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INCENDIO DE MEDINA DEL CAMPO

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Incendio de Medina del Campo: El pueblo de Medina del Campo se opuso durante la guerra de las Comunidades, a entregar a Fonseca y a sus 1.200 lanzas y 200 escopeteros, el Artillería.

Palacio Real Testamentario, Casa del Cabildo o de los Arcos y Casa Consistorial.
Palacio Real Testamentario, Casa del Cabildo o de los Arcos y Casa Consistorial.

Fonseca amenazó con meter a fuego y a sangre a la Villa, solicitando éste como mediador a Alonso de Quintanilla y al corregidor, Gutiérrez Quijada, pasándose gran parte del día en las negociaciones.

Tras el fracaso de éstas, Fonseca decidió entrar por la fuerza en Medina por el río Zapardiel abajo, entrando por las Cuatro Calles unos y otros por la calle de San Francisco, siendo una lucha cruenta habiendo muertes por ambos bandos.

Maldonado nos dice que el resultado fue epopéyico, por el valor heroico mostrado por hombres y mujeres medinenses.

El 21 de agosto de 1.520, martes, algunos capitanes, Ronquillo y Gutiérrez Quijada, mandados por Fonseca prendieron fuego a la Villa por las partes más habitadas, destruyendo todos los archivos que hasta entonces existían en Medina de su anterior época.

Según Mejía, fueron la gente mandados por Antonio de Fonseca, sin estar seguros, quienes pusieron fuego a ciertas casas cerca de la plaza.

Santa Cruz dice que los Fonseca pusieron fuego por muchas partes y Sandoval, que Fonseca pensó engañar a los vecinos con fuego arrojando unas alcancías con contenido de alquitrán encendido por la calle de San Francisco, sin pensar que el resultado fuera tan vandálico y catastrófico, retirándose a Arévalo, tras el pavosoro incendio, por la cuesta de San Cristóbal, con dirección a Tordesillas sin poder continuar, no le admitieron, volviendo a Arévalo triste y afectado, justificándose posteriormente diciendo que él no mandó poner fuego, incluso ordenó atajarlo, permitiendo así que los vecinos de Medina pudieran apagar el fuego.

Anglería comparó el incendio de Medina con el de Troya. Fonseca fue procesado por la Junta junto con los máximos responsables del incendio, Ronquillo y Gutiérrez Quijada.

Se quemó el convento de San Francisco, y los privilegios de Medina que tenía en él.

Se quemaron las calles de San Francisco, La Rúa, la calle del Pozo, la mitad de las Cuatro Calles, la mitad de la calle de Segovia, la mayor parte de la Plazuela de San Juan, una acera de la calle de Diego Ruiz de Montalvo, la calle de la Plata y casi toda la Plaza Mayor, parte del Palacio Real, la mitad de la calle del Almirante, la Rinconada, la calle de Ávila, la iglesia de Sahagún, etc.

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Cartel conmemoración del 488 aniversario de la

13-08-08 - Con motivo del 488 aniversario de la "Quema de Medina", el proximo día 21 de Agosto en la Plaza de Segovia a partir de las 9 de noche, lo conmemoraremos con la celebración de un festival de música castellana con los siguientes actuaciones:

 
- Dulzainero "Floro" de Sardon de Duero
  - Coral "Voces de Villanueva" de Villanueva de Duero
  - Grupo Folk "Los Remeros de Zapardiel" de Foncastin.

Acompañamos documento sobre la memoria historica de esta celebración y os agradecemos vuestra acogida.

    Manuela Burgos 619307033
    José Luis Sánchez 677154202

Celebración del 488 aniversario de la " QUEMA DE MEDINA. 1520"

El incendio de Medina del Campo provocado por parte de las tropas reales, va a convertirse en un factor clave en la revolución comunera. Un clamor en contra del rey se va a extender por toda Castilla, la adhesión de numerosas ciudades al movimiento comunero es el resultado de una acción que avivó las llamas comuneras.

El verano de 1520 en Medina del Campo va siendo cada día más complejo, por una parte la villa se había mostrado intranquila por el desarrollo de sus ferias de mayo, aunque el cardenal-regente siempre se había mostrado prudente y de acuerdo a que se celebrasen dichas ferias tranquilamente, veía que si Medina tomaba el partido de las ciudades rebeldes, el rey se vería en una postura muy delicada. Por otra parte la situación en el interior de la villa era cada vez más inestable, si bien el concejo y los caballeros daban pruebas de lealtad a favor del rey; muchas voces se van uniendo a favor de las ciudades levantadas, los mercaderes por el temor que les inspira Ronquillo y las clases populares inspiradas por la actitud rebelde de Segovia y Toledo. A finales de julio el cardenal-regente había pensado en utilizar el parque de artillería que se encontraba en Medina contra la ciudad de Segovia, aunque esta acción le costase el levantamiento de la villa de las ferias.

Los acontecimientos que se van a desarrollar en el mes de agosto en Castilla y en particular en Medina, supone de hecho la consolidación del movimiento comunero. A principio de mes se constituye de manera formal la Santa Junta de ciudades en Ávila, preparándose una expedición al mando de Padilla, para socorrer a Segovia sitiada por las tropas reales. La alarma crece en el bando real, Ronquillo y Fonseca al mando del ejército real se instalan en Arévalo para impedir la llegada de este ejército a Segovia. El día 19 reciben la orden del Consejo Real para ir a Medina a tomar la artillería y emplearla contra el ejército de Padilla y Segovia.

