrán
encendido por la calle
de San Francisco,
sin pensar que el resultado fuera tan vandálico y catastrófico,
retirándose a Arévalo, tras el pavosoro incendio,
por la cuesta de San Cristóbal, con dirección a Tordesillas
sin poder continuar, no le admitieron, volviendo a Arévalo
triste y afectado, justificándose posteriormente diciendo
que él no mandó poner fuego, incluso ordenó
atajarlo, permitiendo así que los vecinos de Medina
pudieran apagar el fuego.
Anglería
comparó el incendio de Medina con el de Troya. Fonseca fue
procesado por la Junta junto con los máximos responsables
del incendio, Ronquillo y Gutiérrez Quijada.
Se
quemó el convento de San Francisco,
y los privilegios de Medina
que tenía en él.
Se
quemaron las calles de San
Francisco, La
Rúa,
la calle del Pozo,
la mitad de las Cuatro
Calles, la mitad de la calle de Segovia, la mayor
parte de la Plazuela de San Juan, una acera de la calle de Diego
Ruiz de Montalvo, la calle de la Plata y casi toda la Plaza
Mayor,
parte del Palacio
Real,
la mitad de la calle del Almirante,
la Rinconada,
la calle de Ávila, la iglesia de Sahagún, etc.
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13-08-08 - Con motivo del
488 aniversario de la "Quema de Medina", el proximo día 21
de Agosto en la Plaza
de Segovia a partir de las 9 de noche, lo conmemoraremos
con la celebración de un festival de música castellana
con los siguientes actuaciones:
- Dulzainero "Floro" de Sardon de Duero
- Coral "Voces de Villanueva" de Villanueva de Duero
- Grupo Folk "Los Remeros de Zapardiel" de Foncastin.
Acompañamos documento sobre la memoria historica de esta
celebración y os agradecemos vuestra acogida.
Manuela Burgos 619307033
José Luis Sánchez 677154202
Celebración
del 488 aniversario de la " QUEMA DE MEDINA.
1520"
El incendio de Medina
del Campo provocado por parte de las tropas reales,
va a convertirse en un factor clave en la revolución comunera.
Un clamor en contra del rey se va a extender por toda Castilla,
la adhesión de numerosas ciudades al movimiento comunero
es el resultado de una acción que avivó las llamas
comuneras.
El verano de 1520 en Medina
del Campo va siendo cada día más
complejo, por una parte la villa se había mostrado intranquila
por el desarrollo de sus ferias de mayo, aunque el cardenal-regente
siempre se había mostrado prudente y de acuerdo a que se
celebrasen dichas ferias tranquilamente, veía que si Medina
tomaba el partido de las ciudades rebeldes, el rey se vería
en una postura muy delicada. Por otra parte la situación
en el interior de la villa era cada vez más inestable, si
bien el concejo y los caballeros daban pruebas de lealtad a favor
del rey; muchas voces se van uniendo a favor de las ciudades levantadas,
los mercaderes por el temor que les inspira Ronquillo y las clases
populares inspiradas por la actitud rebelde de Segovia y Toledo.
A finales de julio el cardenal-regente había pensado en utilizar
el parque de artillería que se encontraba en Medina
contra la ciudad de Segovia,
aunque esta acción le costase el levantamiento de la villa
de las ferias.
Los acontecimientos que se van
a desarrollar en el mes de agosto en Castilla y en particular en
Medina,
supone de hecho la consolidación del movimiento comunero.
A principio de mes se constituye de manera formal la Santa Junta
de ciudades en Ávila,
preparándose una expedición al mando de Padilla, para
socorrer a Segovia
sitiada por las tropas reales. La alarma crece en el bando
real, Ronquillo y Fonseca al mando del ejército real se instalan
en Arévalo para impedir la llegada de este ejército
a Segovia.
El día 19 reciben la orden del Consejo Real para ir a Medina
a tomar la artillería y emplearla contra el ejército
de Padilla y Segovia.
El martes 21 de agosto de 1520
con las primeras luces, Fonseca y Ronquillo al mando del ejército
real compuesto por 2.000 personas se encuentran ante Medina,
pidiendo la artillería que se encontraba en la villa por
orden del Consejo Real. En la villa se forman dos bandos: el corregidor
y algunos caballeros están a favor de entregarla, pero el
pueblo estaba totalmente en contra porque se pensaba que se iba
a utilizar contra Segovia, ciudad hermanada por las ferias. Después
de sendos pregones pidiendo la artillería -so pena de
declararles traidores- y cuatro horas parlamentando entre la
villa y las tropas reales, Fonseca decide entrar por la fuerza en
la villa -a sangre y fuego-; mientras los medinenses han
puesto en la Plaza
Mayor las piezas artilleras al mando del comendador
Luis de Quintanilla, apuntando hacia las principales bocacalles.
El primer intento de las tropas
reales por entrar en Medina
cuenta con la oposición de los medinenses cercando y bloqueando
las calles de acceso, Fonseca manda que se incendien algunas casas,
para de esta forma distraer a la población y poder capturar
las piezas de artillería. Con la ayuda del corregidor Quijada,
sus tenientes y algunos caballeros, proceden a incendiar una casa
en la calle de San Francisco, así como en otros dos lugares
más, extendiéndose el fuego con una gran rapidez hacia
el resto de edificios y calles.
Ardió la zona comprendida
entre el río Zapardiel
y la Plaza
Mayor y desde las Cuatro
Calles hasta la calle Ávila, entre 700
y 900 casas se quemaron ese día. Pero lo más importante
era que se habían quemado los almacenes donde los mercaderes
tenían depositados sus productos, caso del convento de San
Francisco lleno de mercaderías, con la gran pérdida
que ello suponía para el futuro inmediato de las ferias.
