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NUESTROS ENCIERROS: Ya en los siglos XV y XVI, D. Fernando de Antequera y principalmente los Reyes Católicos, favorecieron continuamente el notorio protagonismo de Las Ferias como auténtico motor de nuestro progreso. Como herederos de aquellos antiguos mercados, hay establecido un Plan Ferial que se repite y renueva anualmente:
Feria de la Artesanía, Flores y Plantas, se celebran en la primavera en la Plaza Mayor de la Hispanidad.
Feria del Mueble, se celebra en el mes de junio, también en el centro de la plaza, exponiendo nuestros fabricantes lo mejor de su artesanía.
Feria de Muestras de San Antonio, en torno al 13 de junio, esta Feria amplia durante cuatro días, sus actividades comerciales y culturales.
Feria de Productos de la Tierra, Libro infantil y Juguetes de Madera: se celebran en el periodo otoño-invierno. Su ubicación, plaza Mayor de la Hispanidad.
Fiestas Patronales de San Antolín: Del 1 al 8 de septiembre se celebran las Ferias y Fiestas de San Antolín. Es el acontecimiento festivo más esperado en Medina del Campo y su comarca; verbenas, celebraciones religiosas, conciertos, competiciones deportivas de todo tipo Ya en 1.490, en plena gloria industrial de aquella Villa de Ferias, determinados rentistas (carnicería, aceite, telas, lanas, etc.), se veían obligados a dar de sus beneficios, un total de once toros bravos a la vecindad para que celebrada por las noches los "Encierros", teniendo como vigilantes a personal adecuado sin que estos participaran en los festejos.
Festivales Taurinos: Son los que más expectación causan; novilladas picadas y sin picar, rejoneo, concurso de cortes y corridas de toros.
Nuestro Encierros: Se llevan la palma. Testimonios documentales de los años 1.596, 1.604, 1.629 y 1.634, así lo acreditan.
En el libro de Santa Teresa de Jesús, "Fundaciones", encontramos en su literatura la prueba de estos encierros de noche, donde nos dice: " Llegamos a Medina del Campo, víspera de Nuestra Señora de Agosto, a las doce la noche: apeémonos en el Monasterio de Santa Ana, por no hacer ruido; y a pié nos fuimos a la casa. Fue harta misericordia del Señor que a aquella hora encerraban toros, para correr al otro día, no nos tomar alguno. Con el enbebimiento que llevábamos, no había acuerdo de nada: más el Señor que siempre la tiene de los que desean su servicio, nos libró, que cierto que allá no se pretendía otra cosa".
A partir de entonces los encierros de Medina del Campo, constituyen un espectáculo insustituible en cualquier festejo o conmemoración patronal, quedando fijos estos festejos en el San Antolín de 1.878 hasta nuestros días, del 1 al 8 de septiembre año de la Restauración monárquica de Alfonso XII previa abdicación de su madre Isabel II.
El recorrido se hacía desde la Dehesa a través del barrio de las Tudas por el Costado del hospital de Simón Ruiz a la Avda. de Portugal, (entonces arrabal de Salamanca) y por la calle de Salamanca, hoy de Gamazo hasta el Arco donde se instalaban los toriles, desde donde se soltaban a los toros por la Plaza Mayor de Medina, un vez instaladas las talanqueras en su alrededor para protección de la vecindad.
A partir de 1.949, fecha en que se inauguró la Plaza de Toros, fijándose el itinerario desde la Dehesa de Abajo, campo a través, toros y caballistas, hasta la embocadura de la calle de Carreras, comienzo del recorrido urbano, pasando por la calle de Artillería y Avenida de Portugal, hasta la Plaza de Toros, finalizando así el recorrido de los encierros.
Por todo el recinto urbano se han instalado unas vallas metálicas que protegen al público asistente.
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03-10-03 - Historia del toreo
Un repaso histórico del toreo a pie en España concluye que, cuando los Borbones prohibieron en el siglo XVIII el alanceamiento había en Valladolid siglos de tradición. Aunque, concluye el autor, corren malos tiempos para los lanceros.
Historia del toreo en Valladolid e historia del toreo a pie en España, que se supone comenzó en el siglo XVIII, cuando la nueva casa real de los Borbones se horrorizó del alanceamiento que practicaban los nobles hispanos a caballo. No les gustó el deporte y prohibieron tan tradicional entretenimiento. No estuvieron por Tordesillas, que si no, probablemente y a estas alturas el Toro de la Vega sería recuerdo fósil, lo mismo que nuestros parientes de Atapuerca y su canibalismo.
Para la historia del toreo a pie en España los archivos vallisoletanos presentan documentos notables. El primero de todos se refiere a unas corridas celebradas en las fiestas de San Antolín de Medina del Campo en el año de 1596. Corridas en las que se lidiaron toros de la vacada de los frailes del monasterio de Valparaíso y por las que, primera vez, tenemos noticia de un torero profesional, es decir, de uno que cobraba por su saber hacer, puesto que entre las anotaciones de gastos consta la siguiente: «iten da por descargo doce reales que dio a Juan Martín, torero, por las suertes que hizo en la plaza con los toros y la villa se les mandó dar». Ni palabra de caballos, por lo que, teniendo en cuenta su alto valor y que nadie los habría expuesto sin asegurar su precio, cabe pensar que Juan Martín era un torero de a pie.