El martes 21 de agosto de 1520 con las primeras luces, Fonseca y Ronquillo al mando del ejército real compuesto por 2.000 personas se encuentran ante Medina, pidiendo la artillería que se encontraba en la villa por orden del Consejo Real. En la villa se forman dos bandos: el corregidor y algunos caballeros están a favor de entregarla, pero el pueblo estaba totalmente en contra porque se pensaba que se iba a utilizar contra Segovia, ciudad hermanada por las ferias. Después de sendos pregones pidiendo la artillería -so pena de declararles traidores- y cuatro horas parlamentando entre la villa y las tropas reales, Fonseca decide entrar por la fuerza en la villa -a sangre y fuego-; mientras los medinenses han puesto en la Plaza Mayor las piezas artilleras al mando del comendador Luis de Quintanilla, apuntando hacia las principales bocacalles.

El primer intento de las tropas reales por entrar en Medina cuenta con la oposición de los medinenses cercando y bloqueando las calles de acceso, Fonseca manda que se incendien algunas casas, para de esta forma distraer a la población y poder capturar las piezas de artillería. Con la ayuda del corregidor Quijada, sus tenientes y algunos caballeros, proceden a incendiar una casa en la calle de San Francisco, así como en otros dos lugares más, extendiéndose el fuego con una gran rapidez hacia el resto de edificios y calles.

Ardió la zona comprendida entre el río Zapardiel y la Plaza Mayor y desde las Cuatro Calles hasta la calle Ávila, entre 700 y 900 casas se quemaron ese día. Pero lo más importante era que se habían quemado los almacenes donde los mercaderes tenían depositados sus productos, caso del convento de San Francisco lleno de mercaderías, con la gran pérdida que ello suponía para el futuro inmediato de las ferias.

Fonseca y Ronquillo abandonan Medina sin conseguir la artillería con la cual poder atacar al ejército de Padilla y la ciudad de Segovia, el ejército real es licenciado por orden del cardenal-regente y su gente huye e incluso se refugian en conventos e iglesias. Sus jefes parten en dirección a Flandes pasando por Portugal.

La situación en Medina a partir de ese momento es caótica el pueblo busca venganza en los culpables; al día siguiente el concejo se reúne para evaluar los daños del incendio, el pueblo irrumpe en la reunión al grito de traidores , matando al regidor Gil Nieto al que consideraban más culpable, muchos caballeros abandonan Medina y algunos otros se unen a los comuneros siendo sus jefes. Con la llegada de las tropas comuneras al mando de Padilla, Bravo y Zapata el día 24 la situación se calma.

El incendio de Medina del Campo va a destrozar la poca reputación del Consejo Real y del cardenal-regente que aún gozaban. Valladolid, Burgos y otras muchas ciudades castellanas se van a unir a la causa comunera cuando se enteran del incendió medinense. Medina intenta reanudar su vida normal cuanto antes. Las ferias era la mejor cosa del mundo y de la celebración de ellas dependía su futuro. Una de las primeras medidas de la Santa Junta es la orden de pregonar el seguro de la próxima feria de octubre por las ciudades del reino, aunque la villa se encontraba semidestruida y quemada esto no debería ser impedimento para que se dejara de celebrar en ella sus grandes ferias.

Los presagios del cardenal-regente se cumplen, Medina pasa a ser un lugar de reagrupamiento de las fuerzas comuneras, además de contribuir económicamente al sostenimiento de la causa. La Santa Junta se asienta en Medina del 16 al 19 de septiembre, la reunión celebrada el día 15 marca el final y tabla rasa de todos los alborotos y asesinatos cometidos tras el incendio. En adelante, nadie deberá tomarse la justicia por su mano.

La reconstrucción de Medina va a ser larga y lenta, según una relación de daños hecha por el concejo: entre edificios destruidos y mercancías y enseres quemados podía ascender las pérdidas a 3 millones de maravedís. Sus ferias se verán reconocidas a nivel internacional, siendo la época de esplendor este siglo XVI que acaba de comenzar.

La gratitud de Segovia hacia la gesta de Medina se advierte en la carta que escribió a Medina el 24 de agosto de 1520: “… También sabemos que no fue otra la ocasión de su quema, sino porque no quiso dar la artillería para destruir a Segovia… Pero tened, señores, por cierto, que pues Medina se perdió por Segovia: o de Segovia no quedará memoria, o Segovia vengará la injuria de Medina. Hemos sabido que peleasteis contra Fonseca, no como mercaderes sino como capitanes; no como desapercibidos sino como desafiados; no como hombres flacos sino como leones fuertes… Nosotros conocemos que según el daño que por nosotros, señores habéis recibido, muy pocas fuerzas hay en nosotros para satisfacerlos…Pero desde aquí decimos… que todos los vecinos de Medina libremente se aprovechen de los pinares de Segovia, cortando madera para hacer sus casas. Porque no puede ser cosa más justa, que pues Medina fue ocasión de que no se destruyese con la artillería Segovia, que Segovia dé sus pinares con que se repare Medina…”.

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Con el intervalo de los años la celebración de este suceso cae en el olvido, en 1922 el Ayuntamiento de Medina del Campo decide hacer una comida de hermandad con la ciudad de Segovia, se va a celebrar el 7 de septiembre en la fonda de la estación, con la asistencia de los alcaldes de Medina y Segovia.

En el año 1980, con el retorno de los ayuntamientos a la democracia, una comisión de peñas medinenses, formada entre otras, por los Marchosos, la Boina y los Golfos, organizan el día 21 de Agosto en la explanada del Castillo de la Mota, un festival de música castellana, con la actuación de los grupos folk: Tierra Seca y Arcaduz, el cantautor Jaime Lafuente y un grupo de coros y danzas de Valladolid, además de otras actividades para los menores. Al finalizar los actos se da lectura a un Manifiesto con la presencia de los alcaldes de Segovia y Medina del Campo.