Fonseca y Ronquillo abandonan Medina
sin conseguir la artillería con la cual poder atacar al ejército
de Padilla y la ciudad de Segovia,
el ejército real es licenciado por orden del cardenal-regente
y su gente huye e incluso se refugian en conventos e iglesias. Sus
jefes parten en dirección a Flandes pasando por Portugal.
La situación en Medina
a partir de ese momento es caótica el pueblo busca venganza
en los culpables; al día siguiente el concejo se reúne
para evaluar los daños del incendio, el pueblo irrumpe en
la reunión al grito de traidores , matando al regidor
Gil Nieto al que consideraban más culpable, muchos caballeros
abandonan Medina
y algunos otros se unen a los comuneros siendo sus jefes. Con la
llegada de las tropas comuneras al mando de Padilla, Bravo y Zapata
el día 24 la situación se calma.
El incendio de Medina
del Campo va a destrozar la poca reputación
del Consejo Real y del cardenal-regente que aún gozaban.
Valladolid,
Burgos
y otras muchas ciudades castellanas se van a unir a la causa comunera
cuando se enteran del incendió medinense. Medina
intenta reanudar su vida normal cuanto antes. Las ferias era la
mejor cosa del mundo y de la celebración de ellas dependía
su futuro. Una de las primeras medidas de la Santa Junta es la orden
de pregonar el seguro de la próxima feria de octubre por
las ciudades del reino, aunque la villa se encontraba semidestruida
y quemada esto no debería ser impedimento para que se dejara
de celebrar en ella sus grandes ferias.
Los presagios del cardenal-regente
se cumplen, Medina
pasa a ser un lugar de reagrupamiento de las fuerzas comuneras,
además de contribuir económicamente al sostenimiento
de la causa. La Santa Junta se asienta en Medina del 16 al 19 de
septiembre, la reunión celebrada el día 15 marca el
final y tabla rasa de todos los alborotos y asesinatos cometidos
tras el incendio. En adelante, nadie deberá tomarse la justicia
por su mano.
La reconstrucción de Medina
va a ser larga y lenta, según una relación de daños
hecha por el concejo: entre edificios destruidos y mercancías
y enseres quemados podía ascender las pérdidas a 3
millones de maravedís. Sus ferias se verán reconocidas
a nivel internacional, siendo la época de esplendor este
siglo XVI que acaba de comenzar.
La gratitud de Segovia
hacia la gesta de Medina
se advierte en la carta que escribió a Medina
el 24 de agosto de 1520: “… También sabemos que no fue
otra la ocasión de su quema, sino porque no quiso dar la
artillería para destruir a Segovia…
Pero tened, señores, por cierto, que pues Medina
se perdió por Segovia:
o de Segovia
no quedará memoria, o Segovia
vengará la injuria de Medina.
Hemos sabido que peleasteis contra Fonseca, no como mercaderes sino
como capitanes; no como desapercibidos sino como desafiados; no
como hombres flacos sino como leones fuertes… Nosotros conocemos
que según el daño que por nosotros, señores
habéis recibido, muy pocas fuerzas hay en nosotros para satisfacerlos…Pero
desde aquí decimos… que todos los vecinos de Medina
libremente se aprovechen de los pinares de Segovia,
cortando madera para hacer sus casas. Porque no puede ser cosa más
justa, que pues Medina
fue ocasión de que no se destruyese con la artillería
Segovia,
que Segovia
dé sus pinares con que se repare Medina…”.
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Con el intervalo de los años
la celebración de este suceso cae en el olvido, en 1922 el
Ayuntamiento
de Medina
del Campo decide hacer una comida de hermandad
con la ciudad de Segovia,
se va a celebrar el 7 de septiembre en la fonda de la estación,
con la asistencia de los alcaldes de Medina
y Segovia.
En el año 1980, con el retorno
de los ayuntamientos a la democracia, una comisión de peñas
medinenses, formada entre otras, por los Marchosos, la Boina y los
Golfos, organizan el día 21 de Agosto en la explanada del
Castillo
de la Mota, un festival de música castellana,
con la actuación de los grupos folk: Tierra Seca y Arcaduz,
el cantautor Jaime Lafuente y un grupo de coros y danzas de Valladolid,
además de otras actividades para los menores. Al finalizar
los actos se da lectura a un Manifiesto con la presencia de los
alcaldes de Segovia
y Medina
del Campo.
Una vez más, esta celebración
no tuvo continuidad, y no es hasta comienzos de este siglo, cuando
un colectivo de personas independientes con el nombre de A.C. Hacia
Medina
del Campo, deciden celebrar este día. En
el mesón “La Taberna” situada en la Plaza
de Segovia de Medina
del Campo y a los sones de la música castellana,
se degustan los productos y vinos de nuestra tierra y se bailan
las clásicas jotas castellanas.
Por fin, esta celebración
continúa todos los años posteriores con la ampliación
a otros bares, y es por último el 21 de Agosto de 2007 en
el escenario de la plaza Segovia
con la actuación del dulzainero “Floro” y el grupo
de música folk, “Los Remeros del Zapardiel” cuando adquiere
la consistencia necesaria para que se celebre la hermandad entre
los pueblos de Segovia
y Medina
del Campo.
Queremos que esta historia no se
quede en el olvido, por eso deseamos que todos los años por
el 21 de Agosto, se celebre esta fraternidad con la actuación
de grupos musicales de Segovia
y de Medina
y otras actividades.