Más claro es otro documento de 1663 por el que el Ayuntamiento de Valladolid contrata los servicios de un tan Pedro Morcillo, posiblemente madrileño, para junto con una 'cuadrilla' compuesta por Pedro Nieto, de Medina de Rioseco, y Andrés Serrano, actuar en la plaza mayor «toreyando, haciendo suertes de a pie, poniendo banderillas a los toros, según como lo ha hecho en otras fiestas... y en dicho día por la tarde, además del toreo de a pie, han de dar dos lanzadas de a pie y dos de a caballo, dándoles rocines diferentes para cada lanzada, que sean los más altos que fuere posible, y dicho Alonso Velarde [escribano encargado del contrato] le ha de dar las lanzas hechas de hierro y madera y los hierros para las banderillas y papel». Dos cosas destacan sobre las demás, la una la práctica de la lanzada a pie, razón por la que inevitablemente nos viene Tordesillas a la cabeza, y la otra la puntualización relativa a los caballos, confirmadora de que en las corridas de 1596 de Medina el toreo practicado por Juan Martín fue de a pie.
Del 9 de septiembre del mencionado año de 1663 hay otra escritura más que muestra hasta qué punto las corridas de toros se habían convertido en circo romano a finales del XVII, acontecimiento pleno de sorpresas e innovaciones. Eran tiempos en que los propietarios de las casas de la plaza mayor desnudaban de tejas los tejados y los convertían provisionalmente en paraísos y gallineros para gente de poco pelo. Aquella corrida contempló las hazañas compartidas del sevillano Juan Ribera y del irlandés Guillermo Marchán, quienes, por lo visto, lo mismo servían para un toro que para un descosido: «Harán todas las habilidades de juegos de manos, vueltas de maromas y danza en ellas, baja y alta y todo lo demás que han hecho en esta ciudad sin reserva alguna, y así mismo se obligan a que antes de empezar los volatines y demás habilidades han de andar por las calles de la dicha villa con los zancos y el tambor, según lo han hecho en Valladolid, y el día de los toros, que se han de correr el lunes diez, se ha de poner en medio de la plaza una maroma y en ella hacer suertes a los toros y caso que haya capacidad harán el vuelo en la dicha plaza».
Y ayer he topado con un documento más del XVII, de finales, de 1691, que aporta nuevas pistas sobre el ambiente taurino local, que diríamos en 2003. Era 17 de mayo cuando se presentó en la ciudad Juan de Castro, escribano de la villa de Sahagún, provincia de León, con el propósito de deshacer los contratos que la población había firmado anteriormente con motivo de las festividades previstas para la canonización de San Juan de Sahagún. Don Juan llegó y dijo que no podía ser, «por hallarse como se halla dicha villa con la aflicción general de la esterilidad del tiempo por falta de aguas y haberse helado las viñas en todo el reino, por lo cual se están haciendo rogativas, procesiones y penitencias en todas partes para que Dios, nuestro señor, nos socorra».
Gracias al desastre agrícola conocemos que en Valladolid había por aquel tiempo un diestro con cuadrilla, por cuanto una de las tareas del escribano de Sahagún fue romper palabra con Juan Vázquez, «con quien parece estaba ajustado que el susodicho, con otros cuatro mozos, fuesen a la dicha villa a torear y dar lanzadas en las corridas de toros que dicha villa tenía determinados para el día nueve de junio que viene». Naturalmente, Vázquez dijo que nones, que él a cobrar, porque tenía «gastados doce reales de a ocho en diferentes diligencias de haber buscado gente para cumplir con su obligación».
Posiblemente no supiese hacer más que dar lanzadas a la tordesillana, pero ahí estaba, torero de a pie que, si levantase la cabeza, también tendría problemas hoy para coronar su actuación.
Corren malos tiempos para los lanceros, Vázquez.
ANASTASIO ROJO VEGA/Profesor de Historia de la Ciencia de la Universidad de Valladolid
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30-03-06 - NOTA DE PRENSA
El Concejal de Administración General del Ayuntamiento de Medina del Campo, Fidel Lambás, y el Concejal de Festejos, Felix del Barrio, mantuvieron ayer una nueva reunión con diversas asociaciones taurinas (Asociación de Encierros, Amigos de los Cortes, AMECA) y otras asociaciones de la villa, particulares aficionados y un representante del Partido Socialista, Carlos Rodríguez, para intentar cerrar la ordenanza reguladora de encierros.
Durante el transcurso de esta reunión todos los presentes acercaron posturas sobre como regular en especial dos temas que afectan a los encierros; por una parte el tema del embudo, en el que todavía hay que trabajar intensamente, y por otro el tema de los vehículos.
Según la mayoría de los presentes el embudo es el lugar crítico donde en la gran mayoría de las ocasiones se escapan los astados, por eso se va a intentar llegar a un acuerdo entre todas las partes para minimizar las posibilidades de las escapadas. Entre las opciones propuestas destacaron dos, por una parte según la Asociación de Caballistas (AMECA), una de las opciones sería cerrar el embudo una vez que los astados se encontraran en su interior, de esta manera se eliminaria en un alto porcentaje el riesgo de escape. Algunos de los presentes fueron más críticos con esta opción ya que consideraban que el embudo se podría convertir en una Plaza de Toros. La segunda propuesta que se escucho en el transcurso de la reunión fue eliminar el atalancado de madera.
Debido a la complejidad del tema, los participantes en la Comisión decidieron dedicar una sesión integra a este tema para conseguir cerrarlo. El próximo jueves, 6 de abril a las 20.30 horas en el Salón de Plenos, tendrá lugar la sesión que decidirá cómo será el embudo de los próximos encierros de San Antolín.
De esta manera se pretende conseguir cerrar la nueva Ordenanza de Encierros, que contará con el consenso de todos los miembros de la Comisión, para tener tiempo suficiente de difundirla y darla a conocer a todo el público.
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