Una vez más, esta celebración no tuvo continuidad, y no es hasta comienzos de este siglo, cuando un colectivo de personas independientes con el nombre de A.C. Hacia Medina del Campo, deciden celebrar este día. En el mesón “La Taberna” situada en la Plaza de Segovia de Medina del Campo y a los sones de la música castellana, se degustan los productos y vinos de nuestra tierra y se bailan las clásicas jotas castellanas.

Por fin, esta celebración continúa todos los años posteriores con la ampliación a otros bares, y es por último el 21 de Agosto de 2007 en el escenario de la plaza Segovia con la actuación del dulzainero “Floro” y el grupo de música folk, “Los Remeros del Zapardiel” cuando adquiere la consistencia necesaria para que se celebre la hermandad entre los pueblos de Segovia y Medina del Campo.

Queremos que esta historia no se quede en el olvido, por eso deseamos que todos los años por el 21 de Agosto, se celebre esta fraternidad con la actuación de grupos musicales de Segovia y de Medina y otras actividades.

Merece la pena.

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21-08-08 - Medina recuerda la quema de la villa por las tropas de Carlos V en 1520 - P. G. | MEDINA DEL CAMPO

El 21 de agosto de 1520 el capitán general de Castilla, Fonseca, con un ejército de dos mil soldados recibió la orden del Consejo Real de apoderarse de los cañones que los comuneros tenían en su poder en Medina del Campo. Para poder llevar a cabo su misión, Fonseca ordenó quemar la ciudad. Un día más tarde, el 22 de agosto, con las tropas imperiales todavía en la ciudad, los medinenses descuartizaron en la calle al regidor Gil Nieto.

900 casas quemadas

488 años después, la Asociación Comunera 'Hacia Medina del Campo', en colaboración con el Ayuntamiento de la localidad, rememorará aquel episodio del levantamiento de las Comunidades contra el emperador Carlos V, que provocó el inicio del declive de las ferias de Medina y en el que más de 900 casas y todos los almacenes de los mercaderes de la villa desaparecieron bajo la llamas, con la celebración de un festival folk.

Como explicó ayer Manuela Burgo, portavoz de la asociación comunera de Medina, este festival servirá «para dar a conocer a todo el mundo la valentía que mostraron muchos medinenses en esa época al oponerse al poder establecido».

En la plaza de Segovia

La Plaza de Segovia se convertirá hoy, a las 21.00 horas, en el escenario perfecto, «ya que la ciudad de Segovia, que estaba hermanada con Medina del Campo, la apoyó en este suceso». Tras la lectura de un documento sobre la memoria histórica de esta celebración, actuarán el dulzainero 'Floro' de Sardón de Duero; la coral 'Voces de Villanueva' de Villanueva de Duero, y el grupo folk 'Los Remeros de Zapardiel' de Foncastin.

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21-8-08 -Programa de actividades para la conmemoración de “ LA QUEMA DE MEDINA”

El 21 de agosto de 1520, las tropas del Rey Carlos l entran en Medina con el fin de que les diéramos las piezas de artillería para atacar Segovia. Los medinenses se lo negaron y esto dio lugar a que se produjera un enfrentamiento en el cual los soldados incendiaron unas casas y eso provocó un gran incendio. Nuestra ciudad demostró tener la valentía suficiente para defender los principios en los que creían y provocar con su gesto el levantamiento de ca si toda Castilla, principalmente Valladolid.

Desde la Concejalía de Educación y Cultura lo que pretendemos es conmemorar, no el hecho en sí de la guerra de las comunidades, si no honrar y recordar a aquellos ciudadanos medinenses por su ejemplar actuación ante unas circunstancias tan difíciles y complicadas, demostrando así su hermandad con los ciudadanos de Segovia.

Las actividades que se van a realizar son:

•  El día 21 de agosto a las 20,30 h. tendrá lugar en la Plaza de Segovia un festival de músi ca Folk., con la actuación del grupo folk Los Remeros del Zapardiel, la Coral de Villanueva de Duero y el dulzainero Floro, de Sardón de Duero.

Queremos dar las gracias al colectivo local AC “Hacia Medina del Campo” por la organización de este festival.

•  Del 21 al 24 de agosto podrán asistir en el Castillo de la Mota a unas visitas guiadas al entorno, exterior e interior del castillo cuya temática es “Incendio de Medina del Campo en la Guerra de las Comunidades”, realizándose pases a las 11:00, 13:00 y 16:00 horas.

•  El día 26 se llevará a cabo un taller en el Palacio Real Testamentario para niños de 8 a 12 años. El horario que tendrá será de 11:00 a 13:30.

•  Del 13 al 19 de septiembre seguiremos realizando visitas y actividades relacionadas con la guerra de las comunidades.

El 13 se realizará un taller para niños denominado “La Medina de Padilla”, esta actividad se llevará a cabo en horario de 11:00 a 13:00 para niños de 8 a 12 años.

Los días 13,14,18 y 19 de septiembre en el Castillo de la Mota, visita guiada cuya temática es “Medina en tiempos de Padilla”. Los días 15 y 16 a las 12:00 horas las visitas tendrán lugar en el Palacio Real Testamentario.

Agradecer a la empresa gestora del Palacio Real Testamentario por la organización y colaboración en la realización de estas actividades.

Oficina Municipal de Turismo: 983-811357.
Palacio Real Testamentario: 983-810063.