Merece la pena.
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21-08-08
- Medina recuerda la quema de la villa por las tropas de Carlos
V en 1520 - P. G. | MEDINA DEL CAMPO
El 21 de agosto de 1520 el capitán general de Castilla,
Fonseca, con un ejército de dos mil soldados recibió
la orden del Consejo Real de apoderarse de los cañones que
los comuneros tenían en su poder en Medina
del Campo. Para poder llevar a cabo su
misión, Fonseca ordenó quemar la ciudad. Un día
más tarde, el 22 de agosto, con las tropas imperiales todavía
en la ciudad, los medinenses descuartizaron en la calle al regidor
Gil Nieto.
900 casas quemadas
488 años después, la Asociación Comunera 'Hacia
Medina
del Campo', en colaboración
con el Ayuntamiento
de la localidad, rememorará aquel episodio del levantamiento
de las Comunidades contra el emperador Carlos V, que provocó
el inicio del declive de las ferias de Medina
y en el que más de 900 casas y todos los almacenes de los
mercaderes de la villa desaparecieron bajo la llamas, con la celebración
de un festival folk.
Como explicó ayer Manuela Burgo, portavoz de la asociación
comunera de Medina, este festival servirá «para
dar a conocer a todo el mundo la valentía que mostraron muchos
medinenses en esa época al oponerse al poder establecido».
En la plaza de Segovia
La Plaza
de Segovia se convertirá hoy, a
las 21.00 horas, en el escenario perfecto, «ya que la
ciudad de Segovia,
que estaba hermanada con Medina
del Campo, la apoyó en este suceso».
Tras la lectura de un documento sobre la memoria histórica
de esta celebración, actuarán el dulzainero 'Floro'
de Sardón de Duero; la coral 'Voces de Villanueva'
de Villanueva de Duero, y el grupo folk 'Los Remeros de Zapardiel'
de Foncastin.
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21-8-08
-Programa de actividades para la conmemoración
de “ LA QUEMA DE
MEDINA”
El 21 de agosto de 1520, las tropas del Rey Carlos
l entran en Medina con el fin de que les diéramos las piezas
de artillería para atacar Segovia.
Los medinenses se lo negaron y esto dio lugar a que se produjera un
enfrentamiento en el cual los soldados incendiaron unas casas y eso
provocó un gran incendio. Nuestra ciudad demostró tener
la valentía suficiente para defender los principios en los
que creían y provocar con su gesto el levantamiento de ca si
toda Castilla, principalmente Valladolid.
Desde la Concejalía de Educación y
Cultura lo que pretendemos es conmemorar, no el hecho en sí
de la guerra de las comunidades, si no honrar y recordar a aquellos
ciudadanos medinenses por su ejemplar actuación ante unas circunstancias
tan difíciles y complicadas, demostrando así su hermandad
con los ciudadanos de Segovia.
Las actividades que se van a realizar son:
El día 21 de agosto a las 20,30
h. tendrá lugar en la Plaza
de Segovia un festival de músi ca
Folk., con la actuación del grupo folk Los Remeros del Zapardiel,
la Coral de Villanueva de Duero y el dulzainero Floro, de Sardón
de Duero.
Queremos dar las gracias al colectivo local AC “Hacia
Medina del Campo” por la organización de este festival.
Del 21 al 24 de agosto podrán
asistir en el Castillo
de la Mota a unas visitas guiadas al entorno, exterior
e interior del castillo
cuya temática es “Incendio de Medina del Campo en la Guerra
de las Comunidades”, realizándose pases a las 11:00, 13:00
y 16:00 horas.
El día 26 se llevará a
cabo un taller en el Palacio
Real Testamentario para niños de 8 a 12 años.
El horario que tendrá será de 11:00 a 13:30.
Del 13 al 19 de septiembre seguiremos
realizando visitas y actividades relacionadas con la guerra de las
comunidades.
El 13 se realizará un taller para niños
denominado “La Medina de Padilla”, esta actividad se llevará
a cabo en horario de 11:00 a 13:00 para niños de 8 a 12 años.
Los días 13,14,18 y 19 de septiembre en el
Castillo
de la Mota, visita guiada cuya temática es “Medina
en tiempos de Padilla”. Los días 15 y 16 a las 12:00 horas
las visitas tendrán lugar en el Palacio
Real Testamentario.
Agradecer a la empresa gestora del Palacio
Real Testamentario por la organización y colaboración
en la realización de estas actividades.
Oficina
Municipal de Turismo: 983-811357.
Palacio
Real Testamentario: 983-810063.
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Antonio
de Fonseca
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AQUÍ
YACE ANTONIO DE FONSECA, VARÓN TAN INSIGNE EN PIEDAD
COMO ESCLARECIDO EN DIGNIDAD Y EN HECHOS, EL CUAL SIENDO YA
DE EDAD AVANZADA ACABÓ FELIZMENTE LA VIDA TRONCÁNDOLA
POR OTRA MÁS FELIZ, EL DÍA 27 DE AGOSTO DEL
AÑO 1532.
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Fue cuarto señor de Coca, era hermano del obispo
de Burgos
y medio hermano de Alonso de Fonseca y Avellaneda. Fue llamado "El
valeroso". Asistió a toda la guerra de Granada, y en el
último asedio llegó a la puerta de ELVIRA de aquella ciudad
y clavó en ella el AVE MARÍA. En Agosto de 1520, y con
motivo de la guerra de las comunidades, pasaría a ser uno de
los personajes más famosos de la historia de España, y
todo debido al suceso de la quema de Medina
del Campo. Fue Capitán General del Reino.
Finaliza la reedificación de la actual iglesia y es el que encarga
los sepulcros de su familia. Isabel la Católica le deja como
uno de sus testamentarios.

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09-04-10
- Acto homenaje comunero en Segovia a Medina x Izquierda Castellana
:: Más articulos de esta autora/or: Más artículos
Este sabado 10 de abril a 19h en la plaza de Medina, en Segovia, tendrá
lugar un homenaje comunero a la solidaridad y en especial al pueblo
de Medina del Campo.

Habra pasacalles con musica popular castellana, concierto
de Free Folk, acto politico y tapeo.
Organizado por COMUNER@S
Apoya: Izquierda Castellana
ver : construyendocastilla.org
Sera un homenaje a los hombres y mujeres de aquella
villa castellana,Medina del Campo, en conmemoración a los acontecimientos
de La Quema de Medina durante la Revolución Comunera.
Vivimos momentos en los que estamos sintiendo con dureza
las consecuencias de la crisis económica, y la situación
en Segovia es especialmente grave.
Estos días hemos conocido la cifra de personas
paradas registradas en las oficinas de empleo de Segovia, que roza ya
las 10.000. Desde Segovia de Izquierdas se ha venido denunciando el
progresivo desmantelamiento industrial que sufrimos, como es el caso
del cierre de La Choricera, que viene a añadirse a la larga lista
de empresas que han cesado su actividad en los últimos tiempos
(Santa Teresa, Idensa, Yakazi, Arévalo e Hijos, Klein, G5, FEMSA,
Alena, Pesquisa…)
Las que aún se mantienen están aplicando
drásticas reducciones de personal, como TRAGSA o La Fábrica
de Vidrio en La Granja. A lo que hay que añadir la situación
de absoluto abandono en que se encuentran la agricultura y la ganadería.
Durante años, las instituciones y los responsables
políticos han venido apostando claramente por el modelo especulativo
del ladrillo, que se ha extendido de forma irracional por toda la sierra,
llenando algunos bolsillos y causando graves daños al territorio:
tod@s conocemos los planes urbanísticos de La Granja o de Palazuelos
“de Marbella”, o los faraónicos proyectos de Segovia 21, Segovia
2016, el Circulo de las Artes y las Tecnologías, las Segópolis,
etc.
La realidad segoviana es muy parecida a la de otras
localidades castellanas, como puede ser el caso de Medina del Campo:
nos estamos convirtiendo en un territorio sin sector productivo, sin
industria, con una agricultura y una ganadería en reconversión
y en proceso de desaparición, lo que nos hace enormemente dependientes
del sector servicios y del insostenible crecimiento inmobiliario. Una
tierra en la que el paro golpea con dureza, en la que la juventud lo
tiene difícil para labrarse un futuro sin tener que emigrar y
en la que el mundo rural se viene abajo día a día.
Partiendo de esta realidad, es evidente que tanto en
Segovia como en el conjunto de Castilla la crisis y su gestión
nos están afectando y nos van a afectar de una forma especialmente
grave.
La actual crisis económica es una crisis del
sector privado, en especial del sector financiero. Y las políticas
de contención de la crisis, en lugar de estar dirigidas a mejorar
la calidad de vida de la gente, están consistiendo esencialmente
en un gran intervencionismo desde el sector público para salvar
al gran sector privado de su endeudamiento. Este plan de rescate únicamente
está teniendo en cuenta al sector financiero y a las grandes
empresas, mientras que al sector autónomo y a la pequeña
empresa se le ha abandonado absolutamente a su suerte.
Y como la intervención se está haciendo
con dinero público, el dinero de tod@s, aquel que pagamos con
nuestros impuestos, esta política económica tiene fecha
de caducidad, ya que ha elevado el gasto hasta niveles insostenibles.
Por ese motivo, desde el Gobierno, la patronal y las dóciles
cúpulas sindicales de CCOO y UGT, se están sentando las
bases para una nueva política económica que logre mantener
los beneficios del gran capital reequilibrando a su vez las cuentas
públicas, todo ello a costa de las clases populares. Mientras
se prepara una futura reforma laboral, no les está temblando
el pulso a la hora de disminuir el gasto público con finalidad
social, ni están vacilando a la hora de aumentar las cargas impositivas
sobre las clases trabajadoras, ni a la hora de recortar y precarizar
la política de empleo público, ni a la hora de amenazar
con un aumento en la edad de jubilación.
Por estos motivos nos encontraremos en Segovia haciendo
ondear los pendones morados.
Porque no podemos permitir que la gestión de
la crisis se lleve a cabo degradando nuestra calidad de vida y nuestros
derechos, porque es evidente que el tipo de proyecto y de modelo de
desarrollo que se tiene diseñado para el conjunto de territorios
castellanos desde las altas esferas responde a intereses ajenos a los
de la mayoría social, y porque se hace urgente y necesario construir
un proyecto alternativo que responda a nuestras necesidades reales.
A esta tarea estamos llamad@s tod@s los castellanos
y las castellanas. Y el encuentro comunero en Segovia es un paso más
en el camino que tenemos por delante.
La lucha de l@s comuner@s forma parte de nuestra memoria
histórica colectiva, y en momentos como los actuales, es necesario
tenerla en cuenta. En un momento histórico en el que comenzaba
a levantarse el proyecto imperial de Carlos V, l@s comuner@s tomaron
conciencia de las consecuencias que iba a suponer para el pueblo castellano,
y en un ejercicio de responsabilidad social, se decidieron a defender
con firmeza un proyecto alternativo, ajustado a las necesidades reales
del común del pueblo.