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Antonio de Fonseca

AQUÍ YACE ANTONIO DE FONSECA, VARÓN TAN INSIGNE EN PIEDAD COMO ESCLARECIDO EN DIGNIDAD Y EN HECHOS, EL CUAL SIENDO YA DE EDAD AVANZADA ACABÓ FELIZMENTE LA VIDA TRONCÁNDOLA POR OTRA MÁS FELIZ, EL DÍA 27 DE AGOSTO DEL AÑO 1532.

Fue cuarto señor de Coca, era hermano del obispo de Burgos y medio hermano de Alonso de Fonseca y Avellaneda. Fue llamado "El valeroso". Asistió a toda la guerra de Granada, y en el último asedio llegó a la puerta de ELVIRA de aquella ciudad y clavó en ella el AVE MARÍA. En Agosto de 1520, y con motivo de la guerra de las comunidades, pasaría a ser uno de los personajes más famosos de la historia de España, y todo debido al suceso de la quema de Medina del Campo. Fue Capitán General del Reino. Finaliza la reedificación de la actual iglesia y es el que encarga los sepulcros de su familia. Isabel la Católica le deja como uno de sus testamentarios.

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09-04-10 - Acto homenaje comunero en Segovia a Medina x Izquierda Castellana :: Más articulos de esta autora/or: Más artículos Este sabado 10 de abril a 19h en la plaza de Medina, en Segovia, tendrá lugar un homenaje comunero a la solidaridad y en especial al pueblo de Medina del Campo.

Habra pasacalles con musica popular castellana, concierto de Free Folk, acto politico y tapeo.

Organizado por COMUNER@S

Apoya: Izquierda Castellana

ver : construyendocastilla.org

Sera un homenaje a los hombres y mujeres de aquella villa castellana,Medina del Campo, en conmemoración a los acontecimientos de La Quema de Medina durante la Revolución Comunera.

Vivimos momentos en los que estamos sintiendo con dureza las consecuencias de la crisis económica, y la situación en Segovia es especialmente grave.

Estos días hemos conocido la cifra de personas paradas registradas en las oficinas de empleo de Segovia, que roza ya las 10.000. Desde Segovia de Izquierdas se ha venido denunciando el progresivo desmantelamiento industrial que sufrimos, como es el caso del cierre de La Choricera, que viene a añadirse a la larga lista de empresas que han cesado su actividad en los últimos tiempos (Santa Teresa, Idensa, Yakazi, Arévalo e Hijos, Klein, G5, FEMSA, Alena, Pesquisa…)

Las que aún se mantienen están aplicando drásticas reducciones de personal, como TRAGSA o La Fábrica de Vidrio en La Granja. A lo que hay que añadir la situación de absoluto abandono en que se encuentran la agricultura y la ganadería.

Durante años, las instituciones y los responsables políticos han venido apostando claramente por el modelo especulativo del ladrillo, que se ha extendido de forma irracional por toda la sierra, llenando algunos bolsillos y causando graves daños al territorio: tod@s conocemos los planes urbanísticos de La Granja o de Palazuelos “de Marbella”, o los faraónicos proyectos de Segovia 21, Segovia 2016, el Circulo de las Artes y las Tecnologías, las Segópolis, etc.

La realidad segoviana es muy parecida a la de otras localidades castellanas, como puede ser el caso de Medina del Campo: nos estamos convirtiendo en un territorio sin sector productivo, sin industria, con una agricultura y una ganadería en reconversión y en proceso de desaparición, lo que nos hace enormemente dependientes del sector servicios y del insostenible crecimiento inmobiliario. Una tierra en la que el paro golpea con dureza, en la que la juventud lo tiene difícil para labrarse un futuro sin tener que emigrar y en la que el mundo rural se viene abajo día a día.

Partiendo de esta realidad, es evidente que tanto en Segovia como en el conjunto de Castilla la crisis y su gestión nos están afectando y nos van a afectar de una forma especialmente grave.

La actual crisis económica es una crisis del sector privado, en especial del sector financiero. Y las políticas de contención de la crisis, en lugar de estar dirigidas a mejorar la calidad de vida de la gente, están consistiendo esencialmente en un gran intervencionismo desde el sector público para salvar al gran sector privado de su endeudamiento. Este plan de rescate únicamente está teniendo en cuenta al sector financiero y a las grandes empresas, mientras que al sector autónomo y a la pequeña empresa se le ha abandonado absolutamente a su suerte.

Y como la intervención se está haciendo con dinero público, el dinero de tod@s, aquel que pagamos con nuestros impuestos, esta política económica tiene fecha de caducidad, ya que ha elevado el gasto hasta niveles insostenibles. Por ese motivo, desde el Gobierno, la patronal y las dóciles cúpulas sindicales de CCOO y UGT, se están sentando las bases para una nueva política económica que logre mantener los beneficios del gran capital reequilibrando a su vez las cuentas públicas, todo ello a costa de las clases populares. Mientras se prepara una futura reforma laboral, no les está temblando el pulso a la hora de disminuir el gasto público con finalidad social, ni están vacilando a la hora de aumentar las cargas impositivas sobre las clases trabajadoras, ni a la hora de recortar y precarizar la política de empleo público, ni a la hora de amenazar con un aumento en la edad de jubilación.

Por estos motivos nos encontraremos en Segovia haciendo ondear los pendones morados.

Porque no podemos permitir que la gestión de la crisis se lleve a cabo degradando nuestra calidad de vida y nuestros derechos, porque es evidente que el tipo de proyecto y de modelo de desarrollo que se tiene diseñado para el conjunto de territorios castellanos desde las altas esferas responde a intereses ajenos a los de la mayoría social, y porque se hace urgente y necesario construir un proyecto alternativo que responda a nuestras necesidades reales.