Dentro de aquel proceso de lucha, los acontecimientos
de Medina del Campo suponen todo un ejemplo de solidaridad y compromiso
entre las villas y ciudades castellanas. Las tropas imperiales asediaban
Segovia, y el pueblo de Medina les negó su armamento, pagando
un enorme precio por ello: la quema de sus casas y sus posesiones. La
solidaridad hacia Segovia también llegaría desde otras
ciudades castellanas, como Toledo, Salamanca o Madrid.
Por ese motivo, desde hace varios años y gracias
a la iniciativa de la Asociación Comunera “Hacia Medina del Campo”,
viene celebrándose en aquella localidad castellana la conmemoración
de La Quema de Medina. Y en esta ocasión, l@s comuner@s segovian@s
han decidido corresponder a aquella iniciativa rindiendo el homenaje
en Segovia.
La Quema de Medina es un ejemplo de compromiso y solidaridad,
compromiso comunero y solidaridad entre castellan@s, muy necesarias
para hacer frente a los retos del momento.
¡Las comuneras y los comuneros del siglo XXI
miramos al pasado, pero lo hacemos con ansias de futuro!
¡Construyamos un futuro de dignidad y justicia
social para nuestros pueblos, ciudades y comarcas!
¡Construyamos un futuro en el que nadie sea mas
que nadie y en el que Castilla y l@s castellan@s tengamos voz propia!
Ver También:
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25-04-10
- Convulsión comunera en Castilla y León
- El 23 de abril de 1521 vio el final de un intento frustrado de cambio
- Ruta de la revuelta comunera
- Ciudades que lucharon en uno y otro bando
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Pintura
del siglo XIX de Manuel Picolo López, donde refleja
el desarrollo de la batalla de Villalar.
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Un 23 de abril, pero de 1521, la campa de Villalar
fue testigo no de una alegría desbordante, como lo es hoy en
día, sino el final triste de una ilusión: la que, capitaneada
por Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco de Maldonado, pudo haber
cambiado el devenir político del país.
La inquina hacia el nuevo monarca -Carlos V- y su pretensión
de cobrar un nuevo impuesto para satisfacer los gastos imperiales fue
la gota que colmó el vaso de una paciencia castellana a punto
de desbordarse desde tiempo atrás. La ruta de la revuelta comunera
toca de lleno las tierras que conforman hoy la Comunidad Autónoma
de Castilla y León.
ARRANQUE VIOLENTO EN SEGOVIA
Iniciada en Toledo por Padilla y compañía,
la revuelta comunera adquirió tintes especialmente violentos
en Segovia, donde aquel 29 de mayo resultaron asesinados Rodrigo de
Tordesillas, procurador que votó a favor del impuesto en las
Cortes de Santiago-La Coruña, Roque Portalejo y Hernán
López Melón.
El cronista Sandoval da cuenta del episodio: «acusado de la traición
con que ha andado (&hellip) le llevaron arrastrando por las calles,
dándole grandes empujones y golpes en la cabeza con los pomos
de las espadas... y cuando llegó a la horca ya medio ahogado
de la soga que de él tiraba, le ataron por los pies y le pusieron
(&hellip) los pies arriba y la cabeza abajo» junto a las otras
dos víctimas.
Los amotinados nombraron nuevas autoridades en forma
de Comunidad. De inmediato, Juan Bravo se erigió en líder
del movimiento. Lo primero que hicieron fue contener, junto a tropas
llegadas de Madrid, Toledo y otras ciudades, a las fuerzas del alcalde
de Corte Rodrigo Ronquillo, enviadas expresamente por Adriano de Utrecht
para castigar los asesinatos; de hecho, las impidieron la entrada y
las obligaron a retirarse hacia Arévalo.
BURGOS SE AMOTINA
Violento resultó también, en un primer
momento, el amotinamiento burgalés, si bien la ciudad del Arlanza
cambiará luego de bando, erigiéndose, por ello mismo,
en factor clave de la victoria imperial. El 10 de junio de 1520, cuando
el regidor decidió convocar una reunión en la capilla
de Santa Catalina de la Catedral para desmentir la propaganda contraria
a las Cortes de Santiago-La Coruña, la multitud, enfurecida contra
los representantes García Ruiz de la Mota y Juan Pérez
de Cartagena y alentada por el espadero Juan y el sombrerero Bernardo
Roca, se amotinó en su contra, le increpó y forzó
su huida. El saqueo de las propiedades no se hizo esperar: los amotinados
incendiaron la casa del procurador Garci Ruiz de la Mota, hermano del
obispo Mota, fiel aliado del emperador, pero también las de Diego
de Soria, Juan Pérez de Cartagena, Francisco Castellón
y la de más de un recaudador de impuestos.
Peor suerte corrió el ciudadano de origen francés
Giofredo Garci Jofré de Cotannes, aposentador real que se había
hecho conceder por los flamencos la fortaleza de Lara en medio de la
oposición generalizada de la ciudad: además de incendiar
su casa, le apresaron después de huir y refugiarse en la iglesia
de Atapuerca. No les importó a los amotinados que llevase en
sus manos el Santísimo: de un golpe se lo arrebataron, uno le
dio una puñalada en el costado, otro le dividió el cráneo
de un hachazo y un tercero le echó una soga al cuello.
Aunque ya muerto, su cuerpo continuó recibiendo
estocadas y, a decir de Sandoval, al final «le trajeron arrastrando
por las calles y lo ahorcaron, colgándole de los pies y la cabeza
abajo». Incluso, como refiere Mexía, «atravesado
con mil heridas, fue colgado y luego entregado en manos de los niños
para que lo arrastrasen».
ZAMORA SE REBELA
También en mayo de 1520, la llama comunera prendió
en Zamora, instigada por la influencia de Pero Lasso de la Vega, quien,
en su trayecto hacia Gibraltar, donde había sido confinado por
orden del Rey, se hospedó en el zamorano convento de San Francisco
junto a Pedro de Ayala. Ambos incitaron la rebelión, sobresaliendo
en un primer momento Juan de Porras y Juan de Mella. El día 30,
Zamora se lanza en masa contra los procuradores Bernardino de Ledesma
y Francisco Ramírez, que acaban de votar el servicio en La Coruña.
Ambos tienen que refugiarse, por el momento, en el monasterio de Santa
Marta, mientras la multitud intenta quemar sus casas.
Calmada la multitud por el conde de Alba de Liste,
Diego Enríquez de Guzmán, los dos procuradores fueron
condenados a perder la hidalguía y la multitud quemó dos
estatuas suyas en la Plaza Mayor, en recuerdo de la traición,
con sus nombres grabados.
COMUNEROS LEONESES
Pero Lasso de la Vega también incitó
los ánimos comuneros en León. Aquí el conflicto
ciudadano se saldó con un duro enfrentamiento entre las dos grandes
familias, los Quiñones y los Guzmanes, representadas ambas, respectivamente,
por el procurador, Francisco Fernández de Quiñones, conde
de Luna, y el regidor, Ramiro Núñez de Guzmán,
señor del condado del Porma y de la villa de Toral, famoso comunero
que contaba con el apoyo mayoritario de los leoneses.
Aunque el familiar de este último, Juan Ramírez,
consiguió contener los ánimos, evitando que la situación
degenerase en una rebelión abierta, la lucha ciudadana no tardó
en hacer acto de presencia. Sucedió, según Eloy Díaz-Jiménez
Molleda, después de un careo entre Núñez de Guzmán
y el conde de Luna a cuenta del servicio votado en las Cortes de Santiago-La
Coruña, y se extendió, en forma de combate abierto, por
las plazas de San Marciel y Santa María de la Regla y por las
calles de la Ollería, Rúa Mayor y Herrería de la
Cruz. Vencidos los realistas y huido el conde de Luna a Medina de Rioseco,
los de León establecieron sin problemas la Comunidad. El cabildo
de la ciudad también se mostró partidario de la causa
comunera.
TIBIEZA EN ÁVILA
Algo más tibio resultó el levantamiento
comunero en Ávila, donde la exaltación fue obra del común
y encontró su freno más eficaz en los nobles. De hecho,
aunque los juramentados en Comunidad trataron de derribar las casas
de dos de ellos, Antonio Ponce y, sobre todo de Diego Hernández
Quiñones, procurador que había votado el servicio en las
Cortes de Santiago-La Coruña, no lo consiguieron.
DEBILIDAD EN SORIA
Débil resultó también el levantamiento
comunero en Soria, a pesar del entusiasmo inicial y de las supuestas
matanzas que refiere en su crónica Prudencio de Sandoval. Además,
cuando el 29 de septiembre se frustró la tentativa de subvertir
la ciudad en pro de las Comunidades y dos de sus promotores fueron ahorcados,
muchos huyeron. Soria, como Ávila, se mantuvo en las mismas posiciones
que Burgos, abandonando la Junta a finales de 1520 y rompiendo implícitamente
con ella a partir de enero de 1521.
SALAMANCA Y LOS MALDONADO
Salamanca, ciudad en la que el hálito comunero
prendió eficazmente desde 1519, tendrá en Francisco y
Pedro Maldonado sus líderes más destacados, y el común,
donde sobresalió sin duda el famoso pellejero Juan de Villoria,
llegó a expulsar a los caballeros de la ciudad y a incendiar
la casa del arzobispo de Santiago.
EXALTACIÓN CON RETRASO EN VALLADOLID Y PALENCIA
El incendio de Medina del Campo, en agosto de 1520,
provocará la entusiasta y no siempre pacífica adhesión
de ciudades como Valladolid, donde los comuneros quemaron varias casas
y cambiaron todos los cargos, obligando a huir a los miembros del Consejo
Real y al mismo cardenal Adriano. El fervor comunero en Palencia se
desató con el nombramiento, en agosto de 1520, de Pedro Ruiz
de la Mota como nuevo obispo; el 28 del mes siguiente, una rebelión
urbana incendió la casa del corregidor, Sebastián de Mudarra,
que se vio obligado a huir. Dos meses más tarde, una asamblea
general otorgaba plenos poderes a Gonzalo de Ayora, enviado por la Junta
y, tras una rápida recluta de soldados, los días 13 a
15 de diciembre se constituía la comunidad palentina organizada
en torno a Ayora y a su moderado capitán, Diego de Castilla.
LA SANTA JUNTA DE ÁVILA
El combate de las fuerzas de Segovia, Toledo y Madrid
a las del alcalde de Corte Rodrigo Ronquillo, enviadas expresamente
por Adriano de Utrecht para castigar los asesinatos segovianos, desató
la guerra. Para fortalecerla, Toledo convocó una Junta que denominaba
Santa por sus fines no exentos de religiosidad. Las motivaciones de
la reunión eran, básicamente, conseguir la anulación
del servicio votado en La Coruña, la vuelta al sistema de encabezamientos,
reservar cargos públicos y beneficios eclesiásticos a
los castellanos, prohibir la salida de dinero y designar a un castellano
para dirigir el reino en ausencia del rey.