A esta tarea estamos llamad@s tod@s los castellanos y las castellanas. Y el encuentro comunero en Segovia es un paso más en el camino que tenemos por delante.

La lucha de l@s comuner@s forma parte de nuestra memoria histórica colectiva, y en momentos como los actuales, es necesario tenerla en cuenta. En un momento histórico en el que comenzaba a levantarse el proyecto imperial de Carlos V, l@s comuner@s tomaron conciencia de las consecuencias que iba a suponer para el pueblo castellano, y en un ejercicio de responsabilidad social, se decidieron a defender con firmeza un proyecto alternativo, ajustado a las necesidades reales del común del pueblo.

Dentro de aquel proceso de lucha, los acontecimientos de Medina del Campo suponen todo un ejemplo de solidaridad y compromiso entre las villas y ciudades castellanas. Las tropas imperiales asediaban Segovia, y el pueblo de Medina les negó su armamento, pagando un enorme precio por ello: la quema de sus casas y sus posesiones. La solidaridad hacia Segovia también llegaría desde otras ciudades castellanas, como Toledo, Salamanca o Madrid.

Por ese motivo, desde hace varios años y gracias a la iniciativa de la Asociación Comunera “Hacia Medina del Campo”, viene celebrándose en aquella localidad castellana la conmemoración de La Quema de Medina. Y en esta ocasión, l@s comuner@s segovian@s han decidido corresponder a aquella iniciativa rindiendo el homenaje en Segovia.

La Quema de Medina es un ejemplo de compromiso y solidaridad, compromiso comunero y solidaridad entre castellan@s, muy necesarias para hacer frente a los retos del momento.

¡Las comuneras y los comuneros del siglo XXI miramos al pasado, pero lo hacemos con ansias de futuro!

¡Construyamos un futuro de dignidad y justicia social para nuestros pueblos, ciudades y comarcas!

¡Construyamos un futuro en el que nadie sea mas que nadie y en el que Castilla y l@s castellan@s tengamos voz propia!

Ver También:

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25-04-10 - Convulsión comunera en Castilla y León

  • El 23 de abril de 1521 vio el final de un intento frustrado de cambio
  • Ruta de la revuelta comunera
  • Ciudades que lucharon en uno y otro bando

Pintura del siglo XIX de Manuel Picolo López, donde refleja el desarrollo de la batalla de Villalar.
Pintura del siglo XIX de Manuel Picolo López, donde refleja el desarrollo de la batalla de Villalar.

Un 23 de abril, pero de 1521, la campa de Villalar fue testigo no de una alegría desbordante, como lo es hoy en día, sino el final triste de una ilusión: la que, capitaneada por Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco de Maldonado, pudo haber cambiado el devenir político del país.

La inquina hacia el nuevo monarca -Carlos V- y su pretensión de cobrar un nuevo impuesto para satisfacer los gastos imperiales fue la gota que colmó el vaso de una paciencia castellana a punto de desbordarse desde tiempo atrás. La ruta de la revuelta comunera toca de lleno las tierras que conforman hoy la Comunidad Autónoma de Castilla y León.

ARRANQUE VIOLENTO EN SEGOVIA

Iniciada en Toledo por Padilla y compañía, la revuelta comunera adquirió tintes especialmente violentos en Segovia, donde aquel 29 de mayo resultaron asesinados Rodrigo de Tordesillas, procurador que votó a favor del impuesto en las Cortes de Santiago-La Coruña, Roque Portalejo y Hernán López Melón.
El cronista Sandoval da cuenta del episodio: «acusado de la traición con que ha andado (&hellip) le llevaron arrastrando por las calles, dándole grandes empujones y golpes en la cabeza con los pomos de las espadas... y cuando llegó a la horca ya medio ahogado de la soga que de él tiraba, le ataron por los pies y le pusieron (&hellip) los pies arriba y la cabeza abajo» junto a las otras dos víctimas.

Los amotinados nombraron nuevas autoridades en forma de Comunidad. De inmediato, Juan Bravo se erigió en líder del movimiento. Lo primero que hicieron fue contener, junto a tropas llegadas de Madrid, Toledo y otras ciudades, a las fuerzas del alcalde de Corte Rodrigo Ronquillo, enviadas expresamente por Adriano de Utrecht para castigar los asesinatos; de hecho, las impidieron la entrada y las obligaron a retirarse hacia Arévalo.

BURGOS SE AMOTINA

Violento resultó también, en un primer momento, el amotinamiento burgalés, si bien la ciudad del Arlanza cambiará luego de bando, erigiéndose, por ello mismo, en factor clave de la victoria imperial. El 10 de junio de 1520, cuando el regidor decidió convocar una reunión en la capilla de Santa Catalina de la Catedral para desmentir la propaganda contraria a las Cortes de Santiago-La Coruña, la multitud, enfurecida contra los representantes García Ruiz de la Mota y Juan Pérez de Cartagena y alentada por el espadero Juan y el sombrerero Bernardo Roca, se amotinó en su contra, le increpó y forzó su huida. El saqueo de las propiedades no se hizo esperar: los amotinados incendiaron la casa del procurador Garci Ruiz de la Mota, hermano del obispo Mota, fiel aliado del emperador, pero también las de Diego de Soria, Juan Pérez de Cartagena, Francisco Castellón y la de más de un recaudador de impuestos.