La Junta se reunió el día 29 de julio
en la sacristía mayor de la Iglesia Catedral del Salvador de
Ávila; en ella dominaba el elemento popular. Dirigida por el
tundidor Pinillos, nombró presidentes a Pero Lasso de la Vega
y al deán de Ávila; a Padilla lo eligió capitán
general de las tropas comuneras. Era un poder auténticamente
revolucionario, asegura Joseph Pérez.
MEDINA DEL CAMPO, ARRASADA
Pero especial relevancia cobró, por su dramatismo
y las consecuencias derivadas a corto plazo, el tremendo incendio de
Medina del Campo, obra de las tropas imperiales, comandadas por Rodrigo
Ronquillo y Antonio Fonseca, empeñadas en conseguir que la población
les entregase su artillería.
Ocurrió el 21 de agosto de 1520. El resultado,
además de contrario al fin pretendido, fue terrorífico:
el convento de San Francisco, las calles céntricas, las casas
particulares, los monumentos, las mercancías de los comerciantes&hellip
todo lo más representativo e importante de la ciudad, para indignación
de los presentes, se lo tragaron las llamas. Entre 300.000 y 400.000
ducados se cifró el valor de lo devastado.
La furia de los viandantes no se hizo esperar. Tampoco
la de las ciudades ya amotinadas y, lo que resultaba peor para los intereses
del emperador, la de aquellas que aún permanecían en situación
dubitativa. Medina se sumó de inmediato a la revuelta y, acto
seguido, Valladolid tomó cartas en el asunto radicalizando aún
más las pretensiones revolucionarias.
TORDESILLAS, CAPITAL
La localidad vallisoletana de Tordesillas se convirtió
en capital circunstancial de la rebelión de las Comunidades cuando,
el 29 de agosto de 1520, las tropas de Juan de Padilla, al frente de
las milicias de Toledo, Madrid y Segovia, entraron en la ciudad.
La Junta comunera se estableció el 19 de septiembre.
La situación era extremadamente grave para los intereses del
emperador: la reina Juana, aclamada por muchos como la auténtica
depositaria de la Corona y, según la rumorología del momento,
mandada encerrar por su hijo para impedir que gobernase, podía
dar legitimidad a la revuelta comunera. También los líderes
de ésta cifraban en su persona las esperanzas de un mejor gobierno.
De ahí que la primera intención de los
alzados, prontamente lograda, fuera concertar una entrevista en el mismo
palacio.
La reina Juana, cautiva en la localidad, se mostró
amable con los comuneros pero no cedió a sus pretensiones de
rubricar documento alguno en contra de su hijo, el emperador Carlos
V.
MEDINA DE RIOSECO Y BURGOS, CON LOS NOBLES
Entretanto, Medina de Rioseco, feudo del almirante
de Castilla, no tardó en convertirse en el núcleo del
rearme imperial contra las Comunidades, atemorizados los nobles por
el movimiento antiseñorial que la revuelta comunera había
desatado en los pueblos. Lo hicieron, como ha escrito Joseph Pérez,
por egoísmo y por defender sus intereses, no tanto por confianza
hacia el emperador
Por su parte, el condestable de Castilla logró que Burgos, ciudad
de la que era su señor, saliese de la Junta y apoyase al bando
realista: lo consiguió el 1 de noviembre de 1520, después
de negociar con los hermanos Castro, volver a entrar en la ciudad y
prometer, a mediados de octubre, que ésta obtendría el
mercado franco de los martes de cada semana.
Además, desde el primer momento, el movimiento
comunero local habría estado controlado por los grandes mercaderes,
interesados en mantener la exportación de lanas a los mercados
del norte, actividad altamente beneficiada por el reinado de Carlos
V. A ello se sumarían los temores ante el rumbo expresamente
radical que estaban tomando los acontecimientos en el seno de la Junta
comunera.
VILLABRÁGIMA Y ADIÓS A TORDESILLAS
Lo siguiente fue un encadenamiento de errores; el bando
comunero nombró jefe a Pedro Girón, que instaló
su campamento en Villabrágima. Mientras desde el mismo amenazaba
a los nobles que aguardaban en Medina de Rioseco, el obispo Acuña
hacía naufragar cualquier tipo de conversación con un
enviado imperial: fray Antonio de Guevara, humillado, el 28 de noviembre
de 1520, en la iglesia de Santa María de Villabrágima.
Entonces aconteció lo peor. Era el 5 de diciembre
de 1520. El bando carolino, favorecido por la impericia de Girón,
entró en tromba en Tordesillas provocando la retirada comunera.
A partir de entonces, Valladolid se erigirá en capital radicalizada,
tremendamente radicalizada, de la rebelión. Enseguida, Juan de
Padilla tomó cartas en el asunto. Al frente de 1.500 hombres,
salió de Toledo y entró en Valladolid como si de un mesías
se tratara. El recibimiento fue apoteósico. Ubicada la capital
comunera en la ciudad del Pisuerga, el ejército de la Junta nombró
entonces un nuevo comité de guerra formado por Padilla, Zapata,
Pedro de Ayala y Alonso de Saravia.
TIERRA DE CAMPOS, ASOLADA POR ACUÑA
A su vez, entre los meses de enero a marzo de 1521,
la comarca de Tierra de Campos resultó asolada por el obispo
Acuña. Su misión no era otra que conseguir fondos para
la causa comunera. Acompañado de 4.000 peones y 400 lanzas, estableció
su cuartel general en Dueñas y enseguida pasó a Palencia;
su llegada contribuyó a solidificar el levantamiento comunero
en la capital palentina y generó un impactante movimiento antiseñorial
que atemorizó sobremanera a los nobles y terminó por decantarlos,
de manera definitiva, del lado imperial.
Los saqueos de Acuña tuvieron lugar en localidades
como Frechilla, Fuentes de Valdepero, Becerril, Paredes, San Cebrián,
Cervatos, Carrión, Villalcázar, Piña, Amusco, Támara
y Astudillo, Magaz, Villamuriel, Tariego, Cordobilla, Frómista,
etcétera.
AMPUDIA A GOLPES
Mientras eso ocurría, Ampudia era escenario
de una lucha tenaz. Tomada en un primer momento -11 de enero de 1521-
por los imperiales Francés de Beaumont y Pedro Zapata, Padilla
y Acuña no tardaron en planificar la conquista.
Para ello se reunieron en el castillo de Trigueros
del Valle, desde el que se lanzaron a la revancha. Huidos Beaumont y
Zapata, tomaron Ampudia el día 19. Padilla, aprovechando la ocasión,
salió raudo en dirección a la localidad de Torremormojón
para dar caza a los huidos. Asoló la localidad pero estos lograron
escapar.
TORRELOBATÓN, ÚLTIMO DESTELLO
El último destello de brillantez comunera tuvo
lugar en Torrelobatón. La campaña la preparó a
conciencia Juan de Padilla en febrero de 1521. Torrelobatón era
propiedad del almirante de Castilla, y su situación estratégica,
en la línea que une Valladolid, Medina de Rioseco y Tordesillas,
se antojaba decisiva para avanzar en los intereses de la Comunidad.
Tras tres días de duro asedio, Padilla se hizo con la localidad
el 29 de febrero de 1521.
DERROTA EN VILLALAR
El bando realista, reforzado por el apoyo de los nobles
y comandado por el condestable y el almirante de Castilla, se apresuró
a dar caza al ejército comunero que, liderado por Padilla, salió
de Torrebolatón en dirección a Toro. Lo componían
un total de 6.000 hombres, entre ellos 400 lanzas y 1.000 escopeteros.
Les dieron alcance el 23 de abril de 1521, en una campa
próxima a la localidad vallisoletana de Villalar, en el lugar
denominado Puente de Fierro, sobre el arroyo de los Molinos, un terreno
muy pegajoso y fangoso. Los capitanes comuneros fueron conducidos primero
a la fortaleza de Villalba, y luego a Villalar. Los ejecutaron el 24
de abril de 1521. Las cabezas de los tres capitanes fueron clavadas
en picas y expuestas en garfios en la punta del Rollo de la localidad.
La derrota infligida a los comuneros supuso el fin
de la organización política revolucionaria. Con todo,
la revuelta comunera siguió en pie en Toledo, liderada por el
obispo Acuña y, sobre todo, por María de Pacheco, mujer
de Juan de Padilla. La caída definitiva de esta ciudad en manos
imperiales tuvo lugar el 3 febrero de 1522.
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20-05-10
- Una baraja de cartas reproduce la "Guerra de las Comunidades
de Castilla"
Toledo, 19 may (EFE).- La Guerra de las Comunidades
de Castilla, el levantamiento armado de los comuneros a comienzos del
reinado de Carlos I, ha sido reproducida en una baraja de naipes con
el objetivo de convertirse en una herramienta didáctica y lúdica.
Así lo ha explicado esta tarde en Toledo, durante
la presentación pública de la baraja, su propio inventor,
César Benito.
Estos naipes recogen los principales hechos de la Guerra
de las Comunidades de Castilla, desde la convocatoria a Cortes en La
Coruña hasta el perdón general de Carlos I una vez sofocada
la revuelta el 16 de julio de 1522.
En medio, recoge otros momentos como el asedio de Toledo,
el incendio de Medina del Campo o el ajusticiamiento de los capitanes
comuneros Juan de Padilla y Francisco Maldonado.
La estructura de las cartas se divide en los cuatro
palos de la tradicional baraja española -oros, copas, espadas
y bastos-, ha dicho su autor, quien ha precisado que los ases representan
a los estamentos sociales del momento, de forma que la alta burguesía
se representa con el as de oros, el clero con el de copas, el del pueblo
con el de espadas y la nobleza con el as de bastos.
"Nos hemos permitido la licencia de que las espadas
representen al pueblo, que fue quien luchó, y los bastos a la
nobleza porque dieron muchos palos, al contrario de lo que sería
habitual", ha explicado Benito.
Los personajes relevantes del bando comunero aparecen
en las figuras, mientras que las cartas del dos al siete representan,
en los oro, los momentos políticos determinantes; en las copas,
los acontecimientos relevantes; en las espadas, los oficios del pueblo;
y en los bastos, las batallas y acciones militares.
"Hemos recogido todo lo que hemos podido",
ha señalado Benito, quien ha apostillado que la baraja ha tenido
una gran acogida en Castilla y León, donde se presentó
el pasado mes de abril.
Las ilustraciones las ha realizado Ana Lorenzo, mientras
que la historiadora Ana Amor se ha encargado de aportar rigor histórico
a las cartas y Asis González ha llevado a cabo el diseño.
"Hemos querido buscar referencias históricas
que nos recordaran en cada momento el acontecimiento histórico
referido, tanto en las ilustraciones como en el diseño",
ha subrayado Benito.
El proyecto ha sido promovido por la Asociación
Cultural Castilla Nova, de Toledo; la Asociación para el Desarrollo
Integral de Castilla (ADIC), de Palencia, y la Asociación Castellana
para el Estudio y la Promoción de Iniciativas de Desarrollo,
de Burgos. EFE
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