Peor suerte corrió el ciudadano de origen francés Giofredo Garci Jofré de Cotannes, aposentador real que se había hecho conceder por los flamencos la fortaleza de Lara en medio de la oposición generalizada de la ciudad: además de incendiar su casa, le apresaron después de huir y refugiarse en la iglesia de Atapuerca. No les importó a los amotinados que llevase en sus manos el Santísimo: de un golpe se lo arrebataron, uno le dio una puñalada en el costado, otro le dividió el cráneo de un hachazo y un tercero le echó una soga al cuello.

Aunque ya muerto, su cuerpo continuó recibiendo estocadas y, a decir de Sandoval, al final «le trajeron arrastrando por las calles y lo ahorcaron, colgándole de los pies y la cabeza abajo». Incluso, como refiere Mexía, «atravesado con mil heridas, fue colgado y luego entregado en manos de los niños para que lo arrastrasen».

ZAMORA SE REBELA

También en mayo de 1520, la llama comunera prendió en Zamora, instigada por la influencia de Pero Lasso de la Vega, quien, en su trayecto hacia Gibraltar, donde había sido confinado por orden del Rey, se hospedó en el zamorano convento de San Francisco junto a Pedro de Ayala. Ambos incitaron la rebelión, sobresaliendo en un primer momento Juan de Porras y Juan de Mella. El día 30, Zamora se lanza en masa contra los procuradores Bernardino de Ledesma y Francisco Ramírez, que acaban de votar el servicio en La Coruña. Ambos tienen que refugiarse, por el momento, en el monasterio de Santa Marta, mientras la multitud intenta quemar sus casas.

Calmada la multitud por el conde de Alba de Liste, Diego Enríquez de Guzmán, los dos procuradores fueron condenados a perder la hidalguía y la multitud quemó dos estatuas suyas en la Plaza Mayor, en recuerdo de la traición, con sus nombres grabados.

COMUNEROS LEONESES

Pero Lasso de la Vega también incitó los ánimos comuneros en León. Aquí el conflicto ciudadano se saldó con un duro enfrentamiento entre las dos grandes familias, los Quiñones y los Guzmanes, representadas ambas, respectivamente, por el procurador, Francisco Fernández de Quiñones, conde de Luna, y el regidor, Ramiro Núñez de Guzmán, señor del condado del Porma y de la villa de Toral, famoso comunero que contaba con el apoyo mayoritario de los leoneses.

Aunque el familiar de este último, Juan Ramírez, consiguió contener los ánimos, evitando que la situación degenerase en una rebelión abierta, la lucha ciudadana no tardó en hacer acto de presencia. Sucedió, según Eloy Díaz-Jiménez Molleda, después de un careo entre Núñez de Guzmán y el conde de Luna a cuenta del servicio votado en las Cortes de Santiago-La Coruña, y se extendió, en forma de combate abierto, por las plazas de San Marciel y Santa María de la Regla y por las calles de la Ollería, Rúa Mayor y Herrería de la Cruz. Vencidos los realistas y huido el conde de Luna a Medina de Rioseco, los de León establecieron sin problemas la Comunidad. El cabildo de la ciudad también se mostró partidario de la causa comunera.

TIBIEZA EN ÁVILA

Algo más tibio resultó el levantamiento comunero en Ávila, donde la exaltación fue obra del común y encontró su freno más eficaz en los nobles. De hecho, aunque los juramentados en Comunidad trataron de derribar las casas de dos de ellos, Antonio Ponce y, sobre todo de Diego Hernández Quiñones, procurador que había votado el servicio en las Cortes de Santiago-La Coruña, no lo consiguieron.

DEBILIDAD EN SORIA

Débil resultó también el levantamiento comunero en Soria, a pesar del entusiasmo inicial y de las supuestas matanzas que refiere en su crónica Prudencio de Sandoval. Además, cuando el 29 de septiembre se frustró la tentativa de subvertir la ciudad en pro de las Comunidades y dos de sus promotores fueron ahorcados, muchos huyeron. Soria, como Ávila, se mantuvo en las mismas posiciones que Burgos, abandonando la Junta a finales de 1520 y rompiendo implícitamente con ella a partir de enero de 1521.

SALAMANCA Y LOS MALDONADO

Salamanca, ciudad en la que el hálito comunero prendió eficazmente desde 1519, tendrá en Francisco y Pedro Maldonado sus líderes más destacados, y el común, donde sobresalió sin duda el famoso pellejero Juan de Villoria, llegó a expulsar a los caballeros de la ciudad y a incendiar la casa del arzobispo de Santiago.

EXALTACIÓN CON RETRASO EN VALLADOLID Y PALENCIA

El incendio de Medina del Campo, en agosto de 1520, provocará la entusiasta y no siempre pacífica adhesión de ciudades como Valladolid, donde los comuneros quemaron varias casas y cambiaron todos los cargos, obligando a huir a los miembros del Consejo Real y al mismo cardenal Adriano. El fervor comunero en Palencia se desató con el nombramiento, en agosto de 1520, de Pedro Ruiz de la Mota como nuevo obispo; el 28 del mes siguiente, una rebelión urbana incendió la casa del corregidor, Sebastián de Mudarra, que se vio obligado a huir. Dos meses más tarde, una asamblea general otorgaba plenos poderes a Gonzalo de Ayora, enviado por la Junta y, tras una rápida recluta de soldados, los días 13 a 15 de diciembre se constituía la comunidad palentina organizada en torno a Ayora y a su moderado capitán, Diego de Castilla.

LA SANTA JUNTA DE ÁVILA

El combate de las fuerzas de Segovia, Toledo y Madrid a las del alcalde de Corte Rodrigo Ronquillo, enviadas expresamente por Adriano de Utrecht para castigar los asesinatos segovianos, desató la guerra. Para fortalecerla, Toledo convocó una Junta que denominaba Santa por sus fines no exentos de religiosidad. Las motivaciones de la reunión eran, básicamente, conseguir la anulación del servicio votado en La Coruña, la vuelta al sistema de encabezamientos, reservar cargos públicos y beneficios eclesiásticos a los castellanos, prohibir la salida de dinero y designar a un castellano para dirigir el reino en ausencia del rey.

La Junta se reunió el día 29 de julio en la sacristía mayor de la Iglesia Catedral del Salvador de Ávila; en ella dominaba el elemento popular. Dirigida por el tundidor Pinillos, nombró presidentes a Pero Lasso de la Vega y al deán de Ávila; a Padilla lo eligió capitán general de las tropas comuneras. Era un poder auténticamente revolucionario, asegura Joseph Pérez.

MEDINA DEL CAMPO, ARRASADA

Pero especial relevancia cobró, por su dramatismo y las consecuencias derivadas a corto plazo, el tremendo incendio de Medina del Campo, obra de las tropas imperiales, comandadas por Rodrigo Ronquillo y Antonio Fonseca, empeñadas en conseguir que la población les entregase su artillería.

Ocurrió el 21 de agosto de 1520. El resultado, además de contrario al fin pretendido, fue terrorífico: el convento de San Francisco, las calles céntricas, las casas particulares, los monumentos, las mercancías de los comerciantes&hellip todo lo más representativo e importante de la ciudad, para indignación de los presentes, se lo tragaron las llamas. Entre 300.000 y 400.000 ducados se cifró el valor de lo devastado.

La furia de los viandantes no se hizo esperar. Tampoco la de las ciudades ya amotinadas y, lo que resultaba peor para los intereses del emperador, la de aquellas que aún permanecían en situación dubitativa. Medina se sumó de inmediato a la revuelta y, acto seguido, Valladolid tomó cartas en el asunto radicalizando aún más las pretensiones revolucionarias.

TORDESILLAS, CAPITAL

La localidad vallisoletana de Tordesillas se convirtió en capital circunstancial de la rebelión de las Comunidades cuando, el 29 de agosto de 1520, las tropas de Juan de Padilla, al frente de las milicias de Toledo, Madrid y Segovia, entraron en la ciudad.

La Junta comunera se estableció el 19 de septiembre. La situación era extremadamente grave para los intereses del emperador: la reina Juana, aclamada por muchos como la auténtica depositaria de la Corona y, según la rumorología del momento, mandada encerrar por su hijo para impedir que gobernase, podía dar legitimidad a la revuelta comunera. También los líderes de ésta cifraban en su persona las esperanzas de un mejor gobierno.

De ahí que la primera intención de los alzados, prontamente lograda, fuera concertar una entrevista en el mismo palacio.

La reina Juana, cautiva en la localidad, se mostró amable con los comuneros pero no cedió a sus pretensiones de rubricar documento alguno en contra de su hijo, el emperador Carlos V.

MEDINA DE RIOSECO Y BURGOS, CON LOS NOBLES

Entretanto, Medina de Rioseco, feudo del almirante de Castilla, no tardó en convertirse en el núcleo del rearme imperial contra las Comunidades, atemorizados los nobles por el movimiento antiseñorial que la revuelta comunera había desatado en los pueblos. Lo hicieron, como ha escrito Joseph Pérez, por egoísmo y por defender sus intereses, no tanto por confianza hacia el emperador
Por su parte, el condestable de Castilla logró que Burgos, ciudad de la que era su señor, saliese de la Junta y apoyase al bando realista: lo consiguió el 1 de noviembre de 1520, después de negociar con los hermanos Castro, volver a entrar en la ciudad y prometer, a mediados de octubre, que ésta obtendría el mercado franco de los martes de cada semana.

Además, desde el primer momento, el movimiento comunero local habría estado controlado por los grandes mercaderes, interesados en mantener la exportación de lanas a los mercados del norte, actividad altamente beneficiada por el reinado de Carlos V. A ello se sumarían los temores ante el rumbo expresamente radical que estaban tomando los acontecimientos en el seno de la Junta comunera.

VILLABRÁGIMA Y ADIÓS A TORDESILLAS

Lo siguiente fue un encadenamiento de errores; el bando comunero nombró jefe a Pedro Girón, que instaló su campamento en Villabrágima. Mientras desde el mismo amenazaba a los nobles que aguardaban en Medina de Rioseco, el obispo Acuña hacía naufragar cualquier tipo de conversación con un enviado imperial: fray Antonio de Guevara, humillado, el 28 de noviembre de 1520, en la iglesia de Santa María de Villabrágima.

Entonces aconteció lo peor. Era el 5 de diciembre de 1520. El bando carolino, favorecido por la impericia de Girón, entró en tromba en Tordesillas provocando la retirada comunera. A partir de entonces, Valladolid se erigirá en capital radicalizada, tremendamente radicalizada, de la rebelión. Enseguida, Juan de Padilla tomó cartas en el asunto. Al frente de 1.500 hombres, salió de Toledo y entró en Valladolid como si de un mesías se tratara. El recibimiento fue apoteósico. Ubicada la capital comunera en la ciudad del Pisuerga, el ejército de la Junta nombró entonces un nuevo comité de guerra formado por Padilla, Zapata, Pedro de Ayala y Alonso de Saravia.

TIERRA DE CAMPOS, ASOLADA POR ACUÑA

A su vez, entre los meses de enero a marzo de 1521, la comarca de Tierra de Campos resultó asolada por el obispo Acuña. Su misión no era otra que conseguir fondos para la causa comunera. Acompañado de 4.000 peones y 400 lanzas, estableció su cuartel general en Dueñas y enseguida pasó a Palencia; su llegada contribuyó a solidificar el levantamiento comunero en la capital palentina y generó un impactante movimiento antiseñorial que atemorizó sobremanera a los nobles y terminó por decantarlos, de manera definitiva, del lado imperial.

Los saqueos de Acuña tuvieron lugar en localidades como Frechilla, Fuentes de Valdepero, Becerril, Paredes, San Cebrián, Cervatos, Carrión, Villalcázar, Piña, Amusco, Támara y Astudillo, Magaz, Villamuriel, Tariego, Cordobilla, Frómista, etcétera.

AMPUDIA A GOLPES

Mientras eso ocurría, Ampudia era escenario de una lucha tenaz. Tomada en un primer momento -11 de enero de 1521- por los imperiales Francés de Beaumont y Pedro Zapata, Padilla y Acuña no tardaron en planificar la conquista.

Para ello se reunieron en el castillo de Trigueros del Valle, desde el que se lanzaron a la revancha. Huidos Beaumont y Zapata, tomaron Ampudia el día 19. Padilla, aprovechando la ocasión, salió raudo en dirección a la localidad de Torremormojón para dar caza a los huidos. Asoló la localidad pero estos lograron escapar.

TORRELOBATÓN, ÚLTIMO DESTELLO

El último destello de brillantez comunera tuvo lugar en Torrelobatón. La campaña la preparó a conciencia Juan de Padilla en febrero de 1521. Torrelobatón era propiedad del almirante de Castilla, y su situación estratégica, en la línea que une Valladolid, Medina de Rioseco y Tordesillas, se antojaba decisiva para avanzar en los intereses de la Comunidad. Tras tres días de duro asedio, Padilla se hizo con la localidad el 29 de febrero de 1521.

DERROTA EN VILLALAR

El bando realista, reforzado por el apoyo de los nobles y comandado por el condestable y el almirante de Castilla, se apresuró a dar caza al ejército comunero que, liderado por Padilla, salió de Torrebolatón en dirección a Toro. Lo componían un total de 6.000 hombres, entre ellos 400 lanzas y 1.000 escopeteros.

Les dieron alcance el 23 de abril de 1521, en una campa próxima a la localidad vallisoletana de Villalar, en el lugar denominado Puente de Fierro, sobre el arroyo de los Molinos, un terreno muy pegajoso y fangoso. Los capitanes comuneros fueron conducidos primero a la fortaleza de Villalba, y luego a Villalar. Los ejecutaron el 24 de abril de 1521. Las cabezas de los tres capitanes fueron clavadas en picas y expuestas en garfios en la punta del Rollo de la localidad.

La derrota infligida a los comuneros supuso el fin de la organización política revolucionaria. Con todo, la revuelta comunera siguió en pie en Toledo, liderada por el obispo Acuña y, sobre todo, por María de Pacheco, mujer de Juan de Padilla. La caída definitiva de esta ciudad en manos imperiales tuvo lugar el 3 febrero de 1522.

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20-05-10 - Una baraja de cartas reproduce la "Guerra de las Comunidades de Castilla"

Toledo, 19 may (EFE).- La Guerra de las Comunidades de Castilla, el levantamiento armado de los comuneros a comienzos del reinado de Carlos I, ha sido reproducida en una baraja de naipes con el objetivo de convertirse en una herramienta didáctica y lúdica.

Así lo ha explicado esta tarde en Toledo, durante la presentación pública de la baraja, su propio inventor, César Benito.

Estos naipes recogen los principales hechos de la Guerra de las Comunidades de Castilla, desde la convocatoria a Cortes en La Coruña hasta el perdón general de Carlos I una vez sofocada la revuelta el 16 de julio de 1522.

En medio, recoge otros momentos como el asedio de Toledo, el incendio de Medina del Campo o el ajusticiamiento de los capitanes comuneros Juan de Padilla y Francisco Maldonado.

La estructura de las cartas se divide en los cuatro palos de la tradicional baraja española -oros, copas, espadas y bastos-, ha dicho su autor, quien ha precisado que los ases representan a los estamentos sociales del momento, de forma que la alta burguesía se representa con el as de oros, el clero con el de copas, el del pueblo con el de espadas y la nobleza con el as de bastos.

"Nos hemos permitido la licencia de que las espadas representen al pueblo, que fue quien luchó, y los bastos a la nobleza porque dieron muchos palos, al contrario de lo que sería habitual", ha explicado Benito.

Los personajes relevantes del bando comunero aparecen en las figuras, mientras que las cartas del dos al siete representan, en los oro, los momentos políticos determinantes; en las copas, los acontecimientos relevantes; en las espadas, los oficios del pueblo; y en los bastos, las batallas y acciones militares.

"Hemos recogido todo lo que hemos podido", ha señalado Benito, quien ha apostillado que la baraja ha tenido una gran acogida en Castilla y León, donde se presentó el pasado mes de abril.

Las ilustraciones las ha realizado Ana Lorenzo, mientras que la historiadora Ana Amor se ha encargado de aportar rigor histórico a las cartas y Asis González ha llevado a cabo el diseño.

"Hemos querido buscar referencias históricas que nos recordaran en cada momento el acontecimiento histórico referido, tanto en las ilustraciones como en el diseño", ha subrayado Benito.

El proyecto ha sido promovido por la Asociación Cultural Castilla Nova, de Toledo; la Asociación para el Desarrollo Integral de Castilla (ADIC), de Palencia, y la Asociación Castellana para el Estudio y la Promoción de Iniciativas de Desarrollo, de Burgos. EFE

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